El caso COFAC. Mucho más que un banco

 

Por Dr. Pablo Guerra

Sociólogo

 

El 15 de Diciembre de 1998 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el año 2005 como “Año Internacional del Microcrédito” (resolución 53/197), y pidió que se aprovechara la ocasión “para dar impulso a los programas de microcrédito en todo el mundo”. Estos programas, si bien han estado de moda en los últimos años, sobre todo por la labor de ciertos organismos internacionales como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo, que los escogieron como uno de sus instrumentos predilectos para generar riquezas y superar pobrezas, no son novedad alguna. Si bien la mayoría piensa que sus orígenes se remontan a Bangladesh, y a la experiencia notable del Grameen Bank (1976), lo cierto es que la historia de las microfinanzas (o finanzas solidarias como yo prefiero llamarle) entendida como un sistema de productos financieros adecuados a las necesidades básicas de la población, que prioriza a quienes quedan excluidos del sistema tradicional con el fin de crearles condiciones sustentables de desarrollo humano, comienza a escribirse desde hace siglos, y tiene en las cooperativas de crédito alemanas fundadas por Raiffeisen en 1840 uno de los hitos más significativos.

 

Efectivamente, la idea de que la unión entre varios pequeños ahorristas podía dar lugar a grandes fondos que a su vez luego podían ser utilizados de manera productiva mediante préstamos cooperativos, constituyó un avance más que importante en la tarea de fomentar el ahorro y el crédito entre las capas populares, y por esa vía contribuir a la democratización de la economía.

 

En Uruguay, estas ideas son traídas especialmente por los católicos sociales, que reunidos en torno a la Unión Económica de principios del Siglo XX, impulsan las cajas populares (antecedente de la Caja Obrera, luego convertida en Banco y –si se me permite el término-, finalmente pervertida con respecto a sus orígenes), así como las cajas de crédito rural.   Estas Cajas tuvieron en su momento una gran incidencia en materia de desarrollo local, ya que prácticamente no había ciudad sin una de ellas, y serían un primer antecedente del moderno cooperativismo de ahorro y crédito abierto, que como se sabe, presenta hoy en día una muy amplia base territorial.

 

Detenernos en los orígenes de este movimiento es oportuno, ya que muestra los rasgos distintivos con respecto a otras instituciones del ramo, pero en esta oportunidad preferiría avanzar en el tiempo y analizar los sucesos de la semana. Sorprende en tal sentido, que la inmensa mayoría de los medios y de los técnicos discutan la problemática de Cofac en términos prejuiciosos (por ejemplo, llamando la atención sobre la supuesta inviabilidad del cooperativismo de ahorro y crédito, cuando sus números y su historia son elocuentes en el sentido opuesto) o en términos estrictamente comerciales (haciendo referencia a si acaso tiene suficiente capital o fluidez, o si acaso cumple con las normas de  Basilea); dejando en un segundo o nulo plano los asuntos socioeconómicos, incluidos aquellos que definitivamente son centrales en la problemática: ¿debe el sistema cooperativo competir en igualdad de condiciones con respecto al resto del sistema, o habrá razones de fondo que ameriten reglas de juego diferenciadas?; ¿debe el microcrédito supeditarse a las estrictas normas bancarias pensadas para el gran crédito, o debería aceptarse el criterio de que son instrumentos diferentes que fundamentalmente apuntan a  poblaciones muy distintas?; ¿contribuye al desarrollo un fuerte sector cooperativo en materia financiera, o deberían operar  únicamente el Estado y las Multinacionales?. 

 

Obsérvese que estos asuntos, tan fundamentales, forman parte de una agenda nacional, que tiene pendiente, además, la puesta en funcionamiento de las condiciones necesarias para avanzar hacia un país productivo y equitativo, donde actores como Cofac resultan fundamentales. Otros asuntos, mientras tanto, quedarán reservados a la órbita más institucional, porque es claro que Cofac tendrá que repensar muchas cosas y cambiar tantas otras. Dicen que si para algo sirven las crisis, es para comenzar a tomar aquellas decisiones que la monotonía organizacional se niega a ejecutar muchas veces por mera inercia. 

 

Cofac, como reza su slogan, es “más que un banco”, y aunque la estrategia de marketing utilizada al menos en los noventa haya rebajado su perfil cooperativo, no cabe duda acerca del significado de ese plus al que se hace referencia: una experiencia con 200 mil asociados, con asambleas en todos los rincones del país, con 500 dirigentes  que en carácter honorario velan por la defensa de los principios cooperativos, con una fuerte presencia en localidades y barrios populares,  prestando un servicio financiero que incluye la responsabilidad social y los principios éticos. Y como para muestra basta con un botón, digamos sobre esto último que un año y medio atrás, organizando justamente un seminario sobre finanzas solidarias, le escribimos a todos los bancos y servicios financieros del país (públicos y privados) consultándoles si tenían algún código de ética para sus negocios, algo que a esta altura ya resulta  natural en los países del norte. La única respuesta afirmativa, seguida de varias páginas de elaboraciones en la materia, sin embargo, vino justamente desde Cofac.

 

Resulta paradójico que apenas comenzado el año del microcrédito, la institución nacional más emblemática en la materia (no la única, por cierto) deba suspender sus actividades por resolución del Banco Central. Confiamos, sin embargo, en que la máxima de Anthony de Mello, “¿buena suerte?, ¿mala suerte?, ¡quien sabe!”, termine transformando este momento crítico en fuente de oportunidades, no solo para Cofac, sino además para el conjunto del movimiento cooperativo. En tal sentido, el cooperativismo debería pasar de una actitud defensiva hacia otra ofensiva, avanzando hacia una mayor dignificación de su aporte en la vida nacional, que se plasme en las políticas públicas necesarias para fortalecer el tercer sector de nuestras economías.