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D D D D D D D D D D D aprendiendo a amarlas Una experiencia de desarrollo personal con niñas explotadas
sexualmente o en riesgo Mónica Tobón Coral A las siete magas guerreras OIT
Programa IPEC Fundación Antonio Restrepo Barco |
CONTENIDO
Presentación (Institucional)
Introducción
Capítulo 1 : Desarrollo Personal : Alimentando el
alma
Capítulo 2 : Creciendo a la Intemperie
Sentirse sola
Huyendo despavoridas
Capítulo 3 :
Retratos
Mareas altas y bajas
Ideas y visiones
Cuerpo Tatuado
Tejiendo vínculos
Capítulo 4 : Un viaje juntas
Un comienzo movido
Reconociendo el territorio
Tómeme una foto, si ?
Pasar rico
Expresarse
Cuerpo mío
Nuestro mundo, otros mundos
Capítulo 5 : Lo aprendido
Un amor incondicional
Romper esquemas
Vivir la vida
Palabras del corazón
Dejar correr el río
Mundo interior
Diario mío : Aprendiendo a amarme
Decir adiós
Postdata
Introducción
Al caminar a
cualquier hora por las calles del centro de Bogotá, van apareciendo jovencitas
que recostadas contra la pared de una residencia o en el muro de cualquier
esquina repiten el rito milenario de mujeres que ofrecen su cuerpo por unos
pocos pesos. Todas llevan el pelo largo
y suelto, falda muy corta y labios rojos.
Parecen mayores pero su mirada las traiciona : apenas acaban de
dejar la infancia. Son también ancianas, su vida ha corrido rápido, muchas
ilusiones han sido ya aplazadas.
Quizá por eso
al nombrarlas la palabra “niña” les queda extraña, pero tampoco les calza aún
la de “mujer”. Están viviendo esa etapa
en que se transita de un nombre a otro - entre los doce y los dieciocho años -
pero sobre todo su vida ha recorrido territorios y vivencias donde pronto la
infancia debe ser relegada.
Cómo llegan
éstas jóvenes a la vida azarosa y devastadora de la prostitución? En general
esta pregunta ha sido abordada desde la perspectiva de las carencias materiales
y los procesos sociales de amplio espectro que contribuyen a la creación de la
situación, así como desde el análisis de elementos culturales que crean su
escenario. Sin embargo ha sido muy poco
abordada desde el punto de vista de lo que sucede en al alma de las niñas que
allí transitan. Con excepción de algunas miradas que convierten un destino
creado por una sucesión de experiencias socialmente configuradas, en una
patología individual y se atreven a señalar como “enfermas” a éstas chicas.
La hipótesis
central que guió este proyecto fue que cuando una niña “vende” su cuerpo a un
desconocido, ya su alma había sido herida de muerte y una parte de su ser había
sido acallada con la más brutal experiencia cotidiana. Es decir, que para comprender el rumbo
tomado es vital conocer los
desgarramientos interiores que marcan
la huida a la calle, el desprendimiento de las raíces y el ingreso a este
mundo. La exploración de este proceso es lo que se propone abordar el trabajo
en el plano personal.
Es importante
subrayar que la sucesión de experiencias que llevan a dicho camino es común a
un numero muy grande de niñas, lo que demuestra que se trata de una realidad
social que responde a patrones culturales colectivos y no de una problemática
individual - aunque su vivencia lo es - ni mucho menos de una “desviación”
psicológica. Establecer esto es muy
importante : trabajar en el plano personal no significa reducir los
problemas sociales a problemas individuales sino comprender de manera más
profunda el tejido complejo de la realidad humana.
Abordar el
plano personal de una problemática colectiva de gran escala - como lo es la
explotación sexual de niñas - nos permite encontrar los escenarios donde toman
cuerpo las tramas sociales y donde anidan las vivencias y los imaginarios que
sostienen la cultura. Desde allí, así
como desde otros planos, podemos comenzar a revisar y transformar verdades
encarnadas sin mucha conciencia que determinan la vida llevando a la repetición
eterna de dolorosos patrones.
Lo personal
está conectado con lo colectivo, lo interior con lo exterior, lo subjetivo con
lo consensual. Sanar el alma individual
ayuda a sanar el alma colectiva. En general tendemos a pensar el movimiento
contrario y el cambio se visualiza como algo operado “desde afuera”, sobre las
grandes estructuras sociales, en las instituciones. Aquí entramos a formar parte de una tendencia que propone el
movimiento contrario, no de manera antagónica sino complementaria. Es decir, el cambio “desde adentro”.
Hay muchos
temas entrelazados en el escenario de la explotación sexual de niñas que son
vividos en el plano personal haciendo eco a fuertes trazados de la vida
colectiva. Estos temas se relacionan,
entre otros, con las formas de vivir la sexualidad y las identidades y los
vínculos entre hombres y mujeres, las maneras como habitamos el cuerpo y las
ideas que tenemos sobre la felicidad y el bienestar. Las transformaciones en dichos temas deben hacerse en el plano
colectivo pero también a través de una toma de conciencia personal.
En el caso que
nos ocupa este abordaje personal podría hacerse con varios actores - padres y
madres, hombres “clientes” -, elegimos
explorar la experiencia directamente vivida por las niñas. Es con ellas como centro que nos acercamos,
desde su mirada, desde su biografía. El
horizonte no era meramente explicativo, queríamos más bien recoger y ordenar
elementos que permitieran comprender la manera como la vivencia en el plano
personal incide en que la vida de una niña tome un giro hacia experiencias tan
destructivas del alma y el cuerpo como la prostitución. Más allá de esta intensión, queríamos
identificar algunas claves que permitieran enriquecer los acercamientos que
buscan aportarles para la construcción de alternativas de vida.
La hipótesis
quedó plenamente confirmada : las vivencias tempranas crean el escenario
propicio para una huida - que no se limitará a los espacios exteriores sino que
construirá una manera de vivir y una topografía interior - que con gran
probabilidad desembocará en el mundo de la prostitución o en otros enormemente
riesgosos para el crecimiento de la niña.
Encontramos trazados comunes en sus vidas, heridas similares, terrores
compartidos, historias reiteradas que, como ya mencionamos, señalan arraigados
patrones colectivos. También hallamos
pistas para acompañarlas a comprender su historia, sanar sus heridas y torcer
su oscuro destino. Son éstos los temas
del presente texto.
En este camino
recogimos elementos de muchas fuentes : investigaciones, testimonios,
entrevistas y una experiencia de enriquecimiento del desarrollo personal con un
grupo piloto. Existe un saber en manos
de personas sensibles que han transitados éstos caminos por largos años, es un
saber que integramos al texto. Contamos
para este esfuerzo con el apoyo de dos instituciones de Protección que llevan
largo tiempo buscando alternativas para la intervención con la población
mencionada.
Indagamos sobre
la vida de jóvenes con experiencia en prostitución y aunque esta intensión
siguió en el centro, nos dimos cuenta de que su situación es similar a la de
muchas niñas que tienen vínculos precarios o inexistentes con espacios de
protección y viven una vida en fuga vinculadas con el mundo de la calle. Algunas terminan en prostitución, otras en
pandillas, como “mulas” de la mafia o en relaciones amorosas nefastas, con
todas sus oportunidades disminuidas.
Creemos que si bien cada opción va a definirles caminos de vida y a
depararles realidades diferentes, entre
todas ellas existen similitudes que permiten ampliar el alcance de las
conclusiones de la experiencia realizada a otros grupos como los señalados. A
esto contribuye que estamos hablando de niñas y jóvenes que apenas inician
éstos senderos.
Las
experiencias vividas se dieron con un grupo[1]
que se encontraban en una institución de Protección[2],
bajo una medida legal, esto delimitó algunas características del abordaje y de
la situación pero creemos que el sentido del trabajo puede ser igualmente útil
para desarrollar experiencias de enriquecimiento del Desarrollo Personal con
grupos en medios escolares, en la calle, en comunidades. Esto daría al trabajo un carácter mas preventivo
de las situaciones que veremos más adelante y que llevan a tantas niñas y
jóvenes a dolorosas existencias.
Los encuentros
de exploración de caminos para enriquecer el desarrollo personal que mantuvimos
durante cinco meses con un grupo de siete jóvenes, nuestras maestras, nos
permitieron ampliar los confines de nuestra alma y nuestra mente y comprender
que lo que verdaderamente sana el alma son experiencias de amor incondicional
que han escaseado en su vida y que no es fácil darles por razones que poco a
poco les contaremos. Por eso bautizamos este texto Aprendiendo a Amarlas y porque esperamos que sirva para que
personas cercanas a niñas como ellas les brinden una oportunidad de aceptación
y reconocimiento profundo.
Le hablamos
entonces a educadoras de las instituciones encargadas de estas poblaciones, a
las madres y los padres, a psicólogos/a, a maestras/os y también a otros
adultos/as cercanos en los que ellas intentan confiar. A cualquier persona que tenga la oportunidad
de convertirse en un refugio seguro para una de estás niñas y permitir que
aprendan a volar sin hacerse daño.
Partimos de una
de las frases que iluminó nuestro camino “Para
que sea posible salvarnos, señala Alice Miller, sólo se requiere una
condición : que al menos una
persona haya respaldado nuestros auténticos sentimientos en la infancia,
indicándonos que nuestro auténtico yo era visible para los demás y realmente
existía”[3] Basta una
persona que las ame auténtica e incondicionalmente. Oportunidad que muchas
veces no llega. Por eso hablamos a
todos, para desbordar fronteras académicas o institucionales y llegar a esa
persona que está al lado de una niña sin refugio, para que la mire y aprenda a
amarla y para que haciéndolo aprenda a amarse a si misma.
Queremos narrar
una experiencia, no decir verdades ni dar técnicas rígidas sino compartir una
vivencia e iluminar otras que deberán ser emprendidas de acuerdo a las
circunstancias y las posibilidades. Como veremos, cada experiencia que busca
aportar al crecimiento interior es singular, única.
Como
complemento de Aprendiendo a amarlas, se
ha elaborado un Diario para ser entregado a las niñas y jóvenes que participen
en grupos de Desarrollo personal. El
Diario ha sido usado en diferentes experiencias y ha mostrado ser un apoyo para
procesos claves como los de reconocimiento, expresión y conexión interior. Aprendiendo
a Amarme, ha sido elaborado utilizando como alimento las obras que
realizaron las siete jóvenes del grupo con el cual se trabajó.
El presente
texto tiene seis capítulos. En el Capítulo 1 : Desarrollo Personal : Alimentando el Alma, vamos a presentar una síntesis del enfoque que guió los
procesos de Desarrollo personal realizados.
Este enfoque ha sido trabajado con otros grupos y se ha ido
enriqueciendo con todas éstas experiencias.
Este capítulo busca dar elementos conceptuales tanto para guiar la
comprensión de la narración de la experiencia con las niñas como para que las
personas que deseen emprender procesos similares puedan identificar los
sentidos que proponemos.
En el Capítulo 2 : Creciendo a la intemperie contaremos
las vivencias que son comunes en la infancia de éstas jóvenes y la manera como
la huida termina un periodo marcado por la soledad y la sensación de no tener
un lugar donde refugiarse. Aunque nos referiremos a las siete jóvenes que nos
acompañaron, en realidad construimos historias que dan cuenta de los rasgos que
observamos una y otra vez en la literatura sobre el tema, en grupos más amplios
de niñas y que conversamos con personas
de mucha experiencia. Este capítulo permitirá comprender las heridas que son
comunes a estas niñas, heridas que deben ser sanadas durante un proceso de
Desarrollo Personal.
En el
Capítulo 3 : Retratos vamos a narrar quienes son estas
chicas en el momento actual, cuando tienen entre doce y dieciocho años, y han
pasado por duras experiencias de vida.
Narraremos su manera de ver la vida, de relacionarse y las huellas que
han quedado en su cuerpo y en su alma. Esta narración apunta a permitir una
mayor comprensión de sus maneras de ser y a facilitar el contacto con ellas
hacia la construcción de vínculos más amorosos. Para quienes deseen realizar o enriquecer procesos de crecimiento interior con grupos
similares, este capítulo puede servir de guía para conocerlos. Sin embargo,
nada reemplaza el contacto directo, la apertura amorosa y la capacidad de
aceptación, que son bases para éstos procesos.
Después vamos a
contar la experiencia de encuentros con el grupo mencionado en el Capítulo 4 : Un viaje juntas. Experiencia que nos rompió esquemas y
certezas sobre la manera de hacer este tipo de procesos y nos obligó a ser
creativas y a buscar en el fondo de nuestras almas lo mas sutil y rico de
nuestra capacidad de amar. Contar una vivencia
específica busca revelar algunas rutas posibles para la realización de los
encuentros de Desarrollo Personal, sugerir alternativas concretas de
actividades y sobre todo, inspirar la exploración de caminos fructíferos para
los diferentes grupos.
En el Capítulo 5 : Lo aprendido sintetizaremos los aspectos que la experiencia nos enseñó o nos
ayudó a profundizar con respecto a la manera de llevar a cabo procesos de
desarrollo personal con grupos como el que nos acompañó. Se centra en aspectos
metodológicos específicos y sirve como base para el diseño de otras
experiencias.
Por último una Postdata presenta algunas reflexiones
que quedan después de la experiencia vivida y que queremos compartir para
tender un hilo y encontrarnos con muchas voces que seguramente están empeñadas
en la búsqueda de mejores maneras de ser humanos y de formas más armónicas de
habitar este planeta azul que nos fue destinado.
Posdata
Al culminar la
travesía que se cuenta en Aprendiendo a
Amarlas quedan abiertos muchos caminos y preguntas para proseguir la
marcha. Hay tantas niñas creciendo a la intemperie con un nudo interior que las
convoca a huir despavoridas. Tantas que
ya rompieron sus lazos y viven en precarios mundos resguardando su alma y bordeando
abismos. Son muchas y no disminuirán
mientras no transformemos perversas maneras colectivas de relacionarnos, pensar
y desear.
Hemos
construido un mundo en el que el poder proviene de la fuerza para someter al
otro, a la otra. Esto sucede de las maneras más brutales pero también de las
más sutiles. Al perder el contacto con nuestro interior, con la fuerza que nos
impulsa y orienta, nos volcamos hacia afuera, buscando que lo que tenemos, lo
que hacemos y, sobre todo, el poder que portemos frente a otros, nos den un
lugar en el mundo. Mientras sigamos actuando desde esa lógica, no se abrirá un
camino de transformación de hondos dolores que nos aquejan individual y
colectivamente.
La violencia
que desangra nuestro país causada por el enfrentamiento entre hombres
uniformados de diferentes colores e idéntico espíritu, está conectada con esta
otra que detrás de paredes también nos desangra. Hay un continuo entre ambas, son de la misma materia, siguen la
misma lógica. Es la lógica de la
oposición y del poder ganado con la fuerza y la devastación del otro/a. El
antagonismo sólo acarrea violencia. Hay
que trascenderlo radicalmente para romper sus designios.
Los profundos
desgarramientos que anudan el destino de las guerreras, provienen de muchas
generaciones de hombres y mujeres en guerra, oprimidos, rabiosos, sin
oportunidades de desplegarse plenamente, agotados, sin espacios ni saberes que
les permitan reconocerse y quererse.
Pero como repetimos varias veces, no se trata de grupos aislados de
personas, se trata de maneras colectivas de ser en las que algunos pagan el
precio más alto.
El gesto de un
padre violando a su pequeña hija, el de una madre defendiéndolo, el de un
hombre pagando a una niña por sexo, son gestos que repudiamos pero con los
cuales estamos comprometidos porque participamos en formas de actuar y pensar
que los crean y los mantienen. La cultura es un tejido complejo donde cada hilo
se trenza con muchos otros.
Debemos
repensar las maneras como nos hacemos mujeres u hombres, como hemos construido
los vínculos entre ambos, como hemos aprendido a vivir la sexualidad, el valor
que le otorgamos y los imaginarios que la rodean. Revisar la mirada que ve a los seres y objetos del mundo como
despojados de alma y por tanto sujetos a una “lógica de mercado”. Detenernos en ideas que hacen a los niños y
las niñas patrimonio de padres y demás adultos para ser moldeados con la violencia que se requiera sin tomar
en cuenta su ser auténtico. Mirar de
nuevo lo que creemos que debemos aprender para ser felices, para vivir
plenamente.
Caminando con
las guerreras por calles ruidosas y densas,
mientras conversábamos de todo un poco, sentíamos con profunda claridad
que aunque las carencias materiales han sido duras y han limitado su vida, son
sus corazones heridos, sus visiones restringidas, sus cuerpos amurallados, sus
ilusiones rotas lo que les arrebata verdaderamente la oportunidad de
volar. Tenemos también que construir
refugios que les permitan sanar y construir otros caminos de vida.
Un refugio,
como hemos dicho, está construido con vínculos y experiencias que garanticen
libertad y seguridad absolutas.
Libertad que se alimenta de la plena aceptación, el amor incondicional,
de quienes son y como son las guerreras - o cualquier persona que busque sanar
sus heridas - y que parte del convencimiento de que al interior de cada uno se
encuentra una fuerza que al ser desplegada se convierte en sabia guía. Crear un
espacio que de seguridad implica partir de un pacto irrenunciable : jamás
se utilizará el poder para devastar el espíritu de quien se encuentra en una
situación de desventaja. Es decir, siempre será posible la confianza, el
respeto y la comunicación abierta.
Estos refugios
pueden ser creados en muchos espacios : hogar, escuela, instituciones de
protección, la calle, comunidades, grupos de pares, experiencias culturales.
Requieren personas convencidas de la infinita posibilidad humana de amar y
desplegar su ser, capaces de reconocerse a sí mismos, abrir su alma y escuchar. Vínculos donde se de total prioridad a las
profundas necesidades de aceptación y expresión, por encima de fines
utilitarios y autoritarios. Lugares
donde el poder provenga de un contacto interior y una conexión con la vida y no
del control sobre el otro/a o la determinación unilateral del devenir.
Colectivamente
tenemos arduas tareas para garantizar que ni una niña más se vea abocada a
partirse en mil pedazos y deambular sin refugio. Cada uno también tiene tareas : recorrer un camino de
desarrollo personal para sanar sus heridas, aceptarse plenamente y aprender así
a amarse un poco más. Sólo el amor que
nos damos puede ser dado a otros y puede ayudar a sanar el mundo.
GRACIAS
A Virginia
Salcedo, compañera imprescindible de este viaje, portadora de una rara capacidad
de brindar amor.
A las
Instituciones de Protección “Ciudadela
María Micaela” y “Renacer”, por
permitirnos aprender de su experiencia labrada con mucho esfuerzo.
A la Hermana
Esther, mujer iluminada que sabe que el amor sana y que nos entregó su fe sin
reservas.
Al Comité
Técnico - Angela María, Olga, Adriana, Margarita, Ana María, Tatiana - con
quienes literalmente parimos este proyecto.
A Ana María Arenas, German Moreno y Nora
Segura quienes con generosidad nos contaron sus reflexiones y nos dieron pistas
para nuestra búsqueda.
A Natalia
Angel, Jaime Cifuentes y los visionarios raperos de “Ritmo Acción y Poder” y
“Bajo Territorio” por compartir amorosamente con las guerreras los caminos de
su vida.
A Luz Helena y
Oliver por convertir este texto en un bello objeto y ayudarle a decir lo que
desea.
PARRAFOS AGREGADOS
Capítulo 1
1.
(Inmediatamente bajo el título Rutas de Desarrollo Personal)
En las
experiencias que buscan alimentar el crecimiento interior las rutas que a
continuación presentaremos, constituyen los sentidos por los que se transita,
los procesos que se quiere estimular.
Muchas veces una misma actividad contiene varias rutas, muchas veces
forman parte de la manera de llevar a
cabo los encuentros, de establecer las relaciones, de tomar las
decisiones. Siempre se trata de
experiencias, vivencias concretas, y no discursos expuestos o discutidos con
los grupos, aunque en el proceso pueden surgir reflexiones y conversaciones en
torno a ellos.
2. (En sección
Rutas de ...Después de los tres párrafos de Recuperar
saberes y antes de vivir relaciones
más amorosas)
Elaborar un
punto de vista, una mirada personal, constituye una intensión importante en las
experiencias de Desarrollo Personal. Se trata de alimentar una voz propia
lo que significa dar espacio para que surjan de manera libre las visiones,
percepciones, ideas de cada persona y brindar reconocimiento y validez a éstas
expresiones. Esta voz permite que
construyamos comprensiones tanto de la vida individual como del complejo mundo
en el que habitamos.
Implica una actitud activa frente a la
realidad, una actitud de pregunta y reflexión así como de credibilidad frente a
si mismo o misma. Tener una voz propia
no significa ni asumir que se posee la verdad, ni permanecer aislado, supone
más bien que se tiene un punto de vista para entrar en dialogo. Este es un requerimiento para la
construcción de relaciones más igualitarias y también para enriquecer
constantemente la posición personal
frente al devenir de la existencia personal y colectiva.
El escenario
donde surgen voces más autónomas lo crean el convencimiento de que la realidad
es percibida de maneras subjetivas y de que las diversas formas de hacerlo son
validas, enriquecedoras y vitales. No
hay una verdad, sino un proceso continuo de acuerdos y pactos
intersubjetivos. Este convencimiento
es básico para facilitar la construcción de relaciones democráticas y seres más
autónomos. Obviamente atenta contra
visiones autoritarias que se asumen como única verdad.
En términos de
crecimiento personal, sentir y alimentar una voz propia exige la ruptura con un
modo pasivo de vivir que aunque es en apariencia fácil, es tremendamente
empobrecedor. Así, implica poner en
duda, volverse a preguntar, lo que se considera en el colectivo como verdadero,
deseable, aceptable y bello y construir perspectivas más complejas que den
espacio a los matices, a la diversidad humana, a la singularidad. También implica asumir una postura frente a
las determinaciones que van dibujando el camino de la vida propia, romper con
la idea de que las rutas establecidas y legitimadas son las únicas y
preguntarse por su pertinencia para el despliegue del ser profundo y la
realización del destino personal.
3. (Capítulo 4, sección, Tómeme una foto,
si ?)
Muchas veces,
éstas identidades representan para las niñas los rostros que de manera más
autónoma han asumido. Están relacionadas con la lucha por ganar y mantener un
lugar dentro de jerarquías en un mundo donde el “respeto” a la posición de cada
cual es un rasgo altamente valorado y ganado por medios muy violentos. Para ellas no se trata de meras máscaras
sobrepuestas, tienen un sentido y han significado una construcción , si
bien pueden también servir como nuevas armaduras contra el dolor. En la calle han
vivido experiencias que las han marcado profundamente, su ser ha ganado nuevos
pliegues y los sucesos, muchas veces terriblemente dolorosos, han tatuado su
memoria y su piel.
4. (Idem)
El
reconocimiento y la plena aceptación de quienes somos ayudan a sanar poco a
poco las heridas causadas por el rechazo, el abandono, el maltrato y la
continua exigencia de que nos comportemos de determinadas maneras. Una
mediación importante para este proceso proviene de la relación con personas
significativas que mantienen una actitud continua y coherente de apertura y
aceptación plena de quienes somos. Se
debe tratar de una vivencia concreta, no de un discurso o un precepto. Exige
abrir verdaderamente la mente y el alma.
Texto contra carátula
Aprendiendo a Amarlas es el relato de una exploración de caminos para
alimentar el crecimiento interior de niñas y jóvenes - entre doce y dieciocho
años - que han vivido experiencias de
explotación sexual en prostitución o están en riesgo de hacerlo. Recorre los trazados de sus vidas y la
sucesión de desgarramientos interiores que las va llevando a una forma de
existencia marcada por la huida y el ingreso a territorios que bordean
abismos. Propone caminos de Desarrollo
Personal a través de la narración de una experiencia piloto con un grupo de
“magas guerreras”. Sus reflexiones
están dirigidas a personas que trabajan en la construcción de alternativas de
vida para este grupo - educadores, terapeutas,
maestras - y a cualquier otra persona que tenga cerca a una niña sin
refugio, con la intensión de inspirarles formas de acercamiento y relación que
les ayuden a las niñas a volar sin hacerse daño . Se complementa con un
Diario : Aprendiendo a Amarme,
destinado a las participantes de experiencias de Desarrollo Personal y diseñado como un espacio en el que puedan
desplegar su ser, reconocerlo y amarlo.
Capítulo 1
Desarrollo Personal : alimentando el alma
“El gran mal del siglo xx, que forma parte de todas
nuestras angustias y nos afecta a todos individual y socialmente, es la ‘perdida
del alma’. Cuando se la descuida, el
alma no se va precisamente, sino que se manifiesta en forma de obsesiones,
adicciones, violencia y perdida de sentido”[4]
Parecía que
avanzábamos, nada nos detendría, detrás de cada pregunta encontraríamos una
verdad. Un día no moriríamos y las cosas llenarían el ansia del alma. Ir más rápido nos iba a llevar a alguna
parte y sabíamos, o alguien sabía,
adonde íbamos...en algún momento eso parecía hasta que nos miramos y
descubrimos que el terror es inmenso, la violencia sólo se ha sofisticado, el
hambre atormenta a millones de hermanos, la tierra se desangra y el arte de
vivir se nos ha olvidado.
Desde esta
urgencia muchos andamos buscando pistas
sobre saberes antiguos y nuevos que guíen hacia la construcción de vidas
más plenas. En ese animo contaremos los sentidos que fundan este enfoque para
el enriquecimiento del Desarrollo Personal.
Recorreremos ideas que iluminaron la experiencia con el grupo de jóvenes
que protagonizan este relato y con otros grupos con los que hemos venido
compartiendo este camino en construcción.
Al centro de
las experiencias vividas anida el convencimiento de que más allá del hacer compulsivo al que nos hemos
sometido y del afán de tener que
despoja de magia a los objetos y a la vida misma, somos seres. Seres que anhelamos desplegarnos en toda nuestra potencia, cuyo
devenir tiene un sentido y que existimos en conexión con un complejo tejido
vivo.
Volver al ser
es devolverle a la paradoja de la vida su lugar de signo revelador, su calidad
de texto del destino y su sentido de artesanía hecha amorosamente. Y es que la
velocidad del mundo nos va arrastrando hasta llevarnos a olvidar la esencia de
cultivadores de estrellas que nos fue dada y el misterioso universo interior
que nos habita, hasta despojar de
asombro la mirada. De allí que
propongamos prestar atención a la existencia para comprender sus designios y
asumir nuestro papel protagónico como tejedoras del destino.
Lo que nos
sucede proviene de hilos infinitamente largos y conectados con todo lo
existente pero somos las artesanas y artesanos, somos creadoras y no receptoras pasivas de destinos impuestos. Así la vida se torna en pregunta que
explora, en riesgo, y no en la repetición de caminos establecidos. Es de la vana
esperanza de una vida sin conflicto que nos alejamos.
Desde allí
dirigimos la mirada al interior, al ser, a la fuerza que nos habita e impulsa y
volvemos a formular preguntas básicas : quién soy ? qué deseo ?
qué me quiere decir mi vida con sus recorridos y sus reiteraciones ? qué
estoy haciendo con este tiempo que me fue concedido ? qué tiene un
verdadero significado?.
Con estás
preguntas como trasfondo realizamos experiencias que buscan enriquecer el
crecimiento de la dimensión interior, el despliegue del ser. Hemos identificado algunas rutas que
consideramos claves para lograr este propósito. Está rutas son recorridas de maneras singulares por cada grupo y
cada persona pero constituyen horizontes de sentido que dan orientación este enfoque.
Una experiencia
que busca dar alimento al crecimiento interior requiere que nos detengamos para
sentir las palpitaciones del cuerpo y del alma y para darle a nuestra propia
existencia la atención y el amor que merecen.
En el espacio que así se abre proponemos algunas rutas :
experiencias que permiten reconocer quienes somos y la vida que hemos construido,
volver al centro fundando o ampliando
el territorio interior, habitar el cuerpo,
como fuente para contactar nuestra totalidad, recuperar saberes provenientes
de fuentes diferentes a la razón y vivir
relaciones amorosas que permitan remover y transformar las
construidas. Estas rutas son apuestas
hacia una vida más plena en lo personal pero también parten del convencimiento
de que desde allí estamos transformando el mundo y contribuyendo a sanar
profundas heridas colectivas.
En una primera
parte, nos detendremos en el sentido de cada una de las rutas de desarrollo personal que proponemos y, en la segunda
presentaremos algunas características
de los encuentros que hasta ahora
hemos realizado tanto con el grupo de las guerreras como con otros grupos.
I.
Rutas de desarrollo personal
La primera ruta
nos invita a reconocernos y está habitada por experiencias que nos permiten
ver con claridad amorosa los recorridos de nuestra vida, sus raíces, sus ciclos
y movimientos. Sentir las líneas de
nuestro rostro, la manera cómo nos movemos, el color de lo que sentimos.
Comprender el pasado y la manera como vivimos el día a día.
Reconocernos es
mirarnos con detenimiento, recuperando el asombro y la curiosidad. Esto exige limpiarnos de juicios. Tenemos tanto miedo a vernos tal como somos
que nos llenamos de ruidos e imágenes simplificadoras. Tenemos pavor de mirarnos con detenimiento,
como si fuéramos a descubrir algo terrible, como si hacerlo fuera la muerte.
En cierto modo
es verdad. Reconocernos verdaderamente
pasa por ver aquellas partes que hemos negado,
reprimido o acallado creyendo que son malas, inadecuadas, feas o
vergonzosas. Pasa por volver a enfrentar
el recuerdo de momentos de dolor - si no los hemos resuelto - y volver a sentir
el desgarramiento que nos produjeron.
Reconocernos es vernos de maneras más completas, abriendo nuestro
corazón y nuestra mente a visiones que pueden poner en suspenso lo
que creíamos
cierto, lo que dábamos por hecho, es derrumbar defensas, murallas y trincheras
que por largo tiempo han nublado la mirada.
Y es que, cómo
no vamos a estar divididos si vivimos en un mundo que nos enseñó a crear
dicotomías ante toda complejidad, a separar lo bello de lo feo, lo bueno de lo
malo, lo aceptable de lo inaceptable ?.
Divisiones de la totalidad sagrada de la vida que de un tajo la
despedazan y le drenan la magia que le dan su diversidad y sus matices.
Entonces juzgamos nuestro ser y al mundo desde
parámetros rígidos pretendiendo homogeneizar la vida hacia lo que consideramos
bueno, bello, aceptable. Se niega así
buena parte de lo que nos constituye e inventamos tremendos mecanismos de exclusión,
dominación - siempre cargados de violencia - de lo que queda fuera. Así lo
hacemos tanto en la vida colectiva como en la personal.
Reconocernos
supone ir más allá de esas divisiones, vernos de maneras más amplias, rompiendo
juicios y apegos para poder contemplar nuestro rostro con sus luces y sus
sombras, apreciar el panorama de nuestra vida con sus valles verdes y sus
desiertos, comprender los colores de los que se visten los días y fluir del
azul al rojo sin esperar que sean iguales, saber que múltiples ciclos inician y
declinan al tiempo en nuestra interior y que cada nacimiento y cada muerte ha
de ser bienvenida.
Por eso el
reconocimiento requiere aceptación plena, abolición de juicios y exigencias,
supone amor. Es imposible vernos plenamente al espejo si a cada rasgo le
imponemos una medida, un parámetro, un deber ser. Tenemos que volver a una mirada abierta que permita no sólo
vernos sino que partes agazapadas y asustadas de nosotras/os mismas/os emerjan
a la luz, reclamando su lugar.
Esas partes que
escondemos, regañamos constantemente o simplemente negamos, son partes vitales
, sino no les prestaríamos tanta atención.
Muchas veces están cargadas no sólo de juicios éticos o estéticos
negativos sino de dolores abrumadores que nos aterrorizan. Este es el caso de
las magas guerreras de nuestro relato y de casi todos nosotros. Voces que han sido acalladas por terribles
violencias que con golpes o críticas nos han paralizado o por lo menos han
hecho que escondamos partes de nuestro ser para que no sean exterminadas.
Las experiencias
de rechazo, abandono y maltrato son eficaces en ese sentido. Cuando una niña o un niño es maltratado, el
abuso de poder - casi siempre proveniente de un adulto/a - tiene como
consecuencia volverlo objeto, cosificarlo, negándole la condición sagrada de su
cuerpo y su alma, invadiéndolos, destruyéndolos, aterrorizándolos.
El maltrato más
evidente es el que conlleva violencia física, sin embargo tan terrible y
devastador como este, es el maltrato del ejercicio constante y riguroso de la
tortura verbal y el control del cuerpo, por cuanto va disminuyendo la
posibilidad de una persona de confiar en si misma, amar quien es, oír su voz
interior cuando enfrenta las vicisitudes de la vida, desplegarse como ser
singular y sentirse merecedor de un lugar en el mundo.
Lo importante
de este proceso de exclusión y negación interior es que aunque en apariencia
suprime con éxito lo no deseado, en realidad lo que hace es desconectar a la
persona de partes de sí, matarla un poco al negarle pedazos enteros de si
misma. Esta operación no puede traer
sino dolor y sensación de vacío, de incompletud.
Esas partes
acalladas por la violencia casi siempre lo han sido en la infancia pero por
algún perverso mecanismo tendemos a repetir el escenario de su drama una y otra
vez a lo largo de la vida. Reconocer
los recorridos de la existencia pasa por percibir esas reiteraciones, esas
repeticiones que nos ponen una y otra vez frente a la misma encrucijada, el
mismo reparto de actores, en el mismo lugar, con el mismo sentimiento e idéntica
impotencia.
Reconocer esos
momentos estancados es el primer paso para comprenderlos y poco a poco dejarlos
atrás en su justo lugar de recuerdos.
Estas reiteraciones contienen lecciones que no hemos logrado comprender,
mensajes cifrados, portan verdades sobre nuestra vida y nos revelan nuevos
sentidos para avanzar en ella. Lo que
mantiene detenido el flujo de la vida en estos escenarios es el terror, un
terror cuyo origen está perdido en la memoria y sobre el cual se han
superpuesto capas de oscuridad. Ya no
huimos del recuerdo sino del terror del terror.
Volver al centro,
es la segunda ruta que
exploraremos. Está poblada por
experiencias que buscan que aprendamos a mantenernos centrados en nuestro ser,
en el momento presente y en nuestro entorno inmediato. Esto nos abre a sensibilidades hacia lo que
acontece, las otras personas, los tonos que va adquiriendo el día, las
expresiones maravillosas de la vida, lo pequeñito o lo inmenso.
Para volver al
centro debemos tomar los hilos de la existencia y aceptar que nos ha sido dado
un valioso tiempo en el que la vida nos enseña lo que debemos aprender. Sentir que lo que nos sucede puede ser
comprendido y aceptado como propio, personal y no como algo que viene de
afuera, azaroso, sin sentido. Cuando logramos ver nuestra vida así, estamos
atentas/os a sus mensajes y sabemos que todas sus experiencias, aún las dolorosas, forman parte del tejido
vital, no son adicionales o inútiles.
Volver al
centro es fundar o ampliar el territorio interior dando espacio a voces
provenientes de nuestro propio ser y conectadas con saberes profundos. Es dar lugar al silencio y a la
introspección en un mundo que permanentemente nos llena de ruido y nos pone
fuera de nosotros mismos/as, que nos jalona más a parecer que a ser, más a
comportarnos de maneras determinadas que a escuchar y seguir la sabiduría
interior.
Este “ponernos
afuera” tiene costos inmensos, nos
somete a la tensión constante de adecuarnos a lo esperado, a lo aceptable pero
además nos aleja de un lugar interior, desconectándonos de nosotros/as mismos y
quitándonos una fuente invaluable de crecimiento y plenitud. Para volver al centro debemos experimentar
la relajación, el silencio, la contemplación, el aquietamiento. Casi siempre tenemos dificultades grandes
para hacerlo, es un camino poco conocido y que aprendimos a temer pero cuya riqueza es perceptible
directamente cuando poco a poco nos abrimos.
Una de las
desconexiones que más obstaculiza el crecimiento interior es la que tenemos con nuestro cuerpo,
expresión tangible y material de nuestro ser.
Por eso, habitar el cuerpo es unos de los caminos vitales que proponemos
para enriquecer el Desarrollo Personal.
El cuerpo
registra nuestra historia, en sus lenguajes tiene escrito los grandes sucesos,
los sentimientos, las desgarraduras que la vida ha ido plasmando en nuestro
ser. El cuerpo, como la corteza de
los arboles, guarda nuestra historia.
Hemos olvidado sus lenguajes, somos sordos a sus voces por lo que no
sabemos comprender sus llamadas de alerta, sus dolores. Tampoco conocemos la maravillosa potencia
que lo habita, tenemos adormilada la sensibilidad a su fuerza, a su belleza.
El cuerpo ha
sido sometido a un riguroso control, a un adiestramiento que, lo termina
alejando y apartando del fluir de la vida.
Es así como tratamos sus síntomas, sus dolores, sus expresiones, como si
fueran las de un objeto que nos acompaña y nos es útil, no como parte de
nosotros, de nuestras tristezas y alegrías, de nuestra vida. Hablamos de él como un ente aparte o muchas
veces cargado de visiones que no solo
lo disocian sino que lo desvalorizan o lo satanizan.
Al hablar de
partes que hemos negado o acallado no se trata únicamente de aspectos mentales
o emocionales sino que tienen su expresión corporal, participan de una naturaleza múltiple. Cuando, por ejemplo, el corazón de una niña ha sido decepcionado
una y otra vez, su llanto no ha sido escuchado, su necesidad de protección no
ha sido satisfecha, el alma se cierra a nuevas decepciones. Una parte es sumida en el silencio, acallada
para no sufrir más. Se produce, desde
luego, sólo un cambio en la manera de sentir el dolor, que se elige para
sobrevivir a costa de endurecerse negando una profunda necesidad.
Cerrar el
corazón, acallar el llanto, decidir que nunca más pediremos lo que no nos es
dado, renunciar a la luz del amor no sólo afecta nuestra alma, queda grabado en
nuestro cuerpo. El pecho se cierra, el
corazón es envuelto en una gran jaula de músculos endurecidos, es protegido y a
la vez blindado para no sentir dolor y, este es el costo fatal, tampoco muchas
sensaciones placenteras. Veremos que
así sucede con las magas guerreras de la experiencia que vamos a contar.
Habitar el
cuerpo es volver a sentirlo plenamente, desbloqueando zonas que la tensión y el
olvido han ido matando lentamente. Para
eso necesitamos volver a sentir la manera como caminamos, como expresamos
nuestro ser en posturas y gestos y recuperar la sensibilidad corporal. Abrimos así una puerta a la conciencia de
nosotros mismos/as, a la manera como fluye la vida y como recibimos el devenir
de los días.
Asumirnos como
cuerpo nos hace más totales como personas abriéndonos a fuentes nuevas de
conocimiento y expresión y regalándonos sensaciones de plenitud y conexión
fundamentales. El Desarrollo Personal
que proponemos busca restablecer este contacto y llevar el reconocimiento y la
toma de conciencia a este terreno.
Muy cerca al
retorno al cuerpo se abre otra ruta que busca recuperar saberes ,
redimensionando el poder supremo que le hemos otorgado a la razón al
desplazarla de su lugar relativo de posibilidad de conocimiento a ser el único
valido y legitimo.
“Pienso, luego
existo” no es una frase simple, es el lema que fundó una manera de comprender
que por siglos ha enmarcado nuestra percepción de la realidad. La razón tiene un lugar fundamental, negarlo
sería necio, pero no es el único rasgo que nos hace humanos, que nos otorga
existencia.
Afortunadamente
comenzamos a recuperar saberes provenientes de las sensaciones, de la
intuición, del cuerpo. Saberes que en
conjunto, incluyendo la razón, nos
abren nuevas perspectivas y posibilidades en el conocimiento del mundo y de
nosotras/os mismas.
El
enriquecimiento del Desarrollo Personal busca retomar esos saberes, aprender a
escucharlos y a seguir su guía. Esto requiere sensibilizarnos, detenernos y
escucharnos. Al igual que es largo el
proceso por el que durante la infancia nos es suprimida la capacidad de
comprenderlos, es largo el camino hacia su reaprendizaje, pero la recompensa es
grande, significa ampliar nuestra comprensión del mundo y desplegar partes
vitales de nuestro ser.
Mientras vamos
explorando en nuestro interior, conociéndonos, las relaciones que mantenemos
con otras personas son también removidas a través de experiencias que nos
permiten vivir relaciones más amorosas. Esta no es tarea fácil ya que hemos asumido formas de violencia
mutua, de dominación y control que desvían el afecto y causan dolor. Los cambios en las relaciones provienen del
cambio interior y de la experiencia que vayamos acumulando en otro tipo de
relaciones que demuestren que la
equidad y el respeto son posibles en contextos donde se podría ejercer el poder
para subyugar y dominar.
Una experiencia
de Desarrollo Personal debe convertirse en un espacio donde la vivencia de
relaciones amorosas permita tener un punto de contraste. Este tipo de relación es el terreno, el
nutriente de los procesos, sin él ninguna experiencia tendrá sentido y esto es aun
más cierto para el caso de las magas guerreras, como iremos viendo.
II. Características de los
encuentros
Los encuentros
a través de los cuales invitamos a la vivencia de las rutas señaladas tiene
algunos rasgos comunes. Estás son las características
de los encuentros que expondremos a continuación y que serán ampliadas y
enriquecidas a lo largo del presente texto.
Estos
encuentros parten de la consideración de que cada camino es singular. Un proceso de Desarrollo Personal es único,
es un encuentro de personas que debe tener su propio color, su propio
ritmo. Hay temas claves, hay cosas que
todos y todas debemos aprender pero la manera de hacerlo y, sobre todo, el
lugar de llegada es singular. De allí
que este texto sea un relato y no un manual de instrucciones. Un relato de un proceso vivo, singular y
apasionante para quienes lo viven.
Con nuestro
grupo de magas guerreras, por ejemplo , vivimos una experiencia que se centró
especialmente en la sanación de heridas a través de experiencias que les
revelaran otras maneras de amar y relacionarse. Cuando las heridas son de la contundencia de las suyas, la
desconfianza ha cerrado los corazones y el miedo habita cada mirada y cada
movimiento, es necesario hacer un paciente camino de sanación y reconexión con su ser interior que requiere la ruptura
de las murallas erigidas para defender su ser profundo.
Este camino,
como todos los de enriquecimiento del Desarrollo Personal, se transita a través
de experiencias de reparación, no se trata de enseñar una idea sino de vivir
una vivencia, esta es la segunda característica de los encuentros que
realizamos.
Es por esto que
las personas que asumen el papel de facilitadoras de estos procesos nos paramos
en un lugar diferente al de quien cree que la respuesta viene de sus manos. Más
bien aceptamos el lugar de mediadores de procesos en los que cada persona
despliega sus fuerzas de crecimiento y descubre su propio rostro. Las experiencias que proponemos o
acompañamos son los medios de que disponemos para facilitar procesos de
Desarrollo personal.
Por otro lado,
el desarrollo personal no se enseña, se facilita, se nutre, se
propicia. Se trata de desencadenar las fuerzas de la vida, de
fortalecer el proceso natural de sanación, de brindar alimento al crecimiento,
perspectiva a la existencia, calor, libertad, reconocimiento y seguridad.
Las
experiencias de crecimiento requieren constituirse en un refugio que permita sanar heridas, retomar el sentido de la existencia, detenernos,
aprender a escuchar la vida, arriesgarnos a mostrar los rostros escondidos que
por estar tanto tiempo relegadas son frágiles y asustadizas. Ese lugar es el que deben crear los procesos
de enriquecimiento del Desarrollo personal.
Se trata de un espacio donde recuperar el silencio, la seguridad y la
confianza.
Pero el
refugio, como su nombre lo indica, es pasajero, esta destinado a momentos de
nutrición pero debe ser abierto y ayudarnos a extender las alas, a
desempolvarlas, curarlas o descubrirlas para poder volar y seguir creciendo en
la cotidianidad de nuestros días. Como
hemos dicho, en el refugio reaprendemos artes del vivir para justamente
llevarlos al terreno de la vida.
El
enriquecimiento del desarrollo Personal debe ser continuo, cotidiano,
interiorizado. Busca volverse parte de la existencia, una
manera de sentir los acontecimientos que nos suceden, de elaborar las paradojas
que la existencia nos va revelando.
Por eso está
lejos de la idea de una curación que otro nos brinda, otro que sabe lo que me
pasa, lo que necesito, lo que deseo. Es
mas bien, como decíamos, que cada uno/a pueda reaprender las artes del vivir,
retomar nuestra naturaleza profunda y permitir que emerjan nuestras propias
fuerzas sanadoras. Se trata de ver y
transformar hábitos de vida. Siempre acompañados de la certeza de que la vida
no cesa en su movimiento, no se detiene, no se resuelve totalmente y que
siempre nos traerá encrucijadas y contradicciones, dolores y rupturas y, claro,
alegrías,
descubrimientos, maravillas.
Para las magas
guerreras con las que compartimos está experiencia, el Desarrollo Personal es
uno de los ingredientes esenciales para construir verdaderas alternativas de
vida desde el contacto profundo y más libre consigo mismas, el reconocimiento y
aceptación de sus rostros y de sus recuerdos, el descubrimiento de sus fuerzas
interiores y la reparación de las heridas que agobian su alma. Es desde estos
lugares e ideas que narraremos a continuación la experiencia vivida con ellas
Capítulo 2
CRECIENDO A LA INTEMPERIE
Estaba muy
pálida, mechones de cabello desteñido enmarcaban un rostro delgado y
suave. Con esfuerzo la niña pedaleaba
su triciclo, que alguna vez fue azul, al que le faltaba una rueda. Los vivaces ojos miel miraban bajo. Su tía, casi otra niña , iba atrás
arriándola con un palo hacia la casa.
La misma de la que había salido huyendo hace un par de años Ana, una de
las magas guerreras.
Huía del
recuerdo de los días de su infancia en los que deambulaba por las calles del
decadente barrio, limpiaba el bar que ocupaba parte de su casa, vendía limones
y churros por la ciudad, recibía puñetazos de un tío y sus piernas se llenaban
de quemaduras causadas por descuidos inauditos de su madre. Como todas las mujeres de su familia, Ana
creció consolando borrachos y abriendo la puerta del cuartico en el fondo del
patio para encuentros que duraban poco y valían menos.
Acercarse a la
infancia de las guerreras es estremecedor.
De nada vale haber leído estadísticas y estudios, cuando la tragedia
toma rostro conmueve y horroriza. Es en
este territorio en el que se encuentran las verdaderas claves de su destino, es
allí donde se urde la trama que las llevará a la calle, al desarraigo, a vender
“ratos”[5]
de atención y piel, de vida.
Recorreremos
los trazados que encontramos reiterados mil veces en testimonios, estudios, estadísticas
y, por supuesto, en la narración de las siete jóvenes que nos acompañaron. Trazados que expresan una vergüenza
colectiva a la que debemos poner rostro, abrir el corazón, sentir como propia. Sólo así remontaremos el cómodo espacio que
solemos poner entre “ellos” - los otros, los de allá, los que no saben, los
hundidos - y “nosotros” - para comprender que formamos parte de un todo y
estamos conectados .
Acompañar el
crecimiento de las magas requiere conocer su infancia, el origen de sus heridas,
la profundidad de su soledad, el terror de sus noches. Tenemos que darle un lugar a su historia, recuperarla, reconocerla y,
aunque suene impensable, aceptarla y poder así ayudarlas para que hagan lo
mismo.
Dividiremos la
narración en dos momentos : sentirse
sola y huyendo despavoridas. La primera se centra en el universo de la
infancia y la segunda en la ruptura paulatina con este universo y en la
construcción de vínculos con otros mundos y otras identidades. Estos tiempos son diferentes en cada una de
ellas - corresponden a edades variables - pero se dan siempre en su camino de
guerreras.
sentirse sola
Estabamos
haciendo collages[6] sobre la
infancia, Mara pegó en la mitad del cartón forrado de negro una niña pequeña
y triste, perdida en medio de la
oscuridad. Niña solitaria repetida
varias veces en el territorio de su collage.
En otro encuentro Rosa escribió “Te odian” al lado de una casa a la que
cubrió con una gran cruz negra que la
hacía aterrorizante. La diabetes de Ana
comenzó en aquellos días en los que se consolaba, acompañada de sus hermanas,
bebiendo docenas de multicolores gaseosas mientras esperaban en vano a su madre.
Se sentían solas y desprotegidas cuando niñas sin importar cuantas
personas las rodearan, se sentían como flotando en el vacío.
Esta soledad se
tejió con muchos hilos. Quizá el más doloroso proviene de su relación con la
madre y el padre de quienes esperaban protección y cuidado y muchos veces recibieron indiferencia y
golpes. Pesaban también sensaciones que atravesaban el cuerpo y
tensionaban el aire debidas a la escasez y a la angustia cotidiana por la
sobrevivencia. En el fondo llantos no
escuchados, abrazos y miradas de reconocimiento y aceptación no recibidas. A cambio, pesadas cargas de responsabilidad y tensión que les
robaron el tiempo de la alegría y el juego. Todo esto rodeado de un devastador
silencio alrededor de los hechos mas definitivos de su existencia.
Un nudo
interior va tejiéndose con esos hilos :
la sensación profunda de terror
e inseguridad frente a la vida, a los otros y a su propio ser. Cuando crecemos
dependemos de manera vital de las personas y la situación que nos rodea.
Requerimos afecto y atención de manera tan apremiante como alimento o
aire. Es la mirada de otro ser humano
la que funda nuestra identidad, es el calor de otro cuerpo el que funda nuestra
piel. Si esto falla el mundo se torna
amenazante.
Cuando éstas
necesidades no son colmadas y es el abandono la respuesta continua del mundo,
en al alma se funda un sentimiento de soledad
que hiere y aterroriza. El
abandono conduce a éstas niñas a “una permanente búsqueda de cuidado y afecto,
el deseo de sentirse integrada, unido a la sensación de ser permanentemente una
extraña, el intento de otorgar a sus maridos y amantes el papel de padres, la
utilización del sexo como un medio para saciar unas ansias infantiles de cariño
y aprobación, y una despreocupación por el propio bienestar porque el abandono
es un sentimiento familiar, conocido”[7].
En la infancia
de las magas la inadecuada atención a sus necesidades se mezcla letalmente con
maltrato. Entonces el adulto o adulta
de quien depende la niña es un ser que no sólo las abandona sino que es
potencialmente peligroso porque puede abusar del poder para devastar su
espíritu, es alguien que se siente autorizado para ofender, golpear, forzar e
inhibir las manifestaciones de la niña en el mundo.
En éstas
familias las relaciones de maltrato forma parte de la convivencia cotidiana. Un dato escalofriante : en
una investigación sobre menores de edad prostituidos o en peligro de serlo, “El
95% habían sido, o eran maltratados
en el hogar” [8]. Sin embargo
quizá lo más preocupante es que estás familias no representan un caso
aislado sino el extremo de una realidad
que cruza todos los grupos sociales. Es una realidad abrumadoramente
mayoritaria porque corresponde a patrones culturales muy extendidos y
profundamente arraigados y no depende de personalidades o desviaciones de
grupos particulares.
Vivimos en una
cultura en la que se permite y legitima un altísimo nivel de maltrato hacia
nuestros niños y niñas y también entre adultos. Cualquier poder que se tenga en una relación es usado como un
poder de dominación del más fuerte (o que porta algo valorado socialmente)
sobre el más débil (o que porta algo menos valorado). En la dominación siempre
está presente la violencia con los más variados rostros.
El maltrato
surge cuando pensamos que los adultos tienen derecho a imponer su manera de
pensar y sus necesidades sobre los y las niñas, creemos que las normas pueden
ser impuestas a la fuerza porque son más importantes que su alma o consideramos
que deben comportarse de maneras determinadas, sin respetar su ser
singular. También nace el maltrato
cuando creemos que las marcas de la violencia se borran con los años y
consideramos que nuestra labor es de vigilancia y control porque los niños y
niñas son esencialmente malvados que hay que encauzar y dominar.
Las guerreras
vivieron el maltrato desde la cuna y aprendieron que es así como se relacionan
las personas, por eso sólo lo reconocen cuando se expresa de las maneras más
brutales y evidentes. Soportaron grados
increíbles de maltrato hasta que su espíritu de guerreras las convocó a huir. Esa manera de relacionarse las llevará a
dominar y maltratar a otras personas que se encuentran en situaciones de
desventaja (niñas o niños menores, ancianos) o las llevará a someterse a
personas que ostentan un mayor poder.
En el escenario
donde se viven éstas relaciones, la familia, se entrelazan destinos de hombres
y mujeres con historias de desgarramiento y violencia. Casi siempre las madres terminan enfrentando
solas la vida, con varios hijos, muchas veces de diferentes padres, productos
de amores que las han dejado cargadas
de decepción. Mujeres más o menos
responsables pero rotas, adoloridas,
sin tiempo ni lugar para nutrirse y renovar sus energías. Mujeres adictas a sustancias, juegos o
relaciones destructivas o simplemente agobiadas por el peso de una existencia
difícil, con carencias de muchos tipos y pocas oportunidades de desplegar sus
alas.
Si nos
remontáramos a la historia de las madres encontraríamos otra parte de un ciclo
fatal vivido por sucesivas generaciones de mujeres que las niñas continúan sin
romper con sus designios. Hijas de hogares en que no ofrecieron la protección y
el amor necesarios para crecer. Recibieron imágenes tradicionales del ser
mujer que las hacen dependientes afectivamente, con muy baja autoestima y las impulsan a vivir en una búsqueda
compulsiva de amor soportando de los hombre maltrato o irresponsabilidad sin
límite. Mujeres valientes y
perseverantes con una capacidad milagrosa de remendar la pobreza y trabajar en
las situaciones más adversas.
Aun así, la
madre es la única referencia permanente, aunque ambigua, en la vida de las
guerreras. Las grandes rupturas con
ella se dan cuando las niñas ingresan a la pubertad pero es un hilo que se
mantiene a través de los años, muchas veces con dolorosos conflictos y
distancias.
El padre existe
como vacío o como monstruo. En ningún
caso había un verdadero padre que las acompañara a ingresar al mundo y las
amara. Los padres son incluso un misterio, seres fugaces que no dejaron ni
imágenes, ni recuerdos. Hombres que
pasaron por la vida de las madres y las abandonaron embarazadas o con hijos
pequeños. No parece existir en estas familias el imaginario de que un padre
tiene un lugar y unas responsabilidades inapelables, más bien son seres
transitorios pero con un poder inmenso y devastador. Cuando hay un sustituto, padrastro, es investido con una
autoridad suprema, a él se sujetan la madre y sus hijos/as sin importar muchas
veces su verdadero aporte a la familia. A veces existen padrastros que son verdaderos torturadores, otros lejanos,
unos pocos apoyo.
Los hombres que
pasan por estos hogares han crecido en un mundo donde ser hombre está asociado
a dominar y al igual que las mujeres han soportado maltratos desde su hogar de
origen. Hombres con el corazón blindado
por la prohibición cultural a que expongan sus fragilidades y la exigencia de
que sean agresivos y combatientes.
Hombres de nuestro país que hace casi un siglo ha armado sus almas y sus
cuerpos en luchas de sangre. Hombres
que no saben cual es el lugar de un padre, cómo ser padres, cómo expresar
afecto. Hombres que se van y dejan
atrás su propia vida sin poder mirar de frente los dolores que ésta siempre
trae. Hombres cargados de rabia y
silencio acumulado que se desborda periódicamente haciendo daño a su alrededor,
aterrorizando a los seres que quizá quisieran amar y no pueden.
Habitado por
hombres y mujeres con éstas historias, el espacio de la familia se va tornando
cada vez más amenazante, la niña va aprendiendo a desconfiar, a
defenderse. Hay un episodio que lleva el terror al punto de
no retorno y que desafortunadamente es un factor común, casi obligatorio, en la vida de las guerreras : el abuso
sexual. En la gran mayoría de los casos proviene de hombres cercanos - padre, padrastro, tío, vecino - que se supone deben
protegerlas y se convierten en violadores de la ultima frontera que delimita su
ser, su propio cuerpo. El abuso sexual
constituye la prueba más clara de que no es posible confiar en nadie y es
necesario esconderse tras una muralla para defenderse o que simplemente esto no
será posible frente a ciertos seres investidos de poder y fuerza. Esta sacudida violenta las fibras más
profundas de las niñas, las desconecta de una parte de su cuerpo y les confirma
que la violencia puede ser usada para vencer cualquier intento de defensa.
Nikole, la
bella guerrera de corazón en llanto, violada por un ser oscuro, luego su cuerpo
cerrado a la cercanía con cualquier hombre “porque me da miedo que si le digo
que pare, no me haga caso”. Haber dicho, gritado, rogado que no y no ser
escuchada, sentir un cuerpo que te oprime, que te babea y tu muriendo del dolor
y el asco. Así sucede cada día a miles de niñas, después de eso es mas difícil
aún que diferencien el amor del abuso.
Las siete guerreras guardan imágenes de abuso sexual, todas. Imágenes que no quieren ver pero que
aparecen en pesadillas y cuando en una pintura se mezcla negro y rojo, terror y
sangre. Ana dice con una sonrisa tibia
y falsa : menos mal yo ni me
acuerdo, fue mi abuelito cuando tenía dos años, mi mamá me contó.
Muchas de las
que se atrevieron a hablar tuvieron que sumar a ésta ofensa la traición de una
madre a la que acuden llorando, acusando al violento. La madre escoge a “su” hombre, llegando incluso a culpar a la
hija de haberlo seducido. Este es un
hecho común, madres asustadas e inmaduras que prefieren mantener un vínculo del
que dependen de manera absoluta que enfrentar a un tirano. Es increíble la fuerza del imaginario que
lleva a las mujeres a no sentirnos seres completos sino compartimos su vida con
un hombre, llegando a situaciones extremas donde asumimos todos los costos de
la relación en espera una mínima presencia, una mirada que nos de un lugar en
el mundo.
El hogar,
habitado por este universo complejo de afectos e imaginarios, es durante la
infancia el principal espacio de construcción de la identidad de las niñas. La
escuela, si bien es menos fuerte en
este sentido, también constituye un espacio importante. La gran mayoría han
pasado algunos años allí y aunque una
escolaridad más alta es un claro elemento a favor de su desarrollo, no logra
romper el destino de fuga y expulsión que les espera. La escuela les permite ampliar la mirada y adquirir elementos
básicos para vivir en el mundo pero en el terreno afectivo parece dejar también
una huella por sumar exigencias y
violencias a las ya agobiantes del hogar. Es un espacio también precario porque
no les brinda un refugio, no las contiene.
Sienten que la
escuela no las incluye, la sienten lejana, obligatoria y rígida. Les gustan las amigas y amigos y de vez en
cuando hay un adulto que las acoge, pero el espacio de la escuela no logra
proveerles herramientas para comprender su vida y construir un sentido que les
de raíces. En varias historias la
escuela es un espacio que va perdiendo su sentido en la medida en que la niña
va creciendo y comprendiendo la realidad en la que vive. Y es que a las jóvenes de sectores pobres la
escuela es insuficiente para crear una verdadera modificación de su destino
porque no parece brindarles alimento para el alma o abrirles horizontes más
amplios.
En la escuela
vuelven a encontrar modelos autoritarios de relaciones con las y los adultos,
exclusión de las menos favorecidas y una pedagogía que las hace ver la realidad
como algo ajeno y distante sin ninguna relación con la cotidianidad y con sus
preguntas de jóvenes filósofas de la vida.
Más que rechazo la escuela parece producirles un largo bostezo y la
sensación de emprender una sucesión de actividades obligatorias, formales y
totalmente desligadas de la vida.
En general
enfrentan una creencia arraigada en padres y demás adultos de la perentoriedad
de la escuela porque sí, porque hay que asistir a ella y obtener un grado. Esta
creencia será desafiada hasta llegar a cuadros de alta repitencia, deserción
temporal y luego retiro definitivo cuando las niñas rompen con la vida
familiar.
Las niñas que
se desarraigan de su hogar y viven ligadas al mundo de la calle han pasado todas algún periodo de su vida por la
escuela, es una lastima que allí no encontraran un refugio que las protegiera
de emprender la huida que tantos costos les traerá, que allí fueran tan escasas
las experiencias que les ayudaran a reconocerse a si mismas, a amarse y a
labrarse un lugar de vida. La escuela
se suma así a la exclusión vivida en la familia, se convierte en un motivo mas
para la huida, en una oportunidad menos de construir un sentido.
Los espacios
del hogar y la escuela se abren cada vez más hacia el mundo “exterior” en la
medida en que las niñas van ingresando al difícil periodo de la pubertad. Poco a poco las demandas por parte del mundo
se centran en su apariencia física, en su capacidad de seducir. Su floreciente
sexualidad se convierte entonces en foco de atención y en fuente de sensaciones
y experiencias contradictorias : rechazo, seducción, presión, valor
“comercial”, control excesivo, y, por supuesto, deseo.
Además de la
complejidad de la vivencia de la sexualidad, ésta edad de transición se
convierte en una etapa de alto riesgo para el crecimiento interior de las niñas
- casi mujeres, gracias a que sus lugares de existencia social se
restringen y estereotipan cada vez más. Mary Pipher[9],
hablando de las adolescentes contemporáneas, plantea que existe un vacío entre
el verdadero yo de las adolescentes y las exigencias que la cultura prescribe como
propias de la feminidad.
El lugar
imaginario que hemos definido para la feminidad, constituye una referencia
demasiado reducida y rígida que lleva a las jóvenes a comprimir su ser y a
tratar de mostrar tan solo lo que resulta legitimo socialmente. Ante estas
presiones culturales dividen su ser
entre personas falsas y verdaderas.
Cuando las guerreras pasan por esta edad a las heridas interiores causadas desde la infancia se suman
éstas exigencias fragmentándolas y reduciendo su posibilidad de desplegar su
ser auténtico aún más.
Aunque sus
heridas son muy profundas y su alma está fracturada, desgarrada, jamás se
renuncia verdaderamente a la pretensión de ser amada y reconocida, lo que hace
es proyectarla, preservarla en un terreno de ilusión y cerrar su corazón a
nuevas decepciones. Es un acto de
protección, una medida para sobrevivir al horror que les traerá costos
altísimos y les exigirá un gasto enorme de su caudal de energía. Su destino de fugitivas ha quedado sellado.
Esta fractura
interior es percibida de manera intuitiva por las niñas. Cuando recrean su
infancia en uno de nuestros encuentros, la expresan partida : un terreno real y
otro ilusorio. Territorios separados y
antagónicos. La ilusión se relaciona con amor, gente abrazándose,
familias unidas, mamas que cuidan a los niños, flores, duendes, colores
brillantes. Paraísos de colores brillantes donde el mal no penetra, no se
siente frío ni hambre y todo es posible, especialmente el amor. En el terreno
real habita la oscuridad, sangre, mutilaciones, lágrimas. Saben con claridad
absoluta que lo que les faltó fue amor incondicional, protección para crecer al
paso natural y asumir la dureza de la vida cuando sus cuerpos y sus almas
podían hacerlo.
Sofía fabrica
una bella jaula, en la mitad está ella, preservada de todo mal, rodeada de
pájaros y niñas felices. Nikole separa
en dos el espacio, lo real es negro, algunos niños inhalan pegante, un sucio
billete y un rostro triste, todo envuelto en dos enormes lagrimas. Aparte,
en un cielo poblado de figuras abrazándose, está la felicidad. Al
mostrar su obra nos dice : “es lo que yo quería y nunca fue, ni
será”. Angela también construye su
cielo y su infierno, en el medio un arcángel vengador aplasta al demonio. La
imagen que expresa Mara es circular, con la niña solitaria en el centro y zonas
de luz y oscuridad rodeándola.
La construcción
de un mundo ilusorio separado tajantemente de la gris realidad será una
constante en su existencia y determinará muchos de sus caminos, en especial su
tendencia a la fuga, a la ensoñación, a la fantasía. Tendencia que nace de la
terca negativa a aceptar una realidad que hiere y asusta. El amor de pareja contiene buena parte de
esta proyección, lo ven como salvación, como un lugar de realización de sus
deseos profundos de reconocimiento y aceptación. Proyección que parece resistir la prueba contraria que la
realidad ya les ha dado - en la vida de su madre - y les dará una y otra vez a
lo largo de su vida. Y aunque muchas
quieren fugarse por temor a repetir la historia de su madre, desafortunadamente
tienen ya interiorizadas demasiados sentimientos e ideas que con seguridad las
conducirán en una ruta similar, muchas veces peor.
Su infancia es
entonces una sucesión de expulsiones o acogidas precarias donde construir
seguridad y confianza resulta imposible, la necesidad de defenderse por si
misma se vuelve imperiosa y el cuerpo y el alma han sido cerrados para evitar
el dolor mientras la ilusión se ha convertido en un territorio aparte,
demasiado deseado e irreal.
Es así como el
espacio se va estrechando cada vez más, creándoles el profundo convencimiento
de que no existe un nicho que las incluya
y les garantice protección y libertad. El mundo de la infancia se va
tornando cada vez más gris, sofocante y devastador, su infancia termina
demasiado pronto pero nunca es vivida plenamente, queda pendiente,
aplazada. Algo urge para escapar de la
trampa, un espíritu joven, un deseo de buscar otros horizontes y sobre todo el
terror, eficaz impulsor de lanzamientos al vacío.
En algún punto
del recorrido las guerreras emprenderán la huida, intentarán olvidar y correrán
riesgos increíbles para hacerlo. La
opción está tomada : caminar al borde de abismos mortales pero dependiendo
de si mismas, asumiendo su destino. Es entonces cuando las guerreras huyen a
buscar una vida bajo su propia responsabilidad, otras las mas débiles, se
quedan.
Huyendo despavoridas
La huida de la
casa es frecuentemente desencadenada por acontecimientos extremos de una cadena
cuyo inicio se hunde en las brumas del tiempo.
Se intenta más de una vez, con periodos de retorno y ensayos de
resolución del conflicto que terminan en nuevos enfrentamientos y nuevas
huidas. El desprendimiento de la
familia siempre es progresivo y rara vez es total, especialmente de la madre y
las hermanas, algunas veces de hermanos u otras personas. Pero el alejamiento
es definitivo, porque abre una brecha entre la realidad cotidiana de la niña y
la de su familia. Su huida no esta exenta de expulsión, rechazo por parte de
aquello de lo que huyen. Ellas se van pero también su mundo de la infancia las
expulsa.
Al deseo de
huir de una realidad violenta se suma que cuando somos muy jóvenes tenemos un
caudal enorme de energía, brillamos, queremos ir rápido, no detenernos, es una
bella sensación. A las guerreras las
habita una profunda ilusión de hallar lo que hasta ahora no han tenido :
libertad, goce, cosas bellas y amor. Pagan la huida con la vida, es un precio
alto pero a su edad parece que siempre van a tener con que pagarlo.
Muchas veces
fugarse es su única alternativa aunque el gasto de energía es enorme tanto para
romper las vínculos conocidos como para luego mantenerse en situaciones límite
y seguir huyendo. La huida no se limita a la familia, en realidad son fugitivas
de sí mismas, de su pasado y del horror a su mundo. Conocen el lado más oscuro
de la vida y su impresión las ha partido en mil pedazos. La huida significa una
gran fragmentación pero también implica la puesta en escena de fuerzas
interiores alimentadas de intuición, astucia, previsión, cautela,
recursividad. Estas fuerzas son
utilizadas hasta el límite de la resistencia con escasa posibilidad de
compensarse con situaciones de entrega, confianza, relajación y disfrute.
La posición
defensiva se vuelve permanente. Las guerreras son dicharacheras, risueñas,
gritonas, siempre zumbando, pero cuando en nuestro primer encuentro les pedimos
que se acuesten a relajarse y que cierren los ojos, es tal el terror que la
mayoría no logra mantenerlos cerrados mas que un breve instante. Las manos se crispan, las piernas se cierran
protectoras. El ceño está
fruncido. Detestan ir adentro, los
fantasmas se agolpan en el estomago.
Tienen que mantener los ojos abiertos, el mundo controlado, nada les
garantiza que no les hará daño.
Por eso su
actitud es hacia afuera - externalizada - a veces muy adaptada a las exigencias
del momento pero poco autentica, a veces agresiva y distante. Esta actitud es
vital para ellas, aprendieron demasiado costosamente a desconfiar y
difícilmente van a volver a confiar, temen demasiado ser traicionadas. Es un
sacrificio interior grande pero necesario para sobrevivir. Huir significa
dividirse, fragmentarse y desconectarse
interiormente, negando partes si mismas y perdiendo el contacto con zonas de su
cuerpo.
Se huye a
través de relaciones destructivas, también de sustancias que embolatan un rato
la conciencia y quitan el terror. Pero
el terror siempre vuelve. Es de él que se huye. Se han roto las conexiones
profundas, se depende de sí para sobrevivir, el sentido de identidad es frágil,
el cuerpo se ha fragmentado, hay dolor pero el terror lo tiene apresado. Para que surja el dolor es necesario que
exista alguna posibilidad de salvación, algún refugio seguro.
Huir se
convierte en una manera de vivir que se puede sintetizar en el gesto correr sin
detenerse ni crear vínculos profundos, sin nombrar la vida. De muchas maneras todas somos fugitivas,
huimos de los recuerdos, de los dolores, de escenas de horror, del miedo. Huimos por terror y luego huimos del
terror. Hay muchas formas de huir, unas
más dañinas que otras, todas empobrecen nuestro crecimiento.
Huyen de
padrastros peligrosos y agresivos, madres débiles y confusas, de la pobreza
mezclada con desespero y rabia, de la soledad de quien siendo joven ha tenido
ya que despachar sus sueños, de las imágenes que les exigen ser tan diferentes
a lo que ven en el espejo, de un dolor que las quema adentro y nadie les ha
escuchado gemir. Huyen de la ira por
saber que su vida será cortada con el molde de la de su madre. Son fugitivas
por valientes y por no tener opciones.
Hay niñas que mueren, total o parcialmente, en medio de ésta oscuridad,
hay otras que huyen. Hablamos de las
valientes que se van, de las otras apenas si tenemos noticia en las
estadísticas de maltrato y homicidio.
Es común
también que cada una crea que es diferente, especial, excepcional, que no le
sucederá lo que a muchas mujeres
mayores que han vivido destinos similares y que ven con horror. Una
bella joven de quince años, rostro de montaña, ojos centelleantes y palabra
fluida, miraba de reojo a las mujeres que esperaban clientes en la otra esquina
con sus rostros desfigurados y avejentados mientras con desdén decía : “yo
si no voy a terminar así, me voy un par de años a Europa, gano mucha plata,
ahorro y me retiro de esto”. Le
gustaban las calles de Bogotá. Venía de un pueblo cafetero donde trabajaba
encerrada por temor a que gente cercana a su familia la viera. Ellos sabían pero como no tenían como
mantenerla “les toca aguantarse”. Era
muy solicitada, aún lo hubiera sido si no fuera tan bella. Dos años antes habían asesinado a su hermana
menor en una esquina, apenas comenzaba a trabajar. “Es que no se sabía cuidar”
decía la bella de ojos negros. Las
otras, las de allá, son diferentes, yo me salvaré. Este es el voto supremo de quien se arriesga en los limites de lo
aceptado.
En esa huida
casi siempre encuentran la calle[10],
terreno generalmente conocido desde muy niñas porque muchas han trabajado allí
ayudando a sus madres o han vivido en barrios con fuertes identidades en los
que la vida de calle es parte de la
existencia diaria. Les gusta la calle, las revive, las alienta. Aprenden a moverse en ella, a vencer su
temor, a pisar fuerte. La calle es un sitio duro en el dependen de su
intuición, de su astucia, de su capacidad de respuesta. Es alucinante en cuanto porta el mas
tenebroso azar sujeto a estrictas reglas.
Saben que las salvó y también que las destruye. La calle es libertad y terror.
Manejan territorios
de la ciudad y en ellos han vivido experiencias de luz y de sangre, de amor y
de violencia. Llevan marcada en la piel
su vivencia de la calle, sus modos de moverse, de fluir entre sus atestados
espacios. Una vez han decidido huir, la
calle va desplazando al hogar y a la escuela como espacios de construcción de
identidad.
La calle es
representada en los imaginarios colectivos como negativa, aterradora,
caótica. Nuevas aproximaciones muestran
que si bien es un mundo muy duro, donde la sobrevivencia en condiciones límite
ocupa los mayores esfuerzos, no se trata del no - mundo sino que tiene sus
propios códigos de sentido, sus propias redes de solidaridad y protección, sus
identidades colectivas, sus paisajes. Se trata de un espacio con un referente
físico pero que es esencialmente simbólico.
Ser de la calle es vivir en un mundo complejo que se encarna en
identidades y prácticas que portan estéticas y símbolos particulares.
La calle se
parece a la libertad, entraña riesgo y aventura, es un mundo de sucesos
continuos, de personajes, historias, romances. En la calle se crean los grupos
de amigas y amigos con territorios demarcados, guerras y alianzas. Ellas van construyendo allí un lugar, una
identidad, referencias que van configurando su vida y su rostro.
Las guerreras
están en la calle de manera total o parcial, volviendo a su casa de
esporádicamente. Allí no sólo aprenden
habilidades de sobrevivencia sino modos de acceder a un ingreso mínimo. Hay múltiples maneras de vivir y sobrevivir
en la calle. El azar y algunas determinaciones personales definen los caminos
tomados. Cada camino bordea un abismo, está al margen de un territorio
delimitado socialmente como aceptado.
Desde la venta callejera hasta la prostitución, una de las mas degradantes
interiormente, los límites son difusos, muchas veces se pasa por ocupaciones
diferentes en una misma jornada, se combina trabajo y robo.
En la calle
deben “endurecerse” aún más, cerrarse, defenderse, agredir, ser cautelosas,
usar la intuición. Es una mezcla fatal, agudiza la capacidad de percibir el
peligro pero crea una mayor defensividad cerrando aún más el alma, pone a
funcionar energías primitivas pero también a acorazarse.
La sucesión de
abusos que ha marcado su vida no termina en la calle, lo que cambia es su
actitud, ahora es más activa. Se
inserta en jerarquías definidas donde “ganarse el respeto” es un ejercicio
cotidiano de demostración de fuerza, que lleva a continuos enfrentamientos para
mantener un lugar y defender a sus amigos o amigas de otros que pretenden
“montársela” o sea, dominarlos. No es
raro que las niñas tengan cicatrices de enfrentamientos armados con otras niñas
o con adultos que han pretendido aprovecharse de ellas.
Las guerreras
han asumido aquí su destino y no están dispuestas a retornar a un papel pasivo,
han tirado por la borda el mundo de la infancia y han decidido de manera
silenciosa y definitiva que este mundo es de los fuertes y que sobrevivir
implica violencia y transgresión. En
realidad su vida no les ha dejado muchas alternativas y su marginación
paulatina de los espacios legitimados socialmente irá agudizando la restricción
de oportunidades para hacerse una vida mejor.
Casi todas han
sido o son adictas. Ciertas adicciones
forman parte de la vida de la calle. Rosa adora el trago, le recuerda sus
noches de baile, clientes y borrachera.
Nikole ha probado todo, de revueltos de pastillas hasta pegante. Adicciones a la comida, a sustancias, a relaciones románticas -
ilusorias - . Son maneras de huir,
escapar de sensaciones de vacío, de bajones de animo. Evadir la realidad es una manera de sobrevivir a sus horrores.
Los estados alterados de conciencia que les permiten las diferentes sustancias
no solo mitigan sensaciones cotidianas muy dolorosas sino que las llenan
momentáneamente de seguridad y alegría. Cada vez se internan más en una
vivencia lejana del mundo, irreal, ilusoria.
Las adicciones
no son nuevas para ellas, en nuestro mundo el consumo de alcohol es muy alto y
poco sancionado, casi todas han tenido cerca hombres o mujeres adultos que
consumen alcohol en grandes cantidades (frecuentemente sus padres, madres,
padrastros). Por otro lado, las diferentes sustancias (en especial marihuana,
bazuco e inhalantes) circulan con gran libertad en las calles y en general
nuestra manera de vivir lleva a las adicciones y a un consumo de objetos que
pretende reemplazar sentidos vitales de la existencia con estados de exaltación
emocional y goce sensorial.
La prostitución
es uno de los destinos más frecuentes de mujeres jóvenes y “apetecidas” en el
mercado sexual. Encuentran allí un
submundo habitado por personajes e historias, vínculos y ritualidades. Mientras son jóvenes - y el periodo es breve
en ese mundo - son buscadas y logran un ingreso mediano, un poco más alto del
que obtendrían en trabajos para su nivel de escolaridad o preparación. Pero sus antiguas heridas serán ahondadas
cada vez más, sus fugas serán más dañinas, su amor por si mismas más débil, sus
posibilidades de cambiar el destino menores y su cuerpo se seguirá cerrando a
sensaciones y goces.
Al hablar con
mujeres adultas que ejercen la prostitución es fácil percibir el sube - baja de
su vida. Han construido una existencia
donde sus necesidades profundas han sido aplazadas y las depresiones han llegado
a tales extremos que acuden a sustancias y situaciones que las “suban” para
mantenerse por algún tiempo a flote. Estos altos niveles de intoxicación y
negación de sí apenas comienzan para las niñas de las que hablamos pero sus
pautas ya están instaladas y sólo experiencias verdaderamente reparadoras les
permitirán romper ese círculo oscuro.
Dado que la
prostitución de menores de edad está prohibida, el ingreso a ella hace que la
joven no solo se vincule a un submundo sino que este sea clandestino. Los mundos clandestinos están en comunicación
lo la lleva a vivar cerca a personas ligadas a peligrosos mundos donde la
violencia es la norma de convivencia.
Muchas veces en este punto cortan sus relaciones con las familias y
desaparecen cambiando de ciudad y usando otro nombre. El cambio de nombre señala la disociación operada entre la
identidad de la infancia y la que se va adquiriendo en este mundo.
La prostitución
encadena a las jóvenes, a una forma de
vida difícil de romper. Su mundo es un
mundo vergonzoso pero allí van construyendo sus vínculos, sus amores, sus
odios, sus recuerdos. Como todo mundo
creado por los humanos, este es un mundo que tiene un sentido propio, en el que
se dan los sucesos y los personajes que alimentan las biografías de quienes los
habitan. Muchas veces sus mundos corren
paralelos y mientras en la noche o en el día participan de la calle o de
espacios (residencias, bares...) donde ejercen su “oficio”, en la otra jornada
van a su casa o a el espacio que comparten con un compañero y /o
hijos. Como ya mencionamos a veces se
crean rupturas totales con la familia.
Las existencias son variadas pero la vivencia de la prostitución tendrá
siempre efectos devastadores para el alma y el cuerpo de la mujer que está
creciendo.
El carácter de
realidad rechazada pero permitida de la prostitución, paradoja nada extraña en
nuestra cultura, se replica en la vida de las mujeres y hombres que la
ejercen. Sienten el rechazo, sienten la
exclusión, sienten la violencia pero saben que tienen un lugar que aunque es
marginal, es necesario para las formas de vida y relación que hemos
construido. Aprenden a vivir y a
relacionarse con muchas personas desde pedazos de su cuerpo, desde espacios
escondidos, en relaciones clandestinas donde partes de su ser, su identidad y
su historia quedan excluidos.
Esta
disociación ya ha sido instalada desde la infancia, la fragmentación de su
cuerpo y la negación de su ser, pero en este ejercicio constante de simulacros
se va ahondando. Hay una apariencia,
una superficie que toma el lugar del ser, es una manera de vestirse, actuar,
hablar, mirar que recoge los códigos requeridos para ejercer la seducción que
supone la prostitución, pero que se convierte en su manera de estar en el
mundo. Obviamente muchas partes de la
joven van quedando suprimidas, acalladas y es ésta negación lo que acarrea
mayores sufrimientos y vacíos.
Las mujeres que
ejercen la prostitución no son esencialmente diferentes a las demás mujeres, no
son sino el extremo de las disociaciones que sufrimos todas, no son sino una
expresión de lo que es ser mujer en una
cultura que nos exige negar buena parte de nuestro ser para adecuarnos a
exigencias y deseos ajenos. La prostitución es el lado oscuro de la sexualidad
colectiva. “La prostituta concreta la
escisión de la sexualidad femenina entre erotismo y maternidad, fundamentos
sociales y culturales de signo positivo del género femenino”[11]
La prostitución
no es sólo un oficio, “es un modo de vida total (real y simbólico)”[12]Se
construye allí una relación con los hombres en la que están excluidas el amor y
la procreación, es un encuentro parcial, en el que las jóvenes fragmentan cada
vez más su ser. Al conversar sobre la
sexualidad las guerreras diferenciaban claramente los encuentros por amor de
los “ratos”. Cuando son narrados en los primeros hay alegría y picardía
mientras que los segundos parecen una sucesión de momentos oscuros y
anónimos. Esto no excluye que a veces
establezcan relaciones más personales con algunos de sus clientes pero el resto
es una masa indiferenciada.
Veremos cómo el
ingreso a este mundo dejará sus marcas profundas. Es quizá uno de los peores destinos donde las guerreras intentan
sobrevivir y olvidar. Pero en su ser
está instalada un devenir fatal, en su huida bordean abismos y casi siempre se
precipitan en ellos.
Capítulo 3
RETRATOS
Llamarlas magas
guerreras no es mera poesía, lo son.
Magas porque su espíritu es potente, creativo, intuitivo,
brillante. Guerreras porque son las
sobrevivientes de lugares de muerte y han tenido que aprender las artes del
combate cotidiano. A diferencia de
mujeres adultas que han seguido vidas como las de ellas, son aún muy jóvenes y
las experiencias de dolor se compensan con un enorme caudal de energía que les
permite fluir con mucha facilidad una vez se encuentran las claves para
realizar con ellas experiencias de desarrollo personal. Su capacidad de crecer es enorme, sus
potencialidades - dormidas muchas veces - son infinitas.
Describiremos
los rasgos comunes que encontramos en éstas chicas. Vale la pena reiterar que cada una es diferente, bella a su
manera, singular y que no pretendemos comprender su ser particular sino algunos
aspectos que sus destinos similares han dejado impresos de maneras también
similares en su comportamiento y su mirada.
El proceso que vivimos con un grupo de ellas - y los acercamientos a
otras niñas - sirvieron para maravillarnos de su capacidad creativa y su fuerza
y llevaron a que cada una expresara su ser, su fuego personal, su voz.
Elegimos cuatro
zonas que expresan la manera como se ha construido el ser de las guerreras y
que son de particular importancia a la hora de realizar procesos que buscan
enriquecerlas interiormente. Se trata de su mundo emocional - mareas altas y bajas -, sus ideas y visiones sobre algunos temas, su
cuerpo - cuerpo tatuado - y la manera como viven relaciones
importantes tejiendo vínculos:
Las magas
guerreras están entre la pubertad y la adolescencia temprana, tiempo de cambios
y estremecimientos, estación de florecimiento y contradicción. Sus vidas han sido aceleradas y también lo
es su paso por ésta edad, pero no por eso dejan de participar de la manera como
colectivamente la vivimos, se parecen a
cualquier otra chica de quince años, de doce, de dieciocho.
Mareas altas y bajas
Muchas
descripciones de las guerreras dicen que son desconfiadas, agresivas, incapaces
de crear vínculos, mentirosas, manipuladoras.
Lo dicen como si ellas fueran así naturalmente o establecen lejanas y frías relaciones de este comportamiento
con la infancia. Las ven desadaptadas
sin comprender que son sobrevivientes natas, que lo mejor que pudieron hacer,
dadas las circunstancias, fue desconfiar de todos, cerrar su alma para
preservarla, esconderse, protegerse.
Pocas veces la vida les da verdaderos motivos para relajarse y confiar,
la vivencia de la infancia no cesa allí, queda confirmada y ahondada en la
adolescencia y en la adultez.
Sienten un
ánimo cambiante, voluble, sube y baja. De pronto están felices y gritan, de
pronto sus rostros se hunden en una gran tristeza y se retraen del mundo. Este sube/baja emocional se complejiza por
una expresión “dislocada” de sentimientos.
Cuando experimentan tristeza relacionada con algún recuerdo o situación
presente se cierran y no pueden llorar, pero cuando sucede un hecho
aparentemente insignificante lloran como si fueran a morir. Igual les sucede con la rabia, la alegría,
la ternura...parecen expresarse de maneras descontextuadas, fuera de proporciones
o de lugar.
Esta
“dislocación” obedece a una profunda desconexión interior y a un temor extremo
a sentir proveniente de la gran acumulación de frustraciones que han
vivido. Demasiadas veces su mundo no
respondió o lo hizo de manera violenta a sus demandas del alma. Dado que los sentimientos son
irrenunciables, corren desaforados por su piel y su rostro sin poder salir de
manera fluida y vinculada. Siendo seres
sensibles sus sentimientos son fuertes, intensos lo que compone una expresión
desbordada y desconcertante para otras personas.
Sus
sentimientos son fuertes y muchas veces inestables. Hoy odian a la amiga por cualquier detalle, mañana están seguras
que jamás se separarán. En la mañana se
sienten las mujeres mas desdichadas del mundo, por la tarde serán felices de
por vida porque recibieron una llamada esperada. En eso tampoco difieren de las
jóvenes de su edad sólo que éstos sentimientos parecen pasar por ellas a
velocidades de vértigo y no parar jamás.
Son
susceptibles a cualquier signo que interpreten como abandono o decepción,
entonces son contundentes, agreden y abandonan antes de ser abandonadas. Pueden interpretar cosas muy pequeñas - para
los demás - como abandono y
constantemente están tratando de probar que esto les va a suceder tarde o
temprano. Es una medida extrema de protección derivada de sus experiencias de
abuso y traición.
De allí que los
sentimientos básicos, los que guían sus acercamientos a otras personas, sean la
desconfianza y el miedo. Los expresan de manera defensiva y agresiva porque
quieren prevenir cualquier dolor adicional a los ya vividos. La defensividad, rasgo que determina su
vínculo con el mundo, lleva a que el trato con ellas sea difícil y delicado
hasta que - pasado un tiempo - ceden y
entregan su confianza . Aún así
el tema confianza / desconfianza, lealtad / traición ocupa el centro de su
mirada sobre las diferentes relaciones. Construyen complejos conflictos
alrededor de él. Esto lo
profundizaremos más adelante cuando conversemos de la manera como establecen
sus vínculos.
Es muy frecuente
que las guerreras se depriman. Hay que
distinguir este estado de la expresión de tristeza[13]que
forma parte de la gama de sentimientos cotidianos. La depresión surge de
profundas desconexiones causadas por las heridas recibidas en la infancia, que
se mantienen abiertas inhibiendo el contacto interior y la expresión afectiva
en el presente. Es como si se hubieran
quedado en un escenario antiguo, decepcionadas, paralizadas por la sensación de
abandono y maltrato. Escenario al que
retornan en momentos impredecibles de la vida.
Con los años la
depresión se torna más y más presente, más y más invasora. En el fondo está una necesidad no colmada de
amor y reconocimiento que ha sido desplazada a un mundo de ilusión. “Cuando una persona ha experimentado una
perdida o trauma en su infancia que ha socavado sus sentimientos de seguridad y
autoaceptación, proyectará en su imagen del futuro una exigencia de que
invierta su experiencia pasada”[14]
El sube /baja
del que ya hablamos se relaciona - o tiene sus extremos - en momentos de
depresión y euforia muy fuertes.
Escenario privilegiado para el ingreso de las adicciones. Sustancias, relaciones, comida, estados de
ánimo exaltados que una y otra vez son usados para remontarse de los bajones y
que terminan siendo una trampa mortal porque igual a cada subida le sigue una
bajada e implican seguir ubicando la
demanda interior en lugares inadecuados.
A una búsqueda
vital de conexión interior y amor se la reemplaza por momentos de euforia
volátil. Hay un miedo que invade todo,
miedo a confiar, a entregarse, a relajarse. Miedo proveniente de fuentes
antiguas que han forjado un hueco en el alma y el cuerpo de las guerreras
llevándolas a la paradójica situación de no sentir seguridad interior ni
tampoco en los demás y el mundo pero tener que depender de ese mismo mundo y
pararse sobre su ser para defenderse.
Es una lucha encarnizada por sobrevivir en estado permanente de guerra y
cautela.
En medio de
tantas tormentas, sienten un apetito enorme por la vida, por conocer el mundo,
por experimentar todas las sensaciones, por transgredir todos los limites. Ante la exasperación de los adultos llevan a
cabo muchos de sus deseos. La máquina de control social falla con ellas de
manera clara, sienten que tienen poco que perder. Se despojaron del miedo al castigo, las han sometido a algunos
muy doloroso y han sobrevivido. Eso lleva a que en algunas ocasiones, cuando
están en una institución o vuelven a la casa, se extremen las medidas de
control llegando a castigos desproporcionados.
Cuando dejan
ver su luz son deslumbrantes, creativas y profundas. Asoman las magas que esconden bajo la mirada retadora y regalan
la vida en un instante porque están hechas de un material auténtico, labrado
por dolor antiguo y pulido con lagrimas interiores. Para ver este milagro basta amarlas, algo difícil para ellas y
para muchos de los y las adultas con las que conviven.
Ideas y visiones
Comparten las
ideas más populares sobre temas centrales de la vida, aunque con gran facilidad
las transgreden en la acción cotidiana.
Esta aparente contradicción es demasiado común en nuestra sociedad para
extrañarnos, lo que resulta dañino es que ellas no encuentren espacios donde
revisar y reconstruir éstas ideas hasta identificarse con alguna ética que tenga
sentido en su vida y sea pertinente a su realidad. En los espacios donde viven son sometidas a ideales de
existencia ajenos a su propia vida y a la de los y las adultos con los que se
relacionan pero les son impuestos con la fuerza de la verdad y la necesariedad
más absurdas. Estas ideas se mueven en todos los campos de la existencia pero
nos limitaremos a las mas significativas en relación con el Desarrollo
Personal.
Mantienen
visiones jerárquicas de las relaciones donde el que tiene poder lo utiliza para
controlar a las otras/os. Esto convive
con el más implacable rechazo a la autoridad pero de manera actuada y
emocional, no producto de un cuestionamiento más articulado que les permitiría
construir vínculos diferentes en sus vidas.
Creen que el poder proviene de afuera, de lo que se posee, del lugar en
las relaciones sociales. Por supuesto
se ven con muy poco poder y aún así lo utilizan sobre otras, para dominar, o lo ceden a otros, repitiendo el
esquema aprendido y legitimado toda su vida.
Tienen una
visión “naturalista” de la sexualidad en la que la ven como parte normal de la vida, mezclada con ideas
tradicionales, pudores y vergüenzas relacionadas con su cuerpo. Esta letal
mezcla es también común a muchas jóvenes contemporáneas y produce una dolorosa
confusión que les hace muy difícil la vivencia de una sexualidad placentera y
grata pero tampoco las inhibe de ella como lo hizo en al caso de las mujeres de
otras épocas. Viven una cierta presión
a asumir una sexualidad activa pero a la vez la sienten mala y transgresora.
Conocen
practicas rudimentarias tradicionales de anticoncepción heredadas de mujeres cercanas (incluidas
duchas, hierbas, manipulaciones, aspirinas en la vagina...) y aunque han oído
mencionar otros métodos y a veces hasta han participado en charlas sobre ellos,
mantienen un cierto tabú sobre su uso.
Este es compartido por la mayoría de las jóvenes en nuestra sociedad, lo
que demuestra que más que un problema de este grupo particular se trata de una
manera colectiva inadecuada de abordar la sexualidad de las adolescentes.
En sus
comentarios y chistes revelan la creencia de que el placer del hombre es más
importante que el de ellas aunque sueñan con hombres que las hagan sentir
“verdaderas mujeres”, es decir que las tome en cuenta a la hora del
placer. Son maliciosas y picaras con todo lo relacionado con sexualidad y
simultáneamente usan una apabullante crudeza para hablar de ella. Le otorgan mucha importancia en su vida,
aunque al conocerlas más resulta evidente que viven una cierta confusión del
amor y la ternura con el sexo.
Se suma a esta
confusión, el terror de las madres a la floreciente sexualidad de sus hijas,
frente a la que asumen violentos métodos de represión. Las madres quieren evitar sufrimiento a sus
hijas, que repitan su historia de embarazos a edades tempranas, abandonos de
los compañeros y desilusión. Ante su
terror adoptan un control extremo agudizado por la historia de fuga de las
niñas (esto es cuando ellas están en alguna institución o cuando retornan a su
familia después de periodos en la calle). Sin duda con deseos de protegerlas,
las madres llegan a extremos increíbles como obligar a las niñas a tener un
determinado novio que en su opinión es adecuado y tomar estrictas medidas de
control y vigilancia para prohibir otras relaciones o el contacto con
determinados lugares. En medio de todo
este torbellino la sexualidad se convierte en una fuga más, en un terreno de
prohibición y por tanto de libertad cuando es vivida contra todo limite
impuesto.
La sexualidad
ocupa un lugar muy fuerte en los imaginarios culturales en los que se han
alimentado las guerreras. Se vive un
drama extremo sobre temas como la virginidad. Extraño suceso si tomamos en
cuenta la relativa libertad sexual que las guerreras experimentan en la vida
cotidiana y su vivencia muy temprana de encuentros eróticos. Se trata de una
narrativa cultural compleja que se mantiene contra toda evidencia y que tiene
mezclas de machismo secular.
Aunque su
destino parece tan diferente al delineado por nuestra cultura para las
muchachas jóvenes, visualizan un futuro ideal idéntico al legitimado
socialmente. Es decir quieren casarse
con un largo y adornado vestido blanco, ser madres y tener un marido respetable
que las ame. Una parte de ellas ha
renunciado a ésta imagen como posibilidad real pero no como ideal. Ninguna de ellas parece tener otras
proyecciones posibles y realistas.
Nuevamente la operación de división tajante entre la realidad y la
fantasía atraviesa la mirada de las jóvenes.
Es como si la falta de otras visiones alternativas pero deseables y
constructivas les impidiera proyectarse.
Este “mal” tampoco es de su exclusividad ya que hemos inventado opciones
de vida adulta tan homogéneas y rígidas que en la juventud parece que debemos
achicar el espíritu hasta caber en ellas o perdernos en vericuetos de
marginalidad.
Comparten de
manera extrema los valores de consumo imperantes. Desean cosas que han visto en la calle y en televisión, quieren
adquirir felicidad a través de la ropa, de los adornos. Sueñan con ser ricas y remontarse así sobre
las condiciones de miseria en las que han vivido. Riqueza y felicidad son una sola cosa y están dispuestas a hacer
muchas cosas por obtenerlas. Desean dinero pero no logran mantenerlo, lo gastan
con rapidez, casi siempre en objetos, ropa joyas, con las que pueden construir
una imagen que desean proyectar.
La presión
social sobre las mujeres de esta edad (12 a 18 años, recuerden) para que asuman
determinadas apariencias es muy alta.
El valor de las jóvenes se ve asociado a su apariencia de manera mucho
mas fuerte que a ningún otro aspecto de su ser. Simone de Beauvoir decía que en esta edad “las muchachas dejan de
ser y comienzan a parecer”[15]
, las chicas se sienten presionadas a ser alguien que no son.
La suma de una
historia infantil de maltrato y abandono. la experiencia de fuga y el deseo de
aparecer bellas según canones promovidos en los medios masivos crean un caldo
donde su autoestima parece hundirse
cada vez más. Todo agudiza el poco
contacto y valoración de su yo autentico.
Esto las lleva a actitudes de pose, alardeo y simulación de su verdadero
ser. Viven un simulacro de su ser. Han
tenido muy pocas, si alguna, vivencia de relaciones donde el otro/a, en
especial los adultos/as las acepten como son o siquiera las vean más allá de
normas y convenciones sociales. La
cultura de masas - mediada en gran parte por la televisión - se suma a esta
negación al legitimar y presentar como deseables determinadas apariencias y
estilos de vida donde caben muy pocos.
Ven su destino
personal como sujeto a hilos también personales, fatales, inevitables y no lo
logran contextuar en realidades colectivas ni menos darle un significado
político, es decir leerlo como parte de procesos amplios de distribución
del poder en la sociedad. Este
pensamiento les impide comprender su vida en marcos más amplios y tener alguna
postura frente a las maneras como discurre el mundo.
La ausencia de
una aproximación política al mundo forma parte del conjunto de imaginarios
derivados de su condición de género.
Sus identidades han crecido en una sociedad que reserva algunos lugares
y expresiones a las mujeres y ellas no son ajenas tanto a esto como a los
cambios que en este sentido se han experimentado. Se mueven así entre modelos muy tradicionales de ser mujer y
tendencias de cambio para las que no encuentran mucho espacio pero que parecen
abrirles nuevos caminos.
Como mujeres,
las guerreras valoran excesivamente su vínculo con los hombres, ven su vida
ligada al matrimonio y la procreación, consideran que el trabajo más que una
posible fuente de realización personal es una carga que hay que soportar. Poco se ven a sí mismas como portadoras de
vocaciones que las liguen a un hacer, que les vehiculice su realización personal.
La experiencia
en prostitución las impregna de manera extrema con las características y
lugares tradicionalmente asignados a las mujeres ya que aunque se sitúan en el
lado oscuro de la identidad y la sexualidad femenina, comparten sus valores más
preciados y su orientación fundamental hacia la satisfacción de los hombres en
muchos aspectos de la vida.
Sin embargo
todas éstas visiones del mundo presentan en ellas puntos de fuga, rupturas, contradicciones. Algo protesta contra lo establecido, algo
urge por alternativas diferentes.
Sienten fascinación cuando conocen otros modelos de mujeres, cuando
perciben que hay otros modos de existencia diferentes a los tradicionales. Es la esperanza de encontrar un lugar donde
desplegar su ser auténtico, de ser aceptadas y amadas.
Para
desarrollarnos como personas requerimos visiones, en términos de ideas y
conceptos pero también de prácticas, que den verdadero espacio a la diversidad.
La restringida gama de rutas de vida aceptables no hacen sino contribuir a la
disociación de nuestro autentico ser, a la búsqueda compulsiva de fugas y al
desperdicio de los talentos y maneras singulares de los que estamos dotados
cada uno y una.
Con respecto a
las magas guerreras, la experiencia nos mostró que uno de los aspectos que más
las debilita y condena es la insistencia del mundo para que adopten modos de
vida aceptados sin importar sus deseos y sus sueños. Si en niñas que se han mantenido dentro de los márgenes de lo aceptado
esto es letal, en ellas es todavía mas dañino porque algo muy profundo se les
ha roto y las creencias socialmente validadas si bien no han sido reemplazadas
por otras, tampoco dan cuenta de su vida y su ser auténtico, ni parecen
haberlas conducido a ellas y a sus madres hacia una vida con sentido.
cuerpo tatuado
Somos nuestro
cuerpo. El cuerpo expresa con sus
lenguajes lo vivido, lo hace de manera directa, transparente. La vida de las guerreras les ha moldeado
cuerpos muy rígidos y pesados. Apenas
tienen entre doce y dieciocho años pero revelan más. Parecen mayores, son mayores, la vida las ha puesto en un
acelerado proceso en el que no sólo han tenido demasiadas experiencias
difíciles sino que han tenido que asumir cargas muy pesadas para su edad.
Sus cuerpos se
ven cerrados, amurallados por grandes zonas de tensión muscular que crean
corazas protectoras. Zonas que han
perdido sensibilidad en un intento de evitar el dolor, defendiéndolas contra
nuevos dolores o decepciones, pero que desafortunadamente también disminuyen su
posibilidad de sentir placer.
Este bloqueo es
llamado supresión y es el resultado
de una retención constante de la expresión hasta que se convierte en un hábito
y en una actitud inconsciente del cuerpo[16]. La retención proviene de una experiencia
continua de frustración donde una necesidad del niño o niña que crece no ha sido satisfecha o de una amenaza constante para que asuma o
no asuma determinado comportamiento.
En las
guerreras la zona de mayor supresión es el pecho, la caja toráxica. En opinión del mismo autor “El pecho rígido
e hinchado en el lenguaje corporal está diciendo : No voy a dejar que llegues a mi corazón, y es el resultado de una
decepción grave en una relación amorosa temprana”. La armadura que se crea a
nivel muscular - muy evidente en las guerreras - sirve para matar un dolor
relacionado con el daño inicial pero se convierte en una defensa contra los
sentimientos.
Para ellas
estar en guardia, defenderse, es algo normal y cotidiano que conforma su
cuerpo, restringiendo su posibilidad de sentir y abrirse plenamente a la
vida. Las zonas de su cuerpo que están
bloqueadas son partes de su ser que han sido entregadas para sobrevivir, han
sido sacrificadas para no ser vulnerables al daño afectivo. De allí también
llamarlas guerreras. Su actitud
defensiva y , a la vez demostrativa de capacidad agresiva, es continua. Hay un estancamiento de la expresión
corporal en ésta postura.
La perdida de
sensación y conexión con zonas del cuerpo se expresa además en una falta de
movilidad y vitalidad muy grandes. Son
pesadas, torpes para moverse y muy “duras” muscularmente. A las vivencias afectivas se suman las
exigencias culturales de feminidad que las invitan a tener apariencias poco
enriquecedoras del movimiento y la expresión corporal. Por la misma razón tiene un bajo
entrenamiento físico en destrezas básicas que dan flexibilidad y fuerza.
Cuando pintan
la silueta de su cuerpo en un gran papel y luego expresan en él la vivencia de
diversos sentimientos sorprenden varias cosas. Dejan zonas completamente
vacías, la mas importante es la pelvis.
En esta zona ninguna de ellas pinta sentimientos, es como si por allí no
circularan sensaciones o, lo que es mas probable, las tuvieran suprimidas. Las
historias de iniciación sexual violenta, así como los imaginarios que tienen
del cuerpo en general y de la sexualidad en particular, dan cuenta de esta
negación tan profunda.
Otra cosa
sorprendente es la superficialidad con la que identifican sus
sentimientos. En este caso
superficialidad es algo literal : los ven en la manifestación exterior
pero no los perciben como provenientes de su interior. Es así como la tristeza la identifican con
las lagrimas, la alegría con la sonrisa.
Mas adelante, durante el proceso que vivimos, podrán percibir
sentimientos de manera más profunda pero en un primer momento su dificultad de
introspección queda reflejada de manera contundente en esta experiencia.
Existe una
íntima relación entre su enorme dificultad para relajarse e “ir adentro” y la
defensividad corporal que las insensibiliza para muchos sentimientos y
sensaciones. Sus cuerpos son “duros”
como su vida. Así sienten que deben ser para lograr que las respeten en la
calle, realizar acciones que van mas allá de todo límite aceptado socialmente y
“hacer cara dura”, entregar su cuerpo a hombres desconocidos, trenzarse en una
pelea a cuchillo y caminar por lugares sórdidos proyectando seguridad y fortaleza. Esos cuerpos duros esconden almas terriblemente sensibles, las
preservan de la dureza exterior para dejarlas volar quizá algún día, aquel en
el que encuentren un refugio.
La evasión que
caracteriza su existencia es visible en sus miradas, son esquivas y
superficiales. Sus contactos son “melosos” es decir, exagerados, ansiosos e
igualmente superficiales y cuando abrazan
son bruscas pero con el mínimo contacto con el cuerpo del otro. Se siente que desean ser acunadas,
abrazadas, mimadas pero temen demasiado la relajación de defensas que esto
implica. El contacto corporal profundo,
cálido, reparador les ha sido arrebatado, le temen pero lo anhelan continuamente.
En una noche de
fiesta bailo con la fugitiva de la guerra, una chica que viene del Cagúan con
el horror en la mirada y una historia poblada de muertos conocidos y
desconocidos que la persiguen en la noche.
Brindamos con agua hasta “emborracharnos”, ella brinda por la vida y
bebe vaso tras vaso dejando escapar algunas lágrimas. Me invita a bailar y me va acercando a su cuerpo en un gesto
aprendido en bares oscuros con hombres que compraban su cuerpo. Así lo habían hecho durante la fiesta otras
niñas, con gestos estereotipados y distantes aunque aparentemente se tratara de
acercamientos totales. Pero con ella
fue diferente, poco a poco se contrajo hasta hacerse pequeñina en mis brazos
mientras se mecía suavemente con la cara escondida en mi pecho. Bailamos suave, al final nos separamos muy
despacio y sentí que mas que un baile fue un acto de nutrición, un
amamantamiento. Ella aún puede hacer esto, la mayoría jamás se lo permitiría.
Varias de ellas
tienen sobrepeso y se les ve una voracidad enorme al comer. Han vivido situaciones de carencia en este
sentido y mientras están en la institución comen excesivamente para aprovechar
la bonanza. Esta voracidad se observa
también en muchos momentos frente a la posibilidad de adquirir cosas. De mucho
han carecido y quieren coger lo que les llega, sin claridad de su deseo, más
bien con ansiedad. Esto las lleva a
cometer hurtos de cosas insignificantes o más importantes. Es una ansiedad de llenar el vacío interior,
al menos de acallarlo temporalmente.
Este
sentimiento de vacío interior está relacionado con su propensión a las
adicciones a sustancias, relaciones, situaciones. Como ya mencionamos, las
adicciones se vinculan a un patrón de sube/baja emocional que tratan de aliviar
y terminan agudizando. La voracidad con
la comida también cumple este papel. Como resultado adicional sus cuerpos
tienden aún más a la pesadez.
Han sido
heridas de diferentes formas, las más obvias son las heridas como resultado de
encuentros callejeros, también tienen cicatrices de quemaduras cuando niñas por
descuidos que al ser narrados producen perplejidad, golpes de madres y padres,
accidentes. Las heridas invisibles son igual o más contundentes y son las
responsables de la tensión y la distancia.
Las heridas evidentes han cicatrizado, dejando marcas que las
acompañarán siempre, las otras dejan su huella en gestos, posturas y sobre todo
en pérdidas de sensibilidad y placer.
Cuando las
jóvenes han vivido experiencias de prostitución el cuerpo parece convertirse en
una paradoja extrema : expuesto pero cerrado al contacto, seductor pero
insensible, dispuesto pero exiliado de si mismo, jadeante pero con sensaciones
parciales y superficiales de placer. La
manifestación externa tan estereotipada y “para otro” lleva al extremo una
contradicción que no es ajena a otras jóvenes de su edad aunque vivan
situaciones muy diferentes de vida.
Cuando caminan por la calle las guerreras seducen continuamente, forma
parte de su expresión corporal cotidiana.
Tensas,
cerradas, “duras”, pesadas y seductoras, así son las guerreras pero también son
poderosas, de miradas penetrantes e intensas cuando logran acercarse. Son hermosas y muy fuertes. También son magas y las habita un espíritu
imponente que ha desafiado la muerte y el exterminio.
Les gusta
arriesgarse corporalmente, sentir sensaciones extremas. Aman el baile como casi a nada más, cuando
bailan son expresivas y sensuales, muestran sus raíces con ancestrales ritmos y
cadencias. Les gusta cantar a pleno
pulmón y reír a carcajadas. Cuando se
relajan y se sienten confiadas las magas asoman y en un instante eclipsan la
dureza y resplandecen con su cálida luz.
Tejiendo vínculos
La intensidad
de las relaciones que viven las guerreras va de la mano con su gran
conflictividad. Como es frecuente en su
edad, las relaciones con sus amigas y
las “románticas” con muchachos ocupan el centro de su atención cotidiana. Sin embargo su madre y otras figuras que se
encargan de su cuidado son trascendentales en muchos momentos .
Las amigas son la fuente permanente de vínculo,
conversación, sentimientos de todo tipo, contraste de experiencias, complicidad.
De manera muy intensa construyen preferencias con una o dos amigas y
construyen su refugio para transgredir límites, contar lo prohibido, confesar
secretos. Sin embargo en las guerreras
la tensión confianza / desconfianza que tanto las atormenta y debilita entra a
jugar su papel en sus relaciones con las amigas.
Cotidianamente
prestan una atención desmesurada a la “traición” que pueda provenir de las
amigas. Entregan su confianza y
expresan su interior pero luego sienten que tienen que guardarlo celosamente y
que deben controlar a la depositaria de este tesoro para no ser
traicionadas. Surgen así infinitos
juegos de celos, venganzas, ofensas, perdones, reconciliaciones. Constantemente se mueven los vínculos de
amigas pero de cada uno se sale con heridas ahondadas y con nuevas razones para
desconfiar. El ciclo se repite sin
cesar.
Nikole y Sofía
se conocen desde niñas, se aman profundamente pero estar con ellas es como
convivir con una pareja de novios en constante conflicto. A veces caminan tomadas de la mano y el
mundo se borra, a veces no se miran durante largos periodos de tiempo y se provocan
celos abrazando a otra. Susurran
historias sobre como la otra las decepcionó y jamás volverán a ser amigas para
luego perdonarse con lágrimas y promesas de ser hermanas por siempre.
Aunque esta
tensión es común en las relaciones de amigas a esta edad, en las guerreras es
muy extrema y nunca resuelta. Cada
vínculo debe ser probado hasta la saciedad y cualquier signo de traición o
decepción es una alarma en rojo, esto las condena a amistades cortas y difíciles. Luego guardan rencores y en su escala de
valores los dolores que vienen de sus amigas son los más graves, los más
perdurables.
Cuando no se
trata de amistad, las guerreras son duras entre ellas. Construyen jerarquías de poder que están en
permanente juego. Quien se gana el
“respeto” debe mantenerlo y siempre hay intentos de arrebatar los lugares de
mayor poder. Algunas habitan los escaños bajos. Ana siempre servía a las otras llegando al extremo de lavar los
platos de Xiomara, una de las más fuertes.
Se establecen
alianzas de fuertes que protegen a débiles - esto según sus criterios - las
primeras podían enfrentarse a golpes defendiendo a las segundas. La fuerza física, la capacidad de agredir,
el manejo del mundo adulto, la valentía para transgredir y la fuerza interior
son rasgos muy valorados que van determinando el lugar a ocupar en los
vínculos.
Expresan amor
por las otras de extrañas maneras - para nosotras -. Rosa es sorprendida inhalando pegante por la dulce Sofía y ésta no duda en propinarle un puño en la
cara como recriminación. Es un acto de amor a su estilo. Constantemente se
pegan golpecitos, juegan de manera muy brusca, se hacen bromas pesadas. Su dificultad de contacto sumado a su deseo
de sentirlo las lleva este tipo de expresiones.
Cuando se
presentan oportunidades de ser solidarias brota en ellas una fuerza
ancestral. Una tarde se fugaron tres
jóvenes muy frágiles - venían de ciudades pequeñas o del campo - y las
guerreras del grupo salieron a buscarlas caminando largas horas hasta
encontrarlas. Sabían que estaban en
gran peligro y no dudaron en auxiliarlas.
Consideran una ofensa la falta de solidaridad en situaciones de este
tipo.
Dada la soledad
y la fragilidad de los vínculos con los y las adultas, en la vida de las
guerreras las amigas representan un papel determinante, con ellas planean el
futuro y digieren el presente. Son
vínculos que necesitan sanar y que tienen una potencia enorme.
Con los y las
adultos, en general, su carácter guerrero hace que desde el fondo de su alma
rechacen los esfuerzos abiertos o velados de dominarlas y controlarlas. Aceptan
jerarquías definidas pero las acatan únicamente cuando, según sus parámetros,
la otra persona les merece respeto. De
otra manera actúan de manera doble aceptando el lugar del otro pero
desafiándolo y saboteándolo constantemente.
Tienen una
capacidad rara de hacer que el otro/a perciba sus propias insuficiencias, sus
farsas, sus poses. Con humor o agresión
directa parecen desnudar al otro/a, despojarla de las mentiras que se ha contado para creer determinada imagen
de si mismo/a. En ese sentido tienen una capacidad intuitiva excepcional que
les permite “oler” el engaño, los intentos de manipulación afectiva, la
mentira... Esto resulta bastante amenazante para las/os adultos que se les
acercan con pretensiones escondidas o deseos de manipular y controlar.
Paradójicamente
son de una gran capacidad de manipulación afectiva. También “huelen” las zonas del otro/a a través de las cuales
pueden colarse para obtener algo deseado.
Son muy seductoras, habilidad desarrollada en sus luchas por
sobrevivir. Requieren obtener cosas de
los demás y la vida les ha enseñado que esto pocas veces se da con
facilidad.
Con sus
madres la relación es diferente.
Cargada de una enorme emoción, conflictiva, habitada por miedos y
reclamos callados, la relación con la madre es un centro interior. El signo de ésta relación es el conflicto
entre la búsqueda de independencia de las jóvenes y el deseo de control por
parte de las madres. Estas pueden ser
de una agresividad extrema para garantizar el mantenimiento de su - ya muy
precaria - autoridad. Esto es
paradójico y genera un juego constante, un enfrentamiento a muerte.
El espíritu
rebelde de las guerreras las lleva a transgredir límites constantemente, lo
hacen sabiendo - y quizá buscando - que les acarreará una represalia de la
madre ( y en este caso también de la institución). Esto no quiere decir que no teman a la madre, le tienen terror
pero que en este caso las lleva a confrontarse
y a desencadenar su ira. En algunas relaciones la falta de cuidado
amoroso, de atención y comunicación profunda es reemplazada por una guerra
interminable donde los reproches van y vienen en tono de grito y el contacto se
convierte en zarandeo y golpe. A las
peleas siguen reconciliaciones dulces que por un instante ponen a la hija
frente a una madre receptiva y cariñosa.
Pero también la
madre es el hilo continuo en la vida de las guerreras, contrario al padre, la
madre siempre está, siempre vuelve a recibirlas, siempre pacta otra vez. Quizá por eso mueven en el corazón de las
guerreras sentimientos muy fuertes, culpas profundas, tristezas sin par. Las siete que vivieron la experiencia que
estamos relatando, buscaron la manera de hacernos conocer a sus madres, de que
ellas nos conocieran. Son seres con
nombre, rostro, historia y permanencia y, pese a todas las carencias y
fragilidades, esto es demasiado en su vida de fuga y perdida.
En la medida en
que las hijas crecen y pasan por periodos críticos de fugas y retornos, la
relación parece apaciguarse, aparece entonces un viso de complicidad que irá
fortaleciéndose. Angela y Xiomara, las
dos mayores del grupo, han logrado un vínculo mucho más tranquilo. Un día Xiomara pasa riendo a carcajadas con
una mujer que parece su hermana, van tomadas de la mano. Al vernos se devuelve y dice : “Es mi mamita, cierto que es más linda que
yo ?”. Hace algunos años a
Xiomara la habían arrancado del lado de su madre - con historia de prostitución
- quien caminó por toda la ciudad, de escuela en escuela, buscando a su hija
hasta encontrarla y llevársela a su lado.
Esto lo recuerda Xiomara con una sonrisa, su madre no la abandonó.
Esto cambia
según la historia. Hay relaciones que jamás se reparan, odios nunca
diluidos, traiciones nunca
perdonadas. Rosa sufrió la traición de
su madre, frente a la violación de su padrastro y difícilmente podrá
comprenderlo o perdonarlo, de hecho ni siquiera quiso ver a su madre en
vacaciones y entre ellas se instaló una distancia casi insalvable. Por supuesto esto hace mucho más duro un
proceso de sanación interior.
Viven
relaciones complejas con los hombres de su vida. Este vínculo está fundado en un abandono
temprano del padre que las marca de manera indeleble. Abandono mezclado con episodios de violencia que a veces están
borrados de la memoria - aunque no del cuerpo - pero que han cumplido su papel
aterrorizante. La rendición de la madre
frente a su compañero es un gesto difícil de comprender para las niñas e
inviste al padre - o padrastros - de un poder invencible, de una capacidad de
destrucción letal. La imagen que la
madre transmite del padre es casi siempre en extremo negativa, cubierta de
sentimientos de desengaño, rabia y amor decepcionado. La madre siempre se ve como víctima pasiva e impotente.
Este escenario
resulta dañino para la construcción de un lugar frente a los hombres que no sea
el de la reverencia cuya fuente es el terror, el de un constante intento de
mantener contento al tirano para que no desate su poder aniquilador, el de la
búsqueda desesperada de reconocimiento so pena de no sobrevivir. Esta relación es vivida una y otra vez por
la madre con hombres que finalmente desaparecen. Seres transitorios pero dotados de infinito poder.
Imagen que
origina los modos de relación con los diferentes hombres de su vida. Como toda
chica de esa edad son románticas, ingenuas y demasiado generosas en el
amor. Están enamoradas de seres
bastante poco sólidos hombres casados, hombres que viven lejos, hombres
viajeros. Quieren perpetuar instantes ínfimos de amor. Guardan cosas que
parecerían insignificantes, una palabra, un gesto y los atesoran por toda la
vida. Sus enamoramientos son más ilusorios y fantasiosos que los de la mayoría
de las chicas de su edad, pero no muy diferentes en su manera de eclipsar cualquier
otro suceso del mundo.
Resulta
sorprendente que habiendo vivido escenas terribles de agresión de hombres a
mujeres - ellas mismas, sus madres, sus
hermanas y otras mujeres - se protejan tan poco en sus relaciones con los
hombres. Es como si en este campo
hubieran aprendido un comportamiento auto destructivo arraigado en lo profundo
de su ser. Les temen y los necesitan de
manera extrema. Frente a un hombre que les interesa, y discriminan poco,
despliegan toda su capacidad de seducción sin protegerse mucho. En seres en
permanente guardia esto no deja de asombrar.
Estas actitudes
son cotidianas - en la calle, sitios públicos - y además de que carecen de la
menor cautela, proponen un vínculo que bordea muy rápidamente el terreno
sexual. En las jóvenes con experiencia
en prostitución éstas actitudes son muy marcadas, pero no son exclusivas de
ellas. Es como si con respecto a los hombres afecto y sexo estuvieran muy
fundidos y su deseo de ser acogidas por un hombre lo tramitarán casi con
exclusividad a través de acercamientos sexuales.
Ya es de noche
y estamos caminando en una calle bastante “densa” frente a una cárcel, el comportamiento de las niñas atrae a
varios hombres jóvenes quienes se les acercan a conversar. En menos de dos minutos están haciendo
arreglos para verse, proporcionando teléfonos y acercándose corporalmente. Una de ellas me dice con una cándida sonrisa
“yo nunca había tenido un amigo policía” (era guardia de la cárcel) le
digo : “amigo ? no has hablado con él mas de cinco minutos !”
Demasiado cerca
y demasiado lejos de los hombres, no tienen protección frente a sus demandas
pero en realidad no tienen con ellos vínculos sólidos. Es muy común esto en la edad de ellas pero
aquí se da de modo extremo. Aparecen
muchos hombres, idealizados, rodeados de auras románticas, adorados, nombrados
mil veces en los cuadernos, soñados y casi inexistentes como vínculos
cotidianos. A pesar de que con varios
de ellos han vivido o mantienen relaciones sexuales. Designan como “novio” casi a cualquier joven que muestra interés
en ellas y con los que viven un acercamiento.
Tienen varios novios pero siempre hay uno formal que es el que presentan
en su familia.
Una maldición
pesa sobre ellas, viene de sus madres y seguramente de generaciones sucesivas
de mujeres. Es un designio fatal que las lleva a establecer relaciones
desiguales con los hombres y proviene de su extrema dependencia de la mirada
masculina, de su aceptación, para sentirse valoradas. No es extraño entonces que se vuelvan serviles y rindan sus más
preciadas defensas para lograr este reconocimiento. Dicho de otra forma, “sin posibilidad de verse a través de los
ojos de un hombre casi dudaba de su propia existencia”[17].
En el extremo de éste comportamiento están las jóvenes que han tenido
experiencias en prostitución y se han visto sometidas al deseo del otro en una
situación donde ellas son totalmente negadas.
Como ya lo
mencionamos, uno de los episodios más comunes y devastadores de su vida, es el
haber sido sometidas a abuso sexual por hombres adultos cercanos. Una de ellas un abuelo, otra un padrastro,
otra un familiar cuyo vínculo no nos ha contado, otra un tío. Seguramente hay más historias sin contar,
más abusos silenciados. Agrava éstos episodios la actuación cómplice de la madre.
A veces propiciando, la mayoría de las veces manteniendo el silencio alrededor
del hecho y algunas llegando al extremo perverso de culpar a la niña y defender
a “su” hombre. Esta traición, de la que ya hablamos, de la madre a la hija
queda grabada con sangre en su alma y sirve como última ruptura con una
confianza casi siempre bastante frágil.
La confianza
rota no es solo con respecto a los hombres o a la madre, es de manera fatal con respecto a su propia
capacidad de poner límites a un hombre al que se le haya otorgado un lugar de
poder. Esta es una de sus cárceles interiores más letales. Su medio les ofrece
pocas posibilidades de encontrar salidas y los mensajes que reciben de muchas
fuentes confirman la solides de los barrotes.
Mantienen
intactos los imaginarios populares - reforzados por los medios masivos - sobre
las relaciones de género . Aunque a veces tienen una dolorosa postura critica
frente a sus madres con respecto a su relación con los hombres, todas se
visualizan casadas, con hijos y en relaciones ideales. Tener novio y ser admiradas por los hombres
son requisitos para ser valoradas por otras y por ellas mismas.
A pesar de lo
dicho, en ellas hay una semilla de rebeldía frente a la situación. Es una voz que les exige liberarse de la dependencia
de los hombres pero que es débil frente a otras que las arrastran a entregar su
propia autonomía por el amor - a veces briznas de él - de un hombre. La necesidad de afecto masculino les juega
muy malas pasadas, las vuelve vulnerables.
En realidad no tienen de donde construir otras alternativas de amor con
un hombre ya que éstas no solo son escasas en sus vidas sino en nuestra
cultura.
En el fondo hay
un vacío profundo y doloroso frente a los hombres, un vacío que termina siendo
uno de los abismos más peligrosos ya que sus consecuencias pueden ser de muy
larga duración como un embarazo o una unión sin mayor conciencia. Lo que hace aún más vulnerables a las
guerreras, frente a otras mujeres, es
su inclinación excesiva a rendirse frente al poder del que invisten a un
hombre, a entregarles su vida y su alma.
Capítulo 4
UN VIAJE JUNTAS
Durante cinco
meses estuvimos reuniéndonos con el grupo de las siete guerreras que hemos
mencionado. Los encuentros duraban un
día o medio día y eran semanales. Estabamos explorando las maneras mas
fructíferas de vivir experiencias que las ayudaran a crecer, a reconocerse, a
tomar conciencia de si mismas y sobre todo a quererse.
Fue un viaje
intenso y bello que nos permitió conocernos con alguna profundidad y tejer un
vínculo amoroso que venciendo temores y defensas pudo crear una experiencia
vital. Como todo viaje, el que
emprendimos con nuestro grupo de magas estuvo plagado de sorpresas, días de
sol, días de llovía, días de neblina. Fue una búsqueda y a la vez una historia
de amor.
Creemos que de
está vivencia se pueden extraer algunas claves para compartir con personas que
quieren emprender - o de hecho realizan - procesos similares. Las claves
señalan caminos, describen rutas, pero cada experiencia de crecimiento personal
es singular, debe serlo, tiene su color, su textura provenientes de las almas
que allí se encuentran.
Narraremos
tomando los elementos que resultaron siendo más potenciadores del proceso.
Tomamos muchos caminos estériles o cerrados, en muchos momentos actuamos de
maneras que luego entendimos no eran las mejores, muchas veces intentamos cosas
que no funcionaron. Fue siempre una
búsqueda, siempre nos exigió apertura y humildad y siempre nos reservó mucha
más satisfacción que la que planeábamos.
Lo que ocurrió fue hecho entre todas, gracias a la fuerza y la magia de
las guerreras y al amor que fuimos fundando entre todas.
Un comienzo movido narra los
primeros encuentros, las partes sucesivas se centran en procesos que al
decantar la experiencia creemos que fueron esenciales : Reconociendo el territorio, Tómeme una foto,
si ?, Pasar rico, Expresarse, Cuerpo mío y Nuestro mundo, otros mundos.
Un comienzo movido
La primera vez
nos encontramos con diecinueve niñas en un paseo de dos días a una bella casa
campestre. Había niñas desde doce hasta
dieciocho años, algunas llevaban un año en la institución, otras apenas estaban
ingresando. Afortunadamente una antigua
voz lo predijo : van a espantarlas, van a hacer todo por conmocionarlas.
No se ahorraron esfuerzos en este sentido.
Desde el primer
día estuvieron probando nuestros límites, de manera muda pero contundente nos
preguntan : Ud. de verdad puede
aceptarme de manera incondicional ? .
Este cuestionamiento implicó duras pruebas y hostilidades. Entonces
entendimos los comentarios de muchas de las personas que trabajan con
ellas : “Es que son muy difíciles,
es que uno no sabe con lo que van a salir, es que un día están muy bien y al
otro día muy mal, es que son mal geniadas, es que lo confunden a uno, es que
uno no sabe como protegerse de ellas, es que son seductoras y manipuladoras, es
que son mentirosas, es que no se comprometen con los procesos...”.
Al comienzo nos
estremecemos, nos asustamos, no logramos que nos atiendan, están dispersas, no
nos miran, no hacen contacto visual, se burlan bajito. Quieren estar en la
piscina todo el tiempo y poco a poco entendemos que es allí donde está la
experiencia valiosa en ese momento. Cuando se bañan parecen loquitas :
gritan, saltan, se tiran mil veces, intentan nadar de maneras imposibles. Para algunas es su primera experiencia. Doris la diminuta viajera de tierras lejanas
es un pez, ha crecido cerca a los enormes ríos llaneros y nos deja perplejas
con su habilidad. Todo el tiempo
quieren que las miremos y las aprobemos, que las aplaudamos. Están contentas pero cautelosas, para ellas
somos otras psicólogas mas que queremos hacerles talleres y ponerlas a contar
su historia.
Las dejamos
mucho tiempo en la piscina, las actividades planeadas se reducen al mínimo y
empezamos a sentir lo que ellas van a enseñarnos : a romper todos los esquemas y a abrirnos a las rutas que la experiencia
nos va señalando. No es la última
vez que sucederá, durante todo el proceso nos romperán la formalidad y tendremos
que retornar con humildad a una actitud básica de aceptación y apertura que
vamos comprendiendo es la base de una experiencia en la que ellas encuentren
espacio para conocerse y crecer.
Descubrimos en
ese taller elementos muy importantes : aman lo expresivo - pintura, baile,
disfraces, canto... y tienen un gran potencial en este sentido. Casi todas creen que no vale la pena pensar
en la historia, que el pasado es pasado y que es muy estúpido retornar a él. Algunas son fóbicas al llanto o cualquier la
expresión de dolor, otras ríen a carcajadas cuando se asoma el mas mínimo signo
de tristeza o interioridad. Las asusta
a morir ir hacia adentro, cualquier tipo de introspección que implique silencio
y una actitud de recogimiento las angustia y se resisten a hacerlo. Cuando tratamos de hacer una relajación no
pueden cerrar los ojos, entran en pánico, algunas se retuercen en su lugar,
enroscan las piernas, abren los ojos aterrorizadas. El contacto entre ellas es
muy brusco, en un intento de trabajar masaje terminan agrediéndose con risa
hasta llegar algunas a golpes disimulados pero fuertes.
Una de las
cosas que más les gusta es el cuaderno que les damos al comienzo, es bonito y
viene acompañado de un esfero de colores vivos. No pueden creer que es para que
escriban lo que deseen y que es absolutamente privado, íntimo. Algunas se lo
apropian de inmediato, otras lo tratan como un cuaderno escolar que deben
mostrarnos para ser aprobado. Al final
comprenden que es de ellas y lo atesoran con cariño. El cuaderno será un elemento importante del proceso.
El final del
taller es revelador : con sus caras pintadas en una actividad feliz y
fluida porque pudieron expresarse con libertad y jugar, se van parando frente a
la cámara fotográfica haciendo sus poses y pidiendo que luego les demos las
fotos. Aunque no saben si confiar, se
arriesgan y van tomándose más libertad en la elección del lugar y de la
pose. Algunas se quitan la ropa y quedan
en vestido de baño. Aunque cae una
ligera llovía la idea de las fotos las apasiona a tal punto que se mojan y no
paran hasta terminar el rollo.
Descubrimos allí una veta de trabajo que será muy bella en
adelante. Como es obvio pocos días
después tienen las fotos en sus manos, allí nos jugamos su confianza.
A partir de
esta experiencia definimos que seguiremos los encuentros con un grupo más
pequeño y más homogéneo en edad y
procesos. Serán siete. Esto permite
avanzar más fácilmente y explorar más de cerca algunos temas, así como dedicar
suficiente atención a cada una. Lo merecen
y lo requieren.
En un par de
encuentros preparatorios les explicamos el proyecto, su papel en él y
construimos unos acuerdos que guiaron la experiencia. Fueron propuestos por ellas mismas y luego redactados por
nosotras y entregados en papelitos a cada una.
Cuando fue necesario los retomamos pero en realidad estuvieron presentes
de manera implícita y sobre todo, se convirtieron en una real búsqueda en las
relaciones que construimos :
|
Acuerdos para hacer un viaje juntas y crecer · Me comprometo con el grupo y con la
tarea que estamos haciendo. · Confío en mi misma y en las
demás · Escucho · Me valoro y valoro a las demás · Respeto a cada una y a mi
misma. · Trato de expresar lo que siento y
pienso para enriquecernos. · Soy sincera · Resuelvo las diferencias de opinión o
sentimientos de la manera más amorosa posible · Asisto a las actividades, lo mas que
pueda, me esfuerzo por hacerlo · Voy a gozar ! si estoy
aburrida... voy a proponer algo rico ! · No acepto ciegamente la autoridad de
nadie · Si no me gusta algo, lo expreso y
aporto para buscar alternativas · Si quiero decirle algo a alguna del
grupo, busco la mejor manera de hacerlo y no me guardo rencores. Ser yo misma, esta bien como soy, como hablo, como me visto |
También
exploramos el tipo de experiencias que querían vivir y creían que les iba a
alimentar el alma, a ayudarlas a crecer.
Eligieron algunas actividades del primer taller - especialmente masaje y
pintura de cara - casi todas las restantes se relacionaban con salir a otros
espacios de la ciudad. Nos sorprendió
su gran interés en visitar personas que por su situación necesitaban
ayuda. En la medida en que sentían
mayor apertura las propuestas fueron siendo más lúdicas y, siempre, en la
calle.
Durante este
tiempo inicial las percibimos muy formales hacia nosotras, cautelosas y , a la
vez, deseosas de llamar nuestra atención y ser el centro de interés. Sentíamos
una permanente complicidad entre ellas y muchos juegos de manipulación
afectiva. Esto cambió radicalmente
durante el proceso como veremos.
Nunca faltó
ninguna a un encuentro, llegaban felices, bellas, ansiosas de vivirlo. Esto fue para nosotras un permanente
indicador de que estabamos logrando un camino con experiencias vitales y
placenteras tal como queríamos.
Reconociendo el territorio
Cuando nos
sentábamos con ellas o cuando caminábamos por las calles éramos felices, reíamos tanto !. Son seres magníficos, sabias de una manera
salvaje. Que fuertes, cautelosas, intuitivas, inteligentes, mágicas !
Aprendimos profundas lecciones de la vida con ellas.
Trajimos un
mapa de Bogotá y de inmediato aglomeraron frente a él mostrando los lugares que
conocían mientras los nombraban con sonrisas y comentarios. Luego dibujaron sus
propios mapas. Debían señalar las zonas que conocían. Los llenaron con sus
señales, dibujitos emblemáticos y colores.
Iban dejando invisibles migas de pan al señalar cada lugar. Eran su territorio, sus dominios, sus
vínculos y sus dolores. Su vida. Cuando los nombraban a veces se pusieron
felices, pero demasiados sitios estaban pintados de negro. Mara dibujó un punto blanco en medio de un
gran circulo negro que cubría la zona de su casa y su barrio, más tarde
comprendimos la razón. Eran mapas
vivos.
Cada una nos
muestró su mapa y vuelve a hacerse claro un pacto : no las forzamos a decir nada que no deseen, si quieren contar algo lo
hacen, sino pueden simplemente narrar su sentimiento o mostrar el signo
utilizado. Pero hay mucha expresión
en sus dibujos, es fácil sentir y comprender lo que significan.
En esta
experiencia con los mapas hubo una intuición que resultó certera : son
seres territoriales, dominan zonas de la ciudad, saben moverse en determinados espacios. Sus mapas quedaron muy
cargados en unas zonas bien definidas, sus barrios de origen y las zonas donde
han deambulado, el resto de la ciudad permaneció blanco, inexistente, sin
ninguna referencia. Este aspecto fue
contundente a través del tiempo. Los
límites de su territorio son muy claros y si los amplían es hacia zonas de
paisajes similares, de “su gente”, tienen muy poco interés en zonas de
diferentes grupos sociales. Es una identidad cultural definida y que se asume
con orgullo, se sienten diferentes a los grupos sociales más favorecidos
económicamente y esa diferencia la cultivan permanentemente.
Después de
narrarnos sus mapas, cada una escogió un lugar al que quería ir con nosotras.
El reconocimiento de sus lugares de vida debía ser directo, concreto, corporal.
Fue una experiencia muy fuerte. Desde muy temprano salimos a recorrer sus zonas
de la ciudad, guiadas por ellas ya que para nosotras eran territorios
desconocidos. También las llevamos a lugares de “nuestra” ciudad.
Caminar por las calles, montar en bus, encontrarse personas y sitios conocidos
pero todo de una manera nueva por estar mostrándoselos a otras personas,
descubriéndose.
Casas oscuras,
barrios miserables, mucha pobreza.
Algunos lugares se percibían más oscuros que otros. Los espacios muy reducidos para las personas
que allí viven. El hacinamiento es
claro en todas las casas lo que crea
una cierta sensación de opresión. En
ninguna casa hay espacio para la intimidad, tampoco ventanas que den aire. Están en barrios con muy escasas zonas verdes, con calles deterioradas y pésimos servicios públicos. Es fácil imaginar una niñez en estos sitios,
fácil y terrible.
Fue una
experiencia fuerte de reconocimiento. Lo que produce la conmoción interior del
reconocimiento es la posibilidad de resignificar una situación, una
imagen. Resignificar implica mirar desde una nueva perspectiva, ver desde
un nuevo lugar interior, tomando distancia sin hacerse ajeno. Es verse de
manera más amplia y con los ojos del corazón.
Por eso,
reconocer un territorio es un acto interior que no se reduce a pasar por allí
sino que requiere conectarse con su sentido y con los significados y recuerdos
que allí flotan. Es como recoger partes
de una misma y verlas de frente, sin la cotidianidad de por medio sino desde un
escenario, desde un palco que lo muestra en toda su plenitud pero a la vez nos
permite tomar conciencia de su dimensión y significado. Muy pronto ellas comprendieron el
sentido. Cuando una de ellas sentía una
terrible vergüenza frente a el doloroso paisaje interior de su casa, oí a otra
que le decía : no, fresca, si aquí si somos lo que somos, de verdad.
El
reconocimiento de sus territorios de vida nos reveló otra cave : las experiencias de desarrollo personal con
ellas deben ser directas, vividas, no pueden ser, como en el caso de las
adultas, a través de representaciones de la historia o de determinados aspectos
de su realidad. Estas mediaciones
verbales de la experiencia no las motiva mucho, requieren enfrentarla de manera
directa, ponerse en escena. Lo único tan potente como la experiencia directa
será la experiencia expresiva - artística en determinadas condiciones,
esto lo comentaremos más adelante.
En el siguiente
encuentro recordamos lo vivido y fluyeron muchas lágrimas por el dolor que
recogimos entre paredes oscuras y dolores sin nombre. Había muchas imágenes en
el alma de todas y sobre todo una conciencia nueva de que compartían algo muy
profundo y que si bien su ser verdadero, el que muchas ocultaban previamente,
estaba cargado de cicatrices podía ser recibido amorosamente, podía ser
reconocido por otras personas y por tanto por ellas mismas.
Sutilmente
fueron dejando aflorar su ser profundo, su ser real.
Tómeme una foto, si ?
Reconociendo sus
verdaderos rostros
Con timidez
muestran su rostro y esperan nuestra reacción, algo en ellas sabe que el mundo
adulto no las acepta, que el mundo hace de la diferencia una
discriminación. También saben que el
hecho de estar en una institución las pone en una situación de cierta
desventaja hacia quienes tienen el poder en sus manos, hacia quienes portan las
normas. Se debaten entre dejar asomar
su rostro verdadero y esconderse pasando por retar, agredir y deprimirse. Es un movimiento continuo y poco perceptible
que sólo una experiencia continua, coherente y auténtica de aceptación y amor
de nuestra parte logra pacificar en un largo proceso cargado de cautela.
Entonces sus rostros comienzan a permanecer más tiempo en la superficie, a
relajarse.
El mensaje que
han recibido desde muy pequeñas ha sido que su ser auténtico y profundo no es
aceptado ni amado. De manera aún mas contundente han aprendido que es doloroso
confiar en los y las adultas que pueden ejercer algún tipo de poder sobre
ellas. Saben que tarde o temprano serán
traicionadas, esto es, que la persona adulta utilizará su poder para
devastarlas, para quitarles su libertad de ser, para dominarlas y obligarlas a
ser y actuar de las maneras esperadas y aceptadas en los diferentes medios en
que se han movido.
Ellas son
guerreras, rebeldes y fuertes, han apostado al suicidio antes que dejarse
asesinar, se han fugado de todas las cárceles que la vida les ha puesto, no son
las conformes, son las luchadoras.
Entonces no aceptarán ser dominadas sin oponer resistencia, lo harán de
las maneras más calladas o más ruidosas, de las maneras más sutiles o más
groseras. Desafortunadamente cada intento de dominarlas y negarlas las va
llenando de más rabia y les va consolidando aún mas las defensas que las
cubren.
Ser mujer,
joven, de los sectores mas pobres, de cultura popular es tener tantos estigmas
encima que la defensa se convierte en una manera de vivir. El respeto a su manera de ser no es
frecuente, aún en algunas instituciones de Protección a las que son enviadas
para darles una oportunidad de crecimiento.
Los discursos de algunas
personas encargadas de su cuidado casi siempre implican la necesidad de
cambiarlas, modificarlas, curarlas.
Uno de los
aspectos donde esto resulta más obvio es el que se refiere al lenguaje,
posturas corporales y al vestido. Una vez las niñas han tenido vivencias de
calle, en prostitución u otras actividades, adoptan modos de comportarse
híbridos entre los que han aprendido en su infancia y que son propios de la
cultura de la que proceden y los que la calle les transmite, que constituyen
identidades importantes para formar parte de ese mundo y circular por
determinados espacios y subculturas dentro de él.
Muchas veces
éstas identidades son para las niñas los rostros que de manera mas autónoma han
asumido. Han implicado esfuerzos para ganarse posiciones en un mundo donde el
respeto es un valor importante que es gestionado de maneras muy violentas pero
que para ellas tienen un sentido y significan una construcción. En la calle ellas han vivido experiencias
que las han marcado profundamente, su ser ha ganado nuevos pliegues y los
recuerdos, muchos terriblemente dolorosos, han tatuado su memoria y su
piel.
Sin embargo
cuando estas niñas llegan a instituciones de Protección o de otro tipo (aun la
escuela, servicios de salud...) uno de los objetivos que con mayor encono
persiguen los y las adultas es despojarlas de esa identidad, arrancarla por
cualquier medio incluyendo el rechazo abierto, torturas en forma de pseudo -
psicoterapias, moralismos y demás modos de control usados socialmente. Muchas veces el esfuerzo en las primeras
etapas de vida institucional es encaminado a arrancar el rostro que portan las
niñas y a ofrecerles uno aceptado socialmente para que sean así personas
“legítimas”.
Quizá porque lo
que expresan éstas jóvenes nos horroriza, sentimos una gran compasión con su
dolor o tendemos a demonizar su vida viéndolas como enfermas en algunos casos,
víctimas en otros, pocas veces vemos su
fuerza y su luz. Entonces les exigimos
ser nuevas, que se borren de un tajo los rostros que tan dolorosamente han
forjado. Les pedimos que se arranquen lo anterior de la piel. Las invitamos a dejar atrás lo vivido,
sometiéndolas a verdaderas torturas para que hablen diferente, se comporten
diferente, se vistan diferente. Algunos
creen curarlas, otras reformarlas, otras rehabilitarlas, otras reeducarlas, otras
redimirlas, unas pocas, amarlas
Este enfoque
centra la mirada en el comportamiento exterior y olvida que el lenguaje, el
vestido, la postura corporal, los gestos, la estética...no son simples mascaras
que pueden ser retiradas por un esfuerzo de voluntad. La manera en que aparecemos en el mundo contiene profundos
significados y esta cosida al alma con hilos complejos de material delicado.
Crecer implica
cambiar desde la aceptación plena de quienes somos, de nuestra historia, de lo
que revelan nuestros gestos y palabras.
El cambio es una consecuencia no una meta, debe proceder de hondos
procesos de integración y reconocimiento, de la comprensión de el camino
recorrido, del amor a las huellas y las cicatrices. Si vamos cambiando es porque nuestro ser encuentra modos de
expresarse mas fluidos, no porque un nuevo rostro nos es impuesto.
Creer que cada
una de ellas es un ser singular, dotado de talentos y maneras de ver el mundo
particulares es la única manera de acompañarlas a un camino de reconocimiento y
aceptación de sí mismas. Esto requiere
una gran confianza interior en los seres humanos, en la bondad de la energía
que nos llena y en la tendencia interior que todos tenemos hacia la realización
de quienes somos. La necesidad de los
adultos de “cambiarlas”, “curarlas”, “rescatarlas”, no muestra sino una gran
desconfianza en que todo ser humano en unas condiciones de aceptación y amor
encontrará caminos para labrarse una existencia con sentido, porque su poder
viene de adentro, de su yo auténtico, de aquellas partes que han sido
acalladas, rechazadas, prohibidas, una vez puedan asomarse e integrarse a lo
aceptado.
El
reconocimiento, la plena aceptación, sana poco a poco las heridas que el
rechazo, el abandono o la exigencia de comportarse de determinada manera han
causado. Es un movimiento que pasa por
la relación con personas significativas que nos miran con apertura y cuya
aceptación profunda nos permite hacerlo frente a nosotras mismas. Es una
experiencia que debe ser continua, coherente y vivencial. No se trata de decir que las aceptamos, se
trata de abrir nuestras mentes y almas y recibirlas verdaderamente.
Una manera en que concretamos este proceso
fue a través de la fotografía. Durante toda la experiencia tomamos fotos, era
una de sus actividades preferidas. Al comienzo asumían poses estereotipadas,
repetidas hasta el cansancio en los medios masivos en las que el cuerpo
adquiere una postura de provocación, de seducción, de entrega abierta. Parecían
reinas o modelos de revistas. Poco a poco fueron explorando otras poses y
liberándose del esquema. A esto ayudó
una actividad en la que miramos muchas posibilidades de expresión corporal
femenina a través de fotos de muy diverso origen y sentido.
Para todas, fue
una de las experiencias más vitales, las fotos les permiten contactar imágenes
de si mismas y enriquecerlas, las que tienen son muy precarias. Aman las fotos
y sobre todo la libertad de ensayar poses y lugares. Cuando la foto vuelve a
sus manos la alegría es muy grande, la atesoran, la pegan en su cuaderno, la
miran muchas veces, miran las delas demás y comentan cómo se ven. Muchas de
ellas no tenían fotos propias. Son una manera de hacer tangible su existencia y
de verse desde muchos ángulos, así como de romper imágenes estereotipadas, porque
cuando al verse no se reconocen, buscan imágenes que las muestren mas, que
dejen atisbar su verdadero rostro.
Poco a poco
esta actividad se convirtió en un medio de expresión, ya no sólo deseaban fotos
de sí mismas sino que imaginan encuadres en los lugares que visitamos y soñaban
con imágenes en las que expresan su manera de percibir el mundo, sus
sueños.
Durante un
tiempo largo cada una diseñó un retrato de sí misma. La idea era imaginar una foto donde expresaran quienes eran en
ese momento a través del diseño de un escenario, la utilización de objetos,
vestuario, efectos...De vez en cuando conversamos sobre sus avances. Su
imaginación es desbordada, su capacidad de expresión es muy grande. Cada una
definió poco a poco su imagen, algunas la vieron desde el primer día con total
claridad, otras dieron bandazos entre imágenes ilusorias, hasta encontrar lo
que deseaban.
Pusimos a su
disposición muchas opciones de vestuario, adornos, elementos diversos,
maquillaje y cada una escogió lo que deseaba siguiendo la idea que habían
concebido a lo largo de varios meses pero a la vez creando en el momento de
tomar la foto, de acuerdo a los recursos y su manera de sentir ese día. Cada una construyó su escenario, se arregló
y hubo un gran apoyo entre ellas para que todas estuvieran contentas con su
retrato. La posibilidad de diseñar el
retrato demostraba con gran claridad los diferentes niveles de reconocimiento
que cada una tenía de si misma. Algunas
lo hicieron con gran facilidad, otras dudaron hasta el final. Todas se lo gozaron mucho y el resultado fue
sorprendente : imágenes de muy densa simbolización que cuentan la historia
y la personalidad de cada una.
Durante el
tiempo en que prepararon el retrato e íbamos conversando sobre él en los
encuentros, fueron cambiando de idea, ajustándolo a una creciente visión de si
mismas. Entonces Rosa pasó de verse bajándose de una Limosina a verse metida en
una copa de licor, vestida de fiesta, hasta finalmente llegar a un retrato
impactante : está sentada, vestida de negro, pelo suelto y labios
rojos. Sostiene una botella de
aguardiente en una mano enguantada de blanco, frente a ella una mesita llena de
botellas de otros licores. El fondo es
negro, de su espalda brotan enormes alas blancas. Es un ángel caído.
Angela comienzó
viéndose disfrazada de la Chilindrina y terminó apareciendo recostada desnuda
en un sofá porque “esa soy yo”. Como
todos, este retrato es impresionante.
Angela rodeada de velos rosa y azul, maquillada suavemente, su cuerpo
salpicado de margaritas blancas, un rostro dulce y apacible adornado con su
eterna mirada transparente.
Nikole identificaba su territorio pero aún era muy
brumosa la imagen que deseaba. Después
de varios intentos, el retrato la muestra en su faceta más bella, mirándose a
un espejo, rodeada de velas, con un largo vestido negro. Su mirada triste pero serena ocupa toda la
escena. Ella es la que se mira, la
pequeña filosofa de la noche, la guerrera.
En un rincón
Ana decora con los objetos que siente más cercanos : ollas, escobas,
utensilios de cocina, pan. Dice que se
la ha pasado limpiando y haciendo oficio, que esa es su vida. Se viste de violeta y en sus manos coloca
una pequeña virgen que la protege. Como
siempre se ve asustada pero una fuerza interior se asoma en su piel.
Al ver las
fotos se sorprenden mucho, las miran muchas veces, se burlan, se sonríen. Algunas descubren rasgos de si mismas que no
conocían o no reconocían. Para cada una
su retrato es un tesoro, en él esta una expresión de la singularidad de su ser
y una prueba tangible de su existencia y de un momento de libertad.
El placer, pasar rico
“...añoran vivir un poco de la niñez, jugar, bailar y
encontrar amor”[18]
La vida ha sido
poco generosa con ellas, es poco lo que han vivido por el placer mismo de las
experiencias. Quieren gozar la vida,
conocer sitios nuevos, asombrarse. Son
jóvenes, curiosas, vitales. Muchas
experiencias fueron tan sólo para pasar rico, para gozar. Sentir el viento en la montaña, conocer
Monserrate, entrar a una discoteca a pleno día, reír a carcajadas, gritar en
una buseta cargada de cansados oficinistas que vuelven a sus casas, bailar,
cantar.
El placer de
vivir se puede experimentar de maneras simples y sus cuerpos deben registrarlo,
aprenderlo. Pasar rico requiere de
parte nuestra soltarlas, dejarles un margen de libertad y creatividad aunque
muchas veces nuestras mentes adultas quieran controlar, restringir, forzar a
ser de maneras rígidas, convencionales. El placer es la experiencia sanadora
más potente que existe.
En la mayoría
de las interacciones con adultos que observamos, el adulto se convierte en un
controlador, en un ser excesivamente normativo, limitante. Quizá la
fuerza de ellas, su falta de convencionalismo, su excentricidad asusta
demasiado. Existe la creencia general
de que a un espíritu libre hay que domarlo a la fuerza, sujetarlo con violencia
para que se adapte al mundo.
Indudablemente sus limites son frágiles pero no se fortalecerán a través
de el castigo sino de una confianza que sin permitir abusos las deja pruebar
interiormente su propia capacidad de fluir en libertad y cuidarse.
Durante el
proceso tres del grupo de “las siete” se fugaron de la institución por cuatro
días. No se reportaron a sus familias
pero si enviaron señales a las personas de confianza. Vivieron una aventura
riesgosa en la que se estaban probando muchas cosas y también en la que
palparon lo que sucedía en su entorno. Se sentían libres, responsables, dueñas
de su vida por unos días. También sintieron sus límites, sintieron el abismo
que se abría a sus pies, la necesidad de protección. Comprendieron que ya tenían un refugio afuera y uno adentro con
cálidas paredes cubriéndolas. Se
sentían culpables pero felices de suscitar tanta atención, de ser tratadas como
hijas prodigas al volver. Lo que mas
deseaban era gozar en libertad, sentir que podían hacer lo que deseaban sin
restricciones ni castigos. Al oír sus
narraciones una sonrisa aflora en mi rostro, yo deseé lo mismo a los quince
años, probar mis alas y luego tener a donde volver.
Gozar es una de
las claves para crecer. Es simple y a
la vez complejo porque confundimos un proceso formativo con la idea de
transmitir conocimientos, impartir
ordenes, sujetar a normas y olvidamos que la esencia misma es permitir que se despliegue
el ser sabio y curioso que todos llevamos dentro. Muchas de las actividades que hicimos tuvieron como único fin el
gozo, la diversión. Aprender a
disfrutar la vida tiene que pasar por experiencias reales donde esto sea
central. El cuerpo necesita aprender a sentir placer, a liberarse de fines, de
determinaciones utilitarias.
Esta sabiduría
la hemos perdido todos, y ya parecemos conformarnos con ello, pero para los jóvenes es todavía una
necesidad demasiado vital, más aun cuando no han vivido infancias felices. Recuerdo a mi tío Virgilio, vivía en otra
ciudad y cuando venía a visitarnos nos llevaba a paseos donde pasar rico era la
consigna. Tenía un gran Jeep y en él
nos montábamos solo los primos y primas, sin mas adultos que él manejando feliz
mientras buscaba un potrero para hacer el almuerzo. Cantábamos a toda voz, pedíamos paleta y sabíamos que el tío
nunca nos regañaría. Cuando peleaba con
otras niñas de mi edad les gritaba : pues yo tengo un tío que me
adora ! para mi era un tesoro, era amor y libertad, risa y helado.
Todos
deberíamos tener experiencias así en la infancia y durante toda la vida. Experiencias de puro goce : montar en
teleferico viendo la ciudad en toda su plenitud, pedir deseos en una fuente,
correr por el campo, caminar por las calles hasta la noche, comer un delicioso
pan fresco en cualquier cafetería, cantar “karaoke”[19]
en medio de una pequeña multitud que las admira, ver el atardecer frente a una chimenea mientras un hombre de
mirada dulce les cuenta cuentos, comprar chucherías para colgarse, timbrar en
una casa anónima y salir corriendo, presenciar un concierto de Rap en
exclusiva. A ellas la infancia se les
fue sin fiesta, la adolescencia se les va cargada de responsabilidades y
luchas, nada puede ser más potente para alimentar su alma que la diversión.
Las propuestas
de diversión provinieron casi siempre de ellas, las fueron expresando cada vez
con mayor tranquilidad y entusiasmo porque sabían que las hablaríamos
directamente y si era posible, intentábamos que así fuera, las llevaríamos a
cabo. Cuando por algún motivo era
imposible hacer realidad las propuestas buscábamos alternativas y exponíamos
claramente las razones. Jamás utilizamos
éstas negociaciones para nada que nosotras requiriéramos o como medio de presión
en algún sentido. Es muy común que el
castigo en la vida de ellas este asociado a la limitación del placer, queríamos
que experimentaran otra sensación, la que sentíamos todos cuando alguien está
dispuesto a darnos sin intercambio o fines utilitarios.
Algunas veces
enfrentamos situaciones difíciles pero logramos acuerdos en los que la decisión nos involucraba a
todas. Sin embargo al pasar el tiempo
el interés por hacer cosas que transgredieran límites disminuyó
considerablemente, así como sus expresiones escandalosas o fuera de lugar. En la medida en que se sentían aceptadas la
sensación fue de calma y más interioridad.
Al igual que en
todas las experiencias vividas, lo que se buscaba era liberar un ser interior
que posee sabiduría y que esta agazapado esperando que afuera no haya tormenta
y castigo para expresarse y guiarlas.
No es posible que esto suceda si uno no se arriesga a crear espacios de
libertad donde lo que surja de cada una sea respetado, comprendido y gozado.
Esto no puede chocarse con limites morales, estéticos o éticos porque nuestra
función no es poner más limites sino abrir el horizonte y confiar en su
capacidad de autoregulación.
Expresarse
Hemos
mencionado varias veces la capacidad creativa de las magas guerreras, es
impresionante. Hay algún elemento de su
vida que las libera de trabas que ya niñas de su edad tienen para
expresarse. Una vez tienen un terreno
propicio - libertad y recursos - se concentran en su obra y de manera muy
fluida logran expresarse con gran versatilidad y fuerza.
Cuando hicimos
una experiencia de Collage[20]
el secreto estuvo en que aunque trabajamos un tema : la infancia, la
persona que nos ayudó, llamada Natalia, se limitó a apoyarlas técnicamente
valorando todas las ideas que se les ocurría y ayudándolas a poner en practica.
También fue importante la disposición de recursos de la mas diversa índole y
origen. Esta prolijidad en los
materiales es una clave para cualquier proceso expresivo.
La expresión a
través creaciones personales - llamémoslo o no arte depende del punto de vista
que tomemos - permite aflorar sentimientos e imágenes profundas, guardadas a la
conciencia pero actuantes en la vida.
Cundo logramos un contacto interior con nuestras emociones y símbolos y
podemos expresarlo de alguna manera el proceso de reconocimiento y conexión es
muy profundo y vital. El arte no
debería ser reservado para pocas personas sino que podría ser una manera de
vivir la vida diaria en la que la forma de expresarnos pueda ser rica y bella
desde la singularidad de cada cual.
La expresión es
la respiración del alma, es una necesidad básica, no simplemente un
divertimento para elegidos. Además es
una manera fácil de conocernos y visualizar nuestros modos particulares de ver
el mundo y nuestro ser. Al igual que la vida la expresión requiere libertad y
seguridad. La primera es clara, debemos
alejarnos de toda pretensión de perfección o de los criterios que definen lo
bello y lo feo y dejar que fluya nuestra manera de ver la vida. La calidad de la obra desde el punto de
vista artístico puede ser diversa pero en realidad no es el centro de interés
en el caso del desarrollo personal, lo es la experiencia misma, la posibilidad
de ponerse en escena, de pintarse, de escribirse. La seguridad se refiere a las condiciones externas, a un ambiente
de aceptación y goce que respeta la singularidad y la diferencia.
Como todas las
experiencias que vivimos, las de carácter artístico no estaban definidas de
maneras rígidas sino que desde un propuesta inicial íbamos dejándonos guiar por
los deseos y fantasías de ellas y nosotras hasta llegar juntas a la realización
de una experiencia determinada con un medio como pintura, collage, canto,
baile, fotografía. Estas experiencias
siempre estuvieron ligadas a la vida, a la manera en que ellas les gusta
realizarlas, a momentos que brotaron naturalmente y no a esquemas rígidos
determinados por nosotras.
Para nuestras
siete jóvenes la experiencias expresivas eran ricas y capaces de centrarlas
como ninguna otra. Esta posibilidad de centrarse es importante ya que les
permite fluir y fugarse “hacia adentro” y no hacia afuera como están
acostumbradas. Descubrimos talentos
individuales : cantantes, fotógrafas, dibujantes, diseñadoras de espacios,
bailarinas... Talentos natos que con estimulo y guía podrían convertirse
incluso en bases para proyectos productivos que no solo les representara un
ingreso sino además una actividad con sentido y cercanía a su verdadero ser.
Una parte
importante, indispensable, en la construcción de alternativas de vida para
éstas jóvenes es su posibilidad de acceder a una actividad productiva a nivel
económico. Esto está relacionado con su
nivel de formación técnica en determinado oficio o profesión pero también con
su posibilidad de poner en juego en esta labor los intereses y talentos propios
de cada una de ellas. Existe la
tendencia a separar el desarrollo productivo del desarrollo personal y
adjudicarle al primero la única finalidad de garantizar un ingreso sin importar
las diferencias individuales y el sentido que el trabajo pueda dar a la vida de las personas.
En el caso de
las magas guerreras la prioridad es que terminen su formación escolar pero de
manera simultánea se puede emprender una identificación de los talentos e
intereses que orientarían la formación para el trabajo, dándole a este proceso
no solo un carácter técnico o de formación de habilidades sino de despertar y
canalización de inquietudes interiores.
En este proceso la exploración de los talentos artísticos, expresivos,
es muy enriquecedora. Puede permitir
que se construyan opciones laborales más satisfactorias y que aporten sentido a la vida de las jóvenes sin que
dejen de ser productivas.
Cuerpo Mío
Abordar el
cuerpo en las experiencias vividas con el grupo de jóvenes no fue fácil. Cualquier intento de formalización del
acercamiento al cuerpo resultó un fracaso.
Ya fueran propuestas de relajación o de movimiento, el hecho de hacerlas
de manera directa, explícita despertaba cierta resistencia expresada como
dispersión o rechazo abierto.
Por su edad e
historia en ellas se mezcla un gran
dolor asociado al cuerpo y una negación masiva de partes de él con impulsos a
la acción, la sexualidad, la exhibición, el juego. Entonces aunque son muy corporales en su expresión, a la vez
tienen cuerpos pesados, torpes y cerrados al contacto profundo, como ya
contamos atrás.
En general
gastan los mayores esfuerzos en crear y mantener una imagen corporal
determinada. Imagen que transmite lo que consideran valioso : seducción,
fuerza y belleza. Tienen poco contacto con su cuerpo en
cuanto a su estado de salud, vitalidad,
flexibilidad, gracia. De allí que se maquillan con esmero, calzan zapatos de
tacón muy alto, disimulan la gordura (aunque son muy voraces para comer), aman
ropa de un estilo muy sensual pero poco práctico.
Caminamos en el
campo, bailamos, estuvimos en muchas situaciones muy relajadas donde podían
“soltar” la pose corporal, vimos cuerpos femeninos muy diversos en fotos y en
la calle, conversamos sobre el pésimo estado físico en que se encuentran,
hicimos masajes, ejercicios, fotos de cuerpo entero, cuando Angela se hizo su
retrato desnuda lo conversamos. Durante
el tiempo nos fuimos acercando corporalmente y profundizando el contacto en los
abrazos. Hablamos de moda, de belleza,
de trucos para mejorar el aspecto. El
cuerpo circuló de manera muy cotidiana, en el contexto de conversaciones y
actividades que iban sucediendo y surgían de manera natural, espontánea.
Notamos que los
cuerpos se relajaron mucho durante los meses de los encuentros, alrededor de
los tacones hicimos mucho chiste y para caminar comenzaron a usar otros
zapatos, los abrazos fueros siendo más cercanos y la búsqueda de una imagen
para mostrar su ser se enriqueció mucho, se liberó. Cada encuentro era notable en la manera como ellas se vestían,
como se arreglaban. Querían verse
bonitas y sobre todo sabían que nunca íbamos a restringirles su expresión a
través de la ropa o el maquillaje.
En este punto
notamos un temor grande de los y las adultas cercanos por lo atrevido de
algunas de sus vestimentas. Algunas
aman las minifaldas, los escotes, las aberturas que dejan ver las piernas, la
ropa pegada, las transparencias. Hay
temor por lo que éstas imágenes movilizan en la calle pero también hay temor a
su sexualidad, a la expresión abierta de su deseo de seducir.
Es difícil
diferenciar en este terreno porque efectivamente su deseo está muy orientado a
atraer hombres y “ofrecerse” a ellos de maneras muy degradantes e
indiscriminadas. Sin embargo tampoco
la salida es castrar su deseo y controlar su expresión corporal. Eso toca la forma pero no el fondo. Es
cuando ellas se van valorando como personas, cuando se sienten verdaderamente
hermosas, cuando confían en que pueden ser amadas cuando cambian su manera de
acercarse a los hombres y aprenden a respetar su ser, a amarlo.
El cuerpo es el
territorio privilegiado para propiciar el reconocimiento y la aceptación de si
mismas, tanto en ellas como en cualquier otra persona, en este caso apenas
comenzamos un proceso que podría ser mucho más largo y que paulatinamente sería
muy potenciador. Sin embargo para profundizar ésta experiencia es necesario que
exista un terreno de confianza y tranquilidad que con ellas toma tiempo lograr. Su cuerpo ha sido territorio de invasiones y
terror, poco a poco lo pueden ir conquistando para el placer y conectándose con
partes negadas, acalladas.
La experiencia
corporal es directa, el cuerpo de los y las adultas que se relacionan con ellas
les envía mensajes permanentemente. La
aceptación, goce, apertura, conexión y relajación son actitudes que se
sienten. En los procesos de
enriquecimiento del Desarrollo Personal está experiencia debe ser central,
trabajada por las personas facilitadoras, cuidadosamente tomada en cuenta. Aunque es posible hablar de aceptación, por
ejemplo, y mantener un cuerpo rígido y cerrado, lo que verdaderamente se “lee”
es la actitud corporal.
Nuestro mundo, otros
mundos
Reconocer que
la vida de los seres humanos discurre en mundos creados por sus deseos, sus
maneras de percibir la realidad, sus colores, sus héroes y gustos. Darse cuenta de que construimos el mundo y
que hemos optado por hacerlo de maneras determinadas. Identificar que el mundo donde crecimos y del que tomamos gran
parte de lo que somos y deseamos es uno entre muchos más. Percibir que hay múltiples formas de vivir y
que casi siempre los portadores de cada una de éstas maneras cree que es la
adecuada, la mejor. Saberse de un mundo
y asomarse a otros mundos constituye una intensión en los procesos de
desarrollo personal que realizamos.
Desde el
comienzo fue claro que sus mundos eran bastante delimitados y limitantes, tanto
en lo puramente territorial como en lo cultural. En el primer sentido, habitan y reconocen territorios de la
ciudad y los demás no sólo los desconocen sino que les producen un gran
rechazo. Tienen de ellos una mirada
homogénea : es el territorio de los ricos, los de allá y todos son
iguales. En cuanto a lo cultural
comparten los valores establecidos, los más tradicionales (aunque no los
encarnen muchas veces) y su percepción del mundo está mediada por estos valores
sincretizados con los valores y estéticas propuestos y millones de veces
repetidos por los medios masivos de comunicación. Esta amalgama produce sus contradicciones en la cotidianidad
pero, al igual que muchas de los rasgos mencionados, no es exclusiva de ellas,
forma parte de la cultura en la que vivimos.
El rechazo de
las guerreras a estar en zonas de la ciudad diferentes a las que consideran
propias fue evidente, incluso a probar otro tipo de comida a la corriente en
sus hogares o en sitios populares. Este
rechazo era de ellas pero también de las personas que habitaban estos espacios. La ciudad está totalmente demarcada y cada
cual circula por las zonas que le “corresponden” con algunas excepciones (el
centro) de zonas donde circula una alta variedad de personas o de islas dentro
de zonas donde por algún motivo circulan personas de otro territorios
(vendedores ambulantes, mendigos o personas de determinadas
instituciones...). Las transgresiones
de estos pactos simbólicos son notadas, censuradas y muchas veces atacadas con
violencia. De allí la incomodidad e
incluso la rabia del grupo al estar en otras zonas de la ciudad donde además no
manejan muchos códigos lo que las hace sentir inseguras.
Consideramos
que era importante que ellas entraran en contacto con esos otros mundos, que
palparan sus matices, sus luces y sus oscuridades. Relativizaran así sus puntos de vista y ampliaran su mirada. Este
proceso las llevó a una mayor apertura y, lo que es mas importante, a que
pusieran en perspectiva algunas percepciones. No fue fácil, pero después de un
tiempo comenzaron a identificar algunos sitios fuera de su zona de vida y a
mirarlos con mayor curiosidad e incluso a actuar de manera más natural en
ellos.
Resultó mas
fácil y muy enriquecedor invitar personas a algunas actividades, personas
que formaban parte de lo que se iba a
realizar y que podían aportarles sus experiencias de vida y generar encuentros
amorosos. Conocieron personas de mundos
muy diferentes a los de ellas y en especial personas con estilos de vida poco
comunes. Compartieron un día una
pequeña casa de campo con un hombre adulto que se dedica a contar cuentos y
hacer teatro de sombras chinas, un hombre que cocina sabroso y supo
acercárseles de la manera más tranquila y amorosa. Vieron sorprendidas que cocinaba y les servía, las trataba con
respeto y compartía su vida con apertura.
Conocieron a
una fotógrafa muy joven que viste de la manera menos convencional, usa aretes
en la nariz y oye música rock. Con ella
se entendieron desde el primer instante y compartieron sus vivencias de
guerreras de diferentes mundos. Son
chicas de la misma época, aman los tatuajes y han vivido experiencias duras.
Desfilaron personas de diferentes estilos pero con un denominador común :
han construido vidas de maneras singulares siguiendo sus intereses y sus
visiones de la vida.
Nos interesaba
que abrieran su percepción de la realidad para que vieran sus propias vidas de
maneras más flexibles. Básicamente esto les alimenta la posibilidad de crear
existencias más acordes tanto con su ser singular como con sus circunstancias
sin sentir que eso representaba una “falla” frente a modelos tradicionales o
legitimados socialmente.
No es fácil
construir autoestima cuando se cree que la manera de vivir es una y las demás
son desviaciones de esa única y verdadera manera. Si esto nos afecta a la mayoría, tanto más a quienes les ha
tocado vivir en los márgenes y no han tenido posibilidades de acceder a
condiciones mínimas de existencia.
En el caso de las jóvenes con experiencia en prostitución, no se trata de
legitimar esto como una forma adecuada de vida sino de comprender un poco más
el contexto en el que esto sucede, las relaciones de esta situación con
realidades más complejas como la subordinación de la mujer, los tabúes
sexuales, la explotación de unos grupos
humanos sobre otros...Y no se trata aquí de una comprensión de un discurso que
poco les atrae o les toca el alma sino de la posibilidad de ampliar los
contextos de sus miradas, de dimensionar su mundo en otros mundos, de
dimensionar su historia en otras historias.
Es desde su propia reflexión que podrán ir tejiendo una mirada más
comprensiva y amplia.
Una tarde
fuimos a encontrarnos con un grupo de Rap conformado por muchachos de la zona
sur oriental de la ciudad, muchas de ellas vienen de esta misma zona. El encuentro fue en uno de los barrios,
ellas se sentían plenamente identificadas con el lugar. Lo que diferenciaba ambos grupos era que los
músicos habían inventado una poesía urbana muy bella y fuerte para darle
palabra a su vida, a su vivencia de la pobreza, de la calle, de la
discriminación social, de los grandes problemas del país, de la droga. Mientras
tanto, ellas tienen una visión muy reducida de su propia realidad, más bien la
ven como situaciones individuales a las que han llegado por mala suerte o por
algo “malo” intrínseco.
En un sentido
profundo este era un encuentro político, con fines políticos, ya que lo que
queríamos era que las guerreras vieran su mundo desde una perspectiva más
amplia y se cuestionaran su vida desde contextos de poder colectivo. Los rostros anonadados de las jóvenes, y
nuestros, escuchando el torrente de
palabras de estos visionarios, sintiendo que les estaban hablando de su vida,
de su calle, de su gente, de sus barrios, de sus historias, nos mostró que algo
en ellas estaba encontrando un cause para ser expresado. El encuentro duró muchas horas, las conversaciones,
entre canción y canción, eran de corte trascendental y además de romances y
enamoramientos mutuos, surgió un espíritu de solidaridad, de compañerismo que
perduró mucho tiempo. Los músicos de
“líricas fuertes” las visitaron muchas veces.
Como puede
verse, al entrar en contacto con otras personas, teníamos unos intereses. Ya mencionamos una característica, todas
ellas han intentado construir proyectos de vida propios, además de esto todas
son personas que si bien algunas pertenecen a grupos sociales diferentes o han
accedido a oportunidades educativas y culturales mas amplias, tienen un
convencimiento profundo y vital de que las personas somos iguales en cuanto a
la esencia que nos constituye. Esto permitió
que la manera de relacionarse fuera igualitaria, amorosa, generosa y no
discriminatoria.
Para las
guerreras es muy importante sentirse respetadas, sentirse apreciadas y
responden a esa situación con apertura.
Aprender que existen otras formas de relación, especialmente con adultos
y especialmente con hombres, es una posibilidad de potenciarlas y facilitarles
la construcción de visiones que las guíen a la hora de optar en su vida.
Capítulo 5
LO APRENDIDO
“ Pero en algún lugar, más o menos profundamente
enterrada según la edad y el grado de negligencia o malos tratos, humillación o represión sufridos, seguimos
conservando una criatura interior resistente, soñadora, rebelde, creativa y
singular, un yo auténtico que aguarda el momento de poder salir a la luz”[21]
Cuando creemos
firmemente lo que dice la autora, cuando tenemos fe en que detrás de la actitud
huraña de estas niñas está la luz, cuando creemos que el amor sana, cuando
dejamos de lado lo que consideramos apropiado, cuando dejamos que los sueños
emerjan sin censura, cuando dejamos volar la imaginación y el desorden, cuando
damos la bienvenida a las niñas asustadas que se agazapan tras los rostros de
las guerreras, cuando queremos amarlas y no controlarlas, cuando nos importan
sus almas mas que las normas, cuando podemos reír ante sus locuras y sentir
desde el fondo del alma sus dolores, cuando somos capaces de dejar de lado
nuestros esquemas, solo entonces, cuando aprendamos a amarlas, esos seres
magníficos, asustados y escondidos, saldrán a la superficie y podrán, en un
lento despertar, guiarlas al encuentro de si mismas y a la construcción de su
vida.
Eso fue lo que
aprendimos. Lo aprendimos en el
corazón, abriendo el corazón. Cuando comenzamos y varias veces en el camino,
intentamos seguir esquemas de talleres que nos parecían interesantes o
necesarios. Cuando llegábamos al
encuentro todo se evaporaba, al ver sus rostros deseosos de fiesta y curioso
del mundo entendíamos que lo planeado sólo sería una sombra de lo vivido.
Poco a poco los
abrazos fueron más cercanos, las miradas menos esquivas, las palabras más
directas. Entendieron que las
respetábamos y que intentábamos no pasar sobre su espíritu jamás, no sumar
abusos ni exigencias ajenas a sus inclinaciones. Aprendieron a pedirnos lo que deseaban, a negociar lo posible y a confiar en nosotras. Nosotras
aprendimos el arte de gozar con una vuelta a la manzana y una gaseosa con pan.
Quedan muchas fiestas por vivir, mucho por descubrir en ellas, muchas sorpresas
para asombrarnos.
Aprendimos que
la fe nace del amor y a dejar que nos guiaran los vientos del día y de sus
almas. Los encuentros que planeábamos
terminaban en experiencias alucinantes jamas concebidas por nosotras, pero
gozadas y con sentido para todas conocernos un poco más y sentir las raíces y
los infinitos hilos de la vida.
Comprendimos que se trataba de crear vínculos con ellas, un tipo
especial de vínculo, y vivir experiencias de libertad y goce por encima de
cualquier contenido o meta.
Lo que
aprendimos lo hemos ido contando en este texto, ahora lo vamos a sintetizar
tratando de que sirva a otras personas que andan por estos rumbos y realizan
diferentes experiencias con niñas como ellas.
No existen fórmulas, ni rutas seguras, solo la certeza que da oír la voz
interior que guía cuando es necesario.
Para oír esta voz hay que callar y dejar que la vida suceda, hay que
tener fe y creer aunque los rumbos que nos indique no sean los mas
transitados. Saber que nosotras, las
personas facilitadoras de estos procesos, también tenemos un ser auténtico y
sabio por descubrir y que ellas son unas guías a territorios desconocidos,
inexplorados.
Los elementos
que presentaremos a continuación son como los “ingredientes” metodológicos para
llevar a cabo los encuentros de Desarrollo personal. Vamos a detenernos especialmente en aquellos que son
indispensables en el caso de grupos de niñas y jóvenes con experiencias de vida
similares a las magas guerreras que les hemos contado. Varios de los procesos realizados ya fueron
descritos en “Un viaje Juntas”, aquí
señalaremos lo que se encuentra “al fondo” de las experiencias. Una vez el sentido general se comprende, es
posible diseñar y realizar experiencias adecuadas para la situación, las
historias, los deseos y los intereses de cada grupo[22].
El centro de
las vivencias es la relación entre las facilitadoras y el grupo, es centro en
un sentido vital, es lo que va permitiendo la creación de escenarios, la
expresión. Sin embargo en la realidad
las facilitadoras fuimos desdibujándonos, perdiendo protagonismo y los vínculos
fueron cada vez más ricos y variados entre todas. Esto no significa que los lugares sean idénticos, somos adultas,
tenemos un papel en los procesos, debemos asumir determinadas funciones, pero la verticalidad debe ser abolida, es la
única manera de lograr verdaderas experiencias de crecimiento.
Lo que hicimos
en cada instante de los encuentros fue intentar restaurar la confianza rota, no
sólo en los demás y en su uso del poder,
sino en si mismas, en su visión del mundo, en su intuición, en su poder
interior. Restaurar una confianza en su
propio ser.
Un amor incondicional
“La base de la experiencia es la construcción de un
vínculo de total aceptación... el amor auténtico es el ejercicio fascinante
aunque desafiante de aceptar sin condiciones a una persona, de acoger una
persona en su vida, algo a lo que es preciso dedicarse día a día, algo que es
muy distinto de las relaciones condicionales y funcionales que impone la
sociedad”[23]
“Yo quería decirles que tenía fe en ellas y no
necesitaba ver para creer” (Diario de Campo, Virginia)[24]
Comenzamos con
la frase de Alice Miller sobre la necesidad de que al menos una persona
sea capaz de ver nuestro auténtico ser y apreciarlo para salvarnos tras
experiencias de maltrato en la infancia.
Ver al otro supone verse a si mismo/a y aceptarse tal como uno es. Esta aceptación no implica conformidad
pasiva sino abolición de muchas categorías que pretenden separar lo positivo de
lo negativo, lo bello de lo feo, lo apreciado de lo no apreciado y acaban
cercenando nuestro espíritu. Somos la
totalidad de lo que fluye de nosotros, todo tiene un sentido y nos expresa de
una cierta manera en el mundo.
El deseo de
homogenizarnos y sujetarnos a patrones rígidos de ser ha llevado a un enorme
maltrato y a un desperdicio de potencialidades humanas. Por eso la aceptación plena es un comienzo
de un camino de sanación. Camino que
transita por la apertura paulatina a ver, reconocer y abrazar quienes somos en
una actitud de aceptación profunda.
En el caso de
las guerreras, este camino ha de transitarse de la mano de otras personas que
le permitan una experiencia de aceptación plena y por tanto de confianza. Es mas fácil para un adulto/a convertirse en
esa persona para si mismo/a que para una joven. Esto se debe a que aún la vida parece abrirse en infinitas
posibilidades y existen muchos limites interiores para lograr una mirada
introspectiva.
El amor
incondicional significa que existiendo en una relación las diferencias, los
limites de cada persona, los deseos a veces diversos, los gustos e intereses, jamás
ninguna de ellas va a usar su poder para someter a la otra, para abolir su
espíritu. Esto implica romper la
vivencia más profunda que las guerreras han tenido desde el nacimiento :
la dominación y el maltrato. Esto exige
de parte de los/as adultos un convencimiento demasiado fuerte en la igualdad
entre los seres y una gran capacidad de amar y aceptarse a si mismo/a y al
otro/a.
Tampoco se
trata en este caso de un discurso que se reflexione con los grupos, se trata de
una practica cotidiana, tejida de instantes, miradas, decisiones nimias y
grandes, tonos de voz, formas de acercarse.
Por eso no hay fórmulas, brota del interior cuando logramos trascender
dualidades que nos atrapan. Dualidades
como que ellas carecen y nosotras tenemos, ellas no saben y nosotras tenemos
las respuestas, ellas están equivocadas y nosotras vamos por el camino
correcto, ellas se deben someter y nosotras vigilar ese sometimiento, ellas
están enfermas y nosotros las vamos a curar.
La confianza es
el centro de el vínculo que se construye a lo largo de los procesos de
Desarrollo Personal. La confianza es
difícil de lograr cuando existe un daño tan fuerte como el que han sufrido las
jóvenes con las que vivimos ésta experiencia.
Ellas intentan probar constantemente si es real nuestra capacidad de
aceptarlas y no traicionarlas. La
confianza es a su vez la medicina y la enfermedad. Es lo más requerido por ellas para emprender su sanación interior
pero es lo más escondido en el fondo de sus corazones.
Y cómo es una
relación de confianza ? en esta caso la entendimos como un vínculo que se
va creando cotidianamente en el que la base es la aceptación incondicional del
otro/a, la aceptación plena de su ser, lo que implica mantener abierta la
comunicación y el dialogo frente a todas las situaciones que se presentan. Cuando oímos aceptación plena generalmente
pensamos en asuntos como la agresión y nos preguntamos : es que debo
aceptar que me agredan ? Por supuesto que no, cada persona debe situar sus
límites interiores y expresarlos con claridad lo que seguramente generará algún
sentimiento en el otro/a y una situación determinada. Lo importante es que aún así no se rompa la comunicación ni se
resuelva la situación con el uso vertical de la autoridad.
En ultimas este
tipo de relación va fundando una “seguridad de ser amadas y dignas de cariño,
valoradas y valiosas, tal como somos,
independientemente de lo que hagamos, (este) es el punto de partida para la
forma más fundamental de autoestima”[25]. Aprender a amarlas es aprender a amarnos un
poco más, requiere romper juicios y expectativas sobre lo que “debe ser”.
Este ejercicio
requiere tiempo, paciencia y mucha amplitud interior, que se facilita si se
comprende que es justo allí donde se está haciendo el proceso más importante en
la potenciación del desarrollo personal.
Cuando tenemos claro que el desgarramiento central en las guerreras está
relacionado con el tema de los vínculos y el poder, entonces sabemos que romper
la cadena de vivencias de abuso es lo que permitirá que vayan aflorando partes
agazapadas, guardadas e ir sanando heridas profundas para que, en un lento
proceso, cada una encuentre las vías de su crecimiento pleno.
La aceptación
incondicional del otro/a se traduce en una apertura a la manera como esa
persona ve la vida y a la manera misma como su vida ha sucedido. Expresa una confianza total en que la otra
persona tiene un ser interior sabio y luminoso que si logra salir y expresarse
podrá guiarla. Es confiar en que los
seres humanos podemos sanarnos y encontrar cauces para la propia existencia.
romper esquemas
La primera
lección que aprendimos en este proceso fue a abrirnos a las rutas que la
experiencia nos iba señalando y esto no se debe únicamente a que estabamos
explorando espacios poco conocidos, sino a que con este grupo la apertura es la
esencia misma de una experiencia de desarrollo personal. Y es que la apertura es la que permite que
el espíritu de las guerreras tenga un verdadero lugar y pueda expresarse.
Como ya
comentamos, al comenzar el proceso abrimos una abanico de posibles actividades
en las que ellas creían que podrían crecer como personas. Casi todas implicaban salir de la
institución por razones obvias ya que el mundo de “afuera” es su mundo, es el
lugar donde han vivido sus cortas e intensas biografías. Llevamos a cabo muchas
de éstas actividades pero en todas intentamos vincularlas con la realidad y la
vida de “las siete” y no hacerlo de manera externa, ajena. Sin embargo lo que
marcaba los encuentros surgía muchas veces en el momento mismo, de acuerdo a lo
acontecido en la semana o de los deseos que iban aflorando ante el hecho de que
sabía que iban a ser tomados en cuenta.
Muchas veces planeábamos un encuentro según lo vivido en el anterior y
al llegar debíamos cambiar todo y dejar que sus deseos comandaran la
experiencia.
En general
nosotras - las facilitadoras - tendíamos a lo verbal y a la formalización,
mientras ellas tendían a lo vivido, lo experiencia y la total
informalización. También tendíamos a
los espacios cerrados mientras ellas - siempre y sin dudarlo - a salir a la
calle. Muchas veces negociando
terminábamos caminando en los alrededores de la institución, conversando frente
a vitrinas y en cafeterías.
Lo que nunca se
debe perder en las actividades es la
intensión, el sentido, de que éstas
permitan un reconocimiento de si mismas, una vivencia diferente de las
relaciones y de la realidad, un encuentro con sus rostros y sus lugares, un
escenario para conocerse a si mismas y a su mundo un poco más. Para mantener la
intensión en foco las facilitadoras deben comprender que pueden ser tan
flexibles como sea necesario pero siempre encontrar una manera de que la
experiencia se convierta en un espejo y en una vivencia significativa.
La apertura a
los deseos y gustos del grupo no riñe con el hecho de que las facilitadoras
guían el proceso y llevan propuestas para realizarlas en los encuentros.
Incluso durante algún tiempo esto predomina,
es en la medida en que el grupo va interiorizando el sentido y sintiendo
confianza es que se van presentando más iniciativas desde ellas. De todas maneras siempre hay procesos de
negociación, de adaptación a las circunstancias, el tiempo, los recursos, pero
esto mismo es lo que va generando espacios reales de participación en los que
sus ideas pueden ser validas y legitimas.
En este proceso
se van poniendo en juego importantes aspectos del desarrollo Personal : la
expresión de puntos de vista propios, la capacidad de dialogo, la creatividad,
el respeto a la diversidad, la igualdad entre personas con roles
diferentes...Por esto, aquí como en muchos otros aspectos, lo que importa no es el resultado sino el proceso, el hecho de que
verdaderamente se de una comunicación y una relación donde las diferentes
opiniones tienen valor.
El esquema
tradicional de “alguien enseña, define las normas, da unos contenidos...”y
“alguien aprende, sigue las normas, recibe unos contenidos” queda aquí
definitivamente sepultado. Y no es que
no existan roles diferentes, sino que la diferencias no se basan en estos
aspectos ya que se trata de un encuentro en el que predomina el dialogo, la
puesta en común de sentidos y sentimientos y las normas son pactadas y son
objeto de discusión ya que sólo mientras permitan lograr el objetivo son
válidas, no en sí mismas para ejercer control.
Renunciar al
lugar de autoridad implica un riesgo que a veces asusta, se cree que si esto
sucede la situación se va a “salir de control”, lo cual es cierto pero no tan
caótico como se teme. Cuando se pierde
el control se gana el espacio para la imaginación, la creatividad, el juego y
la risa. El control nace del miedo a la vida y a los demás y, por supuesto, a
nuestro propio ser, miedo a que brote lo que hemos acallado y mantenido a raya
y nos delate frente al mundo, miedo a fuerzas oscuras que consideramos “malas”.
Romper los
esquemas pone en suspenso ideas preconcebidas y maneras rígidas con las que
actuamos cotidianamente. Dejando así
espacio para que surja lo inesperado.
En este caso, para que profundos deseos y visiones de las guerreras se
expresen y se muestren sin censura.
“entendí que no soy tan mala” decía un día Nikole. Lo que brota de ella, lo que ha sido, sus
historias, sus fugas, no son “malas”, son, simplemente son.
Vivir la vida
La vivencia, la
experiencia directa de la vida, lo concreto, es allí donde se encuentra la
fuente para las experiencias con ellas, lejos de la reconstrucción verbal o la
representación. Esto lo entendimos
paulatinamente, siguiendo las rutas que ellas nos iban señalando. En esto las guerreras no son diferentes de
los y las jóvenes de su generación.
Para ellos lo valido es la vivencia, no la racionalización, no las
teorías, no los discursos, no las grandes causas, no las instituciones, no lo
abstracto.
La vivencia se refiere
a una experiencia vital, significativa, subjetiva. La palabra forma parte de las vivencias pero no es su centro y
sobre todo no lo es en el terreno de la explicación o la justificación de lo
vivido sino en la expresión misma de lo que se siente, se percibe. La imagen y la acción son muy importantes en
las vivencias de estas jóvenes, de allí su cercanía con la simbolización de la
vida a través de signos, colores, trazos y su pasión por la calle, la televisión,
la música, la farándula, las revistas.
Imágenes rápidas, cambiantes, fuertes.
Para los
adultos/as de generaciones anteriores todo esto puede ser confundido, y
juzgado, como superficialidad, vanalidad y es esta percepción la que genera
distancias y lleva a que queramos imponerles nuestra estética y nuestra ética
como si fuéramos dueños de la verdad y de una visión sacra.
La ética de la
vivencia, del valor de lo subjetivo, de la importancia de lo sentido, de lo
presente, nace como decepción frente a las grandes verdades y las teorías lejanas
a la vida cotidiana y si bien las guerreras pueden saber o no esto, lo cierto
es que es en lo que creen, con lo que se sienten cómodas y libres y es de esa
manera como logran reconocer sus
rostros y sus recuerdos, reconstruir sus terrores y sus placeres.
Angela dice
sobre su collage : “es la vida de un ave de espíritu libre, cercada por un
muro duro e inflexible, limitante, que castiga y que castra. Un ave amarrada
que en su mente concibió la libertad, la inmensidad. El bien subyugado al mal.
Un ave que voló sin alas”. Simbolización, imagen, poesía, son lenguajes
que brotan en ellas con una naturalidad pasmosa.
Para contactar
esa riqueza hace falta suspender muchas ideas y prejuicios y vivir con ellas el
presente que fluye, que sucede sin ser racionalizado, que retrata el pasado, lo
recrea, lo llena de manchones de colores pero no intenta explicarlo ni
juzgarlo. Esta manera de trabajar fue
creciendo entre nosotras, fue fundada colectivamente mientras caminábamos por
las calles y mirábamos a la gente y las vitrinas. Como lo expresa Virginia en
su diario de campo : “ pronto esa dinámica de construcción en la acción,
de contar nuestras cosas mientras se vive la ciudad, la calle, se convirtió en
una forma específica de hacer los talleres”.
Una tarde pasamos
por un almacén donde alquilaban y vendían trajes de novia. Blancos, cargados de encajes, pomposos, de
colas infinitas. Varias veces el grupo
había dicho que querían entrar a un almacén así a medirse vestidos, “por
molestar”, ese día sucedió. Gracias a
la presencia de adultas las atendieron y Xiomara asumió el rol de la chica
próxima a casarse. Escogió un vestido
que resaltaba su piel morena y al ponerse una corona sus ojos brillaban de
dicha. Las demás opinaban, la
arreglaban y escogían los vestidos que más les gustaban. En un instante la imagen de Xiomara en el
centro y de las demás revoloteando por el almacén nos transportó, en realidad
creíamos firmemente lo que hacíamos, ya no era un simulacro, era un juego, en
el mejor sentido de la palabra. Entre vueltas y medidas conversaban sobre sus
sueños de matrimonio, sobre historias cercanas que las impactaban, sobre sus
madres - casi ninguna había usado un vestido blanco -, sobre el futuro.
Si hubiéramos
planeado un taller sobre el tema del matrimonio, sus sueños, sus recuerdos
jamás hubiera sucedido algo así, excepto si hubiéramos construido un espacio de
expresión tan propicio como fue ese almacén.
Es a esto a lo que nos referimos con romper esquemas y mantener el
sentido y con experiencias vitales, concretas, directas. Luego la imagen nos sirvió para volver a
hablar de el amor , la pareja, el matrimonio sin necesidad de forzarlo,
teníamos una vivencia - además de otras que habían surgido y estaban relacionadas
- que nos daba todo el terreno para entrar en contacto y reconocernos.
La vivencia es, se experimenta en el presente, de manera
directa. No es una conversación
sobre la vida, es la vida misma.
Mientras se da, las intensiones que tenemos, los procesos que queremos
facilitar fluyen, o no, de nuestro ser.
No se trata de decir que consideramos valiosa la autonomía, por ejemplo,
sino de darle un valor en la vivencia real.
Un día habíamos
decidido que íbamos a visitar las jóvenes que ejercen la prostitución. Teníamos que ir a una zona bien densa de la
ciudad, recorrer territorios cargados de horror y recuerdos - algunos muy
alegres - para algunas de ellas. Habían
hecho bellas tarjetas con frases de afecto y consejos para las chicas. En una cafetería decidieron ir en parejas y el modo en que se iban a acercar. En otras ocasiones conversamos sobre la
molestia que sentían cuando alguien se les acercaba en actitudes de curiosidad
o juicio. Querían tener un gesto de
amor y creían que eso era suficiente.
Cuando partían hacia la calle nosotras nos despedimos ante su mirada
atónita : “nos van a dejar ir
solas ! ?”- preguntaron - “claro, las esperamos en dos horas en esta
misma esquina”.
Este acto vale
más que mil palabras sobre la confianza y la autonomía - a eso le apostamos -
es una vivencia. A las dos horas
exactas asomaron risueñas y conmovidas en la esquina señalada. Conversamos mucho rato sobre su vivencia,
estaban radiantes, habían experimentado muchas sensaciones y estremecimientos y
algo en ellas brillaba por saber que confiábamos en ellas profundamente. Cuando retornamos a la institución se
sentían orgullosas de decir que ellas ya podían ayudar a contactar chicas en la
calle.
Las
experiencias, son el alimento de la existencia, es a través de ellas que
construimos y transformamos lo que somos. Las vivimos de manera total, con el
cuerpo y la mente, nos hacen ser quienes somos. La posibilidad de crecer interiormente está alimentada por la
vivencia de experiencias que nos permitan una nueva percepción de nosotras/os y
del mundo en el que vivimos. Vivencias
transformadoras y no ideas racionalmente recibidas son capaces de hacernos
romper patrones de existencia. Eso no
significa que las ideas no sean parte importante de las experiencias y de los
cambios, pero no son suficientes. El
desarrollo Personal se propicia a través de experiencias concretas y reales que
permiten reparar, encontrar significados a sucesos y recuerdos, sentir el más
el cuerpo, en síntesis, conocernos
mejor.
palabras del corazón
Una de las
cosas que mas nos impresionó al realizar la fase inicial de investigación fue
el cúmulo de historias de vida de niñas y
jóvenes con vidas similares a
las de las guerreras. Historias transcritas de manera literal en las que se
suceden hechos terribles que luego son poco analizados o apenas quedan en el
escándalo y la denuncia. El
comportamiento de ellas al comienzo nos mostraba que creían que el hecho de
contarnos los hechos más escandalosos de su vida era una manera de agradarnos o
recibir aprobación. En una entrevista
nos contaron una anécdota terrible : estaban en un almuerzo al que habían
convidado jóvenes que ejercían la prostitución, como una manera de acercarse a
ellas. Una chica que quería más comida
se acercó a una de las coordinadoras y le ofreció que le contaba lo que
quisiera de su vida si le daba lo que deseaba.
La historia
contada de esa manera no tiene valor sanador.
No basta decirla, hay que darle nuevos significados y esto no se logra
cuando la narración viene precedida de una presión exterior o de una pretensión
terapéutica que plantea que decir es suficiente, no importa la manera ni el
sentido en que brote esta palabra. Esto
resulta aún menos cierto en el caso de ellas ya que han construido versiones “comerciales”
de su historia en la que dicen los mas horripilantes sucesos sin conmoverse.
Creemos que no es importante, para que una experiencia sea sanadora, la narración de los hechos en sí misma, sino la posibilidad de recorrerlos de nuevo para sí mismas y a veces para otras
personas, cuando esto sea sentido como necesario, cuando sea deseado, no por
adultos con deseos de salvarlas o, no faltan, de curiosear su vida.
Por eso aunque
la vida de las guerreras fue fluyendo a través de experiencias que las llevaban
a contactar su casa, sus raíces, su territorio (barrio, zona de la ciudad) su
rostro, su cuerpo, sus creaciones poéticas y gráficas, sus recuerdos de amor,
sus experiencias sexuales, sus aventuras en la calle, sus terrores...en ningún
momento partió de un interrogatorio o de una necesidad nuestra de información o
de una pretensión de que tenían que decir determinadas cosas para sanar las
heridas que habían dejado.
Y no es que la
palabra no sea sanadora, lo es y muy potente, pero tiene que brotar de adentro,
expresar una imagen, una comprensión de quien la pronuncia, comunicar su manera
de ver las cosas. Es en el ejercicio de
salir del alma a través de la voz o la imagen que van oxigenándose,
entendiéndose, conectándose. La palabra que surge forzada es una palabra
disecada y hecha para agradar o espantar al otro, es externa, ajena y por tanto
poco sanadora.
Por eso uno de
los instrumentos más importantes en este proceso fue el del Diario de cada
una. Estos diarios se convirtieron en
espacios de intimidad para expresar las vivencias, los recuerdos que iban
surgiendo sin la barrera de la censura externa o interna, sin temor al castigo,
sin buscar recompensas. La palabra que brota del corazón debe ser pura y
subjetiva y en ellas lo fue haciendo lentamente, de la misma manera como iba surgiendo
su lenguaje interior, su visión de si mismas, su capacidad de decirse, de
contarse.
Mientras
caminábamos entre ruidosas calles o en campos cubiertos de florecitas amarillas
su vida iba surgiendo en palabras susurradas, a veces húmedas. Cuando entrábamos al cuarto de Sofía y
veíamos sus fotos de pequeña - las demás casi no tienen - o nos contaba que en
ese pequeño patio había jugado con su hermano su vida iba fluyendo. Muchas veces nos agarraban del brazo y nos
contaban extensos relatos que por algún motivo surgían allí, a esa hora. Conversar fue uno de los modos más
permanentes y deliciosos de estar juntas.
Dejar correr el río
Ellas, como
muchos de nosotros/as, han aprendido que olvidar, no volver a mirar o no
detenerse demasiado en los dolores de la existencia, hará que
desaparezcan. Esta creencia es muy común y está alimentada por
la costumbre nacional de olvidar pronto las tragedias, el rostro de nuestros muertos y los terribles desastres que nos
azotan. El asombro por lo que sucede no cesa pero poco nos detenemos, tampoco
parecemos oír atentamente dentro de nuestro ser.
Frente al
extremo dolor de una joven que ha vivido tantos momentos tormentosos, muchas
veces sentimos deseos de ayudarlas a olvidar.
Ellas, que van con el ritmo de su edad y han aprendido que es
extremadamente peligroso detenerse, lo desean también. Entendieron que no vale la pena quejarse o
tratar de entender, les han sucedido cosas terribles desde que eran muy niñas y ante la ausencia de respuesta del mundo,
han corrido tan lejos como han podido.
Son seres jóvenes que han visto el horror de muy cerca y en situaciones
de poca protección.
Reconocernos,
mirarnos frente a frente, ver de nuevo eso que nos produjo horror es como
limpiar un río cargado de mugre. El río sucio se va estancando, el alma cuando
se carga de recuerdos negados va muriendo. Hacerlo requiere valentía y
confianza. La primera es parte del ser de las guerreras, la segunda renacerá si
viven experiencias de aceptación incondicional, son acompañadas a verse a sí
mismas y a aceptarse. La sombra, lo que
hemos negado, no es sino aquello que tememos. La de cada una es diferente, pero
fabricada con el mismo material : lo rechazado, lo inaceptado, lo
castigado, lo vergonzoso y sobre todo lo doloroso. Cada hilo de la sombra
guarda un pedacito de la totalidad del ser.
Entonces si hay
que ir al pasado desde vivencias conectadas al presente, permitiendo la
expresión con palabras del corazón, apertura y aceptación incondicional. Recorrer
la experiencia vivida sin juzgarla ni
explicarla, saber que es parte de nuestro ser y conectarnos con ella pero,
a la vez, dejarla ir, descargarla.
Entonces entra a formar parte de nuestra biografía y sin sernos
indiferentes no nos atormenta, la podemos mirar a la cara.
Ese recorrido
requiere de parte de quien acompaña, una solidaridad que va más allá del dolor
y puede acompañar desde la fuerza. Muchas veces esto no es fácil porque surgen
historias que suscitan rabia, terror, tristeza, deseo de protección,
impotencia. Todas hacen eco en quien
las escucha porque son la expresión de terrores humanos ancestrales. Por eso la solidaridad debe contener fuerza
y sabiduría para escuchar con total atención y apertura, sin juzgar y sin
fundirse con lo contado.
Es un ejercicio
delicado donde la confianza y la contención creada en la situación, deben
permitir que quien cuenta asuma su propia historia y la exprese como sienta
necesario. Llorar, gritar, quejarse, o
cualquier otra voz que acompañe la narración forma parte de su sentimiento
profundo, largamente guardado. Puede
ser que produzcan temor o ansiedad pero quien recibe debe creer y confiar en la
necesidad humana de expresión y en la regulación que todos tenemos.
Las emociones
no son partes extrañas, caprichosas, son parte de quienes somos.
La escucha
solidaria pero diferenciada se hace muy difícil por la necesidad que a veces
tenemos de “salvar” a la otra/o, cargar sus dolores, remediar sus penas o
borrar lo que ya fue. Renunciar
totalmente a la tentación de hacerse cargo del otro/a es uno de los mayores
actos de respeto y reconocimiento que podemos hacer. Sólo así los terrores
serán exorcizados y recogidos con nueva luz por quien los vivió. Son parte de
su ser que así como contienen dolor, contienen luz. En las épocas de mayor
tormenta experimentamos fuerza interior, capacidad de sobrevivencia, sabiduría,
nuevos dones. Ellos también se esconden
en los recuerdos terribles.
Con las magas
guerreras fue surgiendo una narración que se iba volviendo cruda y dolorosa,
iba surgiendo muy descarnadamente, muy directamente. Cada vez estaba más cargada de emociones, menos ajena. En el primer taller hicimos un ejercicio de relajación - de cuyas
dificultades ya hablamos - Angela, quien tiene una capacidad impresionante de
expresar lo que siente, contactó alguna imagen muy triste relacionada con sus
hermanas encerradas bajo la autoridad de un tirano y se puso a llorar
ruidosamente. Desde un rincón Nikole la
miraba con disgusto, las demás estaban angustiadas y querían hacerla reír como
fuera. Me acerque a Nikole y le
pregunté porque estaba tan molesta, me dijo sin mirarme que era “estúpido”
volver al pasado porque no tenía remedio y
ella jamás lo haría. Tan
sólo la escuche, entendí que en su
interior oscuros recuerdos pugnaban por salir y una muralla trataba de
mantenerlos escondidos. El llanto de
Angela era el de todas en ese momento aunque hacían grandes esfuerzos por
mantenerse en la euforia, en la negación.
Mucho tiempo
después Nikole me contó que llevaba
varios días llorando sola mientras escribía en su Diario, se veía despejada y
su rostro se había llenado de una nueva luz.
Al pasar el tiempo sus recuerdos fueron desfilando en conversaciones con
algunas del grupo -incluidas nosotras - y al salir parecían trapos guardados
por años que se desempolvan y vuelven a coger color. Muchos más horrores guardará su pequeño cuerpo de guerrera, pero
la puerta ha sido abierta y quizá poco a poco puedan volar y quedar como
recuerdos tristes pero descargados.
Cuando oíamos
las historias de las magas sentíamos vergüenza al pensar que en el mundo en el
que vivimos cada día miles de niñas sufren cada día al recibir la misma mezcla
de maltrato, abuso, abandono y violencia. Ellas sólo son siete de millones,
siete que aun pueden contar lo sufrido, siete que quizá - ojalá - no repetirán
en la siguiente generación los mismos horrores.
Mundo interior
Hemos dicho que
las guerreras están proyectadas hacia afuera en una actitud defensiva,
combativa y también seductora, manipuladora.
También hablamos sobre la historia que lleva a esta postura, a huir de
lo interior. Y aunque en ellas ese
rasgo es extremo, no es exclusivo, vivimos en un mundo que poco o nada nos deja
para la vida interior, la introspección, el autoconocimiento y el silencio.
Abrir una
ventana hacia adentro, percibirse como un ser que vibra con la vida y la ve de
manera única es entrar en contacto con una fuente inagotable de
crecimiento. Basta muchas veces
recorrer un lugar en el que se han vivido muchas cosas, pintar un sentimiento
sobre la silueta del cuerpo o escribir lo que sucedió ese día en un diario para
ir abriendo esa ventana e ir asomándose por ella.
Las guerreras
tenían pánico del silencio y de cualquier cosa que requiriera “mirar hacia
adentro”. De hecho con ellas poco
funcionan técnicas de relajación que
son adecuadas para personas adultas.
Por eso buscamos otros caminos, sutilmente el espacio se fue creando, el
silencio fue siendo posible para una mirada mas atenta de unas a otras y de
cada una a sí misma.
El silencio
brotaba en la medida en que la confianza basada en la profunda aceptación de su
ser fue ocupando el espacio y no eran necesarias las armaduras y las
evasiones. Mirar sin juzgar, observar
lo que decían o hacían respetándolas
sin imponer un punto de vista dio sus frutos : que ellas se
asomaran a su propio ser con más tranquilidad y descargadas de sensaciones de
culpa. Sólo así es posible comenzar a
labrar un camino interior.
Dedicamos uno
de los últimos encuentros, en una hermosa casa de campo en las afueras de
Bogotá, a tomar los retratos de cada una. Aunque ellas zumbaron, rieron y
gritaron como siempre, hubo momentos de verdadero contacto interior de cada una
consigo misma y del grupo con alguna de ellas.
Fue hermoso verlas concentradas poniendo adornos, haciendo encuadres,
prendiendo velas, atando velos. Cada una quería contar quien era, verse como
deseaban, como se ven a si mismas. Entonces por momentos callaban.
El retrato de
Angela desnuda fue un acto sagrado, es un retrato tan expresivo ! Para
lograrlo varias de ellas interpretaron sus deseos, colgaron velos rosa y azul,
trajeron flores, cepillaron mil veces el castaño cabello, la acomodaron para que se viera bella y se quedaron
calladas, respetuosas, conscientes de lo que sucedía, de lo profundo del acto
que Angela protagonizaba. Como ese momento fueron creándose varios, surgían de
una conexión profunda y a veces nos movían un lugar del alma que poseemos todos
y que nos señala cuando algo es sagrado, interior, absolutamente vital.
En la última
salida, como siempre conversando entre calles y mirando vitrinas, notamos algo nuevo, por primera vez iban
centradas en ellas mismas, agarradas de gancho, riendo y jugando sin prestar
mayor atención a los hombres que las miraban.
Estaban llenas de si mismas, contentas, afirmadas en su propio ser.
Contactar el
mundo interior no sólo enriquece nuestra mirada hacia cada uno/a sino hacia los
demás. Implica considerar la diversidad
de rutas de vida, sentir los destinos y comprender las fuentes de quién es cada
persona. Es conectarnos con el ser
profundo que nos habita y desde allí con el universo, con el alma de todos los
seres, más allá de clasificaciones y jerarquías.
Diario mío
Aprendiendo a amarme
Hemos nombrado
varias veces a lo largo de este texto los Diarios que desde el comienzo
formaron parte de la propuesta de crecimiento que vivimos con las
guerreras. El diario ha sido trabajado
con diferentes grupos y ha mostrado ser un recurso rico y nutritivo en muchos
sentidos.
El uso es simple :
se trata de invitar a que cada una escriba lo que desee sobre su vida en un
diario - un cuaderno - y también a que lo habiten con otras expresiones como
dibujos, papeles pegados, hojas... Por supuesto los diarios son totalmente
personales, inviolables y no pueden ser evaluados por nadie ya que están hechos
de una materia sutil que solo quien lo escribe puede comprender. Eso no niega la opción de que alguna lo
comparta con la amiga, con una adulta/o, pero lo debe hacer de manera libre,
espontánea y sólo lo que desea.
Los diarios de
las guerreras se llenaron de marcas, colores, dibujitos, corazones con nombres
cruzados con flechas, fotos de salidas y reuniones, papelitos recogidos por
ahí. Se llenaron de señales de la vida,
de guiños. Lo que los iba liberando y
enriqueciendo era el hecho de mantenerlos cerca, dejar espacios durante los
encuentros para escribir en ellos o adornarlos y el respeto a la plena libertad
a la manera de hacerlo cada una.
También fue
motivante que eran cuadernos bonitos, cómodos para escribir, con ilustraciones
y calcomanías al final. La belleza en
los materiales que se usa en estos procesos es importante, invita a valorar lo
que allí se guarda, a hacerlo con cuidado.
Es así como pueden ir aprendiendo a tratar la materia de su vida, como
algo bello, sagrado, delicado.
La escritura
del Diario es un medio privilegiado para contactar el mundo interio y darle un
lugar tangible y concreto. A través de
él pueden ir dibujándose un rostro y un lugar natal, propio e inviolable. Ese es el sentido último del mundo interior
que conquistamos, que nada ni nadie podrá arrebatárnoslo, nos hace soberanas de
nuestro ser, propietarias de un espacio único.
El diario
permite fundar un refugio propio con la seguridad y la libertad que debe tener. Como refugio permite relajar defensas y
expresarse de manera más libre, sin temor al juicio de otro. Poco a poco se va venciendo también el
juicio propio y se va dando más vuelo a la expresión. Un refugio contiene , acepta, recibe con amplitud y calidez.
También sirve
como vehículo de reconocimiento.
Escribirse y leerse son actos impresionantes para captar quienes somos y
nuestra manera de ver el mundo. Muchas veces al pasar por las páginas de un
diario nos estremecemos, a veces con una sonrisa, a veces con horror. Es vernos desde una distancia que no implica
hacernos ajenas pero si nos da perspectiva.
Condiciones éstas de cualquier acto de reconocimiento.
Fundar una
mirada sobre sí, expresarse, reconocerse,
darse tiempo para procesar la vida, dejarle tiempo al silencio son artes
del vivir. Artes, que como decíamos al
comenzar este texto, hemos olvidado o nunca aprendimos. Un diario es un buen espacio para reaprenderlos.
Es por esto que
Aprendiendo a Amarlas va acompañado
de un Diario : Aprendiendo a amarme. Es un cuaderno que creamos a partir de la
historia y las expresiones de las guerreras.
Quiere invitar a que ellas funden una “Habitación Propia”[26],
a que vayan construyendo su propio refugio, uno que no pueda ser jamás
devastado.
Decir adiós
La mesa estaba
poblada de multicolores helados, como siempre la agitación y la risa
imperaba. Conversábamos sobre un
episodio en el que habían entrado en conflicto con las normas institucionales -
durante la semana anterior -. Opinaban,
discutían, contaban lo sucedido y proponían soluciones. En el ambiente flotaba la pregunta de
si las íbamos a regañar - era lo que
les habían dicho, que estabamos decepcionadas de ellas - y era una pregunta
vital : íbamos a usar nuestro poder de control el último día ?. Nosotras le pusimos palabra y se las
devolvimos : qué creían ellas ?.
Una sonrisa
relajó el aire, unas confesaron que
tenían miedo, otras decían que no, que ellas sabían que conversaríamos y les
preguntaríamos, otras acusaban a alguna por no creer en nosotras. La risa devolvió a los rostros la luz que
siempre tenían en los encuentros desde hacía algún tiempo. Volvimos sobre el tema del problema y entre
todas pensamos alternativas. Varias
teníamos ganas de llorar, nunca más volveríamos a estar juntas de ese modo que
aprendimos a gozar tanto. Ese día se
acababa un ciclo y la vida de todas cambiaría.
Nos despedimos
respetando el pacto que desde el primer día formulamos sin palabras : jamás usaríamos nuestro poder para devastar
su espíritu, costara lo que costara respetaríamos su alma de magas guerreras.
La vida contiene a la muerte. Todo nace y muere. Todo comienza y termina.
Comprenderlo fortalece nuestra capacidad de disfrutar el presente, fluir
con la vida sin tratar de empujarla ni frenarla. Un proceso de enriquecimiento interior tiene límites en el
tiempo, demarcados desde el comienzo e inevitables. Como refugio esta
experiencia es temporal, nos permite sanar un alma herida y aprender maneras de
seguir caminando sobre nuestros propios pies, con el viento de nuestra vida. El
saber viene de adentro y cuando lo liberamos nos permite vivir la vida
creciendo en ella, con ella.
Decir adiós,
decirles adiós magas guerreras, sabias maestras. Adiós y gracias por dejarme ver su luz y protegerme con su
fuerza. Gracias por alimentar mi
ser. Gracias por caminar conmigo y
profundizar mi fe.
Poemas
Mara
Niña solitaria en medio de la oscuridad.
Ojos de
águila, paso de luchadora, palabras certeras.
Una bruma cubre tus pasos,
una confusión grita entre tus ordenadas palabras
Algo turbio quiere ser visto,
algo que te pesa y te amarra.
Tienes tanta luz que los vampiros te cercan,
cedes a sus
chillonas voces
que te dicen cosas deseadas.
Vuelve a tu centro,
no regales tu luz a los inmundos.
Mara,
poderosa águila luchadora,
si vieras sabrías
que ese
vientre sencillo que te parió y te avergüenza,
también te dio la luz y la tibieza de tus ojos.
ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ
Sofía
Quizá porque te sabes viento
calzas enormes y negros zapatones
Dulce, bella, santa, menuda
Aire sonriente.
Tu pelo río, tu pelo agua.
Tu trampa es la inocencia,
tu ruina es la misma de todas las de tu estirpe.
Has sido preservada en medio del infierno
Maga de la luz
guardada en una torre para ser virgen, pura,
intacta
Bella Sofia del día,
has sobrevivido al horror
y a las calles habitadas de moribundos y poetas
mudos.
Deja a tus
pies alimentarse de la tierra, madre y ataúd, negra.
Deja a tu
vientre llenarse del fuego.
Deja al poder de la oscuridad precisar tus rasgos,
pequeña maga de agua y aire
Entonces,
brotarán
raíces en la planta de tus pies
y ondularas
al viento
hhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
Xiomara
Princesa de negro marfil,
relampaguea el verde de tu portentosa mirada.
Caminas sobre el mundo,
ciego mundo
que no ve que eres reina, diva, maga.
Sabes, como nadie, volverte invisible,
pantera escurridiza que aprovecha su color
para hacerse parte de la noche.
Temen tu poder proveniente de selvas húmedas
donde las palabras solo tienen la fuerza que les
concede el viento.
Xiomara,
reina, diva, maga.
Ana
Cuerpo barrotes
espalda muralla
palabras
delirio
risa escape
Estas
agazapada en un lugar remoto,
posada en un pequeño terreno enmarcado por la última
luz.
Ana sin nombre
ni voz
Angela torturada
No había nadie en la mañana, nadie en la noche,
nadie.
Casa desecha, vida podrida.
Circulo de sobrevivientes agarradas al ultimo
suspiro,
escondidas
tras risas desaforadas
Ana, anita, despierta, ven,
no te recibirá un golpe,
afuera hay calma.
Sal de allí pajarita,
déjanos ver
que lo que guardas son tus alas
intactas,
frágiles, pequeñitas.
Déjalas llenarse de aire y luz
angela ana
sin voz ni nombre.
mmmmmmmmmmmm
Nikole
Tan pequeña y tan dura
Tan oscura y
tan bella.
valiente guerrera de las Cruces
hermosa
habitante de los rincones de esta inmunda ciudad.
Corazón
herido y enjaulado.
Lagrimas.
Silencio.
Deseo de
exiliarte de tu propia vida
Cicatrices de
guerra te cubren
telarañas de
humo te enturbian
tu brillo se
cuela triunfante ante la muerte
y el abismo
al que tanto amas
Cuando me
miras
se que entre tu y yo se teje un pacto infinito
una lealtad
de fuego.
Valiente guerrera
YYYYYYYYYYY
Rosa
Asesinada por la ausencia de tu padre y la traición
de tu madre.
Primera muerte de la que brotó una fuerza salvaje
y el deseo de huir entre callejuelas y oscuridades
No recuerdas
tu verdadero nombre,
está oculto
bajo capas de llanto no llorado,
gritos silenciados, rabia contenida.
Viajera
sobreviviente.
Ojos
aniñados, cuerpo atormentado
Atada a una
pregunta.
Buscas
refugio bajo el brazo del asesino,
nadie te
enseñó a distinguir a los depredadores.
Traicionada por aquella que te tuvo en el
vientre
Prefirió al que violó tu ultimo refugio,
a ese cuyo aliento ebrio te persigue en las noches.
Sabia sobreviviente,
viajera de la
noche
pido para ti el don del perdón
para que
comprendas la trampa que la hizo traicionarte
y no sigas
ciega tejiéndola alrededor de tu cuello
bbbbbbbbbbbbbb
Angela
Escapaste al encierro rojo,
al imperio de un dictador
que vende flores de amor
mientras encarcela niñas y asesina sueños.
Vidente
enamorada
voz sagrada
Sabes la ruta
de salida,
quieres guiar a tus hermanas
escondidas
en la cocina oscura, en la cárcel roja
Angela,
arcangela
diosa poderosa que mata al tirano
Arcangela de la montaña
sonrisa de
dios
valiente
muchacha
No olvides
el rostro del exterminador
no caigas dormida de nuevo en sus brazos
Angela, Arcangela manténte despierta
guías a
muchas niñas ciegas,
a muchas hermanas asustadas.
@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@
[1] La experiencia se dio en la ciudad de Bogotá y casi todas las jóvenes son urbanas. Esto diferencia al grupo de grupos de niñas provenientes del campo o de pequeñas ciudades. Igualmente se trataba de niñas y jóvenes que habían entrado al mundo de la prostitución por decisión propia - aunque forzadas por circunstancias - y no habían sido raptadas o vendidas como sucede en otros casos.
[2] Se trata de la “Ciudadela Maria Micaela” que nos apoyó con amplitud y confianza.
[3] Citado por Gloria Steinem en : Revolución desde adentro, Un libro sobre la autoestima, Gloria Steinem, Anagrama, Barcelona, 1995
[4] Thomas Moore, El cuidado del alma, Urano, Barcelona, 1992
[5] En la jerga de la calle un “hacer un rato” se refiere al encuentro sexual con un cliente.
[6] El collage es una “composición pictórica o cartel realizado por el procedimiento de pegar sobre el lienzo o tabla diversos materiales, especialmente recortes de papel” Diccionario Planeta de la Lengua Española Usual, Editorial Planeta, 1982
[7] “Revolución desde adentro” Un libro sobre la autoestima, Gloria Steinem, editorial Anagrama, Barcelona, 1995
[8] “Diagnóstico preliminar sobre la situación del menor de edad prostituido o en peligro de serlo” 1993- 1994, Procuraduría Delegada para la Defensa del menor y de la familia, Ministerio Público, Procuraduría General de la Nación, Rep. De Colombia.
[9] “Reviviendo a Ofelia (o como salvar a la niña adolescente) de May Pipher, Ph.D, Grupo Editorial Norma, Colombia, 1997
[10] Es importante anotar que la calle en una ciudad como Bogotá tiene una densidad y una complejidad que es variable en otras ciudades.
[11] Marcela Lagarde, Los cautiverios de las mujeres : putas, madre - esposas y locas, Universidad Autónoma, México, 1993.
[12] Ibid. Nota anterior.
[13] Alexander Lowen, La depresión y el cuerpo, Alianza Editorial, España, 1972.
[14] Ibid. Nota anterior.
[15] Ibid. Nota 10
[16] Alexander Lowen, ibid nota 14.
[17] Gloria Steinem, ibid nota 4
[18] Investigación participativa con trabajadores/as sexuales de la localidad 14 y sus alrededores, Equipo de investigación N.E.S, Departamento Administrativo de Bienestar Social del Distrito, 1998.
[19] Es el sistema en el que se tienen las pistas de canciones muy conocidas, un vídeo que ilustra la letra y un micrófono para que quien lo desee pruebe su voz en un escenario.
[20] Ver nota 7
[21] Gloria Steinem Ibib. nota 4
[22] En “Artesanía de la Vida” ya citada, se encuentran propuestas alrededor de 80 experiencias posibles que pueden ser consultadas y adaptadas a los diferentes grupos.
[23] “Como crecer superando los percances” Resiliencia : capitalizar las fuerzas del individuo, Stefan Vanistendael, Cuadernos del Bice, Oficina Internacional Católica de la Infancia (BICE), Ginebra 1995
[24] Durante el trabajo con el grupo las dos facilitadoras llevamos un Diario de Campo que nos permitió recoger y luego sistematizar la experiencia.
[25] Gloria Steinem, ibid
[26] Título de un libro de Virginia Wolf que trata sobre la necesidad de las mujeres de contar con medios que les permitan una independencia para así poder expresar su creatividad.