Proyecto Alca: posibles consecuencias a la luz de a doctrina social de la Iglesia 1.

Por Pablo A. Guerra2

"En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25,40).

1. Para comprender el trasfondo del Alca.

Los EUA se han caracterizado –no en carácter reservado por cierto- por ir construyendo a lo largo de su historia un proyecto nacional finamente armado por una clase dirigente comprometida para hacer prevalecer sus intereses particulares, algunas veces de forma diplomática, otras veces con fuerte dosis de agresividad. En ese marco deben entenderse los esfuerzos de la máxima potencia por iniciar procesos de integración regional. Estos comienzan tardíamente, sobre fines de los años ochenta, momento en que se firma con Canadá un Tratado de Libre Comercio. Hasta entonces los EUA más bien vislumbraban un dominio internacional con otras estrategias geopolíticas y económicas.

En una primera etapa, por ejemplo, sus clases dirigentes comienzan a ocupar territorios y organizar el espacio nacional. Es así que primero compran el Valle del Missisipi y Lousiana a Napoleón, luego compran la península de Florida a los españoles y finalmente se quedan con el riquísimo territorio de lo que hoy es Texas, a posteriori de la guerra contra México entre los años 1846 y 1848. Finalmente se proyectan hacia el norte, comprándole Alaska a los rusos, en el año 1867.

El sur de ese continente, mientras tanto, fue visto siempre con especial interés estratégico, manifestándose plenamente en la doctrina de Monroe de "América para los Americanos" (1823). Bajo estas formulaciones, se fueron legitimando las primeras intervenciones tendientes a hacer fracasar todo intento de integración de cuño especialmente latinoamericano. Recuérdese, por ejemplo, el papel que le cupo a los EUA para hacer fracasar el Congreso Anfictiónico convocado por Bolívar en Panamá en el año 1826.

El sigo XIX, finalmente, culmina con sendas intervenciones en diversos territorios y países caribeños y del Pacífico, caso de Puerto Rico, Cuba, Guam, Filipinas y Hawai. Probablemente el hecho más significativo en este marco, haya sido el rol que le cupo a la potencia para lograr la independencia Panameña de Colombia y la posterior construcción del canal de Panamá. Es comprensible que conforme avanza el siglo XX, la doctrina panamericanista se haya manifestado en sendas intervenciones, de diverso tipo, en varias circunstancias y diversos países latinoamericanos 3.

Resulta entonces comprensible que un siglo después de proponer una Unión Panamericana, en el marco de la doctrina Monroe, los intereses de la potencia se manifiesten en los procesos de integración regional, proponiendo en el año 1990 la llamado "Iniciativa de las Américas" que comprendía ya entonces la creación de una zona de libre comercio con todo el continente, a la luz de las reformas estructurales liberales y privatizadoras surgidas del llamado Consenso de Washington, también de año 1990.

El primer paso, luego de aprobado el pacto con Canadá, fue el ingreso de México al Nafta en el año 1994. Luego, en la I Cumbre de las Américas celebrada en Miami el gobierno presidido entonces por Bill Clinton propone extender el Nafta a toda la región, creando para ello un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Tras algunos años de paréntesis, y ahora con la batuta de George Bush, la III Cumbre celebrada en Quebec (Canadá) es motivo para que los 34 países de la región (todos menos Cuba) se propusieran agilitar los procesos para concluir un acuerdo formal antes del 31 de Diciembre de 2005. De esta manera se alcanzaría un mercado con unos 800 millones de habitantes, signado, sin embargo, por incuestionables diferencias en materia de ingresos y avances tecnológicos, fundamentalmente de Norteamérica por un lado y Latinoamérica por otro.

Los alcances del ALCA.

A raíz de lo anterior, debe quedar claro entonces, que la discusión sobre el Alca no solo encierra aspectos económicos a ser analizados a la luz de la doctrina social de la Iglesia, sino además, aspectos que hacen a intereses geopolíticos que no pueden quedar en un segundo plano. Dicho de otra manera, es necesario discutir estos asuntos no solo desde perspectivas economicistas, sino además, y fundamentalmente, desde perspectivas políticas que comiencen preguntándose qué integración es la que queremos construir entre nuestros pueblos y países.

Los alcances expresos del ALCA, sin embargo, no han dejado margen para que los pueblos y gobiernos nacionales discutan esos asuntos más fundamentales, y esto pues más allá del proyecto político que representa para la superpotencia norteamericana, el proyecto ALCA se presenta fundamentalmente como proyecto económico, y más propiamente como proyecto comercial4. Eso queda demostrado al descubrir cuáles son las áreas actuales de discusión por parte de los países negociadores: acceso a los mercados, subsidios, agricultura, inversiones, servicios, propiedad intelectual, compras del sector público, solución de controversias y política de competencia. Obsérvese la ausencia de áreas de trabajo en materias sociales y ambientales. Nótese, además, la ausencia de participación de la sociedad civil, sobre todo en los inicios de este proceso.

El Alca se propone en tal sentido, construir un área de libre comercio entre las tres Américas5. Esta invitación del gobierno de los EUA se enmarca en una concepción liberal del comercio internacional según la cuál, si se deja actuar libremente a los mercados en el plano comercial, todo los participantes se verán beneficiados. Incluso, los organismos multilaterales han insistido últimamente acerca de las bondades del libre comercio. Estas ideas sin embargo son más ideológicas que científicas: intentan sobre todo convencer, más que demostrar, ya que en los hechos las aperturas comerciales se dan en el marco de una serie de medidas, políticas y acontecimientos que terminan por complejizar los resultados presumiblemente esperados. Es así, por ejemplo, que tienen diferentes resultados los procesos de apertura indiscriminada de los procesos de apertura regulados y finamente estudiados. Este hecho es de particular importancia sobre todo en contextos con actores de diferentes niveles de productividad: para el caso concreto del Alca, una apertura indiscriminada sin duda deparará fuertes consecuencias sociales en nuestros pueblos. Allí tenemos entonces un primer tema de trabajo: de qué tan libre sea la zona dependerá de qué tantas consecuencias generará en nuestras economías y sociedades.

El Alca, además, es un proceso que ya está en marcha en materia de negociaciones y que presumiblemente comenzará a funcionar en tres años. Este dato tampoco es menor, ya que la estrategia de algunos actores políticos y sociales (incluida la de algunos sectores de la Iglesia) ha sido iniciar campañas del tipo NO AL ALCA. Desde nuestro punto de vista, esta campaña puede resultar insuficiente al menos por dos razones. En primer lugar, pues ninguna campaña de oposición a algo logra triunfar realmente a largo plazo si no es acompañada de una contraoferta creíble y deseable. En segundo lugar pues en los hechos, los procesos de integración pueden dar lugar a múltiples alcances, de donde se obtiene que más que oponerse a un proceso de integración podría resultar más eficiente detenerse en preguntarse qué tipo de integración (vista desde el sur) es posible y deseable con el norte6. Es en estos aspectos que comienza a aparecer como relevante la luz que arroja la doctrina social de la Iglesia.

Qué nos dice la DSI sobre el Alca.

Obviamente la DSI nada dice en forma directa y expresa sobre una propuesta que recién comienza a ser negociada por los diferentes gobiernos. Sin embargo, últimamente la Iglesia ha robustecido su doctrina social con sendos principios y mensajes que pueden y deben aplicarse al análisis de nuestro objeto de reflexión.

Probablemente el punto más alto en este sentido haya sido la Exhortación Apostólica Postsinodal "La Iglesia en América" (en adelante IEA). Allí el Santo Padre expresa que

"Ante los graves problemas de orden social que, con características diversas, existen en toda América, el católico sabe que puede encontrar en la Doctrina Social de la Iglesia la respuesta de la que partir para buscar soluciones concretas"(54).

Se trata, como se señala en otra parte del texto, de tener una moral clara, de la que deriva el resto de las cosas. Esto pues la ausencia de referentes doctrinarios o directrices éticas terminan por jugar a favor de las tendencias antievangélicas que pretenden hegemonizar en estos tiempos, o al decir de Juan Pablo II:

"Sin una referencia moral se cae en un afán iluminado de riqueza y de poder, que ofusca toda visión evangélica de la realidad social" (56).

 

Es así que la DSI y numerosos documentos como el citado, nos dan interesantes pistas para discernir el proyecto Alca. Veamos en tal sentido, cuáles deben ser los fines últimos de proyectos de la envergadura del Alca, y cuáles los principales desafíos que encierra nuestro continente pleno de miseria e injusticias: EIA en tal sentido nos invita a construir un nuevo orden económico orientado hacia el bien común:

"partiendo del Evangelio se ha de promover una cultura de la solidaridad que incentive oportunas iniciativa de ayuda a los pobres y a los marginados /.../ La Iglesia en América ha de alentar también a los organismos internacionales del continente con el fin de establecer un orden económico en el que no domine sólo el criterio del lucro, sino también el de la búsqueda del bien común nacional e internacional, la distribución equitativa de los bienes y la promoción integral de los pueblos" (52).

Aquí nos podríamos detener y preguntarnos si acaso el proyecto Alca está orientado por esos valores o más bien se trata de la iniciativa de poderosos agentes económicos que buscan nuevas estrategias para ampliar sus lucrativos negocios.

Otro aspecto fundamental para nuestro análisis tiene que ver con uno de esos aspectos estructurales de nuestro continente que merece inmediata respuesta por parte de los gobiernos y que además merecería ser objeto fundamental por parte de cualquier iniciativa económica: nos estamos refiriendo al desempleo. Mientras que los promotores del Alca destinan la mayor parte de sus energías a resolver problemas vinculados al comercio, la competencia, las patentes, etc. el trabajo humano "dimensión de realización y dignidad de la persona humana" (Proposición 69) pasa a un llamativo segundo plano. Mientras que S.S. nos invita a "organizar, promover y apoyar una cultura de trabajo", el Alca no se propone absolutamente nada en ese sentido.

Estos proyectos de integración regional, se dan además, en el marco de una creciente globalización, aspecto sobre el que la Iglesia se ha extendido en gran manera en los últimos años. En concreto, la globalización debe tener como referencia fundamental otro de los graves problemas estructurales del continente: combatir la pobreza. Dice el documento eclesial IEA que

"La economía globalizada debe ser analizada a la luz de los principios de la justicia social, respetando la opción preferencial por los pobres, que han de ser capacitados para protegerse en una economía globalizada y ante las exigencias del bien común internacional" (55).

Ahondando en esta idea expresa que una correcta globalización, inspirada en valores solidarios, debe contrarrestar la tendencia del dominio del más fuerte sobre el más débil. El siguiente párrafo se presenta como muy sugerente y atinado para reflexionar sobre la relación de fuerzas que existe al interior del ALCA;

"La Iglesia en América esta llamada no solo a promover una mayor integración entre las naciones, contribuyendo de este modo a crear una verdadera cultura globalizada de la solidaridad, sino también a colaborar con los medios legítimos en la reducción de los efectos negativos de la globalización, como son el dominio de los más fuertes sobre los más débiles, especialmente en el campo económico, y la pérdida de valores de las culturas locales a favor de una mal entendida homogeneización" (55).

Evidentemente, la globalización que se critica es la globalización capitalista que se enarbola en el neoliberalismo. Deberíamos preguntarnos: ¿Es el Alca un proyecto inspirado en valores solidarios, o es un proyecto inspirado en los antivalores del neoliberalismo?. Una respuesta a esta pregunta debería contemplar la sentencia que EIA hace sobre esta corriente:

"Cada vez más en muchos países americanos impera un sistema conocido como neoliberalismo; sistema que haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y el respeto de las personas y los pueblos" (56).

Justamente los efectos negativos de la globalización capitalista cuando va unida al neoliberalismo, llevan a la Iglesia a insistir en una globalización de la solidaridad. Deberíamos preguntarnos entonces ¿puede el librecomercio por sí mismo globalizar la solidaridad?. Pero aún más, deberíamos preguntarnos cuánto de libre puede tener una zona comercial donde conviven la máxima potencia económica junto a algunos de los países de menor ingreso y menor desarrollo humano del mundo. Finalmente, deberíamos sincerarnos y establecer si realmente el mejor de los valores para el comercio es la libertad. En tal sentido compartimos con Priscilla Solomon, religiosa de la congregación de San José (Canadá), cuando dice que "el comercio tiene que ser justo, no libre ... porque el comercio libre lo es sólo para los pocos que se benefician de él"7. Los obispos canadienses se adelantan a la respuesta de tantas preguntas, y en un documento circulado con ocasión de la Cumbre de Québec, señalan que "la integración económica no hace avanzar en sí misma el bienestar común de las naciones", siendo necesario por lo tanto orientarla hacia los principios de la justicia social y la opción preferencial por los pobres8.

La regulación aparecer de esta manera como fundamental para que el comercio definitivamente sea más justo que libre. Recientemente el Papa se ha expresado directamente sobre estos asuntos:

"De hecho, el proceso por el que el capital, los bienes, la información, la tecnología y los conocimientos son intercambiados y circulan en todo el mundo con frecuencia elude los mecanismos tradicionales de regulación de control fijados por los gobiernos y los organismos internacionales. Los intereses particulares y las demandas del mercado predominan a menudo sobre la preocupación por el bien común. Esto puede llevar a dejar sin una protección adecuada a los miembros más débiles de la sociedad y a que culturas y pueblos enteros se vean sometidos a una lucha agotadora por la supervivencia"9.

En el mismo mensaje, S.S. establece que "la globalización en sí misma no es el problema", sino la dirección que ésta tome. Lo mismo puede decirse de cualquier proceso de integración económica, de donde surge la necesidad de incorporar cierto enmarcamiento que conduzca realmente a la felicidad de los pueblos. El Congreso Social "América Latina y Unión Europea", organizado por el Celam y Comece, han detallado los desafíos más importantes que debería revestir un proceso de integración, ubicando en primer lugar la priorización "de la dimensión social del desarrollo económico, sobre todo en la lucha contra la pobreza y en la creación de puestos de trabajo dignos y de salarios justos"10. Creo que al Alca le falta mucho en ese sentido.

Finalmente quisiera referirme a un asunto no menor en la discusión sobre el Alca. Una de las críticas que se le hace tiene que ver con la imposibilidad de facto para continuar, una vez dentro del Alca, con los procesos de integración regional. Si verdaderamente eso es cierto, entonces el Alca estaría golpeando duramente el viejo sueño de una Latinoamérica unida. De acuerdo a lo visto, los procesos de globalización e integración deberían velar por la supervivencia de las culturas y los pueblos. En tal sentido, parecería ser la mejor opción para velar por la cultura y pueblos latinoamericanos, un proceso de integración del tipo Can – Mercosur, más que uno propuesto, promovido y dirigido desde patrones culturales no solo diferentes, sino además con pretensiones de hegemónicos.

Este dato sobresale especialmente en el marco de un Encuentro de Diócesis de Frontera del Mercosur. Más allá de los problemas y limitaciones que ha tenido el Mercosur, lo cierto es que se presenta como un proyecto mucho más integral que puede entenderse como un primer gran paso hacia una verdadera integración de la región. En ese plano están trabajando no solo los gobiernos (como sucede con el Alca) sino además los diferentes actores de la sociedad civil. Fortalecer el Mercosur y sus instituciones y objetivos sociales, aparece como un verdadero reto que difícilmente pueda cumplirse si los gobiernos ocupan sus energías solamente en el Alca.

 

NOTAS

1Ponencia presentada en el XVIII Encuentro de Diócesis de Frontera, Sto. Angelo, Brasil, Mayo de 2003.

2Dr. en Sociología. Docente e investigador en la Universidad de la República y Universidad Católica del Uruguay. Asesor en varias instancias de la Iglesia Católica.

3 Sobre estos asuntos, cfr. Romero, Rodolfo: "El nuevo desafío americano: ¿Alca o Clan?", Venezuela, Clat, 1997.

4 Se podría decir que el Alca es más que un acuerdo comercial, en la medida que uno de sus presupuestos es incluir solo países democráticos. Sin embargo, este principio parecería derivar más en el interés de los EUA por excluir a Cuba, que por sentar bases políticas antes que económicas.

5En teoría integracionista se distinguen varios niveles de integración que pasan por: 1) zona de libre comercio; 2) Unión Aduanera; 3) Mercado Común; 4) Unión económica; y 5) Unión política.

6 Incluso comparto con Javier Iguiñiz, que la única posibilidad cierta de que no haya Alca, es negociando a su interior, y no oponiéndose abiertamente. Cfr. Iguiñiz, j.: "Alca: claridad de objetivos y realismo político", paper presentado al XV Congreso Latinoamericano y Caribeño de Cáritas, México, 2003.

7 De hecho, la antropología económica ha demostrado lo suicida que hubiera sido establecer el libre comercio entre las diferentes civilizaciones y pueblos preindustriales. Estos siempre establecieron fuertes regulaciones sociales a los efectos de defender el entramado social y productivo.

8 Cfr. "La Iglesia Católica cuestiona el Alca", en La Voz Católica.

9 Cfr. Discurso de Juan Pablo II ante asamblea plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, Vaticano, 2 de Mayo de 2003.

10 Cfr. "Contribución a la II Cumbre de la Unión Europea, América Latina y el Caribe", El Escorial, 13 – 14 de Mayo de 2002.