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Corrientes del Pensamiento Contemporáneo (IX)

 

Los aportes latinoamericanos vinculados a la explicación del subdesarrollo.

 

Introducción.

 

Hasta ahora hemos repasado las principales vertientes del pensamiento contemporáneo con influencia en los siglos XIX y XX. En todos los casos, se tratan de corrientes surgidas en el hemisferio norte, principalmente en Europa, que supieron recibir en algún momento, aportes de intelectuales latinoamericanos. Es así que, por ejemplo, nuestro continente ha colaborado en ampliar los significados del liberalismo, del marxismo, o del humanismo cristiano, para hacer referencia tan solo a tres de las corrientes analizadas.

 

Ahora bien, a  nuestro entender, Latinoamérica no solo ha colaborado en dotar de mayor profundidad los marcos interpretativos surgidos en el norte, sino que también ha sido cuna de corrientes y escuelas propias. Lamentablemente las teorías con cierta originalidad  surgidas en ese contexto se cuentan con los dedos de una mano. Por un lado, podemos contemplar aquellas corrientes nacidas con el objeto de caracterizar y buscar explicaciones al fenómeno del subdesarrollo en el continente: aquí encontramos  el esquema centro – periferia junto al estructuralismo latinoamericano, además de la teoría de la dependencia. Por otro lado, podemos ubicar aquellas propuestas surgidas en diversos ámbitos de las ciencias sociales del continente: aquí mencionaremos el caso de la pedagogía liberadora, de la teología de la liberación, y de la economía de la solidaridad. En esta entrega nos centraremos en el primer núcleo temático.

 

La teoría centro – periferia.

 

Esta teoría comienza a ser desarrollada por Raúl Prebisch, la principal referencia de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) desde mediados del siglo XX. El economista argentino parte su análisis de una clara crítica al esquema liberal según el cual todos los países se verían beneficiados del comercio internacional si cada uno se especializara en lo mejor que sabe hacer (ventajas comparativas y competitivas). Para ello elabora un complejo análisis que distingue entre el centro –países desarrollados industrialmente- y la periferia –los países subdesarrollados, aunque básicamente se refiera a Latinoamérica-.

 

Dicho en otros términos, el centro se refiere a las economías avanzadas del capitalismo que se caracterizan por ser productivamente homogéneas y diversificadas. La periferia, mientras tanto, está constituida por las economías rezagadas desde el punto de vista tecnológico y organizativo, siendo su estructura productiva especializada (en productos primarios) y heterogénea (tema que nos recuerda al dualismo, introducido en la literatura de la Cepal en 1965 por Aníbal Pinto).

 

Según este esquema, el subdesarrollo se comprenderá de acuerdo a la relación existente entre ambas regiones.  La tesis de Prebisch es que la brecha entre el centro y la periferia se ampliaría por diversas razones que podríamos sintetizar en las siguientes:

 

1.      El empeoramiento en los términos de intercambio y la caída en las exportaciones, conduce a una disminución en las importaciones que la periferia hace desde el centro.

2.      La disminución de las exportaciones se debe a varios factores entre los cuáles, i) que dichos bienes representan  una proporción decreciente de la demanda global por parte de los países del centro; ii) aumentan las sustituciones de varios productos primarios; iii) el progreso técnico contribuye a la disminución de los bienes primarios que ofician de materia prima; iv) los países del centro aumentan sus barreras proteccionistas.

3.      Mientras tanto, el ritmo de las importaciones del centro depende no tanto de su relación de intercambio como de su ritmo de desarrollo interno.

4.      La baja de los precios que ocasiona la disminución de las importaciones no se traduce en mayores compras a la periferia.

 

El tema central en todos estos puntos es la relación real de intercambios: su continuo deterioro es fundamental para explicar el subdesarrollo del continente, a lo que se suman ciertos factores internos como ser la insuficiente absorción de la mano de obra productiva, la insuficiente acumulación de capital y el problema de las tierras. Estos elementos son englobados bajo el concepto de “insuficiencia dinámica del sistema económico”, que es complementado con el drama de la estructura social de nuestros países, estructura que –según el autor- obstaculizan el desarrollo. Entre estos obstáculos cita especialmente los privilegios distributivos, la distribución de la renta, el mayor peso del capital extranjero sobre el capital nacional, y la ineficiencia del Estado.

 

Estas tesis, han dado lugar a los planteos económicos sugeridos y planteados por la Cepal hasta no hace mucho tiempo: reforma de la propiedad de la tierra, reorientación de la industria, cambios en la estructura social, activa participación del Estado, reorientación del comercio internacional, integración latinoamericana, etc. Al conjunto de estas propuestas se las conoce formando parte del estructuralismo cepalino que promovía hasta los años setenta la tesis de una industrialización hacia dentro.

 

Las teorías de la dependencia.

 

 La crisis ininterrumpida en América Latina, así como los fracasos relativos de distintas políticas desarrollistas durante los años sesenta, fueron fermento para la irrupción de una serie de autores que –aunque con hipótesis y planteos diferentes- podemos englobar bajo el paraguas del enfoque de la dependencia.

 

Entre los autores más representativos de este enfoque  podemos citar a Dos Santos, Gunder Frank, Furtado, Sunkel, Paz, e incluso en su momento al mismísimo Fernando H. Cardoso. Todos ellos partían de un binomio fundamental: desarrollo – subdesarrollo, según el cuál, este último solo puede explicarse en el marco de la evolución manifiesta de la economía mundial. Dicho de otra manera: si hay países subdesarrollados es porque existen países desarrollados, y viceversa. Para ello proponen la necesidad de incorporar un análisis histórico – estructural que incluya elementos políticos, culturales, y sociales además de los económicos. 

 

El objetivo final desde este enfoque es desentrañar la estructura específica de dominación, para lo cuál, evidentemente no menospreciarán los factores internos desencadenantes del subdesarrollo. Al decir de Dos Santos: “la dependencia no es un factor externo, como se ha creído muchas veces. La situación internacional es tomada como condición general, no como demiurgo del proceso nacional, porque la forma en que esa situación actúa sobre la realidad nacional  es determinada por los componentes internos de esta realidad”.

 

Entre los aspectos internos más trabajados por los autores de esta corriente, se destaca la estructura de consumo, condicionada por la extrema concentración de los ingresos en un segmento muy reducido de la población, resultado de la heterogeneidad estructural de nuestros países. Se ha hecho hincapié en tal sentido, en la dependencia cultural y tecnológica así como en su incidencia productiva.

 

Recuadro:

Algunas de las críticas esgrimidas a estas corrientes.

 

Las críticas a este modelo, al decir de Touraine, han sido más empíricas que teóricas: “parece difícil afirmar –dice el autor francés- que la lógica del sistema capitalista mundial sea una concentración creciente de recursos en el centro cuando se observan tasas de crecimiento del PIB más fuerte en América Latina que en el conjunto de los países de la Ocde”. Las sucesivas crisis del continente, según los críticos de esta línea de pensamiento, no justifica afirmar la existencia de una tendencia fuerte y constante hacia un subdesarrollo relativo creciente, en la medida que numerosos indicadores sociales y económicos estarían mostrando lo contrario. Finalmente, el crecimiento vertiginoso de ciertos países otrora considerados subdesarrollados (fundamentalmente del sudeste asiático), puso nuevos interrogantes sobre todo a aquellas visiones más ortodoxamente dependentistas.