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Prologo del
autor
La investigación que a
continuación se presenta, pretende ser solamente una contribución inicial
al análisis teórico y práctico del modo de hacer economía de algunos
agentes de la sociedad, que por sus características, podríamos entenderlos
formando parte de lo que habremos de llamar economía alternativa o de la
solidaridad.
La contribución teórica, se
enmarca en la búsqueda todavía muy "en pañales", pero absolutamente
necesaria, de una "refundación" de la economía tradicional, que pudiera
contemplar a pié de igualdad, una serie de agentes, relaciones y circuitos
que presentan recursos, factores, valores y formas distintas de hacer
economía, con respecto a los agentes, relaciones y circuitos que
privilegió la mayor de las veces, la economía convencional a todo
nivel.
La contribución en el plano
práctico, es mucho más humilde. En íntima consonancia con el marco
teórico, pretendemos analizar el fenómeno del cooperativismo de producción
en Uruguay, con sus limitantes y potencialidades, a partir de las
experiencias de algunas de las cooperativas fundadas en los últimos años
luego de la quiebra de sus empresas "madres", organizadas en el capital.
Quisiera confesarle al lector
dos cosas que serán plenamente visibles a lo largo de estas páginas. En
primer lugar, que si bien se parte de una análisis científicamente
riguroso de una realidad social muy destacable, no creemos en la frialdad
de las ciencias sociales. Por ello, el autor escoge un tema de análisis
con la espectativa y la esperanza de estar contribuyendo no solo a
engrosar biblotecas cada vez más desbordadas de material académico; sino
fundamentalmente, con el sincero anhelo de que algunas de las ideas aquí
manejadas pudieran ayudar en la búsqueda de caminos viables de superación
de la crisis económica, social, cultural y moral en la que se encuentran
la mayoría de nuestros "prójimos" en el mundo entero.
En segundo lugar, confesarles
que estas páginas no me pertenecen. Tan solo, desde mi rol de cientista
social, he intentado prestar atención a diversas lecturas de la sociedad
contemporánea, escogiendo las que he entenido más oportunas para
interpretar algunas experiencias de organización económica de gente
uruguaya, que son en definitiva, los verdaderos autores de este trabajo.
La presente investigación fue
realizada en el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias
Sociales de la Universidad de la República, con el apoyo de la Comisión
Sectorial de Investigación Científica (CSIC) en el marco de su Programa de
Retornados Científicos. Dicho Programa, por tanto, ha sido fundamental
para poder llevar a cabo este trabajo.
He contado para la elaboración
de ésta, con la colaboración de la Federación de Cooperativas de
Producción del Uruguay (FCPU), que resolvió considerarla de interés
cooperativo. Agradezco en especial a las autoridades del Consejo Directivo
y a su secretaria ejecutiva, Raquel Castro, quien estuvo en todo momento
dispuesta a lograr la mayor coordinación posible con nosotros.
Quisiera agradecer además, al
Director del Departamento de Sociología, Prof. Gerónimo De Sierra, quien
siempre se mostró interesado en la evolución de este trabajo; y a todos
quienes colaboraron de alguna forma u otra, con sus ideas, aportes,
comentarios y recomendaciones: a Marcos Supervielle del Departamento de
Sociología; Jorge Bertullo, Lilián Morales y Silvia Amado del Centro
Cooperativista del Uruguay; Juan P. Martí del Centro de Participación
Popular; y a Carmen Alonso, Beatriz Canta, Isabel Rodriguez, Andrea
Storace y Lidia Torrieri, quiénes en calidad de estudiantes del Seminario
de Sociología del Trabajo del segundo semestre de 1996, se interesaron
especialmente en esta investigación y dedicaron valiosas horas a analizar
las hipótesis de trabajo aquí expuestas y realizar importantes trabajos de
campo que hemos utilizado como insumos.
Finalmente, como no podía ser
de otra manera, agradecer a los verdaderos protagonistas de este trabajo:
a los socios cooperativistas de las empresas seleccionadas, que pudieron
brindarnos parte de su valioso tiempo de trabajo para contarnos las
experiencias y vivencias recorridas en estos años de trabajo alternativo.
Introducción.
Empezaremos este trabajo con una
reflexión general acerca de la condición humana, que al menos al
principio, a muchos lectores les parecerá extraña: no cabe duda que cada
una de nuestras visiones acerca de la sociedad y sus variados
comportamientos, residen en una particular composición genética y
psicológica (que ha dado lugar al campo de análisis del comportamiento
individual), pero además de un conjunto de normas, valores, ritos, etc.
que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestras vidas, y que en
definitiva han servido como campo de análisis del comportamiento para los
sociólogos.
De esta manera, podemos decir,
encontraremos tantas visiones particulares como sujetos existan, en tanto
cada uno de ellos tomó y adoptó esas normas de acuerdo a sus propias
capacidades y limitaciones.
Sin embargo, cada una de estas
visiones estarán influidas por ese conjunto normativo al que hacíamos
referencia, esa particular cultura del "momento" y del "lugar" que
indudablemente moldea nuestras acciones y comportamientos.
Detengámonos en el campo económico:
sostengo que todos quienes nos movemos en el plano de una sociedad como la
nuestra, estamos básicamente influidos en nuestros análisis económicos
por un conjunto de premisas que hemos ido recibiendo constantemente de lo
que podemos llamar la "economía convencional", en sus más variadas
manifestaciones (economía clásica, neo-clásica, marxista, etc.).
En ese sentido, y a manera de
ejemplo, cuando intentamos definir con un nombre el tipo de economía en la
que estamos viviendo, contestamos sin más "economía capitalista". Incluso,
nuestra particular forma de ver y analizar esa "economía capitalista",
está fundamentalmente sesgada al punto de no percibir formas empresariales
que no comulgan con la actividad económica propiamente capitalista. A lo
más, una vez detectadas esas particulares formas de operar, creemos que en
realidad funcionan en última instancia con la misma lógica que el resto
-la mayoría de las unidades económicas-.
En el plano académico, uno de los
indicadores de este encapsulamiento teórico que se refleja en la práctica
investigativa, es la relativa ausencia(1) de investigaciones sobre el
fenómeno del cooperativismo. Otro de los indicadores, ya no sólo a
nivel nacional sino mundial, es la escasa relevancia que han tenido
elaboraciones teóricas que hayan intentado o estén intentando reformular
algunos conceptos y nociones de esa "economía convencional" a la que
hacíamos referencia.
En ese sentido, aquí intentaremos
hacer frente (aunque más no sea en forma primaria) a esos dos problemas.
La presente investigación tiene como objetivo analizar el caso de las
empresas de producción que han entrado en quiebra en los últimos años y
que han pasado a manos de los trabajadores constituyéndose en
cooperativas. Este análisis se hará en el marco de las tesis de
reconceptualización de la economía, intentando redefinir algunos elementos
claves que permitirán obtener una visión más clara del fenómeno
cooperativo en Uruguay, intentando aportar en tal sentido, una reflexión
que ubique a estas unidades económicas como diferentes en sus formas de
operar, a las que se desarrollan en el marco de las relaciones de
intercambio.
Objetivos de la Investigación.
Sobre todo desde el año 1946 en
Uruguay, cuando se legisla en materia cooperativa con la Ley 10.761,
empiezan a surgir con fuerza una serie de organizaciones económicas que
inmediatamente se irán diferenciando de las empresas tradicionales en sus
modos de hacer economía. Nuestro país daba un importante paso al legislar
sobre aspectos relativos a las empresas cooperativas, lo que sin duda
contribuyó para que varios miles de uruguayos pudieran depositar sus
esfuerzos en el marco de una serie de principios universalizados por los
Pioneros de Rochdale, desde la mitad del siglo pasado.
Pero una evidencia empírica salta a
los ojos de cualquier investigador que se introduzca en el tema. Las
cooperativas de producción no solo se originan luego de un proceso de
racionalización que implique la puesta en práctica de un conjunto de
valores determinados: nos asombramos en tal sentido, con un conjunto
importante de cooperativas de producción que surgen como última
posibilidad ante el cierre de empresas tradicionales de todo tipo. Al
decir de Juan P. Terra, luego de analizar meticulosamente el sector
cooperativo en Uruguay:
"Yo diría que aproximadamente el
50% de las cooperativas de producción se forman a partir de empresas
fundidas o de empresas que al Estado les resulta demasiado gravosas,
buscando desprenderse de ellas. Entonces, la cooperativa nace en
condiciones muy adversas, porque el dueño anterior quiere librarse de ella
por algún motivo, y por no cerrarla, por evitar el conflicto con la
gremial correspondiente, o dar una solución de ocupación a la gente, esta
empresa generalmente problemática, en situación muy difícil, se traspasa a
una cooperativa de los propios trabajadores"(2) .
Nuestro estudio se detendrá en el
análisis de esas empresas cooperativas, analizando su historia de
transformaciones, sus particulares formas de trabajo, qué tipo de recursos
utilizan para la producción, cómo vivencian los principios del
cooperativismo, y cómo conviven luego de haber trabajado en empresas
tradicionales.
Para ello, nos valdremos de una
muestra de cooperativas que se hayan formado entre los últimos once años,
poniendo como fecha inicial de nuestro marco, el reingreso a la vida
democrática, en 1985.
El trabajo con ellas consistió en el
análisis de "historias organizacionales" relatadas por algunos socios, y
en la ejecución de una encuesta a un conjunto más amplio de socios de las
cooperativas seleccionadas.
Como la batería de conceptos y
teorías que emanan de la "economía tradicional" no nos resultan
compatibles con nuestro análisis, nos valdremos del marco teórico de la
llamada "Economía de la Solidaridad", escuela fundada por el sociólogo
y economista chileno Luis Razeto, que como veremos más adelante hunde
raíces en otras importantes escuelas y líneas teóricas relacionadas a la
búsqueda de alternativas en el plano de la economía desde el punto de
vista teórico, y desde el punto de vista práctico, esto es, desde las
formas en que realmente se hace economía: se produce, consume, distribuye
y acumula en nuestras sociedades.
El trabajo estará dividido en tres
partes. En primer lugar expondremos brevemente el marco teórico,
presentando los postulados de la Economía de la Solidaridad. En segundo
lugar, expondremos el marco contingencial, donde se analizará el fenómeno
del cooperativismo en el Uruguay. En tercer lugar se expondrán los
principales resultados de la investigación, fruto de las entrevistas y
encuestas mantenidas con los socios de las cooperativas de producción.
Finalmente, se adjunta en los anexos, listado de empresas cooperativas de
producción relevadas, y entrevistas a ex-socios de cooperativas que no
lograron desarrollarse y por tanto no figuraron en el análisis minucioso
de esta investigación.
Que es la Economia De La Solidaridad
El concepto de economía solidaria o
economía de la solidaridad, si bien surge con las tesis de Razeto al
respecto, a pricipios de los ochenta, no es algo absolutamente original en
la historia del pensamiento, presentando muchas coincidentes líneas
teóricas y de pensamiento con escuelas de diversos orígenes: la llamada
economía social, el socialismo utópico, con la economía comunitaria, la
economía humana, y notoriamente con el cooperativismo(3) y las líneas de
reflexión autogestionarias. Veamos detenidamente algunas de estas
líneas teóricas(4) :
La economía social.
Es medianamente claro en la lectura y
análisis de la realidad, que el término de mayor arraigo para referirse a
algunos de los fenómenos económicos que reconocemos bajo la óptica de la
"Economía de la Solidaridad", actualmente es el de la Economía Social,
término que se viene utilizando con mucha fuerza en algunos países
-fundamentalmente europeos- desde hace unos quince años, dando origen
incluso a políticas gubernamentales tendientes a patrocinar y apoyar este
"tercer sector" constituído por aquellas actividades económicas que no
giran en torno a los sectores públicos y privados tradicionales. Vale en
tal sentido hacer referencia a la creación de una Unidad de "Economía
Social" en el seno de la Comisión de las Comunidades Europeas, y a la
constitución de diversos organismos nacionales en Francia, España y
Bélgica(5) , entre otros, destinados a los mismos objetivos.
Los primeros documentos de la Europa
Comunitaria al respecto(6) definían a las actividades económicas
pertenecientes a la Economía Social, integrada por cooperativas,
mutualistas y asociaciones no lucrativas (el nonprofit sector del que nos
habla la lectura inglesa al referirse a las asociaciones que producen
servicios que o bien no pueden expresarse en términos monetarios, o bien
no ofrecen una rentabilidad suficiente para atraer a empresas con fines de
lucro), lo que, a pesar de las grandes coincidencias, nos marca ya algunas
diferencias con respecto a las elaboraciones de Razeto para quién el
sector solidario está compuesto también por las actividades (mal)llamadas
por algunos, informales o subterráneas, que quedan explícitamente
descartadas en la composición de la Economía Social, por lo menos tal cuál
lo entienden los organismos gubernamentales europeos.
El concepto de Economía Social, sin
embargo, recoge antecedentes en el siglo pasado, que podemos ubicar en el
plano académico, con divulgaciones desarrolladas en la Universidad de
Lovaina en la década del 30, con la publicación por parte de Charles
Dunoyer de su Tratado de Economía Social(7) , fuertemente influenciado por
los costos sociales todavía evidentes de la Revolución Industrial; y por
Constantin Pecquer autor de Economía Social en 1839.
Siguiendo a Desroche(8) podemos señalar que
a partir de allí se abrieron tres grandes escuelas: una orientada hacia
las ideas socialistas, otra hacia las ideas social-cristianas, y otra
hacia las ideas liberales.
Entre los primeros destacan Constantín
Pecquer (1842) y Francois Vidal (1846), de gran influencia en la
Revolución de 1848, y luego Benoit Malon y Marcel Mauss, defensor de una
economía de socializaciones voluntarias.
La Economía Social es desarrollada por los
social-cristianos a través de la obra de Fréderic Le Play, quien crea una
sociedad de economía social en 1856 y una revista titulada "La Economía
Social". También aquí podemos incluir a uno de los fundadores del moderno
cooperativismo de ahorro y crédito, Fréderic Guillaume Raffeisen. "De esta
manera, los cristianos sociales del siglo XIX apelan a los cuerpos
intermedios para luchar contra el aislamiento del individuo, tara del
liberalismo, y contra la absorción del individuo por el Estado, trampa del
Jacobinismo. La valoración de estas microestructuras, al mismo tiempo que
la afirmación de la autonomía de los individuos, nos llevan al concepto de
subsidiaridad el cual implica que la instancia superior no acapara las
funciones que la instancia inferior, más cercana al usuario, puede
asumir"(9) . Esta línea de subsidiaridad, luego conectada a la solidaridad
constituiría un dúo fundamental en la concepción social-cristiana sobre la
relación de lo público y lo privado en la vida económica, al punto de
figurar en algunas de las últimas Encíclicas Papales como uno de los ejes
interpretativos del deber ser económico.
La Escuela Liberal tuvo en Charles Dunoyer
y Fréderic Passy a dos de sus clásicos exponentes. También León Walras
podría pertenecer a esta línea(10) , al igual que Hermann Schulze en
Alemania y Luigi Luzatti en Italia.
El socialismo utópico.
Bajo este nombre se engloba a una serie de
autores que, a pesar de las diferencias entre sí, plantearían con fuerza
la necesidad de tomar "la cuestión social" como la más importante de las
tareas de los hombres en el marco de un creciente industrialismo que
generaba pobreza y desempleo a raudales en el viejo continente. El término
"socialismo" es utilizado por estos autores por primera vez en la
historia, aunque con un sentido bastante vago, y en todo caso, muy
distinto al que se iría a popularizar con las tesis de Marx. El socialismo
para los "utópicos" se definía fundamentalmente en oposición al
individualismo, y en muchos casos, en relación al asociasionismo
cooperativista(11) . El término "utópico" fue impuesto por Marx y Engels,
de forma algo despectiva, para referirse a aquellos autores que, por el
momento histórico que vivían, ni pudieron enfrentarse al pleno desarrollo
de la industria, del proletariado y de la lucha de clases. Sin embargo,
como señala Buber, "luego se aplicó el concepto sin distinción a todos
aquellos que -según Marx y Engels, no querían, o no podían -o no podían ni
querían- tomar en cuenta esos factores" (12). Sea como fuera, el término
fue acuñado y hoy se les designa de la misma forma como fueron catalogados
por Marx. Entre los autores más notorios, nosotros manejaremos a Robert
Owen, Charles Fourier, Pierre-Joseph Proudhon y Philippe Buchez (13).
Para Fourier, adelantándose a las
reflexiones que acerca del "buen trabajo" hiciera Gandhi a mediados de
este siglo, el trabajo debería ser en sí mismo agradable y atractivo,
además de beneficioso desde el punto de vista económico. Para ello, este
verdadero adelantado, sostenía la tesis de que todo trabajador debería
realizar más de una tarea a los efectos de evitar la rutina en el trabajo.
En las pequeñas comunidades de Fourier, de hecho, cada trabajador tenía
derecho a elegir el trabajo que quisiera de acuerdo a sus necesidades. Las
comunidades, para ello, debían cumplir con una serie de requisitos: un
número ideal de 1600 personas, con una determinada cantidad de tierra para
explotar, un sistema de educación que permitiera que los niños siguieran
naturalmente sus inclinaciones, vida tan en común como las familias
quisieran (lo que habilitaba la propiedad privada), etc. Sin embargo, en
vida, Fourier nunca recibió apoyo económica para fundar estas comunidades.
De hecho, los primeros falansterios se desarrollaron en Norteamérica, a
influjo de Albert Brisbane (1809-1890), quien logro fundar junto a otros
discípulos de Fourier algunos de éstos sin mayores éxitos, salvo en los
casos en que se basaron más en los lineamientos cooperativos propiamente
dichos.
Robert Owen fue uno de los verdaderos
antecesores del movimiento cooperativo, no sólo por lo que hizo en vida,
sino además por el hecho que algunos de sus discípulos fundaron la
sociedad cooperativa de los "Rochdale Pioneers"(14) . Este reconocido
empresario de la época, iría desarrollando sus ideas de lo que Touchard
llama "filantropía patronal" hacia un "mesianismo social". Owen soñaba con
comunidades de trabajo donde se disolviera por completo la propiedad
privada, lo que lo diferenciaba de Fourier claramente. A diferencia de
este último, además, la base de producción debía ser agrícola, en tanto
para Fourier era necesaria la poliactividad productiva. Sus ideas, no
obstante, se irían tiñendo de notorias referencias religiosas (El nuevo
mundo moral), lo que lo alejaría de una reflexión más objetiva sobre las
potencialidades reales de las comunidades de trabajo.
Philippe Buchez puede ser considerado
ciertamente el "padre del cooperativismo francés". Siendo discípulo de
Saint Simón, abandonó sus tesis cuando aquel incursionara en el plano
religioso. Buchez, de fuerte formación católica, señala en su libro
Introduction à la science de l'histoire que la etapa de la humanidad
iniciada con la venida del cristianismo, estaba destinada a desarrollar
los valores de igualdad, fraternidad y caridad. La Iglesia Católica, y las
asociaciones de obreros y productores tendrían en tal sentido un alto
nivel de responsabilidad para que ello ocurriera así. Su notorio
acercamiento a las clases trabajadores queda testimoniado con el periódico
L'Atelier, "órgano de los intereses morales y materiales de la clase
obrera". Este órgano, que saldría entre 1840 y 1850, tenía por lema las
palabras de San Pablo "el que no trabaja no come". Buchez, es considerado
por muchos, uno de los fundadores del pensamiento social-cristiano, o
socialista-cristiano, como se divulgaba en la época.
Para Pierre Joseph Proudhon, tanto el
Estado como las Asociaciones contribuían a limitar la libertad del
individuo. Para el autor de la "Filosofía de la Miseria" la clave era la
familia. Sin embargo, Proudhon salto a la fama por algunas de sus
consignas radicales ("La propiedad es un robo", "Dios es el mal", etc.),
las que sin embargo se relativizan una vez que se conoce la obra suya
completamente. Por ello es que Touchard señala que "nada resulta más fácil
que oponer a un texto de Proudhon otro de Proudhon". De hecho, la
propiedad privada era admitida por el autor, sólo que criticaba duramente
la forma en que era utilizada en la época. A diferencia de otros autores
del "socialismo utópico", Proudhon era firme partidario del igualitarismo
en la sociedad: "La igualdad de las condiciones, he aquí el principio de
las sociedades; la solidaridad universal, he aquí la sanción de esta ley",
declara en su primer ensayo sobre la propiedad (15). Para este autor, la
asociación mutualista se erige como la posible solución de los problemas
sociales, en la cuál los miembros asociados se garantizan recíprocamente
"servicio por servicio, crédito por crédito, retribución por retribución,
seguridad por seguridad, valor por valor, información por información,
buena fe por buena fe, verdad por verdad, libertad por libertad, propiedad
por propiedad"
El cooperativismo.
El movimiento cooperativo se entiende
formalmente originado con los Pioneros de Rochdale, más concretamente en
1844, año en el cuál un grupo de trabajadores tejedores de franela, luego
de haber perdido una huelga y de pasar a ser desocupados, decidieron
unirse para "cooperar". Se trazaron de esta manera tres metas: la
organización inmediata de una cooperativa de consumo; la organización a
mediano plazo de una cooperativa de producción y vivienda; y la
constitución de una colonia "tan pronto como se pueda". Este exitoso
ensayo cooperativista tendría algunos antecedentes en la misma Gran
Bretaña de manos del Dr. William King, y en Francia de manos del también
médico Buchez. Bajo la influencia del primero se constituye en 1827 la
primer cooperativa de consumo; y en 1832 bajo la influencia de Buchez se
funda la primer Cooperativa de Producción en Francia. Si bien para 1830 en
Inglaterra King supervisó el nacimiento de unas 300 asociaciones(16) , no
será hasta las actividades en Rochdale, que el cooperativismo tendrá su
mayor fuerza. Sin embargo, no comparto totalmente la idea que en Rochdale
se hayan sentado las bases de los Principios Cooperativistas, como se
sostiene comúnmente. Buchez, no sólo fue fundador de cooperativas en los
años treinta, sino que también reflexionó sobre las mismas y trazó algunos
de los principios en el Journal des Sciences Morales et Politiques
(1831) que trece años después se harían famosos por los Pioneros de
Rochdale.
Entre los antecedentes más anteriores a
este movimiento que desde entonces se arraigaría con fuerza en todas
partes del mundo, se puede citar los "Artels" que datan de San Petesburgo
en 1714, integrados por pilotos y marineros(17) . A nivel americano, la
cultura precolombina supo de organizaciones de tipo cooperativo que
tuvieron lugar en las principales civilizaciones, tanto entre los Aztecas
como los Incas.
Pero decíamos que fue a partir de los años
treinta y cuarenta del siglo pasado donde se establecieron los principios
del cooperativismo y se fue desarrollando una muy interesante reflexión
teórica sobre los alcances del movimiento y sus potencialidades en el
marco de la economía capitalista.
Es así que Kaplan y Drimer(18) distinguen
dos grandes concepciones: la integral, compuesta por aquellos que confían
en la paulatina extensión de las cooperativas a todos los campos de la
economía, en busca de una necesaria hegemonización de las relaciones
económicas; y la concepción sectorial, que afirma la necesaria limitación
de las cooperativas a determinados aspectos de la actividad económica y la
coexistencia del sector cooperativo, público y privado.
En ese sentido, el máximo exponente de los
integrales habría sido Charles Gide quien acuñó el término "República
Cooperativa" en 1889 para referirse a la necesidad de conformar un gran
espacio nacional organizado económicamente por las fuerzas
cooperativistas. Fundador de la Escuela de Nimes, ésta también aportó sus
conocimientos en la línea de reflexión integral, formulando el famoso
programa de desarrollo del Movimiento Cooperativo que preveía la paulatina
y pacífica extensión de las cooperativas de consumo para abarcar luego el
comercio minorista, el comercio mayorista, la producción fabril y
finalmente la producción agraria. Los esposos Synney y Beatrice Webb
también formarían parte de esta concepción "integral".
Indudablemente el autor más representativo
de la concepción sectorial fue G. Fauquet, fundador junto a H. Dubreuil y
Ch. Maraux, en París, 1924, de la Asociación para el Fomento de Contratos
Cooperativos de Trabajo. En su obra máxima de 1942, "Le secteur
coopératif" distinguió cuatro sectores: el público, el capitalista, el
propiamente privado (integrado por la economía familiar, campesina y
artesanal), y el cooperativo. Su tesis, hermanada a la de Razeto, era que
el sector cooperativo podía componer junto al propiamente privado, un
nuevo y gran sector que se distinguiría fundamentalmente de las formas de
hacer economía de los capitalistas y del Estado. Otros autores que
siguieron esta línea fueron A. Thomas y E. Milhaud. De alguna manera
nosotros podríamos incluir a Razeto en esta línea en tanto sus posturas,
lejos de intentar hacer hegemonizar a algún sector sobre otro, parten de
la necesidad de articular un Mercado Determinado con fuerzas equitativas
de los tres sectores, lo que en tal caso nos acercaría al concepto de
Mercado Democrático (o Mercado Perfecto de acuerdo a la terminología de
los economistas neo-clásicos)
La Economía Comunitaria, o el
"Comunitarismo".
Sostengo que una de las líneas antecesoras
a la Economía de la Solidaridad, es la fundada por Emmanuel Mounier
(1905-1950), uno de los pensadores franceses de mayor relevancia de este
siglo.
Mounier se vió empujado a fundar Esprit
movido por "el sufrimiento cada vez mayor de ver a nuestro cristianismo
solidarizarse con el "desorden establecido", y el deseo de romper con
éste".
Para este singular francés que muriera muy
joven (con tan sólo 45 años de edad), la persona humana debía anteponerse
al concepto de individuo y la sociedad comunitaria frente al Estado. Nace
así la concepción del "personalismo-Comunitario", de gran resonancia,
sobre todo en movimientos políticos y sociales vinculados al cristianismo
progresista de post-guerra. Sostendrá la abolición de la "economía
anárquica, basada en la ganancia, por una economía organizada sobre las
perspectivas totales de la persona; la socialización sin la estatización",
etc.
La Economía Humana
En los años cincuenta, un Dominico francés,
de nombre Louis Joseph Lebret, abría de marcar a fuego a un grupo de
investigadores de diversos países de América, divulgando en el continente
una escuela conocida como "economía humana". El Padre Lebret, por cuya
obra comenzaron los trabajos sociológicos en Uruguay a partir de los
Equipos del Bien Común, funda en 1941 en Francia el centro "Economie et
Humanisme", que incluyera entre otros, a Francois Perroux, entonces uno de
los economistas más renombrados en materia de desarrollo. "Durante muchos
años, Economía y Humanismo produjo mucho y estuvo estrechamente
entrelazada no sólo con corrientes sindicales francesas sino con otros
movimientos sociales, en especial con los movimientos comunitarios, que
fueron muy importantes en la postguerra" (19). Ese entrelazamiento entre
la ciencia social, la economía y el trabajo con las comunidades y los
sectores más desamparados, incluido los sectores que ahora conocemos como
"Organizaciones Económicas Populares", creo que identifica a ésta
corriente con la Escuela de la Economía Solidaria. De hecho, uno de sus
textos más recordados lleva por título "Manifiesto por una Civilización
Solidaria".
Lebret fue sacerdote, sociólogo, teólogo,
escribió varios libros y asesoró en materia de desarrollo en varios países
y a varios gobiernos. Su objetivo final era "pasar de una fase menos
humana a una más humana", en profundo contacto con el más necesitado, lo
que lo auto-marginó de las grandes Universidades, para dedicarse a una
vida que conjugaba la reflexión con la acción.
Otros antecedentes.
En el plano teórico, no queda demasiada
duda acerca de la importancia de algunos textos del Renacimiento, que
supieron penetrar en las grandes utopías que moverían a tantos hombres y
mujeres a lo largo de la historia. En ese sentido, el texto "Utopía" de
Tomás Moro (1478-1535), o "La Ciudad del Sol" de Tommaso Campanella
(1568-1639), o incluso "La Nueva Atlántida" de Francis Bacon (1561-1626),
se pueden considerar como algunas de las primeras elaboraciones teóricas
con impacto en este conjunto de ideas y elaboraciones aquí
abordadas.
En el plano práctico, las obras de los
Jesuítas en las Misiones, o las formas económicas que asumieron los
trabajos de evangelización de los Franciscanos en América Latina(20) ,
también han envuelto gérmenes de lo que más tarde se daría en llamar
Economía Solidaria.
En el plano más macro-doctrinario, sin duda
que las líneas de reflexión del humanismo (liberal, marxista y
cristiano(21) ), tuvieron y tienen una intensa relación con algunos de los
postulados de la Economía de la Solidaridad.
Cada una de las citadas líneas de reflexión
y escuelas de pensamiento tuvieron sus propios esquemas teóricos, marcos
valorativos y análisis de la realidad. Lo importante es relacionar la
nueva perspectiva que vamos a ver con elaboraciones que vienen de mucho
antes, y que buscan cambiar las formas de hacer economía de la gente y las
formas de pensar la economía como ciencia. Eso es lo que tienen en común
el socialismo utópico, el cooperativismo, la economía humana, el
personalismo comunitario, o el desarrollo a escala humana, con la Economía
de la Solidaridad.
Sin embargo, la Economía de la Solidaridad,
como la presenta Razeto, posee a mi entender, nuevas categorizaciones y
visiones que la emerge como fundamentalmente novedosa.
En tal sentido, podemos decir que si bien
la economía de la solidaridad hunde sus raíces en estas y otras escuelas,
presenta un marco teórico que por lo original y por su carácter
científico, nos lleva a tratarlo específicamente a través de los
principales postulados de su fundador.
Las próximas líneas se basarán en sus
siguientes textos: "Los caminos de la economía de la solidaridad",
"Economía de la Solidaridad y Mercado Democrático", "Empresas de
Trabajadores y Economía de Mercado" y "Las Donaciones y la Economía de la
Solidaridad".
Para Razeto, imponer el término
"Economía de la Solidaridad", no fue nada sencillo. Por lo general
se han tratado ambos términos como absolutamente distanciados: uno
formando parte del acervo de lo científico y lo fáctico, el otro imbuído
de lo valórico y lo ético.
De hecho, hasta que se originan los
primeros escritos de Razeto en los ochenta, ha sido imposible encontrar en
los textos científicos de la economía, referencias a la solidaridad. Lo
más cercano fue sin duda el análisis sobre el cooperativismo, que
indudablemente ha tenido grandes dificultades para imponer sus ideas sobre
el carácter ético que debía comprender a la economía, y algunas
reflexiones como las vistas con anterioridad, que sin embargo no
pretendían describir la relación entre estos conceptos desde la ciencia
económica. Por otro lado, los discursos sobre la solidaridad raramente
incluyeron a la actividad económica, resultando de ello, el divorcio
evidente entre los dos términos.
Cuando hablamos de economía de la
solidaridad, nos referimos a la necesidad de incorporar la solidaridad
en la teoría y en la práctica de la economía.
Veamos esto más detenidamente, comenzando
por lo que no es economía solidaria: economía solidaria no es incluir la
solidaridad luego que la economía jugó su papel. Este es el concepto más
burdo y quizá el más extendido, por lo cuál es necesario desterrarlo del
acervo de esta corriente. No se trata que la economía cumpla su ciclo
produciendo y distribuyendo para que luego aparezca la solidaridad dándole
algo al más desfavorecido. Sin menospreciar a quienes entienden ésto como
lo idóneo, diremos que el planteo de la economía de la solidaridad es
distinto: se trata de introducir la solidaridad en la economía misma, esto
es, producir, distribuir, consumir y acumular solidariamente. Como veremos
más adelante, numerosos grupos humanos efectivamente producen,
distribuyen, acumulan y consumen con solidaridad. Luego veremos quiénes
son. Pero la economía solidaria tiene otro desafío: introducir en la
teoría económica la solidaridad, llenado un espacio casi virgen en la
reflexión de la economía, superando de esta manera a la economía
convencional, de gran hegemonía como paradigma interpretativo científico
de la realidad.
Antes de sumergirnos en la reflexión de la
teoría económica, indiquemos que la economía de la solidaridad se puede
vivenciar de dos formas distintas. En primer lugar, hay economía de la
solidaridad en la economía global cuando presenciamos la existencia de la
solidaridad promovida por los diferentes actores económicos. En tal
sentido podemos afirmar que la solidaridad siempre está presente, en mayor
o menor grado, en el conjunto de los sectores que comprenden lo que
llamamos "Mercado Determinado", y que más adelante explicaremos. En
segundo lugar, es posible detectar, y éste es el rasgo más original de las
tesis de Razeto, un sector muy particular dentro de la economía, compuesto
por aquellas actividades, sujetos, empresas y circuitos económicos donde
la solidaridad se haya hecho presente de manera intensiva y donde opere
como elemento articulador de los procesos de producción, distribución,
consumo y acumulación. En este caso estaremos hablando de un Sector
Solidario presente, con mayor o menor fuerza, en ese "Mercado
Determinado", en conjunto con un "Sector de Intercambio" (al que por ahora
podremos llamar propiamente sector capitalista), y el "Sector Regulado"
(Estado).
Veamos a continuación como podremos
construir la teoría económica para identificar la presencia de la
solidaridad como elemento central de análisis.
Las Relaciones
Económicas.
No es necesario ser un científico para
observar cómo los bienes y servicios económicos de las sociedades modernas
fluyen y transitan entre los individuos, grupos, unidades económicas e
instituciones a través de muy distintas y variadas formas y modalidades.
No obstante ello, paradójicamente, la ciencia económica ha sido
fundamentalmente reacia a analizar estas diversas modalidades, basando su
corpus teórico en algún tipo específico de relación económica. La
Economía de la Solidaridad tendrá como uno de sus primeros cometidos
teóricos, conceptualizar las diversas relaciones económicas que se
establecen en la vida real.
Entenderemos por relación económica,
"cualquier acto o proceso a través del cual se verifica una transferencia
o un flujo de bienes, entre personas, grupos u organizaciones
determinadas, las que en tal relación se nos manifiestan como sujetos
de actividad económica".
En tal sentido vale consignar que en la
economía no sólo existen productores, comerciantes, ofertantes y oferentes
y consumidores, sino también donantes y beneficiarios (22), recaudadores,
comensales, etc.; y que los bienes no sólo se presentan como
mercaderías(23) , sino también como regalos, tributos, etc.
Para distinguir las diferentes relaciones
económicas se partirá de un criterio múltiple de distinción: se observarán
los sujetos de la relación, los elementos que establecen relaciones entre
ellos y las direcciones en que fluyen esos elementos.
En tal sentido, podemos distinguir las
siguientes relaciones económicas:
Relaciones de Comensalidad y Relaciones de Cooperación:
En una familia por lo general se consumen
una serie de bienes que han sido aportados por algunos de sus integrantes
para ser compartidos por todos y repartidos en función de las necesidades
de cada uno. Podemos llamarle a este tipo de relación, relación de
comensalidad.
Diferente a ésta es cuando observamos, por
ejemplo a un grupo de personas libres que se reúnen con la explícita
intención de realizar en común determinadas actividades económicas, de las
cuáles se benefician todos los participantes de modo equitativo, en
proporción a los aportes que cada uno haya realizado. A éstas podemos
llamar relaciones de cooperación.
Dada la pluralidad de formas que adquiere
(puede haber cooperación para el ejercicio de actividades económicas de
abastecimiento o de comercialización, de ahorro o préstamo, de consumo, de
trabajo, etc.), entendemos por relaciones de cooperación "aquellas que
implican flujos económicos al interior del grupo de cooperadores en cuanto
cooperadores, mientras que el grupo como sujeto económico organizado puede
mantener con el exterior relaciones de cooperación o de otro tipo".
En ambos casos, estamos haciendo referencia
a flujos económicos que se efectúan al interior de grupos definidos por
personas, respecto de las cuáles las relaciones económicas son socialmente
integradoras. Mientras que en el caso de las relaciones de comensalidad el
grupo es constituido en base a nexos generalmente extra-económicos (en el
caso de la familia por nexos de consanguinidad), en el caso de las
relaciones de cooperación, éstas suelen ser constitutivas del grupo.
Relaciones de Tributación y de Asignaciones
Jerárquicas.
Cuando los habitantes de un Estado o
Municipio pagan sus impuestos, cuándo los jóvenes en ciertos países al
cumplir determinadas condiciones deben realizar su servicio militar
obligatorio, cuando los fieles de un Iglesia contribuyen con su diezmo, o
cuando el simpatizante político paga su cuota de afiliación al Partido de
sus amores, se están desarrollando una serie de flujos de bienes,
servicios y recursos que proceden conforme a un cierto tipo característico
de relaciones económicas al que damos el nombre de relaciones de
tributación.
En este caso, el sujeto receptor de los
flujos económicos es un centro de poder decisional que se constituye y
presenta como distinto de los sujetos que tributan. Además, los flujos
tributarios encuentran su contrapartida en flujos que transitan en sentido
inverso, desde los centros recolectores y decisionales hacia la
colectividad en su conjunto o hacia sujetos particulares de ella. Al
asignar fondos hacia determinados sectores, se constituyen las llamadas
relaciones de asignación jerárquica. Se verifica entonces un proceso
bi-direccional: el que va de los contribuyentes al centro decisional y el
que va de éste (una vez conformado el fondo) hacia los integrantes de la
colectividad.
Las
relaciones de intercambio.
En realidad, la mayor parte de los flujos
económicos que se observan en las sociedades como las nuestras, se
verifican entre sujetos distintos que permanecen independientes, esto es,
que se vinculan solamente durante el acto en que se efectúa la relación
económica.
En las relaciones de intercambio, los
sujetos se presentan uno ante el otro como propietarios o poseedores de
determinados bienes económicos distintos que se transfieren
recíprocamente. Por lo general la transacción opera mediante dinero (la
compra-venta), aunque por mucho tiempo el intercambio tenía lugar por
medio del trueque.
Como veremos más adelante, las relaciones
de intercambio son la base de un circuito económico relativamente
integrado y altamente complejo que da lugar al mercado de intercambios.
Las
relaciones de donación.
Cuando una persona da una limosna a otra,
cuándo un grupo de jóvenes se dispone a trabajar voluntariamente por una
causa determinada, como proporcionar vivienda a los más necesitados,
cuándo un país destina un porcentaje de su PBI a otros menos
desarrollados, en todos éstos casos se verifica un flujo de bienes y
servicios de un sujeto a otro que no implica un correspondiente flujo en
sentido inverso (que es lo que caracteriza al intercambio). Esto
constituye las relaciones de donación, donde existe un donante y un
beneficiario.
Otros
tipos de relaciones entre sujetos independientes.
Muchas veces cuando una persona presta un
servicio que implica un cierto flujo económico sin cobrar por ello, está
esperando de parte del otro una cierta correspondencia a actuar de igual
manera cuando el primer sujeto esté en situación de solicitar ayuda. En el
mismo sentido, es absolutamente reconocido que muchas veces se hacen
regalos no con la intención de realizar una donación, sino esperando una
actitud recíproca de parte del sujeto receptor. Otro ejemplo: la pareja de
novios que invita a su fiesta de casamiento a gente con la que no se tiene
una relación demasiado estrecha, a los efectos de que se le retribuya la
invitación con un apetitoso regalo de bodas. En todos estos casos estamos
frente a un esquema de relacionamiento que podemos denominar relaciones
de compensación o reciprocidad.
Se puede decir que las anteriores
constituyen la mayoría de las relaciones económicas que tienen lugar en
una sociedad determinada. Una vez demostrada la existencia de un conjunto
importante de ellas, con sus características específicas, vale señalar que
una vez que éstas alcanzan cierto grado de difusión, tiende a configurarse
en el seno de la economía en su conjunto, una especie de circuito
económico, o "mercado particular", conformado por el entralazamiento de
las operaciones, flujos y sujetos involucrados en esas relaciones
económicas. Pero además de estos circuitos, las tesis de Razeto señalan la
constitución de verdaderos sectores de la economía, donde se entrelazan
comportamientos y relaciones económicas afines. Es así, que por ejemplo,
nace un sector con una particularidad muy importante que los distingue de
otros, al que llamamos sector solidario de la economía.
El análisis de la realidad económica indica
también, que las diferentes relaciones económicas se entremezclan entre
sí, se influyen y condicionan recíprocamente. Se llega a la conclusión, de
esta manera, que "en toda sociedad concreta existe un complejo sistema de
relaciones a través de las cuales los bienes, servicios y factores
económicos fluyen, dando lugar a una determinada distribución de la
riqueza y asignación de los recursos, que denominamos mercado
determinado", constituido como vimos, por el conjunto de relaciones y
flujos relevados.
A nivel económico, el antecedente más
importante de estas tesis ha sido K. Boulding, autor de "The Economy of
Love and Fear. A preface to Grants Economy" (24). Este reconocido
economista norteamericano puede decirse, funda la escuela de la "Economía
de las Donaciones", al constatar que los intercambios no constituyen sino
una parte limitada de las formas y procesos en que los bienes, servicios y
factores económicos se asignan, distribuyen y circulan entre los
integrantes de una sociedad determinada.
Partiendo de ello, Boulding formula una
distinción dicotómica entre las "relaciones de intercambio" y las
"relaciones de donación": se concibe al intercambio como "una
relación económica bipartita que implica la redistribución de activos de
igual valor entre las partes involucradas. Se realiza a través de una
transacción comercial o de un contrato, en que se fija para cada caso un
precio; el conjunto de transacciones y contratos determina un complejo
sistema de precios relativos". La donación, por su parte, sería una
"relación unidireccional entre dos o más partes, donde el flujo de bienes,
servicios o factores va de un donante a un beneficiario, donde no hay ni
se espera reciprocidad, si bien se reconoce un cierto flujo de retorno
extraeconómico, que va del beneficiario al donante y que compensa de algún
modo a este último, motivando su decisión".
El sector solidario de la economía.
Para Razeto, "el sector solidario puede ser
empíricamente detectado en las economías concretas, a partir de los nexos
e interacciones que se observan entre algunos tipos de relaciones
económicas que se caracterizan por ser especialmente integradoras"
(subrayado nuestro).
Es así que distingue un sector
solidario, "integrado principalmente por los sujetos, actividades y
flujos económicos correspondientes a las relaciones de comensalidad, de
cooperación, de reciprocidad y de donación".
Luego distingue el sector de
intercambios, constituido por los sujetos, actividades y flujos donde
se establecen relaciones de intercambio.
En tercer lugar surge el sector regulado,
constituido en base a las relaciones de tributación y de asignación
jerárquica.
Estos tres sectores, sin embargo, son antes
que nada, sectores analíticos, o al decir de Weber, "típico-ideales", en
el sentido que la realidad los muestra como altamente entremezclados, a
saber: un mismo sujeto puede hacerse presente en diferentes sectores
actuando y estableciendo relaciones de distinto tipo.
Aún así, siempre es posible detectar
precisos e identificables referentes empíricos en cada uno de los
sectores. Teniendo en cuenta esas advertencias, pasemos a identificar los
componentes del sector solidario:
En base a las relaciones de comensalidad
y reciprocidad, se estructuran las actividades económicas que se dan
al interior de las familias (la llamada "economía doméstica"), la
"economía de las comunidades", "economía de los grupos étnicos
tradicionales", la "economía campesina" y la "economía popular de
subsistencia".
En base a las relaciones de
cooperación, se conforma la "economía cooperativa" y algunas formas de
"economía comunitaria". Nuestro trabajo hará especial referencia a este
tipo de relaciones, al tener como objeto de análisis el cooperativismo de
producción.
En base a las relaciones de
donación, se organizan actividades económicas de diverso tipo llevadas
a cabo por Fundaciones, Agencias, Instituciones de servicio y promoción,
etc. También debemos mencionar las diversas formas de "Trabajo
Voluntario", que canalizan energías solidarias de grandes grupos,
fundamentalmente juveniles.
El sector solidario presente una serie de
características que lo ubican como articulador de una racionalidad propia.
Entre esas características Razeto cita el vínculo estrecho que se
establece entre producción y consumo: en la mayor parte de las
unidades económicas que componen el sector se realizan simultáneamente las
actividades y funciones de producción, distribución y consumo, debido a
que en ellas no se establecen generalmente relaciones de intercambio y
mediaciones monetarias. Esta característica más bien reservadas a ciertas
"Organizaciones Económicas Populares" (OEPs), veremos más adelante que no
necesariamente es desarrollada en el marco de las unidades
cooperativistas.
Otra de las características del sector
señalada por Razeto es la búsqueda simultánea de satisfacción de
necesidades de distinto tipo, a través de un complejo integrado de
actividades desplegadas en una misma organización. Es propio en ese
sentido, que una organización económica solidaria, satisfaga al mismo
tiempo necesidades fisiológicas y espirituales, de convivencia e
integrales, etc. En el cooperativismo es posible detectar esta
característica. Creemos que muchos cooperativistas no sólo trabajan en
cooperativas para satisfacer una necesidad material (de trabajo, ingresos,
etc.) sino que además de ello, que es básico, el cooperativismo potencia
la satisfacción de otro tipo de necesidades más "espirituales" como el
trabajo en conjunto, la convivencia, cooperación, etc.
La especial relación entre los objetivos
y los medios, los beneficios y los costos es otra de las
características de la economía solidaria. El concepto de eficiencia es
notablemente confuso en estas unidades, ya que los factores utilizados son
muchas veces desechados en otros sectores de la economía, y la pluralidad
de objetivos que persiguen muchas unidades de la economía solidaria hace
especialmente difícil contabilizar la relación objetivos/medios. En
nuestro objeto de estudio, las cooperativas fundadas como consecuencia de
la crisis de la empresa madre, esta característica estará plenamente
visible en todos los casos. Se tratan de unidades de producción que
empezaron y a veces continúan, trabajando con medios desechados por la
economía convencional, los que sin embargo son reactivados por los
trabajadores y utilizados para el desarrollo económico de esas unidades.
Otro elemento de racionalidad es que los
intereses, objetivos y aspiraciones de cada miembro no se
encuentran en oposición con los que tienen los demás integrantes. En
las empresas tradicionales, si bien las modernas técnicas de gestión están
buscando la implicación de todos los actores, lo que redundaría en un
sistema de relaciones laborales no basado en los antagonismos sino en los
intereses comunes(25), parecería lógico pensar que la organización
tradicional del trabajo (léase las empresas basadas en el Taylorismo o Neo
Taylorismo), tiende a marcar grandes diferencias de intereses entre
trabajadores y decisores o empresarios. En las organizaciones solidarias
ello no ocurre así, y en el cooperativismo, teóricamente, en tanto basado
en las relaciones de cooperación, los intereses individuales estarán
íntimamente relacionados a los del colectivo, o dicho de otra manera: al
ser el colectivo integrado por cada una de las individualidades, éstas se
encuentran integradas a aquél y no en oposición.
Otra de las características es que, debido
a la racionalidad propia del sector, muchas unidades tienden a trabajar
con un número de integrantes, que desde el punto de vista técnico,
de relación entre medios, puede resultar excesivo. Sucede en este
caso, que el recurso disponible para los sectores más populares, es el de
la mano de obra, y en ese sentido, no hacen más que utilizar el recurso
más a mano. Ello significa, que no tienen la posibilidad de flexibilizar
el uso de los factores para hacer de la unidad económica más eficiente.
Sin embargo, los costos en materia de desempleo que lleva el sector de
intercambios nos hace pensar que esa particular "ineficiencia" del sector
solidario contribuye en gran forma a no generar mayores niveles de
desempleo de los que ya existen. En las cooperativas estudiadas este no
deja de ser un gran problema, que sin embargo, como dijimos se ve mitigado
por las razones sociales expuestas.
El carácter integrativo del sector
es otra de las características, que se relaciona con la particular forma
de ejercer el poder. A diferencia del sector de intercambios, donde cada
uno utiliza su poder intentando obtener ventajas sobre su oponente (en
muchos casos el "patrón", pero no necesariamente, sino que muchas veces
pueden ser trabajadores de otro sector, etc.), en el sector solidario eso
no tiene mayor sentido en tanto los objetivos de uno comulgan de forma más
efectiva con los del colectivo.
Otro de los aportes sustantivos de Razeto
es que el sector solidario presenta un modo de crecimiento y desarrollo
particular. Veamos que significa eso: como vimos, las unidades
económicas organizadas solidariamente, tienden a satisfacer conjuntamente
las llamadas necesidades fisiológicas y espirituales, de autoconservación
y de convivencia(26) . Si eso es realmente así, entonces es claro que las
potencialidades de crecimiento del sector estarán condicionadas por la
concreta estructura de necesidades que predomine en cada contexto
social determinado. En ese sentido, en la medida que las necesidades
llamadas espirituales y las de convivencia sean altamente valoradas,
entonces el sector solidario se desarrollará con mayor fuerza. En cambio,
si las necesidades fisiológicas y de autoconservación priman sobre las
otras, las posibilidades serán menores. Claro que ello en definitiva
dependerá también del grado de desarrollo global. En tal sentido, sabemos
que las necesidades espirituales y de convivencia comienzan a tener
demanda luego de un cierto nivel considerado esencial de satisfacción de
las necesidades de subsistencia. Al decir de Razeto "la pobreza (no la
miseria), en muchos casos determina el desarrollo de valores culturales
solidarios, de convivencia y generosidad notables, lo que a menudo
encuentra expresión en las distintas formas de economía
solidaria".
En este caso, el futuro del sector
Finalmente debemos señalar que el sector solidario presenta un modo de
acumulación particular. solidario no queda asegurado tanto por la
posesión de riquezas, sino principalmente por la riqueza de las relaciones
sociales y por el potenciamiento de las capacidades y recursos humanos a
los efectos de poder enfrentar de mejor forma los constantes desafíos de
la economía.
Destruyendo mitos: ¿es la nuestra una sociedad
capitalista?.
Para responder a esta pregunta deberemos ir
por partes. En primer lugar intentaremos distinguir con Razeto, los
recursos económicos de los factores económicos y éstos de las categorías
económicas.
Consideraremos como recursos
económicos, "todos aquellos elementos y fuerzas, materiales e
inmateriales, naturales y humanas, que tengan la potencialidad de ser
aprovechados en algún proceso o actividad económica de cualquier tipo". En
ese sentido, difícilmente podremos hablar -como lo hacen muchos
economistas- de recursos escasos, cuando en todas partes encontramos
elementos y fuerzas físicas, humanas, sociales, etc. que no habiendo sido
utilizadas, podrían estar empleadas en la actividad económica.
Distinto es el caso de los factores
económicos, "aquellos elementos y fuerzas materiales e inmateriales
que participan actualmente en los procesos y actividades económicas", o
dicho en otros términos, recursos que se encuentran organizados
económicamente.
Los factores son los recursos con los que
cuenta la empresa en tanto unidad económica de cualquier tipo. En tal
sentido, podemos decir que los recursos entran en la esfera de lo
económico cuando un sujeto los decide emplear en alguna actividad
racionalmente organizada, en la distribución de bienes y servicios que
satisfagan necesidades específicas. Ahora bien, la economía convencional
sólo ha distinguido entre el capital y el trabajo como factores de
producción, cuando en realidad es posible identificar varios. Razeto, en
particular, nos presenta seis principales tipos:
a) El factor trabajo, esto es, "las
capacidades físicas e intelectuales de las personas, que las hacen aptas
para ejecutar una serie de actividades laborales participando directamente
en el proceso económico".
b) El factor tecnológico: "el conjunto de
los conocimientos e informaciones relativos a -y objetivados en- unos
procesos y sistemas técnicos de producción, organización del trabajo,
comercialización, etc.".
c) El factor medios materiales: "el
conjunto de los elementos físicos, instalaciones, instrumentos,
equipamiento, insumo y materias primas, etc.".
d) El factor financiero: "constituido
normalmente por una cierta cantidad de dinero, o por una capacidad de
crédito, que permite contratar factores y establecer relaciones económicas
(de intercambios) en el mercado".
e) El factor administrativo y gerencial:
"sistema de coordinación y dirección unificada de las funciones y
actividades económicas".
f) El factor C, más propio de las empresas
alternativas, donde priman una serie de valores que comienzan con la letra
C: "cooperación", "comunidad", "colectividad", "colaboración", etc., lo
que propiamente se transforma en un factor fundamental sobre todo en
aquellas empresas que operan cooperativa y coordinadamente "proporcionado
un conjunto de beneficios a cada integrante, y un mejor rendimiento y
eficiencia a la unidad económica".
De acuerdo a esta clasificación, es notorio
que podemos distinguir distintos tipos de empresas de acuerdo, por
ejemplo, a la intensidad con la que usen los distintos factores. Es más,
algunos pueden sustituir o hegemonizar claramente a otros: "lo más
interesante aquí es que ciertos factores pueden sustituirse mejor a unos
que a otros. Por ejemplo, existen mayores facilidades de sustitución entre
los siguientes pares de factores: medios materiales de trabajo y fuerza de
trabajo; tecnología y financiamiento; administración y Factor C".
A través de la historia de la economía
hemos podido detectar muchas discusiones tendientes a priorizar algunos
factores sobre otros (Fisiócratas que postulaban a la tierra como el
factor más importante, los clásicos que elevaron el trabajo al primer
rango, y los neo-clásicos postulando la primacía del capital). En tal
sentido vale afirmar que los seis factores señalados son todos necesarios
para que la actividad económica se efectúe. Esto nos lleva de la mano a un
interesante análisis: los factores son organizados a nivel empresarial,
esto es, se encuentran combinados conforme a cantidades y proporciones
diferentes. Estas distintas combinaciones implican intensidades diferentes
en el uso de cada factor, pudiéndose así hablar de "factor más intensivo".
A esta organización de factores la podemos llamar "organización
técnica".
Pero sucede, que además, es posible
detectar otro tipo de organización de factores a la que llamamos
"organización económica de factores", que consiste en integrar a los
distintos sujetos que aportan los factores(27) en una unidad de gestión
que opere racionalmente tras la consecución de determinados objetivos
generales de la empresa. Esa capacidad de integrar los factores es
desarrollada siempre por algún factor en particular, lo que nos permite
distinguir entre el factor organizador y los factores organizados. El
factor organizador es el que pone los objetivos generales de la empresa,
mientras que los objetivos e intereses de los otros factores se
presentarán subordinados. De hecho, y esto será central para comprender
nuestras tesis, cualquiera de los factores puede transformarse en
factor organizador.
En las empresas capitalistas, el factor
organizador es el financiero, capaz de combinar a los otros para la
obtención de ganancias que signifiquen la máxima rentabilidad del
financiamiento invertido. Pero los otros factores también pueden contratar
al resto y subordinarlos a su lógica. Detengámonos en el factor trabajo:
éste puede ponerse como factor organizador formando cooperativas de
trabajo o talleres autogestionados: "en tales casos los trabajadores
asociados estarán utilizando en forma autónoma sus capacidades laborales,
en vez de contratarlas por un salario fijo en empresas que no controlan".
Es así que, en relación al factor que se
disponga como organizador podremos distinguir diferentes tipos de
empresas: empresas capitalistas, empresas de rentas, empresas de
tecnología, empresas de administración, empresas de trabajadores, empresas
comunitarias.
Llamaremos categoría económica a
aquellos factores que participan en cuanto organizadores de unidades
económicas. En una economía capitalista el factor finaciero es el que
predomina, constituyéndose el capital en la categoría más
importante
Contestando la pregunta que hacía de título
a este apartado, diremos que la nuestra no es una economía capitalista,
sino principalmente capitalista, pues el capital predomina teórica y
prácticamente. Sin embargo, en la práctica es posible advertir empresas
organizadas por otros factores, y relaciones económicas distintas a las
del intercambio. En el plano teórico, tesis como las que estamos
repasando, con sus virtudes y defectos, contribuirán sin duda a
democratizar el pensamiento económico. .
Decíamos que en la práctica es posible
observar cómo algunas empresas podían organizarse en torno a factores
distintos al capitalista. En ese sentido, trataremos de demostrar que el
cooperativismo de producción que surge como fruto de la crisis de empresas
capitalistas (pero el cooperativismo en general también), se distingue
económicamente de las empresas tradicionales fundamentalmente por el hecho
de estar organizadas por categorías distintas a las del capital, en
concreto, por las categorías Trabajo y Factor C. Diremos con Razeto que
"el hecho de estar constituidas en base a categorías económicas y a
factores que son inseparables de las personas que las realizan (a
diferencia del capital que estando también asociado a personas se basa en
un factor económico separable de sus poseedores), confiere a las empresas
cooperativas un carácter personalizado, comunitario y solidario
original" (subrayado nuestro).
¿Que es el Cooperativismo?
Veamos desde el punto de vista
organizacional que entendemos por cooperativa. Desde la disciplina de la
sociología de las organizaciones debo admitir que poco se ha analizado
estas formas organizacionales alternativas. Creo sin embargo en la validez
de hacer actuar la sociología de las organizaciones para comprender más y
mejor el fenómeno cooperativo.
Una definición operativa amplia de la
organización formal es comprenderla como "un sistema de actividades
coordinadas de un grupo de personas que cooperan en procura de una meta
común bajo la autoridad y el liderazgo"(28) . No cabe duda que las
cooperativas son una organización integrada por esos cuatro elementos:
1.- Un sistema de actividades coordinadas.
La organización se comprende como sistema integrado por partes que deben
coordinarse para su puesta en marcha y mejor funcionamiento. Esas partes
pueden ser entendidas como subsistemas para su comprensión en relación al
conjunto. Desde ese punto de vista, la organización formal, como sistema,
integrado por partes o subsistemas, empieza a funcionar como tal cuando se
sincronizan sus actividades en una relación lógica
2.- Un grupo de personas. Obviamente la
organización se hace con personas. Tal "perogrullada", no deja de lado,
como señala Perrow, que la organización también se compone de cosas
inanimadas. Sin embargo el objeto fundamental de análisis es la acción e
interacción de esas personas al igual que su relación con las "cosas" con
que se encuentran.
3.- Cooperación en persecución de una meta.
Las organizaciones tienen objetivos explícitos hacia los cuáles apuntan
todas las funciones. La cooperación, al igual que el conflicto, es un
comportamiento humano absolutamente normal, íntimamente relacionado con la
consecución de esos objetivos.
4.- Dirección y liderazgo. La dirección es
una función que se hace necesaria en cualquier organización con diversos
niveles. e liderazgo, a su vez, es una propiedad o cualidad personal de
una persona, de rango ejecutivo, "que promueve el esfuerzo voluntario de
colaboración en procura de una meta"(29).
Estos elementos, definidos en varios textos
clásicos de las organizaciones, nos pueden servir para comenzar nuestro
análisis del cooperativismo como fenómeno organizacional diferentes al del
resto de las organizaciones productivas, u organizaciones productivas
tradicionales. En efecto, analizando uno a uno los elementos encontramos
algunas características distintivas del fenómeno cooperativo.
En el último Congreso de la Alianza
Cooperativa Internacional, realizado recientemente en Manchester, se
definió una cooperativa como "una asociación autónoma de personas que se
han unido voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y
aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes por medio de una
empresa de propiedad conjunta y democráticamente controlada". Tal
definición nos sumerge en sus características organizacionales más
típicas. La cooperativa es un sistema de actividades coordinadas, formada
por personas asociadas que cooperan para hacer frente a diversos tipos de
necesidades y aspiraciones, bajo una dirección y liderazgo definidos
conjunta y democráticamente. Las diferencias con las organizaciones
productivas clásicas ya empiezan a avizorarse. Lo hacen fundamentalmente
en la forma en que se coordinan las actividades, pero mucho más claramente
en el tipo de grupo de personas que integra la organización
(cooperativistas que se unen voluntariamente y buscan con su trabajo hacer
frente a diversas necesidades (30)), el tipo y grado de cooperación entre
los miembros, que se constituye no sólo en una función, sino además en un
principio operativo; la consecución de metas definidas entre los
miembros y no impuesta externamente, y finalmente por formas de dirección
y liderazgos definidos y controlados democráticamente.
Todo ello hace de la organización
cooperativa, una alternativa empresarial diferente a otras organizaciones.
En materia de fines, por ejemplo, podríamos coincidir que no hay
diferencias formales entre la búsqueda de lucro por parte de una empresa
tradicional y otra cooperativa. Hay diferencias sin embargo en la relación
existente entre esos fines organizacionales y los fines de cada uno de los
miembros que conforman la organización. Como señalábamos más arriba, una
de las características de las OEPs., y también de las cooperativas, es la
inexistencia de antagonismos o diferencias entre los fines de las
organizaciones y de los miembros, ya que los primeros fueron definidos e
implementados entre todos. En este caso, un éxito económico de la
cooperativa redundará directamente en un mayor bienestar de sus miembros.
En un régimen asalariado, a un éxito de la empresa le suceden diferencias
en cómo se repartirán las ganancias, debido a que capital y trabajo
residen en manos diferentes. En una cooperativa de producción, como las
que analizamos en este estudio, el trabajo organiza el capital y adquiere
su forma. Reinvertir en el local, máquinas, etc., en definitiva es
incrementar un capital formado por el trabajo y subsumido a sus intereses.
Pero la cooperativa como organización no
puede tomarse aisladamente desde el punto de vista normativo. Una
cooperativa tiene principios y valores que la orientan de una forma
francamente distinta a cómo se lleva ideológicamente adelante una empresa
tradicional.
El Cooperativismo, en tal sentido, se
desarrolla en medio de una serie de valores, también definidos por la ACI,
entre los que se distinguen la ayuda mutua, la responsabilidad, la
democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad.
En base a esos valores se establecen una
serie de principios que deben regular la vida de estas organizaciones. En
el mencionado encuentro de Manchester, se enumeraron siete
principios:
1. Membresía abierta y voluntaria:
"Las cooperativas son organizaciones voluntarias abiertas para todas
aquellas personas dispuestas a utilizar sus servicios y dispuestas a
aceptar las responsabilidades que conlleva la membresía sin discriminación
de género, raza, clase social, posición política o religiosa".
2. Control democrático de los
miembros: "Las cooperativas son organizaciones democráticas
controladas por sus miembros, quienes participan activamente en la
definición de las políticas y en la toma de decisiones. Los hombres y
mujeres elegidos para representar su cooperativa responden ante los
miembros. En las cooperativas de base los miembros tienen igual derecho de
voto (un miembro, un voto) mientras en las cooperativas de otros niveles
también se organizan con procedimientos democráticos". Esta última
anotación da pié para que cooperativas de segundo grado puedan aplicar
sistemas de votación proporcional.
3. Participación económica de los
miembros: "los miembros contribuyen de manera equitativa y controlan
de manera democrática el capital de la cooperativa. Por lo menos una parte
de ese capital es propiedad común de la cooperativa. Usualmente reciben
una compensación limitada, si es que la hay, sobre el capital suscrito
como condición de membresía. Los miembros asignan excedentes para
cualquiera de los siguientes propósitos: el desarrollo de la cooperativa
mediante la posible creación de reservas, de las cuáles al menos una parte
debe ser indivisible; los beneficios para los miembros en proporción con
sus transacciones con la cooperativa; y el apoyo a otras actividades según
lo apruebe la membresía".
4. Autonomía e independencia: "Las
cooperativas son organizaciones autónomas de ayuda mutua, controladas por
sus miembros. Si entran en acuerdos con otras organizaciones (incluyendo
gobiernos) o tienen capital de fuentes externas, lo realizan en términos
que aseguren el control democrático por parte de sus miembros y mantengan
la autonomía de la cooperativa". Este principio regula entonces los
vínculos de la organización cooperativa con el entorno no cooperativo
(sector regulado y de intercambios, al decir de Razeto).
5. Educación, entrenamiento e
información: "Las cooperativas brindan educación y entrenamiento a sus
miembros, a sus dirigentes electos, gerentes y empleados, de tal forma que
contribuyan eficazmente al desarrollo de sus cooperativas. Las
cooperativas informan al público en general -particularmente a jóvenes y
creadores de opinión- acerca de la naturaleza y beneficios del
cooperativismo"
6. La cooperación entre
cooperativas: "Las cooperativas sirven a sus miembros más eficazmente
y fortalecen el movimiento cooperativo trabajando de manera conjunta por
medio de estructuras locales, nacionales, regionales e internacionales".
7. Compromiso con la comunidad: "la
cooperativa trabaja para el desarrollo sostenible de su comunidad por
medio de políticas aceptadas por sus miembros".
Más allá de esos principios, que son
fundamentales para entender el desarrollo del cooperativismo en todo el
mundo, y que indudablemente guían a muchas empresas de este tipo, y las
distinguen de las empresas tradicionales o fundadas en el capital; la
característica mayor en el plano económico y organizacional del
cooperativismo, reiteramos, es el estar fundado en categorías económicas
distintas. Este hecho es el que hace compresible toda la batería de
principios que el movimiento ha desarrollado desde el siglo pasado. De
alguna manera podemos decir que la alternatividad económica del
cooperativismo se basa en el uso de categorías organizadoras distintas,
asociadas a una estrategia en el marco de una serie de principios
voluntariamente asumidos entre los miembros.
En una empresa tradicional, la actividad
empresarial comienza cuando el factor financiero se erige en categoría
contratando y subsumiendo a los otros factores necesarios para la
actividad económica. De tal manera, el capital contrata trabajo,
tecnología, gestión administrativa, etc. para hacer marchar a la unidad
toda. Económica y subjetivamente esta forma de organizar la unidad
económica tiene una serie de connotaciones que no desarrollaremos en este
trabajo, que cambian notoriamente cuando al comienzo, el factor económico
que da pié a la unidad, es distinto al financiero. Es lo que sucede cuando
el factor trabajo se erige en categoría Trabajo y pasa a dominar la forma
de hacer economía. El Trabajo en este caso contrata y subsume al resto de
los factores. El Trabajo (factor íntimamente ligado al trabajador, y por
tanto mucho más personalizado que el resto de los factores) se transforma
en organizador y sale a contratar al resto de los factores. Obviamente,
necesitará del factor financiero, el que conseguirá luego de
operacionalizar cuánto de trabajo se necesitará invertir para conseguirlo.
Lo mismo con el resto de los factores.
De tal forma lo anterior, que el
Cooperativismo de Producción nace de la unión de trabajadores, quienes
muchas veces sin mayores recursos que su propia fuerza de trabajo, logran
montar una empresa que les brinda la seguridad de un empleo y de una forma
de organizarlo más personalizada y solidaria. Las propias connotaciones de
este fenómeno lleva a que se vayan construyendo a su interior una cultura
que irá desarrollando y vivenciando -con mayor o menor fuerza- los
principios a los que hacíamos referencia. Conforme se va avanzando, sin
embargo, esos principios luego se pueden transformar en verdaderas metas y
objetivos a perseguir entre todos. Por lo tanto, lo que alguna vez nació
como fruto de una actividad determinada, conforme va avanzando y
desarrollándose, puede dar lugar a un horizonte a alcanzar.
Cooperativismo en el Uruguay
En 1986, Juan Pablo Terra realizaba un
análisis sociológico e histórico del movimiento cooperativo en el Uruguay
que abarcaba todos los tipos de cooperativas. Dicha clasificación y
análisis nos servirá de base para comprender el amplio espectro de este
tipo de organización económica y social en el país.
1.- Las
cooperativas de consumidores.
Al decir de Terra, las cooperativas de
consumo son "aquellas asociaciones que, ajustadas a los principios
generales cooperativos, tienen por fín específico proveer a los asociados
de los bienes de consumo que estos requieran, comprándolos y organizando
el suministro en común".
La de consumo fue la primer forma
cooperativa que se dio en lo internacional si se establece como
fundacional de lo cooperativo la "Sociedad Equitativa de los Pioneros de
Rochdale", en Inglaterra, 1844.
En Uruguay, las primeras experiencias
cooperativas de consumo, tuvieron su origen en los años ochenta del siglo
pasado: la "sociedad Cooperativa de Consumo" de 1888, la "Sociedad
Cooperativa de Consumo de la Carne" en 1889 (31). En 1909, se forma la
"Sociedad Cooperativa de Consumo La Unión", en Juan Lacaze, conformada por
47 obreros de la textil "Salvo, Campomar y Cia.", que habría de durar
hasta nuestros días.
A partir de allí, son innumerables las
cooperativas de consumo que se conforman a lo largo y ancho del país.
En cuanto a los niveles de participación,
es común afirmar que en estos tipos de cooperativas es bajo, ya que se
tratan de asociaciones con muchos integrantes a los efectos de aprovechar
las economías de escala. Para 1981, la mayor cooperativa sería la de la
Previsión Social con 41.329 socios. de acuerdo al primer relevamiento
nacional de entidades cooperativas de 1989, fueron relevadas 62
cooperativas de consumo.
2.- Las
Cooperativas de Ahorro y Crédito.
Podríamos definirlas como aquellas
asociaciones que basadas en los principios del cooperativismo tienen como
objetivo permitir y facilitar el ahorro de sus socios y beneficiarlos con
créditos y otros servicios financieros.
A nivel internacional encontramos sus
orígenes en los bancos populares de H. Schulze en Alemania y las
cooperativas de ahorro y crédito rural de F. W. Raiffeisen, por la mitad
del siglo pasado.
En Uruguay su origen se relaciona con los
militantes católicos congregados en los Círculos Católicos de Obreros,
quienes a partir de 1902 impulsarían las primeras cajas populares: La Caja
Obrera (luego constituida en banco), y cajas populares en diversas
localidades del interior del país. Luego de pasar por diversas etapas, en
1971 se aprueba la Ley 13.988 que establece el régimen jurídico de las
cooperativas de ahorro y crédito, lo que inaugura una nueva etapa en este
tipo de cooperativismo. En 1972 se funda FUCAC y COFAC. En 1976 se funda
FECOAC. Para 1989, fueron relevadas 63 cooperativas de ahorro y crédito.
3.- Las
Cooperativas de Vivienda.
Podríamos definirlas como aquellas
asociaciones que, basadas en los principios del cooperativismo, buscan
proveer de alojamiento y servicios conexos a sus asociados por diversos
medios que incluyen el esfuerzo propio, la ayuda mutua, el contrato con
terceros, etc.
En Uruguay los primeros gérmenes de
cooperativismo de Vivienda los encontramos en los años sesenta, promovidos
por el centro Cooperativista Uruguayo. Pero será sin duda a partir de la
promulgación de la Ley de Vivienda (Ley No. 13.728 del 17 de Enero de
1969), que el cooperativismo en esta rama tendrá un gran desarrollo, sobre
todo en las de ayuda mutua, que nuclearían a sectores básicamente
populares. Las cooperativas de vivienda relevadas en el censo de 1989
fueron 473.
4.- Las
Cooperativas Agropecuarias.
Estas, como señala Terra, "se definen por
el medio", más que por sus objetivos que pueden relacionarse con la
producción (aunque básicamente a la fase de comercialización) o con el
consumo (fundamentalmente la adquisición de bienes en conjunto).
En Uruguay el movimiento empieza a cobrar
forma con las sociedades de fomento rural, lo sindicatos agrícolas y otras
formas. Las cooperativas propiamente dichas, no aparecerán sin embargo,
hasta los años 30, y cobrarán mayor peso luego de promulgada la Ley de
Cooperativas Agropecuarias de 1941.
Siguiendo a Terra, podemos destacar cuatro
variables que distinguen tipos al interior de las cooperativas
agropecuarias. De acuerdo a los productos con los que opera, el grupo más
numeroso es el de las cooperativas ganaderas, pero también figuran
cooperativas cerealeras, lecheras, arroceras, etc.. De acuerdo a las
operaciones que realiza, la gran mayoría se dedica a la comercialización y
servicios. De acuerdo al rol que juega el estado se pueden distinguir las
cooperativas propiamente dichas, de las mixtas (caso más notorio
Conaprole). De acuerdo al grado, finalmente, podemos distinguir las de
primer y segundo grado.
El censo de 1989 relevó entre las
cooperativas agrarias y las Sociedades de Fomento Rural, un total de 206
para todo el país.
5.- Las
Cooperativas de Producción.
Preferimos dejar éstas para lo último, ya
que nuestro estudio estará basado en las de Producción.
Una primer definición clásica las distingue
como "asociaciones de trabajadores que producen con sus propios medios de
producción y por su propia cuenta, repartiéndose el producto en proporción
al trabajo aportado".
Hay dos características que son propias de
las cooperativas de producción y que quiséramos destacar: la participación
activa de los socios en la producción de los bienes o servicios que
realiza la cooperativa, y la búsqueda de lucro. Esto último es fundamental
señalarlo, ya que indudablemente en torno a esta característica se han
presentado diversas opiniones. Sin embargo, resulta claro que estamos
hablando de empresas cooperativas que estarán buscando imputs más
importantes que outputs para hacerse viable económicamente. En torno al
marco teórico en el que nos inscribimos, diremos que la empresa
cooperativa buscará hacer rendir el factor invertido que se transforma en
organizador, esto es, el factor trabajo. La actividad económica llevará a
que los ingresos de la empresa sean divididos entre los distintos
factores. Las utilidades finales corresponderán al factor organizador, en
este caso el Trabajo; en el caso de las empresa tradicionales el Capital
(32).
Las cooperativas de producción aparecen
formalmente en Uruguay luego de aprobarse la Ley General de Cooperativas
en 1946. Sin embargo, de hecho, y bajo otras formas jurídicas, existen en
Uruguay desde el siglo pasado. Recientemente Yamandú Gonzalez Sierra,
detectó gérmenes del cooperativismo de producción ya en 1878 con la
"Sociedad Tipográfica Cooperativa La Capital", entre otras que irían
surgiendo a partir de entonces(33) . A nivel internacional, sin dudas los
primeros brotes surgen en Francia en los años 40 del siglo pasado a
impulsos de Buchez.
El relevamiento de 1989, más allá de
algunos problemas en la definición del objeto de estudio(34) , detectó
unas 210 cooperativas de producción con un total de 8.815 socios, lo que
hace un promedio de 47 socios por cooperativa. En Montevideo el promedio
ascendía a 79 socios por cooperativa. En Uruguay la Federación de
Cooperativas de Producción (FCPU) agrupa para 1996, a alrededor de 100
cooperativas.
En lo que respecta a los objetivos de la
investigación, cabe reiterar que según los datos de dicho censo, buena
parte de estas cooperativas surgían en procesos de crisis de sus empresas
originales y tradicionales, lo que obligaba a los trabajadores a continuar
la producción en forma cooperativa y bajo malas condiciones originales. El
ya citado relevamiento de 1989, indica que alrededor del 15% de las
cooperativas de producción nacieron luego de la liquidación de la empresa
madre.
De acuerdo al relevamiento realizado en el
marco de la presente investigación, surge que en Montevideo y Canelones
hay 115 cooperativas de producción cuya discriminación por Sector de
Actividad figura en el Cuadro No. 1.
Allí se observa la gran incidencia que
tienen las cooperativas de taxistas, de nobel aparición a partir de la
política municipal dirigida al sector durante la administración en
Montevideo del Dr. Tabaré Vazquez. Otros sectores de importancia son el de
la Salud y los Servicios.
Cuadro
1: cooperativas de producción en Montevideo y Canelones, según Sector de
Actividad.
|
SECTOR DE
ACTIVIDAD
|
NRO. DE COOPERATIVAS |
| Industria
Manufacturera |
6 |
| Artesanía |
5 |
| Pesca
|
1 |
| Taxis
|
56 |
| Transporte
colectivo |
6 |
| Transporte de
mercadería |
1 |
| Salud
|
15
|
| Enseñanza
|
5 |
| Comercio
|
4 |
| Medios de
Comunicación |
3 |
| Servicios
varios |
10
|
| Asistencia e
investigación |
2 |
| Otros
sectores |
1 |
| Total
|
115 |
Fuente: DS/FCS/Udelar,
1997.
En cuanto
al nivel de socios, la información recogida es expuesta en el Cuadro No.
2.
Cuadro
2: Número de socios en Cooperativas de Producción en Montevideo y
Canelones según Sector de Actividad.
|
SECTOR DE
ACTIVIDAD
|
NRO.
SOCIOS |
| Industria
Manufacturera |
81
|
| Artesanía
|
76
|
| Pesca
|
12
|
| Taxis
|
|