Economía de la Solidaridad. Una introducción a sus diversas manifestaciones teóricas.
Dr. Pablo Guerra[1]
En los últimos años el concepto de “Economía de la Solidaridad” se ha vuelto protagónico en diversos ámbitos de las ciencias sociales y de la reflexión sobre modelos de desarrollo, tanto desde enfoques macro como micro económicos. Entre las muestras de tan particular protagonismo, debemos citar la constitución de numerosas Cátedras de Economía Solidaria en varias Universidades del continente dando lugar a redes académicas, como Unitrabalho, en Brasil; la adhesión de muchas organizaciones sociales, sindicales y cooperativas al postulado de una Economía Solidaria, desarrollando numerosos encuentros en la materia, entre los cuáles destacan sin duda los desarrollados en el marco del Foro Social Mundial; la penetración de este concepto en el seno de la Iglesia Católica, fundamentalmente a través de sus Pastorales Sociales; la presencia en algunos programas de gobierno del fomento a la economía solidaria, como sucede en Rio Grande do Sul; o la movilización por parte de ciudadanos de diversos países de América para ver incluido en las Constituciones de sus respectivas Naciones, la voluntad de apoyar las iniciativas provenientes de la Economía Solidaria.
Más allá de las diversas variantes, que veremos luego, la economía de
la solidaridad, o socioeconomía de la solidaridad como yo prefiero llamarla, pretende dos grandes objetivos,
uno de carácter práctico y otro de carácter teórico. El primero, consiste en
rescatar las diversas experiencias de hacer economía en sus diversas fases
(producción, distribución, consumo y acumulación) caracterizadas por
vertebrarse en torno a valores solidarios. El segundo objetivo es construir el
herramental teórico necesario para dar correcta cuenta de esas experiencias.
Podríamos en tal sentido definir a la Economía de la Solidaridad como un modo
especial y distinto de hacer economía, que por sus características propias
consideramos alternativas respecto de los modos capitalista y estatista
predominantes en los mercados determinados.
El término “economía de la solidaridad”, más
allá de los numerosos antecedentes que no repasaremos en esta ocasión, nace en
Latinoamérica a comienzo de los años ochenta, siendo su más fino expositor el
sociólogo chileno Luis Razeto. Veamos a continuación cuáles serían las
características de esta economía:
En el plano de la producción, el
elemento sustancial definitorio de esta particular racionalidad económica, está
dado por la preeminencia del factor trabajo por sobre el capital, pero sobre
todo, por la presencia central de los factores comunitarios, (factor C) como categoría organizadora.
El factor C tiene expresiones variadas. Como
señala Razeto, "se manifiesta en la cooperación en el trabajo, que
acrecienta la eficiencia de la fuerza laboral; en el uso compartido de
conocimientos e informaciones que da lugar a un importante elemento de
creatividad social; en la adopción colectiva de decisiones, en una mejor
integración funcional de los distintos componentes funcionales de la empresa,
que reduce la conflictividad y los costos que de ésta derivan; en la
satisfacción de necesidades de convivencia y participación, que implica que la
operación de la empresa proporciona a sus integrantes una serie de beneficios
adicionales no contabilizables monetariamente, pero reales y efectivos; en el
desarrollo personal de los sujetos involucrados en las empresas, derivados de
la comunicación e intercambio entre personalidades distintas, etc."[2].
En el plano de la distribución, lo
distintivo y definitorio de la economía solidaria consiste en que los recursos
productivos y los bienes y servicios producidos, fluyen, se asignan y
distribuyen, no solo por medio de las relaciones de intercambio valoradas
monetariamente (como sucede en el sector más propiamente capitalista), sino
también mediante otras relaciones económicas que permiten una mayor integración
social, a saber: relaciones de reciprocidad, redistribución, cooperación,
donación, comensalidad, etc.
En el proceso de consumo la
solidaridad se verifica en una particular forma de consumir que se apoya en una
cultura diferente a la predominante en cuanto satisfacción de las necesidades.
Algunos rasgos distintivos en la materia son la preferencia por el consumo
comunitario sobre el individual; la integridad en la satisfacción de las
necesidades de distinto tipo; en algunas formas populares de economía solidaria
se destaca la proximidad entre producción y consumo; y finalmente, debemos
señalar que en estos casos el consumo tiende cualitativamente a la simplicidad
y austeridad. Incluso esto lleva a una valoración mucho mayor de los
"problemas ecológicos".
Como se comprenderá, la noción de economía de
la solidaridad es mucho más compleja y amplia que otras, como es el caso de la
economía social, economía cooperativa, economía autogestionaria o incluso
economías alternativas, para citar a algunas de las de mayor receptividad
bibliográfica
2. Las corrientes latinoamericanas y europeas.
De acuerdo a nuestros estudios[3],
podemos decir que existen dos vertientes teóricas con respecto a la economía de la solidaridad: la
latinoamericana y la europea, aunque con variantes cada una de ellas.
Es en América Latina que se acuña el
término, en un sentido específico y con fundamentos teóricos, sobre principios
de los años ochenta. En esa década, Razeto, entonces profesor e investigador
del Programa de Economía del Trabajo (Pet), de Chile, escribiría su obra
"Economía de la Solidaridad y Mercado Democrático", en tres
volúmenes, (sobre fines del 2000 culmina su obra con un cuarto volumen). La
obra de Razeto ha tenido especial cabida en el ámbito de las organizaciones
económicas populares, así como en diversas instancias de la Iglesia Católica del
continente. Es un secreto a voces, que el llamado de Juan Pablo II a
"construir una economía de la solidaridad", con motivo de su visita a
la sede de la Conferencia Económica para América Latina (Cepal) en 1987, se
hizo en obvia referencia a los escritos del autor chileno.
Sin embargo, desde otras tiendas también se
ha comenzado a insistir en la necesidad de construir economías solidarias. Es
así que se pueden distinguir otros focos de divulgación en el continente. Uno
de ellos lo constituyen los escritos del entorno de la Confederación
Latinoamericana de Cooperativas de Trabajadores (Colacot), con sede en
Colombia. El mérito de la Colacot reside en haber divulgado estas temáticas en
ambientes cooperativistas y laborales (Colacot es un organismo funcional de la
Central Latinoamericana de Trabajadores -Clat- que optó en su X Congreso, por
la construcción de una economía de la solidaridad en su estrategia de
desarrollo), y haber realizado numerosos encuentros en la materia, desde fines
de los ochenta. Sin embargo, es obvio que no ha habido un intento acabado por
parte de esta organización, en elaborar una teoría comprensiva que explique las
principales características del sector. Salta a la vista, en tal sentido, una
intención más militante que analítica en estas materias más allá de esfuerzos
como el de la elaboración de un ambicioso programa de planificación
macroeconómica de largo plazo conducente a llevar al sector solidario de la
economía desde una incidencia del 5.2%
del PBI, hacia el 33.6% en ocho años[4].
En un intento por mostrar la valía del quantum de la economía solidaria en el
continente, estiman que el sector está integrado por sesenta mil empresas y 60
millones de asociados en América Latina, con incidencia sobre un total de 300
millones de latinoamericanos[5].
La tercera fuente latinoamericana es la que
proviene de Brasil[6]. En este
coloso del continente, la irrupción del término es más tardía. Recién sobre
mediados de los noventa, empieza a divulgarse la idea de la economía de la
solidaridad, por parte de algunas ONGs. y diversas organizaciones populares, e
incluso sindicales como es el caso de la primera central de trabajadores, la
Cut, que constituyó un programa de trabajo en ese sentido, que de alguna manera se parapeta como
vanguardista en materia de modernas políticas sindicales[7].
Los términos que más han prendido en estos años en Brasil han sido los de economía popular de la solidaridad, economía solidaria, e incluso socioeconomía de la solidaridad. A
diferencia de otros países de América Latina, la economía de la solidaridad en
Brasil, ha sido retomada por muchas Universidades, e incluso se ha creado una
Red de Universidades con líneas de investigación en la materia (Unitrabalho).
Además, algunos gobiernos estaduales, como es el caso del Gobierno de Rio
Grande do Sul, han organizado diversos seminarios e instaurado programas
sociales para desarrollar las experiencias de economía popular solidarias.
Deberíamos agregar finalmente, que en el esquema de la Iglesia latinoamericana,
ha sido la de Brasil la más activa en estos asuntos: la labor de la Cáritas
brasilera en este ámbito viene precedida de la consecución de sus “Proyectos Alternativos Comunitários”
(PACs), surgidos a inicio de la década de los ochenta como instrumento de
acción de Cáritas para hacer frente a la exclusión. En los años noventa es que
se hace un giro hacia la economía de la solidaridad, de manera que la “economía popular de la
solidaridad” pasa a ser un elemento vertebral en sus Líneas de Acción 2000 –
2004[8].
No hay en Brasil, sin embargo, escuelas
propias, en el sentido de corrientes que hayan desarrollado una concepción
determinada de este fenómeno con respaldo científico. Más bien, las
investigaciones cuentan con una amplia gama de orientaciones tanto
bibliográficas como de paradigmas teóricos. Los esfuerzos de construcción
teórica, en tal sentido, provienen por lo que hemos podido advertir, de tres
principales ambientes: la Unisinos, la Universidad Jesuíta más grande del
mundo, con sede en el Estado de Río
Grande y que cuenta con un programa de economía popular solidaria, luego
acompañado por otro programa desarrollado por la Universidad Federal de Río Grande do Sul; los trabajos de Paul Singer, Profesor de Economía en la
Universidad de Sâo Paulo e integrante de la Asociación Nacional de trabajadores
en empresas de Autogestión y Participación Accionaria (Anteag); y los trabajos
del Instituto Políticas Alternativas para el Cono Sur (PACS) con sede en Río de
Janeiro, dirigido por Marcos Arruda, un incansable promotor de estas ideas.
Sin intención de ignorar las diferencias que encontramos en sus posturas,
podríamos decir que les une a cada una de ellas, la lectura especialmente
crítica que hacen de las estructuras
económicas contemporáneas, y el rescate de la autogestión y el asociacionismo
en las clases populares. En ese sentido, la economía de la solidaridad adquiere
características más radicales que las que se encuentran en otros contextos, y
con un discurso marcadamente más político. Claramente, sus defensores ubican
esta corriente y sus experiencias, como contrareferentes al neoliberalismo, e
incluso al capitalismo. Veamos como se refieren en este sentido, las diversas
organizaciones participantes del Encuentro Brasilero de Cultura y Socioeconomía
Solidaria:
“Partimos
de una crítica vehemente al capitalismo, sobre todo en su forma
neoliberal que ha propiciado una producción cada vez más rápida de bienes
junto a una intensa concentración de
tierras, riqueza, control de recursos, poder y saber en la mano de un número
siempre menor de grandes banqueros, empresarios, latifundistas y especuladores”[9].
Por su parte, Paul Singer señalaba en la
exposición sobre economía solidaria que tuvo lugar en el Foro Social Mundial de
Porto Alegre (con un público récord de 1500 participantes): “La autogestión es
una opción profundamente revolucionaria, anticapitalista, porque ella exige la
integración de cada uno de los individuos en un colectivo libremente escogido
/.../ Estamos construyendo en medio de contradicciones, en las fallas del
capitalismo, un nuevo tipo de sociedad y de economía. Es difícil, más no
imposible...”[10]. Dando un nuevo paso, sostendrá en otro
artículo que las experiencias de economía de solidaridad no solo son anti –
capitalistas, sino también, expresiones socialistas: “Yo creo que cualquier
empresa democrática, igualitaria y autogestionaria –cooperativa o no- ya es
socialista. Es una experiencia socialista, aunque sea puntual...”[11].
Las referencias contrarias al neoliberalismo
se suceden en numerosos artículos sobre el tema, recurriendo para ello a
múltiples factores, no solo estructurales sino también de corte ético:
"Hablar de economía popular solidaria es resignificar la propia economía
en el sentido de recuperar su dimensión ética, flagrantemente negada por las
posiciones neo - clásicas de matriz liberal y de alguna forma también por las
posiciones marxistas ortodoxas"[12].
Desde estas posturas, sin embargo, no se pierden los referentes revolucionarios
de la propuesta: "Lo revolucionario de la organización de la economía
popular solidaria está en mezclarse en la estructura productiva,
contraponiéndose al sistema capitalista por la construcción en su seno de
condiciones para su superación, por la organización social de productores y
consumidores, recuperando de alguna forma todo el sentido de los socialistas
utópicos"[13].
Como podemos observar, más allá de los
paradigmas teóricos manejados por los autores, suele primar a la hora de
esgrimir argumentos a favor de la economía solidaria, un discurso fuertemente
opositor al capitalismo neoliberal. Armando de Melo Lisboa, por ejemplo, señala
que la economía solidaria "busca superar la sociedad de mercado a través
del propio mercado". Para ello, distingue una sociedad de mercado con
respecto a una sociedad con mercado; y luego explica que mercado y capitalismo
no son sinónimos. El desafío de la economía de la solidaridad consiste entonces
en superar esa sociedad de mercado sin renegar de los mecanismos mercantiles:
ello solo será posible por medio de la "construcción de circuitos de
intercambios solidarios entre emprendimientos, de forma de ir configurando otro
mercado"[14].
Estas posturas propias de una cultura de
izquierda no son solo patrimonio de las elaboraciones del Brasil. Algunos
autores centroamericanos, desde posiciones que podríamos vincular a un marxismo
heterodoxo, también recurren a este
nuevo paradigma para hacer frente a la hegemonía neoliberal[15].
En Europa, el desarrollo que ha tenido
el concepto de economía de la solidaridad ha sido distinto. Con una tradición
mucho más rica en otras variantes, como es el caso de cooperativismo y economía
social, los europeos recién comienzan a manejar este término sobre fines de los
ochenta. Aquí deberíamos hacer referencia a dos niveles distintos en los que se
manejan estos temas. Un primer nivel es el teórico, desarrollado por
académicos; y otro es el nivel práctico, desarrollado fundamentalmente por
ONGs, que trabajan en el área de la llamada economía de la inserción.
A nivel teórico, debemos mencionar el aporte
de Jean Louis Laville. Este sociólogo francés parte al igual que nosotros del
esquema de Polanyi, para dar cuenta de la pluralidad de formas que adquiere la
economía. En ese sentido, hace referencia a la importancia que tuvo el siglo
XIX en la materia, admitiendo diversos principios y prácticas distintas a las
del mercado, desde posturas más centralistas (Cabet y Blanc) hasta otras más
comunitarias (Fourier, De Bonnard). Los últimos años del Siglo XX, son testigos
de prácticas similares a las del siglo anterior, aunque con características muy
diversas entre sí. Algunas de ellas han sido motivo de análisis particulares
por parte de Laville y su equipo de colaboradores, caso de las experiencias de
inserción, las experiencias comunitarias de Quebec, las organizaciones
populares de Chile, o el sistema de intercambios de bienes y servicios conocido como Sel, etc.: "A pesar de
las diferencias, dichas prácticas comparten características que permiten
establecer paralelismos: todas ellas intentan introducir la noción de solidaridad
en las actividades económicas, abogando de esta manera por una economía
solidaria"[16].
Ahora bien, el hincapié que hace el autor al
momento de situar lo específico de la economía solidaria, es sobre las
"dimensiones no monetarias" de las prestaciones económicas, ya que
partiendo del esquema de Polanyi, reserva las actividades de intercambio al
sector capitalista, las de redistribución al estado, quedándole al sector
solidario las propias de la reciprocidad, también llamado polo relacional por
Nyssens y Larraechea[17].
Las experiencias solidarias de la moderna
economía del trueque, son especialmente significativas para el investigador del
CNRS de Francia: "Sin mistificarla, la existencia de un componente no
monetario en determinadas actividades económicas puede ayudar a superar la
despersonalización inherente a la economía monetaria"[18].
Como se comprenderá, este perfil no monetarista que rescatan los autores
franceses, es el que hace distanciar sus esquemas con el de la escuela
latinoamericana.
Otros autores, también de Francia,
circunscriben la economía solidaria a la economía informal. Philippe Adair, por
ejemplo, señala que los tres componentes de la economía informal son la
economía subterránea, la economía doméstica y la economía solidaria. Esta última
se caracteriza por producir bienes y servicios no monetarios que circulan en
ámbitos de sociabilidad según los principios de reciprocidad y redistribución[19].
El periódico Le Monde tuvo mucha importancia en la divulgación de estos
conceptos en Francia y otros países del entorno. De hecho, por iniciativa del
citado medio, se constituyó en 1997 una red de economía solidaria, conocida por
la sigla Ires, de militante actividad
en la búsqueda de fórmulas que no
imiten las del mercado ni las del estado.
Desde el nivel de las prácticas, la economía
de la solidaridad ha adquirido status propio, sobre todo con el desarrollo de
la nueva economía de inserción[20]
y los llamados “servicios de proximidad”. En España, por ejemplo, se han creado
redes como la Red de Economía Alternativa y Solidaria (Reas), la Asociación
Española de Recuperadores de Economía Social y Solidaria (Aeress), o la Red de
Promoción e Inserción Laboral (Repris), encargadas de la Revista Imagina, y
vinculadas con unas 300 empresas de inserción. Desde este punto de vista, la
economía de la solidaridad quedaría recluida a experiencias de trabajo muy
concretas en el marco de las nuevas políticas sociales gubernamentales
practicadas en el viejo continente luego de la crisis del modelo más clásico de
estado benefactor.
Otras conceptualizaciones comunes son las que
equiparan a la economía de la solidaridad con la economía social, integrando a
las cooperativas, mutuales, fondos de empleados, empresas comunitarias y
"demás formas organizativas de propiedad y gestión de los
trabajadores"[21].
Una conceptualización de este tipo, sin
embargo, no integra las experiencias que justamente Laville ubica en el polo de
la reciprocidad, o las que Adair cataloga como integrando el sector informal.
Justamente allí radica la riqueza del
concepto de economía de solidaridad en relación a otros: pretende dar cuenta de
comportamientos solidarios en
cualquiera de las fases de la economía. De esa manera es factible incluir desde el cooperativismo tradicional nucleado
en la ACI (cuyo paradigma es Mondragón), hasta las experiencias comunitarias de
trabajo analizadas por la ICSA (cuyo paradigma es el sistema de los kibbutzim);
pero también los casos de las comunidades nativas, el comercio justo, las
tiendas solidarias, los sistemas de trueque y moneda social, los bancos éticos,
las corrientes de austeridad voluntaria, de consumo ético y responsable, etc.
Justamente en tal pluralidad de comportamientos alternativos y solidarios de
producción, distribución, consumo y acumulación, reside la fuerza y
potencialidad de este nuevo paradigma.
Notas:
(1) Sociólogo. Profesor en la Universidad de la República y Universidad Católica del Uruguay. Investigador del Instituto Cuesta Duarte, PIT CNT.
(2) Específicamente sobre el factor C, Cfr. Razeto, L. “El factor C y la economía de la solidaridad”, Serie Cuadernos de Educación No.1, Montevideo, Cofac, Mayo de 1998.
(3) Cfr. Guerra, P.: Teoría y prácticas de la socioeconomía de la solidaridad. Alternativas a la globalización capitalista, Montevideo, Tesis Doctoral Ucudal, 2001.
(4)Cfr. Bernal, A. y Bernal, L.: “El desarrollo del sector solidario. Hacia un modelo alternativo de la economía nacional”, ponencia presentada en el VI Congreso de la Asociación de Economistas de América Latina y el Caribe, La Habana, junio de 1997.
(5)Cfr. Verano Paez, L.: “La economía solidaria: una alternativa frente al neoliberalismo”, paper presentado en el Foro Latinoamericano sobre Economía solidaria, cooperativismo, mutualismo y sindicalismo frente a los retos del siglo XXI, Santa Fé de Bogotá, Colombia, Agosto de 1997.
(6)Con esto no queremos decir que en otros países del continente no se hayan realizado avances en estas materias. Son de rescatar, por ejemplo, diferentes movimientos originados en Ecuador, donde la Constitución recoge el concepto de economía de la solidaridad, o Venezuela dónde experiencias populares como las Ferias de consumo de Barquisimeto se han analizado desde este marco teórico, o Perú, donde se ha creado una coordinadora de economías solidarias liderada por Humberto Ortiz, o incluso Argentina con una interesante labor de Cáritas, y Uruguay, dónde hemos empezado a desarrollar estas ideas desde el año 1995. Sin embargo, en materia de grandes líneas de trabajo, creo que con las tendencias señaladas es suficiente.
(7)Cfr. Cut: “Sindicalismo e economia solidária. Reflexôes sobre o projeto da Cut”, Sâo Paulo, Cut, Setembro 2000.
(8)Para un análisis de la Economía Popular de la Solidaridad en el marco de las Líneas de Acción de Cáritas Brasil, Cfr. Cáritas Brasilera: “Relatorio Geral de Sistematizacâo. Uma trajetória da Cáritas Brasilera: Projetos Alternativos Comunitarios, Economia Popular Solidária e Desenvolvimento Sustentável”, Paper, maio de 2001.
(9)Cfr. Encontro Brasileiro de Cultura e Socioeconomía Solidárias: “Carta de Mendes”, RJ, 11 al 18 de Junho de 2000, O Girasol Ano 1, No. 1, Janeiro de 2001.
(10)Cfr. Autogestào No. 6, fevereiro 2001, pág. 9.
(11)Cfr. Singer, P.: “Possibilidade da Economia Solidaria no Brasil”, en CUT, Op. Cit., p. 54.
(12)Cfr. Carbonari, P.: "Economía Popular Solidária: possibilidades e Limites", paper presentado en el Seminario Regional Passo Fundo de Trabalho e Economia Popular e Solidaria, Passo Fundo, 1 y 2 de Dezembro de 1999, p. 1.
(13)
Idem. Ant., p.
2.
(14) Cfr. de Melo Lisboa, A.: "Economia Solidária: similia, similibus curentur", en www.milenio.com.br/ifil/res/bblioteca/lisboa1.htm, p. 1. También véase Geiger, L.: “As microexperiências populares: novas malhas de um tecido social?”, en Tempo e Presença Nro. 282, Brasil, 1995.
(15)Para el desarrollo de estas y otras corrientes de la economía solidaria, Cfr. Guerra, P.: Op. Cit.
(16)Cfr. Laville, J.L.: "Economie et Solidarité: esquisse d´une problématique", en Laville, J.L.: L´economie solidaire. Une perspective internationel, París, Desclée de Brouwer, 1994.
(17)Cfr. Nyssens, M.: "El germen de una economía solidaria: otra visión de la economía popular. El caso de Santiago de Chile", en Ciriec No. 25, Madrid, 1997. También Cfr. Nyssens, M. y Larraechea, I.: “L´économie solidaire: un autre regard sur l´économie populaire au Chili", en Laville, J. (1994) Op. Cit. El marco teórico de estos autores, sin embargo, y tal como se desprende del título de los artículos, es básicamente el de Razeto.
(18)Cfr. Laville, J.L.: "Cohesión social y empleo: las nuevas relaciones entre economía social y el Estado de Bienestar", en Ciriec No. 25, Madrid, Abril de 1997.
(19)Cfr. Adair, P.: "L´economie informelle en France:économie alternative ou socété civile?", en VVAA: L´autre economie. Una économie alternative?, Quebec, Presses de l´Université du Quebec, 1989.
(20)Para un completo análisis de este fenómeno en Europa, Cfr. Defourny, J. Favreu, L. y Laville, J.: Inserción y nueva economía social, Madrid, MTSS y Ciriec, 1997.
(21)Cfr. García Müller, A.: "Distribución de competencias en las empresas solidarias", en Anuarios de Estudios Cooperativos de 1997, Bilbao, Universidad de Deusto, 1998.
[1] Sociólogo. Profesor en la Universidad de la República y Universidad Católica del Uruguay. Investigador del Instituto Cuesta Duarte, PIT CNT.
[2] Específicamente sobre el factor C, Cfr. Razeto, L. “El factor C y la economía de la solidaridad”, Serie Cuadernos de Educación No.1, Montevideo, Cofac, Mayo de 1998.
[3] Cfr. Guerra, P.: Teoría y prácticas de la socioeconomía de la solidaridad. Alternativas a la globalización capitalista, Montevideo, Tesis Doctoral Ucudal, 2001.
[4] Cfr. Bernal, A. y Bernal, L.: “El desarrollo del sector solidario. Hacia un modelo alternativo de la economía nacional”, ponencia presentada en el VI Congreso de la Asociación de Economistas de América Latina y el Caribe, La Habana, junio de 1997.
[5] Cfr. Verano Paez, L.: “La economía solidaria: una alternativa frente al neoliberalismo”, paper presentado en el Foro Latinoamericano sobre Economía solidaria, cooperativismo, mutualismo y sindicalismo frente a los retos del siglo XXI, Santa Fé de Bogotá, Colombia, Agosto de 1997.
[6] Con esto no queremos decir que en otros países del continente no se hayan realizado avances en estas materias. Son de rescatar, por ejemplo, diferentes movimientos originados en Ecuador, donde la Constitución recoge el concepto de economía de la solidaridad, o Venezuela dónde experiencias populares como las Ferias de consumo de Barquisimeto se han analizado desde este marco teórico, o Perú, donde se ha creado una coordinadora de economías solidarias liderada por Humberto Ortiz, o incluso Argentina con una interesante labor de Cáritas, y Uruguay, dónde hemos empezado a desarrollar estas ideas desde el año 1995. Sin embargo, en materia de grandes líneas de trabajo, creo que con las tendencias señaladas es suficiente.
[7] Cfr. Cut: “Sindicalismo e economia solidária. Reflexôes sobre o projeto da Cut”, Sâo Paulo, Cut, Setembro 2000.
[8] Para un análisis de la Economía Popular de la Solidaridad en el marco de las Líneas de Acción de Cáritas Brasil, Cfr. Cáritas Brasilera: “Relatorio Geral de Sistematizacâo. Uma trajetória da Cáritas Brasilera: Projetos Alternativos Comunitarios, Economia Popular Solidária e Desenvolvimento Sustentável”, Paper, maio de 2001.
[9] Cfr. Encontro Brasileiro de Cultura e Socioeconomía Solidárias: “Carta de Mendes”, RJ, 11 al 18 de Junho de 2000, O Girasol Ano 1, No. 1, Janeiro de 2001.
[10] Cfr. Autogestào No. 6, fevereiro 2001, pág. 9.
[11] Cfr. Singer, P.: “Possibilidade da Economia Solidaria no Brasil”, en CUT, Op. Cit., p. 54.
[12] Cfr. Carbonari, P.: "Economía Popular Solidária: possibilidades e Limites", paper presentado en el Seminario Regional Passo Fundo de Trabalho e Economia Popular e Solidaria, Passo Fundo, 1 y 2 de Dezembro de 1999, p. 1.
[13] Idem. Ant., p. 2.
[14] Cfr. de Melo Lisboa, A.: "Economia Solidária: similia, similibus curentur", en www.milenio.com.br/ifil/res/bblioteca/lisboa1.htm, p. 1. También véase Geiger, L.: “As microexperiências populares: novas malhas de um tecido social?”, en Tempo e Presença Nro. 282, Brasil, 1995.
[15] Para el desarrollo de estas y otras corrientes de la economía solidaria, Cfr. Guerra, P.: Op. Cit.
[16] Cfr. Laville, J.L.: "Economie et Solidarité: esquisse d´une problématique", en Laville, J.L.: L´economie solidaire. Une perspective internationel, París, Desclée de Brouwer, 1994.
[17] Cfr. Nyssens, M.: "El germen de una economía solidaria: otra visión de la economía popular. El caso de Santiago de Chile", en Ciriec No. 25, Madrid, 1997. También Cfr. Nyssens, M. y Larraechea, I.: “L´économie solidaire: un autre regard sur l´économie populaire au Chili", en Laville, J. (1994) Op. Cit. El marco teórico de estos autores, sin embargo, y tal como se desprende del título de los artículos, es básicamente el de Razeto.
[18] Cfr. Laville, J.L.: "Cohesión social y empleo: las nuevas relaciones entre economía social y el Estado de Bienestar", en Ciriec No. 25, Madrid, Abril de 1997.
[19] Cfr. Adair, P.: "L´economie informelle en France:économie alternative ou socété civile?", en VVAA: L´autre economie. Una économie alternative?, Quebec, Presses de l´Université du Quebec, 1989.
[20] Para un completo análisis de este fenómeno en Europa, Cfr. Defourny, J. Favreu, L. y Laville, J.: Inserción y nueva economía social, Madrid, MTSS y Ciriec, 1997.
[21] Cfr. García Müller, A.: "Distribución de competencias en las empresas solidarias", en Anuarios de Estudios Cooperativos de 1997, Bilbao, Universidad de Deusto, 1998.