Corrientes del pensamiento contemporáneo (III)
El Socialismo Utópico
Entre los años 1760 y 1809 nacieron una serie de autores que influidos por los dramas sociales originados por la revolución industrial, plantearían con fuerza la necesidad de oponerse al individualismo promoviendo diversas fórmulas asociativas y comunitarias, y divulgando por primera vez el término “socialismo”. Serán Marx y Engels quienes -de forma algo despectiva- se referirán a estos autores como “utópicos” en clara oposición al “socialismo científico”. Lo hacían en referencia a aquellos que, por el momento histórico en el que les tocó vivir, no pudieron enfrentarse al pleno desarrollo de la industria, del proletariado y de la lucha de clases. Sin embargo, como señala Buber, "luego se aplicó el concepto sin distinción a todos aquellos que, según Marx y Engels, no querían, o no podían -o no podían ni querían- tomar en cuenta esos factores". Entre los autores más notorios haremos hincapié especialmente en Robert Owen, Charles Fourier, Pierre-Joseph Proudhon y Philippe Buchez.
Para Fourier, el trabajo debería ser en sí mismo agradable y atractivo, además de beneficioso desde el punto de vista económico. Para ello, este verdadero adelantado, sostenía la tesis de que todo trabajador debería realizar más de una tarea a los efectos de evitar la rutina en el trabajo. En las pequeñas comunidades de Fourier, de hecho, cada trabajador tenía derecho a elegir el trabajo que quisiera de acuerdo a sus necesidades. Las comunidades, para ello, debían cumplir con una serie de requisitos: un número ideal de 1600 personas, con una determinada cantidad de tierra para explotar, un sistema de educación que permitiera que los niños siguieran naturalmente sus inclinaciones, vida tan en común como las familias quisieran (lo que habilitaba la propiedad privada), etc. Sin embargo, en vida, Fourier nunca recibió apoyo económico para fundar estas comunidades. De hecho, los primeros falansterios se desarrollaron en Norteamérica, a influjo de Albert Brisbane (1809-1890), quien logra fundar junto a otros discípulos de Fourier algunos de éstos sin mayores éxitos, salvo en los casos en que se basaron más en los lineamientos cooperativos propiamente dichos.
Robert Owen fue uno de los verdaderos antecesores del movimiento cooperativo, no sólo por lo que hizo en vida, sino también por el hecho que algunos de sus discípulos fundaron la sociedad cooperativa de los "Rochdale Pioneers". Este reconocido y atípico empresario soñaba con comunidades de trabajo donde se disolviera por completo la propiedad privada, lo que lo diferenciaba de Fourier claramente. Otra de las diferencias es que para Owen la base de producción debía ser agrícola, en tanto para Fourier era necesaria la poliactividad productiva. Sus ideas, no obstante, se irían tiñendo de notorias referencias religiosas (El nuevo mundo moral), lo que lo alejaría de una reflexión más objetiva sobre las potencialidades reales de las comunidades de trabajo. Entre las cientos de cooperativas fundadas por Owen y William Thompson, entre 1825 y 1835, destaca la idea oweniana de una "bolsa nacional" donde se intercambiaban los productos por medio de "billetes de trabajo", idea que vuelve a resurgir con fuerza en nuestros tiempos.
Philippe Buchez puede ser considerado ciertamente el "padre del cooperativismo francés". Siendo discípulo de Saint Simón, abandonó sus tesis cuando aquel comienza a incursionar en el plano religioso. Buchez, de fuerte formación católica, señala en su libro Introduction à la science de l'histoire que la etapa de la humanidad iniciada con la venida del cristianismo, estaba destinada a desarrollar los valores de igualdad, fraternidad y caridad. La Iglesia Católica, y las asociaciones de obreros y productores tendrían en tal sentido un alto nivel de responsabilidad para que ello ocurriera así. Su notorio acercamiento a las clases trabajadores queda testimoniado con el periódico L'Atelier, "órgano de los intereses morales y materiales de la clase obrera". Este órgano, que saldría entre 1840 y 1850, tenía por lema las palabras de San Pablo "el que no trabaja no come". Buchez, es considerado por muchos, uno de los fundadores del pensamiento social-cristiano, o socialista-cristiano, como se divulgaba en la época.
Para Pierre Joseph Proudhon, tanto el Estado como las asociaciones contribuían a limitar la libertad del individuo. Para el autor de la "Filosofía de la Miseria" la clave era la familia. Sin embargo, Proudhon salto a la fama por algunas de sus consignas radicales ("La propiedad es un robo", "Dios es el mal", etc.), las que sin embargo se relativizan una vez que se conoce la obra suya completamente. Por ello es que Touchard señala que "nada resulta más fácil que oponer a un texto de Proudhon otro de Proudhon". De hecho, la propiedad privada era admitida por el autor, sólo que criticaba duramente la forma en que era utilizada en la época. A diferencia de otros autores del "socialismo utópico", Proudhon era firme partidario del igualitarismo en la sociedad: "La igualdad de las condiciones, he aquí el principio de las sociedades; la solidaridad universal, he aquí la sanción de esta ley", declara en su primer ensayo sobre la propiedad. Para este autor, la asociación mutualista se erige como la posible solución de los problemas sociales, en la cuál los miembros asociados se garantizan recíprocamente "servicio por servicio, crédito por crédito, retribución por retribución, seguridad por seguridad, valor por valor, información por información, buena fe por buena fe, verdad por verdad, libertad por libertad, propiedad por propiedad".
New Harmony:
Los socialistas utópicos se caracterizaron por ser tanto hombres de ideas como de acción. Entre las experiencias concretas inspiradas en estas ideas, debemos citar el caso de la comunidad New Harmony, fundada por Robert Owen en EUA, año 1825. Se considera la comunidad de mayor influencia en el siglo XIX a pesar de sus innumerables problemas.
New Harmony fue pensada por Owen como un modelo igualitario de organización social y económica en el que se pudieran inspirar tantas otras experiencias. Si bien tuvo un buen comienzo, las desavenencias pronto empezaron a minar la sustentabilidad del proyecto que finalmente cede en el año 1827.
La semilla sin embargo fue plantada, y desde entonces han sido muchísimas las experiencias exitosas de vida igualitaria a nivel de pequeñas y medianas comunidades que a lo largo de todo el mundo reconocen inspirarse en los socialistas utópicos.