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PROLOGO AL LIBRO "LAS EMPRESAS ALTERNATIVAS" de Luis Razeto, Editorial NORDAM, Uruguay. Por Pablo A. Guerra | |
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Me complace especialmente, y por varias razones, prologar este didáctico y a la vez fértil libro que pone la Editorial Nordan a disposición del público uruguayo. Se trata del primer libro de Luis Razeto que se publica en el país, y eso es un primer motivo de alegría, a la vez que indicador de una importante y esperada renovación para las ciencias sociales en Uruguay, preocupadas por el desarrollo de los cada día más necesarios paradigmas alternativos. Un segundo motivo de complacencia, es provocado por el autor de la obra. A Luis Razeto lo considero uno de los pensadores sociales contemporáneos más brillantes del continente. Sus estudios sobre economía popular y de la solidaridad, que se remontan a principios de los ochenta en Chile, han ido abriendo, casi sin quererlo, una especie de nueva sensibilidad en estudios sociales que perduran hasta hoy en día, entre otras cosas, por el impacto generado en materia de nuevos conceptos y categorías de análisis social. Luis Razeto, con sus estudios de grado en filosofía y de postgrado en sociología, incursionaría luego en el estudio de las prácticas de hacer economía de los sectores populares, lo que lo llevó necesariamente a intentar conceptualizar nuevas categorías de análisis, que por distintas razones, o no existían o no eran utilizadas, en el marco de la teoría económica más convencional. Razeto, además de prestigioso investigador, profesor y conferencista de lo que él llamaría por primera vez "Economía de la Solidaridad", no se quedó, como muchos otros, en el rol de académico, sino que supo por varios años, destinar además de una parte de su tiempo a esta labor más académica, otra parte no menos importante, a estimular la creación y el desarrollo de lo que el lector aquí encontrará definido como "Empresas Alternativas". Prologar entonces, una obra de este gran autor, quien además fuera profesor del abajo firmante en el Programa de Economía del Trabajo de Santiago de Chile, no deja de ser un motivo de especial alegría Otra de las motivaciones para prologar este texto, se vincula al estilo de redacción que aquí desarrolla el autor. De todos los libros de Razeto vinculados a la Economía de la Solidaridad (Empresas de Trabajadores y Economía de Mercado, de 1982, Economía de la Solidaridad y Mercado Democrático, Tomos I, II y III, de 1984 a 1988, Las organizaciones económicas populares, de 1986, Economía Popular de la Solidaridad, de 1986, Economía Popular de solidaridad. Identidad y proyecto en una visión integradora, de 1986, De la Economía Popular a la Economía de la Solidaridad en un Proyecto de Desarrollo Alternativo, de 1993, Los caminos de la Economía de la Solidaridad, de 1993, Las donaciones y la economía de solidaridad, de 1994, Crítica de la Economía, Mercado Democrático y Crecimiento, de 1994, y Desarrollo, Transformación y Perfeccionamiento de la Economía en el Tiempo, de 2000), el que aquí nos presenta la Editorial Nordan probablemente sea el más ilustrativo y ágil para la lectura del interesado en las prácticas concretas que puedan conducir a la construcción de una verdadera economía solidaria. Razeto en este libro, prefiere detenerse no tanto en la construcción de la teoría económica, como en la presentación de las diversas modalidades que expresan valores, identidades, culturas, principios y recursos alternativos a los hegemónicamente presentes en nuestros mercados determinados. Esto lo hace un libro especialmente sugerente para quienes quieran incursionar en estos nuevos paradigmas sin enfrentarse a ese leguaje técnico tan común entre la mayoría de los libros de economía. Pero indudablemente, el motivo central que nos lleva a prologar el libro, es sin duda la temática expuesta: el lector tendrá una oportunidad propicia para introducirse en la Economía de la Solidaridad. Lentamente este concepto ha ido ingresando en el vocabulario de los uruguayos, sobre todo por la labor de difusión que hemos estado realizando tanto en el campo académico, como a nivel de organizaciones sociales y populares, seculares y de Iglesia. A pesar de ello, posiblemente domine en el público general una imagen algo difusa sobre el alcance de un término que justamente ha sido especialmente desarrollado por el autor chileno. En ese sentido, queremos recordarle a nuestros lectores, que la Economía de la Solidaridad la podemos entender hoy como una verdadera corriente de pensamiento genuina de nuestro continente. Efectivamente, a diferencia de buena parte de las doctrinas e ideologías, así como de las grandes teorías en ciencias sociales, que imperaron en nuestros países a lo largo de este siglo, la Economía de la Solidaridad no nace en los países centrales, sino que es fiel expresión del análisis que nuestros cientistas sociales han realizado sobre los concretos dramas económicos y de las respuestas sociales que se han generado desde los pueblos de América Latina. La expresión nace a comienzos de los ochenta en Chile, cuando en medio de un desempleo avasallante, un grupo de investigadores se propone estudiar cómo hacían los sectores populares para subsistir. El contacto con ellos, permitió a los académicos observar prácticas económicas alternativas a las hegemónicas, basadas en valores y racionalidades muy distintos a los que la economía neoclásica nos hacía creer que guiaban nuestras acciones. De la noción de economía popular a la de economía de la solidaridad solo habría un paso, aunque sin caer en estériles romanticismos que en algún momento el mismo Razeto intenta descartar (en este sentido, nunca está de más señalar que no toda economía popular es expresión de economía de solidaridad; y que no toda economía de la solidaridad se enmarca en lo que llamamos economía popular). A partir de entonces, quienes hemos dedicado buena parte de nuestros esfuerzos profesionales, a estudiar y asesorar en estas temáticas, consideramos que la Economía de la Solidaridad, de la mano de Razeto, persigue al menos dos objetivos. Uno de carácter más práctico: rescatar las formas de hacer economía (esto es, de producir, consumir, distribuir y acumular) que podemos considerar alternativas a las formas que predominan en nuestros mercados. El otro es más teórico: difícilmente podamos rescatar en su plenitud estas experiencias, con el herramental conceptual (categorías de análisis) que nos ofrece la economía más convencional (tanto en sus variantes clásicas, neoclásicas, keynesianas o marxistas), lo que hace ineludible pensar a la Economía de la Solidaridad, también como un esfuerzo de reconceptualizar y reelaborar la teoría macro y micro económica. De esta manera, la Economía de la Solidaridad, munida de nuevas categorías de análisis, fruto de un riguroso y plural análisis en materia de teoría de producción, distribución, consumo, etc., logra conformar un corpus teórico propio, que en definitiva va en auxilio de estas experiencias concretas que son fieles testimonios de que existen formas distintas de hacer economía, y por lo tanto, de expandirse estas racionalidades alternativas, probablemente logremos llegar a esa utopía de un mercado verdaderamente democrático, integrador y solidario(1) . Sin duda que la Economía de la Solidaridad no ha estado sola en estos intentos por reformular la ciencia económica y rescatar las experiencias alternativas. En tal sentido, hemos sido testigos en las últimas décadas, del surgimiento desde diversos ámbitos académicos, de serios intentos por reelaborar los principales supuestos teóricos con los que parte la economía más convencionalmente divulgada. Indudablemente esta ciencia económica comienza a desarrollar sus nociones más abstractas con John Stuart Mill a mediados del siglo pasado. La escuela neoclásica (originalmente concebida por Gossen, Jevons, Walras, Bohm Bawerk, y Pareto), al romper con una tradición economicista más ligada a las ciencias sociales, como la que tiene lugar con Smith, Ricardo, Castillón, (e incluso el propio Mill), que intenta descifrar el origen de la riqueza a través de un fenómeno evidentemente social como lo es el trabajo humano; empieza a construir un modelo interpretativo del comportamiento, donde se sustituye el trabajo por el mercado, como objeto básico de análisis, y se pasa a una concepción del hombre como "homo oeconomicus", que desconoce los aportes de otras disciplinas. Por su lado, casi sistemáticamente, en el análisis de formas alternativas a las más propiamente capitalistas y estatales, los actores encargados de llevarlas adelante, ante la ausencia de teoría que logre explicar razonablemente sus acciones, han preferido negar de la economía. El resultado más contundente en la materia es que muchos sectores han preferido construir una especie de discurso "anti - económico", que recoge antecedentes incluso en algunas versiones escritas. Evidentemente, al provenir de las ciencias sociales, el objeto de la economía de la solidaridad no ha sido ni será atentar contra la economía, sino lograr una crítica lo más acertada posible a los efectos de comprender mejor la lógica de acción de una inmensa cantidad de sujetos que no se comportan de acuerdo a modelos preestablecidos por la economía neoclásica, como se encargará de demostrar Razeto a lo largo de este libro. Frente a estos acontecimientos, somos de la idea de enfrentar los estudios de la economía neoclásica, volviendo a las fuentes de la economía política. Fruto de esta búsqueda es que numerosos investigadores de Norteamérica y Europa, han desarrollado una nueva disciplina a la que han llamado "socio-economía", y que quisiera citar en este momento, justamente para demostrar la sintonía con quienes trabajamos en el marco de la economía de la solidaridad. Más allá de la pluralidad de concepciones en una corriente que reúne a prestigiosos economistas y sociólogos como Boulding, Hirchman, Galbraith, Sen(2) , Simon, Bordieu, Etzioni, etc., la socio-economía parte de ciertas premisas: 1.- las personas no son entendidas como seres calculadores, caracterizables por su racionalismo, sangre fría y propio interés. 2.- la modificación del argumento de racionalidad. 3.- la imbricación societal del mercado, y el consecuente papel en él de las instituciones y el poder político; y 4.- el incremento de elementos empírico-inductivos en el estudio del comportamiento económico (3). La "Economía de la Solidaridad", por su lado, como ya dijimos, nace en Latinoamérica, siendo su más celebre expositor el autor del libro que el lector tendrá seguramente el gusto de leer. La "Economía de la Solidaridad", ya convertida en verdadera escuela de pensamiento en América Latina (4), comienza su análisis separando acertadamente las cuatro partes de un acto económico (producción, distribución, consumo y acumulación), a partir de lo cuál construye diversas categorías y teorías que nos ayudarán a comprender mejor a la economía popular y solidaria. Podríamos en tal sentido definir a la Economía de la Solidaridad como un modo especial y distinto de hacer economía, que por sus características propias consideramos alternativas respecto de los modos capitalista y estatista predominantes en los mercados determinados. Al respecto, en el plano de la producción, el elemento sustancial definitorio de esta particular racionalidad económica, está dado por la presencia central del factor C como categoría organizadora. El factor C tiene expresiones variadas. Como señala Razeto, "se manifiesta en la cooperación en el trabajo, que acrecienta la eficiencia de la fuerza laboral; en el uso compartido de conocimientos e informaciones que da lugar a un importante elemento de creatividad social; en la adopción colectiva de decisiones, en una mejor integración funcional de los distintos componentes funcionales de la empresa, que reduce la conflictividad y los costos que de ésta derivan; en la satisfacción de necesidades de convivencia y participación, que implica que la operación de la empresa proporciona a sus integrantes una serie de beneficios adicionales no contabilizables monetariamente, pero reales y efectivos; en el desarrollo personal de los sujetos involucrados en las empresas, derivados de la comunicación e intercambio entre personalidades distintas, etc.". En el plano de la distribución, lo distintivo y definitorio de la economía solidaria consiste en que los recursos productivos y los bienes y servicios producidos, fluyen, se asignan y distribuyen, no solamente por medio de las relaciones de intercambio valoradas monetariamente (como sucede en el sector más propiamente capitalista), sino también mediante otras relaciones económicas que permiten una mayor integración social. En concreto: a) Donaciones: esto es, transferencias unilaterales por la cual una parte (donante) transfiere a otra (beneficiario) un bien o un servicio sin esperar nada a cambio. Las donaciones, desconocidas por la economía convencional en sus análisis mercantiles, sin embargo, constituye una relación absolutamente fundamental en cualquier mercado. En EUA, por ejemplo, para el año 1994, el dinero donado representó 144 mil millones de dólares, de los cuáles sólo el 5.1% correspondió a empresas(5) . En empresas y grupos humanos alternativos las donaciones constituyen un hecho normal. b) Reciprocidad: transferencias bidireccionales entre sujetos ligados por lazos extraeconómicos de amistad y confianza, que no implican el establecimiento de equivalencias formales entre los valores. c) Comensalidad: transferencias pluri-direccionales entre distintos sujetos que constituyen un grupo humano integrado por vínculos familiares, religiosos, sociales, culturales, etc. Los bienes, señala Razeto, fluyen libremente en términos de compartir, distribuir y utilizar en función de necesidades individuales o comunes. d) Cooperación: transferencias bidireccionales múltiples, de bienes aportados por sujetos individuales a un sujeto colectivo del que forman parte. A posteriori, el sujeto colectivo compensa a cada uno según su contribución. Es el esquema de la distribución en cooperativas. En el proceso de consumo la solidaridad se verifica en una particular forma de consumir que se apoya en una cultura diferente a la predominante en cuanto satisfacción de las necesidades. Algunos rasgos distintivos en la materia son la preferencia por el consumo comunitario sobre el individual; la integridad en la satisfacción de las necesidades de distinto tipo; en algunas formas populares de economía solidaria se destaca la proximidad entre producción y consumo; y finalmente, debemos señalar que en estos casos el consumo tiende cualitativamente a la simplicidad y austeridad. Incluso esto lleva a una valoración mucho mayor de los "problemas ecológicos" de tal forma que la Economía Solidaria muestra un compromiso mayor no solo en la producción, sino también en el consumo, por los frutos de la naturaleza. De tal manera lo anterior, que en algunos de nuestros últimos trabajos, hemos preferido llamar al nuevo paradigma, en nuestro intento de conciliar la socioeconomía por un lado y la economía de la solidaridad por el otro, paradigma "socio-económico solidario". Evidentemente, estas dos líneas académicas vienen respaldadas por una historia muy rica tanto en lo práctico como en lo teórico, de impulso a formas diferentes y solidarias de hacer economía. Entre las fuentes, cabe rescatar el aporte de los socialistas utópicos, del movimiento cooperativo, la economía humana de Lebret, el comunitarismo de Mounier, los movimientos autogestionarios, la práctica del socialismo libertario, la acción de vida en comunidades, la Doctrina Social de la Iglesia Católica, los aportes de un "Desarrollo a Escala Humana", etc. Invitamos al lector entonces, a disfrutar de este libro y a interpretar con "lentes" distintos a los usuales, las diversas formas de "hacer socioeconomía". Estamos convencidos, que estas líneas de acción y reflexión serán fundamentales en este siglo que comienza, para superar ese "desorden establecido" del que hablaba Mounier, y empezar a construir "desde el pié", una sociedad más justa y solidaria.
(1)Recordemos que las utopías no significan, como piensan los conservadores, algo imposible, sino más bien algo difícil, no cabe ninguna duda, pero también alcanzable o realizable. Recordemos también que los mercados no tienen "una lógica", sino todas las que la sociedad les quiera dar: lo que sucede es que hoy la predominante -no la única- según nuestras propias tesis, es la lógica desintegradora e individualista que se resume en la figura neoclásica del homo oeconomicus. (2)Galardonado como Premio Nobel de Economía 1998. Este profesor nacido en la India hace 65 años, rompe con diez años de Premios otorgados a la escuela neoclásica. Quizá exprese una evidencia más de los cambios culturales que se están operando en esta materia sobre fines de siglo. (3)Cfr. Etzioni, A. en Pérez Adán, J.: Socioeconomía, Madrid, Ed. Trotta, 1997, pág. 9-10. (4)Así lo muestra el hecho que numerosas Universidades del continente hayan instaurado Cátedras de Economía Solidaria. Además, muchas organizaciones sociales, sindicales, comunitarias y cooperativas han adherido al postulado de una Economía Solidaria. La Iglesia Católica, por su lado, fundamentalmente a través de sus Pastorales Sociales se ha definido, a la luz de las últimas Encíclicas Sociales, por esta línea. Finalmente, ciudadanos de diversos países de América han promovido -y logrado- que en las Constituciones de sus respectivas Naciones, figure la voluntad de apoyar las iniciativas provenientes de la Economía Solidaria. (5)Cfr. Giving USA 1996, sobre datos del Council for Aid in Education, Foundation Center y The Conference Board. En Revista Tercer Sector, Año 3, No. 15, Bs. As., Mayo 1997.
Lic.
Pablo A. Guerra
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