El estatuto del individuo y de lo colectivo frente a las transformaciones del capital y del trabajo - Robert Castel

 

20 de septiembre de 2002 (segunda parte)

 

 

Como nuestro tema es poner en relación el status del individuo y el status del trabajo, he aquí el encuentro de la problemática del individuo moderno y de la problemática del trabajo en el siglo XVIII. Ustedes ven que se hizo bajo la forma negativa.

 

Podemos decir, entonces, que los trabajadores, en particular los pequeños asalariados de la época, son individuos por defecto, y, principalmente por no tener propiedad, no tienen nada para gozar de un mínimo de independencia o de respeto, y, entonces, podemos decir que ellos no son nada, hablando literalmente.

 

En cierto modo podemos compararlo con el status del vagabundo, que era el individuo por defecto por excelencia de la sociedad preindustrial, y que no tiene ninguna atadura, ningún soporte, ninguna base de afirmación, y que tuvieron un destino trágico.

 

Creo que podemos decir también que existe una gran permeabilidad entre estas dos categorías, porque, contrariamente a la visión romántica de alguien que hubiese elegido la libertad y la errancia, más que todo, el vagabundo es un trabajador sin calificación. En suma, es un desocupado, un desempleado antes de tiempo, que abandonaba su lugar porque no tenía trabajo, que erraba de aquí para allá en busca de algún trabajo, que se hacía detener por la policía porque ser vagabundo era un delito.

 

Evidentemente, no podemos quedarnos simplemente en esta contratación. Habría que replantear la secuencia histórica que acabo de mostrar, caracterizada por esta indignidad del trabajador asalariado debido a la separación entre propiedad y trabajo. Habría que replantearla dentro de la historia del trabajo, porque si esta indignidad del trabajador asalariado aparece claramente en los siglos XVII y XVIII, se prolonga ampliamente en el siglo XIX, porque la situación del proletariado en los inicios de la industrialización es muy próxima a la situación del “animal bípedo” del que acabamos de hablar. Entonces habría que comprender cómo llegamos aquí y cómo se salió de ello. Es decir, yendo hacia atrás, que es lo que da cuenta de esta indignidad del asalariado. Y yendo hacia delante cómo se llegó a hacer del trabajo en las sociedades modernas, un empleo protegido, que ofrece al trabajador una identidad social y derechos, para llegar al momento, hace unos veinte años, donde la construcción del empleo protegido comenzó a desmoronarse.

 

Eso sería tratar de hacer la historia del presente del trabajo o de su problematización en el sentido que lo dije al comienzo del seminario.

 

Pero otra forma de decir esto es que no hay que confundir trabajo y empleo. La confusión es molesta y voy a tratar de establecer esta distinción.

 

El empleo, en el sentido moderno de la palabra, fue bastante bien teorizado por la Escuela de la Regulación, escuela económica. Lo teorizaron bajo la forma que ellos llamaron “relación fordista del trabajo”, que se constituyó con la industrialización, de la que fue una la gran empresa.

 

Existe una gran literatura al respecto, voy a citar una referencia, por ejemplo, Robert Boyer, uno de los teóricos de la Escuela de la Regulación, en su pequeño libro “La teoría de la regulación”, escrito en 1987.

 

Estas relaciones salariales modernas, se imponen en lo que podemos llamar la sociedad salarial organizadas alrededor de condiciones asalariadas estables, pero esto supone un número de condiciones que comienzan a entonarse a fines del siglo XIX solamente.

 

En primer lugar, una separación muy fuerte entre los que trabajan y los que no trabajan. Es la construcción de la noción de “población activa”, que los que hacen estadística elaboraron al final del siglo XIX, que es necesaria fundamentalmente para describir lo que es el desempleo y el no empleo, que supone una contabilización precisa de aquellos que trabajan. Hay un libro, para los que les interesa, que es muy bueno, Christian Topalof, “El nacimiento del desempleado: 1980-1990”. El libro de Topalof fue publicado en 1994. Ésta es la supresión o al menos la reducción del trabajo informal, ese coso lábil que existe entre trabajo, trabajo doméstico o el no trabajo.

 

La segunda condición laboral moderna es una regulación fija del tiempo de trabajo. Es la fijación del trabajo a un puesto con un riguroso empleo del tiempo de trabajo. Es, por ejemplo, la semana de trabajo que puede ser de cincuenta horas, de cuarenta y cinco horas, de treinta y cinco horas. Pero que es algo rigurosamente fijado; el trabajo deviniendo así una actividad homogénea y continua que se desarrolla en un tiempo limitado, con una separación clara entre tiempo de trabajo y tiempo fuera del trabajo.

 

Tercera característica de la relación salarial moderna: el acceso al consumo de masas. Es la razón por la cual a veces se lo llama “relación fordista”, defendiéndolo de esta manera a Henry Ford, que como ustedes saben instituyó un salario superior al salario mínimo que era el de sobrevivencia de los obreros. Es la instalación de Henry Ford del “five dolars a day” es decir, de los cinco dólares por día. El trabajador deviene así un consumidor de bienes, escapa de esta manera a la inmediatez de la necesidad, a esa manera de vivir día a día, una de las condiciones generales del trabajador. Entonces hay un consumo de masas, lo que permite, por ende, una producción de masas.

 

Cuarta característica de la relación asalariada moderna: el acceso al derecho del trabajo y la protección social. Una cierta limitación de la arbitrariedad patronal a través del derecho del trabajo, el reconocimiento de los sindicatos de los trabajadores para defender sus intereses. Y de esta manera deja el trabajo de ser simplemente una relación mercantil. Es decir, mercancía retribuída al menor costo en una relación de fuerza entre un empleador y un empleado. El trabajo da acceso a derechos, por ejemplo, el derecho a la jubilación. Es decir, el trabajo financia el no trabajo, y esto es extraordinario y muy nuevo. No es solamente el tiempo de trabajo lo que es pagado. Aunque más no fuese hacia el futuro, existe la posibilidad de ser pagado sin trabajar.

 

Estas son las características principales de la relación salarial fordista. A mi entender, esto es bastante discutible ya que es bastante restrictivo. Porque si es cierto que la relación salarial moderna nació de la gran industria, va mucho más allá, y es el empleo protegido en general, que constituye esa inmensa cantidad de trabajo en la sociedad asalariada. La idea en la cual hay que insistir es que existe un status del empleo, que no es más un simple contrato comercial de trabajo, y este status del empleo asocia no sólo una dimensión económica por intermedio del salario, sino también una dimensión jurídica, de derechos sociales, y todavía más, de derecho del trabajo y protecciones sociales. Y me parece que esto es lo que caracteriza a la relación salarial moderna y que hoy está fuertemente amenazada y fisurada.

 

Pero a mi entender, la relación con el trabajo no puede partir de ahí. Me parece que este status del empleo que acabo de plantear esquemáticamente es un punto de llegada y no un punto de partida en lo que concierne a la reflexión sobre el trabajo y, sin duda, cuando digo esto, es un punto de llegada frágil.

 

Vamos a volver sobre esto, pero creo que hay una tendencia que el núcleo de la cuestión social salarial moderna, no es más ya la separación completa de la propiedad y del trabajo, como fue el caso del siglo XVIII y ampliamente el siglo XIX, sino que la amenaza que sufre el status del empleo, es el status del empleo lo que está puesto en cuestionamiento, la puesta en cuestionamiento de las protecciones que estaban vinculadas con el trabajo, y, por ende, el riesgo de la destrucción de la sociedad salarial con el riego de volver a una mercantilización completa del trabajo.

 

Pero me parece que para aprender bien estos temas, no hay que identificar trabajo con empleo, y mostrar que el empleo colocado dentro de la historia del trabajo fue una especie de conquista, de innovación, pero precaria y frágil. Entonces, subrayar como yo intenté hacerlo para la noción de individuo, la excepcionalidad de la organización moderna del trabajo o de la relación salarial moderna que devino empleo. Entonces haría falta para esto que de la misma forma que hicimos para la noción de individuo, tendríamos que abordar una especie de genealogía del trabajo que conduciría a esta configuración moderna del empleo protegido y a su puesta en cuestionamiento.

 

No voy a hacer esto en detalle. En primer lugar, porque el tiempo pasa y tengo miedo de aburrirlos con los temas históricos y porque ya elaboré estos temas en “La metamorfosis de la cuestión social” donde ya retomé estos temas a partir del siglo XIV, porque es en medio de la conmoción de la sociedad feudal que los problemas del trabajo moderno comenzaron a presentarse. A los espíritus curiosos los puedo remitir a esos trabajos, pero tengo que darles algunas grandes líneas de esta historia, porque me parece fundamental para comprender el tema hoy en día.

 

A partir de la excepcionalidad del empleo protegido, comprenderemos mejor también su fragilidad, su carácter frágil. Cortar la tendencia espontánea a pensar el trabajo en su relación salarial. Creo que hay que marcar la preponderancia aplastante, desde el punto de vista histórico, la preeminencia del trabajo forzado, es decir, la coacción, del trabajo por coacción y no del contrato, del trabajo por contrato del siglo XVIII:

 

Voy a retomar esta idea del peso de la coacción en el mundo del trabajo, porque en las sociedades preindustriales europeas, es lo que domina a la organización del trabajo, al menos a partir del siglo XIV, porque antes podía existir la servidumbre, la esclavitud. Pero a partir del siglo XIV, son dos formas de la organización del trabajo.

 

La primera forma es el trabajo forzado, que para los pobres que no tienen sino su trabajo para vivir, podemos hablar de una policía del trabajo que sería al mismo tiempo la policía de los pobres, que se expresa a través de numerosos decretos reales o municipales que quieren fijar los trabajadores a un lugar, en prohibir la movilidad del trabajo para echar a los vagabundos y obligarlos a trabajar en las galeras, en los llamados hospitales generales, la deportación a las colonias, las llamadas manufacturas reales, los depósitos de mendicidad. Estas son instituciones que apuntan a hacer un trabajo forzado de los pobres y este tema que recubre en gran medida al tema del vagabundaje, fue la gran cuestión social de la época preindustrial.

 

Como yo lo sugerí antes al debate, los vagabundos y los mendigos tienen capacidad de trabajo, no los mendigos inválidos sino los válidos, aquellos que podían trabajar no eran sino pobres sin recursos. Esos desempleados antes de tiempo, pero que no podían dentro del marco conocido de la división del trabajo. No voy a entrar mucho en este tema, pero me pareció un punto importante.

 

La segunda forma dominante de la organización del trabajo es lo que podemos llamar de corporaciones, en el siglo XVIII, concretamente antes eran los juramentados, las guildas, la organización oficial de los cuerpos de oficio. Estas son las únicas formas de organización del trabajo a las que antes se le atribuía una cierta legitimidad social y política. Ustedes saben que las ciudades de la Edad Media estaban en gran medida administradas por cuerpos de oficio. Estas corporaciones eran reconocidas por el poder real, que por otra parte apostó a las corporaciones para controlar el mundo del trabajo, de tal forma que el número de corporaciones eran reconocidas por el poder real,  de tal forma, que el número de corporaciones ha crecido hasta el siglo XVIII, no disminuye.

 

Entonces, estos cuerpos de oficio son instituciones reconocidas por el Estado, gozan de un status en esa especie de pirámide de status, de los estados, que constituía la sociedad del Antiguo Régimen. Está el rey arriba de todo y debajo de todo está justamente el estamento de los oficios, pero que están incorporados pertenecen a esta pirámide de legitimidad. Entonces ellos escapan a la indignidad del trabajo.

 

Simplemente hay que subrayar también el hecho que no es el trabajador el que tiene el reconocimiento como tal. Los privilegios y el reconocimiento son atribuidos al oficio y no al individuo trabajador que no es libre en su trabajo, ni considerado por su fuerza de trabajo que podrá disponer en un mercado de trabajo. Es el trabajo colectivo de la corporación el que es valorizado, el trabajador no es un asalariado más o menos independiente, tiene que obedecer a las reglas rígidas de la corporación lo que va a tener consecuencias en el desarrollo del capitalismo y consecuencias negativas, porque esto va a evitar la expansión económica por mucho tiempo. Por ejemplo, en función de las reglas corporativa, un maestro artesano no puede utilizar a más de dos o tres compañeros, dos o tres aprendices.

 

No puede entrar nunca, entonces, en un proceso de acumulación capitalista, invertir ciertos beneficios para desarrollarse. En breve, no puede tratar la lógica del capitalismo. Esto fue impedido por lo que yo llamé el trabajo regulado. Pero el trabajo regulado no es el trabajo forzado del que ya he hablado, no es el trabajo de la policía de los pobres, pero es un trabajo acorde a reglas. Esto también es una forma de coacción. No es trabajo libre. No es asalariado. No es el intercambio de una fuerza de trabajo por un salario en un mercado de trabajo. Lo que quiero decir es que el trabajo libre no puede tener sino un lugar marginal dentro de una organización del trabajo dominada por el trabajo forzado y el trabajo regulado.

 

Podríamos decir que en la sociedad preindustrial el trabajo se desliza entre estas dos formas de organización del trabajo.

 

Esto no significa que no haya tenido importancia, porque existió, un número de asalariados, pero no podía tener ni consistencia ni reconocimiento. Podemos decir que existen pedazos de asalariados libres. Por ejemplo, en todas las ciudades de la Edad Media existe una plaza, al menos una plaza, donde los trabajadores que buscan empleo vienen a las horas del alba. En París, es la Plaza de Greim y de ahí viene la palabra greim que en francés significa huelga. La palabra huelga viene de ahí porque eran los trabajadores que no tenían empleo y venían a esa plaza a buscar trabajo. Aunque esto es una anécdota, no es una anécdota cómo se hacía. ¿Cómo se hacía? Los trabajadores venían sobre un mercado y buscaban un comprador, buscaban alguien que les decía, por ejemplo, “tengo en la granja una pared para construir y yo te alquilo por cuatro días”. Esto es un ejemplo, pero es el tipo de trabajo precario, sin garantías y evidentemente sin derechos ni protección.

 

Estas son las primeras formas de mercado de trabajo, es una especie de mercado salvaje y, al mismo tiempo, los que se presentaban en este mercado eran trabajadores subcalificados que trabajaban día a día, con salarios en el límite de la sobrevivencia.

 

Creo entonces que podemos decir que en las sociedades occidentales el asalariado apareció y se desarrolló, en primer lugar, en formas fragmentarias, frágiles y no representaban, estrictamente hablando, una condición. Y en esto encontramos los “instrumentos bípedos” que son los asalariados. No son exactamente los que surgen del trabajo forzado, pero no es tampoco lo que surge del trabajo regulado. Concretamente tampoco se corresponde con este trabajo según reglas lo que en ese momento se llamaban las artes mecánicas. Esquemáticamente, creo que podemos hablar de las formas preindustriales del trabajo.

 

Pero lo que acabo de hacer es un resumen de lo que está escrito en “La metamorfosis de la cuestión social”, pero luego leí un libro que me pareció muy importante de Yan Moulien-Bouttan que se llama “Del esclavismo al asalariado”, la economía política del asalariado controlado. Es un gran libro difícil de leer. Es un libro destacable porque intenta ampliar el  análisis del trabajo al conjunto del planeta. Yo me había limitado a Europa Occidental, y no me había parecido malo, pero Moulien-Bouttan muestra la generalidad del trabajo forzado como forma dominante de la organización del trabajo a través de la historia y a nivel mundial: la esclavitud, la servidumbre, el peonaje, el sistema de coulins en Asia, el sistema del Apartheid en Sudáfrica, etc. Todas estas son formas diversas de coerción del trabajo que no tienen nada que ver con el contrato de trabajo, ni con el mercado de trabajo tal como lo conocemos. Pero que a la vez dominaron ampliamente la historia del trabajo y que están lejos de haber sido superadas hoy en día, y les recuerdo que aún hoy en épocas de liberalismo triunfante existe libre circulación de mercancías, de capitales, pero no existe una libre circulación de mano de obra.

 

Casi todos los países tienen políticas de inmigración, eso que se llama control de flujos migratorios, con formas de control del trabajo clandestino, más o menos toleradas, son todavía estas formas de asalariado controlado, limitado, sometido a un mecanismo de coacción, es lo contrario a un libre contrato de trabajo. Vemos aquí estas formas de asalariado no libre y de control de la fuerza de trabajo, que es una de las paradojas del capitalismo mundializado.

 

Vamos a volver sobre esto, pero me pregunto sobre la importancia que tienen hoy las políticas de inmigración, porque hoy casi no existe un país donde no haya políticas restrictivas de inmigración. Existe una discriminación de Estado ejercida por el Estado en cuanto a la libre circulación  de la mano de obra.

 

Esto necesita una reflexión que explique esta contradicción entre una libertad casi total y casi innecesaria de circulación de capitales y esta limitación a la libertad de la mano de obra lo que posiblemente sea un argumento para decir que el Estado no está muerto ni desapareció. Casi todos los Estados continúan manteniendo políticas restrictivas de mano de obra. Por ejemplo, en Francia uno de los problemas más sensibles, es el problemas de los sin papeles, que desde hace años, incluso en gobiernos socialistas, personas que residen en Francia que quieren trabajar en Francia no pueden hacerlo y corren el riesgo de ser llevados a la frontera por estas políticas restrictivas de mano de obra.