Globalización capitalista en América Latina: un enfoque socioeconómico.

 

Por Pablo Guerra

 

Agradezco especialmente la invitación formulada por la organización de este evento a participar como panelista en un tema con tantas aristas como el que nos toca analizar en este momento. Me siento complacido, además, porque este esfuerzo forma parte del crecimiento académico de esta todavía novel carrera universitaria de Relaciones Laborales, en la que hemos estado presentes desde el primer momento.

 

En concreto se nos pedía hacer una lectura desde nuestras disciplinas sobre el tema de la globalización. Permítanme, en tal sentido, situarme en una posición de socioeconomista, aludiendo a la corriente interdisciplinaria que fundara unos años atrás el eminente profesor norteamericano Amitai Etzioni.

 

Comencemos entonces a definir la globalización como una nueva fase en la internacionalización de los mercados, en concreto Coriat hace mención a tres fases en los procesos de internacionalización, quesegún entendemos nosotros- coloca a las empresas y a las naciones en una especial situación de desenfrenada competitividad como nunca antes se había observado.

 

Antes de analizar esas tres etapas en la internacionalización de los mercados, demos un segundo paso con el objetivo de clarificar algunos términos. La globalización a la que hacemos referencia, no es una construcción teórica que parta de determinadas concepciones doctrinales, sino una globalización concreta que actúa de una determinada manera en nuestros mercados. En ese sentido, hemos preferido llamar a ésta, una globalización capitalista, en el entendido que está dirigida por actores vinculados al sector que en nuestras economías reconocemos como propiamente capitalista.

 

Valga señalarle a nuestro auditorio, que creemos existen tres grandes sectores en nuestras economías: el sector capitalista, caracterizado por estar sustentado en el plano de la producción por el factor capital y distribuir en base a las relaciones de intercambio; el sector regulado, caracterizado por estar sustentado en los factores del Estado en el plano de la producción, y distribuir en base a las relaciones de tributación y asignación jerárquica; y el sector solidario, caracterizado por producir en base al trabajo y a valores comunitarios (lo que Razeto denomina Factor C) y distribuir en base a las relaciones que Polanyi llama de reciprocidad. Esta caracterización de nuestras economías nos servirán de base para entender las respuestas socioeconómicas-solidarias ante el fenómeno de lo que hemos llamado una globalización capitalista.

 

Luego de este breve paréntesis, podemos pasar a analizar las características que asume cada etapa o fase de internacionalización en las economías latinoamericanas.

 

La primer etapa, llamada de internacionalización a secas, se extiende desde principios del S. XIX hasta la Primera Guerra Mundial, y se caracteriza para el caso de Latinoamérica, por fundar la concepción de Estados Soberanos, tanto en el plano político (procesos independentistas) como en el plano económico (emisión de moneda, definición de tasas de cambio, control de intercambios aduaneros, etc.), a la par que crece la comercialización internacional. Esta comercialización para el caso de nuestros países, se basaba en un modelo liberal, fuertemente influido por la estrategia inglesa, donde le correspondían a nuestros países elaborar y exportar productos primarios muy específicos: agro y pecuaria en los países del Plata, Café en Brasil y Colombia, fruta en los países del Caribe, Cobre en Chile, Guano en Perú; etc., profundizandose bajo el liderazgo de la aristocracia latifundista, las diferentes formas de explotación rural de la época: estancias, hacienda y explotaciones.

 

La segunda etapa, llamada de mundialización, va desde la Segunda Guerra Mundial hasta los años setenta, esa década que ha servido de corte histórico para una enorme cantidad de fenómenos sociales, culturales y económicos. Para entonces las firmas multinacionales comienzan a operar con base mundial, dividiendo sus procesos productivos y comerciales. Mientras esto ocurría, los Estados Nacionales en América Latina, exploraban nuevas vías hacia el desarrollo, implementando la estrategia sustitutiva de importaciones, y por lo tanto cambiando a los actores líderes de estos procesos, que pasan a ser ahora los empresarios industriales, sobre todo los de sectores estratégicos como el siderúrgico, metal-mecánico, y petrolero. Nótese, como al tiempo que el Estado asumía obligaciones en el campo industrial, las multinacionales también iban extendiendo sus tejidos en estos países, comenzando una etapa de comercialización entre firmas (intra ramas), que asumiría valores cercanos al 40% sobre el total del comercio mundial. El lector sabrá reconocer como no tiene sentido hablar de libre competencia en ese marco.

 

La tercera etapa, como dijimos es la de la globalización propiamente dicha, que habría nacido sobre mediados de los años setenta. Como lo ha señalado muy bien un conjunto destacado de intelectuales críticos reunidos en el "Grupo de Lisboa" con la intención de reflexionar sobre un nuevo contrato económico, ecológico y social para nuestro planeta, el "mundo global" es el resultado de una profunda reorganización reciente de la economía y de la sociedad que busca abarcar a la vez los países capitalistas desarrollados, los países ex-comunistas y los países llamados "en desarrollo".

 

Podemos mencionar en ese sentido, varias características que asume este nuevo período. En primer lugar, la globalización capitalista pasa a ser fundamentalmente globalización financiera, con su correspondiente desregulación (en términos generales) de los mercados de finanzas. Según el Banco de Reglamentos Internacionales, las transacciones en el mercado de cambios alcanzan al billón de dólares diarios y representan cincuenta veces el monto del intercambio de bienes y de servicios. En el mismo sentido, Jaerson Bezerra nos habla de una globalización alentada por una gran cantidad de dinero "ocioso", en un mundo "que crece poco y distribuye aún menos, que desemplea mucho y convive con formas cada vez más sofisticadas de exclusión social y de desigualdad tecnológica". Decimos que la globalización es "especialmente" financiera, porque aquí se cumple el principio de Castells de una economía con la capacidad de funcionar como una "unidad de tiempo real a escala planetaria", cosa que no ocurre –aún- con los otros mercados.

 

La desregulación también es visible en los grandes servicios internacionales masivos, caso de las telecomunicaciones, pero también en el transporte aéreo; así como en los mercados laborales, para hacer referencia a los casos más obvios. El auditorio comprenderá la actualidad de estos datos para el caso de todos los países latinoamericanos, incluído el Uruguay, y la asociación que esto tiene con los procesos privatizadores que a todos nuestros pueblos les ha tocado sufrir en la última década.

 

Una segunda característica de esta etapa es que al tiempo que se globaliza, ocurren procesos de integración: el intercambio de amenazas del que habla Coriat, propio de la lógica mercantil exacerbada, lleva a que por un lado, las empresas se reúnan para mantener sus rentas, dando lugar a procesos de concentración, como es evidente ha ocurrido con numerosas empresas medianas y grandes en diversas ramas de actividad: Rhône-Poulenc de Francia con Hoeschst de Alemania en la industria farmacéutica; la francesa Total y la belga Petrofina o Amoco y British Petroleum, o Exxon y Mobil de Norteamérica para el caso de la industria del petróleo; el Deustche Bank con el norteamericano Banker Trust, o Citicorp con Travelers, para el caso bancario; Bell y GTE, o ATT y TCI en las telecomunicaciones; Volkswagen con Seat y Skoda, o Peugeot con Citroen entre otras para la industria automotriz, son solo algunas de las operaciones realizadas últimamente. Como dice Zubero, sin embargo, son fusiones paradójicas: suman capitales, incrementan cuotas de mercado, comparten directivos, pero restan trabajadores, todo esto alentado por las Bolsas que tienden a recibir como una buena señal el anuncio de despido de trabajadores.

 

Los Estados, por su lado, se juntan para remarcar el territorio donde se concentran sus principales intercambios. Lo extraño de este caso, es que para algunos líderes la regionalización se hace para enfrentar la globalización (al menos estas fueron las palabras del ex Presidente del Brasil, José Sarney, diez años después de dar el puntapié con Argentina en materia de integración regional en el Sur), mientras que otros sólo lo ven como pasos hacia una globalización más amplia (es el caso por ejemplo, de gobernantes más influidos por el neoliberalismo, caso de nuestro Presidente, el Dr. Jorge Batlle).

 

Una tercera característica es que a la creciente mercantilización de la vida, que caracterizó en realidad a los tres períodos anotados (la mercantilización de nuestros pueblos comienza claramente desde el momento de la conquista), se le suma en el plano cultural, la tendencia a importar determinados modelos de consumo. La explosión de la cultura de consumo norteamericana en nuestros países se visualiza, por ejemplo, en los cada día más numerosos locales de Mc. Donald´s; en las celebraciones, otrora impensables, del día de brujas (¿o debería decir Halloween?); en la proliferación de cultos pentecostales al estilo Jimmy Swaggart; o en la cantidad de camisetas de la NBA que portan nuestros niños, etc.

 

Finalmente, como señala Jacques Chonchol, la globalización se manifiesta en el plano de un cierto traspaso de poder de los Estados nacionales a las sociedades multinacionales y de una simbiosis entre los intereses de los grandes Estados de los países desarrollados y dichas sociedades. Treinta y siete mil sociedades multinacionales y sus filiales en el extranjero dominan hoy la economía mundial. De las 200 más poderosas 172 corresponden a cinco grandes países de capitalismo avanzado: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia y el Reino Unido. A pesar de la crisis de los años 1980 su expansión ha continuado. Entre 1982 y 1992 sus ventas aumentaron de 3 mil a 5 mil novecientos billones de dólares y su participación es el PNB mundial pasó del 24,2% al 26,8%. Estas grandes multinacionales no son homogéneas ni por sus estructuras financieras ni por su dimensión o por sus estrategias. A pesar de pertenecer teóricamente a ciudadanos de algunos de los grandes países desarrollados, ningún gobierno de esos países puede ejercer un control sobre ellas. Si alguna ley molesta su expansión, ellas amenazan desplazarse y pueden hacerlo rápidamente. Pueden moverse libremente por el planeta para escoger la mano de obra más barata, el medio ambiente menos protegido por leyes o reglamentos, el régimen fiscal más favorable para ellas o los subsidios más generosos. No necesitan ya, como las grandes empresas del pasado, ligarse a una nación o dejar que sentimientos nacionales solidarios entramen sus proyectos. Están en gran parte al margen del control individual de sus Estados de origen. En este sentido, compartimos con Beck cuando señala que la globalización económica "no es ningún mecanismo ni automatismo, sino que es cada vez más, un proyecto político cuyos agentes trasnacionales, instituciones y convergencias en el discurso (Banco Mundial, OMC, OCDE, empresas multinacionales, así como otras organizaciones internacionales) fomentan la política económica neoliberal".

 

En América Latina, este período de globalización se corresponde con el abandono de la estrategia sustitutiva de importaciones, por un paulatino (en algunos casos radicales, como en Chile) proceso de apertura comercial tendiente a lograr mayores niveles de exportación de bienes no tradicionales y por un proceso muy claro hacia la privatización de las empresas estatizadas en el período anterior. Sin duda la deuda externa, sobre cuyos orígenes no nos extenderemos en esta ocasión –solo señalar que el aumento de las tasas de interés por el Gobierno de Reagan tuvo consecuencias nefastas para nuestras economías-, tuvo efectos determinantes en este proceso que ha generado una crisis social y ecológica como nunca antes había sufrido nuestra región.

 

Región que por lo demás, se inscribe dentro de la lógica globalizadora de forma fragmentaria y desigual: como dice Castells, "la globalización afecta a todo el planeta, pero no todo el planeta está incluído en el sistema global". Lo mismo vale para la región y el país. Por eso no compartimos la posición esgrimida por el Informe del Empleo en el Mundo de 1997 de la OIT, que subestima el peso de la globalización esgrimiendo que el grueso de la población mundial se encuentra ocupada en sectores que como los servicios o el agro de subsistencia, no están vinculados al comercio internacional. "Excluídos sí, pero no fuera de juego", diríamos nuevamente con Zubero.

 

Todo lo anotado nos lleva a pensar que esta globalización capitalista ha mostrado inequívocos signos de crisis, como se ha podido constatar por las manifestaciones ocurridas desde la reunión de Seattle de la OMC en Noviembre de 1999, hasta llegar a las últimas manifestaciones en Gotemburgo la semana anterior. Entre medio, pasaron sendas manifestaciones antiglobalización, en Davos, enero de 2000; en la reunión de la UNCTAD, Bangkok, febrero de 2000; en la reunión del FMI y BM, Washington, Abril de 2000; en la Cumbre Social de la ONU en Ginebra, Junio de 2000; en la nueva reunión del FMI en Praga, Setiembre de 2000; en la reunión del Consejo Europeo, en Niza, Diciembre de 2000; y en la contracumbre de Davos, el Foro Social Mundial realizado en Porto Alegre en Enero de 2001

 

El panorama anterior, verdadero "desorden establecido" diría nuevamente Mounier cincuenta años después de su temprana muerte, nos lleva a compartir con Marcos Arruda, la necesidad de creer que ni el capitalismo es la única forma viable de organización, ni la globalización capitalista la única formula a la que podemos aspirar.

 

En ese sentido, la socioeconomía solidaria se transforma en un nuevo paradigma esperanzador, en la medida que potencia las fórmulas, racionalidades, lógicas, factores y mecanismos solidarios de hacer economía, los cuáles puestos a funcionar en escala global, sin duda contribuirán a la constitución de un nuevo orden.

 

En ese sentido, decimos que un mercado democrático y justo, de la mano de un crecimiento del sector solidario, deberá ir sustituyendo el actual mercado determinado, fuertemente hegemonizado por la lógica, factores y recursos capitalistas que en los últimos años fueron avanzando también sobre el sector estatal. Y decimos que una globalización capitalista deberá dar paso necesariamente a una globalización de la solidaridad.

 

Mercado democrático y justo, que necesitará claramente de nuevas regulaciones, tanto en los planos nacionales como internacionales (aquí sin duda deberíamos citar la Tasa Tobin). Probablemente el mayor desafío de los próximos años justamente se encuentre en lograr las necesarias mayorías para poner freno a la competitividad desenfrenada que promueve la globalización capitalista. El papel que de futuro tendrán instituciones internacionales como la OMC o la OIT, para citar solo dos de ellas, será de enorme significación. Tan solo, que deberán cambiar radicalmente las orientaciones (en el primer caso) o peso (en el segundo caso) que han venido teniendo en los últimos años.

 

 

Bibliografía:

 

Beck, U.: ¿Qué es la globalización?. Falacias al globalismo, respuestas a la globalización, Barcelona, Paidós, 1998.

 

Castells, M.: La era de la información: Economía, Sociedad y Cultura, Madrid, Alianza, 1998.

 

Coriat, B.: Los desafíos de la competitividad, Bs. As., UBA, 1997.

 

Guerra, P.: "¿Globalización capitalista o globalización de la solidaridad?. Respuestas socioeconómicas ante la nueva cuestión social", ponencia registrada en reunión del cantero 9 sobre "Políticas económicas, ideologías y dimensión geocultural", Río de Janeiro, Alianza para un Mundo Responsable Plural y Solidario, Polo de socioeconomía solidaria, Mayo de 2001.

 

Gray, J.: Falso Amanecer. Los engaños del capitalismo mundial, Barcelona, Paidós, 2000.

 

OIT: El empleo en el mundo 1996-1997, Washington, 1998.

 

Zubero, I.: "Entre la globalización económica y el nacionalismo político: el espacio de una nueva sociedad civil mundial, en Pérez Adán (comp): Las Terceras Vías, Madrid, Ediciones Internacionales Universitarias, 2001.