El ”Programa de Fortalecimiento de las Organizaciones Económicas Populares mediante economías de trueque y  monedas sociales”, que funciona en el Instituto de RRLL de la UdelaR, acaba de realizar un nutrido informe final que resume dos años de investigación y asesoría en las citadas materias. Hemos conversado con el Dr. Pablo Guerra, Sociólogo y director de la investigación, a los efectos de interiorizarnos sobre este tema de tanta actualidad.

 

-         En primer lugar, ¿qué son las economías de trueque y las monedas sociales?.

-         El trueque ha sido una práctica muy habitual a lo largo de la historia y por lo tanto muy conocida por todos. Hoy en día mucha gente se pregunta que sentido tiene volver hacia un mecanismo que fue quedando en el pasado justamente a raíz del surgimiento de la moneda. En realidad lo que ocurre es que el trueque moderno adquiere características muy específicas desarrollados en un marco social y económico también muy específico.

 

-         En una sociedad que promueve intensamente el crédito, efectivamente ¿qué sentido tiene?

-         En ese sentido la universalización del dinero vino a implicar que toda clase de bienes y servicios debía ser intercambiada por la moneda en el mercado. El problema se origina cuando el mercado empieza a impregnar su lógica no solo a las mercancías, sino además a otros factores como el trabajo y el propio dinero. Sucede que hoy en día satisfago mis necesidades si cuento con dinero. Si no cuento con dinero debo vender mi fuerza de trabajo. En sociedades con alto desempleo como las nuestras, quienes no tienen dinero y no pueden vender su fuerza de trabajo comienzan por endeudarse. Pero las propias deudas tienen sus límites. Es en ese momento donde las salidas alternativas y solidarias como las del trueque comienzan a operar. La base del razonamiento es la siguiente: en realidad cada uno de nosotros tiene algo que aportar, es decir, tiene capacidad productiva, a la vez que tiene capacidad y necesidad de consumir. Si el dinero es un límite o un impedimento para producir y consumir, pues intentémoslo sin dinero!. Es así que las primeras experiencias de trueque, que surgen a principios de los ochenta en Canadá, logran articular una cantidad muy  apreciable de ofertas y demandas de bienes, servicios y saberes con ausencia de un dinero oficial difícil de conseguir por el alto desempleo y el alto costo de compra. En los último veinte años han surgido muchísimas experiencias a lo largo de todo el mundo, algunas de las cuáles reseñamos en nuestra investigación. Ahora bien, como muchas veces es imposible trocar directamente dos bienes de dos personas distintas, es que estas modernas experiencias crean su propia moneda, que algunos autores llaman “moneda social”, porque tienen valor como lubricante de los intercambios, solamente dentro de un determinado grupo humano. Hoy por hoy, el grueso de las experiencias exitosas de trueque contemporáneo, presentan una moneda social que cumple funciones como unidad de cuenta y como medio de intercambio, pero nunca como depósito de valor, tendencia muy criticada que ha caracterizado a las monedas de curso legal.

 

-         ¿Desde cuándo existen esas experiencias en Uruguay?

-         En Uruguay el trueque ha sido y sigue siendo muy habitual en relaciones comerciales esporádicas, o en la práctica rural, o incluso en algunos sectores muy específicos como la publicidad en los medios de prensa. Ahora bien, la organización de ciudadanos productores y consumidores en clubes de trueque y con monedas sociales, es algo muy reciente. La Red Global de Trueque Multirecíproco en Uruguay tiene tan solo tres o cuatro años. Podemos decir que está en pleno crecimiento y con una gran potencialidad para convertirse en algo parecido a lo ocurrido en Argentina, donde son varias decenas de miles las personas nucleadas en sus dos redes. Justamente la potencialidad de esta herramienta fue la que nos llevó a interesarnos específicamente en los clubes del trueque desde el espacio académico.

 

 

-         Precisamente sobre lo anterior, ¿cuál es el origen de la motivación académica por estos asuntos?.

-          Desde hace varios años estamos insistiendo en la necesidad de reconocer desde las ciencias sociales (y aquí incluyo no solo a la sociología, sino además a la economía, la antropología y la historia, entre otras), las diversas experiencias de hacer economía, esto es, ya sea de producción, distribución, consumo o acumulación, basadas en factores, relaciones, lógicas y valores distintos a los que hegemonizan en nuestros mercados. Queremos llamar la atención sobre la existencia de numerosas experiencias de economías solidarias. Esas experiencias son la más clara evidencia de que los principios neoliberales basados en valores individualistas que propician una competitividad desenfrenada y una sociedad consumista, solo explican una parte de nuestros comportamientos mercantiles, en  tanto otra buena parte de ellos solo se pueden explicar si consideramos la fuerte presencia de la cooperación, la asociatividad, la persecución de ideales de justicia y equidad, en fin, de numerosos valores comunitarios que en definitiva terminan subsumiendo la esfera de lo económico a lo social, como en los hechos sucedió la mayor parte del tiempo en la historia de la humanidad, donde el sistema económico estuvo administrado por motivaciones no económicas (sociales, religiosas, ideológicas). En concreto, creemos que las actuales experiencias de economía de trueque y de grupos organizados en torno a distintas monedas sociales, son un buen ejemplo de movimientos sociales que emergen en defensa de una nueva forma de encarar a la economía .

 

-         Por lo que Ud. señala, estaríamos en presencia entonces de la emergencia de un nuevo movimiento social...

-         Yo creo que a diferencia de los movimientos sociales clásicos, que han dominado la escena de las ciencias sociales hasta hace muy poco, estos nuevos movimientos sociales que emergen en torno a las economías alternativas y solidarias, se caracterizan por promover desde las microexperiencias de la vida cotidiana, verdaderos cambios en los comportamientos económicos. Para decirlo en otros términos, no buscan un crecimiento espectacular ni esperan la toma del poder político para comenzar a hacer cambios, antes bien, comienzan a cambiar la situación desde el momento en que logran convocar aunque sea a unos pocos para producir y distribuir con un sentido alternativo. Y en la medida que lo van haciendo, van desarrollándose también en una nueva  dinámica movimentista, nucleando a gente motivada por esos ideales renovadores.  Muchas veces se trata de militantes motivados por la búsqueda de nuevos canales concretos de transformación social en el marco de un creciente debilitamiento de las estructuras más clásicas en materia social y política. En este sentido podemos mencionar no solo el caso de los clubes de trueque, sino además del comercio justo, de las tiendas solidarias, de las comunidades, movimientos por una vida austera, etc. 

 

-         ¿Y cuánto de alternativo tienen realmente las experiencias de trueque?.

-         Desde el momento que la gente se reúne en un sistema de intercambios de bienes y servicios con ausencia de dinero oficial, estamos frente a una experiencia alternativa. Lo que se puede discutir es si acaso son también solidarias. En nuestro modelo teórico distinguimos justamente aquellas experiencias que son meramente alternativas, que intercambian bienes y servicios con ausencia de dinero pero caracterizadas por no intentar modificar la racionalidad maximizadora de utilidades de sus  miembros; de aquellas experiencias que además de alternativas son solidarias, caracterizadas por propiciar el intercambio subsumido a determinadas normas y valores, y promover una satisfacción plural de las necesidades humanas, donde tenga tanta importancia la provisión de bienes, así como la ayuda mutua y el trabajo en conjunto.

 

-         ¿Cómo ubicaron Uds. a la Red uruguaya?

-         La Red Global del Trueque en Uruguay se presenta doctrinalmente como una experiencia alternativa y solidaria. Ello es visible por ejemplo, en la importancia que le asignan a los “Principios” de la Red, donde entre otras cosas se señala que “es posible remplazar la competencia estéril, el lucro y la especulación, por la reciprocidad entre las personas”. Ahora bien, cómo funciona la solidaridad y el espíritu de alternatividad en los hechos, es algo que investigamos específicamente en el caso uruguayo. Y en ese sentido aparece como sugerente que la inmensa mayoría de quienes participan en los clubes lo hacen por razones no instrumentales (93%), o sea, priman otras cosas como lo relacional y lo ideológico, en el sentido de transformador de estructuras. Más allá de los resultados de la encuesta, hemos realizado observaciones en varias ferias, y allí hemos constatado una vivencia muy rica de valores solidarios, sobre todo a nivel de las bases, de la gente más del llano y menos involucrada en la toma de decisiones.

 

-         ¿Se podrá mantener esa solidaridad en una escala mayor que la actual?

 

-         Ese es el gran desafío que tienen por delante todas las experiencias solidarias: mostrarse eficientes al amparo de ideales renovadores, sin caer en los mismos vicios que se le critica precisamente al modelo neoliberal.