Taller
“El Mundo del trabajo en el Uruguay. Invitación a un
diálogo interdisciplinario”
El
trabajo como producción de bienes y servicios fuera de las esferas mercantiles.
El
caso de los Clubes de Trueque en Uruguay.
Por Pablo Guerra[1]
Resumen:
La ponencia pretende reflexionar desde el punto de vista de las ciencias sociales del trabajo, acerca de la teoría y práctica de una de las experiencias de economía alternativa más exitosa en los últimos años a lo largo de todo el mundo: la producción de bienes y servicios para el intercambio, realizado por fuera de las esferas mercantiles clásicas y con presencia de monedas sociales, dando lugar al surgimiento de clubes de trueque, sistema de intercambios locales, bancos de trabajo, etc.
Desde el punto de vista teórico se partirá de una conceptualización del trabajo como fenómeno social mucho más amplio que el concepto de mero empleo, algo en lo que ha insistido buena parte de la sociología del trabajo contemporánea, pero que supo formar parte del acervo más clásico en la primera literatura de nuestras disciplinas. Se continuará con algunas de las teorías más divulgadas en la materia para dar cuenta de nuestro objeto de estudio.
Luego se presentará un resumen de las principales características que asume nuestro marco teórico para dar cuenta de la economía del trueque.
Finalmente, se analizarán algunos avances realizados en el marco del Proyecto de Investigación “Fortalecimiento de Organizaciones Económicas Populares mediante economías de trueque. Estudio de factibilidad socioeconómico y jurídico”, que se está ejecutando actualmente en el Instituto de Relaciones Laborales, con financiación de la Comisión Sectorial de Investigaciones Científicas (CSIC) y sus Programas de Vinculación con el Sector Productivo, con especial referencia al caso uruguayo.
¿Se puede considerar trabajo a
las tareas de producción que no tienen como destino el mercado de
intercambios?. La respuesta dependerá de la definición que tengamos del
trabajo, y en ese sentido podemos comenzar diciendo que no cabe duda acerca de
que el trabajo es un concepto muy difícil de definir. Wener Sombart, por
ejemplo, señalaba que la palabra podría
no tener un significado real no obstante su uso frecuente. Ives Simón, por su
lado, escribía que el trabajo es uno de esos términos que vienen precedidos por
hechos de la vida cotidiana del hombre, que se esconden tras el misterio de lo
habitual. El lector comprenderá que estamos en presencia de dificultades que
pueden aparecer siempre que intentamos
definir un fenómeno que posee una riqueza fáctica muy superior a la que pudiera
concentrar cualquier definición. Lo mismo le sucedía a San Agustín cuando
intentaba definir el tiempo: Si nemo ex me quarent, scio; si quarenti
explicare velim, nescio.
No es momento adecuado éste para
hacer un repaso de las dificultades que ha encontrado la historia de la
humanidad para llegar a una conceptualización del trabajo. Basta señalar por
ahora, que el trabajo ha sido uno de esos conceptos construidos socialmente, en
el sentido que cada civilización humana ha presentado siempre valoraciones y
definiciones muy propias y distintivas sobre nuestro objeto de estudio.
La alta valorización que las
sociedades contemporáneas, influídas por la modernidad, comenzaron a tener
sobre el trabajo, elevándolo a categoría suprema para entender la riqueza
(Smith), la propiedad (Locke) o la productividad (Marx), por ejemplo, dista
mucho de la visión peyorativa y despectiva que sobre este fenómeno, primaba
entre los principales filósofos griegos (Sócrates, Platón y Aristóteles).
Justamente una de esas
construcciones sociales a las que hacíamos referencia, es la que comienza a
tejerse con fuerza a partir de la Revolución Industrial, momento histórico en
el que elevándose el paradigma del
mercado también a las “mercancías ficticias” como el trabajo, se pasaba a dar cuenta de este fenómeno como
toda actividad humana tendiente a producir mercancías con destino al
mercado, realizada a cambio de un salario. En términos de Gorz: “Lo que
nosotros llamamos `trabajo´ es una invención de la modernidad. La forma en que
lo conocemos, lo practicamos y lo situamos en el centro de la vida individual y
social fue inventada y luego generalizada por el industrialismo. El `trabajo´
en el sentido contemporáneo no se
confunde ni con las tareas, repetidas día a día, que son indispensables para el
mantenimiento y la reproducción de la vida de cada uno; ni con la labor, por
muy obligada que sea, que un individuo lleva a cabo para realizar un cometido
del que él mismo o los suyos son los destinatarios y los beneficiarios; ni con
lo que entendemos de motu propio, sin
tener en cuenta nuestro tiempo y nuestro esfuerzo, con un fin que solamente
tiene importancia ante nuestros propios ojos y que nadie podría realizar en
lugar de nosotros”[2]. Sin
quererlo, además, las ciencias del trabajo también priorizaron esta visión
simplificada de nuestro objeto de estudio, que en definitiva viene a hacer
sinónimos el concepto de trabajo con el de mero empleo.
Desde nuestro punto de vista,
entonces, el trabajo es un fenómeno sociocultural mucho más amplio que el del
empleo asalariado. En otra ocasión, lo definíamos como aquella actividad
propiamente humana que hace uso de nuestras facultades tanto físicas como
morales e intelectuales, conducentes a obtener un bien o servicio necesario
para la satisfacción propia o ajena de algún tipo de necesidad[3].
Una definición amplia como la
anterior, nos ubica enseguida entre quienes esgrimen como principio la
pluralidad de significados que presenta el trabajo. Pluralidad que incluye
lógicamente al trabajo asalariado, pero que también debe dar cuenta de otros
fenómenos muy silenciados desde las disciplinas científicas, como es el caso
del trabajo voluntario, del trabajo informal, del trabajo doméstico, del
trabajo ilegal, o incluso, en lo que atañe a nuestra investigación, del trabajo
conducente a crear bienes y servicios para ser distribuidos mediante redes de
reciprocidad o mediante redes que ignoran los mecanismos más convencionales del
mercado, caso del trabajo de trueque.
Creemos por tanto, que el
trabajo es un fenómeno complejo que tiene lugar en estructuras también
complejas, como retratan entre otros, Mingione, Sachs, o Pahl. Dombois y
Pries, en la misma lógica, señalaban en un artículo muy divulgado entre
sociólogos del trabajo, acerca de la necesidad de contar con una sociología del
trabajo propiamente latinoamericana, bregando en tal sentido, por una
disciplina que diera cuenta de “un marco de referencia ampliado, acorde con la
heterogeneidad de las formas y condiciones de sustento”. En tal sentido, luego
de repasar algunas de las formas que adquiere en nuestro continente el
trabajo, establecen que “lejos de
constituir simples residuos históricos, se reproducen, amplían y diferencian
incluso en los sectores modernos. La actividad laboral en América Latina no es,
por consiguiente, necesariamente sinónimo de trabajo asalariado, y el mercado
de trabajo es tan solo una de las múltiples situaciones que se encargan de su
regulación”[4].
De tal manera lo anterior que
nuestra investigación se inscribe en el marco del paradigma de la complejidad
en materia de estudios del trabajo y de los comportamientos socioeconómicos.
Una docena de años después de
haberse publicado la obra más famosa de Fukuyama, se han sucedido varios hechos
que logran sumar evidencia a quienes nunca vieron con buenos ojos la idea del
fin de la historia y de la caída de alternativas. En tal sentido, se observa
como en muchos países de todo el mundo, del norte y del sur, variadas organizaciones de ciudadanos han venido poniendo en práctica y desarrollando numerosas
experiencias económicas animados por la necesidad de mostrar cómo es no
solo deseable, sino también posible, hacer economía con lógicas, racionalidades
e instrumentos distintos a los más comúnmente esgrimidos y utilizados por la
economía capitalista por un lado, y la economía estatista por otro. Algunos
autores hablan de una activación económica de los pobres, otros prefieren
hablar de una especia de hartazgo por los valores materialistas que privilegió
el paradigma de desarrollo hegemonizante de los años posteriores a la II
Guerra, unos terceros prefieren hablar de una especie de desplazamiento de
energías transformadoras desde dimensiones políticas hacia dimensiones
económicas. Lo cierto, más allá de las diversas interpretaciones, es que están
surgiendo interesantes experiencias de economías alternativas en las fases de
producción, distribución, consumo y acumulación, que han sido motivo de
análisis por varios cientistas sociales comprometidos en el proyecto del fortalecimiento de economías solidarias:
comercio justo, consumo responsable, austeridad voluntaria, producción
ecológica, ahorro ético, bancos alternativos, acciones verdes, comunidades de
trabajo, empresas autogestionadas, clubes de trueque y monedas sociales, son
justamente algunas de estas realidades
que difícilmente puedan comprenderse en su cabalidad si pretendemos analizarlas
con los instrumentos más habitualmente utilizados por la economía clásica y
neoclásica.
En esta ponencia no podremos dar
cuenta de todas las categorías de análisis. Preferimos, en todo caso, exponer
las principales características de los modelos de trueque contemporáneos.
Estos modelos, en términos
generales construyen redes de intercambios de bienes y servicios (los franceses
hablan de bienes y saberes) con la presencia de una moneda social que cumple
funciones de “lubricante” de manera de hacer posible no solo el trueque
directo, sino fundamentalmente el multirecíproco. Nosotros somos de la idea que
el éxito de estas experiencias, con antecedentes en numerosos países de todo el
mundo, se comprende por poder aunar criterios de eficacia económica (por este
medio mucha gente puede conseguir cosas que de otra manera no podrían obtener
en el mercado oficial), a la par que se van desarrollando valores sociales
alternativos (solidaridad, ayuda mutua, precio justo, etc.).
En el contexto del tercer mundo, este proceso tiene lugar en momentos
en que el desempleo muestra tasas muy elevadas. Como se sabe, la
universalización del dinero vino a implicar que toda clase de bienes y
servicios en el mercado, debían ser intercambiadas por la moneda. En una
economía de mercado el grueso de las necesidades se satisfacen por medio de
mercancías conseguidas fruto del intercambio donde el dinero aparece como un
elemento vital. Ahora bien, la moneda también es mercancía, de manera que sólo
cuentan con ella quienes tienen algo a cambio para ofrecer en el mercado. De
esta manera, hay momentos en la vida de
la gente en que no se cuenta con dinero
suficiente, lo que no sería grave si no fuera porque cada vez es más difícil
“vender” en el mercado la otra “mercancía ficticia” con la que contamos todos,
esto es, nuestro propio trabajo. Una primer solución podría ser el
endeudamiento, pero la propia lógica del mercado de los créditos hace que una
parte de la población tampoco pueda acceder a ello. Es justamente en este punto
donde empiezan a operar soluciones concretas, con base en racionalidades
solidarias muy empleadas entre los
sectores populares de nuestro continente. La
reciprocidad, las relaciones de compadrazgo, de cuates[5],
o las “gauchadas” en el Río de la Plata, son justamente testigos de formas
ingeniosas y solidarias de ayuda mutua. En la cultura aymará, por ejemplo, la
relación entre ahijado y padrino es la más representativa a nivel familiar de
ese tipo de reciprocidad al que hacemos mención: "Jichrut kaysaruxa wawaxlantitaw, jumaw taqikunans wayjt´itäta"
("de hoy en adelante, eres como mi hijo, en toda ocasión tu me vas a
prestar ayuda")[6].
Pero como eso no ha sido suficiente es que en diferentes países han
surgido verdaderas nuevas economías de
trueque que parecerían estar
marcando claramente los límites de las economías capitalistas
monetarizadas. Las nuevas economías del trueque, con antecedentes que
repasaremos luego, muestran la necesidad de rescatar formas alternativas de
distribución, que a diferencia del trueque primitivo, se apoyan en una nueva moneda, de tipo comunitaria, y
anclada en la fuerza de trabajo de cada socio, de manera que a nadie le falte
un mínimo para ingresar al circuito a adquirir los bienes y servicios
necesarios para su subsistencia.
En nuestros mercados
determinados, resulta sencillo señalar que la lógica que prima es la de
intercambios. Por lo general cuando necesitamos una camisa, nos dirigimos a una
tienda y la adquirimos pagando un precio determinado, dando origen entonces a
un contrato de compra – venta. Sobre la lógica de estas reglas de intercambio,
a diferencia de lo que ocurría en sociedades reguladas, valga recordar con
Smelser que "los precios no se estandarizan sobre la base de la tradición,
sino que son el resultado de ventas para obtener ventajas económicas"[7].
La pregunta surge
inmediatamente, ¿es posible que el trueque pueda ser algo más que un mero
intercambio sin moneda oficial?. La
respuesta dependerá del modelo que se escoja, de allí la importancia que
tiene analizar el caso de los clubes de trueque y de monedas sociales que han
surgido últimamente. En principio, sin embargo, podemos hacer referencia a
diferentes modelos teóricos ubicados en una cuadro con doble entrada donde
aparecen como variables centrales la presencia o no de monedas sociales, y la
presencia o no de principios éticos alternativos a los que existen en el
mercado competitivo. De acuerdo al siguiente cuadro, distinguimos cuatro
modelos posibles.
Modelo 1: Estamos en presencia
de un modelo que ha ideado normas y principios regulatorios que pretenden
fomentar la solidaridad y ayuda mutua, y que dispone de una unidad de cuenta y
de cambio para aceitar múltiples transferencias. Entre las normas más comunes
se destacan las tendientes a
cuantificar con criterios alternativos el valor de los productos; a evitar la acumulación; a incentivar el bien común
por sobre el bienestar individual; etc. Es el caso de la mayoría de las
experiencias que relevaremos en este estudio, y más concretamente del modelo de
Red de Trueque Multirecíproco que nació en Argentina y se extendió luego al
Uruguay.
Cuadro: Tipología de modelos de
economía de trueque.
|
Variables consideradas: |
Presencia de Monedas Sociales |
Ausencia de Monedas Sociales |
|
Se explicitan criterios éticos
alternativos. |
Modelo 1: Trueque multirecíproco y
solidario. |
Modelo 2: Trueque bilateral solidario. |
|
No se explicitan criterios
éticos alternativos. |
Modelo 3: Trueque multirecíproco
competitivo. |
Modelo 4: Trueque bilateral competitivo. |
Modelo 2: El trueque bilateral
solidario se caracteriza por disponer de un marco regulatorio que supera más
radicalmente las normas e instrumentos más comúnmente desarrollados en el
mercado oficial, hasta el punto de evitar cualquier instrumento facilitador del
cambio. El trueque solidario y sin moneda ha sido común en numerosas
civilizaciones. Actualmente, aunque no sabemos de experiencias en este sentido,
sí se puede afirmar por lo que hemos visto, que una parte de los que practican el modelo 1 se sentirían más a
gusto con el trueque directo.
Modelo 3: Se limita a juntar
oferentes y demandantes para que intercambien entre sí, buscando cada uno su
propia ventaja personal, con el auxilio de una moneda social, de forma de
"lubricar" los intercambios. Las diferencias con el modelo imperante
de mercado están vinculadas al tipo de moneda que se utiliza.
Modelo 4: El trueque bilateral
competitivo se caracteriza por unir oferentes y demandantes con el objetivo de
lograr intercambios buscando cada uno su propia ventaja personal y sin auxilio
de moneda alguna. A este tipo de modelo se puede llegar justamente cuando
algunas personas bien intencionadas promueven ferias de trueque sin reparar en
la cuestión normativa e instrumental.
Con la exposición de estos cuatro modelos teóricos, quisimos mostrarle
al lector que el solo hecho de estar frente a una experiencia de trueque nada
nos dice sobre si es o no una
experiencia solidaria. Dando un nuevo paso podemos ya clasificar dos grandes
tipos de experiencias de trueque: (1) experiencias alternativas y (2)
experiencias alternativas y solidarias.
Las experiencias alternativas
se pueden definir como aquellas que buscan el intercambio de bienes y
servicios, en ausencia de monedas
oficiales, pero sin modificar la racionalidad maximizadora de utilidades que
suele distinguir al mercado
capitalista. Como se comprenderá, de alternativo lo único que tiene es la
ausencia de moneda oficial (modelos 3 y 4 de nuestro esquema). ¿Se deben promover
o no este tipo de experiencias?. Nuestras contrapartes en la investigación
deberán tener en cuenta que si bien estos proyectos no contribuirán a la construcción de economías solidarias, al
menos tienen algunas ventajas: a) permite proveer de bienes y servicios a
sectores populares que de otra manera no los conseguirían; b) permite una mayor
circulación de bienes y servicios, lo que a su vez implica mayor eficiencia en
sus usos. En caso de bienes cuya producción tenga costos ecológicos, el hecho
de cambiar de usuario sin necesidad de producirlos nuevamente redunda también
en mayores beneficios para el ecosistema; c) muestra que la moneda oficial, si
bien es útil, también genera desigualdades vía su acumulación; d) permite tomar
conciencia de que es posible dar nuevos pasos hacia modelos más solidarios.
Las experiencias alternativas
y solidarias de trueque pueden ser definidas como aquellas que buscan por
medio del intercambio de bienes y servicios
subsumidos a determinadas normas y valores, satisfacer una pluralidad de
necesidades, esto es, no solo necesidades materiales, sino también de
participación, de gestión con otros,
etc. Nótese cómo adquiere importancia en este sentido, el análisis e
interpretación de las reglas y normas que ofician de "filosofía" del
proyecto (modelos 1 y 2 de nuestro esquema).
En Uruguay la Red Global de Trueque Multirecíproco comienza a operar en 1998, y desde entonces hasta la actualidad ha tenido un crecimiento muy significativo. Actualmente existen 10 Nodos en Montevideo, y 12 en el Interior del país. No sabemos exactamente la cantidad de socios que engrosan la Red, pero la cifra probablemente oscile entre 500 y 800.
La metodología de trabajo, los instrumentos de trabajo, así como el marco doctrinario escogido, tienen como modelo a la Red Global Argentina, exitoso proyecto que ya reúne a unas 500.000 personas en más de 1.200 Nodos.
En el marco del proyecto que estamos ejecutando en la Universidad, no solo asesoramos a organizaciones populares de Montevideo, y a la Pastoral Social de la Diócesis de Salto en su puesta en práctica, sino que también estamos trabajando con la Red de Trueque del Uruguay para analizar sus principales características, así como la viabilidad socioeconómica y jurídica de mediano plazo.
Lamentablemente a los efectos de estas Jornadas, recién estamos procesando la información de entrevistas realizadas a algunos de los líderes de la Red. En la última semana de Setiembre, además, comenzaremos con una encuesta. A eso se suma una serie de observaciones en las Ferias. Lo anterior indica que el grueso de la información con la que disponemos actualmente, corresponde a fuentes secundarias.
Entre los temas que estamos investigando, figura qué tipo de racionalidad impera entre los socios. De acuerdo a nuestras hipótesis, nos encontraremos con una importante contribución de racionalidades utópicas (que anteponemos a las racionalidades instrumentales), esto es, personas que apuestan a hacer economía en base a valores alternativos y solidarios. De echo, algunos documentos escritos, así como la declaración de principios, van en la línea de intentar una experiencia realmente alternativa y solidaria. En una de las dos páginas web de la Red, nos encontramos con una frase central que se relaciona a esos temas:
“ La ayuda recíproca debiera sustituir a la competencia
estéril, y la especulación. El Club de Trueque forma parte de una Red de
autoayuda donde el objetivo es mejorar la calidad de vida,a través del
intercambio de bienes,servicios y conocimiento. El trueque que practicamos
hoy es un sistema de intercambio sencillo e imaginativo mucho más evolucionado
que el trueque de la antigüedad RECÍPROCO donde una persona intercambiaba
con otra .El trueque que proponemos es más creativo , lo llamamos TRUEQUE
MULTIRECÍPROCO. En él, cada socio produce artículos o servicios y a la vez
también consume lo que otros miembros del club ofrecen sin necesidad de usar
dinero. Lo llamamos PROSUMIDORES (productores y consumidores a la vez). El
dinero es reemplazado por una herramienta de intercambio que en nuestro club se
llama CRÉDITO, el cual es generado por uno mismo a través del propio trabajo y
su valor inicial es equivalente a la moneda del mercado local. Esto permite que
grupos de personas de una misma región o de diferentes regiones y países
intercambien bienes y servicios en un trato recíproco y amigable, con
conciencia ecológica, en donde todos salen beneficiados”.
Como expusimos antes, el nivel de alternatividad dependerá entre otras cosas del marco doctrinario que prevalezca en los modelos. En tal sentido, el sistema se sostiene en cuatro pilares: la confianza, la reciprocidad, el sentido común y el no lucro. Por su lado, los principios de la Red son los siguientes:
I.
Nuestra realización plena como seres humanos no debería estar condicionada por
el dinero.
II.
El bienestar común es la consecuencia del progreso del mayor número de personas
en una sociedad.
III.
Los Clubes como tales no deberían tener otra filiación ni organizarse
formalmente. Su propósito es autogestionario y no deliberativo.
IV.
La ayuda recíproca debería sustituir a la competencia estéril, al lucro y a la
especulación.
V.
Nuestros actos, productos y servicios deberían responder a normas éticas y
ecológicas, antes que los dictados del mercado, el consumismo, y la búsqueda de
beneficios a corto plazo.
VI.
El único requisito para ser miembro es ser productor y consumidor (prosumidor)
de bienes y/o servicios. Todo esto dentro del marco recomendado por los
Círculos de Calidad y Autoayuda (C.C.A.).
VII.
Cada miembro debería estar atento a la índole de sus actos, productos y
servicios porque son de su total responsabilidad.
VII.
La participación es libre, el pertenecer a un Club de Trueque no implica ningún
vínculo de dependencia.
IX.
Los Clubes deberían ser totalmente autónomos en cuanto a sus asuntos internos.
X.
Como miembros activos, no deberíamos respaldar, patrocinar o apoyar
financieramente a una causa ajena a nuestro programa, pues podría desviarnos de
nuestros objetivos iniciales.
XI.
Es mejor atraer con el ejemplo, manteniendo discreción sobre nuestros asuntos.
XII.
No deseamos promover productos o servicios sino ayudarnos mutuamente a alcanzar
un sentido de vida superior mediante el trabajo, la comprensión y el
intercambio justo.
Corresponderá
a nuestra investigación, saber cuánto influyen realmente estos principios. Aún
así, ya parece muy claro que estos mecanismos se presentan como muy
esperanzadores sobre todo en momentos en que el desempleo en Uruguay ha llegado
a sus máximos históricos.
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¿qué es la red de trueque? |
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Los nodos |
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Los créditos |
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La idea
original era el canje, una forma espontánea de satisfacer una demanda propia
que no se podía pagar con dinero, pero sí con otro servicio. Cuando el
sistema mostró que en algunos intercambios había diferencias, comenzaron a
emitirse los llamados "Créditos", que son una herramienta de
intercambio que reemplazan el dinero, y que asumen un valor equivalente a la
moneda del mercado local. Estos están representados por tarjetas de distintos
colores según su valor. Cuando un prosumidor es considerado como miembro
pleno, se le entregan 500 Créditos, los que deberá devolver en caso de
desvincularse de la Red; de no tenerlos, deberá realizar dicha devolución en
especies. |
LISTADO DE NODOS de nodos
actualizado al 25 de agosto de 2001
|
Nodo Larrañaga |
[1] Sociólogo. Profesor en Sociología del Trabajo, Instituto de Relaciones Laborales, Facultad de Derecho, UdelaR. Investigador responsable del proyecto “Fortalecimiento de OEPs. Mediante economías de trueque y monedas sociales”.
[2] Cfr. Gorz, A.: Metamorfosis del trabajo, Madrid, Sistema, 1995, p. 25.
[3] Cfr. Guerra, P.: Sociología del trabajo, Montevideo, FCU, 1998, p. 39.
[4] Cfr. Dombois, R. Y Pries, L.: “¿Necesita América Latina su propia sociología del trabajo?”, en Revista Latinoamericana de Sociología del Trabajo No. 1, 1995.
[5]Cfr. De Lommitz, L.: Cómo sobreviven los marginados, México,
Siglo XXI Ed., 1987.
[6] Cfr. Michaux, J. et alt:
"Ayllu Aymara y reciprocidad", en Revista Iberoamericana de
Autogestión y Acción Comunal Nro. 36 - 37, Madrid, 2001, p. 59 - 79.
[7] Cfr. Smelser, N.: Op. Cit., p. 175.