Corrientes
del pensamiento contemporáneo (5)
El
socialcristianismo
El
socialcristianismo es una corriente nacida en el siglo XIX, integrada por
numerosos autores y activistas sociales guiados e inspirados por la ética y el
mensaje del cristianismo. En sus orígenes destacan importantes aportes sociales
y económicos que tuvieron como
principal contra-referente al liberalismo y las filosofías individualistas, así
como las ideas materialistas, de gran influencia a lo largo de un siglo que
escandalizaba por la creciente pauperización de las clases trabajadoras.
Justamente
la lectura crítica al liberalismo, sobre todo en su vertiente económica, tiene
numerosos antecedentes que contribuirían finalmente al surgimiento de la primer
Encíclica Social, la Rerum Novarum,
obra del Papa León XIII en el año 1891.
Destacan
en tal sentido, las obras de Philippe Buchez, Federico Ozanán, Lamenais,
Frederic Le Play, Mons. Ketteler, Mons. Manning, La Tour du Pin, Toniolo, etc.
Estos nombres no implican la inexistencia de una lectura social desde el
cristianismo antes del siglo XIX. En los hechos tanto el Antiguo como el Nuevo
Testamento muestran una dimensión social incuestionable, que continúan diversas
fuentes a partir del cristianismo primitivo (San Crisóstomo, Basilio, Ambrosio,
etc.) y luego durante todo la Edad Media y el Renacimiento. Aún así, en el
marco de nuestra serie de “Corrientes del Pensamiento Contemporáneo”,
corresponde detenernos en lo que sucede recién sobre el siglo XIX.
Es
así que para Buchez, discípulo de Saint Simon, el cristianismo vendría a
inaugurar una etapa histórica destinada a desarrollar los valores de la
igualdad, fraternidad y caridad. Su
obra tiene dos grandes vertientes: por un lado, puede ser considerado el “padre
del cooperativismo francés”, ya que contribuiría al nacimiento de las primeras
cooperativas de producción en tierras galas, así como a la elaboración de
ciertos principios autogestionarios, aún antes de los Principios de Rochdale,
fundantes del moderno cooperativismo. Por otra parte, Buchez tuvo una notoria
vinculación con las clases trabajadoras. Dirige durante diez años el periódico
“L´Atelier”, “órgano de los intereses morales y materiales de la clase obrera”,
con el fin explícito de lograr “su emancipación completa”.
En
Alemania, mientras tanto, asoma como particularmente importante la figura de
Mons. Ketteler, quien escribiría en 1848 que “la falsa teoría del derecho
absoluto de propiedad es un crimen perpetuo contra la naturaleza, porque Dios
la ha destinado al alimento o vestido de los hombres”. Años después publica “La
cuestión social y el cristianismo”, donde postula la primacía del trabajo sobre
el capital, así como la sindicalización para hacer frente a los dramas sociales
de la época.
Estos
y otros antecedentes culminarían como se dijo, en la promulgación de la
Encíclica Rerum Novarum (“El mundo en
mutación”). Es justamente 1891 el año que marca el inicio de lo que se
conoce como Doctrina o Enseñanza Social de la Iglesia, esto es, la reflexión
más propiamente social que se hace desde la teología moral, por parte de la
Iglesia.
En
la citada Encíclica, León XIII denuncia la situación en la que “un número
sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo
de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios” (No. 1)
Así
entonces defiende los derechos asociativos de los trabajadores y considera una
“violencia” que los salarios estén librados a la oferta y demanda del mercado,
razón por la cuál conmina al Estado a actuar velando “por los derechos de los
débiles y los pobres” (No. 27).
Este
llamado del Papa a reflexionar y actuar en medio de la “cuestión social”, daría
un gran espaldarazo a las vertientes progresistas de la Iglesia, que desde
entonces tendrían una gran relevancia en el plano no solo eclesial, sino además
político, popular y cultural, entre otros.
El socialcristianismo en el Siglo XX.
El
pensamiento social cristiano tendría un gran desarrollo a lo largo del Siglo
XX, y serviría de plataforma entre otras cosas para la constitución de partidos
políticos inspirados en estas doctrinas (las Democracias Cristianas), así como
para el surgimiento de corrientes sindicales también inspiradas en las lecturas
sociales realizadas desde matrices cristianas.
El
acervo doctrinario del siglo XX incluye fuentes eclesiales y no eclesiales.
Entre las primeras destacan varias Encíclicas Sociales (en 1931 Pío XI publica
“Quadragesimo Anno”, y desde entonces
todos los Papas promulgarían las suyas), además de una activa labor de los
diferentes Consejos Episcopales de cada continente. Para el caso de América
Latina, hay material social de mucho interés en las Conferencias de Medellín
(1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992), además del documento final del
Sínodo de las Américas (1999) donde Juan Pablo II condena frontalmente al
neoliberalismo. Dice el Papa: “Cada vez más, en muchos países americanos impera
un sistema conocido como neoliberalismo; sistema que haciendo referencia a una
concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del
mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de
las personas y los pueblos. Dicho sistema se ha convertido, a veces, en una
justificación ideológica de algunas actitudes y modos de obrar en el campo
social y político , que causan la marginación de los más débiles. De hecho, los
pobres son cada vez más numerosos, víctimas de determinadas políticas y de
estructuras fuertemente injustas” (No. 56).
Para el caso latinoamericano, también adquiere relevancia la irrupción
en la década del sesenta de la teología de la liberación (sobre la que
volveremos en otra ocasión), como uno de los aportes significativos en la
búsqueda de causas estructurales de los problemas socioeconómicos en estas tierras.
Entre
las fuentes no eclesiales, se destaca la labor de numerosos intelectuales con
influencia en el campo político, social o académico, que contribuyeron a
consolidar el pensamiento humanista cristiano. Ha sido el caso, entre otros, de
Nicolás Berdiaieff, partidario de un socialismo personalista que rechazara a la
vez el comunismo como el capitalismo; de Jacques Maritain, para muchos uno de
los mayores filósofos del siglo XX; de Emmanuel Mounier, teórico del
personalismo comunitario y feroz oponente del “desorden establecido” por el
capitalismo y el fascismo en los años cuarenta; o del P. Lebret, fundador de la
corriente de economía humana en los años cincuenta, y asesor de Pablo VI en
materia de desarrollo humano .
En
todos los casos, el socialcristianismo o humanismo cristiano termina convertido
en una de las corrientes claves para comprender la historia de las ideas en los
últimos cien años.
(Recuadro)
Cien años después
“Si el trabajador, obligado por la necesidad o
acosado por el miedo de un mal mayor, acepta, aun no queriéndolo, una condición
más dura, porque se la imponen el patrono o el empresario, eso es ciertamente
soportar una violencia, contra la cual clama la justicia” (León XIII, Rerum Novarum, 1891).
“Ojalá que estas palabras, escritas cuando
avanzaba el llamado capitalismo salvaje, no deban repetirse hoy día con la
misma severidad. Por desgracia, hoy todavía se dan casos de contratos entre
patronos y obreros, en los que se ignora la más elemental justicia en materia
de trabajo...” (Juan Pablo II, Centesimus Annus, 1991).