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aprendiendo a amarlas

 

 

 

Una experiencia de desarrollo personal con niñas explotadas sexualmente o en riesgo

 

 

Mónica Tobón Coral

 

 

 

 

A las siete magas guerreras

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OIT   Programa IPEC

Fundación Antonio Restrepo Barco  

 

 
CONTENIDO

 

Presentación (Institucional)

Introducción

 

Capítulo 1 :  Desarrollo Personal : Alimentando el alma

 

Capítulo 2 : Creciendo a la Intemperie

 

Sentirse sola 

Huyendo despavoridas

 

Capítulo 3 :  Retratos

 

Mareas altas y bajas 

Ideas y visiones 

Cuerpo Tatuado 

Tejiendo vínculos

 

Capítulo 4 : Un viaje juntas

 

Un comienzo movido 

Reconociendo el territorio 

Tómeme una foto, si ? 

Pasar rico 

Expresarse

Cuerpo mío 

Nuestro mundo, otros mundos

 

Capítulo 5 : Lo aprendido

 

Un amor incondicional

Romper esquemas

Vivir la vida

Palabras del corazón

Dejar correr el río 

Mundo interior

Diario mío : Aprendiendo a amarme

Decir adiós

 

Postdata

 


Introducción

 

Al caminar a cualquier hora por las calles del centro de Bogotá, van apareciendo jovencitas que recostadas contra la pared de una residencia o en el muro de cualquier esquina repiten el rito milenario de mujeres que ofrecen su cuerpo por unos pocos pesos.  Todas llevan el pelo largo y suelto, falda muy corta y labios rojos.  Parecen mayores pero su mirada las traiciona : apenas acaban de dejar la infancia. Son también ancianas, su vida ha corrido rápido, muchas ilusiones han sido ya aplazadas.

 

Quizá por eso al nombrarlas la palabra “niña” les queda extraña, pero tampoco les calza aún la de “mujer”.  Están viviendo esa etapa en que se transita de un nombre a otro - entre los doce y los dieciocho años - pero sobre todo su vida ha recorrido territorios y vivencias donde pronto la infancia debe ser relegada. 

 

Cómo llegan éstas jóvenes a la vida azarosa y devastadora de la prostitución? En general esta pregunta ha sido abordada desde la perspectiva de las carencias materiales y los procesos sociales de amplio espectro que contribuyen a la creación de la situación, así como desde el análisis de elementos culturales que crean su escenario.  Sin embargo ha sido muy poco abordada desde el punto de vista de lo que sucede en al alma de las niñas que allí transitan. Con excepción de algunas miradas que convierten un destino creado por una sucesión de experiencias socialmente configuradas, en una patología individual y se atreven a señalar como “enfermas” a éstas chicas.

 

La hipótesis central que guió este proyecto fue que cuando una niña “vende” su cuerpo a un desconocido, ya su alma había sido herida de muerte y una parte de su ser había sido acallada con la más brutal experiencia cotidiana.  Es decir, que para comprender el rumbo tomado es vital  conocer los desgarramientos interiores que  marcan la huida a la calle, el desprendimiento de las raíces y el ingreso a este mundo. La exploración de este proceso es lo que se propone abordar el trabajo en el plano personal.

 

Es importante subrayar que la sucesión de experiencias que llevan a dicho camino es común a un numero muy grande de niñas, lo que demuestra que se trata de una realidad social que responde a patrones culturales colectivos y no de una problemática individual - aunque su vivencia lo es - ni mucho menos de una “desviación” psicológica.  Establecer esto es muy importante : trabajar en el plano personal no significa reducir los problemas sociales a problemas individuales sino comprender de manera más profunda el tejido complejo de la realidad humana.

 

Abordar el plano personal de una problemática colectiva de gran escala - como lo es la explotación sexual de niñas - nos permite encontrar los escenarios donde toman cuerpo las tramas sociales y donde anidan las vivencias y los imaginarios que sostienen la cultura.  Desde allí, así como desde otros planos, podemos comenzar a revisar y transformar verdades encarnadas sin mucha conciencia que determinan la vida llevando a la repetición eterna de dolorosos patrones.

 

Lo personal está conectado con lo colectivo, lo interior con lo exterior, lo subjetivo con lo consensual.  Sanar el alma individual ayuda a sanar el alma colectiva. En general tendemos a pensar el movimiento contrario y el cambio se visualiza como algo operado “desde afuera”, sobre las grandes estructuras sociales, en las instituciones.  Aquí entramos a formar parte de una tendencia que propone el movimiento contrario, no de manera antagónica sino complementaria.   Es decir, el cambio “desde adentro”.

 

Hay muchos temas entrelazados en el escenario de la explotación sexual de niñas que son vividos en el plano personal haciendo eco a fuertes trazados de la vida colectiva.  Estos temas se relacionan, entre otros, con las formas de vivir la sexualidad y las identidades y los vínculos entre hombres y mujeres, las maneras como habitamos el cuerpo y las ideas que tenemos sobre la felicidad y el bienestar.  Las transformaciones en dichos temas deben hacerse en el plano colectivo pero también a través de una toma de conciencia personal.

 

En el caso que nos ocupa este abordaje personal podría hacerse con varios actores - padres y madres, hombres “clientes” -,  elegimos explorar la experiencia directamente vivida por las niñas.  Es con ellas como centro que nos acercamos, desde su mirada, desde su biografía.  El horizonte no era meramente explicativo, queríamos más bien recoger y ordenar elementos que permitieran comprender la manera como la vivencia en el plano personal incide en que la vida de una niña tome un giro hacia experiencias tan destructivas del alma y el cuerpo como la prostitución.  Más allá de esta intensión, queríamos identificar algunas claves que permitieran enriquecer los acercamientos que buscan aportarles para la construcción de alternativas de vida. 

 

La hipótesis quedó plenamente confirmada : las vivencias tempranas crean el escenario propicio para una huida - que no se limitará a los espacios exteriores sino que construirá una manera de vivir y una topografía interior - que con gran probabilidad desembocará en el mundo de la prostitución o en otros enormemente riesgosos para el crecimiento de la niña.  Encontramos trazados comunes en sus vidas, heridas similares, terrores compartidos, historias reiteradas que, como ya mencionamos, señalan arraigados patrones colectivos.  También hallamos pistas para acompañarlas a comprender su historia, sanar sus heridas y torcer su oscuro destino.   Son éstos los temas del presente texto.

 

En este camino recogimos elementos de muchas fuentes : investigaciones, testimonios, entrevistas y una experiencia de enriquecimiento del desarrollo personal con un grupo piloto.  Existe un saber en manos de personas sensibles que han transitados éstos caminos por largos años, es un saber que integramos al texto.  Contamos para este esfuerzo con el apoyo de dos instituciones de Protección que llevan largo tiempo buscando alternativas para la intervención con la población mencionada.

 

Indagamos sobre la vida de jóvenes con experiencia en prostitución y aunque esta intensión siguió en el centro, nos dimos cuenta de que su situación es similar a la de muchas niñas que tienen vínculos precarios o inexistentes con espacios de protección y viven una vida en fuga vinculadas con el mundo de la calle.  Algunas terminan en prostitución, otras en pandillas, como “mulas” de la mafia o en relaciones amorosas nefastas, con todas sus oportunidades disminuidas.  Creemos que si bien cada opción va a definirles caminos de vida y a depararles  realidades diferentes, entre todas ellas existen similitudes que permiten ampliar el alcance de las conclusiones de la experiencia realizada a otros grupos como los señalados. A esto contribuye que estamos hablando de niñas y jóvenes que apenas inician éstos senderos.

 

Las experiencias vividas se dieron con un grupo[1] que se encontraban en una institución de Protección[2], bajo una medida legal, esto delimitó algunas características del abordaje y de la situación pero creemos que el sentido del trabajo puede ser igualmente útil para desarrollar experiencias de enriquecimiento del Desarrollo Personal con grupos en medios escolares, en la calle, en comunidades.  Esto daría al trabajo un carácter mas preventivo de las situaciones que veremos más adelante y que llevan a tantas niñas y jóvenes a dolorosas existencias.

 

Los encuentros de exploración de caminos para enriquecer el desarrollo personal que mantuvimos durante cinco meses con un grupo de siete jóvenes, nuestras maestras, nos permitieron ampliar los confines de nuestra alma y nuestra mente y comprender que lo que verdaderamente sana el alma son experiencias de amor incondicional que han escaseado en su vida y que no es fácil darles por razones que poco a poco les contaremos. Por eso bautizamos este texto Aprendiendo a Amarlas y porque esperamos que sirva para que personas cercanas a niñas como ellas les brinden una oportunidad de aceptación y reconocimiento profundo.

 

Le hablamos entonces a educadoras de las instituciones encargadas de estas poblaciones, a las madres y los padres, a psicólogos/a, a maestras/os y también a otros adultos/as cercanos en los que ellas intentan confiar.  A cualquier persona que tenga la oportunidad de convertirse en un refugio seguro para una de estás niñas y permitir que aprendan a volar sin hacerse daño.

 

Partimos de una de las frases que iluminó nuestro camino “Para que sea posible salvarnos, señala Alice Miller, sólo se requiere una condición : que al menos una persona haya respaldado nuestros auténticos sentimientos en la infancia, indicándonos que nuestro auténtico yo era visible para los demás y realmente existía[3] Basta una persona que las ame auténtica e incondicionalmente. Oportunidad que muchas veces no llega.  Por eso hablamos a todos, para desbordar fronteras académicas o institucionales y llegar a esa persona que está al lado de una niña sin refugio, para que la mire y aprenda a amarla y para que haciéndolo aprenda a amarse a si misma.

 

Queremos narrar una experiencia, no decir verdades ni dar técnicas rígidas sino compartir una vivencia e iluminar otras que deberán ser emprendidas de acuerdo a las circunstancias y las posibilidades. Como veremos, cada experiencia que busca aportar al crecimiento interior es singular, única. 

 

Como complemento de Aprendiendo a amarlas, se ha elaborado un Diario para ser entregado a las niñas y jóvenes que participen en grupos de Desarrollo personal.  El Diario ha sido usado en diferentes experiencias y ha mostrado ser un apoyo para procesos claves como los de reconocimiento, expresión y conexión interior.  Aprendiendo a Amarme, ha sido elaborado utilizando como alimento las obras que realizaron las siete jóvenes del grupo con el cual se trabajó.

 

El presente texto tiene seis capítulos. En el Capítulo 1 : Desarrollo Personal : Alimentando el Alma, vamos a presentar una síntesis del enfoque que guió los procesos de Desarrollo personal realizados.  Este enfoque ha sido trabajado con otros grupos y se ha ido enriqueciendo con todas éstas experiencias.  Este capítulo busca dar elementos conceptuales tanto para guiar la comprensión de la narración de la experiencia con las niñas como para que las personas que deseen emprender procesos similares puedan identificar los sentidos que proponemos.

 

En el Capítulo 2 :  Creciendo a la intemperie contaremos las vivencias que son comunes en la infancia de éstas jóvenes y la manera como la huida termina un periodo marcado por la soledad y la sensación de no tener un lugar donde refugiarse. Aunque nos referiremos a las siete jóvenes que nos acompañaron, en realidad construimos historias que dan cuenta de los rasgos que observamos una y otra vez en la literatura sobre el tema, en grupos más amplios de niñas  y que conversamos con personas de mucha experiencia. Este capítulo permitirá comprender las heridas que son comunes a estas niñas, heridas que deben ser sanadas durante un proceso de Desarrollo Personal.

 

En el Capítulo 3 : Retratos vamos a narrar quienes son estas chicas en el momento actual, cuando tienen entre doce y dieciocho años, y han pasado por duras experiencias de vida.  Narraremos su manera de ver la vida, de relacionarse y las huellas que han quedado en su cuerpo y en su alma. Esta narración apunta a permitir una mayor comprensión de sus maneras de ser y a facilitar el contacto con ellas hacia la construcción de vínculos más amorosos.  Para quienes deseen realizar o enriquecer  procesos de crecimiento interior con grupos similares, este capítulo puede servir de guía para conocerlos. Sin embargo, nada reemplaza el contacto directo, la apertura amorosa y la capacidad de aceptación, que son bases para éstos procesos. 

 

Después vamos a contar la experiencia de encuentros con el grupo mencionado en el Capítulo 4 : Un viaje juntas.  Experiencia que nos rompió esquemas y certezas sobre la manera de hacer este tipo de procesos y nos obligó a ser creativas y a buscar en el fondo de nuestras almas lo mas sutil y rico de nuestra capacidad de amar.  Contar una vivencia específica busca revelar algunas rutas posibles para la realización de los encuentros de Desarrollo Personal, sugerir alternativas concretas de actividades y sobre todo, inspirar la exploración de caminos fructíferos para los diferentes grupos.

 

En el Capítulo 5 : Lo aprendido  sintetizaremos los aspectos que la experiencia nos enseñó o nos ayudó a profundizar con respecto a la manera de llevar a cabo procesos de desarrollo personal con grupos como el que nos acompañó. Se centra en aspectos metodológicos específicos y sirve como base para el diseño de otras experiencias.

 

Por último una Postdata presenta algunas reflexiones que quedan después de la experiencia vivida y que queremos compartir para tender un hilo y encontrarnos con muchas voces que seguramente están empeñadas en la búsqueda de mejores maneras de ser humanos y de formas más armónicas de habitar este planeta azul que nos fue destinado.


Posdata

 

Cuidar el alma, cuidar el mundo.  Sanar el alma, sanar el mundo

 

Al culminar la travesía que se cuenta en Aprendiendo a Amarlas quedan abiertos muchos caminos y preguntas para proseguir la marcha. Hay tantas niñas creciendo a la intemperie con un nudo interior que las convoca a huir despavoridas.  Tantas que ya rompieron sus lazos y viven en precarios mundos resguardando su alma y bordeando abismos.  Son muchas y no disminuirán mientras no transformemos perversas maneras colectivas de relacionarnos, pensar y desear.

 

Hemos construido un mundo en el que el poder proviene de la fuerza para someter al otro, a la otra. Esto sucede de las maneras más brutales pero también de las más sutiles. Al perder el contacto con nuestro interior, con la fuerza que nos impulsa y orienta, nos volcamos hacia afuera, buscando que lo que tenemos, lo que hacemos y, sobre todo, el poder que portemos frente a otros, nos den un lugar en el mundo. Mientras sigamos actuando desde esa lógica, no se abrirá un camino de transformación de hondos dolores que nos aquejan individual y colectivamente.

 

La violencia que desangra nuestro país causada por el enfrentamiento entre hombres uniformados de diferentes colores e idéntico espíritu, está conectada con esta otra que detrás de paredes también nos desangra.  Hay un continuo entre ambas, son de la misma materia, siguen la misma lógica.  Es la lógica de la oposición y del poder ganado con la fuerza y la devastación del otro/a. El antagonismo sólo acarrea violencia.  Hay que trascenderlo radicalmente para romper sus designios.

 

Los profundos desgarramientos que anudan el destino de las guerreras, provienen de muchas generaciones de hombres y mujeres en guerra, oprimidos, rabiosos, sin oportunidades de desplegarse plenamente, agotados, sin espacios ni saberes que les permitan reconocerse y quererse.  Pero como repetimos varias veces, no se trata de grupos aislados de personas, se trata de maneras colectivas de ser en las que algunos pagan el precio más alto. 

 

El gesto de un padre violando a su pequeña hija, el de una madre defendiéndolo, el de un hombre pagando a una niña por sexo, son gestos que repudiamos pero con los cuales estamos comprometidos porque participamos en formas de actuar y pensar que los crean y los mantienen. La cultura es un tejido complejo donde cada hilo se trenza con muchos otros.

 

Debemos repensar las maneras como nos hacemos mujeres u hombres, como hemos construido los vínculos entre ambos, como hemos aprendido a vivir la sexualidad, el valor que le otorgamos y los imaginarios que la rodean.  Revisar la mirada que ve a los seres y objetos del mundo como despojados de alma y por tanto sujetos a una “lógica de mercado”.  Detenernos en ideas que hacen a los niños y las niñas patrimonio de padres y demás adultos para ser moldeados  con la violencia que se requiera sin tomar en cuenta su ser auténtico.  Mirar de nuevo lo que creemos que debemos aprender para ser felices, para vivir plenamente. 

 

Caminando con las guerreras por calles ruidosas y densas,  mientras conversábamos de todo un poco, sentíamos con profunda claridad que aunque las carencias materiales han sido duras y han limitado su vida, son sus corazones heridos, sus visiones restringidas, sus cuerpos amurallados, sus ilusiones rotas lo que les arrebata verdaderamente la oportunidad de volar.  Tenemos también que construir refugios que les permitan sanar y construir otros caminos de vida. 

 

Un refugio, como hemos dicho, está construido con vínculos y experiencias que garanticen libertad y seguridad absolutas.  Libertad que se alimenta de la plena aceptación, el amor incondicional, de quienes son y como son las guerreras - o cualquier persona que busque sanar sus heridas - y que parte del convencimiento de que al interior de cada uno se encuentra una fuerza que al ser desplegada se convierte en sabia guía. Crear un espacio que de seguridad implica partir de un pacto irrenunciable : jamás se utilizará el poder para devastar el espíritu de quien se encuentra en una situación de desventaja. Es decir, siempre será posible la confianza, el respeto y la comunicación abierta.

 

Estos refugios pueden ser creados en muchos espacios : hogar, escuela, instituciones de protección, la calle, comunidades, grupos de pares, experiencias culturales. Requieren personas convencidas de la infinita posibilidad humana de amar y desplegar su ser, capaces de reconocerse a sí mismos, abrir su alma y escuchar.  Vínculos donde se de total prioridad a las profundas necesidades de aceptación y expresión, por encima de fines utilitarios y autoritarios.  Lugares donde el poder provenga de un contacto interior y una conexión con la vida y no del control sobre el otro/a o la determinación unilateral del devenir. 

 

Colectivamente tenemos arduas tareas para garantizar que ni una niña más se vea abocada a partirse en mil pedazos y deambular sin refugio.  Cada uno también tiene tareas : recorrer un camino de desarrollo personal para sanar sus heridas, aceptarse plenamente y aprender así a amarse un poco más.  Sólo el amor que nos damos puede ser dado a otros y puede ayudar a sanar el mundo. 

 

 


 

GRACIAS

 

A Virginia Salcedo, compañera imprescindible de este viaje, portadora de una rara capacidad de brindar amor.

 

A las Instituciones de Protección “Ciudadela María Micaela” y “Renacer”, por permitirnos aprender de su experiencia labrada con mucho esfuerzo.

 

A la Hermana Esther, mujer iluminada que sabe que el amor sana y que nos entregó su fe sin reservas.

 

Al Comité Técnico - Angela María, Olga, Adriana, Margarita, Ana María, Tatiana - con quienes literalmente parimos este proyecto.

 

A  Ana María Arenas, German Moreno y Nora Segura quienes con generosidad nos contaron sus reflexiones y nos dieron pistas para nuestra búsqueda.

 

A Natalia Angel, Jaime Cifuentes y los visionarios raperos de “Ritmo Acción y Poder” y “Bajo Territorio” por compartir amorosamente con las guerreras los caminos de su vida.

 

A Luz Helena y Oliver por convertir este texto en un bello objeto y ayudarle a decir lo que desea.

 

 


PARRAFOS AGREGADOS

 

Capítulo 1

 

1. (Inmediatamente bajo el título Rutas de Desarrollo Personal)

 

En las experiencias que buscan alimentar el crecimiento interior las rutas que a continuación presentaremos, constituyen los sentidos por los que se transita, los procesos que se quiere estimular.  Muchas veces una misma actividad contiene varias rutas, muchas veces forman parte de la manera de llevar a cabo los encuentros, de establecer las relaciones, de tomar las decisiones.  Siempre se trata de experiencias, vivencias concretas, y no discursos expuestos o discutidos con los grupos, aunque en el proceso pueden surgir reflexiones y conversaciones en torno a ellos. 

 

2. (En sección Rutas de ...Después de los tres párrafos de Recuperar saberes y antes de vivir relaciones más amorosas)

 

 

Elaborar un punto de vista, una mirada personal, constituye una intensión importante en las experiencias de Desarrollo Personal. Se trata de alimentar una voz propia lo que significa dar espacio para que surjan de manera libre las visiones, percepciones, ideas de cada persona y brindar reconocimiento y validez a éstas expresiones.  Esta voz permite que construyamos comprensiones tanto de la vida individual como del complejo mundo en el que habitamos. 

 

 Implica una actitud activa frente a la realidad, una actitud de pregunta y reflexión así como de credibilidad frente a si mismo o misma.  Tener una voz propia no significa ni asumir que se posee la verdad, ni permanecer aislado, supone más bien que se tiene un punto de vista para entrar en dialogo.  Este es un requerimiento para la construcción de relaciones más igualitarias y también para enriquecer constantemente la posición personal  frente al devenir de la existencia personal y colectiva.

 

El escenario donde surgen voces más autónomas lo crean el convencimiento de que la realidad es percibida de maneras subjetivas y de que las diversas formas de hacerlo son validas, enriquecedoras y vitales.  No hay una verdad, sino un proceso continuo de acuerdos y pactos intersubjetivos.   Este convencimiento es básico para facilitar la construcción de relaciones democráticas y seres más autónomos.  Obviamente atenta contra visiones autoritarias que se asumen como única verdad.

 

En términos de crecimiento personal, sentir y alimentar una voz propia exige la ruptura con un modo pasivo de vivir que aunque es en apariencia fácil, es tremendamente empobrecedor.  Así, implica poner en duda, volverse a preguntar, lo que se considera en el colectivo como verdadero, deseable, aceptable y bello y construir perspectivas más complejas que den espacio a los matices, a la diversidad humana, a la singularidad.  También implica asumir una postura frente a las determinaciones que van dibujando el camino de la vida propia, romper con la idea de que las rutas establecidas y legitimadas son las únicas y preguntarse por su pertinencia para el despliegue del ser profundo y la realización del destino personal.

 

 

 

3.   (Capítulo 4, sección, Tómeme una foto, si ?)

 

Muchas veces, éstas identidades representan para las niñas los rostros que de manera más autónoma han asumido. Están relacionadas con la lucha por ganar y mantener un lugar dentro de jerarquías en un mundo donde el “respeto” a la posición de cada cual es un rasgo altamente valorado y ganado por medios muy violentos.  Para ellas no se trata de meras máscaras sobrepuestas, tienen un sentido y han significado una construcción , si bien pueden también servir como nuevas armaduras contra el dolor. En la calle han vivido experiencias que las han marcado profundamente, su ser ha ganado nuevos pliegues y los sucesos, muchas veces terriblemente dolorosos, han tatuado su memoria y su piel.

 

4. (Idem)

El reconocimiento y la plena aceptación de quienes somos ayudan a sanar poco a poco las heridas causadas por el rechazo, el abandono, el maltrato y la continua exigencia de que nos comportemos de determinadas maneras. Una mediación importante para este proceso proviene de la relación con personas significativas que mantienen una actitud continua y coherente de apertura y aceptación plena de quienes somos.  Se debe tratar de una vivencia concreta, no de un discurso o un precepto. Exige abrir verdaderamente la mente y el alma.


Texto contra carátula

 

Aprendiendo a Amarlas es el relato de una exploración de caminos para alimentar el crecimiento interior de niñas y jóvenes - entre doce y dieciocho años -  que han vivido experiencias de explotación sexual en prostitución o están en riesgo de hacerlo.  Recorre los trazados de sus vidas y la sucesión de desgarramientos interiores que las va llevando a una forma de existencia marcada por la huida y el ingreso a territorios que bordean abismos.  Propone caminos de Desarrollo Personal a través de la narración de una experiencia piloto con un grupo de “magas guerreras”.  Sus reflexiones están dirigidas a personas que trabajan en la construcción de alternativas de vida para este grupo - educadores, terapeutas,  maestras - y a cualquier otra persona que tenga cerca a una niña sin refugio, con la intensión de inspirarles formas de acercamiento y relación que les ayuden a las niñas a volar sin hacerse daño . Se complementa con un Diario : Aprendiendo a Amarme, destinado a las participantes de experiencias de Desarrollo Personal y  diseñado como un espacio en el que puedan desplegar su ser, reconocerlo y amarlo.

 

 

Capítulo 1 

Desarrollo Personal : alimentando el alma

 

“El gran mal del siglo xx, que forma parte de todas nuestras angustias y nos afecta a todos individual y socialmente, es la ‘perdida del alma’.  Cuando se la descuida, el alma no se va precisamente, sino que se manifiesta en forma de obsesiones, adicciones, violencia y perdida de sentido”[4]

 

 

Parecía que avanzábamos, nada nos detendría, detrás de cada pregunta encontraríamos una verdad. Un día no moriríamos y las cosas llenarían el ansia del alma.  Ir más rápido nos iba a llevar a alguna parte y sabíamos, o alguien sabía,  adonde íbamos...en algún momento eso parecía hasta que nos miramos y descubrimos que el terror es inmenso, la violencia sólo se ha sofisticado, el hambre atormenta a millones de hermanos, la tierra se desangra y el arte de vivir se nos ha olvidado.

 

Desde esta urgencia muchos andamos buscando pistas  sobre saberes antiguos y nuevos que guíen hacia la construcción de vidas más plenas. En ese animo contaremos los sentidos que fundan este enfoque para el enriquecimiento del Desarrollo Personal.  Recorreremos ideas que iluminaron la experiencia con el grupo de jóvenes que protagonizan este relato y con otros grupos con los que hemos venido compartiendo este camino en construcción. 

 

Al centro de las experiencias vividas anida el convencimiento de que más allá del hacer compulsivo al que nos hemos sometido y del afán de tener que despoja de magia a los objetos y a la vida misma, somos  seres.  Seres que anhelamos desplegarnos en toda nuestra potencia, cuyo devenir tiene un sentido y que existimos en conexión con un complejo tejido vivo.

 

Volver al ser es devolverle a la paradoja de la vida su lugar de signo revelador, su calidad de texto del destino y su sentido de artesanía hecha amorosamente. Y es que la velocidad del mundo nos va arrastrando hasta llevarnos a olvidar la esencia de cultivadores de estrellas que nos fue dada y el misterioso universo interior que nos habita, hasta  despojar de asombro la mirada.  De allí que propongamos prestar atención a la existencia para comprender sus designios y asumir nuestro papel protagónico como tejedoras del destino. 

 

Lo que nos sucede proviene de hilos infinitamente largos y conectados con todo lo existente pero somos las artesanas y artesanos, somos  creadoras y no receptoras pasivas de destinos impuestos.  Así la vida se torna en pregunta que explora, en riesgo, y no en la repetición de caminos establecidos. Es de la vana esperanza de una vida sin conflicto que nos alejamos.

 

Desde allí dirigimos la mirada al interior, al ser, a la fuerza que nos habita e impulsa y volvemos a formular preguntas básicas : quién soy ? qué deseo ? qué me quiere decir mi vida con sus recorridos y sus reiteraciones ? qué estoy haciendo con este tiempo que me fue concedido ? qué tiene un verdadero significado?. 

 

Con estás preguntas como trasfondo realizamos experiencias que buscan enriquecer el crecimiento de la dimensión interior, el despliegue del ser.  Hemos identificado algunas rutas que consideramos claves para lograr este propósito.  Está rutas son recorridas de maneras singulares por cada grupo y cada persona pero constituyen horizontes de sentido que dan orientación  este enfoque.

 

Una experiencia que busca dar alimento al crecimiento interior requiere que nos detengamos para sentir las palpitaciones del cuerpo y del alma y para darle a nuestra propia existencia la atención y el amor que merecen.  En el espacio que así se abre proponemos algunas rutas : experiencias que permiten reconocer  quienes somos y la vida que hemos construido, volver al centro fundando o ampliando el territorio interior, habitar el cuerpo, como fuente para contactar nuestra totalidad, recuperar saberes  provenientes de fuentes diferentes a la razón y vivir relaciones amorosas que permitan remover y transformar las construidas.  Estas rutas son apuestas hacia una vida más plena en lo personal pero también parten del convencimiento de que desde allí estamos transformando el mundo y contribuyendo a sanar profundas heridas colectivas. 

 

En una primera parte, nos detendremos en el sentido de cada una de las rutas de desarrollo personal que proponemos y, en la segunda presentaremos algunas características de los encuentros que hasta ahora hemos realizado tanto con el grupo de las guerreras como con otros grupos.

 


 

I. Rutas de desarrollo personal

 

La primera ruta nos invita a reconocernos y está habitada por experiencias que nos permiten ver con claridad amorosa los recorridos de nuestra vida, sus raíces, sus ciclos y movimientos.  Sentir las líneas de nuestro rostro, la manera cómo nos movemos, el color de lo que sentimos. Comprender el pasado y la manera como vivimos el día a día. 

 

Reconocernos es mirarnos con detenimiento, recuperando el asombro y la curiosidad.  Esto exige limpiarnos de juicios.  Tenemos tanto miedo a vernos tal como somos que nos llenamos de ruidos e imágenes simplificadoras.  Tenemos pavor de mirarnos con detenimiento, como si fuéramos a descubrir algo terrible, como si hacerlo fuera la muerte.

 

En cierto modo es verdad.  Reconocernos verdaderamente pasa por ver aquellas partes que hemos negado,  reprimido o acallado creyendo que son malas, inadecuadas, feas o vergonzosas.  Pasa por volver a enfrentar el recuerdo de momentos de dolor - si no los hemos resuelto - y volver a sentir el desgarramiento que nos produjeron.  Reconocernos es vernos de maneras más completas, abriendo nuestro corazón y nuestra mente a visiones que pueden poner en suspenso lo   

que creíamos cierto, lo que dábamos por hecho, es derrumbar defensas, murallas y trincheras que por largo tiempo han nublado la mirada.

 

Y es que, cómo no vamos a estar divididos si vivimos en un mundo que nos enseñó a crear dicotomías ante toda complejidad, a separar lo bello de lo feo, lo bueno de lo malo, lo aceptable de lo inaceptable ?.  Divisiones de la totalidad sagrada de la vida que de un tajo la despedazan y le drenan la magia que le dan su diversidad y sus matices.

 

Entonces  juzgamos nuestro ser y al mundo desde parámetros rígidos pretendiendo homogeneizar la vida hacia lo que consideramos bueno, bello, aceptable.  Se niega así buena parte de lo que nos constituye e inventamos tremendos mecanismos de exclusión, dominación - siempre cargados de violencia - de lo que queda fuera. Así lo hacemos tanto en la vida colectiva como en la personal.

 

Reconocernos supone ir más allá de esas divisiones, vernos de maneras más amplias, rompiendo juicios y apegos para poder contemplar nuestro rostro con sus luces y sus sombras, apreciar el panorama de nuestra vida con sus valles verdes y sus desiertos, comprender los colores de los que se visten los días y fluir del azul al rojo sin esperar que sean iguales, saber que múltiples ciclos inician y declinan al tiempo en nuestra interior y que cada nacimiento y cada muerte ha de ser bienvenida.

 

Por eso el reconocimiento requiere aceptación plena, abolición de juicios y exigencias, supone amor. Es imposible vernos plenamente al espejo si a cada rasgo le imponemos una medida, un parámetro, un deber ser.  Tenemos que volver a una mirada abierta que permita no sólo vernos sino que partes agazapadas y asustadas de nosotras/os mismas/os emerjan a la luz,  reclamando su lugar.

 

Esas partes que escondemos, regañamos constantemente o simplemente negamos, son partes vitales , sino no les prestaríamos tanta atención.  Muchas veces están cargadas no sólo de juicios éticos o estéticos negativos sino de dolores abrumadores que nos aterrorizan. Este es el caso de las magas guerreras de nuestro relato y de casi todos nosotros.  Voces que han sido acalladas por terribles violencias que con golpes o críticas nos han paralizado o por lo menos han hecho que escondamos partes de nuestro ser para que no sean exterminadas.

 

Las experiencias de rechazo, abandono y maltrato son eficaces en ese sentido.  Cuando una niña o un niño es maltratado, el abuso de poder - casi siempre proveniente de un adulto/a - tiene como consecuencia volverlo objeto, cosificarlo, negándole la condición sagrada de su cuerpo y su alma, invadiéndolos, destruyéndolos, aterrorizándolos.

 

El maltrato más evidente es el que conlleva violencia física, sin embargo tan terrible y devastador como este, es el maltrato del ejercicio constante y riguroso de la tortura verbal y el control del cuerpo, por cuanto va disminuyendo la posibilidad de una persona de confiar en si misma, amar quien es, oír su voz interior cuando enfrenta las vicisitudes de la vida, desplegarse como ser singular y sentirse merecedor de un lugar en el mundo.

 

Lo importante de este proceso de exclusión y negación interior es que aunque en apariencia suprime con éxito lo no deseado, en realidad lo que hace es desconectar a la persona de partes de sí, matarla un poco al negarle pedazos enteros de si misma.  Esta operación no puede traer sino dolor y sensación de vacío, de incompletud.

 

Esas partes acalladas por la violencia casi siempre lo han sido en la infancia pero por algún perverso mecanismo tendemos a repetir el escenario de su drama una y otra vez a lo largo de la vida.  Reconocer los recorridos de la existencia pasa por percibir esas reiteraciones, esas repeticiones que nos ponen una y otra vez frente a la misma encrucijada, el mismo reparto de actores, en el mismo lugar, con el mismo sentimiento e idéntica impotencia.

 

Reconocer esos momentos estancados es el primer paso para comprenderlos y poco a poco dejarlos atrás en su justo lugar de recuerdos.  Estas reiteraciones contienen lecciones que no hemos logrado comprender, mensajes cifrados, portan verdades sobre nuestra vida y nos revelan nuevos sentidos para avanzar en ella.  Lo que mantiene detenido el flujo de la vida en estos escenarios es el terror, un terror cuyo origen está perdido en la memoria y sobre el cual se han superpuesto capas de oscuridad.  Ya no huimos del recuerdo sino del terror del terror.

 

Volver al centro, es la segunda ruta que exploraremos.  Está poblada por experiencias que buscan que aprendamos a mantenernos centrados en nuestro ser, en el momento presente y en nuestro entorno inmediato.  Esto nos abre a sensibilidades hacia lo que acontece, las otras personas, los tonos que va adquiriendo el día, las expresiones maravillosas de la vida, lo pequeñito o lo inmenso.

 

Para volver al centro debemos tomar los hilos de la existencia y aceptar que nos ha sido dado un valioso tiempo en el que la vida nos enseña lo que debemos aprender.  Sentir que lo que nos sucede puede ser comprendido y aceptado como propio, personal y no como algo que viene de afuera, azaroso, sin sentido. Cuando logramos ver nuestra vida así, estamos atentas/os a sus mensajes y sabemos que todas sus experiencias, aún  las dolorosas, forman parte del tejido vital, no son adicionales o inútiles.

 

Volver al centro es fundar o ampliar el territorio interior dando espacio a voces provenientes de nuestro propio ser y conectadas con saberes profundos.  Es dar lugar al silencio y a la introspección en un mundo que permanentemente nos llena de ruido y nos pone fuera de nosotros mismos/as, que nos jalona más a parecer que a ser, más a comportarnos de maneras determinadas que a escuchar y seguir la sabiduría interior. 

 

Este “ponernos afuera”  tiene costos inmensos, nos somete a la tensión constante de adecuarnos a lo esperado, a lo aceptable pero además nos aleja de un lugar interior, desconectándonos de nosotros/as mismos y quitándonos una fuente invaluable de crecimiento y plenitud.  Para volver al centro debemos experimentar la relajación, el silencio, la contemplación, el aquietamiento.  Casi siempre tenemos dificultades grandes para hacerlo, es un camino poco conocido y que aprendimos a  temer pero cuya riqueza es perceptible directamente cuando poco a poco nos abrimos.

 

Una de las desconexiones que más obstaculiza el crecimiento interior  es la que tenemos con nuestro cuerpo, expresión tangible y material de nuestro ser.  Por eso, habitar el cuerpo es unos de los caminos vitales que proponemos para enriquecer el Desarrollo Personal. 

 

El cuerpo registra nuestra historia, en sus lenguajes tiene escrito los grandes sucesos, los sentimientos, las desgarraduras que la vida ha ido plasmando en nuestro ser.  El cuerpo, como la corteza de los arboles, guarda nuestra historia.  Hemos olvidado sus lenguajes, somos sordos a sus voces por lo que no sabemos comprender sus llamadas de alerta, sus dolores.  Tampoco conocemos la maravillosa potencia que lo habita, tenemos adormilada la sensibilidad a su fuerza, a su belleza.

 

El cuerpo ha sido sometido a un riguroso control, a un adiestramiento que, lo termina alejando y apartando del fluir de la vida.  Es así como tratamos sus síntomas, sus dolores, sus expresiones, como si fueran las de un objeto que nos acompaña y nos es útil, no como parte de nosotros, de nuestras tristezas y alegrías, de nuestra vida.  Hablamos de él como un ente aparte o muchas veces cargado de visiones  que no solo lo disocian sino que lo desvalorizan o lo satanizan.

 

Al hablar de partes que hemos negado o acallado no se trata únicamente de aspectos mentales o emocionales sino que tienen su expresión corporal,  participan de una naturaleza múltiple.  Cuando, por ejemplo, el corazón de una niña ha sido decepcionado una y otra vez, su llanto no ha sido escuchado, su necesidad de protección no ha sido satisfecha, el alma se cierra a nuevas decepciones.  Una parte es sumida en el silencio, acallada para no sufrir más.  Se produce, desde luego, sólo un cambio en la manera de sentir el dolor, que se elige para sobrevivir a costa de endurecerse negando una profunda necesidad. 

 

Cerrar el corazón, acallar el llanto, decidir que nunca más pediremos lo que no nos es dado, renunciar a la luz del amor no sólo afecta nuestra alma, queda grabado en nuestro cuerpo.  El pecho se cierra, el corazón es envuelto en una gran jaula de músculos endurecidos, es protegido y a la vez blindado para no sentir dolor y, este es el costo fatal, tampoco muchas sensaciones placenteras.  Veremos que así sucede con las magas guerreras de la experiencia que vamos a contar.

 

Habitar el cuerpo es volver a sentirlo plenamente, desbloqueando zonas que la tensión y el olvido han ido matando lentamente.  Para eso necesitamos volver a sentir la manera como caminamos, como expresamos nuestro ser en posturas y gestos y recuperar la sensibilidad corporal.  Abrimos así una puerta a la conciencia de nosotros mismos/as, a la manera como fluye la vida y como recibimos el devenir de los días.

 

Asumirnos como cuerpo nos hace más totales como personas abriéndonos a fuentes nuevas de conocimiento y expresión y regalándonos sensaciones de plenitud y conexión fundamentales.  El Desarrollo Personal que proponemos busca restablecer este contacto y llevar el reconocimiento y la toma de conciencia a este terreno. 

 

Muy cerca al retorno al cuerpo se abre otra ruta que busca recuperar saberes , redimensionando el poder supremo que le hemos otorgado a la razón al desplazarla de su lugar relativo de posibilidad de conocimiento a ser el único valido y legitimo.

 

“Pienso, luego existo” no es una frase simple, es el lema que fundó una manera de comprender que por siglos ha enmarcado nuestra percepción de la realidad.  La razón tiene un lugar fundamental, negarlo sería necio, pero no es el único rasgo que nos hace humanos, que nos otorga existencia. 

 

Afortunadamente comenzamos a recuperar saberes provenientes de las sensaciones, de la intuición, del cuerpo.  Saberes que en conjunto, incluyendo la razón,  nos abren nuevas perspectivas y posibilidades en el conocimiento del mundo y de nosotras/os mismas. 

 

El enriquecimiento del Desarrollo Personal busca retomar esos saberes, aprender a escucharlos y a seguir su guía. Esto requiere sensibilizarnos, detenernos y escucharnos.  Al igual que es largo el proceso por el que durante la infancia nos es suprimida la capacidad de comprenderlos, es largo el camino hacia su reaprendizaje, pero la recompensa es grande, significa ampliar nuestra comprensión del mundo y desplegar partes vitales de nuestro ser.

 

Mientras vamos explorando en nuestro interior, conociéndonos, las relaciones que mantenemos con otras personas son también removidas a través de experiencias que nos permiten vivir relaciones más amorosas.  Esta no es tarea fácil ya que hemos asumido formas de violencia mutua, de dominación y control que desvían el afecto y causan dolor.  Los cambios en las relaciones provienen del cambio interior y de la experiencia que vayamos acumulando en otro tipo de relaciones que  demuestren que la equidad y el respeto son posibles en contextos donde se podría ejercer el poder para subyugar y dominar. 

 

Una experiencia de Desarrollo Personal debe convertirse en un espacio donde la vivencia de relaciones amorosas permita tener un punto de contraste.  Este tipo de relación es el terreno, el nutriente de los procesos, sin él ninguna experiencia tendrá sentido y esto es aun más cierto para el caso de las magas guerreras, como iremos viendo.


II. Características de los encuentros

 

Los encuentros a través de los cuales invitamos a la vivencia de las rutas señaladas tiene algunos rasgos comunes. Estás son las características de los encuentros que expondremos a continuación y que serán ampliadas y enriquecidas a lo largo del presente texto.

 

Estos encuentros parten de la consideración de que cada camino es singular.  Un proceso de Desarrollo Personal es único, es un encuentro de personas que debe tener su propio color, su propio ritmo.  Hay temas claves, hay cosas que todos y todas debemos aprender pero la manera de hacerlo y, sobre todo, el lugar de llegada es singular.  De allí que este texto sea un relato y no un manual de instrucciones.  Un relato de un proceso vivo, singular y apasionante para quienes lo viven.

 

Con nuestro grupo de magas guerreras, por ejemplo , vivimos una experiencia que se centró especialmente en la sanación de heridas a través de experiencias que les revelaran otras maneras de amar y relacionarse.  Cuando las heridas son de la contundencia de las suyas, la desconfianza ha cerrado los corazones y el miedo habita cada mirada y cada movimiento, es necesario hacer un paciente camino  de sanación y reconexión con su ser interior que requiere la ruptura de las murallas erigidas para defender su ser profundo.

 

Este camino, como todos los de enriquecimiento del Desarrollo Personal, se transita a través de experiencias de reparación, no se trata de enseñar una idea sino de vivir una vivencia, esta es la segunda característica de los encuentros que realizamos.

 

Es por esto que las personas que asumen el papel de facilitadoras de estos procesos nos paramos en un lugar diferente al de quien cree que la respuesta viene de sus manos. Más bien aceptamos el lugar de mediadores de procesos en los que cada persona despliega sus fuerzas de crecimiento y descubre su propio rostro.  Las experiencias que proponemos o acompañamos son los medios de que disponemos para facilitar procesos de Desarrollo personal.

 

Por otro lado, el desarrollo personal no se enseña, se facilita, se nutre, se propicia. Se trata de desencadenar las fuerzas de la vida, de fortalecer el proceso natural de sanación, de brindar alimento al crecimiento, perspectiva a la existencia, calor, libertad, reconocimiento y seguridad. 

 

Las experiencias de crecimiento requieren constituirse en un refugio  que permita sanar heridas, retomar  el sentido de la existencia, detenernos, aprender a escuchar la vida, arriesgarnos a mostrar los rostros escondidos que por estar tanto tiempo relegadas son frágiles y asustadizas.  Ese lugar es el que deben crear los procesos de enriquecimiento del Desarrollo personal.  Se trata de un espacio donde recuperar el silencio, la seguridad y la confianza.

 

Pero el refugio, como su nombre lo indica, es pasajero, esta destinado a momentos de nutrición pero debe ser abierto y ayudarnos a extender las alas, a desempolvarlas, curarlas o descubrirlas para poder volar y seguir creciendo en la cotidianidad de nuestros días.  Como hemos dicho, en el refugio reaprendemos artes del vivir para justamente llevarlos al terreno de la vida. 

 

El enriquecimiento del desarrollo Personal debe ser continuo, cotidiano, interiorizado. Busca volverse parte de la existencia, una manera de sentir los acontecimientos que nos suceden, de elaborar las paradojas que la existencia nos va revelando. 

 

Por eso está lejos de la idea de una curación que otro nos brinda, otro que sabe lo que me pasa, lo que necesito, lo que deseo.  Es mas bien, como decíamos, que cada uno/a pueda reaprender las artes del vivir, retomar nuestra naturaleza profunda y permitir que emerjan nuestras propias fuerzas sanadoras.  Se trata de ver y transformar hábitos de vida. Siempre acompañados de la certeza de que la vida no cesa en su movimiento, no se detiene, no se resuelve totalmente y que siempre nos traerá encrucijadas y contradicciones, dolores y rupturas y, claro,

alegrías, descubrimientos, maravillas.

 

Para las magas guerreras con las que compartimos está experiencia, el Desarrollo Personal es uno de los ingredientes esenciales para construir verdaderas alternativas de vida desde el contacto profundo y más libre consigo mismas, el reconocimiento y aceptación de sus rostros y de sus recuerdos, el descubrimiento de sus fuerzas interiores y la reparación de las heridas que agobian su alma. Es desde estos lugares e ideas que narraremos a continuación la experiencia vivida con ellas

 


Capítulo 2

CRECIENDO  A LA INTEMPERIE

 

Estaba muy pálida, mechones de cabello desteñido enmarcaban un rostro delgado y suave.  Con esfuerzo la niña pedaleaba su triciclo, que alguna vez fue azul, al que le faltaba una rueda.  Los vivaces ojos miel miraban bajo.  Su tía, casi otra niña , iba atrás arriándola con un palo hacia la casa.  La misma de la que había salido huyendo hace un par de años Ana, una de las magas guerreras. 

 

Huía del recuerdo de los días de su infancia en los que deambulaba por las calles del decadente barrio, limpiaba el bar que ocupaba parte de su casa, vendía limones y churros por la ciudad, recibía puñetazos de un tío y sus piernas se llenaban de quemaduras causadas por descuidos inauditos de su madre.  Como todas las mujeres de su familia, Ana creció consolando borrachos y abriendo la puerta del cuartico en el fondo del patio para encuentros que duraban poco y valían menos.

 

Acercarse a la infancia de las guerreras es estremecedor.  De nada vale haber leído estadísticas y estudios, cuando la tragedia toma rostro conmueve y horroriza.  Es en este territorio en el que se encuentran las verdaderas claves de su destino, es allí donde se urde la trama que las llevará a la calle, al desarraigo, a vender “ratos”[5] de atención y piel, de vida. 

 

Recorreremos los trazados que encontramos reiterados mil veces en testimonios, estudios, estadísticas y, por supuesto, en la narración de las siete jóvenes que nos acompañaron.  Trazados que expresan una vergüenza colectiva a la que debemos poner rostro, abrir el corazón, sentir como propia.  Sólo así remontaremos el cómodo espacio que solemos poner entre “ellos” - los otros, los de allá, los que no saben, los hundidos - y “nosotros” - para comprender que formamos parte de un todo y estamos conectados . 

 

Acompañar el crecimiento de las magas requiere conocer su infancia, el origen de sus heridas, la profundidad de su soledad, el terror de sus noches.  Tenemos que darle un lugar  a su historia, recuperarla, reconocerla y, aunque suene impensable, aceptarla y poder así ayudarlas para que hagan lo mismo.

 

Dividiremos la narración en dos momentos : sentirse sola y huyendo despavoridas.  La primera se centra en el universo de la infancia y la segunda en la ruptura paulatina con este universo y en la construcción de vínculos con otros mundos y otras identidades.  Estos tiempos son diferentes en cada una de ellas - corresponden a edades variables - pero se dan siempre en su camino de guerreras. 

 

sentirse sola

 

Estabamos haciendo collages[6] sobre la infancia, Mara pegó en la mitad del cartón forrado de negro una niña pequeña y  triste, perdida en medio de la oscuridad.  Niña solitaria repetida varias veces en el territorio de su collage.  En otro encuentro Rosa escribió “Te odian” al lado de una casa a la que cubrió  con una gran cruz negra que la hacía aterrorizante.  La diabetes de Ana comenzó en aquellos días en los que se consolaba, acompañada de sus hermanas, bebiendo docenas de multicolores gaseosas mientras esperaban en vano a  su madre.  Se sentían solas y desprotegidas cuando niñas sin importar cuantas personas las rodearan, se sentían como flotando en el vacío.

 

Esta soledad se tejió con muchos hilos. Quizá el más doloroso proviene de su relación con la madre y el padre de quienes esperaban protección y cuidado y  muchos veces recibieron indiferencia y golpes.  Pesaban también  sensaciones que atravesaban el cuerpo y tensionaban el aire debidas a la escasez y a la angustia cotidiana por la sobrevivencia.  En el fondo llantos no escuchados, abrazos y miradas de reconocimiento y aceptación  no recibidas.  A cambio, pesadas cargas de responsabilidad y tensión que les robaron el tiempo de la alegría y el juego. Todo esto rodeado de un devastador silencio alrededor de los hechos mas definitivos de su existencia.

 

Un nudo interior va tejiéndose con esos hilos :  la  sensación profunda de terror e inseguridad frente a la vida, a los otros y a su propio ser. Cuando crecemos dependemos de manera vital de las personas y la situación que nos rodea. Requerimos afecto y atención de manera tan apremiante como alimento o aire.  Es la mirada de otro ser humano la que funda nuestra identidad, es el calor de otro cuerpo el que funda nuestra piel.  Si esto falla el mundo se torna amenazante.

 

Cuando éstas necesidades no son colmadas y es el abandono la respuesta continua del mundo, en al alma se funda un sentimiento de soledad  que hiere y aterroriza.  El abandono conduce a éstas niñas  a “una permanente búsqueda de cuidado y afecto, el deseo de sentirse integrada, unido a la sensación de ser permanentemente una extraña, el intento de otorgar a sus maridos y amantes el papel de padres, la utilización del sexo como un medio para saciar unas ansias infantiles de cariño y aprobación, y una despreocupación por el propio bienestar porque el abandono es un sentimiento familiar, conocido[7].

 

En la infancia de las magas la inadecuada atención a sus necesidades se mezcla letalmente con maltrato.  Entonces el adulto o adulta de quien depende la niña es un ser que no sólo las abandona sino que es potencialmente peligroso porque puede abusar del poder para devastar su espíritu, es alguien que se siente autorizado para ofender, golpear, forzar e inhibir las manifestaciones de la niña en el mundo.

 

En éstas familias las relaciones de maltrato forma parte de la convivencia  cotidiana. Un dato escalofriante : en una investigación sobre menores de edad prostituidos o en peligro de serlo, “El 95% habían sido, o eran maltratados en el hogar” [8]. Sin embargo quizá lo más preocupante es que estás familias no representan un caso aislado  sino el extremo de una realidad que cruza todos los grupos sociales. Es una realidad abrumadoramente mayoritaria porque corresponde a patrones culturales muy extendidos y profundamente arraigados y no depende de personalidades o desviaciones de grupos particulares.

 

Vivimos en una cultura en la que se permite y legitima un altísimo nivel de maltrato hacia nuestros niños y niñas y también entre adultos.  Cualquier poder que se tenga en una relación es usado como un poder de dominación del más fuerte (o que porta algo valorado socialmente) sobre el más débil (o que porta algo menos valorado). En la dominación siempre está presente la violencia con los más variados rostros.

 

El maltrato surge cuando pensamos que los adultos tienen derecho a imponer su manera de pensar y sus necesidades sobre los y las niñas, creemos que las normas pueden ser impuestas a la fuerza porque son más importantes que su alma o consideramos que deben comportarse de maneras determinadas, sin respetar su ser singular.   También nace el maltrato cuando creemos que las marcas de la violencia se borran con los años y consideramos que nuestra labor es de vigilancia y control porque los niños y niñas son esencialmente malvados que hay que encauzar y dominar.

 

Las guerreras vivieron el maltrato desde la cuna y aprendieron que es así como se relacionan las personas, por eso sólo lo reconocen cuando se expresa de las maneras más brutales y evidentes.  Soportaron grados increíbles de maltrato hasta que su espíritu de guerreras las convocó a huir.  Esa manera de relacionarse las llevará a dominar y maltratar a otras personas que se encuentran en situaciones de desventaja (niñas o niños menores, ancianos) o las llevará a someterse a personas que ostentan un mayor poder.

 

En el escenario donde se viven éstas relaciones, la familia, se entrelazan destinos de hombres y mujeres con historias de desgarramiento y violencia.  Casi siempre las madres terminan enfrentando solas la vida, con varios hijos, muchas veces de diferentes padres, productos de  amores que las han dejado cargadas de decepción.  Mujeres más o menos responsables pero rotas, adoloridas,  sin tiempo ni lugar para nutrirse y renovar sus energías.  Mujeres adictas a sustancias, juegos o relaciones destructivas o simplemente agobiadas por el peso de una existencia difícil, con carencias de muchos tipos y pocas oportunidades de desplegar sus alas. 

 

Si nos remontáramos a la historia de las madres encontraríamos otra parte de un ciclo fatal vivido por sucesivas generaciones de mujeres que las niñas continúan sin romper con sus designios. Hijas de hogares en que no ofrecieron la protección y el amor  necesarios para crecer.  Recibieron imágenes tradicionales del ser mujer que las hacen dependientes afectivamente, con muy baja autoestima  y las impulsan a vivir en una búsqueda compulsiva de amor soportando de los hombre maltrato o irresponsabilidad sin límite.  Mujeres valientes y perseverantes con una capacidad milagrosa de remendar la pobreza y trabajar en las situaciones más adversas.

 

Aun así, la madre es la única referencia permanente, aunque ambigua, en la vida de las guerreras.  Las grandes rupturas con ella se dan cuando las niñas ingresan a la pubertad pero es un hilo que se mantiene a través de los años, muchas veces con dolorosos conflictos y distancias.

 

El padre existe como vacío o como monstruo. En ningún caso había un verdadero padre que las acompañara a ingresar al mundo y las amara. Los padres son incluso un misterio, seres fugaces que no dejaron ni imágenes, ni recuerdos.  Hombres que pasaron por la vida de las madres y las abandonaron embarazadas o con hijos pequeños. No parece existir en estas familias el imaginario de que un padre tiene un lugar y unas responsabilidades inapelables, más bien son seres transitorios pero con un poder inmenso y devastador.  Cuando hay un sustituto, padrastro, es investido con una autoridad suprema, a él se sujetan la madre y sus hijos/as sin importar muchas veces su verdadero aporte a la familia. A veces existen padrastros que  son verdaderos torturadores, otros lejanos, unos pocos apoyo.

 

Los hombres que pasan por estos hogares han crecido en un mundo donde ser hombre está asociado a dominar y al igual que las mujeres han soportado maltratos desde su hogar de origen.  Hombres con el corazón blindado por la prohibición cultural a que expongan sus fragilidades y la exigencia de que sean agresivos y combatientes.  Hombres de nuestro país que hace casi un siglo ha armado sus almas y sus cuerpos en luchas de sangre.  Hombres que no saben cual es el lugar de un padre, cómo ser padres, cómo expresar afecto.  Hombres que se van y dejan atrás su propia vida sin poder mirar de frente los dolores que ésta siempre trae.  Hombres cargados de rabia y silencio acumulado que se desborda periódicamente haciendo daño a su alrededor, aterrorizando a los seres que quizá quisieran amar y no pueden.  

 

Habitado por hombres y mujeres con éstas historias, el espacio de la familia se va tornando cada vez más amenazante, la niña va aprendiendo a desconfiar, a defenderse.  Hay  un episodio que lleva el terror al punto de no retorno y que desafortunadamente es un factor común, casi obligatorio,  en la vida de las guerreras : el abuso sexual. En la gran mayoría de los casos proviene de hombres cercanos - padre,  padrastro, tío, vecino - que se supone deben protegerlas y se convierten en violadores de la ultima frontera que delimita su ser, su propio cuerpo.  El abuso sexual constituye la prueba más clara de que no es posible confiar en nadie y es necesario esconderse tras una muralla para defenderse o que simplemente esto no será posible frente a ciertos seres investidos de poder y fuerza.  Esta sacudida violenta las fibras más profundas de las niñas, las desconecta de una parte de su cuerpo y les confirma que la violencia puede ser usada para vencer cualquier intento de defensa.

 

Nikole, la bella guerrera de corazón en llanto, violada por un ser oscuro, luego su cuerpo cerrado a la cercanía con cualquier hombre “porque me da miedo que si le digo que pare, no me haga caso”. Haber dicho, gritado, rogado que no y no ser escuchada, sentir un cuerpo que te oprime, que te babea y tu muriendo del dolor y el asco. Así sucede cada día a miles de niñas, después de eso es mas difícil aún que diferencien el amor del abuso.  Las siete guerreras guardan imágenes de abuso sexual, todas.  Imágenes que no quieren ver pero que aparecen en pesadillas y cuando en una pintura se mezcla negro y rojo, terror y sangre.  Ana dice con una sonrisa tibia y falsa : menos mal yo ni me acuerdo, fue mi abuelito cuando tenía dos años, mi mamá me contó.

 

Muchas de las que se atrevieron a hablar tuvieron que sumar a ésta ofensa la traición de una madre a la que acuden llorando, acusando al violento.  La madre escoge a “su” hombre, llegando incluso a culpar a la hija de haberlo seducido.  Este es un hecho común, madres asustadas e inmaduras que prefieren mantener un vínculo del que dependen de manera absoluta que enfrentar a un tirano.  Es increíble la fuerza del imaginario que lleva a las mujeres a no sentirnos seres completos sino compartimos su vida con un hombre, llegando a situaciones extremas donde asumimos todos los costos de la relación en espera una mínima presencia, una mirada que nos de un lugar en el mundo.

 

El hogar, habitado por este universo complejo de afectos e imaginarios, es durante la infancia el principal espacio de construcción de la identidad de las niñas. La escuela, si bien es menos fuerte  en este sentido, también constituye un espacio importante. La gran mayoría han pasado algunos años allí  y aunque una escolaridad más alta es un claro elemento a favor de su desarrollo, no logra romper el destino de fuga y expulsión que les espera.  La escuela les permite ampliar la mirada y adquirir elementos básicos para vivir en el mundo pero en el terreno afectivo parece dejar también una huella por sumar exigencias  y violencias a las ya agobiantes del hogar. Es un espacio también precario porque no les brinda un refugio, no las contiene.

 

Sienten que la escuela no las incluye, la sienten lejana, obligatoria y rígida.  Les gustan las amigas y amigos y de vez en cuando hay un adulto que las acoge, pero el espacio de la escuela no logra proveerles herramientas para comprender su vida y construir un sentido que les de raíces.  En varias historias la escuela es un espacio que va perdiendo su sentido en la medida en que la niña va creciendo y comprendiendo la realidad en la que vive.  Y es que a las jóvenes de sectores pobres la escuela es insuficiente para crear una verdadera modificación de su destino porque no parece brindarles alimento para el alma o abrirles horizontes más amplios.

 

En la escuela vuelven a encontrar modelos autoritarios de relaciones con las y los adultos, exclusión de las menos favorecidas y una pedagogía que las hace ver la realidad como algo ajeno y distante sin ninguna relación con la cotidianidad y con sus preguntas de jóvenes filósofas de la vida.  Más que rechazo la escuela parece producirles un largo bostezo y la sensación de emprender una sucesión de actividades obligatorias, formales y totalmente desligadas de la vida.

 

En general enfrentan una creencia arraigada en padres y demás adultos de la perentoriedad de la escuela porque sí, porque hay que asistir a ella y obtener un grado. Esta creencia será desafiada hasta llegar a cuadros de alta repitencia, deserción temporal y luego retiro definitivo cuando las niñas rompen con la vida familiar. 

 

Las niñas que se desarraigan de su hogar y viven ligadas al mundo de la calle han pasado todas algún periodo de su vida por la escuela, es una lastima que allí no encontraran un refugio que las protegiera de emprender la huida que tantos costos les traerá, que allí fueran tan escasas las experiencias que les ayudaran a reconocerse a si mismas, a amarse y a labrarse un lugar de vida.  La escuela se suma así a la exclusión vivida en la familia, se convierte en un motivo mas para la huida, en una oportunidad menos de construir un sentido.

 

Los espacios del hogar y la escuela se abren cada vez más hacia el mundo “exterior” en la medida en que las niñas van ingresando al difícil periodo de la pubertad.  Poco a poco las demandas por parte del mundo se centran en su apariencia física, en su capacidad de seducir. Su floreciente sexualidad se convierte entonces en foco de atención y en fuente de sensaciones y experiencias contradictorias : rechazo, seducción, presión, valor “comercial”, control excesivo, y, por supuesto, deseo.

 

Además de la complejidad de la vivencia de la sexualidad, ésta edad de transición se convierte en una etapa de alto riesgo para el crecimiento interior de las niñas -  casi mujeres, gracias a que  sus lugares de existencia social se restringen y estereotipan cada vez más. Mary Pipher[9], hablando de las adolescentes contemporáneas, plantea que existe un vacío entre el verdadero yo de las adolescentes y las exigencias que la cultura prescribe como propias de la feminidad. 

 

El lugar imaginario que hemos definido para la feminidad, constituye una referencia demasiado reducida y rígida que lleva a las jóvenes a comprimir su ser y a tratar de mostrar tan solo lo que resulta legitimo socialmente. Ante estas presiones culturales  dividen su ser entre personas falsas y verdaderas.  Cuando las guerreras pasan por esta edad  a las heridas interiores causadas desde la infancia se suman éstas exigencias fragmentándolas y reduciendo su posibilidad de desplegar su ser auténtico aún más.

 

 

Aunque sus heridas son muy profundas y su alma está fracturada, desgarrada, jamás se renuncia verdaderamente a la pretensión de ser amada y reconocida, lo que hace es proyectarla, preservarla en un terreno de ilusión y cerrar su corazón a nuevas decepciones.  Es un acto de protección, una medida para sobrevivir al horror que les traerá costos altísimos y les exigirá un gasto enorme de su caudal de energía.  Su destino de fugitivas ha quedado sellado.

 

Esta fractura interior es percibida de manera intuitiva por las niñas. Cuando recrean su infancia en uno de nuestros encuentros, la expresan partida : un terreno real y otro ilusorio.  Territorios separados y antagónicos.  La ilusión  se relaciona con amor, gente abrazándose, familias unidas, mamas que cuidan a los niños, flores, duendes, colores brillantes. Paraísos de colores brillantes donde el mal no penetra, no se siente frío ni hambre y todo es posible, especialmente el amor. En el terreno real habita la oscuridad, sangre, mutilaciones, lágrimas. Saben con claridad absoluta que lo que les faltó fue amor incondicional, protección para crecer al paso natural y asumir la dureza de la vida cuando sus cuerpos y sus almas podían hacerlo. 

 

Sofía fabrica una bella jaula, en la mitad está ella, preservada de todo mal, rodeada de pájaros y niñas felices.  Nikole separa en dos el espacio, lo real es negro, algunos niños inhalan pegante, un sucio billete y un rostro triste, todo envuelto en dos enormes lagrimas.  Aparte,  en un cielo poblado de figuras abrazándose, está la felicidad. Al mostrar su obra nos dice : “es lo que yo quería y nunca fue, ni será”.  Angela también construye su cielo y su infierno, en el medio un arcángel vengador aplasta al demonio. La imagen que expresa Mara es circular, con la niña solitaria en el centro y zonas de luz y oscuridad rodeándola. 

 

La construcción de un mundo ilusorio separado tajantemente de la gris realidad será una constante en su existencia y determinará muchos de sus caminos, en especial su tendencia a la fuga, a la ensoñación, a la fantasía. Tendencia que nace de la terca negativa a aceptar una realidad que hiere y asusta.  El amor de pareja contiene buena parte de esta proyección, lo ven como salvación, como un lugar de realización de sus deseos profundos de reconocimiento y aceptación.  Proyección que parece resistir la prueba contraria que la realidad ya les ha dado - en la vida de su madre - y les dará una y otra vez a lo largo de su vida.  Y aunque muchas quieren fugarse por temor a repetir la historia de su madre, desafortunadamente tienen ya interiorizadas demasiados sentimientos e ideas que con seguridad las conducirán en una ruta similar, muchas veces peor.

 

 

Su infancia es entonces una sucesión de expulsiones o acogidas precarias donde construir seguridad y confianza resulta imposible, la necesidad de defenderse por si misma se vuelve imperiosa y el cuerpo y el alma han sido cerrados para evitar el dolor mientras la ilusión se ha convertido en un territorio aparte, demasiado deseado e irreal. 

 

Es así como el espacio se va estrechando cada vez más, creándoles el profundo convencimiento de que no existe un nicho que las incluya  y les garantice protección y libertad. El mundo de la infancia se va tornando cada vez más gris, sofocante y devastador, su infancia termina demasiado pronto pero nunca es vivida plenamente, queda pendiente, aplazada.  Algo urge para escapar de la trampa, un espíritu joven, un deseo de buscar otros horizontes y sobre todo el terror, eficaz impulsor de lanzamientos al vacío. 

 

En algún punto del recorrido las guerreras emprenderán la huida, intentarán olvidar y correrán riesgos increíbles para hacerlo.  La opción está tomada : caminar al borde de abismos mortales pero dependiendo de si mismas, asumiendo su destino. Es entonces cuando las guerreras huyen a buscar una vida bajo su propia responsabilidad, otras las mas débiles, se quedan.

 


 

Huyendo despavoridas

 

La huida de la casa es frecuentemente desencadenada por acontecimientos extremos de una cadena cuyo inicio se hunde en las brumas del tiempo.  Se intenta más de una vez, con periodos de retorno y ensayos de resolución del conflicto que terminan en nuevos enfrentamientos y nuevas huidas.  El desprendimiento de la familia siempre es progresivo y rara vez es total, especialmente de la madre y las hermanas, algunas veces de hermanos u otras personas. Pero el alejamiento es definitivo, porque abre una brecha entre la realidad cotidiana de la niña y la de su familia. Su huida no esta exenta de expulsión, rechazo por parte de aquello de lo que huyen. Ellas se van pero también su mundo de la infancia las expulsa.

 

Al deseo de huir de una realidad violenta se suma que cuando somos muy jóvenes tenemos un caudal enorme de energía, brillamos, queremos ir rápido, no detenernos, es una bella sensación.  A las guerreras las habita una profunda ilusión de hallar lo que hasta ahora no han tenido : libertad, goce, cosas bellas y amor. Pagan la huida con la vida, es un precio alto pero a su edad parece que siempre van a tener con que pagarlo.

 

Muchas veces fugarse es su única alternativa aunque el gasto de energía es enorme tanto para romper las vínculos conocidos como para luego mantenerse en situaciones límite y seguir huyendo. La huida no se limita a la familia, en realidad son fugitivas de sí mismas, de su pasado y del horror a su mundo. Conocen el lado más oscuro de la vida y su impresión las ha partido en mil pedazos. La huida significa una gran fragmentación pero también implica la puesta en escena de fuerzas interiores alimentadas de intuición, astucia, previsión, cautela, recursividad.  Estas fuerzas son utilizadas hasta el límite de la resistencia con escasa posibilidad de compensarse con situaciones de entrega, confianza, relajación y disfrute.   

 

La posición defensiva se vuelve permanente. Las guerreras son dicharacheras, risueñas, gritonas, siempre zumbando, pero cuando en nuestro primer encuentro les pedimos que se acuesten a relajarse y que cierren los ojos, es tal el terror que la mayoría no logra mantenerlos cerrados mas que un breve instante.  Las manos se crispan, las piernas se cierran protectoras.  El ceño está fruncido.  Detestan ir adentro, los fantasmas se agolpan en el estomago.  Tienen que mantener los ojos abiertos, el mundo controlado, nada les garantiza que no les hará daño.

 

Por eso su actitud es hacia afuera - externalizada - a veces muy adaptada a las exigencias del momento pero poco autentica, a veces agresiva y distante. Esta actitud es vital para ellas, aprendieron demasiado costosamente a desconfiar y difícilmente van a volver a confiar, temen demasiado ser traicionadas. Es un sacrificio interior grande pero necesario para sobrevivir. Huir significa dividirse,  fragmentarse y desconectarse interiormente, negando partes si mismas y perdiendo el contacto con zonas de su cuerpo.

 

Se huye a través de relaciones destructivas, también de sustancias que embolatan un rato la conciencia y quitan el terror.  Pero el terror siempre vuelve. Es de él que se huye. Se han roto las conexiones profundas, se depende de sí para sobrevivir, el sentido de identidad es frágil, el cuerpo se ha fragmentado, hay dolor pero el terror lo tiene apresado.  Para que surja el dolor es necesario que exista alguna posibilidad de salvación, algún refugio seguro.

 

Huir se convierte en una manera de vivir que se puede sintetizar en el gesto correr sin detenerse ni crear vínculos profundos, sin nombrar la vida.  De muchas maneras todas somos fugitivas, huimos de los recuerdos, de los dolores, de escenas de horror, del miedo.  Huimos por terror y luego huimos del terror.  Hay muchas formas de huir, unas más dañinas que otras, todas empobrecen nuestro crecimiento. 

 

Huyen de padrastros peligrosos y agresivos, madres débiles y confusas, de la pobreza mezclada con desespero y rabia, de la soledad de quien siendo joven ha tenido ya que despachar sus sueños, de las imágenes que les exigen ser tan diferentes a lo que ven en el espejo, de un dolor que las quema adentro y nadie les ha escuchado gemir.  Huyen de la ira por saber que su vida será cortada con el molde de la de su madre. Son fugitivas por valientes y por no tener opciones.  Hay niñas que mueren, total o parcialmente, en medio de ésta oscuridad, hay otras que huyen.  Hablamos de las valientes que se van, de las otras apenas si tenemos noticia en las estadísticas de maltrato y homicidio.

 

Es común también que cada una crea que es diferente, especial, excepcional, que no le sucederá lo que a muchas mujeres  mayores que han vivido destinos similares y que ven con horror. Una bella joven de quince años, rostro de montaña, ojos centelleantes y palabra fluida, miraba de reojo a las mujeres que esperaban clientes en la otra esquina con sus rostros desfigurados y avejentados mientras con desdén decía : “yo si no voy a terminar así, me voy un par de años a Europa, gano mucha plata, ahorro y me retiro de esto”.  Le gustaban las calles de Bogotá. Venía de un pueblo cafetero donde trabajaba encerrada por temor a que gente cercana a su familia la viera.  Ellos sabían pero como no tenían como mantenerla “les toca aguantarse”.  Era muy solicitada, aún lo hubiera sido si no fuera tan bella.  Dos años antes habían asesinado a su hermana menor en una esquina, apenas comenzaba a trabajar. “Es que no se sabía cuidar” decía la bella de ojos negros.  Las otras, las de allá, son diferentes, yo me salvaré.  Este es el voto supremo de quien se arriesga en los limites de lo aceptado.

 

En esa huida casi siempre encuentran la calle[10], terreno generalmente conocido desde muy niñas porque muchas han trabajado allí ayudando a sus madres o han vivido en barrios con fuertes identidades en los que la vida de calle  es parte de la existencia diaria. Les gusta la calle, las revive, las alienta.  Aprenden a moverse en ella, a vencer su temor, a pisar fuerte. La calle es un sitio duro en el dependen de su intuición, de su astucia, de su capacidad de respuesta.  Es alucinante en cuanto porta el mas tenebroso azar sujeto a estrictas reglas.  Saben que las salvó y también que las destruye.  La calle es libertad y terror.

 

Manejan territorios de la ciudad y en ellos han vivido experiencias de luz y de sangre, de amor y de violencia.  Llevan marcada en la piel su vivencia de la calle, sus modos de moverse, de fluir entre sus atestados espacios.  Una vez han decidido huir, la calle va desplazando al hogar y a la escuela como espacios de construcción de identidad.

 

La calle es representada en los imaginarios colectivos como negativa, aterradora, caótica.  Nuevas aproximaciones muestran que si bien es un mundo muy duro, donde la sobrevivencia en condiciones límite ocupa los mayores esfuerzos, no se trata del no - mundo sino que tiene sus propios códigos de sentido, sus propias redes de solidaridad y protección, sus identidades colectivas, sus paisajes. Se trata de un espacio con un referente físico  pero que es esencialmente  simbólico.  Ser de la calle es vivir en un mundo complejo que se encarna en identidades y prácticas que portan estéticas y símbolos particulares.

 

La calle se parece a la libertad, entraña riesgo y aventura, es un mundo de sucesos continuos, de personajes, historias, romances. En la calle se crean los grupos de amigas y amigos con territorios demarcados, guerras y alianzas.  Ellas van construyendo allí un lugar, una identidad, referencias que van configurando su vida y su rostro.

 

Las guerreras están en la calle de manera total o parcial, volviendo a su casa de esporádicamente.  Allí no sólo aprenden habilidades de sobrevivencia sino modos de acceder a un ingreso mínimo.  Hay múltiples maneras de vivir y sobrevivir en la calle. El azar y algunas determinaciones personales definen los caminos tomados. Cada camino bordea un abismo, está al margen de un territorio delimitado socialmente como aceptado.  Desde la venta callejera hasta la prostitución, una de las mas degradantes interiormente, los límites son difusos, muchas veces se pasa por ocupaciones diferentes en una misma jornada, se combina trabajo y robo.

 

En la calle deben “endurecerse” aún más, cerrarse, defenderse, agredir, ser cautelosas, usar la intuición. Es una mezcla fatal, agudiza la capacidad de percibir el peligro pero crea una mayor defensividad cerrando aún más el alma, pone a funcionar energías primitivas pero también a acorazarse.

 

La sucesión de abusos que ha marcado su vida no termina en la calle, lo que cambia es su actitud, ahora es más activa.  Se inserta en jerarquías definidas donde “ganarse el respeto” es un ejercicio cotidiano de demostración de fuerza, que lleva a continuos enfrentamientos para mantener un lugar y defender a sus amigos o amigas de otros que pretenden “montársela” o sea, dominarlos.  No es raro que las niñas tengan cicatrices de enfrentamientos armados con otras niñas o con adultos que han pretendido aprovecharse de ellas.

 

Las guerreras han asumido aquí su destino y no están dispuestas a retornar a un papel pasivo, han tirado por la borda el mundo de la infancia y han decidido de manera silenciosa y definitiva que este mundo es de los fuertes y que sobrevivir implica violencia y transgresión.  En realidad su vida no les ha dejado muchas alternativas y su marginación paulatina de los espacios legitimados socialmente irá agudizando la restricción de oportunidades para hacerse una vida mejor. 

 

Casi todas han sido o son adictas.  Ciertas adicciones forman parte de la vida de la calle. Rosa adora el trago, le recuerda sus noches de baile, clientes y borrachera.  Nikole ha probado todo, de revueltos de pastillas hasta pegante.  Adicciones a la comida,  a sustancias, a relaciones románticas - ilusorias - .  Son maneras de huir, escapar de sensaciones de vacío, de bajones de animo.  Evadir la realidad es una manera de sobrevivir a sus horrores. Los estados alterados de conciencia que les permiten las diferentes sustancias no solo mitigan sensaciones cotidianas muy dolorosas sino que las llenan momentáneamente de seguridad y alegría. Cada vez se internan más en una vivencia lejana del mundo, irreal, ilusoria.

 

Las adicciones no son nuevas para ellas, en nuestro mundo el consumo de alcohol es muy alto y poco sancionado, casi todas han tenido cerca hombres o mujeres adultos que consumen alcohol en grandes cantidades (frecuentemente sus padres, madres, padrastros). Por otro lado, las diferentes sustancias (en especial marihuana, bazuco e inhalantes) circulan con gran libertad en las calles y en general nuestra manera de vivir lleva a las adicciones y a un consumo de objetos que pretende reemplazar sentidos vitales de la existencia con estados de exaltación emocional y goce sensorial.

 

La prostitución es uno de los destinos más frecuentes de mujeres jóvenes y “apetecidas” en el mercado sexual.  Encuentran allí un submundo habitado por personajes e historias, vínculos y ritualidades.  Mientras son jóvenes - y el periodo es breve en ese mundo - son buscadas y logran un ingreso mediano, un poco más alto del que obtendrían en trabajos para su nivel de escolaridad o preparación.  Pero sus antiguas heridas serán ahondadas cada vez más, sus fugas serán más dañinas, su amor por si mismas más débil, sus posibilidades de cambiar el destino menores y su cuerpo se seguirá cerrando a sensaciones y goces. 

 

Al hablar con mujeres adultas que ejercen la prostitución es fácil percibir el sube - baja de su vida.  Han construido una existencia donde sus necesidades profundas han sido aplazadas y las depresiones han llegado a tales extremos que acuden a sustancias y situaciones que las “suban” para mantenerse por algún tiempo a flote. Estos altos niveles de intoxicación y negación de sí apenas comienzan para las niñas de las que hablamos pero sus pautas ya están instaladas y sólo experiencias verdaderamente reparadoras les permitirán romper ese círculo oscuro.

 

Dado que la prostitución de menores de edad está prohibida, el ingreso a ella hace que la joven no solo se vincule a un submundo sino que este sea clandestino.  Los mundos clandestinos están en comunicación lo la lleva a vivar cerca a personas ligadas a peligrosos mundos donde la violencia es la norma de convivencia.  Muchas veces en este punto cortan sus relaciones con las familias y desaparecen cambiando de ciudad y usando otro nombre.  El cambio de nombre señala la disociación operada entre la identidad de la infancia y la que se va adquiriendo en este mundo.

 

La prostitución encadena  a las jóvenes, a una forma de vida difícil de romper.  Su mundo es un mundo vergonzoso pero allí van construyendo sus vínculos, sus amores, sus odios, sus recuerdos.  Como todo mundo creado por los humanos, este es un mundo que tiene un sentido propio, en el que se dan los sucesos y los personajes que alimentan las biografías de quienes los habitan.  Muchas veces sus mundos corren paralelos y mientras en la noche o en el día participan de la calle o de espacios (residencias, bares...) donde ejercen su “oficio”, en la otra jornada van a su casa o a el espacio que comparten con un compañero y /o hijos.  Como ya mencionamos a veces se crean rupturas totales con la familia.  Las existencias son variadas pero la vivencia de la prostitución tendrá siempre efectos devastadores para el alma y el cuerpo de la mujer que está creciendo.

 

El carácter de realidad rechazada pero permitida de la prostitución, paradoja nada extraña en nuestra cultura, se replica en la vida de las mujeres y hombres que la ejercen.  Sienten el rechazo, sienten la exclusión, sienten la violencia pero saben que tienen un lugar que aunque es marginal, es necesario para las formas de vida y relación que hemos construido.  Aprenden a vivir y a relacionarse con muchas personas desde pedazos de su cuerpo, desde espacios escondidos, en relaciones clandestinas donde partes de su ser, su identidad y su historia quedan excluidos.

 

Esta disociación ya ha sido instalada desde la infancia, la fragmentación de su cuerpo y la negación de su ser, pero en este ejercicio constante de simulacros se va ahondando.  Hay una apariencia, una superficie que toma el lugar del ser, es una manera de vestirse, actuar, hablar, mirar que recoge los códigos requeridos para ejercer la seducción que supone la prostitución, pero que se convierte en su manera de estar en el mundo.  Obviamente muchas partes de la joven van quedando suprimidas, acalladas y es ésta negación lo que acarrea mayores sufrimientos y vacíos.

 

Las mujeres que ejercen la prostitución no son esencialmente diferentes a las demás mujeres, no son sino el extremo de las disociaciones que sufrimos todas, no son sino una expresión  de lo que es ser mujer en una cultura que nos exige negar buena parte de nuestro ser para adecuarnos a exigencias y deseos ajenos. La prostitución es el lado oscuro de la sexualidad colectiva.  “La prostituta concreta la escisión de la sexualidad femenina entre erotismo y maternidad, fundamentos sociales y culturales de signo positivo del género femenino”[11]

 

La prostitución no es sólo un oficio, “es un modo de vida total (real y simbólico)”[12]Se construye allí una relación con los hombres en la que están excluidas el amor y la procreación, es un encuentro parcial, en el que las jóvenes fragmentan cada vez más su ser.  Al conversar sobre la sexualidad las guerreras diferenciaban claramente los encuentros por amor de los “ratos”. Cuando son narrados en los primeros hay alegría y picardía mientras que los segundos parecen una sucesión de momentos oscuros y anónimos.  Esto no excluye que a veces establezcan relaciones más personales con algunos de sus clientes pero el resto es una masa indiferenciada.  

 

Veremos cómo el ingreso a este mundo dejará sus marcas profundas.  Es quizá uno de los peores destinos donde las guerreras intentan sobrevivir y olvidar.  Pero en su ser está instalada un devenir fatal, en su huida bordean abismos y casi siempre se precipitan en ellos. 


 

 

 

Capítulo 3

RETRATOS

 

Llamarlas magas guerreras no es mera poesía, lo son.  Magas porque su espíritu es potente, creativo, intuitivo, brillante.  Guerreras porque son las sobrevivientes de lugares de muerte y han tenido que aprender las artes del combate cotidiano.  A diferencia de mujeres adultas que han seguido vidas como las de ellas, son aún muy jóvenes y las experiencias de dolor se compensan con un enorme caudal de energía que les permite fluir con mucha facilidad una vez se encuentran las claves para realizar con ellas experiencias de desarrollo personal.  Su capacidad de crecer es enorme, sus potencialidades - dormidas muchas veces - son infinitas.

 

Describiremos los rasgos comunes que encontramos en éstas chicas.  Vale la pena reiterar que cada una es diferente, bella a su manera, singular y que no pretendemos comprender su ser particular sino algunos aspectos que sus destinos similares han dejado impresos de maneras también similares en su comportamiento y su mirada.  El proceso que vivimos con un grupo de ellas - y los acercamientos a otras niñas - sirvieron para maravillarnos de su capacidad creativa y su fuerza y llevaron a que cada una expresara su ser, su fuego personal, su voz.

 

Elegimos cuatro zonas que expresan la manera como se ha construido el ser de las guerreras y que son de particular importancia a la hora de realizar procesos que buscan enriquecerlas interiormente. Se trata de su mundo emocional - mareas altas y bajas -, sus ideas y visiones sobre algunos temas, su cuerpo - cuerpo tatuado -  y la manera como viven relaciones importantes tejiendo vínculos:

 

Las magas guerreras están entre la pubertad y la adolescencia temprana, tiempo de cambios y estremecimientos, estación de florecimiento y contradicción.  Sus vidas han sido aceleradas y también lo es su paso por ésta edad, pero no por eso dejan de participar de la manera como colectivamente la vivimos, se parecen  a cualquier otra chica de quince años, de doce, de dieciocho.


 

 

Mareas altas y bajas

 

 

Muchas descripciones de las guerreras dicen que son desconfiadas, agresivas, incapaces de crear vínculos, mentirosas, manipuladoras.  Lo dicen como si ellas fueran así naturalmente  o establecen lejanas y frías relaciones de este comportamiento con la infancia.  Las ven desadaptadas sin comprender que son sobrevivientes natas, que lo mejor que pudieron hacer, dadas las circunstancias, fue desconfiar de todos, cerrar su alma para preservarla, esconderse, protegerse.  Pocas veces la vida les da verdaderos motivos para relajarse y confiar, la vivencia de la infancia no cesa allí, queda confirmada y ahondada en la adolescencia y en la adultez.

 

Sienten un ánimo cambiante, voluble, sube y baja. De pronto están felices y gritan, de pronto sus rostros se hunden en una gran tristeza y se retraen del mundo.  Este sube/baja emocional se complejiza por una expresión “dislocada” de sentimientos.  Cuando experimentan tristeza relacionada con algún recuerdo o situación presente se cierran y no pueden llorar, pero cuando sucede un hecho aparentemente insignificante lloran como si fueran a morir.  Igual les sucede con la rabia, la alegría, la ternura...parecen expresarse de maneras descontextuadas, fuera de proporciones o de lugar. 

 

Esta “dislocación” obedece a una profunda desconexión interior y a un temor extremo a sentir proveniente de la gran acumulación de frustraciones que han vivido.  Demasiadas veces su mundo no respondió o lo hizo de manera violenta a sus demandas del alma.  Dado que los sentimientos son irrenunciables, corren desaforados por su piel y su rostro sin poder salir de manera fluida y vinculada.  Siendo seres sensibles sus sentimientos son fuertes, intensos lo que compone una expresión desbordada y desconcertante para otras personas.

 

Sus sentimientos son fuertes y muchas veces inestables.  Hoy odian a la amiga por cualquier detalle, mañana están seguras que jamás se separarán.  En la mañana se sienten las mujeres mas desdichadas del mundo, por la tarde serán felices de por vida porque recibieron una llamada esperada. En eso tampoco difieren de las jóvenes de su edad sólo que éstos sentimientos parecen pasar por ellas a velocidades de vértigo y no parar jamás.

 

Son susceptibles a cualquier signo que interpreten como abandono o decepción, entonces son contundentes, agreden y abandonan antes de ser abandonadas.  Pueden interpretar cosas muy pequeñas - para los demás -  como abandono y constantemente están tratando de probar que esto les va a suceder tarde o temprano. Es una medida extrema de protección derivada de sus experiencias de abuso y traición.

 

De allí que los sentimientos básicos, los que guían sus acercamientos a otras personas, sean la desconfianza y el miedo. Los expresan de manera defensiva y agresiva porque quieren prevenir cualquier dolor adicional a los ya vividos.  La defensividad, rasgo que determina su vínculo con el mundo, lleva a que el trato con ellas sea difícil y delicado hasta que - pasado un tiempo - ceden y  entregan su confianza .  Aún así el tema confianza / desconfianza, lealtad / traición ocupa el centro de su mirada sobre las diferentes relaciones. Construyen complejos conflictos alrededor de él.  Esto lo profundizaremos más adelante cuando conversemos de la manera como establecen sus vínculos.

 

Es muy frecuente que las guerreras se depriman.  Hay que distinguir este estado de la expresión de tristeza[13]que forma parte de la gama de sentimientos cotidianos. La depresión surge de profundas desconexiones causadas por las heridas recibidas en la infancia, que se mantienen abiertas inhibiendo el contacto interior y la expresión afectiva en el presente.  Es como si se hubieran quedado en un escenario antiguo, decepcionadas, paralizadas por la sensación de abandono y maltrato.  Escenario al que retornan en momentos impredecibles de la vida. 

 

Con los años la depresión se torna más y más presente, más y más invasora.  En el fondo está una necesidad no colmada de amor y reconocimiento que ha sido desplazada a un mundo de ilusión.  “Cuando una persona ha experimentado una perdida o trauma en su infancia que ha socavado sus sentimientos de seguridad y autoaceptación, proyectará en su imagen del futuro una exigencia de que invierta su experiencia pasada”[14]

 

El sube /baja del que ya hablamos se relaciona - o tiene sus extremos - en momentos de depresión y euforia muy fuertes.  Escenario privilegiado para el ingreso de las adicciones.  Sustancias, relaciones, comida, estados de ánimo exaltados que una y otra vez son usados para remontarse de los bajones y que terminan siendo una trampa mortal porque igual a cada subida le sigue una bajada  e implican seguir ubicando la demanda interior en lugares inadecuados. 

A una búsqueda vital de conexión interior y amor se la reemplaza por momentos de euforia volátil.  Hay un miedo que invade todo, miedo a confiar, a entregarse, a relajarse. Miedo proveniente de fuentes antiguas que han forjado un hueco en el alma y el cuerpo de las guerreras llevándolas a la paradójica situación de no sentir seguridad interior ni tampoco en los demás y el mundo pero tener que depender de ese mismo mundo y pararse sobre su ser para defenderse.  Es una lucha encarnizada por sobrevivir en estado permanente de guerra y cautela.

 

En medio de tantas tormentas, sienten un apetito enorme por la vida, por conocer el mundo, por experimentar todas las sensaciones, por transgredir todos los limites.  Ante la exasperación de los adultos llevan a cabo muchos de sus deseos. La máquina de control social falla con ellas de manera clara, sienten que tienen poco que perder.  Se despojaron del miedo al castigo, las han sometido a algunos muy doloroso y han sobrevivido. Eso lleva a que en algunas ocasiones, cuando están en una institución o vuelven a la casa, se extremen las medidas de control llegando a castigos desproporcionados.

 

Cuando dejan ver su luz son deslumbrantes, creativas y profundas.  Asoman las magas que esconden bajo la mirada retadora y regalan la vida en un instante porque están hechas de un material auténtico, labrado por dolor antiguo y pulido con lagrimas interiores.  Para ver este milagro basta amarlas, algo difícil para ellas y para muchos de los y las adultas con las que conviven.

 


 

Ideas y visiones

 

Comparten las ideas más populares sobre temas centrales de la vida, aunque con gran facilidad las transgreden en la acción cotidiana.  Esta aparente contradicción es demasiado común en nuestra sociedad para extrañarnos, lo que resulta dañino es que ellas no encuentren espacios donde revisar y reconstruir éstas ideas hasta identificarse con alguna ética que tenga sentido en su vida y sea pertinente a su realidad.   En los espacios donde viven son sometidas a ideales de existencia ajenos a su propia vida y a la de los y las adultos con los que se relacionan pero les son impuestos con la fuerza de la verdad y la necesariedad más absurdas. Estas ideas se mueven en todos los campos de la existencia pero nos limitaremos a las mas significativas en relación con el Desarrollo Personal. 

 

Mantienen visiones jerárquicas de las relaciones donde el que tiene poder lo utiliza para controlar a las otras/os.  Esto convive con el más implacable rechazo a la autoridad pero de manera actuada y emocional, no producto de un cuestionamiento más articulado que les permitiría construir vínculos diferentes en sus vidas.  Creen que el poder proviene de afuera, de lo que se posee, del lugar en las relaciones sociales.   Por supuesto se ven con muy poco poder y aún así lo utilizan  sobre otras, para dominar, o lo ceden a otros, repitiendo el esquema aprendido y legitimado toda su vida.

 

Tienen una visión “naturalista” de la sexualidad en la que  la ven como parte normal de la vida, mezclada con ideas tradicionales, pudores y vergüenzas relacionadas con su cuerpo. Esta letal mezcla es también común a muchas jóvenes contemporáneas y produce una dolorosa confusión que les hace muy difícil la vivencia de una sexualidad placentera y grata pero tampoco las inhibe de ella como lo hizo en al caso de las mujeres de otras épocas.  Viven una cierta presión a asumir una sexualidad activa pero a la vez la sienten mala y transgresora.

 

Conocen practicas rudimentarias tradicionales de anticoncepción  heredadas de mujeres cercanas (incluidas duchas, hierbas, manipulaciones, aspirinas en la vagina...) y aunque han oído mencionar otros métodos y a veces hasta han participado en charlas sobre ellos, mantienen un cierto tabú sobre su uso.  Este es compartido por la mayoría de las jóvenes en nuestra sociedad, lo que demuestra que más que un problema de este grupo particular se trata de una manera colectiva inadecuada de abordar la sexualidad de las adolescentes. 

 

En sus comentarios y chistes revelan la creencia de que el placer del hombre es más importante que el de ellas aunque sueñan con hombres que las hagan sentir “verdaderas mujeres”, es decir que las tome en cuenta a la hora del placer.  Son maliciosas y picaras  con todo lo relacionado con sexualidad y simultáneamente usan una apabullante crudeza para hablar de ella.  Le otorgan mucha importancia en su vida, aunque al conocerlas más resulta evidente que viven una cierta confusión del amor y la ternura con el sexo.

 

Se suma a esta confusión, el terror de las madres a la floreciente sexualidad de sus hijas, frente a la que asumen violentos métodos de represión.  Las madres quieren evitar sufrimiento a sus hijas, que repitan su historia de embarazos a edades tempranas, abandonos de los compañeros y desilusión.  Ante su terror adoptan un control extremo agudizado por la historia de fuga de las niñas (esto es cuando ellas están en alguna institución o cuando retornan a su familia después de periodos en la calle). Sin duda con deseos de protegerlas, las madres llegan a extremos increíbles como obligar a las niñas a tener un determinado novio que en su opinión es adecuado y tomar estrictas medidas de control y vigilancia para prohibir otras relaciones o el contacto con determinados lugares.  En medio de todo este torbellino la sexualidad se convierte en una fuga más, en un terreno de prohibición y por tanto de libertad cuando es vivida contra todo limite impuesto.

 

La sexualidad ocupa un lugar muy fuerte en los imaginarios culturales en los que se han alimentado las guerreras.  Se vive un drama extremo sobre temas como la virginidad. Extraño suceso si tomamos en cuenta la relativa libertad sexual que las guerreras experimentan en la vida cotidiana y su vivencia muy temprana de encuentros eróticos. Se trata de una narrativa cultural compleja que se mantiene contra toda evidencia y que tiene mezclas de machismo secular.

 

Aunque su destino parece tan diferente al delineado por nuestra cultura para las muchachas jóvenes, visualizan un futuro ideal idéntico al legitimado socialmente.  Es decir quieren casarse con un largo y adornado vestido blanco, ser madres y tener un marido respetable que las ame.  Una parte de ellas ha renunciado a ésta imagen como posibilidad real pero no como ideal.  Ninguna de ellas parece tener otras proyecciones posibles y realistas.  Nuevamente la operación de división tajante entre la realidad y la fantasía atraviesa la mirada de las jóvenes.  Es como si la falta de otras visiones alternativas pero deseables y constructivas les impidiera proyectarse.  Este “mal” tampoco es de su exclusividad ya que hemos inventado opciones de vida adulta tan homogéneas y rígidas que en la juventud parece que debemos achicar el espíritu hasta caber en ellas o perdernos en vericuetos de marginalidad.

 

Comparten de manera extrema los valores de consumo imperantes.  Desean cosas que han visto en la calle y en televisión, quieren adquirir felicidad a través de la ropa, de los adornos.  Sueñan con ser ricas y remontarse así sobre las condiciones de miseria en las que han vivido.  Riqueza y felicidad son una sola cosa y están dispuestas a hacer muchas cosas por obtenerlas. Desean dinero pero no logran mantenerlo, lo gastan con rapidez, casi siempre en objetos, ropa joyas, con las que pueden construir una imagen que desean proyectar.

 

La presión social sobre las mujeres de esta edad (12 a 18 años, recuerden) para que asuman determinadas apariencias es muy alta.  El valor de las jóvenes se ve asociado a su apariencia de manera mucho mas fuerte que a ningún otro aspecto de su ser.  Simone de Beauvoir decía que en esta edad “las muchachas dejan de ser y comienzan a parecer”[15] , las chicas se sienten presionadas a ser alguien que no son. 

 

La suma de una historia infantil de maltrato y abandono. la experiencia de fuga y el deseo de aparecer bellas según canones promovidos en los medios masivos crean un caldo donde su autoestima  parece hundirse cada vez más.  Todo agudiza el poco contacto y valoración de su yo autentico.  Esto las lleva a actitudes de pose, alardeo y simulación de su verdadero ser. Viven un simulacro de su ser.  Han tenido muy pocas, si alguna, vivencia de relaciones donde el otro/a, en especial los adultos/as las acepten como son o siquiera las vean más allá de normas y convenciones sociales.  La cultura de masas - mediada en gran parte por la televisión - se suma a esta negación al legitimar y presentar como deseables determinadas apariencias y estilos de vida donde caben muy pocos. 

 

Ven su destino personal como sujeto a hilos también personales, fatales, inevitables y no lo logran contextuar en realidades colectivas ni menos darle un significado político, es decir leerlo como parte de procesos amplios de distribución del poder en la sociedad.  Este pensamiento les impide comprender su vida en marcos más amplios y tener alguna postura frente a las maneras como discurre el mundo.

 

La ausencia de una aproximación política al mundo forma parte del conjunto de imaginarios derivados de su condición de género.  Sus identidades han crecido en una sociedad que reserva algunos lugares y expresiones a las mujeres y ellas no son ajenas tanto a esto como a los cambios que en este sentido se han experimentado.  Se mueven así entre modelos muy tradicionales de ser mujer y tendencias de cambio para las que no encuentran mucho espacio pero que parecen abrirles nuevos caminos.

 

Como mujeres, las guerreras valoran excesivamente su vínculo con los hombres, ven su vida ligada al matrimonio y la procreación, consideran que el trabajo más que una posible fuente de realización personal es una carga que hay que soportar.  Poco se ven a sí mismas como portadoras de vocaciones que las liguen a un hacer, que les vehiculice su realización personal.

 

La experiencia en prostitución las impregna de manera extrema con las características y lugares tradicionalmente asignados a las mujeres ya que aunque se sitúan en el lado oscuro de la identidad y la sexualidad femenina, comparten sus valores más preciados y su orientación fundamental hacia la satisfacción de los hombres en muchos aspectos de la vida. 

 

Sin embargo todas éstas visiones del mundo presentan en ellas puntos de fuga,  rupturas, contradicciones.  Algo protesta contra lo establecido, algo urge por alternativas diferentes.  Sienten fascinación cuando conocen otros modelos de mujeres, cuando perciben que hay otros modos de existencia diferentes a los tradicionales.  Es la esperanza de encontrar un lugar donde desplegar su ser auténtico, de ser aceptadas y amadas.  

 

Para desarrollarnos como personas requerimos visiones, en términos de ideas y conceptos pero también de prácticas, que den verdadero espacio a la diversidad. La restringida gama de rutas de vida aceptables no hacen sino contribuir a la disociación de nuestro autentico ser, a la búsqueda compulsiva de fugas y al desperdicio de los talentos y maneras singulares de los que estamos dotados cada uno y una. 

 

Con respecto a las magas guerreras, la experiencia nos mostró que uno de los aspectos que más las debilita y condena es la insistencia del mundo para que adopten modos de vida aceptados sin importar sus deseos y sus sueños.  Si en niñas que se han mantenido dentro de los márgenes de lo aceptado esto es letal, en ellas es todavía mas dañino porque algo muy profundo se les ha roto y las creencias socialmente validadas si bien no han sido reemplazadas por otras, tampoco dan cuenta de su vida y su ser auténtico, ni parecen haberlas conducido a ellas y a sus madres hacia una vida con sentido.

 

cuerpo tatuado

 

Somos nuestro cuerpo.  El cuerpo expresa con sus lenguajes lo vivido, lo hace de manera directa, transparente.  La vida de las guerreras les ha moldeado cuerpos muy rígidos y pesados.  Apenas tienen entre doce y dieciocho años pero revelan más.  Parecen mayores, son mayores, la vida las ha puesto en un acelerado proceso en el que no sólo han tenido demasiadas experiencias difíciles sino que han tenido que asumir cargas muy pesadas para su edad.

 

Sus cuerpos se ven cerrados, amurallados por grandes zonas de tensión muscular que crean corazas protectoras.  Zonas que han perdido sensibilidad en un intento de evitar el dolor, defendiéndolas contra nuevos dolores o decepciones, pero que desafortunadamente también disminuyen su posibilidad de sentir placer.

 

Este bloqueo es llamado supresión y es el resultado de una retención constante de la expresión hasta que se convierte en un hábito y en una actitud inconsciente del cuerpo[16].  La retención proviene de una experiencia continua de frustración donde una necesidad del  niño o niña que crece no ha sido satisfecha  o de una amenaza constante para que asuma o no asuma determinado comportamiento. 

 

En las guerreras la zona de mayor supresión es el pecho, la caja toráxica.  En opinión del mismo autor “El pecho rígido e hinchado en el lenguaje corporal está diciendo : No voy a dejar que llegues a mi corazón, y es el resultado de una decepción grave en una relación amorosa temprana”. La armadura que se crea a nivel muscular - muy evidente en las guerreras - sirve para matar un dolor relacionado con el daño inicial pero se convierte en una defensa contra los sentimientos. 

 

Para ellas estar en guardia, defenderse, es algo normal y cotidiano que conforma su cuerpo, restringiendo su posibilidad de sentir y abrirse plenamente a la vida.  Las zonas de su cuerpo que están bloqueadas son partes de su ser que han sido entregadas para sobrevivir, han sido sacrificadas para no ser vulnerables al daño afectivo. De allí también llamarlas guerreras.  Su actitud defensiva y , a la vez demostrativa de capacidad agresiva, es continua.  Hay un estancamiento de la expresión corporal en ésta postura.

 

La perdida de sensación y conexión con zonas del cuerpo se expresa además en una falta de movilidad y vitalidad muy grandes.  Son pesadas, torpes para moverse y muy “duras” muscularmente.  A las vivencias afectivas se suman las exigencias culturales de feminidad que las invitan a tener apariencias poco enriquecedoras del movimiento y la expresión corporal.  Por la misma razón tiene un bajo entrenamiento físico en destrezas básicas que dan flexibilidad y fuerza. 

 

Cuando pintan la silueta de su cuerpo en un gran papel y luego expresan en él la vivencia de diversos sentimientos sorprenden varias cosas. Dejan zonas completamente vacías, la mas importante es la pelvis.  En esta zona ninguna de ellas pinta sentimientos, es como si por allí no circularan sensaciones o, lo que es mas probable, las tuvieran suprimidas. Las historias de iniciación sexual violenta, así como los imaginarios que tienen del cuerpo en general y de la sexualidad en particular, dan cuenta de esta negación tan profunda.

 

Otra cosa sorprendente es la superficialidad con la que identifican sus sentimientos.  En este caso superficialidad es algo literal : los ven en la manifestación exterior pero no los perciben como provenientes de su interior.   Es así como la tristeza la identifican con las lagrimas, la alegría con la sonrisa.  Mas adelante, durante el proceso que vivimos, podrán percibir sentimientos de manera más profunda pero en un primer momento su dificultad de introspección queda reflejada de manera contundente en esta experiencia.

 

Existe una íntima relación entre su enorme dificultad para relajarse e “ir adentro” y la defensividad corporal que las insensibiliza para muchos sentimientos y sensaciones.  Sus cuerpos son “duros” como su vida. Así sienten que deben ser para lograr que las respeten en la calle, realizar acciones que van mas allá de todo límite aceptado socialmente y “hacer cara dura”, entregar su cuerpo a hombres desconocidos, trenzarse en una pelea a cuchillo y caminar por lugares sórdidos  proyectando seguridad y fortaleza.  Esos cuerpos duros esconden almas terriblemente sensibles, las preservan de la dureza exterior para dejarlas volar quizá algún día, aquel en el que encuentren un refugio.

 

La evasión que caracteriza su existencia es visible en sus miradas, son esquivas y superficiales. Sus contactos son “melosos” es decir, exagerados, ansiosos e igualmente superficiales y cuando  abrazan son bruscas pero con el mínimo contacto con el cuerpo del otro.  Se siente que desean ser acunadas, abrazadas, mimadas pero temen demasiado la relajación de defensas que esto implica.  El contacto corporal profundo, cálido, reparador les ha sido arrebatado, le temen  pero lo anhelan continuamente.

 

En una noche de fiesta bailo con la fugitiva de la guerra, una chica que viene del Cagúan con el horror en la mirada y una historia poblada de muertos conocidos y desconocidos que la persiguen en la noche.  Brindamos con agua hasta “emborracharnos”, ella brinda por la vida y bebe vaso tras vaso dejando escapar algunas lágrimas.  Me invita a bailar y me va acercando a su cuerpo en un gesto aprendido en bares oscuros con hombres que compraban su cuerpo.  Así lo habían hecho durante la fiesta otras niñas, con gestos estereotipados y distantes aunque aparentemente se tratara de acercamientos totales.  Pero con ella fue diferente, poco a poco se contrajo hasta hacerse pequeñina en mis brazos mientras se mecía suavemente con la cara escondida en mi pecho.  Bailamos suave, al final nos separamos muy despacio y sentí que mas que un baile fue un acto de nutrición, un amamantamiento. Ella aún puede hacer esto, la mayoría jamás se lo permitiría.

 

Varias de ellas tienen sobrepeso y se les ve una voracidad enorme al comer.  Han vivido situaciones de carencia en este sentido y mientras están en la institución comen excesivamente para aprovechar la bonanza.  Esta voracidad se observa también en muchos momentos frente a la posibilidad de adquirir cosas. De mucho han carecido y quieren coger lo que les llega, sin claridad de su deseo, más bien con ansiedad.  Esto las lleva a cometer hurtos de cosas insignificantes o más importantes.  Es una ansiedad de llenar el vacío interior, al menos de acallarlo temporalmente. 

 

Este sentimiento de vacío interior está relacionado con su propensión a las adicciones a sustancias, relaciones, situaciones. Como ya mencionamos, las adicciones se vinculan a un patrón de sube/baja emocional que tratan de aliviar y terminan agudizando.  La voracidad con la comida también cumple este papel. Como resultado adicional sus cuerpos tienden aún más a la pesadez.

 

Han sido heridas de diferentes formas, las más obvias son las heridas como resultado de encuentros callejeros, también tienen cicatrices de quemaduras cuando niñas por descuidos que al ser narrados producen perplejidad, golpes de madres y padres, accidentes. Las heridas invisibles son igual o más contundentes y son las responsables de la tensión y la distancia.  Las heridas evidentes han cicatrizado, dejando marcas que las acompañarán siempre, las otras dejan su huella en gestos, posturas y sobre todo en pérdidas de sensibilidad y placer.

 

Cuando las jóvenes han vivido experiencias de prostitución el cuerpo parece convertirse en una paradoja extrema : expuesto pero cerrado al contacto, seductor pero insensible, dispuesto pero exiliado de si mismo, jadeante pero con sensaciones parciales y superficiales de placer.  La manifestación externa tan estereotipada y “para otro” lleva al extremo una contradicción que no es ajena a otras jóvenes de su edad aunque vivan situaciones muy diferentes de vida.  Cuando caminan por la calle las guerreras seducen continuamente, forma parte de su expresión corporal cotidiana.

 

Tensas, cerradas, “duras”, pesadas y seductoras, así son las guerreras pero también son poderosas, de miradas penetrantes e intensas cuando logran acercarse.  Son hermosas y muy fuertes.  También son magas y las habita un espíritu imponente que ha desafiado la muerte y el exterminio. 

 

Les gusta arriesgarse corporalmente, sentir sensaciones extremas.  Aman el baile como casi a nada más, cuando bailan son expresivas y sensuales, muestran sus raíces con ancestrales ritmos y cadencias.  Les gusta cantar a pleno pulmón y reír a carcajadas.  Cuando se relajan y se sienten confiadas las magas asoman y en un instante eclipsan la dureza y resplandecen con su cálida luz.

 

 


 

Tejiendo vínculos

 

La intensidad de las relaciones que viven las guerreras va de la mano con su gran conflictividad.  Como es frecuente en su edad, las  relaciones con sus amigas y las “románticas” con muchachos ocupan el centro de su atención cotidiana.  Sin embargo su madre y otras figuras que se encargan de su cuidado son trascendentales en muchos momentos .

 

Las amigas son la fuente permanente de vínculo, conversación, sentimientos de todo tipo, contraste de  experiencias, complicidad.  De manera muy intensa construyen preferencias con una o dos amigas y construyen su refugio para transgredir límites, contar lo prohibido, confesar secretos.  Sin embargo en las guerreras la tensión confianza / desconfianza que tanto las atormenta y debilita entra a jugar su papel en sus relaciones con las amigas. 

 

Cotidianamente prestan una atención desmesurada a la “traición” que pueda provenir de las amigas.  Entregan su confianza y expresan su interior pero luego sienten que tienen que guardarlo celosamente y que deben controlar a la depositaria de este tesoro para no ser traicionadas.  Surgen así infinitos juegos de celos, venganzas, ofensas, perdones, reconciliaciones.  Constantemente se mueven los vínculos de amigas pero de cada uno se sale con heridas ahondadas y con nuevas razones para desconfiar.  El ciclo se repite sin cesar.

 

 

Nikole y Sofía se conocen desde niñas, se aman profundamente pero estar con ellas es como convivir con una pareja de novios en constante conflicto.  A veces caminan tomadas de la mano y el mundo se borra, a veces no se miran durante largos periodos de tiempo y se provocan celos abrazando a otra.  Susurran historias sobre como la otra las decepcionó y jamás volverán a ser amigas para luego perdonarse con lágrimas y promesas de ser hermanas por siempre. 

 

Aunque esta tensión es común en las relaciones de amigas a esta edad, en las guerreras es muy extrema y nunca resuelta.  Cada vínculo debe ser probado hasta la saciedad y cualquier signo de traición o decepción es una alarma en rojo, esto las condena a amistades cortas y difíciles.  Luego guardan rencores y en su escala de valores los dolores que vienen de sus amigas son los más graves, los más perdurables.

 

Cuando no se trata de amistad, las guerreras son duras entre ellas.  Construyen jerarquías de poder que están en permanente juego.  Quien se gana el “respeto” debe mantenerlo y siempre hay intentos de arrebatar los lugares de mayor poder. Algunas habitan los escaños bajos.  Ana siempre servía a las otras llegando al extremo de lavar los platos de Xiomara, una de las más fuertes. 

 

Se establecen alianzas de fuertes que protegen a débiles - esto según sus criterios - las primeras podían enfrentarse a golpes defendiendo a las segundas.  La fuerza física, la capacidad de agredir, el manejo del mundo adulto, la valentía para transgredir y la fuerza interior son rasgos muy valorados que van determinando el lugar a ocupar en los vínculos.

 

Expresan amor por las otras de extrañas maneras - para nosotras -.  Rosa es sorprendida inhalando pegante por la dulce Sofía  y ésta no duda en propinarle un puño en la cara como recriminación. Es un acto de amor a su estilo. Constantemente se pegan golpecitos, juegan de manera muy brusca, se hacen bromas pesadas.  Su dificultad de contacto sumado a su deseo de sentirlo las lleva este tipo de expresiones.

 

Cuando se presentan oportunidades de ser solidarias brota en ellas una fuerza ancestral.  Una tarde se fugaron tres jóvenes muy frágiles - venían de ciudades pequeñas o del campo - y las guerreras del grupo salieron a buscarlas caminando largas horas hasta encontrarlas.  Sabían que estaban en gran peligro y no dudaron en auxiliarlas.  Consideran una ofensa la falta de solidaridad en situaciones de este tipo.

 

Dada la soledad y la fragilidad de los vínculos con los y las adultas, en la vida de las guerreras las amigas representan un papel determinante, con ellas planean el futuro y digieren el presente.  Son vínculos que necesitan sanar y que tienen una potencia enorme.

 

Con los y las adultos, en general, su carácter guerrero hace que desde el fondo de su alma rechacen los esfuerzos abiertos o velados de dominarlas y controlarlas. Aceptan jerarquías definidas pero las acatan únicamente cuando, según sus parámetros, la otra persona les merece respeto.  De otra manera actúan de manera doble aceptando el lugar del otro pero desafiándolo y saboteándolo constantemente.

 

Tienen una capacidad rara de hacer que el otro/a perciba sus propias insuficiencias, sus farsas, sus poses.  Con humor o agresión directa parecen desnudar al otro/a, despojarla de las mentiras que  se ha contado para creer determinada imagen de si mismo/a. En ese sentido tienen una capacidad intuitiva excepcional que les permite “oler” el engaño, los intentos de manipulación afectiva, la mentira... Esto resulta bastante amenazante para las/os adultos que se les acercan con pretensiones escondidas o deseos de manipular y controlar.

 

Paradójicamente son de una gran capacidad de manipulación afectiva.  También “huelen” las zonas del otro/a a través de las cuales pueden colarse para obtener algo deseado.  Son muy seductoras, habilidad desarrollada en sus luchas por sobrevivir.  Requieren obtener cosas de los demás y la vida les ha enseñado que esto pocas veces se da con facilidad.  

 

Con sus madres la relación es diferente.  Cargada de una enorme emoción, conflictiva, habitada por miedos y reclamos callados, la relación con la madre es un centro interior.  El signo de ésta relación es el conflicto entre la búsqueda de independencia de las jóvenes y el deseo de control por parte de las madres.  Estas pueden ser de una agresividad extrema para garantizar el mantenimiento de su - ya muy precaria - autoridad.  Esto es paradójico y genera un juego constante, un enfrentamiento a muerte.

 

El espíritu rebelde de las guerreras las lleva a transgredir límites constantemente, lo hacen sabiendo - y quizá buscando - que les acarreará una represalia de la madre ( y en este caso también de la institución).  Esto no quiere decir que no teman a la madre, le tienen terror pero que en este caso las lleva a confrontarse  y a desencadenar su ira. En algunas relaciones la falta de cuidado amoroso, de atención y comunicación profunda es reemplazada por una guerra interminable donde los reproches van y vienen en tono de grito y el contacto se convierte en zarandeo y golpe.  A las peleas siguen reconciliaciones dulces que por un instante ponen a la hija frente a una madre receptiva y cariñosa.

 

Pero también la madre es el hilo continuo en la vida de las guerreras, contrario al padre, la madre siempre está, siempre vuelve a recibirlas, siempre pacta otra vez.  Quizá por eso mueven en el corazón de las guerreras sentimientos muy fuertes, culpas profundas, tristezas sin par.  Las siete que vivieron la experiencia que estamos relatando, buscaron la manera de hacernos conocer a sus madres, de que ellas nos conocieran.  Son seres con nombre, rostro, historia y permanencia y, pese a todas las carencias y fragilidades, esto es demasiado en su vida de fuga y perdida.

 

En la medida en que las hijas crecen y pasan por periodos críticos de fugas y retornos, la relación parece apaciguarse, aparece entonces un viso de complicidad que irá fortaleciéndose.  Angela y Xiomara, las dos mayores del grupo, han logrado un vínculo mucho más tranquilo.  Un día Xiomara pasa riendo a carcajadas con una mujer que parece su hermana, van tomadas de la mano.  Al vernos se devuelve y dice : “Es mi mamita, cierto que es más linda que yo ?”.  Hace algunos años a Xiomara la habían arrancado del lado de su madre - con historia de prostitución - quien caminó por toda la ciudad, de escuela en escuela, buscando a su hija hasta encontrarla y llevársela a su lado.  Esto lo recuerda Xiomara con una sonrisa, su madre no la abandonó. 

 

Esto cambia según la historia. Hay relaciones que jamás se reparan, odios nunca diluidos,  traiciones nunca perdonadas.  Rosa sufrió la traición de su madre, frente a la violación de su padrastro y difícilmente podrá comprenderlo o perdonarlo, de hecho ni siquiera quiso ver a su madre en vacaciones y entre ellas se instaló una distancia casi insalvable.  Por supuesto esto hace mucho más duro un proceso de sanación interior.

 

Viven relaciones complejas con los hombres de su vida.  Este vínculo está fundado en un abandono temprano del padre que las marca de manera indeleble.  Abandono mezclado con episodios de violencia que a veces están borrados de la memoria - aunque no del cuerpo - pero que han cumplido su papel aterrorizante.  La rendición de la madre frente a su compañero es un gesto difícil de comprender para las niñas e inviste al padre - o padrastros - de un poder invencible, de una capacidad de destrucción letal.  La imagen que la madre transmite del padre es casi siempre en extremo negativa, cubierta de sentimientos de desengaño, rabia y amor decepcionado.   La madre siempre se ve como víctima pasiva e impotente.

 

Este escenario resulta dañino para la construcción de un lugar frente a los hombres que no sea el de la reverencia cuya fuente es el terror, el de un constante intento de mantener contento al tirano para que no desate su poder aniquilador, el de la búsqueda desesperada de reconocimiento so pena de no sobrevivir.  Esta relación es vivida una y otra vez por la madre con hombres que finalmente desaparecen.  Seres transitorios pero dotados de infinito poder.

 

Imagen que origina los modos de relación con los diferentes hombres de su vida. Como toda chica de esa edad son románticas, ingenuas y demasiado generosas en el amor.  Están enamoradas de seres bastante poco sólidos hombres casados, hombres que viven lejos, hombres viajeros. Quieren perpetuar instantes ínfimos de amor. Guardan cosas que parecerían insignificantes, una palabra, un gesto y los atesoran por toda la vida. Sus enamoramientos son más ilusorios y fantasiosos que los de la mayoría de las chicas de su edad, pero no muy diferentes en su manera de eclipsar cualquier otro suceso del mundo.

 

Resulta sorprendente que habiendo vivido escenas terribles de agresión de hombres a mujeres -  ellas mismas, sus madres, sus hermanas y otras mujeres - se protejan tan poco en sus relaciones con los hombres.  Es como si en este campo hubieran aprendido un comportamiento auto destructivo arraigado en lo profundo de su ser.  Les temen y los necesitan de manera extrema. Frente a un hombre que les interesa, y discriminan poco, despliegan toda su capacidad de seducción sin protegerse mucho. En seres en permanente guardia esto no deja de asombrar.

 

Estas actitudes son cotidianas - en la calle, sitios públicos - y además de que carecen de la menor cautela, proponen un vínculo que bordea muy rápidamente el terreno sexual.  En las jóvenes con experiencia en prostitución éstas actitudes son muy marcadas, pero no son exclusivas de ellas. Es como si con respecto a los hombres afecto y sexo estuvieran muy fundidos y su deseo de ser acogidas por un hombre lo tramitarán casi con exclusividad a través de acercamientos sexuales.

 

Ya es de noche y estamos caminando en una calle bastante “densa”  frente a una cárcel, el comportamiento de las niñas atrae a varios hombres jóvenes quienes se les acercan a conversar.  En menos de dos minutos están haciendo arreglos para verse, proporcionando teléfonos y acercándose corporalmente.  Una de ellas me dice con una cándida sonrisa “yo nunca había tenido un amigo policía” (era guardia de la cárcel) le digo : “amigo ? no has hablado con él mas de cinco minutos !”

 

Demasiado cerca y demasiado lejos de los hombres, no tienen protección frente a sus demandas pero en realidad no tienen con ellos vínculos sólidos.  Es muy común esto en la edad de ellas pero aquí se da de modo extremo.  Aparecen muchos hombres, idealizados, rodeados de auras románticas, adorados, nombrados mil veces en los cuadernos, soñados y casi inexistentes como vínculos cotidianos.  A pesar de que con varios de ellos han vivido o mantienen relaciones sexuales.  Designan como “novio” casi a cualquier joven que muestra interés en ellas y con los que viven un acercamiento.  Tienen varios novios pero siempre hay uno formal que es el que presentan en su familia. 

 

Una maldición pesa sobre ellas, viene de sus madres y seguramente de generaciones sucesivas de mujeres. Es un designio fatal que las lleva a establecer relaciones desiguales con los hombres y proviene de su extrema dependencia de la mirada masculina, de su aceptación, para sentirse valoradas.  No es extraño entonces que se vuelvan serviles y rindan sus más preciadas defensas para lograr este reconocimiento. Dicho de otra forma, “sin posibilidad de verse a través de los ojos de un hombre casi dudaba de su propia existencia”[17]. En el extremo de éste comportamiento están las jóvenes que han tenido experiencias en prostitución y se han visto sometidas al deseo del otro en una situación donde ellas son totalmente negadas.

 

Como ya lo mencionamos, uno de los episodios más comunes y devastadores de su vida, es el haber sido sometidas a abuso sexual por hombres adultos cercanos.  Una de ellas un abuelo, otra un padrastro, otra un familiar cuyo vínculo no nos ha contado, otra un tío.  Seguramente hay más historias sin contar, más abusos silenciados. Agrava éstos episodios la actuación cómplice de la madre. A veces propiciando, la mayoría de las veces manteniendo el silencio alrededor del hecho y algunas llegando al extremo perverso de culpar a la niña y defender a “su” hombre. Esta traición, de la que ya hablamos, de la madre a la hija queda grabada con sangre en su alma y sirve como última ruptura con una confianza casi siempre bastante frágil. 

 

La confianza rota no es solo con respecto a los hombres o a la madre,  es de manera fatal con respecto a su propia capacidad de poner límites a un hombre al que se le haya otorgado un lugar de poder. Esta es una de sus cárceles interiores más letales. Su medio les ofrece pocas posibilidades de encontrar salidas y los mensajes que reciben de muchas fuentes confirman la solides de los barrotes.

 

Mantienen intactos los imaginarios populares - reforzados por los medios masivos - sobre las relaciones de género . Aunque a veces tienen una dolorosa postura critica frente a sus madres con respecto a su relación con los hombres, todas se visualizan casadas, con hijos y en relaciones ideales.  Tener novio y ser admiradas por los hombres son requisitos para ser valoradas por otras y por ellas mismas.

 

A pesar de lo dicho, en ellas hay una semilla de rebeldía frente a la situación.  Es una voz que les exige liberarse de la dependencia de los hombres pero que es débil frente a otras que las arrastran a entregar su propia autonomía por el amor - a veces briznas de él - de un hombre.  La necesidad de afecto masculino les juega muy malas pasadas, las vuelve vulnerables.  En realidad no tienen de donde construir otras alternativas de amor con un hombre ya que éstas no solo son escasas en sus vidas sino en nuestra cultura.

 

En el fondo hay un vacío profundo y doloroso frente a los hombres, un vacío que termina siendo uno de los abismos más peligrosos ya que sus consecuencias pueden ser de muy larga duración como un embarazo o una unión sin mayor conciencia.  Lo que hace aún más vulnerables a las guerreras, frente a otras mujeres,  es su inclinación excesiva a rendirse frente al poder del que invisten a un hombre, a entregarles su vida y su alma.

 


Capítulo 4

UN VIAJE JUNTAS

 

Durante cinco meses estuvimos reuniéndonos con el grupo de las siete guerreras que hemos mencionado.  Los encuentros duraban un día o medio día y eran semanales. Estabamos explorando las maneras mas fructíferas de vivir experiencias que las ayudaran a crecer, a reconocerse, a tomar conciencia de si mismas y sobre todo a quererse.

 

Fue un viaje intenso y bello que nos permitió conocernos con alguna profundidad y tejer un vínculo amoroso que venciendo temores y defensas pudo crear una experiencia vital.  Como todo viaje, el que emprendimos con nuestro grupo de magas estuvo plagado de sorpresas, días de sol, días de llovía, días de neblina. Fue una búsqueda y a la vez una historia de amor.

 

Creemos que de está vivencia se pueden extraer algunas claves para compartir con personas que quieren emprender - o de hecho realizan - procesos similares. Las claves señalan caminos, describen rutas, pero cada experiencia de crecimiento personal es singular, debe serlo, tiene su color, su textura provenientes de las almas que allí se encuentran.

 

Narraremos tomando los elementos que resultaron siendo más potenciadores del proceso. Tomamos muchos caminos estériles o cerrados, en muchos momentos actuamos de maneras que luego entendimos no eran las mejores, muchas veces intentamos cosas que no funcionaron.  Fue siempre una búsqueda, siempre nos exigió apertura y humildad y siempre nos reservó mucha más satisfacción que la que planeábamos.  Lo que ocurrió fue hecho entre todas, gracias a la fuerza y la magia de las guerreras y al amor que fuimos fundando entre todas.

 

Un comienzo movido  narra los primeros encuentros, las partes sucesivas se centran en procesos que al decantar la experiencia creemos que fueron esenciales : Reconociendo el territorio, Tómeme una foto, si ?, Pasar rico, Expresarse, Cuerpo mío y Nuestro mundo, otros mundos. 


 

Un comienzo movido

 

La primera vez nos encontramos con diecinueve niñas en un paseo de dos días a una bella casa campestre.  Había niñas desde doce hasta dieciocho años, algunas llevaban un año en la institución, otras apenas estaban ingresando.  Afortunadamente una antigua voz lo predijo : van a espantarlas, van a hacer todo por conmocionarlas. No se ahorraron esfuerzos en este sentido.

 

Desde el primer día estuvieron probando nuestros límites, de manera muda pero contundente nos preguntan : Ud. de verdad puede aceptarme de manera incondicional ? .  Este cuestionamiento implicó duras pruebas y hostilidades. Entonces entendimos los comentarios de muchas de las personas que trabajan con ellas :  “Es que son muy difíciles, es que uno no sabe con lo que van a salir, es que un día están muy bien y al otro día muy mal, es que son mal geniadas, es que lo confunden a uno, es que uno no sabe como protegerse de ellas, es que son seductoras y manipuladoras, es que son mentirosas, es que no se comprometen con los procesos...”.

 

Al comienzo nos estremecemos, nos asustamos, no logramos que nos atiendan, están dispersas, no nos miran, no hacen contacto visual, se burlan bajito. Quieren estar en la piscina todo el tiempo y poco a poco entendemos que es allí donde está la experiencia valiosa en ese momento. Cuando se bañan parecen loquitas : gritan, saltan, se tiran mil veces, intentan nadar de maneras imposibles.  Para algunas es su primera experiencia.  Doris la diminuta viajera de tierras lejanas es un pez, ha crecido cerca a los enormes ríos llaneros y nos deja perplejas con su habilidad.  Todo el tiempo quieren que las miremos y las aprobemos, que las aplaudamos.  Están contentas pero cautelosas, para ellas somos otras psicólogas mas que queremos hacerles talleres y ponerlas a contar su historia.

 

Las dejamos mucho tiempo en la piscina, las actividades planeadas se reducen al mínimo y empezamos a sentir lo que ellas van a enseñarnos : a romper todos los esquemas y a abrirnos a las rutas que la experiencia nos va señalando.  No es la última vez que sucederá, durante todo el proceso nos romperán la formalidad y tendremos que retornar con humildad a una actitud básica de aceptación y apertura que vamos comprendiendo es la base de una experiencia en la que ellas encuentren espacio para conocerse y crecer.

 

Descubrimos en ese taller elementos muy importantes : aman lo expresivo - pintura, baile, disfraces, canto... y tienen un gran potencial en este sentido.  Casi todas creen que no vale la pena pensar en la historia, que el pasado es pasado y que es muy estúpido retornar a él.  Algunas son fóbicas al llanto o cualquier la expresión de dolor, otras ríen a carcajadas cuando se asoma el mas mínimo signo de tristeza o interioridad.  Las asusta a morir ir hacia adentro, cualquier tipo de introspección que implique silencio y una actitud de recogimiento las angustia y se resisten a hacerlo.  Cuando tratamos de hacer una relajación no pueden cerrar los ojos, entran en pánico, algunas se retuercen en su lugar, enroscan las piernas, abren los ojos aterrorizadas. El contacto entre ellas es muy brusco, en un intento de trabajar masaje terminan agrediéndose con risa hasta llegar algunas a golpes disimulados pero fuertes.

 

Una de las cosas que más les gusta es el cuaderno que les damos al comienzo, es bonito y viene acompañado de un esfero de colores vivos. No pueden creer que es para que escriban lo que deseen y que es absolutamente privado, íntimo. Algunas se lo apropian de inmediato, otras lo tratan como un cuaderno escolar que deben mostrarnos para ser aprobado.  Al final comprenden que es de ellas y lo atesoran con cariño.  El cuaderno será un elemento importante del proceso.

 

El final del taller es revelador : con sus caras pintadas en una actividad feliz y fluida porque pudieron expresarse con libertad y jugar, se van parando frente a la cámara fotográfica haciendo sus poses y pidiendo que luego les demos las fotos.  Aunque no saben si confiar, se arriesgan y van tomándose más libertad en la elección del lugar y de la pose.  Algunas se quitan la ropa y quedan en vestido de baño.  Aunque cae una ligera llovía la idea de las fotos las apasiona a tal punto que se mojan y no paran hasta terminar el rollo.  Descubrimos allí una veta de trabajo que será muy bella en adelante.  Como es obvio pocos días después tienen las fotos en sus manos, allí nos jugamos su confianza.

 

A partir de esta experiencia definimos que seguiremos los encuentros con un grupo más pequeño  y más homogéneo en edad y procesos. Serán siete.  Esto permite avanzar más fácilmente y explorar más de cerca algunos temas, así como dedicar suficiente atención a cada una.  Lo merecen y lo requieren.

 

En un par de encuentros preparatorios les explicamos el proyecto, su papel en él y construimos unos acuerdos que guiaron la experiencia.  Fueron propuestos por ellas mismas y luego redactados por nosotras y entregados en papelitos a cada una.  Cuando fue necesario los retomamos pero en realidad estuvieron presentes de manera implícita y sobre todo, se convirtieron en una real búsqueda en las relaciones que construimos :

 

Acuerdos para hacer un viaje juntas y crecer          

·       Me comprometo con el grupo y con la tarea que estamos haciendo.

·       Confío en mi misma y en las demás 

·       Escucho 

·       Me valoro y valoro a las demás

·       Respeto  a cada  una y a mi misma.

·       Trato de expresar lo que siento y pienso para enriquecernos.

·       Soy sincera

·       Resuelvo las diferencias de opinión o sentimientos de la manera más amorosa posible

·       Asisto a las actividades, lo mas que pueda, me esfuerzo por hacerlo

·       Voy a gozar ! si estoy aburrida... voy a proponer algo rico !

·       No acepto ciegamente la autoridad de nadie

·       Si no me gusta algo, lo expreso y aporto para buscar alternativas

·       Si quiero decirle algo a alguna del grupo, busco la mejor manera de hacerlo y no me guardo rencores.

Ser yo misma, esta bien como soy, como hablo, como me visto

 

También exploramos el tipo de experiencias que querían vivir y creían que les iba a alimentar el alma, a ayudarlas a crecer.  Eligieron algunas actividades del primer taller - especialmente masaje y pintura de cara - casi todas las restantes se relacionaban con salir a otros espacios de la ciudad.  Nos sorprendió su gran interés en visitar personas que por su situación necesitaban ayuda.  En la medida en que sentían mayor apertura las propuestas fueron siendo más lúdicas y, siempre, en la calle.

 

Durante este tiempo inicial las percibimos muy formales hacia nosotras, cautelosas y , a la vez, deseosas de llamar nuestra atención y ser el centro de interés. Sentíamos una permanente complicidad entre ellas y muchos juegos de manipulación afectiva.  Esto cambió radicalmente durante el proceso como veremos. 

 

Nunca faltó ninguna a un encuentro, llegaban felices, bellas, ansiosas de vivirlo.  Esto fue para nosotras un permanente indicador de que estabamos logrando un camino con experiencias vitales y placenteras tal como queríamos.

 

 


 

Reconociendo el territorio

Cuando nos sentábamos con ellas o cuando caminábamos por las calles éramos felices,  reíamos tanto !.  Son seres magníficos, sabias de una manera salvaje. Que fuertes, cautelosas, intuitivas, inteligentes, mágicas ! Aprendimos profundas lecciones de la vida con ellas.

 

Trajimos un mapa de Bogotá y de inmediato aglomeraron frente a él mostrando los lugares que conocían mientras los nombraban con sonrisas y comentarios. Luego dibujaron sus propios mapas. Debían señalar las zonas que conocían. Los llenaron con sus señales, dibujitos emblemáticos y colores.  Iban dejando invisibles migas de pan al señalar cada lugar.  Eran su territorio, sus dominios, sus vínculos y sus dolores.  Su vida.  Cuando los nombraban a veces se pusieron felices, pero demasiados sitios estaban pintados de negro.  Mara dibujó un punto blanco en medio de un gran circulo negro que cubría la zona de su casa y su barrio, más tarde comprendimos la razón.  Eran mapas vivos.

 

Cada una nos muestró su mapa y vuelve a hacerse claro un pacto : no las forzamos a decir nada que no deseen, si quieren contar algo lo hacen, sino pueden simplemente narrar su sentimiento o mostrar el signo utilizado.  Pero hay mucha expresión en sus dibujos, es fácil sentir y comprender lo que significan. 

 

En esta experiencia con los mapas hubo una intuición que resultó certera : son seres territoriales, dominan zonas de la ciudad,  saben moverse en determinados espacios. Sus mapas quedaron muy cargados en unas zonas bien definidas, sus barrios de origen y las zonas donde han deambulado, el resto de la ciudad permaneció blanco, inexistente, sin ninguna referencia.  Este aspecto fue contundente a través del tiempo.  Los límites de su territorio son muy claros y si los amplían es hacia zonas de paisajes similares, de “su gente”, tienen muy poco interés en zonas de diferentes grupos sociales. Es una identidad cultural definida y que se asume con orgullo, se sienten diferentes a los grupos sociales más favorecidos económicamente y esa diferencia la cultivan permanentemente.

 

Después de narrarnos sus mapas, cada una escogió un lugar al que quería ir con nosotras. El reconocimiento de sus lugares de vida debía ser directo, concreto, corporal. Fue una experiencia muy fuerte. Desde muy temprano salimos a recorrer sus zonas de la ciudad, guiadas por ellas ya que para nosotras eran territorios desconocidos.  También  las llevamos a lugares de “nuestra” ciudad. Caminar por las calles, montar en bus, encontrarse personas y sitios conocidos pero todo de una manera nueva por estar mostrándoselos a otras personas, descubriéndose.

 

Casas oscuras, barrios miserables, mucha pobreza.  Algunos lugares se percibían más oscuros que otros.  Los espacios muy reducidos para las personas que allí viven.  El hacinamiento es claro en todas las casas lo que crea una cierta sensación de opresión.  En ninguna casa hay espacio para la intimidad, tampoco ventanas que den aire.  Están en barrios con muy escasas  zonas verdes,  con calles deterioradas y pésimos servicios públicos.  Es fácil imaginar una niñez en estos sitios, fácil y terrible.

 

Fue una experiencia fuerte de reconocimiento. Lo que produce la conmoción interior del reconocimiento es la posibilidad de resignificar una situación, una imagen.  Resignificar implica mirar desde una nueva perspectiva, ver desde un nuevo lugar interior, tomando distancia sin hacerse ajeno. Es verse de manera más amplia y con los ojos del corazón. 

 

Por eso, reconocer un territorio es un acto interior que no se reduce a pasar por allí sino que requiere conectarse con su sentido y con los significados y recuerdos que allí flotan.  Es como recoger partes de una misma y verlas de frente, sin la cotidianidad de por medio sino desde un escenario, desde un palco que lo muestra en toda su plenitud pero a la vez nos permite tomar conciencia de su dimensión y significado.  Muy pronto ellas comprendieron el sentido.  Cuando una de ellas sentía una terrible vergüenza frente a el doloroso paisaje interior de su casa, oí a otra que le decía : no, fresca, si aquí si somos lo que somos, de verdad.

 

El reconocimiento de sus territorios de vida nos reveló otra cave : las experiencias de desarrollo personal con ellas deben ser directas, vividas, no pueden ser, como en el caso de las adultas, a través de representaciones de la historia o de determinados aspectos de su realidad.  Estas mediaciones verbales de la experiencia no las motiva mucho, requieren enfrentarla de manera directa, ponerse en escena. Lo único tan potente como la experiencia directa será la experiencia expresiva - artística en determinadas condiciones, esto lo comentaremos más adelante.

 

En el siguiente encuentro recordamos lo vivido y fluyeron muchas lágrimas por el dolor que recogimos entre paredes oscuras y dolores sin nombre. Había muchas imágenes en el alma de todas y sobre todo una conciencia nueva de que compartían algo muy profundo y que si bien su ser verdadero, el que muchas ocultaban previamente, estaba cargado de cicatrices podía ser recibido amorosamente, podía ser reconocido por otras personas y por tanto por ellas mismas. 

Sutilmente fueron dejando aflorar su ser profundo, su ser real.


 

 

Tómeme una foto, si ?

Reconociendo sus verdaderos rostros

 

 

Con timidez muestran su rostro y esperan nuestra reacción, algo en ellas sabe que el mundo adulto no las acepta, que el mundo hace de la diferencia una discriminación.  También saben que el hecho de estar en una institución las pone en una situación de cierta desventaja hacia quienes tienen el poder en sus manos, hacia quienes portan las normas.  Se debaten entre dejar asomar su rostro verdadero y esconderse pasando por retar, agredir y deprimirse.  Es un movimiento continuo y poco perceptible que sólo una experiencia continua, coherente y auténtica de aceptación y amor de nuestra parte logra pacificar en un largo proceso cargado de cautela. Entonces sus rostros comienzan a permanecer más tiempo en la superficie, a relajarse. 

 

El mensaje que han recibido desde muy pequeñas ha sido que su ser auténtico y profundo no es aceptado ni amado. De manera aún mas contundente han aprendido que es doloroso confiar en los y las adultas que pueden ejercer algún tipo de poder sobre ellas.  Saben que tarde o temprano serán traicionadas, esto es, que la persona adulta utilizará su poder para devastarlas, para quitarles su libertad de ser, para dominarlas y obligarlas a ser y actuar de las maneras esperadas y aceptadas en los diferentes medios en que se han movido.

 

Ellas son guerreras, rebeldes y fuertes, han apostado al suicidio antes que dejarse asesinar, se han fugado de todas las cárceles que la vida les ha puesto, no son las conformes, son las luchadoras.  Entonces no aceptarán ser dominadas sin oponer resistencia, lo harán de las maneras más calladas o más ruidosas, de las maneras más sutiles o más groseras. Desafortunadamente cada intento de dominarlas y negarlas las va llenando de más rabia y les va consolidando aún mas las defensas que las cubren.

 

Ser mujer, joven, de los sectores mas pobres, de cultura popular es tener tantos estigmas encima que la defensa se convierte en una manera de vivir.  El respeto a su manera de ser no es frecuente, aún en algunas instituciones de Protección a las que son enviadas para darles una oportunidad de crecimiento.  Los discursos de algunas  personas encargadas de su cuidado casi siempre implican la necesidad de cambiarlas, modificarlas, curarlas.

 

Uno de los aspectos donde esto resulta más obvio es el que se refiere al lenguaje, posturas corporales y al vestido. Una vez las niñas han tenido vivencias de calle, en prostitución u otras actividades, adoptan modos de comportarse híbridos entre los que han aprendido en su infancia y que son propios de la cultura de la que proceden y los que la calle les transmite, que constituyen identidades importantes para formar parte de ese mundo y circular por determinados espacios y subculturas dentro de él.

 

Muchas veces éstas identidades son para las niñas los rostros que de manera mas autónoma han asumido. Han implicado esfuerzos para ganarse posiciones en un mundo donde el respeto es un valor importante que es gestionado de maneras muy violentas pero que para ellas tienen un sentido y significan una construcción.  En la calle ellas han vivido experiencias que las han marcado profundamente, su ser ha ganado nuevos pliegues y los recuerdos, muchos terriblemente dolorosos, han tatuado su memoria y su piel. 

 

Sin embargo cuando estas niñas llegan a instituciones de Protección o de otro tipo (aun la escuela, servicios de salud...) uno de los objetivos que con mayor encono persiguen los y las adultas es despojarlas de esa identidad, arrancarla por cualquier medio incluyendo el rechazo abierto, torturas en forma de pseudo - psicoterapias, moralismos y demás modos de control usados socialmente.  Muchas veces el esfuerzo en las primeras etapas de vida institucional es encaminado a arrancar el rostro que portan las niñas y a ofrecerles uno aceptado socialmente para que sean así personas “legítimas”.

 

Quizá porque lo que expresan éstas jóvenes nos horroriza, sentimos una gran compasión con su dolor o tendemos a demonizar su vida viéndolas como enfermas en algunos casos, víctimas en otros,  pocas veces vemos su fuerza y su luz.  Entonces les exigimos ser nuevas, que se borren de un tajo los rostros que tan dolorosamente han forjado. Les pedimos que se arranquen lo anterior de la piel.  Las invitamos a dejar atrás lo vivido, sometiéndolas a verdaderas torturas para que hablen diferente, se comporten diferente, se vistan diferente.  Algunos creen curarlas, otras reformarlas, otras rehabilitarlas, otras reeducarlas, otras redimirlas, unas pocas, amarlas

 

Este enfoque centra la mirada en el comportamiento exterior y olvida que el lenguaje, el vestido, la postura corporal, los gestos, la estética...no son simples mascaras que pueden ser retiradas por un esfuerzo de voluntad.  La manera en que aparecemos en el mundo contiene profundos significados y esta cosida al alma con hilos complejos de material delicado.

 

Crecer implica cambiar desde la aceptación plena de quienes somos, de nuestra historia, de lo que revelan nuestros gestos y palabras.  El cambio es una consecuencia no una meta, debe proceder de hondos procesos de integración y reconocimiento, de la comprensión de el camino recorrido, del amor a las huellas y las cicatrices.  Si vamos cambiando es porque nuestro ser encuentra modos de expresarse mas fluidos, no porque un nuevo rostro nos es impuesto.

 

Creer que cada una de ellas es un ser singular, dotado de talentos y maneras de ver el mundo particulares es la única manera de acompañarlas a un camino de reconocimiento y aceptación de sí mismas.  Esto requiere una gran confianza interior en los seres humanos, en la bondad de la energía que nos llena y en la tendencia interior que todos tenemos hacia la realización de quienes somos.  La necesidad de los adultos de “cambiarlas”, “curarlas”, “rescatarlas”, no muestra sino una gran desconfianza en que todo ser humano en unas condiciones de aceptación y amor encontrará caminos para labrarse una existencia con sentido, porque su poder viene de adentro, de su yo auténtico, de aquellas partes que han sido acalladas, rechazadas, prohibidas, una vez puedan asomarse e integrarse a lo aceptado. 

 

El reconocimiento, la plena aceptación, sana poco a poco las heridas que el rechazo, el abandono o la exigencia de comportarse de determinada manera han causado.  Es un movimiento que pasa por la relación con personas significativas que nos miran con apertura y cuya aceptación profunda nos permite hacerlo frente a nosotras mismas. Es una experiencia que debe ser continua, coherente y vivencial.  No se trata de decir que las aceptamos, se trata de abrir nuestras mentes y almas y recibirlas verdaderamente.

 

 Una manera en que concretamos este proceso fue a través de la fotografía. Durante toda la experiencia tomamos fotos, era una de sus actividades preferidas. Al comienzo asumían poses estereotipadas, repetidas hasta el cansancio en los medios masivos en las que el cuerpo adquiere una postura de provocación, de seducción, de entrega abierta. Parecían reinas o modelos de revistas. Poco a poco fueron explorando otras poses y liberándose del esquema.  A esto ayudó una actividad en la que miramos muchas posibilidades de expresión corporal femenina a través de fotos de muy diverso origen y sentido. 

 

Para todas, fue una de las experiencias más vitales, las fotos les permiten contactar imágenes de si mismas y enriquecerlas, las que tienen son muy precarias. Aman las fotos y sobre todo la libertad de ensayar poses y lugares. Cuando la foto vuelve a sus manos la alegría es muy grande, la atesoran, la pegan en su cuaderno, la miran muchas veces, miran las delas demás y comentan cómo se ven. Muchas de ellas no tenían fotos propias. Son una manera de hacer tangible su existencia y de verse desde muchos ángulos, así como de romper imágenes estereotipadas, porque cuando al verse no se reconocen, buscan imágenes que las muestren mas, que dejen atisbar su verdadero rostro.

 

Poco a poco esta actividad se convirtió en un medio de expresión, ya no sólo deseaban fotos de sí mismas sino que imaginan encuadres en los lugares que visitamos y soñaban con imágenes en las que expresan su manera de percibir el mundo, sus sueños. 

 

Durante un tiempo largo cada una diseñó un retrato de sí misma.  La idea era imaginar una foto donde expresaran quienes eran en ese momento a través del diseño de un escenario, la utilización de objetos, vestuario, efectos...De vez en cuando conversamos sobre sus avances. Su imaginación es desbordada, su capacidad de expresión es muy grande. Cada una definió poco a poco su imagen, algunas la vieron desde el primer día con total claridad, otras dieron bandazos entre imágenes ilusorias, hasta encontrar lo que deseaban.

 

Pusimos a su disposición muchas opciones de vestuario, adornos, elementos diversos, maquillaje y cada una escogió lo que deseaba siguiendo la idea que habían concebido a lo largo de varios meses pero a la vez creando en el momento de tomar la foto, de acuerdo a los recursos y su manera de sentir ese día.  Cada una construyó su escenario, se arregló y hubo un gran apoyo entre ellas para que todas estuvieran contentas con su retrato.  La posibilidad de diseñar el retrato demostraba con gran claridad los diferentes niveles de reconocimiento que cada una tenía de si misma.  Algunas lo hicieron con gran facilidad, otras dudaron hasta el final.  Todas se lo gozaron mucho y el resultado fue sorprendente : imágenes de muy densa simbolización que cuentan la historia y la personalidad de cada una.

 

Durante el tiempo en que prepararon el retrato e íbamos conversando sobre él en los encuentros, fueron cambiando de idea, ajustándolo a una creciente visión de si mismas. Entonces Rosa pasó de verse bajándose de una Limosina a verse metida en una copa de licor, vestida de fiesta, hasta finalmente llegar a un retrato impactante : está sentada, vestida de negro, pelo suelto y labios rojos.  Sostiene una botella de aguardiente en una mano enguantada de blanco, frente a ella una mesita llena de botellas de otros licores.  El fondo es negro, de su espalda brotan enormes alas blancas.  Es un ángel caído.

 

Angela comienzó viéndose disfrazada de la Chilindrina y terminó apareciendo recostada desnuda en un sofá porque “esa soy yo”.  Como todos, este retrato es impresionante.  Angela rodeada de velos rosa y azul, maquillada suavemente, su cuerpo salpicado de margaritas blancas, un rostro dulce y apacible adornado con su eterna mirada transparente.

 

Nikole  identificaba su territorio pero aún era muy brumosa la imagen que deseaba.  Después de varios intentos, el retrato la muestra en su faceta más bella, mirándose a un espejo, rodeada de velas, con un largo vestido negro.  Su mirada triste pero serena ocupa toda la escena.  Ella es la que se mira, la pequeña filosofa de la noche, la guerrera.

 

En un rincón Ana decora con los objetos que siente más cercanos : ollas, escobas, utensilios de cocina, pan.  Dice que se la ha pasado limpiando y haciendo oficio, que esa es su vida.  Se viste de violeta y en sus manos coloca una pequeña virgen que la protege.  Como siempre se ve asustada pero una fuerza interior se asoma en su piel.  

 

Al ver las fotos se sorprenden mucho, las miran muchas veces, se burlan, se sonríen.  Algunas descubren rasgos de si mismas que no conocían o no reconocían.  Para cada una su retrato es un tesoro, en él esta una expresión de la singularidad de su ser y una prueba tangible de su existencia y de un momento de libertad.


El placer, pasar rico

 

“...añoran vivir un poco de la niñez, jugar, bailar y encontrar amor”[18]

 

La vida ha sido poco generosa con ellas, es poco lo que han vivido por el placer mismo de las experiencias.  Quieren gozar la vida, conocer sitios nuevos, asombrarse.  Son jóvenes, curiosas, vitales.  Muchas experiencias fueron tan sólo para pasar rico, para gozar.  Sentir el viento en la montaña, conocer Monserrate, entrar a una discoteca a pleno día, reír a carcajadas, gritar en una buseta cargada de cansados oficinistas que vuelven a sus casas, bailar, cantar.

 

El placer de vivir se puede experimentar de maneras simples y sus cuerpos deben registrarlo, aprenderlo.  Pasar rico requiere de parte nuestra soltarlas, dejarles un margen de libertad y creatividad aunque muchas veces nuestras mentes adultas quieran controlar, restringir, forzar a ser de maneras rígidas, convencionales. El placer es la experiencia sanadora más potente que existe.

 

En la mayoría de las interacciones con adultos que observamos, el adulto se convierte en un controlador, en un ser excesivamente normativo,  limitante.  Quizá la fuerza de ellas, su falta de convencionalismo, su excentricidad asusta demasiado.  Existe la creencia general de que a un espíritu libre hay que domarlo a la fuerza, sujetarlo con violencia para que se adapte al mundo.  Indudablemente sus limites son frágiles pero no se fortalecerán a través de el castigo sino de una confianza que sin permitir abusos las deja pruebar interiormente su propia capacidad de fluir en libertad y cuidarse.

 

Durante el proceso tres del grupo de “las siete” se fugaron de la institución por cuatro días.  No se reportaron a sus familias pero si enviaron señales a las personas de confianza. Vivieron una aventura riesgosa en la que se estaban probando muchas cosas y también en la que palparon lo que sucedía en su entorno. Se sentían libres, responsables, dueñas de su vida por unos días. También sintieron sus límites, sintieron el abismo que se abría a sus pies, la necesidad de protección.  Comprendieron que ya tenían un refugio afuera y uno adentro con cálidas paredes cubriéndolas.  Se sentían culpables pero felices de suscitar tanta atención, de ser tratadas como hijas prodigas al volver.  Lo que mas deseaban era gozar en libertad, sentir que podían hacer lo que deseaban sin restricciones ni castigos.  Al oír sus narraciones una sonrisa aflora en mi rostro, yo deseé lo mismo a los quince años, probar mis alas y luego tener a donde volver. 

 

Gozar es una de las claves para crecer.  Es simple y a la vez complejo porque confundimos un proceso formativo con la idea de transmitir conocimientos,  impartir ordenes, sujetar a normas y olvidamos que la esencia misma es permitir que se despliegue el ser sabio y curioso que todos llevamos dentro.  Muchas de las actividades que hicimos tuvieron como único fin el gozo, la diversión.  Aprender a disfrutar la vida tiene que pasar por experiencias reales donde esto sea central. El cuerpo necesita aprender a sentir placer, a liberarse de fines, de determinaciones utilitarias.

 

Esta sabiduría la hemos perdido todos, y ya parecemos conformarnos con ello,  pero para los jóvenes es todavía una necesidad demasiado vital, más aun cuando no han vivido infancias felices.  Recuerdo a mi tío Virgilio, vivía en otra ciudad y cuando venía a visitarnos nos llevaba a paseos donde pasar rico era la consigna.  Tenía un gran Jeep y en él nos montábamos solo los primos y primas, sin mas adultos que él manejando feliz mientras buscaba un potrero para hacer el almuerzo.  Cantábamos a toda voz, pedíamos paleta y sabíamos que el tío nunca nos regañaría.  Cuando peleaba con otras niñas de mi edad les gritaba : pues yo tengo un tío que me adora ! para mi era un tesoro, era amor y libertad, risa y helado.

 

Todos deberíamos tener experiencias así en la infancia y durante toda la vida.  Experiencias de puro goce : montar en teleferico viendo la ciudad en toda su plenitud, pedir deseos en una fuente, correr por el campo, caminar por las calles hasta la noche, comer un delicioso pan fresco en cualquier cafetería, cantar “karaoke”[19] en medio de una pequeña multitud que las admira,  ver el atardecer frente a una chimenea mientras un hombre de mirada dulce les cuenta cuentos, comprar chucherías para colgarse, timbrar en una casa anónima y salir corriendo, presenciar un concierto de Rap en exclusiva.  A ellas la infancia se les fue sin fiesta, la adolescencia se les va cargada de responsabilidades y luchas, nada puede ser más potente para alimentar su alma que la diversión.

 

Las propuestas de diversión provinieron casi siempre de ellas, las fueron expresando cada vez con mayor tranquilidad y entusiasmo porque sabían que las hablaríamos directamente y si era posible, intentábamos que así fuera, las llevaríamos a cabo.  Cuando por algún motivo era imposible hacer realidad las propuestas buscábamos alternativas y exponíamos claramente las razones.  Jamás utilizamos éstas negociaciones para nada que nosotras requiriéramos o como medio de presión en algún sentido.  Es muy común que el castigo en la vida de ellas este asociado a la limitación del placer, queríamos que experimentaran otra sensación, la que sentíamos todos cuando alguien está dispuesto a darnos sin intercambio o fines utilitarios.

 

Algunas veces enfrentamos situaciones difíciles pero logramos acuerdos  en los que la decisión nos involucraba a todas.  Sin embargo al pasar el tiempo el interés por hacer cosas que transgredieran límites disminuyó considerablemente, así como sus expresiones escandalosas o fuera de lugar.  En la medida en que se sentían aceptadas la sensación fue de calma y más interioridad. 

 

Al igual que en todas las experiencias vividas, lo que se buscaba era liberar un ser interior que posee sabiduría y que esta agazapado esperando que afuera no haya tormenta y castigo para expresarse y guiarlas.   No es posible que esto suceda si uno no se arriesga a crear espacios de libertad donde lo que surja de cada una sea respetado, comprendido y gozado. Esto no puede chocarse con limites morales, estéticos o éticos porque nuestra función no es poner más limites sino abrir el horizonte y confiar en su capacidad de autoregulación.


 

 

Expresarse

 

Hemos mencionado varias veces la capacidad creativa de las magas guerreras, es impresionante.  Hay algún elemento de su vida que las libera de trabas que ya niñas de su edad tienen para expresarse.  Una vez tienen un terreno propicio - libertad y recursos - se concentran en su obra y de manera muy fluida logran expresarse con gran versatilidad y fuerza.

 

Cuando hicimos una experiencia de Collage[20] el secreto estuvo en que aunque trabajamos un tema : la infancia, la persona que nos ayudó, llamada Natalia, se limitó a apoyarlas técnicamente valorando todas las ideas que se les ocurría y ayudándolas a poner en practica. También fue importante la disposición de recursos de la mas diversa índole y origen.  Esta prolijidad en los materiales es una clave para cualquier proceso expresivo.

 

La expresión a través creaciones personales - llamémoslo o no arte depende del punto de vista que tomemos - permite aflorar sentimientos e imágenes profundas, guardadas a la conciencia pero actuantes en la vida.  Cundo logramos un contacto interior con nuestras emociones y símbolos y podemos expresarlo de alguna manera el proceso de reconocimiento y conexión es muy profundo y vital.  El arte no debería ser reservado para pocas personas sino que podría ser una manera de vivir la vida diaria en la que la forma de expresarnos pueda ser rica y bella desde la singularidad de cada cual.

 

La expresión es la respiración del alma, es una necesidad básica, no simplemente un divertimento para elegidos.  Además es una manera fácil de conocernos y visualizar nuestros modos particulares de ver el mundo y nuestro ser. Al igual que la vida la expresión requiere libertad y seguridad.  La primera es clara, debemos alejarnos de toda pretensión de perfección o de los criterios que definen lo bello y lo feo y dejar que fluya nuestra manera de ver la vida.  La calidad de la obra desde el punto de vista artístico puede ser diversa pero en realidad no es el centro de interés en el caso del desarrollo personal, lo es la experiencia misma, la posibilidad de ponerse en escena, de pintarse, de escribirse.  La seguridad se refiere a las condiciones externas, a un ambiente de aceptación y goce que respeta la singularidad y la diferencia.

 

Como todas las experiencias que vivimos, las de carácter artístico no estaban definidas de maneras rígidas sino que desde un propuesta inicial íbamos dejándonos guiar por los deseos y fantasías de ellas y nosotras hasta llegar juntas a la realización de una experiencia determinada con un medio como pintura, collage, canto, baile, fotografía.  Estas experiencias siempre estuvieron ligadas a la vida, a la manera en que ellas les gusta realizarlas, a momentos que brotaron naturalmente y no a esquemas rígidos determinados por nosotras. 

 

Para nuestras siete jóvenes la experiencias expresivas eran ricas y capaces de centrarlas como ninguna otra.  Esta posibilidad  de centrarse es importante ya que les permite fluir y fugarse “hacia adentro” y no hacia afuera como están acostumbradas.  Descubrimos talentos individuales : cantantes, fotógrafas, dibujantes, diseñadoras de espacios, bailarinas... Talentos natos que con estimulo y guía podrían convertirse incluso en bases para proyectos productivos que no solo les representara un ingreso sino además una actividad con sentido y cercanía a su verdadero ser.

 

Una parte importante, indispensable, en la construcción de alternativas de vida para éstas jóvenes es su posibilidad de acceder a una actividad productiva a nivel económico.  Esto está relacionado con su nivel de formación técnica en determinado oficio o profesión pero también con su posibilidad de poner en juego en esta labor los intereses y talentos propios de cada una de ellas.  Existe la tendencia a separar el desarrollo productivo del desarrollo personal y adjudicarle al primero la única finalidad de garantizar un ingreso sin importar las diferencias individuales y el sentido que el trabajo  pueda dar a la vida de las personas.

 

En el caso de las magas guerreras la prioridad es que terminen su formación escolar pero de manera simultánea se puede emprender una identificación de los talentos e intereses que orientarían la formación para el trabajo, dándole a este proceso no solo un carácter técnico o de formación de habilidades sino de despertar y canalización de inquietudes interiores.  En este proceso la exploración de los talentos artísticos, expresivos, es muy enriquecedora.  Puede permitir que se construyan opciones laborales más satisfactorias y que aporten  sentido a la vida de las jóvenes sin que dejen de ser productivas. 

 


 

 

 

Cuerpo Mío

 

Abordar el cuerpo en las experiencias vividas con el grupo de jóvenes no fue fácil.  Cualquier intento de formalización del acercamiento al cuerpo resultó un fracaso.  Ya fueran propuestas de relajación o de movimiento, el hecho de hacerlas de manera directa, explícita despertaba cierta resistencia expresada como dispersión o rechazo abierto. 

 

Por su edad e historia  en ellas se mezcla un gran dolor asociado al cuerpo y una negación masiva de partes de él con impulsos a la acción, la sexualidad, la exhibición, el juego.  Entonces aunque son muy corporales en su expresión, a la vez tienen cuerpos pesados, torpes y cerrados al contacto profundo, como ya contamos atrás.

 

En general gastan los mayores esfuerzos en crear y mantener una imagen corporal determinada. Imagen que transmite lo que consideran valioso : seducción, fuerza y  belleza.  Tienen poco contacto con su cuerpo en cuanto  a su estado de salud, vitalidad, flexibilidad, gracia. De allí que se maquillan con esmero, calzan zapatos de tacón muy alto, disimulan la gordura (aunque son muy voraces para comer), aman ropa de un estilo muy sensual pero poco práctico. 

 

Caminamos en el campo, bailamos, estuvimos en muchas situaciones muy relajadas donde podían “soltar” la pose corporal, vimos cuerpos femeninos muy diversos en fotos y en la calle, conversamos sobre el pésimo estado físico en que se encuentran, hicimos masajes, ejercicios, fotos de cuerpo entero, cuando Angela se hizo su retrato desnuda lo conversamos.  Durante el tiempo nos fuimos acercando corporalmente y profundizando el contacto en los abrazos.  Hablamos de moda, de belleza, de trucos para mejorar el aspecto.  El cuerpo circuló de manera muy cotidiana, en el contexto de conversaciones y actividades que iban sucediendo y surgían de manera natural, espontánea.

 

Notamos que los cuerpos se relajaron mucho durante los meses de los encuentros, alrededor de los tacones hicimos mucho chiste y para caminar comenzaron a usar otros zapatos, los abrazos fueros siendo más cercanos y la búsqueda de una imagen para mostrar su ser se enriqueció mucho, se liberó.  Cada encuentro era notable en la manera como ellas se vestían, como se arreglaban.  Querían verse bonitas y sobre todo sabían que nunca íbamos a restringirles su expresión a través de la ropa o el maquillaje.

 

En este punto notamos un temor grande de los y las adultas cercanos por lo atrevido de algunas de sus vestimentas.  Algunas aman las minifaldas, los escotes, las aberturas que dejan ver las piernas, la ropa pegada, las transparencias.  Hay temor por lo que éstas imágenes movilizan en la calle pero también hay temor a su sexualidad, a la expresión abierta de su deseo de seducir.

 

Es difícil diferenciar en este terreno porque efectivamente su deseo está muy orientado a atraer hombres y “ofrecerse” a ellos de maneras muy degradantes e indiscriminadas.   Sin embargo tampoco la salida es castrar su deseo y controlar su expresión corporal.  Eso toca la forma pero no el fondo. Es cuando ellas se van valorando como personas, cuando se sienten verdaderamente hermosas, cuando confían en que pueden ser amadas cuando cambian su manera de acercarse a los hombres y aprenden a respetar su ser, a amarlo.

 

El cuerpo es el territorio privilegiado para propiciar el reconocimiento y la aceptación de si mismas, tanto en ellas como en cualquier otra persona, en este caso apenas comenzamos un proceso que podría ser mucho más largo y que paulatinamente sería muy potenciador. Sin embargo para profundizar ésta experiencia es necesario que exista un terreno de confianza y tranquilidad que con ellas toma tiempo lograr.  Su cuerpo ha sido territorio de invasiones y terror, poco a poco lo pueden ir conquistando para el placer y conectándose con partes negadas, acalladas. 

 

La experiencia corporal es directa, el cuerpo de los y las adultas que se relacionan con ellas les envía mensajes permanentemente.  La aceptación, goce, apertura, conexión y relajación son actitudes que se sienten.  En los procesos de enriquecimiento del Desarrollo Personal está experiencia debe ser central, trabajada por las personas facilitadoras, cuidadosamente tomada en cuenta.  Aunque es posible hablar de aceptación, por ejemplo, y mantener un cuerpo rígido y cerrado, lo que verdaderamente se “lee” es la actitud corporal.

 

 

 


 

Nuestro mundo, otros mundos

 

Reconocer que la vida de los seres humanos discurre en mundos creados por sus deseos, sus maneras de percibir la realidad, sus colores, sus héroes y gustos.  Darse cuenta de que construimos el mundo y que hemos optado por hacerlo de maneras determinadas.  Identificar que el mundo donde crecimos y del que tomamos gran parte de lo que somos y deseamos es uno entre muchos más.  Percibir que hay múltiples formas de vivir y que casi siempre los portadores de cada una de éstas maneras cree que es la adecuada, la mejor.  Saberse de un mundo y asomarse a otros mundos constituye una intensión en los procesos de desarrollo personal que realizamos.

 

Desde el comienzo fue claro que sus mundos eran bastante delimitados y limitantes, tanto en lo puramente territorial como en lo cultural.  En el primer sentido, habitan y reconocen territorios de la ciudad y los demás no sólo los desconocen sino que les producen un gran rechazo.  Tienen de ellos una mirada homogénea : es el territorio de los ricos, los de allá y todos son iguales.  En cuanto a lo cultural comparten los valores establecidos, los más tradicionales (aunque no los encarnen muchas veces) y su percepción del mundo está mediada por estos valores sincretizados con los valores y estéticas propuestos y millones de veces repetidos por los medios masivos de comunicación.  Esta amalgama produce sus contradicciones en la cotidianidad pero, al igual que muchas de los rasgos mencionados, no es exclusiva de ellas, forma parte de la cultura en la que vivimos.

 

El rechazo de las guerreras a estar en zonas de la ciudad diferentes a las que consideran propias fue evidente, incluso a probar otro tipo de comida a la corriente en sus hogares o en sitios populares.  Este rechazo era de ellas pero también de las personas que habitaban estos espacios.  La ciudad está totalmente demarcada y cada cual circula por las zonas que le “corresponden” con algunas excepciones (el centro) de zonas donde circula una alta variedad de personas o de islas dentro de zonas donde por algún motivo circulan personas de otro territorios (vendedores ambulantes, mendigos o personas de determinadas instituciones...).  Las transgresiones de estos pactos simbólicos son notadas, censuradas y muchas veces atacadas con violencia.  De allí la incomodidad e incluso la rabia del grupo al estar en otras zonas de la ciudad donde además no manejan muchos códigos lo que las hace sentir inseguras.

 

Consideramos que era importante que ellas entraran en contacto con esos otros mundos, que palparan sus matices, sus luces y sus oscuridades.  Relativizaran así sus puntos de vista y ampliaran su mirada. Este proceso las llevó a una mayor apertura y, lo que es mas importante, a que pusieran en perspectiva algunas percepciones. No fue fácil, pero después de un tiempo comenzaron a identificar algunos sitios fuera de su zona de vida y a mirarlos con mayor curiosidad e incluso a actuar de manera más natural en ellos.

 

Resultó mas fácil y muy enriquecedor invitar personas a algunas actividades, personas que  formaban parte de lo que se iba a realizar y que podían aportarles sus experiencias de vida y generar encuentros amorosos.  Conocieron personas de mundos muy diferentes a los de ellas y en especial personas con estilos de vida poco comunes.  Compartieron un día una pequeña casa de campo con un hombre adulto que se dedica a contar cuentos y hacer teatro de sombras chinas, un hombre que cocina sabroso y supo acercárseles de la manera más tranquila y amorosa.  Vieron sorprendidas que cocinaba y les servía, las trataba con respeto y compartía su vida con apertura. 

 

Conocieron a una fotógrafa muy joven que viste de la manera menos convencional, usa aretes en la nariz y oye música rock.  Con ella se entendieron desde el primer instante y compartieron sus vivencias de guerreras de diferentes mundos.  Son chicas de la misma época, aman los tatuajes y han vivido experiencias duras. Desfilaron personas de diferentes estilos pero con un denominador común : han construido vidas de maneras singulares siguiendo sus intereses y sus visiones de la vida.

 

Nos interesaba que abrieran su percepción de la realidad para que vieran sus propias vidas de maneras más flexibles. Básicamente esto les alimenta la posibilidad de crear existencias más acordes tanto con su ser singular como con sus circunstancias sin sentir que eso representaba una “falla” frente a modelos tradicionales o legitimados socialmente.

 

No es fácil construir autoestima cuando se cree que la manera de vivir es una y las demás son desviaciones de esa única y verdadera manera.  Si esto nos afecta a la mayoría, tanto más a quienes les ha tocado vivir en los márgenes y no han tenido posibilidades de acceder a condiciones mínimas de existencia.


En el caso de las jóvenes con experiencia en prostitución, no se trata de legitimar esto como una forma adecuada de vida sino de comprender un poco más el contexto en el que esto sucede, las relaciones de esta situación con realidades más complejas como la subordinación de la mujer, los tabúes sexuales, la explotación de unos  grupos humanos sobre otros...Y no se trata aquí de una comprensión de un discurso que poco les atrae o les toca el alma sino de la posibilidad de ampliar los contextos de sus miradas, de dimensionar su mundo en otros mundos, de dimensionar su historia en otras historias.  Es desde su propia reflexión que podrán ir tejiendo una mirada más comprensiva y amplia.

 

Una tarde fuimos a encontrarnos con un grupo de Rap conformado por muchachos de la zona sur oriental de la ciudad, muchas de ellas vienen de esta misma zona.  El encuentro fue en uno de los barrios, ellas se sentían plenamente identificadas con el lugar.  Lo que diferenciaba ambos grupos era que los músicos habían inventado una poesía urbana muy bella y fuerte para darle palabra a su vida, a su vivencia de la pobreza, de la calle, de la discriminación social, de los grandes problemas del país, de la droga. Mientras tanto, ellas tienen una visión muy reducida de su propia realidad, más bien la ven como situaciones individuales a las que han llegado por mala suerte o por algo “malo” intrínseco.

 

En un sentido profundo este era un encuentro político, con fines políticos, ya que lo que queríamos era que las guerreras vieran su mundo desde una perspectiva más amplia y se cuestionaran su vida desde contextos de poder colectivo.  Los rostros anonadados de las jóvenes, y nuestros,  escuchando el torrente de palabras de estos visionarios, sintiendo que les estaban hablando de su vida, de su calle, de su gente, de sus barrios, de sus historias, nos mostró que algo en ellas estaba encontrando un cause para ser expresado.  El encuentro duró muchas horas, las conversaciones, entre canción y canción, eran de corte trascendental y además de romances y enamoramientos mutuos, surgió un espíritu de solidaridad, de compañerismo que perduró mucho tiempo.  Los músicos de “líricas fuertes” las visitaron muchas veces.

 

Como puede verse, al entrar en contacto con otras personas, teníamos unos intereses.  Ya mencionamos una característica, todas ellas han intentado construir proyectos de vida propios, además de esto todas son personas que si bien algunas pertenecen a grupos sociales diferentes o han accedido a oportunidades educativas y culturales mas amplias, tienen un convencimiento profundo y vital de que las personas somos iguales en cuanto a la esencia que nos constituye.  Esto permitió que la manera de relacionarse fuera igualitaria, amorosa, generosa y no discriminatoria. 

 

Para las guerreras es muy importante sentirse respetadas, sentirse apreciadas y responden a esa situación con apertura.  Aprender que existen otras formas de relación, especialmente con adultos y especialmente con hombres, es una posibilidad de potenciarlas y facilitarles la construcción de visiones que las guíen a la hora de optar en su vida. 

 

 

Capítulo 5

LO APRENDIDO

 

 

“ Pero en algún lugar, más o menos profundamente enterrada según la edad y el grado de negligencia  o malos tratos, humillación o represión sufridos, seguimos conservando una criatura interior resistente, soñadora, rebelde, creativa y singular, un yo auténtico que aguarda el momento de poder salir a la luz”[21]

 

Cuando creemos firmemente lo que dice la autora, cuando tenemos fe en que detrás de la actitud huraña de estas niñas está la luz, cuando creemos que el amor sana, cuando dejamos de lado lo que consideramos apropiado, cuando dejamos que los sueños emerjan sin censura, cuando dejamos volar la imaginación y el desorden, cuando damos la bienvenida a las niñas asustadas que se agazapan tras los rostros de las guerreras, cuando queremos amarlas y no controlarlas, cuando nos importan sus almas mas que las normas, cuando podemos reír ante sus locuras y sentir desde el fondo del alma sus dolores, cuando somos capaces de dejar de lado nuestros esquemas, solo entonces, cuando aprendamos a amarlas, esos seres magníficos, asustados y escondidos, saldrán a la superficie y podrán, en un lento despertar, guiarlas al encuentro de si mismas y a la construcción de su vida.

 

Eso fue lo que aprendimos.  Lo aprendimos en el corazón, abriendo el corazón. Cuando comenzamos y varias veces en el camino, intentamos seguir esquemas de talleres que nos parecían interesantes o necesarios.  Cuando llegábamos al encuentro todo se evaporaba, al ver sus rostros deseosos de fiesta y curioso del mundo entendíamos que lo planeado sólo sería una sombra de lo vivido.

 

Poco a poco los abrazos fueron más cercanos, las miradas menos esquivas, las palabras más directas.  Entendieron que las respetábamos y que intentábamos no pasar sobre su espíritu jamás, no sumar abusos ni exigencias ajenas a sus inclinaciones.  Aprendieron a pedirnos lo que deseaban, a negociar lo  posible y a confiar en nosotras. Nosotras aprendimos el arte de gozar con una vuelta a la manzana y una gaseosa con pan. Quedan muchas fiestas por vivir, mucho por descubrir en ellas, muchas sorpresas para asombrarnos.

 

Aprendimos que la fe nace del amor y a dejar que nos guiaran los vientos del día y de sus almas.  Los encuentros que planeábamos terminaban en experiencias alucinantes jamas concebidas por nosotras, pero gozadas y con sentido para todas conocernos un poco más y sentir las raíces y los infinitos hilos de la vida.  Comprendimos que se trataba de crear vínculos con ellas, un tipo especial de vínculo, y vivir experiencias de libertad y goce por encima de cualquier contenido o meta.

 

Lo que aprendimos lo hemos ido contando en este texto, ahora lo vamos a sintetizar tratando de que sirva a otras personas que andan por estos rumbos y realizan diferentes experiencias con niñas como ellas.  No existen fórmulas, ni rutas seguras, solo la certeza que da oír la voz interior que guía cuando es necesario.  Para oír esta voz hay que callar y dejar que la vida suceda, hay que tener fe y creer aunque los rumbos que nos indique no sean los mas transitados.  Saber que nosotras, las personas facilitadoras de estos procesos, también tenemos un ser auténtico y sabio por descubrir y que ellas son unas guías a territorios desconocidos, inexplorados.

 

Los elementos que presentaremos a continuación son como los “ingredientes” metodológicos para llevar a cabo los encuentros de Desarrollo personal.  Vamos a detenernos especialmente en aquellos que son indispensables en el caso de grupos de niñas y jóvenes con experiencias de vida similares a las magas guerreras que les hemos contado.  Varios de los procesos realizados ya fueron descritos en “Un viaje Juntas”, aquí señalaremos lo que se encuentra “al fondo” de las experiencias.  Una vez el sentido general se comprende, es posible diseñar y realizar experiencias adecuadas para la situación, las historias, los deseos y los intereses de cada grupo[22].  

 

El centro de las vivencias es la relación entre las facilitadoras y el grupo, es centro en un sentido vital, es lo que va permitiendo la creación de escenarios, la expresión.  Sin embargo en la realidad las facilitadoras fuimos desdibujándonos, perdiendo protagonismo y los vínculos fueron cada vez más ricos y variados entre todas.  Esto no significa que los lugares sean idénticos, somos adultas, tenemos un papel en los procesos, debemos asumir determinadas funciones,  pero la verticalidad debe ser abolida, es la única manera de lograr verdaderas experiencias de crecimiento.

 

Lo que hicimos en cada instante de los encuentros fue intentar restaurar la confianza rota, no sólo en los demás y en su uso del poder,  sino en si mismas, en su visión del mundo, en su intuición, en su poder interior.  Restaurar una confianza en su propio ser.

 


 

Un amor incondicional

“La base de la experiencia es la construcción de un vínculo de total aceptación... el amor auténtico es el ejercicio fascinante aunque desafiante de aceptar sin condiciones a una persona, de acoger una persona en su vida, algo a lo que es preciso dedicarse día a día, algo que es muy distinto de las relaciones condicionales y funcionales que impone la sociedad”[23]

 

“Yo quería decirles que tenía fe en ellas y no necesitaba ver para creer” (Diario de Campo, Virginia)[24]

 

Comenzamos con la frase de Alice Miller sobre la necesidad de que al menos una persona sea capaz de ver nuestro auténtico ser y apreciarlo para salvarnos tras experiencias de maltrato en la infancia.  Ver al otro supone verse a si mismo/a y aceptarse tal como uno es.  Esta aceptación no implica conformidad pasiva sino abolición de muchas categorías que pretenden separar lo positivo de lo negativo, lo bello de lo feo, lo apreciado de lo no apreciado y acaban cercenando nuestro espíritu.  Somos la totalidad de lo que fluye de nosotros, todo tiene un sentido y nos expresa de una cierta manera en el mundo.

 

El deseo de homogenizarnos y sujetarnos a patrones rígidos de ser ha llevado a un enorme maltrato y a un desperdicio de potencialidades humanas.  Por eso la aceptación plena es un comienzo de un camino de sanación.  Camino que transita por la apertura paulatina a ver, reconocer y abrazar quienes somos en una actitud de aceptación profunda.

 

En el caso de las guerreras, este camino ha de transitarse de la mano de otras personas que le permitan una experiencia de aceptación plena y por tanto de confianza.  Es mas fácil para un adulto/a convertirse en esa persona para si mismo/a que para una joven.  Esto se debe a que aún la vida parece abrirse en infinitas posibilidades y existen muchos limites interiores para lograr una mirada introspectiva.

 

El amor incondicional significa que existiendo en una relación las diferencias, los limites de cada persona, los deseos a veces diversos, los gustos e intereses, jamás ninguna de ellas va a usar su poder para someter a la otra, para abolir su espíritu.  Esto implica romper la vivencia más profunda que las guerreras han tenido desde el nacimiento : la dominación y el maltrato.  Esto exige de parte de los/as adultos un convencimiento demasiado fuerte en la igualdad entre los seres y una gran capacidad de amar y aceptarse a si mismo/a y al otro/a.

 

Tampoco se trata en este caso de un discurso que se reflexione con los grupos, se trata de una practica cotidiana, tejida de instantes, miradas, decisiones nimias y grandes, tonos de voz, formas de acercarse.  Por eso no hay fórmulas, brota del interior cuando logramos trascender dualidades que nos atrapan.  Dualidades como que ellas carecen y nosotras tenemos, ellas no saben y nosotras tenemos las respuestas, ellas están equivocadas y nosotras vamos por el camino correcto, ellas se deben someter y nosotras vigilar ese sometimiento, ellas están enfermas y nosotros las vamos a curar.

 

La confianza es el centro de el vínculo que se construye a lo largo de los procesos de Desarrollo Personal.  La confianza es difícil de lograr cuando existe un daño tan fuerte como el que han sufrido las jóvenes con las que vivimos ésta experiencia.  Ellas intentan probar constantemente si es real nuestra capacidad de aceptarlas y no traicionarlas.  La confianza es a su vez la medicina y la enfermedad.  Es lo más requerido por ellas para emprender su sanación interior pero es lo más escondido en el fondo de sus corazones.

 

Y cómo es una relación de confianza ? en esta caso la entendimos como un vínculo que se va creando cotidianamente en el que la base es la aceptación incondicional del otro/a, la aceptación plena de su ser, lo que implica mantener abierta la comunicación y el dialogo frente a todas las situaciones que se presentan.  Cuando oímos aceptación plena generalmente pensamos en asuntos como la agresión y nos preguntamos : es que debo aceptar que me agredan ? Por supuesto que no, cada persona debe situar sus límites interiores y expresarlos con claridad lo que seguramente generará algún sentimiento en el otro/a y una situación determinada.  Lo importante es que aún así no se rompa la comunicación ni se resuelva la situación con el uso vertical de la autoridad.

 

En ultimas este tipo de relación va fundando una “seguridad de ser amadas y dignas de cariño, valoradas y valiosas, tal como somos, independientemente de lo que hagamos, (este) es el punto de partida para la forma más fundamental de autoestima”[25].  Aprender a amarlas es aprender a amarnos un poco más, requiere romper juicios y expectativas sobre lo que “debe ser”.

 

Este ejercicio requiere tiempo, paciencia y mucha amplitud interior, que se facilita si se comprende que es justo allí donde se está haciendo el proceso más importante en la potenciación del desarrollo personal.  Cuando tenemos claro que el desgarramiento central en las guerreras está relacionado con el tema de los vínculos y el poder, entonces sabemos que romper la cadena de vivencias de abuso es lo que permitirá que vayan aflorando partes agazapadas, guardadas e ir sanando heridas profundas para que, en un lento proceso, cada una encuentre las vías de su crecimiento pleno.

 

La aceptación incondicional del otro/a se traduce en una apertura a la manera como esa persona ve la vida y a la manera misma como su vida ha sucedido.  Expresa una confianza total en que la otra persona tiene un ser interior sabio y luminoso que si logra salir y expresarse podrá guiarla.   Es confiar en que los seres humanos podemos sanarnos y encontrar cauces para la propia existencia.


 

romper esquemas

 

La primera lección que aprendimos en este proceso fue a abrirnos a las rutas que la experiencia nos iba señalando y esto no se debe únicamente a que estabamos explorando espacios poco conocidos, sino a que con este grupo la apertura es la esencia misma de una experiencia de desarrollo personal.  Y es que la apertura es la que permite que el espíritu de las guerreras tenga un verdadero lugar y pueda expresarse.

 

Como ya comentamos, al comenzar el proceso abrimos una abanico de posibles actividades en las que ellas creían que podrían crecer como personas.  Casi todas implicaban salir de la institución por razones obvias ya que el mundo de “afuera” es su mundo, es el lugar donde han vivido sus cortas e intensas biografías. Llevamos a cabo muchas de éstas actividades pero en todas intentamos vincularlas con la realidad y la vida de “las siete” y no hacerlo de manera externa, ajena. Sin embargo lo que marcaba los encuentros surgía muchas veces en el momento mismo, de acuerdo a lo acontecido en la semana o de los deseos que iban aflorando ante el hecho de que sabía que iban a ser tomados en cuenta.  Muchas veces planeábamos un encuentro según lo vivido en el anterior y al llegar debíamos cambiar todo y dejar que sus deseos comandaran la experiencia.

 

En general nosotras - las facilitadoras - tendíamos a lo verbal y a la formalización, mientras ellas tendían a lo vivido, lo experiencia y la total informalización.  También tendíamos a los espacios cerrados mientras ellas - siempre y sin dudarlo - a salir a la calle.  Muchas veces negociando terminábamos caminando en los alrededores de la institución, conversando frente a vitrinas y en cafeterías. 

 

Lo que nunca se debe perder en las actividades es la intensión, el sentido,  de que éstas permitan un reconocimiento de si mismas, una vivencia diferente de las relaciones y de la realidad, un encuentro con sus rostros y sus lugares, un escenario para conocerse a si mismas y a su mundo un poco más. Para mantener la intensión en foco las facilitadoras deben comprender que pueden ser tan flexibles como sea necesario pero siempre encontrar una manera de que la experiencia se convierta en un espejo y en una vivencia significativa.

 

La apertura a los deseos y gustos del grupo no riñe con el hecho de que las facilitadoras guían el proceso y llevan propuestas para realizarlas en los encuentros. Incluso durante algún tiempo esto predomina,  es en la medida en que el grupo va interiorizando el sentido y sintiendo confianza es que se van presentando más iniciativas desde ellas.  De todas maneras siempre hay procesos de negociación, de adaptación a las circunstancias, el tiempo, los recursos, pero esto mismo es lo que va generando espacios reales de participación en los que sus ideas pueden ser validas y legitimas.

 

En este proceso se van poniendo en juego importantes aspectos del desarrollo Personal : la expresión de puntos de vista propios, la capacidad de dialogo, la creatividad, el respeto a la diversidad, la igualdad entre personas con roles diferentes...Por esto, aquí como en muchos otros aspectos, lo que importa no es el resultado sino el proceso, el hecho de que verdaderamente se de una comunicación y una relación donde las diferentes opiniones tienen valor.

 

El esquema tradicional de “alguien enseña, define las normas, da unos contenidos...”y “alguien aprende, sigue las normas, recibe unos contenidos” queda aquí definitivamente sepultado.  Y no es que no existan roles diferentes, sino que la diferencias no se basan en estos aspectos ya que se trata de un encuentro en el que predomina el dialogo, la puesta en común de sentidos y sentimientos y las normas son pactadas y son objeto de discusión ya que sólo mientras permitan lograr el objetivo son válidas, no en sí mismas para ejercer control.

 

Renunciar al lugar de autoridad implica un riesgo que a veces asusta, se cree que si esto sucede la situación se va a “salir de control”, lo cual es cierto pero no tan caótico como se teme.  Cuando se pierde el control se gana el espacio para la imaginación, la creatividad, el juego y la risa. El control nace del miedo a la vida y a los demás y, por supuesto, a nuestro propio ser, miedo a que brote lo que hemos acallado y mantenido a raya y nos delate frente al mundo, miedo a fuerzas oscuras que consideramos “malas”.

 

Romper los esquemas pone en suspenso ideas preconcebidas y maneras rígidas con las que actuamos cotidianamente.  Dejando así espacio para que surja lo inesperado.  En este caso, para que profundos deseos y visiones de las guerreras se expresen y se muestren sin censura.  “entendí que no soy tan mala” decía un día Nikole.  Lo que brota de ella, lo que ha sido, sus historias, sus fugas, no son “malas”, son, simplemente son.

 

 

 

 

 

 

 


 

 

Vivir la vida

 

La vivencia, la experiencia directa de la vida, lo concreto, es allí donde se encuentra la fuente para las experiencias con ellas, lejos de la reconstrucción verbal o la representación.  Esto lo entendimos paulatinamente, siguiendo las rutas que ellas nos iban señalando.  En esto las guerreras no son diferentes de los y las jóvenes de su generación.  Para ellos lo valido es la vivencia, no la racionalización, no las teorías, no los discursos, no las grandes causas, no las instituciones, no lo abstracto.

 

La vivencia se refiere a una experiencia vital, significativa, subjetiva.  La palabra forma parte de las vivencias pero no es su centro y sobre todo no lo es en el terreno de la explicación o la justificación de lo vivido sino en la expresión misma de lo que se siente, se percibe.  La imagen y la acción son muy importantes en las vivencias de estas jóvenes, de allí su cercanía con la simbolización de la vida a través de signos, colores, trazos y su pasión por la calle, la televisión, la música, la farándula, las revistas.  Imágenes rápidas, cambiantes, fuertes. 

 

Para los adultos/as de generaciones anteriores todo esto puede ser confundido, y juzgado, como superficialidad, vanalidad y es esta percepción la que genera distancias y lleva a que queramos imponerles nuestra estética y nuestra ética como si fuéramos dueños de la verdad y de una visión sacra. 

 

La ética de la vivencia, del valor de lo subjetivo, de la importancia de lo sentido, de lo presente, nace como decepción frente a las grandes verdades y las teorías lejanas a la vida cotidiana y si bien las guerreras pueden saber o no esto, lo cierto es que es en lo que creen, con lo que se sienten cómodas y libres y es de esa manera como  logran reconocer sus rostros y sus recuerdos, reconstruir sus terrores y sus placeres.

 

Angela dice sobre su collage : “es la vida de un ave de espíritu libre, cercada por un muro duro e inflexible, limitante, que castiga y que castra. Un ave amarrada que en su mente concibió la libertad, la inmensidad.  El bien subyugado al mal.  Un ave que voló sin alas”. Simbolización, imagen, poesía, son lenguajes que brotan en ellas con una naturalidad pasmosa. 

 

Para contactar esa riqueza hace falta suspender muchas ideas y prejuicios y vivir con ellas el presente que fluye, que sucede sin ser racionalizado, que retrata el pasado, lo recrea, lo llena de manchones de colores pero no intenta explicarlo ni juzgarlo.  Esta manera de trabajar fue creciendo entre nosotras, fue fundada colectivamente mientras caminábamos por las calles y mirábamos a la gente y las vitrinas. Como lo expresa Virginia en su diario de campo : “ pronto esa dinámica de construcción en la acción, de contar nuestras cosas mientras se vive la ciudad, la calle, se convirtió en una forma específica de hacer los talleres”.

 

Una tarde pasamos por un almacén donde alquilaban y vendían trajes de novia.  Blancos, cargados de encajes, pomposos, de colas infinitas.  Varias veces el grupo había dicho que querían entrar a un almacén así a medirse vestidos, “por molestar”, ese día sucedió.  Gracias a la presencia de adultas las atendieron y Xiomara asumió el rol de la chica próxima a casarse.  Escogió un vestido que resaltaba su piel morena y al ponerse una corona sus ojos brillaban de dicha.  Las demás opinaban, la arreglaban y escogían los vestidos que más les gustaban.  En un instante la imagen de Xiomara en el centro y de las demás revoloteando por el almacén nos transportó, en realidad creíamos firmemente lo que hacíamos, ya no era un simulacro, era un juego, en el mejor sentido de la palabra. Entre vueltas y medidas conversaban sobre sus sueños de matrimonio, sobre historias cercanas que las impactaban, sobre sus madres - casi ninguna había usado un vestido blanco -, sobre el futuro.

 

Si hubiéramos planeado un taller sobre el tema del matrimonio, sus sueños, sus recuerdos jamás hubiera sucedido algo así, excepto si hubiéramos construido un espacio de expresión tan propicio como fue ese almacén.  Es a esto a lo que nos referimos con romper esquemas y mantener el sentido y con experiencias vitales, concretas, directas.  Luego la imagen nos sirvió para volver a hablar de el amor , la pareja, el matrimonio sin necesidad de forzarlo, teníamos una vivencia - además de otras que habían surgido y estaban relacionadas - que nos daba todo el terreno para entrar en contacto y reconocernos.

 

La vivencia es, se experimenta en el presente, de manera directa.  No es una conversación sobre la vida, es la vida misma.  Mientras se da, las intensiones que tenemos, los procesos que queremos facilitar fluyen, o no, de nuestro ser.  No se trata de decir que consideramos valiosa la autonomía, por ejemplo, sino de darle un valor en la vivencia real.

 

Un día habíamos decidido que íbamos a visitar las jóvenes que ejercen la prostitución.  Teníamos que ir a una zona bien densa de la ciudad, recorrer territorios cargados de horror y recuerdos - algunos muy alegres - para algunas de ellas.  Habían hecho bellas tarjetas con frases de afecto y consejos para las chicas.  En una cafetería  decidieron ir en parejas y el modo en que se iban a acercar.  En otras ocasiones conversamos sobre la molestia que sentían cuando alguien se les acercaba en actitudes de curiosidad o juicio.  Querían tener un gesto de amor y creían que eso era suficiente.  Cuando partían hacia la calle nosotras nos despedimos ante su mirada atónita :  “nos van a dejar ir solas ! ?”- preguntaron - “claro, las esperamos en dos horas en esta misma esquina”. 

 

Este acto vale más que mil palabras sobre la confianza y la autonomía - a eso le apostamos - es una vivencia.  A las dos horas exactas asomaron risueñas y conmovidas en la esquina señalada.  Conversamos mucho rato sobre su vivencia, estaban radiantes, habían experimentado muchas sensaciones y estremecimientos y algo en ellas brillaba por saber que confiábamos en ellas profundamente.  Cuando retornamos a la institución se sentían orgullosas de decir que ellas ya podían ayudar a contactar chicas en la calle.

 

Las experiencias, son el alimento de la existencia, es a través de ellas que construimos y transformamos lo que somos. Las vivimos de manera total, con el cuerpo y la mente, nos hacen ser quienes somos.  La posibilidad de crecer interiormente está alimentada por la vivencia de experiencias que nos permitan una nueva percepción de nosotras/os y del mundo en el que vivimos.  Vivencias transformadoras y no ideas racionalmente recibidas son capaces de hacernos romper patrones de existencia.  Eso no significa que las ideas no sean parte importante de las experiencias y de los cambios, pero no son suficientes.  El desarrollo Personal se propicia a través de experiencias concretas y reales que permiten reparar, encontrar significados a sucesos y recuerdos, sentir el más el cuerpo, en síntesis,  conocernos mejor.  

 

 

 

 

 


 

palabras del corazón

 

Una de las cosas que mas nos impresionó al realizar la fase inicial de investigación fue el cúmulo de historias de vida de niñas y  jóvenes con vidas  similares a las de las guerreras. Historias transcritas de manera literal en las que se suceden hechos terribles que luego son poco analizados o apenas quedan en el escándalo y la denuncia.  El comportamiento de ellas al comienzo nos mostraba que creían que el hecho de contarnos los hechos más escandalosos de su vida era una manera de agradarnos o recibir aprobación.  En una entrevista nos contaron una anécdota terrible : estaban en un almuerzo al que habían convidado jóvenes que ejercían la prostitución, como una manera de acercarse a ellas.  Una chica que quería más comida se acercó a una de las coordinadoras y le ofreció que le contaba lo que quisiera de su vida si le daba lo que deseaba.

 

La historia contada de esa manera no tiene valor sanador.  No basta decirla, hay que darle nuevos significados y esto no se logra cuando la narración viene precedida de una presión exterior o de una pretensión terapéutica que plantea que decir es suficiente, no importa la manera ni el sentido en que brote esta palabra.  Esto resulta aún menos cierto en el caso de ellas ya que han construido versiones “comerciales” de su historia en la que dicen los mas horripilantes sucesos sin conmoverse. Creemos que no es importante, para que una experiencia sea sanadora,  la narración de los hechos en sí misma,  sino la posibilidad de recorrerlos de  nuevo para sí mismas y a veces para otras personas, cuando esto sea sentido como necesario, cuando sea deseado, no por adultos con deseos de salvarlas o, no faltan, de curiosear su vida.

 

Por eso aunque la vida de las guerreras fue fluyendo a través de experiencias que las llevaban a contactar su casa, sus raíces, su territorio (barrio, zona de la ciudad) su rostro, su cuerpo, sus creaciones poéticas y gráficas, sus recuerdos de amor, sus experiencias sexuales, sus aventuras en la calle, sus terrores...en ningún momento partió de un interrogatorio o de una necesidad nuestra de información o de una pretensión de que tenían que decir determinadas cosas para sanar las heridas que habían dejado.

 

Y no es que la palabra no sea sanadora, lo es y muy potente, pero tiene que brotar de adentro, expresar una imagen, una comprensión de quien la pronuncia, comunicar su manera de ver las cosas.  Es en el ejercicio de salir del alma a través de la voz o la imagen que van oxigenándose, entendiéndose, conectándose. La palabra que surge forzada es una palabra disecada y hecha para agradar o espantar al otro, es externa, ajena y por tanto poco sanadora.

 

Por eso uno de los instrumentos más importantes en este proceso fue el del Diario de cada una.  Estos diarios se convirtieron en espacios de intimidad para expresar las vivencias, los recuerdos que iban surgiendo sin la barrera de la censura externa o interna, sin temor al castigo, sin buscar recompensas. La palabra que brota del corazón debe ser pura y subjetiva y en ellas lo fue haciendo lentamente, de la misma manera como iba surgiendo su lenguaje interior, su visión de si mismas, su capacidad de decirse, de contarse.  

 

Mientras caminábamos entre ruidosas calles o en campos cubiertos de florecitas amarillas su vida iba surgiendo en palabras susurradas, a veces húmedas.  Cuando entrábamos al cuarto de Sofía y veíamos sus fotos de pequeña - las demás casi no tienen - o nos contaba que en ese pequeño patio había jugado con su hermano su vida iba fluyendo.  Muchas veces nos agarraban del brazo y nos contaban extensos relatos que por algún motivo surgían allí, a esa hora.  Conversar fue uno de los modos más permanentes y deliciosos de estar juntas. 

 


 

Dejar correr el río

 

Ellas, como muchos de nosotros/as, han aprendido que olvidar, no volver a mirar o no detenerse demasiado en los dolores de la existencia, hará que desaparezcan.  Esta  creencia es muy común y está alimentada por la costumbre nacional de olvidar pronto las tragedias, el rostro de nuestros  muertos y los terribles desastres que nos azotan. El asombro por lo que sucede no cesa pero poco nos detenemos, tampoco parecemos oír atentamente dentro de nuestro ser.

 

Frente al extremo dolor de una joven que ha vivido tantos momentos tormentosos, muchas veces sentimos deseos de ayudarlas a olvidar.  Ellas, que van con el ritmo de su edad y han aprendido que es extremadamente peligroso detenerse, lo desean también.  Entendieron que no vale la pena quejarse o tratar de entender, les han sucedido cosas terribles desde que eran muy niñas  y ante la ausencia de respuesta del mundo, han corrido tan lejos como han podido.  Son seres jóvenes que han visto el horror de muy cerca y en situaciones de poca protección.

 

Reconocernos, mirarnos frente a frente, ver de nuevo eso que nos produjo horror es como limpiar un río cargado de mugre. El río sucio se va estancando, el alma cuando se carga de recuerdos negados va muriendo. Hacerlo requiere valentía y confianza. La primera es parte del ser de las guerreras, la segunda renacerá si viven experiencias de aceptación incondicional, son acompañadas a verse a sí mismas y a aceptarse.  La sombra, lo que hemos negado, no es sino aquello que tememos. La de cada una es diferente, pero fabricada con el mismo material : lo rechazado, lo inaceptado, lo castigado, lo vergonzoso y sobre todo lo doloroso. Cada hilo de la sombra guarda un pedacito de la totalidad del ser.

 

Entonces si hay que ir al pasado desde vivencias conectadas al presente, permitiendo la expresión con palabras del corazón, apertura y aceptación incondicional.  Recorrer la experiencia vivida  sin juzgarla ni explicarla, saber que es parte de nuestro ser y conectarnos con ella pero, a la vez, dejarla ir, descargarla.  Entonces entra a formar parte de nuestra biografía y sin sernos indiferentes no nos atormenta, la podemos mirar a la cara.

 

Ese recorrido requiere de parte de quien acompaña, una solidaridad que va más allá del dolor y puede acompañar desde la fuerza. Muchas veces esto no es fácil porque surgen historias que suscitan rabia, terror, tristeza, deseo de protección, impotencia.  Todas hacen eco en quien las escucha porque son la expresión de terrores humanos ancestrales.  Por eso la solidaridad debe contener fuerza y sabiduría para escuchar con total atención y apertura, sin juzgar y sin fundirse con lo contado. 

 

Es un ejercicio delicado donde la confianza y la contención creada en la situación, deben permitir que quien cuenta asuma su propia historia y la exprese como sienta necesario.  Llorar, gritar, quejarse, o cualquier otra voz que acompañe la narración forma parte de su sentimiento profundo, largamente guardado.  Puede ser que produzcan temor o ansiedad pero quien recibe debe creer y confiar en la necesidad humana de expresión y en la regulación que todos tenemos. 

Las emociones no son partes extrañas, caprichosas, son parte de quienes somos.

 

La escucha solidaria pero diferenciada se hace muy difícil por la necesidad que a veces tenemos de “salvar” a la otra/o, cargar sus dolores, remediar sus penas o borrar lo que ya fue.  Renunciar totalmente a la tentación de hacerse cargo del otro/a es uno de los mayores actos de respeto y reconocimiento que podemos hacer. Sólo así los terrores serán exorcizados y recogidos con nueva luz por quien los vivió. Son parte de su ser que así como contienen dolor, contienen luz. En las épocas de mayor tormenta experimentamos fuerza interior, capacidad de sobrevivencia, sabiduría, nuevos dones.  Ellos también se esconden en los recuerdos terribles.

 

Con las magas guerreras fue surgiendo una narración que se iba volviendo cruda y dolorosa, iba surgiendo muy descarnadamente, muy directamente.  Cada vez estaba más cargada de emociones,  menos ajena.  En el primer taller hicimos un ejercicio de relajación - de cuyas dificultades ya hablamos - Angela, quien tiene una capacidad impresionante de expresar lo que siente, contactó alguna imagen muy triste relacionada con sus hermanas encerradas bajo la autoridad de un tirano y se puso a llorar ruidosamente.  Desde un rincón Nikole la miraba con disgusto, las demás estaban angustiadas y querían hacerla reír como fuera.  Me acerque a Nikole y le pregunté porque estaba tan molesta, me dijo sin mirarme que era “estúpido” volver al pasado porque no tenía remedio y  ella jamás lo haría.  Tan sólo  la escuche, entendí que en su interior oscuros recuerdos pugnaban por salir y una muralla trataba de mantenerlos escondidos.  El llanto de Angela era el de todas en ese momento aunque hacían grandes esfuerzos por mantenerse en la euforia, en la negación.

 

Mucho tiempo después  Nikole me contó que llevaba varios días llorando sola mientras escribía en su Diario, se veía despejada y su rostro se había llenado de una nueva luz.  Al pasar el tiempo sus recuerdos fueron desfilando en conversaciones con algunas del grupo -incluidas nosotras - y al salir parecían trapos guardados por años que se desempolvan y vuelven a coger color.  Muchos más horrores guardará su pequeño cuerpo de guerrera, pero la puerta ha sido abierta y quizá poco a poco puedan volar y quedar como recuerdos tristes pero descargados.

 

Cuando oíamos las historias de las magas sentíamos vergüenza al pensar que en el mundo en el que vivimos cada día miles de niñas sufren cada día al recibir la misma mezcla de maltrato, abuso, abandono y violencia. Ellas sólo son siete de millones, siete que aun pueden contar lo sufrido, siete que quizá - ojalá - no repetirán en la siguiente generación los mismos horrores.


 

Mundo interior

 

Hemos dicho que las guerreras están proyectadas hacia afuera en una actitud defensiva, combativa y también seductora, manipuladora.  También hablamos sobre la historia que lleva a esta postura, a huir de lo interior.  Y aunque en ellas ese rasgo es extremo, no es exclusivo, vivimos en un mundo que poco o nada nos deja para la vida interior, la introspección, el autoconocimiento y el silencio.

 

Abrir una ventana hacia adentro, percibirse como un ser que vibra con la vida y la ve de manera única es entrar en contacto con una fuente inagotable de crecimiento.  Basta muchas veces recorrer un lugar en el que se han vivido muchas cosas, pintar un sentimiento sobre la silueta del cuerpo o escribir lo que sucedió ese día en un diario para ir abriendo esa ventana e ir asomándose por ella.

 

Las guerreras tenían pánico del silencio y de cualquier cosa que requiriera “mirar hacia adentro”.  De hecho con ellas poco funcionan  técnicas de relajación que son adecuadas para personas adultas.  Por eso buscamos otros caminos, sutilmente el espacio se fue creando, el silencio fue siendo posible para una mirada mas atenta de unas a otras y de cada una a sí misma. 

 

El silencio brotaba en la medida en que la confianza basada en la profunda aceptación de su ser fue ocupando el espacio y no eran necesarias las armaduras y las evasiones.  Mirar sin juzgar, observar lo que decían o hacían respetándolas  sin imponer un punto de vista dio sus frutos : que ellas se asomaran a su propio ser con más tranquilidad y descargadas de sensaciones de culpa.  Sólo así es posible comenzar a labrar un camino interior.

 

Dedicamos uno de los últimos encuentros, en una hermosa casa de campo en las afueras de Bogotá, a tomar los retratos de cada una. Aunque ellas zumbaron, rieron y gritaron como siempre, hubo momentos de verdadero contacto interior de cada una consigo misma y del grupo con alguna de ellas.  Fue hermoso verlas concentradas poniendo adornos, haciendo encuadres, prendiendo velas, atando velos. Cada una quería contar quien era, verse como deseaban, como se ven a si mismas. Entonces por momentos callaban. 

 

El retrato de Angela desnuda fue un acto sagrado, es un retrato tan expresivo ! Para lograrlo varias de ellas interpretaron sus deseos, colgaron velos rosa y azul, trajeron flores, cepillaron mil veces el castaño  cabello, la acomodaron para que se viera bella y se quedaron calladas, respetuosas, conscientes de lo que sucedía, de lo profundo del acto que Angela protagonizaba. Como ese momento fueron creándose varios, surgían de una conexión profunda y a veces nos movían un lugar del alma que poseemos todos y que nos señala cuando algo es sagrado, interior, absolutamente vital.

 

En la última salida, como siempre conversando entre calles y mirando vitrinas,  notamos algo nuevo, por primera vez iban centradas en ellas mismas, agarradas de gancho, riendo y jugando sin prestar mayor atención a los hombres que las miraban.  Estaban llenas de si mismas, contentas, afirmadas en su propio ser. 

 

Contactar el mundo interior no sólo enriquece nuestra mirada hacia cada uno/a sino hacia los demás.  Implica considerar la diversidad de rutas de vida, sentir los destinos y comprender las fuentes de quién es cada persona.  Es conectarnos con el ser profundo que nos habita y desde allí con el universo, con el alma de todos los seres, más allá de clasificaciones y jerarquías. 

 


Diario mío

Aprendiendo a amarme

 

Hemos nombrado varias veces a lo largo de este texto los Diarios que desde el comienzo formaron parte de la propuesta de crecimiento que vivimos con las guerreras.  El diario ha sido trabajado con diferentes grupos y ha mostrado ser un recurso rico y nutritivo en muchos sentidos.

 

El uso es simple : se trata de invitar a que cada una escriba lo que desee sobre su vida en un diario - un cuaderno - y también a que lo habiten con otras expresiones como dibujos, papeles pegados, hojas... Por supuesto los diarios son totalmente personales, inviolables y no pueden ser evaluados por nadie ya que están hechos de una materia sutil que solo quien lo escribe puede comprender.  Eso no niega la opción de que alguna lo comparta con la amiga, con una adulta/o, pero lo debe hacer de manera libre, espontánea y sólo lo que desea. 

 

Los diarios de las guerreras se llenaron de marcas, colores, dibujitos, corazones con nombres cruzados con flechas, fotos de salidas y reuniones, papelitos recogidos por ahí.  Se llenaron de señales de la vida, de guiños.  Lo que los iba liberando y enriqueciendo era el hecho de mantenerlos cerca, dejar espacios durante los encuentros para escribir en ellos o adornarlos y el respeto a la plena libertad a la manera de hacerlo cada una. 

 

También fue motivante que eran cuadernos bonitos, cómodos para escribir, con ilustraciones y calcomanías al final.  La belleza en los materiales que se usa en estos procesos es importante, invita a valorar lo que allí se guarda, a hacerlo con cuidado.  Es así como pueden ir aprendiendo a tratar la materia de su vida, como algo bello, sagrado, delicado.

 

La escritura del Diario es un medio privilegiado para contactar el mundo interio y darle un lugar tangible y concreto.  A través de él pueden ir dibujándose un rostro y un lugar natal, propio e inviolable.  Ese es el sentido último del mundo interior que conquistamos, que nada ni nadie podrá arrebatárnoslo, nos hace soberanas de nuestro ser, propietarias de un espacio único.

 

El diario permite fundar un refugio propio con la seguridad y la libertad que debe tener.  Como refugio permite relajar defensas y expresarse de manera más libre, sin temor al juicio de otro.  Poco a poco se va venciendo también el juicio propio y se va dando más vuelo a la expresión.  Un refugio contiene , acepta, recibe con amplitud y calidez.

 

También sirve como vehículo de reconocimiento.  Escribirse y leerse son actos impresionantes para captar quienes somos y nuestra manera de ver el mundo. Muchas veces al pasar por las páginas de un diario nos estremecemos, a veces con una sonrisa, a veces con horror.  Es vernos desde una distancia que no implica hacernos ajenas pero si nos da perspectiva.  Condiciones éstas de cualquier acto de reconocimiento.

 

Fundar una mirada sobre sí, expresarse, reconocerse,  darse tiempo para procesar la vida, dejarle tiempo al silencio son artes del vivir.  Artes, que como decíamos al comenzar este texto, hemos olvidado o nunca aprendimos.  Un diario es un buen espacio  para reaprenderlos. 

 

Es por esto que Aprendiendo a Amarlas va acompañado de un Diario : Aprendiendo a amarme.  Es un cuaderno que creamos a partir de la historia y las expresiones de las guerreras.  Quiere invitar a que ellas funden una “Habitación Propia”[26], a que vayan construyendo su propio refugio, uno que no pueda ser jamás devastado. 


Decir adiós

 

La mesa estaba poblada de multicolores helados, como siempre la agitación y la risa imperaba.  Conversábamos sobre un episodio en el que habían entrado en conflicto con las normas institucionales - durante la semana anterior -.  Opinaban, discutían, contaban lo sucedido y proponían soluciones.  En el ambiente flotaba la pregunta de si  las íbamos a regañar - era lo que les habían dicho, que estabamos decepcionadas de ellas - y era una pregunta vital : íbamos a usar nuestro poder de control el último día ?.  Nosotras le pusimos palabra y se las devolvimos : qué creían ellas ?. 

 

Una sonrisa relajó el aire,  unas confesaron que tenían miedo, otras decían que no, que ellas sabían que conversaríamos y les preguntaríamos, otras acusaban a alguna por no creer en nosotras.  La risa devolvió a los rostros la luz que siempre tenían en los encuentros desde hacía algún tiempo.  Volvimos sobre el tema del problema y entre todas pensamos alternativas.  Varias teníamos ganas de llorar, nunca más volveríamos a estar juntas de ese modo que aprendimos a gozar tanto.  Ese día se acababa un ciclo y la vida de todas cambiaría.

 

Nos despedimos respetando el pacto que desde el primer día formulamos sin palabras : jamás usaríamos nuestro poder para devastar su espíritu, costara lo que costara respetaríamos su alma de magas guerreras.

 

 La vida contiene a la muerte.  Todo nace y muere.  Todo comienza y termina.  Comprenderlo fortalece nuestra capacidad de disfrutar el presente, fluir con la vida sin tratar de empujarla ni frenarla.  Un proceso de enriquecimiento interior tiene límites en el tiempo, demarcados desde el comienzo e inevitables. Como refugio esta experiencia es temporal, nos permite sanar un alma herida y aprender maneras de seguir caminando sobre nuestros propios pies, con el viento de nuestra vida. El saber viene de adentro y cuando lo liberamos nos permite vivir la vida creciendo en ella, con ella.

 

Decir adiós, decirles adiós magas guerreras, sabias maestras.  Adiós y gracias por dejarme ver su luz y protegerme con su fuerza.  Gracias por alimentar mi ser.  Gracias por caminar conmigo y profundizar mi fe.

 

 

 

 

 

 

Poemas

 

Mara

 

Niña solitaria en medio de la oscuridad.

 Ojos de águila, paso de luchadora, palabras certeras. 

Una bruma cubre tus pasos,

una confusión grita entre tus ordenadas palabras

Algo turbio quiere ser visto,

algo que te pesa y te amarra. 

Tienes tanta luz que los vampiros te cercan,

 cedes a sus chillonas voces

que te dicen cosas deseadas. 

Vuelve a tu centro,

no regales tu luz a los inmundos.

 Mara, poderosa águila luchadora,

si vieras  sabrías

 que ese vientre sencillo que te parió y te avergüenza,

también te dio la luz y la tibieza de tus ojos.

 

ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ

Sofía

 

Quizá porque te sabes viento

calzas enormes y negros zapatones

Dulce, bella, santa, menuda

Aire sonriente.

Tu pelo río, tu pelo agua.

Tu trampa es la inocencia,

tu ruina es la misma de todas las de tu estirpe.

Has sido preservada en medio del infierno

Maga de la luz

guardada en una torre para ser virgen, pura, intacta 

Bella Sofia del día,

has sobrevivido al horror

y a las calles habitadas de moribundos y poetas mudos.

 Deja a tus pies alimentarse de la tierra, madre y ataúd, negra.

 Deja a tu vientre llenarse del fuego. 

Deja al poder de la oscuridad precisar tus rasgos,

pequeña maga de agua y aire

 Entonces,

 brotarán raíces en la planta de tus pies

 y ondularas al viento

 

hhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

 

Xiomara

 

Princesa de negro marfil,

relampaguea el verde de tu portentosa mirada. 

Caminas sobre el mundo,

 ciego mundo que no ve que eres reina, diva, maga. 

Sabes, como nadie, volverte invisible,

pantera escurridiza que aprovecha su color

para hacerse parte de la noche. 

Temen tu poder proveniente de selvas húmedas

donde las palabras solo tienen la fuerza que les concede el viento. 

Xiomara,  reina, diva, maga.

 

 

 

Ana

 

Cuerpo barrotes

espalda muralla

 palabras delirio

 risa escape

 Estas agazapada en un lugar remoto,

posada en un pequeño terreno enmarcado por la última luz.

 Ana sin nombre ni voz

Angela torturada

No había nadie en la mañana, nadie en la noche, nadie.

Casa desecha, vida podrida.

Circulo de sobrevivientes agarradas al ultimo suspiro,

 escondidas tras risas desaforadas

Ana, anita, despierta, ven,

no te recibirá un golpe,

afuera hay calma.

Sal de allí pajarita,

 déjanos ver que lo que guardas son tus alas

 intactas, frágiles, pequeñitas. 

Déjalas llenarse de aire y luz

 angela ana sin voz ni nombre.

 

mmmmmmmmmmmm

 

Nikole

 

Tan pequeña y tan dura

 Tan oscura y tan bella.

valiente guerrera de las Cruces

 hermosa habitante de los rincones de esta inmunda ciudad.

  Corazón herido y enjaulado.

  Lagrimas.

 Silencio.

 Deseo de exiliarte de tu propia vida

 Cicatrices de guerra te cubren

 telarañas de humo te enturbian

 tu brillo se cuela triunfante ante la muerte

 y el abismo al que tanto amas

  Cuando me miras

se que entre tu y yo se teje un pacto infinito

 una lealtad de fuego.

Valiente guerrera

 

YYYYYYYYYYY


 

Rosa

 

Asesinada por la ausencia de tu padre y la traición de tu madre. 

Primera muerte de la que brotó una fuerza salvaje

y el deseo de huir entre callejuelas y oscuridades

  No recuerdas tu verdadero nombre,

 está oculto bajo capas de llanto no llorado,

gritos silenciados, rabia contenida.

  Viajera sobreviviente.

 Ojos aniñados, cuerpo atormentado

 Atada a una pregunta.

 Buscas refugio bajo el brazo del asesino,

 nadie te enseñó a distinguir a los depredadores.

Traicionada por aquella que te tuvo en el vientre 

Prefirió al que violó tu ultimo refugio,

a ese cuyo aliento ebrio te persigue en las noches.

Sabia sobreviviente,

 viajera de la noche

pido para ti el don del perdón

 para que comprendas la trampa que la hizo traicionarte

 y no sigas ciega tejiéndola alrededor de tu cuello

 

bbbbbbbbbbbbbb

 

Angela

 

Escapaste al encierro rojo,

al imperio de un dictador

que vende flores de amor

mientras encarcela niñas y asesina sueños.

  Vidente enamorada

 voz sagrada

 Sabes la ruta de salida,

quieres guiar a tus hermanas 

  escondidas en la cocina oscura, en la cárcel roja

 Angela, arcangela

diosa poderosa que mata al tirano

Arcangela de la montaña

 sonrisa de dios

 valiente muchacha

  No olvides el rostro del exterminador

no caigas dormida de nuevo en sus brazos

Angela, Arcangela manténte despierta

 guías a muchas niñas ciegas,

a muchas hermanas asustadas.

 

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[1] La experiencia se dio en la ciudad de Bogotá y casi todas las jóvenes son urbanas.  Esto diferencia al grupo de grupos de niñas provenientes del campo o de pequeñas ciudades.  Igualmente se trataba de niñas y jóvenes que habían entrado al mundo de la prostitución por decisión propia - aunque forzadas por circunstancias - y no habían sido raptadas o vendidas como sucede en otros casos. 

[2] Se trata de la “Ciudadela Maria Micaela” que nos apoyó con amplitud y confianza.

[3] Citado por Gloria Steinem en : Revolución desde adentro, Un libro sobre la autoestima, Gloria Steinem, Anagrama, Barcelona, 1995

[4] Thomas Moore, El cuidado del alma, Urano,  Barcelona, 1992

[5] En la jerga de la calle un “hacer un rato” se refiere al encuentro sexual con un cliente.

[6] El collage es una “composición pictórica o cartel realizado por el procedimiento de pegar sobre el lienzo o tabla diversos materiales,  especialmente recortes de papel” Diccionario Planeta de la Lengua Española Usual, Editorial Planeta, 1982

[7] “Revolución desde adentro” Un libro sobre la autoestima, Gloria Steinem, editorial Anagrama, Barcelona, 1995

[8] “Diagnóstico preliminar sobre la situación del menor de edad prostituido o en peligro de serlo” 1993- 1994, Procuraduría Delegada para la Defensa del menor y de la familia, Ministerio Público, Procuraduría General de la Nación, Rep. De Colombia.

[9] “Reviviendo a Ofelia (o como salvar a la niña adolescente) de May Pipher, Ph.D, Grupo Editorial Norma, Colombia, 1997

[10] Es importante anotar que la calle en una ciudad como Bogotá tiene una densidad y una complejidad que es variable en otras ciudades. 

[11] Marcela Lagarde, Los cautiverios de las mujeres : putas, madre - esposas y locas, Universidad Autónoma, México, 1993.

[12] Ibid. Nota anterior.

[13] Alexander Lowen, La depresión y el cuerpo, Alianza Editorial, España, 1972.

[14] Ibid. Nota anterior.

[15] Ibid. Nota 10

[16] Alexander Lowen, ibid nota 14.

[17] Gloria Steinem, ibid nota 4

[18] Investigación participativa con trabajadores/as sexuales de la localidad 14 y sus alrededores, Equipo de investigación N.E.S, Departamento Administrativo de Bienestar Social del Distrito, 1998.

[19] Es  el sistema en el que se tienen las pistas de canciones muy conocidas, un vídeo que ilustra la letra y un micrófono para que quien lo desee pruebe su voz en un escenario.

[20] Ver nota 7

[21] Gloria Steinem Ibib. nota 4

[22] En “Artesanía de la Vida”   ya citada, se encuentran propuestas alrededor de 80 experiencias posibles que pueden ser consultadas y adaptadas a los diferentes grupos. 

[23] “Como crecer superando los percances” Resiliencia : capitalizar las fuerzas del individuo, Stefan Vanistendael, Cuadernos del Bice, Oficina Internacional Católica de la Infancia (BICE), Ginebra 1995

[24] Durante el trabajo con el grupo las dos facilitadoras llevamos un Diario de Campo que nos permitió recoger y luego sistematizar la experiencia.

[25] Gloria Steinem, ibid

[26] Título de un libro de Virginia Wolf que trata sobre la necesidad de las mujeres de contar con medios que les permitan una independencia para así poder expresar su creatividad.