CRISIS Y EMPRESAS ALTERNATIVAS EN URUGUAY:
  EL CASO DE LAS COOPERATIVAS
  DE PRODUCCION COMO EMERGENTES
  DE UN SECTOR SOLIDARIO DE LA ECONOMIA.

  Por Pablo A. Guerra *

 


DEPARTAMENTO DE SOCIOLOGIA
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES
UNIVERSIDAD DE LA REPUBLICA.


* Licenciado en Sociología, Magister en Ciencias Sociales del Trabajo. Actualmente se desempeña como Profesor Adjunto de Sociología del Trabajo y Sociología de las Organizaciones en las Facultades de Ciencias Sociales (carrera de Sociología) y Derecho (carrera de Relaciones Laborales y Postgrado de Derecho Laboral) de la Universidad de la República. Investigador del Departamento de Sociología.

Montevideo, Marzo de 1997.

I N D I C E

  • Prologo del autor
  • pág. 3
  • Introducción
  • pág. 5
  • Objetivos de la Investigación
  • pág. 7
  • Qué es la economía de la solidaridad
  • pág. 9
    pág. 9
    pág.11
    pág.13
    pág.15
    pág.15
    pág.16
    pág.18
    pág.22
    pág.26
  • ¿Qué es el cooperativismo?
  • pág.29
  • Cooperativismo en Uruguay
  • pág.34
  • Principales resultados de investigación
  • pág.42
    - Caso 1: Barraca Cooperativa Sergio Zeballos pág.43
    - Caso 2: Librería Cooperativa del Cordón pág.45
    - Caso 3: Cooperativa Radio Taxi del Cerro pág.46
    - Caso 4: Cooperativa UCAR pág.48
    - Análisis de la Encuesta pág.55
  • Síntesis y Conclusiones
  • pág.68
  • Bibliografía
  •  



    Prologo del autor

          La investigación que a continuación se presenta, pretende ser solamente una contribución inicial al análisis teórico y práctico del modo de hacer economía de algunos agentes de la sociedad, que por sus características, podríamos entenderlos formando parte de lo que habremos de llamar economía alternativa o de la solidaridad.

          La contribución teórica, se enmarca en la búsqueda todavía muy "en pañales", pero absolutamente necesaria, de una "refundación" de la economía tradicional, que pudiera contemplar a pié de igualdad, una serie de agentes, relaciones y circuitos que presentan recursos, factores, valores y formas distintas de hacer economía, con respecto a los agentes, relaciones y circuitos que privilegió la mayor de las veces, la economía convencional a todo nivel.

          La contribución en el plano práctico, es mucho más humilde. En íntima consonancia con el marco teórico, pretendemos analizar el fenómeno del cooperativismo de producción en Uruguay, con sus limitantes y potencialidades, a partir de las experiencias de algunas de las cooperativas fundadas en los últimos años luego de la quiebra de sus empresas "madres", organizadas en el capital.

          Quisiera confesarle al lector dos cosas que serán plenamente visibles a lo largo de estas páginas. En primer lugar, que si bien se parte de una análisis científicamente riguroso de una realidad social muy destacable, no creemos en la frialdad de las ciencias sociales. Por ello, el autor escoge un tema de análisis con la espectativa y la esperanza de estar contribuyendo no solo a engrosar biblotecas cada vez más desbordadas de material académico; sino fundamentalmente, con el sincero anhelo de que algunas de las ideas aquí manejadas pudieran ayudar en la búsqueda de caminos viables de superación de la crisis económica, social, cultural y moral en la que se encuentran la mayoría de nuestros "prójimos" en el mundo entero.

          En segundo lugar, confesarles que estas páginas no me pertenecen. Tan solo, desde mi rol de cientista social, he intentado prestar atención a diversas lecturas de la sociedad contemporánea, escogiendo las que he entenido más oportunas para interpretar algunas experiencias de organización económica de gente uruguaya, que son en definitiva, los verdaderos autores de este trabajo.

          La presente investigación fue realizada en el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, con el apoyo de la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) en el marco de su Programa de Retornados Científicos. Dicho Programa, por tanto, ha sido fundamental para poder llevar a cabo este trabajo.

          He contado para la elaboración de ésta, con la colaboración de la Federación de Cooperativas de Producción del Uruguay (FCPU), que resolvió considerarla de interés cooperativo. Agradezco en especial a las autoridades del Consejo Directivo y a su secretaria ejecutiva, Raquel Castro, quien estuvo en todo momento dispuesta a lograr la mayor coordinación posible con nosotros.

          Quisiera agradecer además, al Director del Departamento de Sociología, Prof. Gerónimo De Sierra, quien siempre se mostró interesado en la evolución de este trabajo; y a todos quienes colaboraron de alguna forma u otra, con sus ideas, aportes, comentarios y recomendaciones: a Marcos Supervielle del Departamento de Sociología; Jorge Bertullo, Lilián Morales y Silvia Amado del Centro Cooperativista del Uruguay; Juan P. Martí del Centro de Participación Popular; y a Carmen Alonso, Beatriz Canta, Isabel Rodriguez, Andrea Storace y Lidia Torrieri, quiénes en calidad de estudiantes del Seminario de Sociología del Trabajo del segundo semestre de 1996, se interesaron especialmente en esta investigación y dedicaron valiosas horas a analizar las hipótesis de trabajo aquí expuestas y realizar importantes trabajos de campo que hemos utilizado como insumos.

          Finalmente, como no podía ser de otra manera, agradecer a los verdaderos protagonistas de este trabajo: a los socios cooperativistas de las empresas seleccionadas, que pudieron brindarnos parte de su valioso tiempo de trabajo para contarnos las experiencias y vivencias recorridas en estos años de trabajo alternativo.

    Introducción.

         Empezaremos este trabajo con una reflexión general acerca de la condición humana, que al menos al principio, a muchos lectores les parecerá extraña: no cabe duda que cada una de nuestras visiones acerca de la sociedad y sus variados comportamientos, residen en una particular composición genética y psicológica (que ha dado lugar al campo de análisis del comportamiento individual), pero además de un conjunto de normas, valores, ritos, etc. que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestras vidas, y que en definitiva han servido como campo de análisis del comportamiento para los sociólogos.

         De esta manera, podemos decir, encontraremos tantas visiones particulares como sujetos existan, en tanto cada uno de ellos tomó y adoptó esas normas de acuerdo a sus propias capacidades y limitaciones.

         Sin embargo, cada una de estas visiones estarán influidas por ese conjunto normativo al que hacíamos referencia, esa particular cultura del "momento" y del "lugar" que indudablemente moldea nuestras acciones y comportamientos.

         Detengámonos en el campo económico: sostengo que todos quienes nos movemos en el plano de una sociedad como la nuestra, estamos básicamente influidos en nuestros análisis económicos por un conjunto de premisas que hemos ido recibiendo constantemente de lo que podemos llamar la "economía convencional", en sus más variadas manifestaciones (economía clásica, neo-clásica, marxista, etc.).

         En ese sentido, y a manera de ejemplo, cuando intentamos definir con un nombre el tipo de economía en la que estamos viviendo, contestamos sin más "economía capitalista". Incluso, nuestra particular forma de ver y analizar esa "economía capitalista", está fundamentalmente sesgada al punto de no percibir formas empresariales que no comulgan con la actividad económica propiamente capitalista. A lo más, una vez detectadas esas particulares formas de operar, creemos que en realidad funcionan en última instancia con la misma lógica que el resto -la mayoría de las unidades económicas-.

         En el plano académico, uno de los indicadores de este encapsulamiento teórico que se refleja en la práctica investigativa, es la relativa ausencia(1) de investigaciones sobre el fenómeno del cooperativismo. Otro de los indicadores, ya no sólo a nivel nacional sino mundial, es la escasa relevancia que han tenido elaboraciones teóricas que hayan intentado o estén intentando reformular algunos conceptos y nociones de esa "economía convencional" a la que hacíamos referencia.

         En ese sentido, aquí intentaremos hacer frente (aunque más no sea en forma primaria) a esos dos problemas. La presente investigación tiene como objetivo analizar el caso de las empresas de producción que han entrado en quiebra en los últimos años y que han pasado a manos de los trabajadores constituyéndose en cooperativas. Este análisis se hará en el marco de las tesis de reconceptualización de la economía, intentando redefinir algunos elementos claves que permitirán obtener una visión más clara del fenómeno cooperativo en Uruguay, intentando aportar en tal sentido, una reflexión que ubique a estas unidades económicas como diferentes en sus formas de operar, a las que se desarrollan en el marco de las relaciones de intercambio.

    Objetivos de la Investigación.

         Sobre todo desde el año 1946 en Uruguay, cuando se legisla en materia cooperativa con la Ley 10.761, empiezan a surgir con fuerza una serie de organizaciones económicas que inmediatamente se irán diferenciando de las empresas tradicionales en sus modos de hacer economía. Nuestro país daba un importante paso al legislar sobre aspectos relativos a las empresas cooperativas, lo que sin duda contribuyó para que varios miles de uruguayos pudieran depositar sus esfuerzos en el marco de una serie de principios universalizados por los Pioneros de Rochdale, desde la mitad del siglo pasado.

         Pero una evidencia empírica salta a los ojos de cualquier investigador que se introduzca en el tema. Las cooperativas de producción no solo se originan luego de un proceso de racionalización que implique la puesta en práctica de un conjunto de valores determinados: nos asombramos en tal sentido, con un conjunto importante de cooperativas de producción que surgen como última posibilidad ante el cierre de empresas tradicionales de todo tipo. Al decir de Juan P. Terra, luego de analizar meticulosamente el sector cooperativo en Uruguay:

         "Yo diría que aproximadamente el 50% de las cooperativas de producción se forman a partir de empresas fundidas o de empresas que al Estado les resulta demasiado gravosas, buscando desprenderse de ellas. Entonces, la cooperativa nace en condiciones muy adversas, porque el dueño anterior quiere librarse de ella por algún motivo, y por no cerrarla, por evitar el conflicto con la gremial correspondiente, o dar una solución de ocupación a la gente, esta empresa generalmente problemática, en situación muy difícil, se traspasa a una cooperativa de los propios trabajadores"(2) .

         Nuestro estudio se detendrá en el análisis de esas empresas cooperativas, analizando su historia de transformaciones, sus particulares formas de trabajo, qué tipo de recursos utilizan para la producción, cómo vivencian los principios del cooperativismo, y cómo conviven luego de haber trabajado en empresas tradicionales.

         Para ello, nos valdremos de una muestra de cooperativas que se hayan formado entre los últimos once años, poniendo como fecha inicial de nuestro marco, el reingreso a la vida democrática, en 1985.

         El trabajo con ellas consistió en el análisis de "historias organizacionales" relatadas por algunos socios, y en la ejecución de una encuesta a un conjunto más amplio de socios de las cooperativas seleccionadas.

         Como la batería de conceptos y teorías que emanan de la "economía tradicional" no nos resultan compatibles con nuestro análisis, nos valdremos del marco teórico de la llamada "Economía de la Solidaridad", escuela fundada por el sociólogo y economista chileno Luis Razeto, que como veremos más adelante hunde raíces en otras importantes escuelas y líneas teóricas relacionadas a la búsqueda de alternativas en el plano de la economía desde el punto de vista teórico, y desde el punto de vista práctico, esto es, desde las formas en que realmente se hace economía: se produce, consume, distribuye y acumula en nuestras sociedades.

         El trabajo estará dividido en tres partes. En primer lugar expondremos brevemente el marco teórico, presentando los postulados de la Economía de la Solidaridad. En segundo lugar, expondremos el marco contingencial, donde se analizará el fenómeno del cooperativismo en el Uruguay. En tercer lugar se expondrán los principales resultados de la investigación, fruto de las entrevistas y encuestas mantenidas con los socios de las cooperativas de producción. Finalmente, se adjunta en los anexos, listado de empresas cooperativas de producción relevadas, y entrevistas a ex-socios de cooperativas que no lograron desarrollarse y por tanto no figuraron en el análisis minucioso de esta investigación.

    Que es la Economia De La Solidaridad

     

         El concepto de economía solidaria o economía de la solidaridad, si bien surge con las tesis de Razeto al respecto, a pricipios de los ochenta, no es algo absolutamente original en la historia del pensamiento, presentando muchas coincidentes líneas teóricas y de pensamiento con escuelas de diversos orígenes: la llamada economía social, el socialismo utópico, con la economía comunitaria, la economía humana, y notoriamente con el cooperativismo(3) y las líneas de reflexión autogestionarias. Veamos detenidamente algunas de estas líneas teóricas(4) :

    La economía social.

        Es medianamente claro en la lectura y análisis de la realidad, que el término de mayor arraigo para referirse a algunos de los fenómenos económicos que reconocemos bajo la óptica de la "Economía de la Solidaridad", actualmente es el de la Economía Social, término que se viene utilizando con mucha fuerza en algunos países -fundamentalmente europeos- desde hace unos quince años, dando origen incluso a políticas gubernamentales tendientes a patrocinar y apoyar este "tercer sector" constituído por aquellas actividades económicas que no giran en torno a los sectores públicos y privados tradicionales. Vale en tal sentido hacer referencia a la creación de una Unidad de "Economía Social" en el seno de la Comisión de las Comunidades Europeas, y a la constitución de diversos organismos nacionales en Francia, España y Bélgica(5) , entre otros, destinados a los mismos objetivos.

        Los primeros documentos de la Europa Comunitaria al respecto(6) definían a las actividades económicas pertenecientes a la Economía Social, integrada por cooperativas, mutualistas y asociaciones no lucrativas (el nonprofit sector del que nos habla la lectura inglesa al referirse a las asociaciones que producen servicios que o bien no pueden expresarse en términos monetarios, o bien no ofrecen una rentabilidad suficiente para atraer a empresas con fines de lucro), lo que, a pesar de las grandes coincidencias, nos marca ya algunas diferencias con respecto a las elaboraciones de Razeto para quién el sector solidario está compuesto también por las actividades (mal)llamadas por algunos, informales o subterráneas, que quedan explícitamente descartadas en la composición de la Economía Social, por lo menos tal cuál lo entienden los organismos gubernamentales europeos.

        El concepto de Economía Social, sin embargo, recoge antecedentes en el siglo pasado, que podemos ubicar en el plano académico, con divulgaciones desarrolladas en la Universidad de Lovaina en la década del 30, con la publicación por parte de Charles Dunoyer de su Tratado de Economía Social(7) , fuertemente influenciado por los costos sociales todavía evidentes de la Revolución Industrial; y por Constantin Pecquer autor de Economía Social en 1839.

        Siguiendo a Desroche(8) podemos señalar que a partir de allí se abrieron tres grandes escuelas: una orientada hacia las ideas socialistas, otra hacia las ideas social-cristianas, y otra hacia las ideas liberales.

        Entre los primeros destacan Constantín Pecquer (1842) y Francois Vidal (1846), de gran influencia en la Revolución de 1848, y luego Benoit Malon y Marcel Mauss, defensor de una economía de socializaciones voluntarias.

        La Economía Social es desarrollada por los social-cristianos a través de la obra de Fréderic Le Play, quien crea una sociedad de economía social en 1856 y una revista titulada "La Economía Social". También aquí podemos incluir a uno de los fundadores del moderno cooperativismo de ahorro y crédito, Fréderic Guillaume Raffeisen. "De esta manera, los cristianos sociales del siglo XIX apelan a los cuerpos intermedios para luchar contra el aislamiento del individuo, tara del liberalismo, y contra la absorción del individuo por el Estado, trampa del Jacobinismo. La valoración de estas microestructuras, al mismo tiempo que la afirmación de la autonomía de los individuos, nos llevan al concepto de subsidiaridad el cual implica que la instancia superior no acapara las funciones que la instancia inferior, más cercana al usuario, puede asumir"(9) . Esta línea de subsidiaridad, luego conectada a la solidaridad constituiría un dúo fundamental en la concepción social-cristiana sobre la relación de lo público y lo privado en la vida económica, al punto de figurar en algunas de las últimas Encíclicas Papales como uno de los ejes interpretativos del deber ser económico.

        La Escuela Liberal tuvo en Charles Dunoyer y Fréderic Passy a dos de sus clásicos exponentes. También León Walras podría pertenecer a esta línea(10) , al igual que Hermann Schulze en Alemania y Luigi Luzatti en Italia.

    El socialismo utópico.

        Bajo este nombre se engloba a una serie de autores que, a pesar de las diferencias entre sí, plantearían con fuerza la necesidad de tomar "la cuestión social" como la más importante de las tareas de los hombres en el marco de un creciente industrialismo que generaba pobreza y desempleo a raudales en el viejo continente. El término "socialismo" es utilizado por estos autores por primera vez en la historia, aunque con un sentido bastante vago, y en todo caso, muy distinto al que se iría a popularizar con las tesis de Marx. El socialismo para los "utópicos" se definía fundamentalmente en oposición al individualismo, y en muchos casos, en relación al asociasionismo cooperativista(11) . El término "utópico" fue impuesto por Marx y Engels, de forma algo despectiva, para referirse a aquellos autores que, por el momento histórico que vivían, ni pudieron enfrentarse al pleno desarrollo de la industria, del proletariado y de la lucha de clases. Sin embargo, como señala Buber, "luego se aplicó el concepto sin distinción a todos aquellos que -según Marx y Engels, no querían, o no podían -o no podían ni querían- tomar en cuenta esos factores" (12). Sea como fuera, el término fue acuñado y hoy se les designa de la misma forma como fueron catalogados por Marx. Entre los autores más notorios, nosotros manejaremos a Robert Owen, Charles Fourier, Pierre-Joseph Proudhon y Philippe Buchez (13).

        Para Fourier, adelantándose a las reflexiones que acerca del "buen trabajo" hiciera Gandhi a mediados de este siglo, el trabajo debería ser en sí mismo agradable y atractivo, además de beneficioso desde el punto de vista económico. Para ello, este verdadero adelantado, sostenía la tesis de que todo trabajador debería realizar más de una tarea a los efectos de evitar la rutina en el trabajo. En las pequeñas comunidades de Fourier, de hecho, cada trabajador tenía derecho a elegir el trabajo que quisiera de acuerdo a sus necesidades. Las comunidades, para ello, debían cumplir con una serie de requisitos: un número ideal de 1600 personas, con una determinada cantidad de tierra para explotar, un sistema de educación que permitiera que los niños siguieran naturalmente sus inclinaciones, vida tan en común como las familias quisieran (lo que habilitaba la propiedad privada), etc. Sin embargo, en vida, Fourier nunca recibió apoyo económica para fundar estas comunidades. De hecho, los primeros falansterios se desarrollaron en Norteamérica, a influjo de Albert Brisbane (1809-1890), quien logro fundar junto a otros discípulos de Fourier algunos de éstos sin mayores éxitos, salvo en los casos en que se basaron más en los lineamientos cooperativos propiamente dichos.

        Robert Owen fue uno de los verdaderos antecesores del movimiento cooperativo, no sólo por lo que hizo en vida, sino además por el hecho que algunos de sus discípulos fundaron la sociedad cooperativa de los "Rochdale Pioneers"(14) . Este reconocido empresario de la época, iría desarrollando sus ideas de lo que Touchard llama "filantropía patronal" hacia un "mesianismo social". Owen soñaba con comunidades de trabajo donde se disolviera por completo la propiedad privada, lo que lo diferenciaba de Fourier claramente. A diferencia de este último, además, la base de producción debía ser agrícola, en tanto para Fourier era necesaria la poliactividad productiva. Sus ideas, no obstante, se irían tiñendo de notorias referencias religiosas (El nuevo mundo moral), lo que lo alejaría de una reflexión más objetiva sobre las potencialidades reales de las comunidades de trabajo.

        Philippe Buchez puede ser considerado ciertamente el "padre del cooperativismo francés". Siendo discípulo de Saint Simón, abandonó sus tesis cuando aquel incursionara en el plano religioso. Buchez, de fuerte formación católica, señala en su libro Introduction à la science de l'histoire que la etapa de la humanidad iniciada con la venida del cristianismo, estaba destinada a desarrollar los valores de igualdad, fraternidad y caridad. La Iglesia Católica, y las asociaciones de obreros y productores tendrían en tal sentido un alto nivel de responsabilidad para que ello ocurriera así. Su notorio acercamiento a las clases trabajadores queda testimoniado con el periódico L'Atelier, "órgano de los intereses morales y materiales de la clase obrera". Este órgano, que saldría entre 1840 y 1850, tenía por lema las palabras de San Pablo "el que no trabaja no come". Buchez, es considerado por muchos, uno de los fundadores del pensamiento social-cristiano, o socialista-cristiano, como se divulgaba en la época.

        Para Pierre Joseph Proudhon, tanto el Estado como las Asociaciones contribuían a limitar la libertad del individuo. Para el autor de la "Filosofía de la Miseria" la clave era la familia. Sin embargo, Proudhon salto a la fama por algunas de sus consignas radicales ("La propiedad es un robo", "Dios es el mal", etc.), las que sin embargo se relativizan una vez que se conoce la obra suya completamente. Por ello es que Touchard señala que "nada resulta más fácil que oponer a un texto de Proudhon otro de Proudhon". De hecho, la propiedad privada era admitida por el autor, sólo que criticaba duramente la forma en que era utilizada en la época. A diferencia de otros autores del "socialismo utópico", Proudhon era firme partidario del igualitarismo en la sociedad: "La igualdad de las condiciones, he aquí el principio de las sociedades; la solidaridad universal, he aquí la sanción de esta ley", declara en su primer ensayo sobre la propiedad (15). Para este autor, la asociación mutualista se erige como la posible solución de los problemas sociales, en la cuál los miembros asociados se garantizan recíprocamente "servicio por servicio, crédito por crédito, retribución por retribución, seguridad por seguridad, valor por valor, información por información, buena fe por buena fe, verdad por verdad, libertad por libertad, propiedad por propiedad"

    El cooperativismo.

        El movimiento cooperativo se entiende formalmente originado con los Pioneros de Rochdale, más concretamente en 1844, año en el cuál un grupo de trabajadores tejedores de franela, luego de haber perdido una huelga y de pasar a ser desocupados, decidieron unirse para "cooperar". Se trazaron de esta manera tres metas: la organización inmediata de una cooperativa de consumo; la organización a mediano plazo de una cooperativa de producción y vivienda; y la constitución de una colonia "tan pronto como se pueda". Este exitoso ensayo cooperativista tendría algunos antecedentes en la misma Gran Bretaña de manos del Dr. William King, y en Francia de manos del también médico Buchez. Bajo la influencia del primero se constituye en 1827 la primer cooperativa de consumo; y en 1832 bajo la influencia de Buchez se funda la primer Cooperativa de Producción en Francia. Si bien para 1830 en Inglaterra King supervisó el nacimiento de unas 300 asociaciones(16) , no será hasta las actividades en Rochdale, que el cooperativismo tendrá su mayor fuerza. Sin embargo, no comparto totalmente la idea que en Rochdale se hayan sentado las bases de los Principios Cooperativistas, como se sostiene comúnmente. Buchez, no sólo fue fundador de cooperativas en los años treinta, sino que también reflexionó sobre las mismas y trazó algunos de los principios en el Journal des Sciences Morales et Politiques (1831) que trece años después se harían famosos por los Pioneros de Rochdale.

        Entre los antecedentes más anteriores a este movimiento que desde entonces se arraigaría con fuerza en todas partes del mundo, se puede citar los "Artels" que datan de San Petesburgo en 1714, integrados por pilotos y marineros(17) . A nivel americano, la cultura precolombina supo de organizaciones de tipo cooperativo que tuvieron lugar en las principales civilizaciones, tanto entre los Aztecas como los Incas.

        Pero decíamos que fue a partir de los años treinta y cuarenta del siglo pasado donde se establecieron los principios del cooperativismo y se fue desarrollando una muy interesante reflexión teórica sobre los alcances del movimiento y sus potencialidades en el marco de la economía capitalista.

        Es así que Kaplan y Drimer(18) distinguen dos grandes concepciones: la integral, compuesta por aquellos que confían en la paulatina extensión de las cooperativas a todos los campos de la economía, en busca de una necesaria hegemonización de las relaciones económicas; y la concepción sectorial, que afirma la necesaria limitación de las cooperativas a determinados aspectos de la actividad económica y la coexistencia del sector cooperativo, público y privado.

        En ese sentido, el máximo exponente de los integrales habría sido Charles Gide quien acuñó el término "República Cooperativa" en 1889 para referirse a la necesidad de conformar un gran espacio nacional organizado económicamente por las fuerzas cooperativistas. Fundador de la Escuela de Nimes, ésta también aportó sus conocimientos en la línea de reflexión integral, formulando el famoso programa de desarrollo del Movimiento Cooperativo que preveía la paulatina y pacífica extensión de las cooperativas de consumo para abarcar luego el comercio minorista, el comercio mayorista, la producción fabril y finalmente la producción agraria. Los esposos Synney y Beatrice Webb también formarían parte de esta concepción "integral".

        Indudablemente el autor más representativo de la concepción sectorial fue G. Fauquet, fundador junto a H. Dubreuil y Ch. Maraux, en París, 1924, de la Asociación para el Fomento de Contratos Cooperativos de Trabajo. En su obra máxima de 1942, "Le secteur coopératif" distinguió cuatro sectores: el público, el capitalista, el propiamente privado (integrado por la economía familiar, campesina y artesanal), y el cooperativo. Su tesis, hermanada a la de Razeto, era que el sector cooperativo podía componer junto al propiamente privado, un nuevo y gran sector que se distinguiría fundamentalmente de las formas de hacer economía de los capitalistas y del Estado. Otros autores que siguieron esta línea fueron A. Thomas y E. Milhaud. De alguna manera nosotros podríamos incluir a Razeto en esta línea en tanto sus posturas, lejos de intentar hacer hegemonizar a algún sector sobre otro, parten de la necesidad de articular un Mercado Determinado con fuerzas equitativas de los tres sectores, lo que en tal caso nos acercaría al concepto de Mercado Democrático (o Mercado Perfecto de acuerdo a la terminología de los economistas neo-clásicos)

    La Economía Comunitaria, o el "Comunitarismo".

        Sostengo que una de las líneas antecesoras a la Economía de la Solidaridad, es la fundada por Emmanuel Mounier (1905-1950), uno de los pensadores franceses de mayor relevancia de este siglo.

        Mounier se vió empujado a fundar Esprit movido por "el sufrimiento cada vez mayor de ver a nuestro cristianismo solidarizarse con el "desorden establecido", y el deseo de romper con éste".

        Para este singular francés que muriera muy joven (con tan sólo 45 años de edad), la persona humana debía anteponerse al concepto de individuo y la sociedad comunitaria frente al Estado. Nace así la concepción del "personalismo-Comunitario", de gran resonancia, sobre todo en movimientos políticos y sociales vinculados al cristianismo progresista de post-guerra. Sostendrá la abolición de la "economía anárquica, basada en la ganancia, por una economía organizada sobre las perspectivas totales de la persona; la socialización sin la estatización", etc.

    La Economía Humana

        En los años cincuenta, un Dominico francés, de nombre Louis Joseph Lebret, abría de marcar a fuego a un grupo de investigadores de diversos países de América, divulgando en el continente una escuela conocida como "economía humana". El Padre Lebret, por cuya obra comenzaron los trabajos sociológicos en Uruguay a partir de los Equipos del Bien Común, funda en 1941 en Francia el centro "Economie et Humanisme", que incluyera entre otros, a Francois Perroux, entonces uno de los economistas más renombrados en materia de desarrollo. "Durante muchos años, Economía y Humanismo produjo mucho y estuvo estrechamente entrelazada no sólo con corrientes sindicales francesas sino con otros movimientos sociales, en especial con los movimientos comunitarios, que fueron muy importantes en la postguerra" (19). Ese entrelazamiento entre la ciencia social, la economía y el trabajo con las comunidades y los sectores más desamparados, incluido los sectores que ahora conocemos como "Organizaciones Económicas Populares", creo que identifica a ésta corriente con la Escuela de la Economía Solidaria. De hecho, uno de sus textos más recordados lleva por título "Manifiesto por una Civilización Solidaria".

        Lebret fue sacerdote, sociólogo, teólogo, escribió varios libros y asesoró en materia de desarrollo en varios países y a varios gobiernos. Su objetivo final era "pasar de una fase menos humana a una más humana", en profundo contacto con el más necesitado, lo que lo auto-marginó de las grandes Universidades, para dedicarse a una vida que conjugaba la reflexión con la acción.

    Otros antecedentes.

        En el plano teórico, no queda demasiada duda acerca de la importancia de algunos textos del Renacimiento, que supieron penetrar en las grandes utopías que moverían a tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia. En ese sentido, el texto "Utopía" de Tomás Moro (1478-1535), o "La Ciudad del Sol" de Tommaso Campanella (1568-1639), o incluso "La Nueva Atlántida" de Francis Bacon (1561-1626), se pueden considerar como algunas de las primeras elaboraciones teóricas con impacto en este conjunto de ideas y elaboraciones aquí abordadas.

        En el plano práctico, las obras de los Jesuítas en las Misiones, o las formas económicas que asumieron los trabajos de evangelización de los Franciscanos en América Latina(20) , también han envuelto gérmenes de lo que más tarde se daría en llamar Economía Solidaria.

        En el plano más macro-doctrinario, sin duda que las líneas de reflexión del humanismo (liberal, marxista y cristiano(21) ), tuvieron y tienen una intensa relación con algunos de los postulados de la Economía de la Solidaridad.

        Cada una de las citadas líneas de reflexión y escuelas de pensamiento tuvieron sus propios esquemas teóricos, marcos valorativos y análisis de la realidad. Lo importante es relacionar la nueva perspectiva que vamos a ver con elaboraciones que vienen de mucho antes, y que buscan cambiar las formas de hacer economía de la gente y las formas de pensar la economía como ciencia. Eso es lo que tienen en común el socialismo utópico, el cooperativismo, la economía humana, el personalismo comunitario, o el desarrollo a escala humana, con la Economía de la Solidaridad.

        Sin embargo, la Economía de la Solidaridad, como la presenta Razeto, posee a mi entender, nuevas categorizaciones y visiones que la emerge como fundamentalmente novedosa.

        En tal sentido, podemos decir que si bien la economía de la solidaridad hunde sus raíces en estas y otras escuelas, presenta un marco teórico que por lo original y por su carácter científico, nos lleva a tratarlo específicamente a través de los principales postulados de su fundador.

        Las próximas líneas se basarán en sus siguientes textos: "Los caminos de la economía de la solidaridad", "Economía de la Solidaridad y Mercado Democrático", "Empresas de Trabajadores y Economía de Mercado" y "Las Donaciones y la Economía de la Solidaridad".

        Para Razeto, imponer el término "Economía de la Solidaridad", no fue nada sencillo. Por lo general se han tratado ambos términos como absolutamente distanciados: uno formando parte del acervo de lo científico y lo fáctico, el otro imbuído de lo valórico y lo ético.

        De hecho, hasta que se originan los primeros escritos de Razeto en los ochenta, ha sido imposible encontrar en los textos científicos de la economía, referencias a la solidaridad. Lo más cercano fue sin duda el análisis sobre el cooperativismo, que indudablemente ha tenido grandes dificultades para imponer sus ideas sobre el carácter ético que debía comprender a la economía, y algunas reflexiones como las vistas con anterioridad, que sin embargo no pretendían describir la relación entre estos conceptos desde la ciencia económica. Por otro lado, los discursos sobre la solidaridad raramente incluyeron a la actividad económica, resultando de ello, el divorcio evidente entre los dos términos.

        Cuando hablamos de economía de la solidaridad, nos referimos a la necesidad de incorporar la solidaridad en la teoría y en la práctica de la economía.

        Veamos esto más detenidamente, comenzando por lo que no es economía solidaria: economía solidaria no es incluir la solidaridad luego que la economía jugó su papel. Este es el concepto más burdo y quizá el más extendido, por lo cuál es necesario desterrarlo del acervo de esta corriente. No se trata que la economía cumpla su ciclo produciendo y distribuyendo para que luego aparezca la solidaridad dándole algo al más desfavorecido. Sin menospreciar a quienes entienden ésto como lo idóneo, diremos que el planteo de la economía de la solidaridad es distinto: se trata de introducir la solidaridad en la economía misma, esto es, producir, distribuir, consumir y acumular solidariamente. Como veremos más adelante, numerosos grupos humanos efectivamente producen, distribuyen, acumulan y consumen con solidaridad. Luego veremos quiénes son. Pero la economía solidaria tiene otro desafío: introducir en la teoría económica la solidaridad, llenado un espacio casi virgen en la reflexión de la economía, superando de esta manera a la economía convencional, de gran hegemonía como paradigma interpretativo científico de la realidad.

        Antes de sumergirnos en la reflexión de la teoría económica, indiquemos que la economía de la solidaridad se puede vivenciar de dos formas distintas. En primer lugar, hay economía de la solidaridad en la economía global cuando presenciamos la existencia de la solidaridad promovida por los diferentes actores económicos. En tal sentido podemos afirmar que la solidaridad siempre está presente, en mayor o menor grado, en el conjunto de los sectores que comprenden lo que llamamos "Mercado Determinado", y que más adelante explicaremos. En segundo lugar, es posible detectar, y éste es el rasgo más original de las tesis de Razeto, un sector muy particular dentro de la economía, compuesto por aquellas actividades, sujetos, empresas y circuitos económicos donde la solidaridad se haya hecho presente de manera intensiva y donde opere como elemento articulador de los procesos de producción, distribución, consumo y acumulación. En este caso estaremos hablando de un Sector Solidario presente, con mayor o menor fuerza, en ese "Mercado Determinado", en conjunto con un "Sector de Intercambio" (al que por ahora podremos llamar propiamente sector capitalista), y el "Sector Regulado" (Estado).

        Veamos a continuación como podremos construir la teoría económica para identificar la presencia de la solidaridad como elemento central de análisis.

    Las Relaciones Económicas.

        No es necesario ser un científico para observar cómo los bienes y servicios económicos de las sociedades modernas fluyen y transitan entre los individuos, grupos, unidades económicas e instituciones a través de muy distintas y variadas formas y modalidades. No obstante ello, paradójicamente, la ciencia económica ha sido fundamentalmente reacia a analizar estas diversas modalidades, basando su corpus teórico en algún tipo específico de relación económica. La Economía de la Solidaridad tendrá como uno de sus primeros cometidos teóricos, conceptualizar las diversas relaciones económicas que se establecen en la vida real.

        Entenderemos por relación económica, "cualquier acto o proceso a través del cual se verifica una transferencia o un flujo de bienes, entre personas, grupos u organizaciones determinadas, las que en tal relación se nos manifiestan como sujetos de actividad económica".

        En tal sentido vale consignar que en la economía no sólo existen productores, comerciantes, ofertantes y oferentes y consumidores, sino también donantes y beneficiarios (22), recaudadores, comensales, etc.; y que los bienes no sólo se presentan como mercaderías(23) , sino también como regalos, tributos, etc.

        Para distinguir las diferentes relaciones económicas se partirá de un criterio múltiple de distinción: se observarán los sujetos de la relación, los elementos que establecen relaciones entre ellos y las direcciones en que fluyen esos elementos.

        En tal sentido, podemos distinguir las siguientes relaciones económicas:

    Relaciones de Comensalidad y Relaciones de Cooperación:

        En una familia por lo general se consumen una serie de bienes que han sido aportados por algunos de sus integrantes para ser compartidos por todos y repartidos en función de las necesidades de cada uno. Podemos llamarle a este tipo de relación, relación de comensalidad.

        Diferente a ésta es cuando observamos, por ejemplo a un grupo de personas libres que se reúnen con la explícita intención de realizar en común determinadas actividades económicas, de las cuáles se benefician todos los participantes de modo equitativo, en proporción a los aportes que cada uno haya realizado. A éstas podemos llamar relaciones de cooperación.

        Dada la pluralidad de formas que adquiere (puede haber cooperación para el ejercicio de actividades económicas de abastecimiento o de comercialización, de ahorro o préstamo, de consumo, de trabajo, etc.), entendemos por relaciones de cooperación "aquellas que implican flujos económicos al interior del grupo de cooperadores en cuanto cooperadores, mientras que el grupo como sujeto económico organizado puede mantener con el exterior relaciones de cooperación o de otro tipo".

        En ambos casos, estamos haciendo referencia a flujos económicos que se efectúan al interior de grupos definidos por personas, respecto de las cuáles las relaciones económicas son socialmente integradoras. Mientras que en el caso de las relaciones de comensalidad el grupo es constituido en base a nexos generalmente extra-económicos (en el caso de la familia por nexos de consanguinidad), en el caso de las relaciones de cooperación, éstas suelen ser constitutivas del grupo.

    Relaciones de Tributación y de Asignaciones Jerárquicas.

        Cuando los habitantes de un Estado o Municipio pagan sus impuestos, cuándo los jóvenes en ciertos países al cumplir determinadas condiciones deben realizar su servicio militar obligatorio, cuando los fieles de un Iglesia contribuyen con su diezmo, o cuando el simpatizante político paga su cuota de afiliación al Partido de sus amores, se están desarrollando una serie de flujos de bienes, servicios y recursos que proceden conforme a un cierto tipo característico de relaciones económicas al que damos el nombre de relaciones de tributación.

        En este caso, el sujeto receptor de los flujos económicos es un centro de poder decisional que se constituye y presenta como distinto de los sujetos que tributan. Además, los flujos tributarios encuentran su contrapartida en flujos que transitan en sentido inverso, desde los centros recolectores y decisionales hacia la colectividad en su conjunto o hacia sujetos particulares de ella. Al asignar fondos hacia determinados sectores, se constituyen las llamadas relaciones de asignación jerárquica. Se verifica entonces un proceso bi-direccional: el que va de los contribuyentes al centro decisional y el que va de éste (una vez conformado el fondo) hacia los integrantes de la colectividad.

    Las relaciones de intercambio.

        En realidad, la mayor parte de los flujos económicos que se observan en las sociedades como las nuestras, se verifican entre sujetos distintos que permanecen independientes, esto es, que se vinculan solamente durante el acto en que se efectúa la relación económica.

        En las relaciones de intercambio, los sujetos se presentan uno ante el otro como propietarios o poseedores de determinados bienes económicos distintos que se transfieren recíprocamente. Por lo general la transacción opera mediante dinero (la compra-venta), aunque por mucho tiempo el intercambio tenía lugar por medio del trueque.

        Como veremos más adelante, las relaciones de intercambio son la base de un circuito económico relativamente integrado y altamente complejo que da lugar al mercado de intercambios.

    Las relaciones de donación.

        Cuando una persona da una limosna a otra, cuándo un grupo de jóvenes se dispone a trabajar voluntariamente por una causa determinada, como proporcionar vivienda a los más necesitados, cuándo un país destina un porcentaje de su PBI a otros menos desarrollados, en todos éstos casos se verifica un flujo de bienes y servicios de un sujeto a otro que no implica un correspondiente flujo en sentido inverso (que es lo que caracteriza al intercambio). Esto constituye las relaciones de donación, donde existe un donante y un beneficiario.

    Otros tipos de relaciones entre sujetos independientes.

        Muchas veces cuando una persona presta un servicio que implica un cierto flujo económico sin cobrar por ello, está esperando de parte del otro una cierta correspondencia a actuar de igual manera cuando el primer sujeto esté en situación de solicitar ayuda. En el mismo sentido, es absolutamente reconocido que muchas veces se hacen regalos no con la intención de realizar una donación, sino esperando una actitud recíproca de parte del sujeto receptor. Otro ejemplo: la pareja de novios que invita a su fiesta de casamiento a gente con la que no se tiene una relación demasiado estrecha, a los efectos de que se le retribuya la invitación con un apetitoso regalo de bodas. En todos estos casos estamos frente a un esquema de relacionamiento que podemos denominar relaciones de compensación o reciprocidad.

        Se puede decir que las anteriores constituyen la mayoría de las relaciones económicas que tienen lugar en una sociedad determinada. Una vez demostrada la existencia de un conjunto importante de ellas, con sus características específicas, vale señalar que una vez que éstas alcanzan cierto grado de difusión, tiende a configurarse en el seno de la economía en su conjunto, una especie de circuito económico, o "mercado particular", conformado por el entralazamiento de las operaciones, flujos y sujetos involucrados en esas relaciones económicas. Pero además de estos circuitos, las tesis de Razeto señalan la constitución de verdaderos sectores de la economía, donde se entrelazan comportamientos y relaciones económicas afines. Es así, que por ejemplo, nace un sector con una particularidad muy importante que los distingue de otros, al que llamamos sector solidario de la economía.

        El análisis de la realidad económica indica también, que las diferentes relaciones económicas se entremezclan entre sí, se influyen y condicionan recíprocamente. Se llega a la conclusión, de esta manera, que "en toda sociedad concreta existe un complejo sistema de relaciones a través de las cuales los bienes, servicios y factores económicos fluyen, dando lugar a una determinada distribución de la riqueza y asignación de los recursos, que denominamos mercado determinado", constituido como vimos, por el conjunto de relaciones y flujos relevados.

        A nivel económico, el antecedente más importante de estas tesis ha sido K. Boulding, autor de "The Economy of Love and Fear. A preface to Grants Economy" (24). Este reconocido economista norteamericano puede decirse, funda la escuela de la "Economía de las Donaciones", al constatar que los intercambios no constituyen sino una parte limitada de las formas y procesos en que los bienes, servicios y factores económicos se asignan, distribuyen y circulan entre los integrantes de una sociedad determinada.

        Partiendo de ello, Boulding formula una distinción dicotómica entre las "relaciones de intercambio" y las "relaciones de donación": se concibe al intercambio como "una relación económica bipartita que implica la redistribución de activos de igual valor entre las partes involucradas. Se realiza a través de una transacción comercial o de un contrato, en que se fija para cada caso un precio; el conjunto de transacciones y contratos determina un complejo sistema de precios relativos". La donación, por su parte, sería una "relación unidireccional entre dos o más partes, donde el flujo de bienes, servicios o factores va de un donante a un beneficiario, donde no hay ni se espera reciprocidad, si bien se reconoce un cierto flujo de retorno extraeconómico, que va del beneficiario al donante y que compensa de algún modo a este último, motivando su decisión".

    El sector solidario de la economía.

        Para Razeto, "el sector solidario puede ser empíricamente detectado en las economías concretas, a partir de los nexos e interacciones que se observan entre algunos tipos de relaciones económicas que se caracterizan por ser especialmente integradoras" (subrayado nuestro).

        Es así que distingue un sector solidario, "integrado principalmente por los sujetos, actividades y flujos económicos correspondientes a las relaciones de comensalidad, de cooperación, de reciprocidad y de donación".

        Luego distingue el sector de intercambios, constituido por los sujetos, actividades y flujos donde se establecen relaciones de intercambio.

        En tercer lugar surge el sector regulado, constituido en base a las relaciones de tributación y de asignación jerárquica.

        Estos tres sectores, sin embargo, son antes que nada, sectores analíticos, o al decir de Weber, "típico-ideales", en el sentido que la realidad los muestra como altamente entremezclados, a saber: un mismo sujeto puede hacerse presente en diferentes sectores actuando y estableciendo relaciones de distinto tipo.

        Aún así, siempre es posible detectar precisos e identificables referentes empíricos en cada uno de los sectores. Teniendo en cuenta esas advertencias, pasemos a identificar los componentes del sector solidario:

        En base a las relaciones de comensalidad y reciprocidad, se estructuran las actividades económicas que se dan al interior de las familias (la llamada "economía doméstica"), la "economía de las comunidades", "economía de los grupos étnicos tradicionales", la "economía campesina" y la "economía popular de subsistencia".

        En base a las relaciones de cooperación, se conforma la "economía cooperativa" y algunas formas de "economía comunitaria". Nuestro trabajo hará especial referencia a este tipo de relaciones, al tener como objeto de análisis el cooperativismo de producción.

        En base a las relaciones de donación, se organizan actividades económicas de diverso tipo llevadas a cabo por Fundaciones, Agencias, Instituciones de servicio y promoción, etc. También debemos mencionar las diversas formas de "Trabajo Voluntario", que canalizan energías solidarias de grandes grupos, fundamentalmente juveniles.

        El sector solidario presente una serie de características que lo ubican como articulador de una racionalidad propia. Entre esas características Razeto cita el vínculo estrecho que se establece entre producción y consumo: en la mayor parte de las unidades económicas que componen el sector se realizan simultáneamente las actividades y funciones de producción, distribución y consumo, debido a que en ellas no se establecen generalmente relaciones de intercambio y mediaciones monetarias. Esta característica más bien reservadas a ciertas "Organizaciones Económicas Populares" (OEPs), veremos más adelante que no necesariamente es desarrollada en el marco de las unidades cooperativistas.

        Otra de las características del sector señalada por Razeto es la búsqueda simultánea de satisfacción de necesidades de distinto tipo, a través de un complejo integrado de actividades desplegadas en una misma organización. Es propio en ese sentido, que una organización económica solidaria, satisfaga al mismo tiempo necesidades fisiológicas y espirituales, de convivencia e integrales, etc. En el cooperativismo es posible detectar esta característica. Creemos que muchos cooperativistas no sólo trabajan en cooperativas para satisfacer una necesidad material (de trabajo, ingresos, etc.) sino que además de ello, que es básico, el cooperativismo potencia la satisfacción de otro tipo de necesidades más "espirituales" como el trabajo en conjunto, la convivencia, cooperación, etc.

        La especial relación entre los objetivos y los medios, los beneficios y los costos es otra de las características de la economía solidaria. El concepto de eficiencia es notablemente confuso en estas unidades, ya que los factores utilizados son muchas veces desechados en otros sectores de la economía, y la pluralidad de objetivos que persiguen muchas unidades de la economía solidaria hace especialmente difícil contabilizar la relación objetivos/medios. En nuestro objeto de estudio, las cooperativas fundadas como consecuencia de la crisis de la empresa madre, esta característica estará plenamente visible en todos los casos. Se tratan de unidades de producción que empezaron y a veces continúan, trabajando con medios desechados por la economía convencional, los que sin embargo son reactivados por los trabajadores y utilizados para el desarrollo económico de esas unidades.

        Otro elemento de racionalidad es que los intereses, objetivos y aspiraciones de cada miembro no se encuentran en oposición con los que tienen los demás integrantes. En las empresas tradicionales, si bien las modernas técnicas de gestión están buscando la implicación de todos los actores, lo que redundaría en un sistema de relaciones laborales no basado en los antagonismos sino en los intereses comunes(25), parecería lógico pensar que la organización tradicional del trabajo (léase las empresas basadas en el Taylorismo o Neo Taylorismo), tiende a marcar grandes diferencias de intereses entre trabajadores y decisores o empresarios. En las organizaciones solidarias ello no ocurre así, y en el cooperativismo, teóricamente, en tanto basado en las relaciones de cooperación, los intereses individuales estarán íntimamente relacionados a los del colectivo, o dicho de otra manera: al ser el colectivo integrado por cada una de las individualidades, éstas se encuentran integradas a aquél y no en oposición.

        Otra de las características es que, debido a la racionalidad propia del sector, muchas unidades tienden a trabajar con un número de integrantes, que desde el punto de vista técnico, de relación entre medios, puede resultar excesivo. Sucede en este caso, que el recurso disponible para los sectores más populares, es el de la mano de obra, y en ese sentido, no hacen más que utilizar el recurso más a mano. Ello significa, que no tienen la posibilidad de flexibilizar el uso de los factores para hacer de la unidad económica más eficiente. Sin embargo, los costos en materia de desempleo que lleva el sector de intercambios nos hace pensar que esa particular "ineficiencia" del sector solidario contribuye en gran forma a no generar mayores niveles de desempleo de los que ya existen. En las cooperativas estudiadas este no deja de ser un gran problema, que sin embargo, como dijimos se ve mitigado por las razones sociales expuestas.

        El carácter integrativo del sector es otra de las características, que se relaciona con la particular forma de ejercer el poder. A diferencia del sector de intercambios, donde cada uno utiliza su poder intentando obtener ventajas sobre su oponente (en muchos casos el "patrón", pero no necesariamente, sino que muchas veces pueden ser trabajadores de otro sector, etc.), en el sector solidario eso no tiene mayor sentido en tanto los objetivos de uno comulgan de forma más efectiva con los del colectivo.

        Otro de los aportes sustantivos de Razeto es que el sector solidario presenta un modo de crecimiento y desarrollo particular. Veamos que significa eso: como vimos, las unidades económicas organizadas solidariamente, tienden a satisfacer conjuntamente las llamadas necesidades fisiológicas y espirituales, de autoconservación y de convivencia(26) . Si eso es realmente así, entonces es claro que las potencialidades de crecimiento del sector estarán condicionadas por la concreta estructura de necesidades que predomine en cada contexto social determinado. En ese sentido, en la medida que las necesidades llamadas espirituales y las de convivencia sean altamente valoradas, entonces el sector solidario se desarrollará con mayor fuerza. En cambio, si las necesidades fisiológicas y de autoconservación priman sobre las otras, las posibilidades serán menores. Claro que ello en definitiva dependerá también del grado de desarrollo global. En tal sentido, sabemos que las necesidades espirituales y de convivencia comienzan a tener demanda luego de un cierto nivel considerado esencial de satisfacción de las necesidades de subsistencia. Al decir de Razeto "la pobreza (no la miseria), en muchos casos determina el desarrollo de valores culturales solidarios, de convivencia y generosidad notables, lo que a menudo encuentra expresión en las distintas formas de economía solidaria".

        En este caso, el futuro del sector Finalmente debemos señalar que el sector solidario presenta un modo de acumulación particular. solidario no queda asegurado tanto por la posesión de riquezas, sino principalmente por la riqueza de las relaciones sociales y por el potenciamiento de las capacidades y recursos humanos a los efectos de poder enfrentar de mejor forma los constantes desafíos de la economía.

    Destruyendo mitos: ¿es la nuestra una sociedad capitalista?.

        Para responder a esta pregunta deberemos ir por partes. En primer lugar intentaremos distinguir con Razeto, los recursos económicos de los factores económicos y éstos de las categorías económicas.

        Consideraremos como recursos económicos, "todos aquellos elementos y fuerzas, materiales e inmateriales, naturales y humanas, que tengan la potencialidad de ser aprovechados en algún proceso o actividad económica de cualquier tipo". En ese sentido, difícilmente podremos hablar -como lo hacen muchos economistas- de recursos escasos, cuando en todas partes encontramos elementos y fuerzas físicas, humanas, sociales, etc. que no habiendo sido utilizadas, podrían estar empleadas en la actividad económica.

        Distinto es el caso de los factores económicos, "aquellos elementos y fuerzas materiales e inmateriales que participan actualmente en los procesos y actividades económicas", o dicho en otros términos, recursos que se encuentran organizados económicamente.

        Los factores son los recursos con los que cuenta la empresa en tanto unidad económica de cualquier tipo. En tal sentido, podemos decir que los recursos entran en la esfera de lo económico cuando un sujeto los decide emplear en alguna actividad racionalmente organizada, en la distribución de bienes y servicios que satisfagan necesidades específicas. Ahora bien, la economía convencional sólo ha distinguido entre el capital y el trabajo como factores de producción, cuando en realidad es posible identificar varios. Razeto, en particular, nos presenta seis principales tipos:

        a) El factor trabajo, esto es, "las capacidades físicas e intelectuales de las personas, que las hacen aptas para ejecutar una serie de actividades laborales participando directamente en el proceso económico".

        b) El factor tecnológico: "el conjunto de los conocimientos e informaciones relativos a -y objetivados en- unos procesos y sistemas técnicos de producción, organización del trabajo, comercialización, etc.".

        c) El factor medios materiales: "el conjunto de los elementos físicos, instalaciones, instrumentos, equipamiento, insumo y materias primas, etc.".

        d) El factor financiero: "constituido normalmente por una cierta cantidad de dinero, o por una capacidad de crédito, que permite contratar factores y establecer relaciones económicas (de intercambios) en el mercado".

        e) El factor administrativo y gerencial: "sistema de coordinación y dirección unificada de las funciones y actividades económicas".

        f) El factor C, más propio de las empresas alternativas, donde priman una serie de valores que comienzan con la letra C: "cooperación", "comunidad", "colectividad", "colaboración", etc., lo que propiamente se transforma en un factor fundamental sobre todo en aquellas empresas que operan cooperativa y coordinadamente "proporcionado un conjunto de beneficios a cada integrante, y un mejor rendimiento y eficiencia a la unidad económica".

        De acuerdo a esta clasificación, es notorio que podemos distinguir distintos tipos de empresas de acuerdo, por ejemplo, a la intensidad con la que usen los distintos factores. Es más, algunos pueden sustituir o hegemonizar claramente a otros: "lo más interesante aquí es que ciertos factores pueden sustituirse mejor a unos que a otros. Por ejemplo, existen mayores facilidades de sustitución entre los siguientes pares de factores: medios materiales de trabajo y fuerza de trabajo; tecnología y financiamiento; administración y Factor C".

        A través de la historia de la economía hemos podido detectar muchas discusiones tendientes a priorizar algunos factores sobre otros (Fisiócratas que postulaban a la tierra como el factor más importante, los clásicos que elevaron el trabajo al primer rango, y los neo-clásicos postulando la primacía del capital). En tal sentido vale afirmar que los seis factores señalados son todos necesarios para que la actividad económica se efectúe. Esto nos lleva de la mano a un interesante análisis: los factores son organizados a nivel empresarial, esto es, se encuentran combinados conforme a cantidades y proporciones diferentes. Estas distintas combinaciones implican intensidades diferentes en el uso de cada factor, pudiéndose así hablar de "factor más intensivo". A esta organización de factores la podemos llamar "organización técnica".

        Pero sucede, que además, es posible detectar otro tipo de organización de factores a la que llamamos "organización económica de factores", que consiste en integrar a los distintos sujetos que aportan los factores(27) en una unidad de gestión que opere racionalmente tras la consecución de determinados objetivos generales de la empresa. Esa capacidad de integrar los factores es desarrollada siempre por algún factor en particular, lo que nos permite distinguir entre el factor organizador y los factores organizados. El factor organizador es el que pone los objetivos generales de la empresa, mientras que los objetivos e intereses de los otros factores se presentarán subordinados. De hecho, y esto será central para comprender nuestras tesis, cualquiera de los factores puede transformarse en factor organizador.

        En las empresas capitalistas, el factor organizador es el financiero, capaz de combinar a los otros para la obtención de ganancias que signifiquen la máxima rentabilidad del financiamiento invertido. Pero los otros factores también pueden contratar al resto y subordinarlos a su lógica. Detengámonos en el factor trabajo: éste puede ponerse como factor organizador formando cooperativas de trabajo o talleres autogestionados: "en tales casos los trabajadores asociados estarán utilizando en forma autónoma sus capacidades laborales, en vez de contratarlas por un salario fijo en empresas que no controlan".

        Es así que, en relación al factor que se disponga como organizador podremos distinguir diferentes tipos de empresas: empresas capitalistas, empresas de rentas, empresas de tecnología, empresas de administración, empresas de trabajadores, empresas comunitarias.

        Llamaremos categoría económica a aquellos factores que participan en cuanto organizadores de unidades económicas. En una economía capitalista el factor finaciero es el que predomina, constituyéndose el capital en la categoría más importante

        Contestando la pregunta que hacía de título a este apartado, diremos que la nuestra no es una economía capitalista, sino principalmente capitalista, pues el capital predomina teórica y prácticamente. Sin embargo, en la práctica es posible advertir empresas organizadas por otros factores, y relaciones económicas distintas a las del intercambio. En el plano teórico, tesis como las que estamos repasando, con sus virtudes y defectos, contribuirán sin duda a democratizar el pensamiento económico. .

        Decíamos que en la práctica es posible observar cómo algunas empresas podían organizarse en torno a factores distintos al capitalista. En ese sentido, trataremos de demostrar que el cooperativismo de producción que surge como fruto de la crisis de empresas capitalistas (pero el cooperativismo en general también), se distingue económicamente de las empresas tradicionales fundamentalmente por el hecho de estar organizadas por categorías distintas a las del capital, en concreto, por las categorías Trabajo y Factor C. Diremos con Razeto que "el hecho de estar constituidas en base a categorías económicas y a factores que son inseparables de las personas que las realizan (a diferencia del capital que estando también asociado a personas se basa en un factor económico separable de sus poseedores), confiere a las empresas cooperativas un carácter personalizado, comunitario y solidario original" (subrayado nuestro).

    ¿Que es el Cooperativismo?

        Veamos desde el punto de vista organizacional que entendemos por cooperativa. Desde la disciplina de la sociología de las organizaciones debo admitir que poco se ha analizado estas formas organizacionales alternativas. Creo sin embargo en la validez de hacer actuar la sociología de las organizaciones para comprender más y mejor el fenómeno cooperativo.

        Una definición operativa amplia de la organización formal es comprenderla como "un sistema de actividades coordinadas de un grupo de personas que cooperan en procura de una meta común bajo la autoridad y el liderazgo"(28) . No cabe duda que las cooperativas son una organización integrada por esos cuatro elementos:

        1.- Un sistema de actividades coordinadas. La organización se comprende como sistema integrado por partes que deben coordinarse para su puesta en marcha y mejor funcionamiento. Esas partes pueden ser entendidas como subsistemas para su comprensión en relación al conjunto. Desde ese punto de vista, la organización formal, como sistema, integrado por partes o subsistemas, empieza a funcionar como tal cuando se sincronizan sus actividades en una relación lógica

        2.- Un grupo de personas. Obviamente la organización se hace con personas. Tal "perogrullada", no deja de lado, como señala Perrow, que la organización también se compone de cosas inanimadas. Sin embargo el objeto fundamental de análisis es la acción e interacción de esas personas al igual que su relación con las "cosas" con que se encuentran.

        3.- Cooperación en persecución de una meta. Las organizaciones tienen objetivos explícitos hacia los cuáles apuntan todas las funciones. La cooperación, al igual que el conflicto, es un comportamiento humano absolutamente normal, íntimamente relacionado con la consecución de esos objetivos.

        4.- Dirección y liderazgo. La dirección es una función que se hace necesaria en cualquier organización con diversos niveles. e liderazgo, a su vez, es una propiedad o cualidad personal de una persona, de rango ejecutivo, "que promueve el esfuerzo voluntario de colaboración en procura de una meta"(29).

        Estos elementos, definidos en varios textos clásicos de las organizaciones, nos pueden servir para comenzar nuestro análisis del cooperativismo como fenómeno organizacional diferentes al del resto de las organizaciones productivas, u organizaciones productivas tradicionales. En efecto, analizando uno a uno los elementos encontramos algunas características distintivas del fenómeno cooperativo.

        En el último Congreso de la Alianza Cooperativa Internacional, realizado recientemente en Manchester, se definió una cooperativa como "una asociación autónoma de personas que se han unido voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes por medio de una empresa de propiedad conjunta y democráticamente controlada". Tal definición nos sumerge en sus características organizacionales más típicas. La cooperativa es un sistema de actividades coordinadas, formada por personas asociadas que cooperan para hacer frente a diversos tipos de necesidades y aspiraciones, bajo una dirección y liderazgo definidos conjunta y democráticamente. Las diferencias con las organizaciones productivas clásicas ya empiezan a avizorarse. Lo hacen fundamentalmente en la forma en que se coordinan las actividades, pero mucho más claramente en el tipo de grupo de personas que integra la organización (cooperativistas que se unen voluntariamente y buscan con su trabajo hacer frente a diversas necesidades (30)), el tipo y grado de cooperación entre los miembros, que se constituye no sólo en una función, sino además en un principio operativo; la consecución de metas definidas entre los miembros y no impuesta externamente, y finalmente por formas de dirección y liderazgos definidos y controlados democráticamente.

        Todo ello hace de la organización cooperativa, una alternativa empresarial diferente a otras organizaciones. En materia de fines, por ejemplo, podríamos coincidir que no hay diferencias formales entre la búsqueda de lucro por parte de una empresa tradicional y otra cooperativa. Hay diferencias sin embargo en la relación existente entre esos fines organizacionales y los fines de cada uno de los miembros que conforman la organización. Como señalábamos más arriba, una de las características de las OEPs., y también de las cooperativas, es la inexistencia de antagonismos o diferencias entre los fines de las organizaciones y de los miembros, ya que los primeros fueron definidos e implementados entre todos. En este caso, un éxito económico de la cooperativa redundará directamente en un mayor bienestar de sus miembros. En un régimen asalariado, a un éxito de la empresa le suceden diferencias en cómo se repartirán las ganancias, debido a que capital y trabajo residen en manos diferentes. En una cooperativa de producción, como las que analizamos en este estudio, el trabajo organiza el capital y adquiere su forma. Reinvertir en el local, máquinas, etc., en definitiva es incrementar un capital formado por el trabajo y subsumido a sus intereses.

        Pero la cooperativa como organización no puede tomarse aisladamente desde el punto de vista normativo. Una cooperativa tiene principios y valores que la orientan de una forma francamente distinta a cómo se lleva ideológicamente adelante una empresa tradicional.

        El Cooperativismo, en tal sentido, se desarrolla en medio de una serie de valores, también definidos por la ACI, entre los que se distinguen la ayuda mutua, la responsabilidad, la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad.

        En base a esos valores se establecen una serie de principios que deben regular la vida de estas organizaciones. En el mencionado encuentro de Manchester, se enumeraron siete principios:

        1. Membresía abierta y voluntaria: "Las cooperativas son organizaciones voluntarias abiertas para todas aquellas personas dispuestas a utilizar sus servicios y dispuestas a aceptar las responsabilidades que conlleva la membresía sin discriminación de género, raza, clase social, posición política o religiosa".

        2. Control democrático de los miembros: "Las cooperativas son organizaciones democráticas controladas por sus miembros, quienes participan activamente en la definición de las políticas y en la toma de decisiones. Los hombres y mujeres elegidos para representar su cooperativa responden ante los miembros. En las cooperativas de base los miembros tienen igual derecho de voto (un miembro, un voto) mientras en las cooperativas de otros niveles también se organizan con procedimientos democráticos". Esta última anotación da pié para que cooperativas de segundo grado puedan aplicar sistemas de votación proporcional.

        3. Participación económica de los miembros: "los miembros contribuyen de manera equitativa y controlan de manera democrática el capital de la cooperativa. Por lo menos una parte de ese capital es propiedad común de la cooperativa. Usualmente reciben una compensación limitada, si es que la hay, sobre el capital suscrito como condición de membresía. Los miembros asignan excedentes para cualquiera de los siguientes propósitos: el desarrollo de la cooperativa mediante la posible creación de reservas, de las cuáles al menos una parte debe ser indivisible; los beneficios para los miembros en proporción con sus transacciones con la cooperativa; y el apoyo a otras actividades según lo apruebe la membresía".

        4. Autonomía e independencia: "Las cooperativas son organizaciones autónomas de ayuda mutua, controladas por sus miembros. Si entran en acuerdos con otras organizaciones (incluyendo gobiernos) o tienen capital de fuentes externas, lo realizan en términos que aseguren el control democrático por parte de sus miembros y mantengan la autonomía de la cooperativa". Este principio regula entonces los vínculos de la organización cooperativa con el entorno no cooperativo (sector regulado y de intercambios, al decir de Razeto).

        5. Educación, entrenamiento e información: "Las cooperativas brindan educación y entrenamiento a sus miembros, a sus dirigentes electos, gerentes y empleados, de tal forma que contribuyan eficazmente al desarrollo de sus cooperativas. Las cooperativas informan al público en general -particularmente a jóvenes y creadores de opinión- acerca de la naturaleza y beneficios del cooperativismo"

        6. La cooperación entre cooperativas: "Las cooperativas sirven a sus miembros más eficazmente y fortalecen el movimiento cooperativo trabajando de manera conjunta por medio de estructuras locales, nacionales, regionales e internacionales".

        7. Compromiso con la comunidad: "la cooperativa trabaja para el desarrollo sostenible de su comunidad por medio de políticas aceptadas por sus miembros".

        Más allá de esos principios, que son fundamentales para entender el desarrollo del cooperativismo en todo el mundo, y que indudablemente guían a muchas empresas de este tipo, y las distinguen de las empresas tradicionales o fundadas en el capital; la característica mayor en el plano económico y organizacional del cooperativismo, reiteramos, es el estar fundado en categorías económicas distintas. Este hecho es el que hace compresible toda la batería de principios que el movimiento ha desarrollado desde el siglo pasado. De alguna manera podemos decir que la alternatividad económica del cooperativismo se basa en el uso de categorías organizadoras distintas, asociadas a una estrategia en el marco de una serie de principios voluntariamente asumidos entre los miembros.

        En una empresa tradicional, la actividad empresarial comienza cuando el factor financiero se erige en categoría contratando y subsumiendo a los otros factores necesarios para la actividad económica. De tal manera, el capital contrata trabajo, tecnología, gestión administrativa, etc. para hacer marchar a la unidad toda. Económica y subjetivamente esta forma de organizar la unidad económica tiene una serie de connotaciones que no desarrollaremos en este trabajo, que cambian notoriamente cuando al comienzo, el factor económico que da pié a la unidad, es distinto al financiero. Es lo que sucede cuando el factor trabajo se erige en categoría Trabajo y pasa a dominar la forma de hacer economía. El Trabajo en este caso contrata y subsume al resto de los factores. El Trabajo (factor íntimamente ligado al trabajador, y por tanto mucho más personalizado que el resto de los factores) se transforma en organizador y sale a contratar al resto de los factores. Obviamente, necesitará del factor financiero, el que conseguirá luego de operacionalizar cuánto de trabajo se necesitará invertir para conseguirlo. Lo mismo con el resto de los factores.

        De tal forma lo anterior, que el Cooperativismo de Producción nace de la unión de trabajadores, quienes muchas veces sin mayores recursos que su propia fuerza de trabajo, logran montar una empresa que les brinda la seguridad de un empleo y de una forma de organizarlo más personalizada y solidaria. Las propias connotaciones de este fenómeno lleva a que se vayan construyendo a su interior una cultura que irá desarrollando y vivenciando -con mayor o menor fuerza- los principios a los que hacíamos referencia. Conforme se va avanzando, sin embargo, esos principios luego se pueden transformar en verdaderas metas y objetivos a perseguir entre todos. Por lo tanto, lo que alguna vez nació como fruto de una actividad determinada, conforme va avanzando y desarrollándose, puede dar lugar a un horizonte a alcanzar.

    Cooperativismo en el Uruguay

        En 1986, Juan Pablo Terra realizaba un análisis sociológico e histórico del movimiento cooperativo en el Uruguay que abarcaba todos los tipos de cooperativas. Dicha clasificación y análisis nos servirá de base para comprender el amplio espectro de este tipo de organización económica y social en el país.

    1.- Las cooperativas de consumidores.

        Al decir de Terra, las cooperativas de consumo son "aquellas asociaciones que, ajustadas a los principios generales cooperativos, tienen por fín específico proveer a los asociados de los bienes de consumo que estos requieran, comprándolos y organizando el suministro en común".

        La de consumo fue la primer forma cooperativa que se dio en lo internacional si se establece como fundacional de lo cooperativo la "Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale", en Inglaterra, 1844.

        En Uruguay, las primeras experiencias cooperativas de consumo, tuvieron su origen en los años ochenta del siglo pasado: la "sociedad Cooperativa de Consumo" de 1888, la "Sociedad Cooperativa de Consumo de la Carne" en 1889 (31). En 1909, se forma la "Sociedad Cooperativa de Consumo La Unión", en Juan Lacaze, conformada por 47 obreros de la textil "Salvo, Campomar y Cia.", que habría de durar hasta nuestros días.

        A partir de allí, son innumerables las cooperativas de consumo que se conforman a lo largo y ancho del país.

        En cuanto a los niveles de participación, es común afirmar que en estos tipos de cooperativas es bajo, ya que se tratan de asociaciones con muchos integrantes a los efectos de aprovechar las economías de escala. Para 1981, la mayor cooperativa sería la de la Previsión Social con 41.329 socios. de acuerdo al primer relevamiento nacional de entidades cooperativas de 1989, fueron relevadas 62 cooperativas de consumo.

    2.- Las Cooperativas de Ahorro y Crédito.

        Podríamos definirlas como aquellas asociaciones que basadas en los principios del cooperativismo tienen como objetivo permitir y facilitar el ahorro de sus socios y beneficiarlos con créditos y otros servicios financieros.

        A nivel internacional encontramos sus orígenes en los bancos populares de H. Schulze en Alemania y las cooperativas de ahorro y crédito rural de F. W. Raiffeisen, por la mitad del siglo pasado.

        En Uruguay su origen se relaciona con los militantes católicos congregados en los Círculos Católicos de Obreros, quienes a partir de 1902 impulsarían las primeras cajas populares: La Caja Obrera (luego constituida en banco), y cajas populares en diversas localidades del interior del país. Luego de pasar por diversas etapas, en 1971 se aprueba la Ley 13.988 que establece el régimen jurídico de las cooperativas de ahorro y crédito, lo que inaugura una nueva etapa en este tipo de cooperativismo. En 1972 se funda FUCAC y COFAC. En 1976 se funda FECOAC. Para 1989, fueron relevadas 63 cooperativas de ahorro y crédito.

    3.- Las Cooperativas de Vivienda.

        Podríamos definirlas como aquellas asociaciones que, basadas en los principios del cooperativismo, buscan proveer de alojamiento y servicios conexos a sus asociados por diversos medios que incluyen el esfuerzo propio, la ayuda mutua, el contrato con terceros, etc.

        En Uruguay los primeros gérmenes de cooperativismo de Vivienda los encontramos en los años sesenta, promovidos por el centro Cooperativista Uruguayo. Pero será sin duda a partir de la promulgación de la Ley de Vivienda (Ley No. 13.728 del 17 de Enero de 1969), que el cooperativismo en esta rama tendrá un gran desarrollo, sobre todo en las de ayuda mutua, que nuclearían a sectores básicamente populares. Las cooperativas de vivienda relevadas en el censo de 1989 fueron 473.

    4.- Las Cooperativas Agropecuarias.

        Estas, como señala Terra, "se definen por el medio", más que por sus objetivos que pueden relacionarse con la producción (aunque básicamente a la fase de comercialización) o con el consumo (fundamentalmente la adquisición de bienes en conjunto).

        En Uruguay el movimiento empieza a cobrar forma con las sociedades de fomento rural, lo sindicatos agrícolas y otras formas. Las cooperativas propiamente dichas, no aparecerán sin embargo, hasta los años 30, y cobrarán mayor peso luego de promulgada la Ley de Cooperativas Agropecuarias de 1941.

        Siguiendo a Terra, podemos destacar cuatro variables que distinguen tipos al interior de las cooperativas agropecuarias. De acuerdo a los productos con los que opera, el grupo más numeroso es el de las cooperativas ganaderas, pero también figuran cooperativas cerealeras, lecheras, arroceras, etc.. De acuerdo a las operaciones que realiza, la gran mayoría se dedica a la comercialización y servicios. De acuerdo al rol que juega el estado se pueden distinguir las cooperativas propiamente dichas, de las mixtas (caso más notorio Conaprole). De acuerdo al grado, finalmente, podemos distinguir las de primer y segundo grado.

        El censo de 1989 relevó entre las cooperativas agrarias y las Sociedades de Fomento Rural, un total de 206 para todo el país.

    5.- Las Cooperativas de Producción.

        Preferimos dejar éstas para lo último, ya que nuestro estudio estará basado en las de Producción.

        Una primer definición clásica las distingue como "asociaciones de trabajadores que producen con sus propios medios de producción y por su propia cuenta, repartiéndose el producto en proporción al trabajo aportado".

        Hay dos características que son propias de las cooperativas de producción y que quiséramos destacar: la participación activa de los socios en la producción de los bienes o servicios que realiza la cooperativa, y la búsqueda de lucro. Esto último es fundamental señalarlo, ya que indudablemente en torno a esta característica se han presentado diversas opiniones. Sin embargo, resulta claro que estamos hablando de empresas cooperativas que estarán buscando imputs más importantes que outputs para hacerse viable económicamente. En torno al marco teórico en el que nos inscribimos, diremos que la empresa cooperativa buscará hacer rendir el factor invertido que se transforma en organizador, esto es, el factor trabajo. La actividad económica llevará a que los ingresos de la empresa sean divididos entre los distintos factores. Las utilidades finales corresponderán al factor organizador, en este caso el Trabajo; en el caso de las empresa tradicionales el Capital (32).

        Las cooperativas de producción aparecen formalmente en Uruguay luego de aprobarse la Ley General de Cooperativas en 1946. Sin embargo, de hecho, y bajo otras formas jurídicas, existen en Uruguay desde el siglo pasado. Recientemente Yamandú Gonzalez Sierra, detectó gérmenes del cooperativismo de producción ya en 1878 con la "Sociedad Tipográfica Cooperativa La Capital", entre otras que irían surgiendo a partir de entonces(33) . A nivel internacional, sin dudas los primeros brotes surgen en Francia en los años 40 del siglo pasado a impulsos de Buchez.

        El relevamiento de 1989, más allá de algunos problemas en la definición del objeto de estudio(34) , detectó unas 210 cooperativas de producción con un total de 8.815 socios, lo que hace un promedio de 47 socios por cooperativa. En Montevideo el promedio ascendía a 79 socios por cooperativa. En Uruguay la Federación de Cooperativas de Producción (FCPU) agrupa para 1996, a alrededor de 100 cooperativas.

        En lo que respecta a los objetivos de la investigación, cabe reiterar que según los datos de dicho censo, buena parte de estas cooperativas surgían en procesos de crisis de sus empresas originales y tradicionales, lo que obligaba a los trabajadores a continuar la producción en forma cooperativa y bajo malas condiciones originales. El ya citado relevamiento de 1989, indica que alrededor del 15% de las cooperativas de producción nacieron luego de la liquidación de la empresa madre.

        De acuerdo al relevamiento realizado en el marco de la presente investigación, surge que en Montevideo y Canelones hay 115 cooperativas de producción cuya discriminación por Sector de Actividad figura en el Cuadro No. 1.

        Allí se observa la gran incidencia que tienen las cooperativas de taxistas, de nobel aparición a partir de la política municipal dirigida al sector durante la administración en Montevideo del Dr. Tabaré Vazquez. Otros sectores de importancia son el de la Salud y los Servicios.

    Cuadro 1: cooperativas de producción en Montevideo y Canelones, según Sector de Actividad.

    pág.76


    SECTOR DE ACTIVIDAD

     


    NRO. DE COOPERATIVAS
    Industria Manufacturera 6
    Artesanía 5
    Pesca 1
    Taxis 56
    Transporte colectivo 6
    Transporte de mercadería 1
    Salud 15
    Enseñanza 5
    Comercio 4
    Medios de Comunicación 3
    Servicios varios 10
    Asistencia e investigación 2
    Otros sectores 1
    Total 115

    Fuente: DS/FCS/Udelar, 1997.

    En cuanto al nivel de socios, la información recogida es expuesta en el Cuadro No. 2.

    Cuadro 2: Número de socios en Cooperativas de Producción en Montevideo y Canelones según Sector de Actividad.

     

    SECTOR DE ACTIVIDAD

     

    NRO. SOCIOS
    Industria Manufacturera 81
    Artesanía 76
    Pesca 12
    Taxis