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aprendiendo a amarlas

 

 

 

Una experiencia de desarrollo personal con niñas explotadas sexualmente o en riesgo

 

 

Mónica Tobón Coral

 

 

 

 

A las siete magas guerreras

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OIT   Programa IPEC

Fundación Antonio Restrepo Barco  

 

 
CONTENIDO

 

Presentación (Institucional)

Introducción

 

Capítulo 1 :  Desarrollo Personal : Alimentando el alma

 

Capítulo 2 : Creciendo a la Intemperie

 

Sentirse sola 

Huyendo despavoridas

 

Capítulo 3 :  Retratos

 

Mareas altas y bajas 

Ideas y visiones 

Cuerpo Tatuado 

Tejiendo vínculos

 

Capítulo 4 : Un viaje juntas

 

Un comienzo movido 

Reconociendo el territorio 

Tómeme una foto, si ? 

Pasar rico 

Expresarse

Cuerpo mío 

Nuestro mundo, otros mundos

 

Capítulo 5 : Lo aprendido

 

Un amor incondicional

Romper esquemas

Vivir la vida

Palabras del corazón

Dejar correr el río 

Mundo interior

Diario mío : Aprendiendo a amarme

Decir adiós

 

Postdata

 


Introducción

 

Al caminar a cualquier hora por las calles del centro de Bogotá, van apareciendo jovencitas que recostadas contra la pared de una residencia o en el muro de cualquier esquina repiten el rito milenario de mujeres que ofrecen su cuerpo por unos pocos pesos.  Todas llevan el pelo largo y suelto, falda muy corta y labios rojos.  Parecen mayores pero su mirada las traiciona : apenas acaban de dejar la infancia. Son también ancianas, su vida ha corrido rápido, muchas ilusiones han sido ya aplazadas.

 

Quizá por eso al nombrarlas la palabra “niña” les queda extraña, pero tampoco les calza aún la de “mujer”.  Están viviendo esa etapa en que se transita de un nombre a otro - entre los doce y los dieciocho años - pero sobre todo su vida ha recorrido territorios y vivencias donde pronto la infancia debe ser relegada. 

 

Cómo llegan éstas jóvenes a la vida azarosa y devastadora de la prostitución? En general esta pregunta ha sido abordada desde la perspectiva de las carencias materiales y los procesos sociales de amplio espectro que contribuyen a la creación de la situación, así como desde el análisis de elementos culturales que crean su escenario.  Sin embargo ha sido muy poco abordada desde el punto de vista de lo que sucede en al alma de las niñas que allí transitan. Con excepción de algunas miradas que convierten un destino creado por una sucesión de experiencias socialmente configuradas, en una patología individual y se atreven a señalar como “enfermas” a éstas chicas.

 

La hipótesis central que guió este proyecto fue que cuando una niña “vende” su cuerpo a un desconocido, ya su alma había sido herida de muerte y una parte de su ser había sido acallada con la más brutal experiencia cotidiana.  Es decir, que para comprender el rumbo tomado es vital  conocer los desgarramientos interiores que  marcan la huida a la calle, el desprendimiento de las raíces y el ingreso a este mundo. La exploración de este proceso es lo que se propone abordar el trabajo en el plano personal.

 

Es importante subrayar que la sucesión de experiencias que llevan a dicho camino es común a un numero muy grande de niñas, lo que demuestra que se trata de una realidad social que responde a patrones culturales colectivos y no de una problemática individual - aunque su vivencia lo es - ni mucho menos de una “desviación” psicológica.  Establecer esto es muy importante : trabajar en el plano personal no significa reducir los problemas sociales a problemas individuales sino comprender de manera más profunda el tejido complejo de la realidad humana.

 

Abordar el plano personal de una problemática colectiva de gran escala - como lo es la explotación sexual de niñas - nos permite encontrar los escenarios donde toman cuerpo las tramas sociales y donde anidan las vivencias y los imaginarios que sostienen la cultura.  Desde allí, así como desde otros planos, podemos comenzar a revisar y transformar verdades encarnadas sin mucha conciencia que determinan la vida llevando a la repetición eterna de dolorosos patrones.

 

Lo personal está conectado con lo colectivo, lo interior con lo exterior, lo subjetivo con lo consensual.  Sanar el alma individual ayuda a sanar el alma colectiva. En general tendemos a pensar el movimiento contrario y el cambio se visualiza como algo operado “desde afuera”, sobre las grandes estructuras sociales, en las instituciones.  Aquí entramos a formar parte de una tendencia que propone el movimiento contrario, no de manera antagónica sino complementaria.   Es decir, el cambio “desde adentro”.

 

Hay muchos temas entrelazados en el escenario de la explotación sexual de niñas que son vividos en el plano personal haciendo eco a fuertes trazados de la vida colectiva.  Estos temas se relacionan, entre otros, con las formas de vivir la sexualidad y las identidades y los vínculos entre hombres y mujeres, las maneras como habitamos el cuerpo y las ideas que tenemos sobre la felicidad y el bienestar.  Las transformaciones en dichos temas deben hacerse en el plano colectivo pero también a través de una toma de conciencia personal.

 

En el caso que nos ocupa este abordaje personal podría hacerse con varios actores - padres y madres, hombres “clientes” -,  elegimos explorar la experiencia directamente vivida por las niñas.  Es con ellas como centro que nos acercamos, desde su mirada, desde su biografía.  El horizonte no era meramente explicativo, queríamos más bien recoger y ordenar elementos que permitieran comprender la manera como la vivencia en el plano personal incide en que la vida de una niña tome un giro hacia experiencias tan destructivas del alma y el cuerpo como la prostitución.  Más allá de esta intensión, queríamos identificar algunas claves que permitieran enriquecer los acercamientos que buscan aportarles para la construcción de alternativas de vida. 

 

La hipótesis quedó plenamente confirmada : las vivencias tempranas crean el escenario propicio para una huida - que no se limitará a los espacios exteriores sino que construirá una manera de vivir y una topografía interior - que con gran probabilidad desembocará en el mundo de la prostitución o en otros enormemente riesgosos para el crecimiento de la niña.  Encontramos trazados comunes en sus vidas, heridas similares, terrores compartidos, historias reiteradas que, como ya mencionamos, señalan arraigados patrones colectivos.  También hallamos pistas para acompañarlas a comprender su historia, sanar sus heridas y torcer su oscuro destino.   Son éstos los temas del presente texto.

 

En este camino recogimos elementos de muchas fuentes : investigaciones, testimonios, entrevistas y una experiencia de enriquecimiento del desarrollo personal con un grupo piloto.  Existe un saber en manos de personas sensibles que han transitados éstos caminos por largos años, es un saber que integramos al texto.  Contamos para este esfuerzo con el apoyo de dos instituciones de Protección que llevan largo tiempo buscando alternativas para la intervención con la población mencionada.

 

Indagamos sobre la vida de jóvenes con experiencia en prostitución y aunque esta intensión siguió en el centro, nos dimos cuenta de que su situación es similar a la de muchas niñas que tienen vínculos precarios o inexistentes con espacios de protección y viven una vida en fuga vinculadas con el mundo de la calle.  Algunas terminan en prostitución, otras en pandillas, como “mulas” de la mafia o en relaciones amorosas nefastas, con todas sus oportunidades disminuidas.  Creemos que si bien cada opción va a definirles caminos de vida y a depararles  realidades diferentes, entre todas ellas existen similitudes que permiten ampliar el alcance de las conclusiones de la experiencia realizada a otros grupos como los señalados. A esto contribuye que estamos hablando de niñas y jóvenes que apenas inician éstos senderos.

 

Las experiencias vividas se dieron con un grupo[1] que se encontraban en una institución de Protección[2], bajo una medida legal, esto delimitó algunas características del abordaje y de la situación pero creemos que el sentido del trabajo puede ser igualmente útil para desarrollar experiencias de enriquecimiento del Desarrollo Personal con grupos en medios escolares, en la calle, en comunidades.  Esto daría al trabajo un carácter mas preventivo de las situaciones que veremos más adelante y que llevan a tantas niñas y jóvenes a dolorosas existencias.

 

Los encuentros de exploración de caminos para enriquecer el desarrollo personal que mantuvimos durante cinco meses con un grupo de siete jóvenes, nuestras maestras, nos permitieron ampliar los confines de nuestra alma y nuestra mente y comprender que lo que verdaderamente sana el alma son experiencias de amor incondicional que han escaseado en su vida y que no es fácil darles por razones que poco a poco les contaremos. Por eso bautizamos este texto Aprendiendo a Amarlas y porque esperamos que sirva para que personas cercanas a niñas como ellas les brinden una oportunidad de aceptación y reconocimiento profundo.

 

Le hablamos entonces a educadoras de las instituciones encargadas de estas poblaciones, a las madres y los padres, a psicólogos/a, a maestras/os y también a otros adultos/as cercanos en los que ellas intentan confiar.  A cualquier persona que tenga la oportunidad de convertirse en un refugio seguro para una de estás niñas y permitir que aprendan a volar sin hacerse daño.

 

Partimos de una de las frases que iluminó nuestro camino “Para que sea posible salvarnos, señala Alice Miller, sólo se requiere una condición : que al menos una persona haya respaldado nuestros auténticos sentimientos en la infancia, indicándonos que nuestro auténtico yo era visible para los demás y realmente existía[3] Basta una persona que las ame auténtica e incondicionalmente. Oportunidad que muchas veces no llega.  Por eso hablamos a todos, para desbordar fronteras académicas o institucionales y llegar a esa persona que está al lado de una niña sin refugio, para que la mire y aprenda a amarla y para que haciéndolo aprenda a amarse a si misma.

 

Queremos narrar una experiencia, no decir verdades ni dar técnicas rígidas sino compartir una vivencia e iluminar otras que deberán ser emprendidas de acuerdo a las circunstancias y las posibilidades. Como veremos, cada experiencia que busca aportar al crecimiento interior es singular, única. 

 

Como complemento de Aprendiendo a amarlas, se ha elaborado un Diario para ser entregado a las niñas y jóvenes que participen en grupos de Desarrollo personal.  El Diario ha sido usado en diferentes experiencias y ha mostrado ser un apoyo para procesos claves como los de reconocimiento, expresión y conexión interior.  Aprendiendo a Amarme, ha sido elaborado utilizando como alimento las obras que realizaron las siete jóvenes del grupo con el cual se trabajó.

 

El presente texto tiene seis capítulos. En el Capítulo 1 : Desarrollo Personal : Alimentando el Alma, vamos a presentar una síntesis del enfoque que guió los procesos de Desarrollo personal realizados.  Este enfoque ha sido trabajado con otros grupos y se ha ido enriqueciendo con todas éstas experiencias.  Este capítulo busca dar elementos conceptuales tanto para guiar la comprensión de la narración de la experiencia con las niñas como para que las personas que deseen emprender procesos similares puedan identificar los sentidos que proponemos.

 

En el Capítulo 2 :  Creciendo a la intemperie contaremos las vivencias que son comunes en la infancia de éstas jóvenes y la manera como la huida termina un periodo marcado por la soledad y la sensación de no tener un lugar donde refugiarse. Aunque nos referiremos a las siete jóvenes que nos acompañaron, en realidad construimos historias que dan cuenta de los rasgos que observamos una y otra vez en la literatura sobre el tema, en grupos más amplios de niñas  y que conversamos con personas de mucha experiencia. Este capítulo permitirá comprender las heridas que son comunes a estas niñas, heridas que deben ser sanadas durante un proceso de Desarrollo Personal.

 

En el Capítulo 3 : Retratos vamos a narrar quienes son estas chicas en el momento actual, cuando tienen entre doce y dieciocho años, y han pasado por duras experiencias de vida.  Narraremos su manera de ver la vida, de relacionarse y las huellas que han quedado en su cuerpo y en su alma. Esta narración apunta a permitir una mayor comprensión de sus maneras de ser y a facilitar el contacto con ellas hacia la construcción de vínculos más amorosos.  Para quienes deseen realizar o enriquecer  procesos de crecimiento interior con grupos similares, este capítulo puede servir de guía para conocerlos. Sin embargo, nada reemplaza el contacto directo, la apertura amorosa y la capacidad de aceptación, que son bases para éstos procesos. 

 

Después vamos a contar la experiencia de encuentros con el grupo mencionado en el Capítulo 4 : Un viaje juntas.  Experiencia que nos rompió esquemas y certezas sobre la manera de hacer este tipo de procesos y nos obligó a ser creativas y a buscar en el fondo de nuestras almas lo mas sutil y rico de nuestra capacidad de amar.  Contar una vivencia específica busca revelar algunas rutas posibles para la realización de los encuentros de Desarrollo Personal, sugerir alternativas concretas de actividades y sobre todo, inspirar la exploración de caminos fructíferos para los diferentes grupos.

 

En el Capítulo 5 : Lo aprendido  sintetizaremos los aspectos que la experiencia nos enseñó o nos ayudó a profundizar con respecto a la manera de llevar a cabo procesos de desarrollo personal con grupos como el que nos acompañó. Se centra en aspectos metodológicos específicos y sirve como base para el diseño de otras experiencias.

 

Por último una Postdata presenta algunas reflexiones que quedan después de la experiencia vivida y que queremos compartir para tender un hilo y encontrarnos con muchas voces que seguramente están empeñadas en la búsqueda de mejores maneras de ser humanos y de formas más armónicas de habitar este planeta azul que nos fue destinado.


Posdata

 

Cuidar el alma, cuidar el mundo.  Sanar el alma, sanar el mundo

 

Al culminar la travesía que se cuenta en Aprendiendo a Amarlas quedan abiertos muchos caminos y preguntas para proseguir la marcha. Hay tantas niñas creciendo a la intemperie con un nudo interior que las convoca a huir despavoridas.  Tantas que ya rompieron sus lazos y viven en precarios mundos resguardando su alma y bordeando abismos.  Son muchas y no disminuirán mientras no transformemos perversas maneras colectivas de relacionarnos, pensar y desear.

 

Hemos construido un mundo en el que el poder proviene de la fuerza para someter al otro, a la otra. Esto sucede de las maneras más brutales pero también de las más sutiles. Al perder el contacto con nuestro interior, con la fuerza que nos impulsa y orienta, nos volcamos hacia afuera, buscando que lo que tenemos, lo que hacemos y, sobre todo, el poder que portemos frente a otros, nos den un lugar en el mundo. Mientras sigamos actuando desde esa lógica, no se abrirá un camino de transformación de hondos dolores que nos aquejan individual y colectivamente.

 

La violencia que desangra nuestro país causada por el enfrentamiento entre hombres uniformados de diferentes colores e idéntico espíritu, está conectada con esta otra que detrás de paredes también nos desangra.  Hay un continuo entre ambas, son de la misma materia, siguen la misma lógica.  Es la lógica de la oposición y del poder ganado con la fuerza y la devastación del otro/a. El antagonismo sólo acarrea violencia.  Hay que trascenderlo radicalmente para romper sus designios.

 

Los profundos desgarramientos que anudan el destino de las guerreras, provienen de muchas generaciones de hombres y mujeres en guerra, oprimidos, rabiosos, sin oportunidades de desplegarse plenamente, agotados, sin espacios ni saberes que les permitan reconocerse y quererse.  Pero como repetimos varias veces, no se trata de grupos aislados de personas, se trata de maneras colectivas de ser en las que algunos pagan el precio más alto. 

 

El gesto de un padre violando a su pequeña hija, el de una madre defendiéndolo, el de un hombre pagando a una niña por sexo, son gestos que repudiamos pero con los cuales estamos comprometidos porque participamos en formas de actuar y pensar que los crean y los mantienen. La cultura es un tejido complejo donde cada hilo se trenza con muchos otros.

 

Debemos repensar las maneras como nos hacemos mujeres u hombres, como hemos construido los vínculos entre ambos, como hemos aprendido a vivir la sexualidad, el valor que le otorgamos y los imaginarios que la rodean.  Revisar la mirada que ve a los seres y objetos del mundo como despojados de alma y por tanto sujetos a una “lógica de mercado”.  Detenernos en ideas que hacen a los niños y las niñas patrimonio de padres y demás adultos para ser moldeados  con la violencia que se requiera sin tomar en cuenta su ser auténtico.  Mirar de nuevo lo que creemos que debemos aprender para ser felices, para vivir plenamente. 

 

Caminando con las guerreras por calles ruidosas y densas,  mientras conversábamos de todo un poco, sentíamos con profunda claridad que aunque las carencias materiales han sido duras y han limitado su vida, son sus corazones heridos, sus visiones restringidas, sus cuerpos amurallados, sus ilusiones rotas lo que les arrebata verdaderamente la oportunidad de volar.  Tenemos también que construir refugios que les permitan sanar y construir otros caminos de vida. 

 

Un refugio, como hemos dicho, está construido con vínculos y experiencias que garanticen libertad y seguridad absolutas.  Libertad que se alimenta de la plena aceptación, el amor incondicional, de quienes son y como son las guerreras - o cualquier persona que busque sanar sus heridas - y que parte del convencimiento de que al interior de cada uno se encuentra una fuerza que al ser desplegada se convierte en sabia guía. Crear un espacio que de seguridad implica partir de un pacto irrenunciable : jamás se utilizará el poder para devastar el espíritu de quien se encuentra en una situación de desventaja. Es decir, siempre será posible la confianza, el respeto y la comunicación abierta.

 

Estos refugios pueden ser creados en muchos espacios : hogar, escuela, instituciones de protección, la calle, comunidades, grupos de pares, experiencias culturales. Requieren personas convencidas de la infinita posibilidad humana de amar y desplegar su ser, capaces de reconocerse a sí mismos, abrir su alma y escuchar.  Vínculos donde se de total prioridad a las profundas necesidades de aceptación y expresión, por encima de fines utilitarios y autoritarios.  Lugares donde el poder provenga de un contacto interior y una conexión con la vida y no del control sobre el otro/a o la determinación unilateral del devenir. 

 

Colectivamente tenemos arduas tareas para garantizar que ni una niña más se vea abocada a partirse en mil pedazos y deambular sin refugio.  Cada uno también tiene tareas : recorrer un camino de desarrollo personal para sanar sus heridas, aceptarse plenamente y aprender así a amarse un poco más.  Sólo el amor que nos damos puede ser dado a otros y puede ayudar a sanar el mundo. 

 

 


 

GRACIAS

 

A Virginia Salcedo, compañera imprescindible de este viaje, portadora de una rara capacidad de brindar amor.

 

A las Instituciones de Protección “Ciudadela María Micaela” y “Renacer”, por permitirnos aprender de su experiencia labrada con mucho esfuerzo.

 

A la Hermana Esther, mujer iluminada que sabe que el amor sana y que nos entregó su fe sin reservas.

 

Al Comité Técnico - Angela María, Olga, Adriana, Margarita, Ana María, Tatiana - con quienes literalmente parimos este proyecto.

 

A  Ana María Arenas, German Moreno y Nora Segura quienes con generosidad nos contaron sus reflexiones y nos dieron pistas para nuestra búsqueda.

 

A Natalia Angel, Jaime Cifuentes y los visionarios raperos de “Ritmo Acción y Poder” y “Bajo Territorio” por compartir amorosamente con las guerreras los caminos de su vida.

 

A Luz Helena y Oliver por convertir este texto en un bello objeto y ayudarle a decir lo que desea.

 

 


PARRAFOS AGREGADOS

 

Capítulo 1

 

1. (Inmediatamente bajo el título Rutas de Desarrollo Personal)

 

En las experiencias que buscan alimentar el crecimiento interior las rutas que a continuación presentaremos, constituyen los sentidos por los que se transita, los procesos que se quiere estimular.  Muchas veces una misma actividad contiene varias rutas, muchas veces forman parte de la manera de llevar a cabo los encuentros, de establecer las relaciones, de tomar las decisiones.  Siempre se trata de experiencias, vivencias concretas, y no discursos expuestos o discutidos con los grupos, aunque en el proceso pueden surgir reflexiones y conversaciones en torno a ellos. 

 

2. (En sección Rutas de ...Después de los tres párrafos de Recuperar saberes y antes de vivir relaciones más amorosas)

 

 

Elaborar un punto de vista, una mirada personal, constituye una intensión importante en las experiencias de Desarrollo Personal. Se trata de alimentar una voz propia lo que significa dar espacio para que surjan de manera libre las visiones, percepciones, ideas de cada persona y brindar reconocimiento y validez a éstas expresiones.  Esta voz permite que construyamos comprensiones tanto de la vida individual como del complejo mundo en el que habitamos. 

 

 Implica una actitud activa frente a la realidad, una actitud de pregunta y reflexión así como de credibilidad frente a si mismo o misma.  Tener una voz propia no significa ni asumir que se posee la verdad, ni permanecer aislado, supone más bien que se tiene un punto de vista para entrar en dialogo.  Este es un requerimiento para la construcción de relaciones más igualitarias y también para enriquecer constantemente la posición personal  frente al devenir de la existencia personal y colectiva.

 

El escenario donde surgen voces más autónomas lo crean el convencimiento de que la realidad es percibida de maneras subjetivas y de que las diversas formas de hacerlo son validas, enriquecedoras y vitales.  No hay una verdad, sino un proceso continuo de acuerdos y pactos intersubjetivos.   Este convencimiento es básico para facilitar la construcción de relaciones democráticas y seres más autónomos.  Obviamente atenta contra visiones autoritarias que se asumen como única verdad.

 

En términos de crecimiento personal, sentir y alimentar una voz propia exige la ruptura con un modo pasivo de vivir que aunque es en apariencia fácil, es tremendamente empobrecedor.  Así, implica poner en duda, volverse a preguntar, lo que se considera en el colectivo como verdadero, deseable, aceptable y bello y construir perspectivas más complejas que den espacio a los matices, a la diversidad humana, a la singularidad.  También implica asumir una postura frente a las determinaciones que van dibujando el camino de la vida propia, romper con la idea de que las rutas establecidas y legitimadas son las únicas y preguntarse por su pertinencia para el despliegue del ser profundo y la realización del destino personal.

 

 

 

3.   (Capítulo 4, sección, Tómeme una foto, si ?)

 

Muchas veces, éstas identidades representan para las niñas los rostros que de manera más autónoma han asumido. Están relacionadas con la lucha por ganar y mantener un lugar dentro de jerarquías en un mundo donde el “respeto” a la posición de cada cual es un rasgo altamente valorado y ganado por medios muy violentos.  Para ellas no se trata de meras máscaras sobrepuestas, tienen un sentido y han significado una construcción , si bien pueden también servir como nuevas armaduras contra el dolor. En la calle han vivido experiencias que las han marcado profundamente, su ser ha ganado nuevos pliegues y los sucesos, muchas veces terriblemente dolorosos, han tatuado su memoria y su piel.

 

4. (Idem)

El reconocimiento y la plena aceptación de quienes somos ayudan a sanar poco a poco las heridas causadas por el rechazo, el abandono, el maltrato y la continua exigencia de que nos comportemos de determinadas maneras. Una mediación importante para este proceso proviene de la relación con personas significativas que mantienen una actitud continua y coherente de apertura y aceptación plena de quienes somos.  Se debe tratar de una vivencia concreta, no de un discurso o un precepto. Exige abrir verdaderamente la mente y el alma.


Texto contra carátula

 

Aprendiendo a Amarlas es el relato de una exploración de caminos para alimentar el crecimiento interior de niñas y jóvenes - entre doce y dieciocho años -  que han vivido experiencias de explotación sexual en prostitución o están en riesgo de hacerlo.  Recorre los trazados de sus vidas y la sucesión de desgarramientos interiores que las va llevando a una forma de existencia marcada por la huida y el ingreso a territorios que bordean abismos.  Propone caminos de Desarrollo Personal a través de la narración de una experiencia piloto con un grupo de “magas guerreras”.  Sus reflexiones están dirigidas a personas que trabajan en la construcción de alternativas de vida para este grupo - educadores, terapeutas,  maestras - y a cualquier otra persona que tenga cerca a una niña sin refugio, con la intensión de inspirarles formas de acercamiento y relación que les ayuden a las niñas a volar sin hacerse daño . Se complementa con un Diario : Aprendiendo a Amarme, destinado a las participantes de experiencias de Desarrollo Personal y  diseñado como un espacio en el que puedan desplegar su ser, reconocerlo y amarlo.

 

 

Capítulo 1 

Desarrollo Personal : alimentando el alma

 

“El gran mal del siglo xx, que forma parte de todas nuestras angustias y nos afecta a todos individual y socialmente, es la ‘perdida del alma’.  Cuando se la descuida, el alma no se va precisamente, sino que se manifiesta en forma de obsesiones, adicciones, violencia y perdida de sentido”[4]

 

 

Parecía que avanzábamos, nada nos detendría, detrás de cada pregunta encontraríamos una verdad. Un día no moriríamos y las cosas llenarían el ansia del alma.  Ir más rápido nos iba a llevar a alguna parte y sabíamos, o alguien sabía,  adonde íbamos...en algún momento eso parecía hasta que nos miramos y descubrimos que el terror es inmenso, la violencia sólo se ha sofisticado, el hambre atormenta a millones de hermanos, la tierra se desangra y el arte de vivir se nos ha olvidado.

 

Desde esta urgencia muchos andamos buscando pistas  sobre saberes antiguos y nuevos que guíen hacia la construcción de vidas más plenas. En ese animo contaremos los sentidos que fundan este enfoque para el enriquecimiento del Desarrollo Personal.  Recorreremos ideas que iluminaron la experiencia con el grupo de jóvenes que protagonizan este relato y con otros grupos con los que hemos venido compartiendo este camino en construcción. 

 

Al centro de las experiencias vividas anida el convencimiento de que más allá del hacer compulsivo al que nos hemos sometido y del afán de tener que despoja de magia a los objetos y a la vida misma, somos  seres.  Seres que anhelamos desplegarnos en toda nuestra potencia, cuyo devenir tiene un sentido y que existimos en conexión con un complejo tejido vivo.

 

Volver al ser es devolverle a la paradoja de la vida su lugar de signo revelador, su calidad de texto del destino y su sentido de artesanía hecha amorosamente. Y es que la velocidad del mundo nos va arrastrando hasta llevarnos a olvidar la esencia de cultivadores de estrellas que nos fue dada y el misterioso universo interior que nos habita, hasta  despojar de asombro la mirada.  De allí que propongamos prestar atención a la existencia para comprender sus designios y asumir nuestro papel protagónico como tejedoras del destino. 

 

Lo que nos sucede proviene de hilos infinitamente largos y conectados con todo lo existente pero somos las artesanas y artesanos, somos  creadoras y no receptoras pasivas de destinos impuestos.  Así la vida se torna en pregunta que explora, en riesgo, y no en la repetición de caminos establecidos. Es de la vana esperanza de una vida sin conflicto que nos alejamos.

 

Desde allí dirigimos la mirada al interior, al ser, a la fuerza que nos habita e impulsa y volvemos a formular preguntas básicas : quién soy ? qué deseo ? qué me quiere decir mi vida con sus recorridos y sus reiteraciones ? qué estoy haciendo con este tiempo que me fue concedido ? qué tiene un verdadero significado?. 

 

Con estás preguntas como trasfondo realizamos experiencias que buscan enriquecer el crecimiento de la dimensión interior, el despliegue del ser.  Hemos identificado algunas rutas que consideramos claves para lograr este propósito.  Está rutas son recorridas de maneras singulares por cada grupo y cada persona pero constituyen horizontes de sentido que dan orientación  este enfoque.

 

Una experiencia que busca dar alimento al crecimiento interior requiere que nos detengamos para sentir las palpitaciones del cuerpo y del alma y para darle a nuestra propia existencia la atención y el amor que merecen.  En el espacio que así se abre proponemos algunas rutas : experiencias que permiten reconocer  quienes somos y la vida que hemos construido, volver al centro fundando o ampliando el territorio interior, habitar el cuerpo, como fuente para contactar nuestra totalidad, recuperar saberes  provenientes de fuentes diferentes a la razón y vivir relaciones amorosas que permitan remover y transformar las construidas.  Estas rutas son apuestas hacia una vida más plena en lo personal pero también parten del convencimiento de que desde allí estamos transformando el mundo y contribuyendo a sanar profundas heridas colectivas. 

 

En una primera parte, nos detendremos en el sentido de cada una de las rutas de desarrollo personal que proponemos y, en la segunda presentaremos algunas características de los encuentros que hasta ahora hemos realizado tanto con el grupo de las guerreras como con otros grupos.

 


 

I. Rutas de desarrollo personal

 

La primera ruta nos invita a reconocernos y está habitada por experiencias que nos permiten ver con claridad amorosa los recorridos de nuestra vida, sus raíces, sus ciclos y movimientos.  Sentir las líneas de nuestro rostro, la manera cómo nos movemos, el color de lo que sentimos. Comprender el pasado y la manera como vivimos el día a día. 

 

Reconocernos es mirarnos con detenimiento, recuperando el asombro y la curiosidad.  Esto exige limpiarnos de juicios.  Tenemos tanto miedo a vernos tal como somos que nos llenamos de ruidos e imágenes simplificadoras.  Tenemos pavor de mirarnos con detenimiento, como si fuéramos a descubrir algo terrible, como si hacerlo fuera la muerte.

 

En cierto modo es verdad.  Reconocernos verdaderamente pasa por ver aquellas partes que hemos negado,  reprimido o acallado creyendo que son malas, inadecuadas, feas o vergonzosas.  Pasa por volver a enfrentar el recuerdo de momentos de dolor - si no los hemos resuelto - y volver a sentir el desgarramiento que nos produjeron.  Reconocernos es vernos de maneras más completas, abriendo nuestro corazón y nuestra mente a visiones que pueden poner en suspenso lo   

que creíamos cierto, lo que dábamos por hecho, es derrumbar defensas, murallas y trincheras que por largo tiempo han nublado la mirada.

 

Y es que, cómo no vamos a estar divididos si vivimos en un mundo que nos enseñó a crear dicotomías ante toda complejidad, a separar lo bello de lo feo, lo bueno de lo malo, lo aceptable de lo inaceptable ?.  Divisiones de la totalidad sagrada de la vida que de un tajo la despedazan y le drenan la magia que le dan su diversidad y sus matices.

 

Entonces  juzgamos nuestro ser y al mundo desde parámetros rígidos pretendiendo homogeneizar la vida hacia lo que consideramos bueno, bello, aceptable.  Se niega así buena parte de lo que nos constituye e inventamos tremendos mecanismos de exclusión, dominación - siempre cargados de violencia - de lo que queda fuera. Así lo hacemos tanto en la vida colectiva como en la personal.

 

Reconocernos supone ir más allá de esas divisiones, vernos de maneras más amplias, rompiendo juicios y apegos para poder contemplar nuestro rostro con sus luces y sus sombras, apreciar el panorama de nuestra vida con sus valles verdes y sus desiertos, comprender los colores de los que se visten los días y fluir del azul al rojo sin esperar que sean iguales, saber que múltiples ciclos inician y declinan al tiempo en nuestra interior y que cada nacimiento y cada muerte ha de ser bienvenida.

 

Por eso el reconocimiento requiere aceptación plena, abolición de juicios y exigencias, supone amor. Es imposible vernos plenamente al espejo si a cada rasgo le imponemos una medida, un parámetro, un deber ser.  Tenemos que volver a una mirada abierta que permita no sólo vernos sino que partes agazapadas y asustadas de nosotras/os mismas/os emerjan a la luz,  reclamando su lugar.

 

Esas partes que escondemos, regañamos constantemente o simplemente negamos, son partes vitales , sino no les prestaríamos tanta atención.  Muchas veces están cargadas no sólo de juicios éticos o estéticos negativos sino de dolores abrumadores que nos aterrorizan. Este es el caso de las magas guerreras de nuestro relato y de casi todos nosotros.  Voces que han sido acalladas por terribles violencias que con golpes o críticas nos han paralizado o por lo menos han hecho que escondamos partes de nuestro ser para que no sean exterminadas.

 

Las experiencias de rechazo, abandono y maltrato son eficaces en ese sentido.  Cuando una niña o un niño es maltratado, el abuso de poder - casi siempre proveniente de un adulto/a - tiene como consecuencia volverlo objeto, cosificarlo, negándole la condición sagrada de su cuerpo y su alma, invadiéndolos, destruyéndolos, aterrorizándolos.

 

El maltrato más evidente es el que conlleva violencia física, sin embargo tan terrible y devastador como este, es el maltrato del ejercicio constante y riguroso de la tortura verbal y el control del cuerpo, por cuanto va disminuyendo la posibilidad de una persona de confiar en si misma, amar quien es, oír su voz interior cuando enfrenta las vicisitudes de la vida, desplegarse como ser singular y sentirse merecedor de un lugar en el mundo.

 

Lo importante de este proceso de exclusión y negación interior es que aunque en apariencia suprime con éxito lo no deseado, en realidad lo que hace es desconectar a la persona de partes de sí, matarla un poco al negarle pedazos enteros de si misma.  Esta operación no puede traer sino dolor y sensación de vacío, de incompletud.

 

Esas partes acalladas por la violencia casi siempre lo han sido en la infancia pero por algún perverso mecanismo tendemos a repetir el escenario de su drama una y otra vez a lo largo de la vida.  Reconocer los recorridos de la existencia pasa por percibir esas reiteraciones, esas repeticiones que nos ponen una y otra vez frente a la misma encrucijada, el mismo reparto de actores, en el mismo lugar, con el mismo sentimiento e idéntica impotencia.

 

Reconocer esos momentos estancados es el primer paso para comprenderlos y poco a poco dejarlos atrás en su justo lugar de recuerdos.  Estas reiteraciones contienen lecciones que no hemos logrado comprender, mensajes cifrados, portan verdades sobre nuestra vida y nos revelan nuevos sentidos para avanzar en ella.  Lo que mantiene detenido el flujo de la vida en estos escenarios es el terror, un terror cuyo origen está perdido en la memoria y sobre el cual se han superpuesto capas de oscuridad.  Ya no huimos del recuerdo sino del terror del terror.

 

Volver al centro, es la segunda ruta que exploraremos.  Está poblada por experiencias que buscan que aprendamos a mantenernos centrados en nuestro ser, en el momento presente y en nuestro entorno inmediato.  Esto nos abre a sensibilidades hacia lo que acontece, las otras personas, los tonos que va adquiriendo el día, las expresiones maravillosas de la vida, lo pequeñito o lo inmenso.

 

Para volver al centro debemos tomar los hilos de la existencia y aceptar que nos ha sido dado un valioso tiempo en el que la vida nos enseña lo que debemos aprender.  Sentir que lo que nos sucede puede ser comprendido y aceptado como propio, personal y no como algo que viene de afuera, azaroso, sin sentido. Cuando logramos ver nuestra vida así, estamos atentas/os a sus mensajes y sabemos que todas sus experiencias, aún  las dolorosas, forman parte del tejido vital, no son adicionales o inútiles.

 

Volver al centro es fundar o ampliar el territorio interior dando espacio a voces provenientes de nuestro propio ser y conectadas con saberes profundos.  Es dar lugar al silencio y a la introspección en un mundo que permanentemente nos llena de ruido y nos pone fuera de nosotros mismos/as, que nos jalona más a parecer que a ser, más a comportarnos de maneras determinadas que a escuchar y seguir la sabiduría interior. 

 

Este “ponernos afuera”  tiene costos inmensos, nos somete a la tensión constante de adecuarnos a lo esperado, a lo aceptable pero además nos aleja de un lugar interior, desconectándonos de nosotros/as mismos y quitándonos una fuente invaluable de crecimiento y plenitud.  Para volver al centro debemos experimentar la relajación, el silencio, la contemplación, el aquietamiento.  Casi siempre tenemos dificultades grandes para hacerlo, es un camino poco conocido y que aprendimos a  temer pero cuya riqueza es perceptible directamente cuando poco a poco nos abrimos.

 

Una de las desconexiones que más obstaculiza el crecimiento interior  es la que tenemos con nuestro cuerpo, expresión tangible y material de nuestro ser.  Por eso, habitar el cuerpo es unos de los caminos vitales que proponemos para enriquecer el Desarrollo Personal. 

 

El cuerpo registra nuestra historia, en sus lenguajes tiene escrito los grandes sucesos, los sentimientos, las desgarraduras que la vida ha ido plasmando en nuestro ser.  El cuerpo, como la corteza de los arboles, guarda nuestra historia.  Hemos olvidado sus lenguajes, somos sordos a sus voces por lo que no sabemos comprender sus llamadas de alerta, sus dolores.  Tampoco conocemos la maravillosa potencia que lo habita, tenemos adormilada la sensibilidad a su fuerza, a su belleza.

 

El cuerpo ha sido sometido a un riguroso control, a un adiestramiento que, lo termina alejando y apartando del fluir de la vida.  Es así como tratamos sus síntomas, sus dolores, sus expresiones, como si fueran las de un objeto que nos acompaña y nos es útil, no como parte de nosotros, de nuestras tristezas y alegrías, de nuestra vida.  Hablamos de él como un ente aparte o muchas veces cargado de visiones  que no solo lo disocian sino que lo desvalorizan o lo satanizan.

 

Al hablar de partes que hemos negado o acallado no se trata únicamente de aspectos mentales o emocionales sino que tienen su expresión corporal,  participan de una naturaleza múltiple.  Cuando, por ejemplo, el corazón de una niña ha sido decepcionado una y otra vez, su llanto no ha sido escuchado, su necesidad de protección no ha sido satisfecha, el alma se cierra a nuevas decepciones.  Una parte es sumida en el silencio, acallada para no sufrir más.  Se produce, desde luego, sólo un cambio en la manera de sentir el dolor, que se elige para sobrevivir a costa de endurecerse negando una profunda necesidad. 

 

Cerrar el corazón, acallar el llanto, decidir que nunca más pediremos lo que no nos es dado, renunciar a la luz del amor no sólo afecta nuestra alma, queda grabado en nuestro cuerpo.  El pecho se cierra, el corazón es envuelto en una gran jaula de músculos endurecidos, es protegido y a la vez blindado para no sentir dolor y, este es el costo fatal, tampoco muchas sensaciones placenteras.  Veremos que así sucede con las magas guerreras de la experiencia que vamos a contar.

 

Habitar el cuerpo es volver a sentirlo plenamente, desbloqueando zonas que la tensión y el olvido han ido matando lentamente.  Para eso necesitamos volver a sentir la manera como caminamos, como expresamos nuestro ser en posturas y gestos y recuperar la sensibilidad corporal.  Abrimos así una puerta a la conciencia de nosotros mismos/as, a la manera como fluye la vida y como recibimos el devenir de los días.

 

Asumirnos como cuerpo nos hace más totales como personas abriéndonos a fuentes nuevas de conocimiento y expresión y regalándonos sensaciones de plenitud y conexión fundamentales.  El Desarrollo Personal que proponemos busca restablecer este contacto y llevar el reconocimiento y la toma de conciencia a este terreno. 

 

Muy cerca al retorno al cuerpo se abre otra ruta que busca recuperar saberes , redimensionando el poder supremo que le hemos otorgado a la razón al desplazarla de su lugar relativo de posibilidad de conocimiento a ser el único valido y legitimo.

 

“Pienso, luego existo” no es una frase simple, es el lema que fundó una manera de comprender que por siglos ha enmarcado nuestra percepción de la realidad.  La razón tiene un lugar fundamental, negarlo sería necio, pero no es el único rasgo que nos hace humanos, que nos otorga existencia. 

 

Afortunadamente comenzamos a recuperar saberes provenientes de las sensaciones, de la intuición, del cuerpo.  Saberes que en conjunto, incluyendo la razón,  nos abren nuevas perspectivas y posibilidades en el conocimiento del mundo y de nosotras/os mismas. 

 

El enriquecimiento del Desarrollo Personal busca retomar esos saberes, aprender a escucharlos y a seguir su guía. Esto requiere sensibilizarnos, detenernos y escucharnos.  Al igual que es largo el proceso por el que durante la infancia nos es suprimida la capacidad de comprenderlos, es largo el camino hacia su reaprendizaje, pero la recompensa es grande, significa ampliar nuestra comprensión del mundo y desplegar partes vitales de nuestro ser.

 

Mientras vamos explorando en nuestro interior, conociéndonos, las relaciones que mantenemos con otras personas son también removidas a través de experiencias que nos permiten vivir relaciones más amorosas.  Esta no es tarea fácil ya que hemos asumido formas de violencia mutua, de dominación y control que desvían el afecto y causan dolor.  Los cambios en las relaciones provienen del cambio interior y de la experiencia que vayamos acumulando en otro tipo de relaciones que  demuestren que la equidad y el respeto son posibles en contextos donde se podría ejercer el poder para subyugar y dominar. 

 

Una experiencia de Desarrollo Personal debe convertirse en un espacio donde la vivencia de relaciones amorosas permita tener un punto de contraste.  Este tipo de relación es el terreno, el nutriente de los procesos, sin él ninguna experiencia tendrá sentido y esto es aun más cierto para el caso de las magas guerreras, como iremos viendo.


II. Características de los encuentros

 

Los encuentros a través de los cuales invitamos a la vivencia de las rutas señaladas tiene algunos rasgos comunes. Estás son las características de los encuentros que expondremos a continuación y que serán ampliadas y enriquecidas a lo largo del presente texto.

 

Estos encuentros parten de la consideración de que cada camino es singular.  Un proceso de Desarrollo Personal es único, es un encuentro de personas que debe tener su propio color, su propio ritmo.  Hay temas claves, hay cosas que todos y todas debemos aprender pero la manera de hacerlo y, sobre todo, el lugar de llegada es singular.  De allí que este texto sea un relato y no un manual de instrucciones.  Un relato de un proceso vivo, singular y apasionante para quienes lo viven.

 

Con nuestro grupo de magas guerreras, por ejemplo , vivimos una experiencia que se centró especialmente en la sanación de heridas a través de experiencias que les revelaran otras maneras de amar y relacionarse.  Cuando las heridas son de la contundencia de las suyas, la desconfianza ha cerrado los corazones y el miedo habita cada mirada y cada movimiento, es necesario hacer un paciente camino  de sanación y reconexión con su ser interior que requiere la ruptura de las murallas erigidas para defender su ser profundo.

 

Este camino, como todos los de enriquecimiento del Desarrollo Personal, se transita a través de experiencias de reparación, no se trata de enseñar una idea sino de vivir una vivencia, esta es la segunda característica de los encuentros que realizamos.

 

Es por esto que las personas que asumen el papel de facilitadoras de estos procesos nos paramos en un lugar diferente al de quien cree que la respuesta viene de sus manos. Más bien aceptamos el lugar de mediadores de procesos en los que cada persona despliega sus fuerzas de crecimiento y descubre su propio rostro.  Las experiencias que proponemos o acompañamos son los medios de que disponemos para facilitar procesos de Desarrollo personal.

 

Por otro lado, el desarrollo personal no se enseña, se facilita, se nutre, se propicia. Se trata de desencadenar las fuerzas de la vida, de fortalecer el proceso natural de sanación, de brindar alimento al crecimiento, perspectiva a la existencia, calor, libertad, reconocimiento y seguridad. 

 

Las experiencias de crecimiento requieren constituirse en un refugio  que permita sanar heridas, retomar  el sentido de la existencia, detenernos, aprender a escuchar la vida, arriesgarnos a mostrar los rostros escondidos que por estar tanto tiempo relegadas son frágiles y asustadizas.  Ese lugar es el que deben crear los procesos de enriquecimiento del Desarrollo personal.  Se trata de un espacio donde recuperar el silencio, la seguridad y la confianza.

 

Pero el refugio, como su nombre lo indica, es pasajero, esta destinado a momentos de nutrición pero debe ser abierto y ayudarnos a extender las alas, a desempolvarlas, curarlas o descubrirlas para poder volar y seguir creciendo en la cotidianidad de nuestros días.  Como hemos dicho, en el refugio reaprendemos artes del vivir para justamente llevarlos al terreno de la vida. 

 

El enriquecimiento del desarrollo Personal debe ser continuo, cotidiano, interiorizado. Busca volverse parte de la existencia, una manera de sentir los acontecimientos que nos suceden, de elaborar las paradojas que la existencia nos va revelando. 

 

Por eso está lejos de la idea de una curación que otro nos brinda, otro que sabe lo que me pasa, lo que necesito, lo que deseo.  Es mas bien, como decíamos, que cada uno/a pueda reaprender las artes del vivir, retomar nuestra naturaleza profunda y permitir que emerjan nuestras propias fuerzas sanadoras.  Se trata de ver y transformar hábitos de vida. Siempre acompañados de la certeza de que la vida no cesa en su movimiento, no se detiene, no se resuelve totalmente y que siempre nos traerá encrucijadas y contradicciones, dolores y rupturas y, claro,

alegrías, descubrimientos, maravillas.

 

Para las magas guerreras con las que compartimos está experiencia, el Desarrollo Personal es uno de los ingredientes esenciales para construir verdaderas alternativas de vida desde el contacto profundo y más libre consigo mismas, el reconocimiento y aceptación de sus rostros y de sus recuerdos, el descubrimiento de sus fuerzas interiores y la reparación de las heridas que agobian su alma. Es desde estos lugares e ideas que narraremos a continuación la experiencia vivida con ellas

 


Capítulo 2

CRECIENDO  A LA INTEMPERIE

 

Estaba muy pálida, mechones de cabello desteñido enmarcaban un rostro delgado y suave.  Con esfuerzo la niña pedaleaba su triciclo, que alguna vez fue azul, al que le faltaba una rueda.  Los vivaces ojos miel miraban bajo.  Su tía, casi otra niña , iba atrás arriándola con un palo hacia la casa.  La misma de la que había salido huyendo hace un par de años Ana, una de las magas guerreras. 

 

Huía del recuerdo de los días de su infancia en los que deambulaba por las calles del decadente barrio, limpiaba el bar que ocupaba parte de su casa, vendía limones y churros por la ciudad, recibía puñetazos de un tío y sus piernas se llenaban de quemaduras causadas por descuidos inauditos de su madre.  Como todas las mujeres de su familia, Ana creció consolando borrachos y abriendo la puerta del cuartico en el fondo del patio para encuentros que duraban poco y valían menos.

 

Acercarse a la infancia de las guerreras es estremecedor.  De nada vale haber leído estadísticas y estudios, cuando la tragedia toma rostro conmueve y horroriza.  Es en este territorio en el que se encuentran las verdaderas claves de su destino, es allí donde se urde la trama que las llevará a la calle, al desarraigo, a vender “ratos”[5] de atención y piel, de vida. 

 

Recorreremos los trazados que encontramos reiterados mil veces en testimonios, estudios, estadísticas y, por supuesto, en la narración de las siete jóvenes que nos acompañaron.  Trazados que expresan una vergüenza colectiva a la que debemos poner rostro, abrir el corazón, sentir como propia.  Sólo así remontaremos el cómodo espacio que solemos poner entre “ellos” - los otros, los de allá, los que no saben, los hundidos - y “nosotros” - para comprender que formamos parte de un todo y estamos conectados . 

 

Acompañar el crecimiento de las magas requiere conocer su infancia, el origen de sus heridas, la profundidad de su soledad, el terror de sus noches.  Tenemos que darle un lugar  a su historia, recuperarla, reconocerla y, aunque suene impensable, aceptarla y poder así ayudarlas para que hagan lo mismo.

 

Dividiremos la narración en dos momentos : sentirse sola y huyendo despavoridas.  La primera se centra en el universo de la infancia y la segunda en la ruptura paulatina con este universo y en la construcción de vínculos con otros mundos y otras identidades.  Estos tiempos son diferentes en cada una de ellas - corresponden a edades variables - pero se dan siempre en su camino de guerreras. 

 

sentirse sola

 

Estabamos haciendo collages[6] sobre la infancia, Mara pegó en la mitad del cartón forrado de negro una niña pequeña y  triste, perdida en medio de la oscuridad.  Niña solitaria repetida varias veces en el territorio de su collage.  En otro encuentro Rosa escribió “Te odian” al lado de una casa a la que cubrió  con una gran cruz negra que la hacía aterrorizante.  La diabetes de Ana comenzó en aquellos días en los que se consolaba, acompañada de sus hermanas, bebiendo docenas de multicolores gaseosas mientras esperaban en vano a  su madre.  Se sentían solas y desprotegidas cuando niñas sin importar cuantas personas las rodearan, se sentían como flotando en el vacío.

 

Esta soledad se tejió con muchos hilos. Quizá el más doloroso proviene de su relación con la madre y el padre de quienes esperaban protección y cuidado y  muchos veces recibieron indiferencia y golpes.  Pesaban también  sensaciones que atravesaban el cuerpo y tensionaban el aire debidas a la escasez y a la angustia cotidiana por la sobrevivencia.  En el fondo llantos no escuchados, abrazos y miradas de reconocimiento y aceptación  no recibidas.  A cambio, pesadas cargas de responsabilidad y tensión que les robaron el tiempo de la alegría y el juego. Todo esto rodeado de un devastador silencio alrededor de los hechos mas definitivos de su existencia.

 

Un nudo interior va tejiéndose con esos hilos :  la  sensación profunda de terror e inseguridad frente a la vida, a los otros y a su propio ser. Cuando crecemos dependemos de manera vital de las personas y la situación que nos rodea. Requerimos afecto y atención de manera tan apremiante como alimento o aire.  Es la mirada de otro ser humano la que funda nuestra identidad, es el calor de otro cuerpo el que funda nuestra piel.  Si esto falla el mundo se torna amenazante.

 

Cuando éstas necesidades no son colmadas y es el abandono la respuesta continua del mundo, en al alma se funda un sentimiento de soledad  que hiere y aterroriza.  El abandono conduce a éstas niñas  a “una permanente búsqueda de cuidado y afecto, el deseo de sentirse integrada, unido a la sensación de ser permanentemente una extraña, el intento de otorgar a sus maridos y amantes el papel de padres, la utilización del sexo como un medio para saciar unas ansias infantiles de cariño y aprobación, y una despreocupación por el propio bienestar porque el abandono es un sentimiento familiar, conocido[7].

 

En la infancia de las magas la inadecuada atención a sus necesidades se mezcla letalmente con maltrato.  Entonces el adulto o adulta de quien depende la niña es un ser que no sólo las abandona sino que es potencialmente peligroso porque puede abusar del poder para devastar su espíritu, es alguien que se siente autorizado para ofender, golpear, forzar e inhibir las manifestaciones de la niña en el mundo.

 

En éstas familias las relaciones de maltrato forma parte de la convivencia  cotidiana. Un dato escalofriante : en una investigación sobre menores de edad prostituidos o en peligro de serlo, “El 95% habían sido, o eran maltratados en el hogar” [8]. Sin embargo quizá lo más preocupante es que estás familias no representan un caso aislado  sino el extremo de una realidad que cruza todos los grupos sociales. Es una realidad abrumadoramente mayoritaria porque corresponde a patrones culturales muy extendidos y profundamente arraigados y no depende de personalidades o desviaciones de grupos particulares.

 

Vivimos en una cultura en la que se permite y legitima un altísimo nivel de maltrato hacia nuestros niños y niñas y también entre adultos.  Cualquier poder que se tenga en una relación es usado como un poder de dominación del más fuerte (o que porta algo valorado socialmente) sobre el más débil (o que porta algo menos valorado). En la dominación siempre está presente la violencia con los más variados rostros.

 

El maltrato surge cuando pensamos que los adultos tienen derecho a imponer su manera de pensar y sus necesidades sobre los y las niñas, creemos que las normas pueden ser impuestas a la fuerza porque son más importantes que su alma o consideramos que deben comportarse de maneras determinadas, sin respetar su ser singular.   También nace el maltrato cuando creemos que las marcas de la violencia se borran con los años y consideramos que nuestra labor es de vigilancia y control porque los niños y niñas son esencialmente malvados que hay que encauzar y dominar.

 

Las guerreras vivieron el maltrato desde la cuna y aprendieron que es así como se relacionan las personas, por eso sólo lo reconocen cuando se expresa de las maneras más brutales y evidentes.  Soportaron grados increíbles de maltrato hasta que su espíritu de guerreras las convocó a huir.  Esa manera de relacionarse las llevará a dominar y maltratar a otras personas que se encuentran en situaciones de desventaja (niñas o niños menores, ancianos) o las llevará a someterse a personas que ostentan un mayor poder.

 

En el escenario donde se viven éstas relaciones, la familia, se entrelazan destinos de hombres y mujeres con historias de desgarramiento y violencia.  Casi siempre las madres terminan enfrentando solas la vida, con varios hijos, muchas veces de diferentes padres, productos de  amores que las han dejado cargadas de decepción.  Mujeres más o menos responsables pero rotas, adoloridas,  sin tiempo ni lugar para nutrirse y renovar sus energías.  Mujeres adictas a sustancias, juegos o relaciones destructivas o simplemente agobiadas por el peso de una existencia difícil, con carencias de muchos tipos y pocas oportunidades de desplegar sus alas. 

 

Si nos remontáramos a la historia de las madres encontraríamos otra parte de un ciclo fatal vivido por sucesivas generaciones de mujeres que las niñas continúan sin romper con sus designios. Hijas de hogares en que no ofrecieron la protección y