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  Economía y Ecología: hacia una socioeconomía solidaria.

  Por Pablo A. Guerra (1)

 

      Introducción.

      La economía y la ecología, como disciplinas de estudio, tienen muchas más cosas en común que las que ecólogos y economistas han puesto a sus respectivos servicios durante mucho tiempo. Con ello, no han deparado en una misma raíz etimológica. Nótese en tal sentido que "ecología" deriva del griego oikos (casa) y logos (estudio), de forma tal que la ecología vendría a ser el "estudio de la casa", o del ambiente. El término "economía", por su lado, también se deriva de la raíz oikos, a lo que agrega nomos, que significa administración. De esta forma, la economía vendría a ser la "administración de la casa".

      Si ambas disciplinas, sin embargo no tuvieron mayor interrelación, se debe al hecho que por un lado, Haeckel hizo hincapié en torno a 1866 en el estudio de las relaciones entre un ser vivo y su entorno, para la ecología. Los seguidores del fundador de la disciplina, básicamente empezaron a desarrollar investigaciones en el marco de las ciencias biológicas, divorciándose casi absolutamente de las ciencias humanas. Los seguidores de la economía, por su lado, fueron desarrollando su ciencia hacia modelos de matematización que prácticamente dejaban de lado las interesantes reflexiones sociales y morales de sus fundadores, que tanto aportan para explicar ciertos comportamientos económicos. Un caso claro en la materia es Wilfred Beckerman, para quien planteamientos del tipo "desarrollo sostenible" (o incluso "economía de la solidaridad") carecen de sentido al mezclar las características técnicas de un camino de desarrollo concreto con un mandamiento de orden moral(2) .

      Ambos términos y disciplinas, sin embargo, deberían tener una interrelación mucho mayor a la que existe actualmente. De hecho, éste es uno de los principales desafíos que proponemos desde la corriente socioeconómica-solidaria cuyos principales elementos constitutivos intentaremos abordar en el presente artículo.

      Nuestra tesis fundamental, ya presentada en otras ocasiones(3) , será que en definitiva, los problemas ecológicos que hoy preocupan a toda la humanidad, responden a la forma de hacer economía de los seres humanos, lo que a su vez, deriva de los valores sociales que imperan en nuestros mercados determinados.

      La socioeconomía.

      La socioeconomía es una nueva concepción sobre la economía y la sociología, que nace con el propósito de analizar los comportamientos económicos en el marco de un determinado contexto social. Su origen se remonta a los años ochenta, cuando un grupo de notables sociólogos y economistas fundan la Sociedad Mundial de Socioeconomía (SASE) en Harvard, 1989. Entre sus miembros figuran científicos de la talla de K. Boulding, A. Hirschman, J. Galbraight, A. Sen, H. Simon, R. Boyer, P. Bourdieu, N. Smelser, L. Thurow, R. Solow; además de su máximo promotor, el sociólogo norteamericano Amitai Etzioni.

      Como señala este último, más allá de las diferencias que existen entre tantas personalidades de la academia reunidos bajo esta nueva "meta-disciplina", todos comparten ciertas premisas que se catapultan como una base fundacional de la nueva perspectiva, que se pueden reducir a tres principios axiales: en primer lugar, que la manida maximización de los sujetos no depende de un solo arco de utilidades, sino que responde al menos a dos recursos de evaluación, esto es, la satisfacción, y los valores morales. Desde este punto de vista, las personas ya no serán vistas como seres meramente calculadores y de sangre fría. En segundo lugar, que las metas o fines racionales asumidos en sociedad, están afectados por los citados valores, además de emociones, y otros obstáculos a la racionalidad pura que defienden ciertas corrientes. Finalmente, la socioeconomía no entiende al individuo como centro del universo social, sino como miembro de grupos y colectividades, o sea, entendiendo a la persona como eminentemente comunitaria, de lo que se desprenden diversas implicaciones éticas que el comunitarismo moderno viene trabajando desde hace tiempo(4) . A esta escueta lista podríamos agregarle un cuarto punto que ha sido citado con mucha frecuencia desde ámbitos socioeconómicos, cuyo análisis en las ciencias sociales se remonta a los primogenios estudios de Polanyi, a saber, la imbricación societal del mercado, o dicho de otra manera, entender a la economía como una esfera de la sociedad, y no como un área de acción autónoma a los valores imperantes en determinadas sociedades.

      El elemento central que intentaremos desarrollar en las siguientes páginas, es justamente en atención al cuarto punto, la imbricación de los comportamientos económicos en una sociedad que es portadora de determinados valores, instituciones y comportamientos que en definitiva explican el funcionamiento de los mercados determinados.

      En este sentido, la socioeconomía propugna una revalorización de los estudios pioneros de la economía, que fueron desarrollados sin descuidar los contextos morales y sociales donde tenían lugar los diferentes fenómenos económicos. Adam Smith, en ese sentido, expresa en sus obras una particular imbricación de lo económico en lo social. Contra los presupuestos neoclásicos acerca de que "la sociedad no existe", Adam Smith le concedía en sus obras una importancia mayúscula. Tales apreciaciones pueden observarse en su célebre Riqueza de las Naciones, y con más propiedad, en su anterior Teoría de los sentimientos morales. Resulta particularmente sugerente, en medio de un contexto donde pareciera que el desarrollo se relaciona con el crecimiento material, las elaboraciones de Smith acerca de la calidad de vida, definida no sólo en términos materiales, sino también morales. Estas características de los pioneros de las ciencias económicas (entre los cuáles también deberíamos citar a Ricardo, Sismondi, J. S. Mill, etc.) han sido relegadas por los modernos sucesores que sólo recuerdan la centralidad de la búsqueda de beneficio en sus teorías. A tal punto lo anterior, que actualmente el economista Paul Omerod señala, en tono sarcástico, que hay pocos insultos tan ofensivos en el arsenal de un economista ortodoxo como el de "sociólogo" aplicado a uno de sus colegas.

      La historia de ambas disciplinas, economía y sociología en el Siglo XIX, muestra cómo se desarrolló la separación entre ambas. Así se inició un proceso por el cuál la sociología pasaba a analizar aquellos fenómenos sociales que podríamos llamar sobrantes o sin dueños, caso de la familia, la pobreza, la educación, etc.(5) .

      La consolidación de la sociología, sin embargo, una vez que, sobre todo Durkheim, expusiera los instrumentos metodológicos por los cuáles la disciplina adquiría su status científico, empieza a aproximarse nuevamente a la economía. Prueba de ello han sido los trabajos de Karl Marx y Max Weber, y a partir de éste, de Simmel, Pareto, Veblen, etc. La obra de Parsons finalmente, trata de suponer la esfera de lo económico como un sistema social integrado a la sociedad en general.

      Tales reflexiones sirvieron como base a Karl Polanyi, fundador de la antropología económica. Su tesis la podemos resumir de la siguiente manera: lo que demuestra la historia de las civilizaciones y pueblos antiguos, es que la economía está sumergida por regla general a las relaciones sociales que ocurren entre los hombres. En ese sentido, tanto en una pequeña comunidad como en una vasta sociedad despótica, el sistema económico será administrado por motivaciones no económicas.

      Veamos algunos ejemplos concretos al respecto: en una comunidad tribal, el interés económico de los individuos es raramente predominante, pues la comunidad protege a todos sus miembros con el alimento suficiente. Por otra parte, dice Polanyi, el mantenimiento de los lazos sociales es fundamental, ya que si el individuo viola el código de honor o de generosidad aceptado, provocará su destierro y separación de la comunidad. Esto es un elemento que pesa para que el sujeto no piense en términos individualistas. A ello se agregan las actividades comunales como la obtención de alimentos de la pesca común, o la participación en el botín de alguna expedición tribal remota y peligrosa. El premio otorgado a la generosidad del individuo hacia la comunidad es tan grande en términos sociales (prestigio), que no es razonable otro tipo de motivaciones.

      En eso parecen convenir los etnógrafos modernos, al señalar algunas características comunes a las sociedades pre-industriales: ausencia de motivación de ganancia; ausencia del principio de trabajar por una remuneración; ausencia del principio del menor esfuerzo; y ausencia de "cualquier institución separada y distinta basada en motivaciones económicas".

      En tales circunstancias, las relaciones económicas no estaban basadas, como en las modernas sociedades, en las relaciones de intercambio, sino que hegemonizaban otros dos tipos de relaciones económicas: la reciprocidad y la redistribución. El primer tipo, dice Polanyi es de mayor uso en las relaciones familiares; y el segundo en el ámbito social o comunitario.

      Todas estos antecedentes, unidos a otros que esta vez preferimos no analizar, se entroncan con la socioeconomía moderna que busca fundamentalmente reunir ambas disciplinas, aunque -como señala Pérez Adán- no de cualquier manera. El citado profesor de la Universidad de Valencia, propone en tal sentido, desechar la concepción del imperialismo económico; en segundo lugar poner en cuestión el "intento de los estructural-individualistas en su deseo de proponer modelos a la investigación sociológica que han aceptado sin el necesario criticismo". En tercer lugar, rechazar la perspectiva de la político económica, "que incorporan muchas racionalizaciones económicas que no cuentan con el estudio de los condicionamientos sociales y que por tanto desechan algo que tiene valor crítico y operativo"(6) .

      Así llegamos a la conformación de una Sociedad Mundial de Socioeconomía, que, reuniendo principalmente economistas y sociólogos, fundamentalmente persiguen superar el paradigma neoclásico, intentando la reelaboración de la teoría económica, ahora imbricada en los contextos sociales.

      Socioeconomía y Economía Solidaria.

      En ese sentido, la Economía de la Solidaridad muestra una aproximación notable a los esfuerzos emprendidos por los socioeconomistas. La Economía de la Solidaridad, a diferencia de la socioeconomía que nace en los países centrales, es una producción teórica que surge en América Latina, a principio de los ochenta, persiguiendo al menos dos objetivos: en primer lugar, rescatar las formas alternativas de hacer economía (de producir, distribuir, consumir y acumular); y en segundo lugar, reelaborar la teoría económica construyendo el herramental necesario para comprender estas economías alternativas que funcionan con parámetros, valores y principios diferentes a los típicamente "privados-capitalistas" y "estatal-regulado".

      Siguiendo a Polanyi, los economistas solidarios, rescatan en los "mercados determinados"(7) , diferentes racionalidades que se expresan en múltiples Relaciones Económicas y múltiples Factores de Producción. Entre las relaciones económicas, podemos distinguir las integrantes del sector de intercambios, esto es, básicamente las relaciones de intercambio, hoy hegemónicas y que habrían adquirido especial relevancia a partir de la Revolución Industrial. En segundo lugar, el sector regulado (estatal) pone en funcionamiento relaciones de Tributación y Asignación Jerárquica. El sector solidario, o tercer sector, por su lado, se manejaría sobre la base de relaciones económicas más integradoras como las de donaciones, reciprocidad, redistribución y comensalidad. Las relaciones de donación, de fundamental importancia para comprender los comportamientos socioeconómicos, han sido increíblemente dejadas de lado por las ciencias económicas hasta que Kenneth Boulding, sobre fines de los sesenta fundara junto a otros investigadores la Association for the estudy of the grants economy, y publicara su The economy of love and fear - A preface to grants economy(8) . Las donaciones, las relaciones de gratuidad, el trabajo voluntario, etc., son expresiones en tal sentido, que aportan su cuota de integración y solidaridad a los mercados determinados. Muchos de los trabajos sobre el "Tercer Sector", sobre todo los de origen norteamericano, han hecho hincapié en este "nuevo" fenómeno que implica la puesta en movimiento de miles de millones de dólares en todo el mundo, además de la energía y trabajo voluntario de tantos cientos de miles que dedican una parte de su tiempo a causas no atendidas por las meras relaciones de intercambios. Las relaciones de reciprocidad, por su lado, también desconocidas por la ciencia económica neoclásica, han sido fundamentalmente desarrolladas teóricamente por la antropología económica (Marcel Mauss, Malinovski, Polanyi), e investigadas por numerosos autores en América Latina, que han comprobado cómo la sobrevivencia de numerosos grupos populares es posible en virtud de la puesta en práctica de este tipo de relaciones(9) . Las relaciones de redistribución, por su lado, han sido principalmente desarrolladas por Polanyi y su grupo de investigadores de la Universidad de Columbia. Las relaciones de comensalidad, por último, operan con la lógica de las anteriores, pero referida a grupos pequeños o comunidades, y su autonomización teórica responde a los estudios del chileno Luis Razeto.

      Finalmente, la Economía Solidaria, no sólo analiza las diferentes relaciones de distribución, sino también los diferentes comportamientos económicos visibles en las etapas de la producción, consumo y acumulación, todo lo cuál conforma una matriz teórica donde ubicamos tres grandes sectores de la economía: sector de intercambios, sector regulado y sector solidario.

      La elaboración que surge al interior de la Economía de la Solidaridad en América Latina(10) , unido a las diferentes teorizaciones que surgieron en los países centrales (fundamentalmente EUA y Europa) en el marco de la socioeconomía, nos faculta a analizar desde una perspectiva socioeconómica solidaria, diferentes fenómenos sociales entre los cuáles, el que nos interesa en esta ocasión: los problemas ecológicos.

      La Ecología desde una perspectiva socioeconómica solidaria.

      En el marco de la socioeconomía solidaria los temas ecológicos se han vuelto especialmente importantes al menos por dos razones que repasaremos a continuación. Una de ellas, tiene que ver con la conceptualización de la sociedad como sujeto diacrónico(11) . Un segundo aspecto central en el debate socioeconómico-solidario vinculado al tema medioambiental, es la puesta en tela de juicio del concepto de desarrollo económico, tanto desde el punto de vista teórico como desde el punto de vista de sus prácticas más habituales. Veamos estos asuntos.

      La sociedad, según la entendemos nosotros, no solo actúa en el presente, y recoge una tradición del pasado (hasta aquí nada novedoso en la sociología clásica), sino que además trasciende hacia el futuro, de manera que el tiempo que vendrá, también forma parte de nuestras reflexiones, actuando en el presente por medio de todas las acciones de efecto diferido a largo plazo.

      Las generaciones contemporáneas han sido testigos de la importancia de la diacronía social, justamente por el impacto que están causando los efectos del pasado más cercano sobre nuestro presente; y los efectos de nuestro presente sobre el futuro próximo, en materia ambiental. El ambiente natural, de esta manera, estaría ubicándose como una especie de blanco inevitable por parte de la sociedad contemporánea y de su cultura de la modernidad que impregna lo económico, lo que hace inevitable la reflexión sobre los alcances que tendrá para las generaciones futuras, las hipotecas del presente, pero además, las responsabilidades que tenemos en el presente con respecto a las generaciones de futuro.

      Y esto último, por cierto, nos sitúa en las antípodas de la cultura individualista, tan en voga en determinados círculos neoliberales, que popularizan frases del tipo "sólo tenemos que rendir cuentas a nosotros mismos de lo que nos suceda en la vida". Algunos popes del management, como Drucker, o de la economía liberal, como Friedman, van más lejos al señalar que los negocios son los negocios, y por lo tanto no tienen obligaciones sociales (12).

      Nosotros, por el contrario, somos de la idea que los individuos forman parte de una sociedad, de donde se desprenden no solo derechos, sino también obligaciones, que en una perspectiva plural en los tiempos, debe incluir también a las generaciones futuras. Etzioni habla en ese sentido, de la virtud de la responsabilidad respecto a la tierra, o sea, el compromiso con el medio ambiente como bien común, de cuño netamente comunitario, contra ciertos argumentos ecologistas principalmente utilitarios, instrumentalistas y centrados en las consecuencias .(13)

      El otro tema central se vincula a la noción de desarrollo entendido como crecimiento económico. Esta idea, muy propia del modernismo(14) , que recoge antecedentes directos en las posturas de la incipiente economía, pero que además sigue siendo muy visible en los discursos concretos de buena parte de los actores del sistema político de nuestros días, ha provocado en los hechos durante las últimas décadas, importantes desajustes y catástrofes ambientales. Algunas indicios de ésto pueden ser mejor entendidos al analizar el impacto de ciertos agentes químicos en nuestras economías.

      El Dióxido de carbono, por ejemplo, es producido especialmente por la quema de combustibles fósiles, aunque actúan además la agricultura(15) y la deforestación. Además de problemas de smog, la enorme cantidad de carbono lanzada a la atmósfera, altera los ciclos de otros nutrientes. Para hacerse una idea de su incremento en la concentración atmosférica, vale citar que hacia principios de la Revolución Industrial, la concentración de CO2 en la atmósfera era de unas 290 ppm. En 1958, la concentración pasó a ser de 315 ppm; y en 1980, de 335 ppm. El efecto más claro de este proceso, es el recalentamiento de la tierra, ya que su concentración en la atmósfera impide que una parte importante de la radiación solar salga reflejada hacia el espacio exterior. De esta manera se produce lo que los ecólogos han llamada efecto invernadero, esto es, una elevación de las temperaturas del planeta (se calcula que la temperatura podría subir entre 3 y 7 grados Celsius para el año 2030) que ocasionará una subida de los mares y un cambio en los patrones de producción agrícola. Hay quienes sostienen, desde una postura apocalíptica, que este fenómeno podría conducir a uno de esos grandes hitos climáticos de la historia de la vida en el planeta, que por ejemplo, en el paleolítico, habría eliminado a los dinosaurios de la faz de la tierra. Finalmente, señalemos que la concentración de monóxido de carbono (CO) en las grandes urbes, producto del tráfico automovilístico, por ejemplo, añaden "nuevas enfermedades" a las que deben enfrentarse los ciudadanos de un mundo que sigue creciendo a ritmos alocados.

      Por otro lado, tenemos que el propio modelo de desarrollo está produciendo en cantidades alarmantes, gases como el anhídrido sulfuroso, el monóxido de carbono, el óxido de nitrógeno, el plomo, etc., que en su conjunto ya sea por la combustión de combustibles fósiles en la industria como por los automóviles, ayudan a la contaminación ambiental. Los óxidos de nitrógeno (N2O y NO2) y de azufre (SO2), a diferencia de los nitratos y sulfatos, son tóxicos en grados variables. La combustión de combustibles fósiles ha incrementado notablemente las concentraciones de esos óxidos en el aire. Para el caso del SO2, una de sus principales causales es la quema del carbón. Mientras tanto, los escapes de los automóviles que cada día circulan en mayor número en el planeta, unida a otras combustiones industriales, son fuente del NO2. El dióxido de azufre daña la fotosíntesis, y además, en combinación con el vapor de agua, produce ácido sulfúrico diluído (H2SO4), más comúnmente conocido como "lluvia ácida", un fenómeno tan actual como actuante en muchas regiones industriales, que causa estragos, fundamentalmente sobre los arroyos o lagos de aguas blandas y sobre los suelos ácidos, que carecen de amortiguadores del PH. Por su lado, los óxidos de nitrógeno irritan las membranas respiratorias de los animales superiores, incluido el ser humano. En contacto con otros agentes, se generan sinergismos que elevan los peligros. Es el caso del NO2 en combinación con los rayos ultravioletas del sol, y los hidrocarburos no quemados (resultado de la proliferación de automóviles), dando origen a un smog fotoquímico que además de lagrimeo (fenómeno visible en ciudades como Santiago o México) puede provocar enfermedades mayores.

      Por otro lado, algunos gases (cloroflurocarbonados y otros), producidos en gran escala desde los años veinte por la industria, sobre todo de los EUA, han provocado la destrucción de las moléculas de ozono, produciendo la disminución en el espesor de la capa de ozono. Resultado: aumento de la radiación de rayos ultravioletas, lo que provoca la destrucción de parte de la biodiversidad, a la vez que afecta la fotosíntesis de las plantas, ayudando por esta otra vía a aumentar la concentración de dióxido de carbono. Para el hombre, las consecuencias directas ya son plenamente visibles: aumento de casos de cáncer a la piel; prohibición en tomar baños solares a las horas pico, etc. La industria del turismo en países como Uruguay podrían resentirse fuertemente por este fenómeno, aunque ésta sea una consecuencia marginal con relación a otras.

      La disminución de la biodiversidad es otro de los problemas más actuales. Hoy son millares las especies catalogadas en peligro de extinción, lo que se une a las aproximadamente 400 que se habrían extinguido desde la revolución industrial. Este problema se une al hecho que la mayoría de las especies biológicas sin descubrir, residen en los bosques tropicales, los que sabemos han disminuido aproximadamente en un 50% en los últimos treinta años. El lector ya habrá notado que por la vía de la extinción de bosques, el monóxido de carbono sigue concentrándose en la atmósfera. Los desiertos, mientras tanto, aumentan considerablemente, ganando aproximadamente 8 millones de hectáreas por año. Unido a ello, sabemos que anualmente se pierden 11 millones de hectáreas de bosques. En Uruguay, por su lado, también hay evidencia de pérdida de biodiversidad fruto de la acción humana, y de su mano, se constatan posibles consecuencias en nuestra economía basada en el sector agropecuario, y con gran peso en el turismo, áreas especialmente críticas en la materia.

      En cuánto al agua, elemento indispensable para la vida humana, se constata que su suministro al medio urbano es cada vez más complicado. Por otra parte, casi el 25% de la agricultura de riego ha sido afectada por la salinización, contaminación o sobreexplotación de los acuíferos. A la par de ello, es notorio que están en aumento el número de lagos y ríos considerados biológicamente muertos.

      Los métodos actuales utilizados para deshacerse de los residuos tóxicos, suponen riesgos muy importantes. Incluso, en el caso de los desechos nucleares, esa peligrosidad durará siglos. No en vano, los países ricos envían muchos de estos residuos a los países pobres, lo que se entiende como un acto más, entre tantos que ocurren dentro de una lógica puramente mercantil.

      Podríamos seguir citando indicadores de deterioro ambiental, pero con los expuestos creo que tenemos suficientes. Los mismos han sido revelados desde hace algunos años por numerosos grupos ecologistas, además de la labor de la comunidad científica que cooperó para entender con mayor exactitud lo que estaba ocurriendo con el planeta. El Estado no tardó en intervenir, y por medio de políticas más o menos convencionales en la materia (incentivar el uso de tecnologías no contaminantes, o aumentar los impuestos a quiénes sí las utilizan, etc.), entró a la escena para paliar algunos problemas.

      Sin embargo, la labor de los grupos ecologistas, de los Estados, de las reuniones internacionales, e incluso de la comunidad científica, creemos poco pueden hacer, ya que partimos de la base que el problema es grave, y las soluciones debieran ser muy radicales. Por eso, la labor de estos actores no alcanza: la propia particularidad de los problemas ecológicos trasciende los ámbitos de la acción nacional. ¿Esto significa que tengamos una opinión pesimista sobre el futuro de nuestro planeta?. Intentaremos construir la mejor respuesta posible con una teoría que relaciona la ecología con la forma de hacer economía de nuestra especie, fundamentalmente luego de la Revolución Industrial.

      La relación entre la socioeconomía y la ecología.

      A diferencia de los animales, que se comportan "naturalmente" y "directamente" en relación con su entorno, los seres humanos nos caracterizamos por comportarnos de manera distinta, esto es, relacionándonos con la naturaleza mediante nuestros actos económicos.

      La economía, podemos entenderla entonces, como un singular proceso de intercambio entre el hombre y la naturaleza, donde ambas partes resultan modificadas. Es con relación a esta vinculación, que la ecología se convierte en un problema económico(16) ; y este dato podría resultar alentador, ya que si ponemos nuestras miras en el eje de la economía, y no en el de la naturaleza, entonces, podremos concluir que un cambio de actitudes económicas en los seres humanos podría contribuir a una mejora clara del entorno donde vivimos. La otra posibilidad sería actuar directamente sobre la naturaleza, lo que tiene un riesgo mucho mayor, por el dato insoslayable de que el hombre puede controlar sus actos, pero no la fuerza y los comportamientos todavía no plenamente comprendidos de ella.

      Ahora bien, ésta vinculación del hombre con la naturaleza, mediada por la economía, puede resultar positiva o negativa: esos vínculos pueden generar procesos significativamente positivos para el hombre y su hábitat (como supuso siempre la modernidad), o por el contrario, puede dar lugar, como vimos, a numerosos problemas y dramas.

      Dicho de otra manera, existiría un modo ecológico y otro anti-ecológico de hacer economía.

      Entendiendo a la economía como el conjunto de los actos de producción, distribución, consumo y acumulación, intentaremos señalar los aspectos antiecológicos de todas estas etapas, para ver luego cómo es posible exponer modos alternativos.

      En el plano de la producción, nuestra tesis es que las unidades económicas basadas en el factor capital son mayormente contaminantes. El gran tamaño de muchas de éstas empresas conducen a un uso altamente ineficiente de algunos recursos, lo que da lugar a la producción de desechos, que sobre todo cuándo no tienen valor crematístico, no se consideran en la racionalidad de los productores. En base a tal Categoría, las grandes empresas suelen utilizar enormes masas de energía altamente concentradas en espacios reducidos. Por fin, un modo antiecológico de producir está íntimamente relacionado con lo que se produce. La perspectiva egoísta e individualista en que se basan los presupuestos neoclásicos, potencia la producción de todo aquello que tenga demanda, contamine o no contamine, destruya o no las posibilidades de desenvolvimiento de las generaciones venideras. Un ejemplo claro en el sector primario, para nuestro continente es el de los monocultivos, denunciado en múltiples oportunidades por diversos movimientos indigenistas.

      En el plano de la distribución una de las causas de los problemas ecológicos reside en la desigual distribución de los ingresos, palpable ya sea en el ámbito de clases en el plano nacional, o en relación entre países ricos y pobres, en el plano internacional. Somos de la idea que tanto la extrema riqueza como la extrema pobreza son contaminantes. Con esto, nos distanciamos de la tesis comúnmente manejada, según la cuál, la pobreza es causa de los problemas ecológicos . Los ricos contaminan por el uso excesivo de energías, además de los desechos que generan, la mayoría de los cuáles de nula reutilización (los residuos inorgánicos son sostenidamente mayores a los orgánicos en estos países). La pobreza extrema, por su lado, contamina utilizando los recursos energéticos de bajo rendimiento, a la vez que de alto impacto ecológico, a lo que se suma no contar con los medios para cuidar su entorno. Esto no supone que los pobres, sin más, sean contaminantes. Vayan en tal sentido, como prueba, la innumerable cantidad de movimientos populares-ecológicos que han surgido desde los cuatro puntos cardinales (18); o la cultura de respeto hacia la "Pachamama" (Madre Tierra; pero también hacia el Padre Sol, o la Abuela Luna), de las culturas andinas en nuestro continente; pasando por el respeto hacia la tierra que muestran los asentados del Movimento Sem Terra en Brasil (19); etc.

      Utilizando nuestro herramental teórico, desde la Economía Solidaria concluiremos que el principal factor anti-ecológico, desde la distribución, está dado por la hegemonía de las relaciones de intercambio en los mercados determinados, sustituyendo las relaciones económicas más integradoras y solidarias, que fueron además, propias de los pueblos nativos de nuestro continente(20) .

      Desde el proceso de consumo, la explicación es evidente: la sociedad consumista en la que estamos insertos genera comportamientos de consumo que, basados en las instituciones y el uso desmedido de la publicidad y las tarjetas de crédito, impactan y determinan la producción sobreabundante de bienes y servicios que -aunque cada día más sofisticados- pasan a ser prontamente obsoletos.

      Desde el proceso de acumulación, que en realidad forma parte del proceso de consumo, el comportamiento hegemónico en nuestros mercados determinados es acumular en bienes materiales, propiciando una cultura del "tener", con sus efectos perversos sobre el medio.

      Así como existen modos y formas "antiecológicas" de hacer economía, sabemos de prácticas "ecológicas" de producción, distribución, consumo y acumulación.

      En materia de producción, las unidades económicas basadas en el Trabajo, son más ecológicas que las basadas en el capital. Indudablemente existen excepciones. Si construyéramos un tipo ideal de los sectores de la economía, veríamos cómo el Sector Solidario razona sobre las consecuencias comunitarias de lo producido. Esto, lleva a que dudosamente encontremos unidades económicas solidarias produciendo, por ejemplo, armamentos o alimentos en base a productos tóxicos.

      Como señalan Max Neef y Razeto, entre otros, la producción a escala humana genera un proceso de desconcentración de la producción que redunda en beneficios palpables. Veamos como observa este último autor la producción ecológica en pequeña escala: "las actividades productivas no se concentran en reducidos espacios de alta densidad energética pues se diseminan en las casa, barrios y comunidades. Como estos lugares constituyen el medio ambiente inmediato de quienes organizan y ejecutan la producción, los efectos medioambientales de ésta recaen directa e inmediatamente sobre quienes lo causan, llevándolos a preocuparse y responsabilizarse de ellos, porque los sienten, perciben y sufren en carne propia. La producción desconcentrada y efectuada en pequeña escala, implica asimismo un uso diferente de los recursos naturales y de las fuentes energéticas. Por un lado, los elementos materiales no son utilizados indiscriminada y masivamente, sino aprovechados atendiendo a sus características y cualidades particulares. Por otro, el proceso elaborativo se verifica mediante procesos transformadores de menor intensidad mecánica y química, y se hace posible el aprovechamiento de fuentes energéticas alternativas y renovables. Además, las emanaciones y desechos de la producción son menores en cada lugar y pueden ser controlados y canalizados de mejor manera, o son directamente reciclados. La actividad productiva se adapta mejor al medio ambiente local y aprovecha los microclimas sin alterarlos"(21) .

      En materia distributiva, parecería claro que el privilegio de las relaciones más integradoras por sobre la lógica pura de intercambios, reduciría las brechas entre ricos y pobres, y de esta manera se paliaría una de las principales causas de deterioro ambiental. Tales relaciones integradoras, superan el modelo del "homo oeconomicus", de manera que las decisiones son tomadas no sólo atendiendo a la propia utilidad, sino a otros valores que también están en juego en todas las sociedades humanas.

      En cuánto al proceso de consumo, creemos que una forma más ecológica pasaría por cambiar el "consumismo" por lo que se ha dado en llamar "consumo crítico". Tal consumo crítico, se basa en dos principios: disminuir el consumo de cierto tipo de bienes y cambiar el modo de consumo.

      Estos principios se basan, a su vez, en una concepción más integral de las necesidades humanas que las explicitadas por las corrientes psicologistas norteamericanas (22). Por esta vía, entenderemos que consumir más no es idéntico a aumentar la calidad de vida. Los excesos en las grandes comilonas, y sus efectos sobre nuestros sistemas digestivos es un ejemplo a pequeña escala de lo que queremos señalar. En este sentido, el "nuevo consumo" o "consumo crítico", lejos de bajar la calidad de vida de los sujetos, propende a un consumo más humano, saludable, ecológico, y por cierto, solidario.

      Emparentado a esta línea, en el plano de la acumulación, existe también una "acumulación crítica" y una "nueva acumulación". La primera tiene que ver con una serie de actos de acumulación alternativos privilegiados en varios países del mundo(23) . La segunda se relaciona con un tema más profundo: la acumulación hegemónica en el sector de intercambios, basada en lo que definíamos como una "cultura del tener", obedece a un individualismo exagerado que acrecienta nuestra inseguridad al ponernos unos frente a otros como competidores (24).Ello nos conduce a la necesidad de acumular cada vez más poder y riquezas. La existencia de una más alta solidaridad en nuestras sociedades, por su lado, conduciría a una reducción patente de las inseguridades e incertidumbres frente al futuro, lo que naturalmente llevará a un cambio de actitudes frente a la acumulación(25) .

      Concluyendo.

      Los problemas ecológicos derivan, en definitiva, de la forma de hacer economía. Esta a su vez, no debería interpretarse sin desconocer el papel que las normas y valores sociales tienen en el comportamiento económico. Tal afirmación, se corresponde con la necesidad de considerar estos asuntos desde un punto de vista socioeconómico, al cuál agregamos la perspectiva de la Economía de la Solidaridad.

      Con su inclusión, pudimos analizar las diferentes etapas de la economía (producción, distribución, consumo y acumulación), y munidos de un herramental teórico que nos permitiera distinguir al menos tres lógicas de operar, analizamos los modos ecológicos y antiecológicos de hacer economía.

      Concluimos en tal sentido, que la incorporación de comportamientos, actitudes, valores y arsenal solidario en las diferentes etapas de la economía, abren una nueva perspectiva de estudio sobre los problemas ecológicos; a la vez que muestran un camino por donde se podría transitar para el logro de una socioeconomía solidaria y ecológicamente sustentable.

      Diversas experiencias contemporáneas avalan, finalmente, que es posible, además de deseable, que hagamos economía de forma alternativa y solidaria. Las futuras generaciones seguramente sabrán reconocer nuestros esfuerzos.

      Notas

      (1) Sociólogo, Magister en Ciencias Sociales del Trabajo y Doctorando con Tesis en Socioeconomía de la Solidaridad. Profesor de la Universidad de la República y Universidad Católica del Uruguay

      (2)Cfr. Beckerman, W.: "Lo pequeño es estúpido", Debate, Madrid, 1996.

      (3)Cfr. Guerra, P.: "Un marco socioeconómico solidario para la interpretación de los problemas ecológicos", Revista de Ciencias Sociales No. 15, Montevideo, Mayo de 1999; "Une planete en sursis. De la socio-èconomie à l´ècologie", Foi et Development No. 273, París, Avril 1999.

      (4)Cfr. Etzioni, A.: "The Socio-Economics of Work," Frederick C. Gamst (Ed.), Meanings of Work, Considerations for the Twenty-First Century, SUNY Press, Albany, (1995). pp. 251-260.

      (5)Cfr. Pérez Adán, J.: Socioeconomía, Madrid, Trotta, 1997, pág. 23.

      (6)Cfr. Pérez Adán, J.: Ibidem, pág. 27.

      (7)Término de origen gramsciano, que hace referencia a la particular forma que adquiere cada mercado en virtud de las diferentes fuerzas que operan a su interior.

      (8)Traducida al español, Cfr. Boulding, K.: La economía del amor y del temor. Una introducción a la economía de las donaciones, Alianza Ed., Madrid, 1976.

      (9)Véase al respecto los estudios de Larissa A. De Lommitz, para el caso mexicano, donde se rescatan las relaciones de "compadrazgo" y de "cuates"; o los estudios del Programa de Economía del Trabajo (PET) sobre las Organizaciones Económicas Populares en Chile.

      (10)Cuyos antecedentes teóricos pueden ser vistos en Guerra, P.: Crisis y Empresas Alternativas en Uruguay: el caso de las cooperativas de producción como emergentes de un sector solidario de hacer economía, Montevideo, Depto. De Sociología, Serie Investigaciones No. 18, 1997.

      (11) Cfr. Pérez Adán, J.: La Salud Social. De la socioeconomía al comunitarismo, Madrid, Trotta, 1999, p. 128-130.

      (12) Cfr. Friedman, M.: Capitalism and Freedom, Chicago, University Press, 1962, p. 133-136; y Druker, P.: Management: Tasks, Responsabilities, Practices, New York, Harper & Row, 1985, p. 343-345.

      (13) Cfr. Etzioni, A.: La Nueva Regla de Oro. Comunidad y Moralidad en una sociedad democrática, Barcelona, Paidós, 1999, p. 291.

      (14) En tal sentido, el discurso del modernismo iba de la mano de la idea del progreso, y de las filosofías positivistas que dominaron la escena intelectual de buena parte del S. XVIII y XIX. Estas ideas europeas también tuvieron su peso entre varios intelectuales del Uruguay, caso de José P. Varela, entre otros. Cfr. Gudynas, E.: "Progreso y Naturaleza", Relaciones No. 158, Montevideo, 1997, p. 10-12.

      (15) "Podría resultar sorprendente el hecho que haya una pérdida neta de CO2 en la agricultura (es decir, incorporación de más CO2 a la atmósfera de la que se extrae de ella), pero esto se debe a que el dióxido fijado por los cultivos (muchos de los cuáles sólo están activos durante una parte del año) no compensa la cantidad de dicho gas que es arrojado a la atmósfera por el suelo, sobre todo el que resulta del arado frecuente". Cfr. Odum, E.: Fundamentos de Ecología, México, Interamericana, 1986.

      (17) Eso parecería exponer el Informe de la Comisión Mundial del medio ambiente y del desarrollo (Informe Bruntland, de 1987). También nos preocupa del citado Informe, el concepto vago de "desarrollo sostenible", que va unido inexorablemente al de crecimiento económico. Consideramos absolutamente imprescindible, en las actuales circunstancias, llamar la atención sobre la redistribución de las riquezas, más que en la receta del crecimiento económico, que sabemos aumentará la gravedad de los indicadores de deterioro arriba citados. Por lo demás, considerar a la pobreza como causa de problemas ecológicos, impide un análisis dialéctico de la riqueza-pobreza, que creemos es el más adecuado para referirnos a estos problemas.

      (18) Cfr. Martínez Alier, J.: De la economía ecológica al ecologismo popular, Barcelona, Icaria, 1992.

      (19) Además de una postura claramente ecologista en el trabajo con la tierra, de este movimiento que aglutina a miles de familias desheredadas en Brasil desde hace años, debemos señalar que además fueron clave en 1999 para que el Gobernador de Río Grande do Sul, Olivio Dutra, proclamara su Estado libre de transgénicos.

      (20) Cfr. Girardi, G.: Máscaras del Poder. Rostros de Liberación. Las luchas de los pueblos y la construcción de alternativas, Montevideo, Nordan, 1999.

      (21) Cfr. Razeto, L.: Los caminos de la Economía de la Solidaridad, Santiago, Vivarium, 1994, pág. 119.

      (22) Al respecto, Cfr. Max Neef, et alt.: Desarrollo a escala humana, Montevideo, Nordan, 1993.

      (23) Para un consumo y acumulación "crítica", Cfr. Centro Nuovo Modello di Sviluppo: Rebelión en la tienda. Opciones de consumo, opciones de justicia, Barcelona, Icaria, 1997.

      (24) Vaya en tal sentido la siguiente "moraleja" que se enseña a los estudiantes hábidos de conocer técnicas empresariales para tener cabida en este mundo competitivo: "Cada mañana en Africa, despierta una gacela. Ella sabe que debe correr más ligero que el más rápido de los leones, o bien morirá. Cada mañana en Africa, despierta un león. El sabe que debe superar a la más lenta de las gacelas o bien el hambre lo matará. Moraleja: no importa lo que seas, si un león o una gacela. Cada mañana, cuando sale el sol, sería mejor que comiences tu carrera". El mensaje es claro: en nuestras relaciones económicas, sólo existe la Ley de la Selva, y debemos aprender a jugar con esas reglas, so pena de quedar excluídos.

      (25) El lector sabrá juzgar lo interesante que resultaría utilizar este marco teórico para interpretar los cambios ocurridos en nuestros sistemas de seguridad social.